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Amor, Sexo y Castidad

Estar Relacionado Significa Terminar Con El Yo

Me pregunto a menudo por qué vamos a reuniones para escuchar a otros, por qué queremos discutir cosas juntos y, claro está, por qué tenemos problemas en absoluto. Los seres humanos en todo el mundo parecen tener muchísimos y múltiples problemas. Y nosotros asistimos a reuniones como éstas esperando obtener alguna clase de idea, una fórmula, un estilo de vida que tal vez pudiera sernos útil o ayudarnos a superar nuestras numerosas dificultades, el complejo problema del vivir. Sin embargo, aunque el hombre ha vivido por millones de años, todavía sigue luchando, siempre buscando a tientas algo como la felicidad o la realidad o una mente que no se altere, que pueda vivir en este mundo de una manera franca, feliz y sensata. Pero, extrañamente, no parecemos dar con ninguna de estas realidades que serían total y permanentemente satisfactorias. Y ahora nos encontramos aquí por cuarta vez y yo me pregunto por qué nos reunimos o conversamos. Ha habido muchísima propaganda, muchas personas han dicho cómo debemos vivir, qué debemos hacer, qué debemos pensar; han inventado múltiples teorías: qué debería hacer el Estado, cómo debe ser la sociedad, etc. Y los teólogos de todo el mundo enuncian un dogma fijo o una creencia en torno de la cual construyen mitos y teorías extravagantes. Y, por medio de la propaganda, derramando interminables palabras y palabras, nos moldean, condicionan nuestras mentes y perdemos poco a poco toda sensibilidad.

El intelecto es para nosotros enormemente importante, el pensamiento es esencial, el pensamiento que pueda operar con lógica, cordura e inteligencia. Pero me pregunto si el pensamiento tiene en absoluto lugar alguno en la relación. Porque eso es lo que vamos a discutir juntos esta tarde. Dijimos que debemos formular preguntas fundamentales, esenciales. Las tres últimas veces que nos reunimos aquí, nos enfrentamos a ese inmenso interrogante para el cual el hombre ha estado buscando una respuesta: ¿Qué es la relación del ser humano, atrapado en esta confusión, en esta incesante desdicha (con algún aleteo de ocasional felicidad)?, ¿qué es su relación con esa realidad inmensa, si es que existe del todo una relación? Ya examinamos eso.

Quizás esta tarde logremos considerar (no intelectualmente, sino de hecho, con nuestros corazones y nuestras mentes, con todo nuestro ser), dedicándole atención completa, este problema de la relación del hombre, y no sólo su relación con otro, sino también su relación con la naturaleza, con el universo, con toda criatura viviente. Pero, como vimos, la sociedad nos está tornando -y nosotros mismos nos estamos tornando- más y más mecánicos, superficiales, insensibles, indiferentes; las matanzas continúan en el Lejano Oriente y nosotros permanecemos relativamente tranquilos. Nos hemos vuelto muy prósperos, pero esa misma prosperidad nos está destruyendo, porque nos estamos volviendo indiferentes y perezosos, y poco a poco perdemos nuestra estrecha relación con todos los seres humanos, con todas las cosas vivientes. Y me parece muy importante que nos formulemos estas preguntas: ¿Qué es la relación? ¿Existe en absoluto relación alguna? Y ¿qué lugar ocupan en esa relación el amor, el pensamiento y el placer?
Como dijimos, vamos a considerar este problema, pero no intelectualmente, porque eso significa fragmentariamente. Hemos separado la vida en intelecto y emociones, hemos dividido en departamentos toda nuestra existencia, con el especialista en el campo de la ciencia, el artista, el escritor, el sacerdote y el lego corriente, ¡como lo somos ustedes y yo! Estamos divididos en nacionalidades, en clases, divisiones que se van ampliando y ahondando cada vez más. Consideremos este problema de la relación, el cual es de veras extraordinariamente importante, porque vivir es estar relacionado; y, al considerar este problema de la relación, debemos preguntarnos qué significa vivir. ¿Qué es nuestra vida, la cual necesita una relación profunda con otro, ya sea la esposa, el marido, los hijos, la familia, la comunidad o cualquier otra unidad humana? Al considerar este problema no podemos abordarlo fragmentariamente, porque si tomamos una sección, una parte de la totalidad de la existencia, y tratamos de resolver esa única parte, entonces no hay ninguna salida posible para el problema. Pero quizás podamos comprender la vida y vivirla de una manera diferente si podemos abordar este problema de la relación en su totalidad, no en fragmentos; no como el individuo y la comunidad, el individuo opuesto a la comunidad, el individuo y la sociedad, el individuo y la religión, etc., ya que éstas son todas fragmentaciones, divisiones. Siempre estamos tratando de resolver nuestros problemas comprendiendo un pequeño fragmento de este asunto total de la existencia. ¿Podríamos, pues, al menos por esta tarde (y espero que por el resto de nuestras existencias), considerar la vida no en fragmentos, tales como católico, protestante, especialista en zen, seguidor de un determinado gurú o instructor, etc., que son todas cosas absurdamente infantiles?

Tenemos un problema inmenso, que es comprender la existencia, comprender cómo hay que vivir. Y, como dijimos, el vivir es relación, no existe el vivir si no estamos relacionados. Y casi todos nosotros, al no estar relacionados en el profundo sentido de esa palabra, tratamos de identificarnos con algo: con la nación, con un sistema, con una filosofía, un dogma o una creencia en particular. Eso es lo que está sucediendo en todo el mundo, la identificación de cada individuo con algo, con la familia o consigo mismo. (No sé qué significa "identificarse con uno mismo".)

Esta existencia fragmentaria, separativa, conduce inevitablemente a diversas formas de violencia. Por lo tanto, si pudiéramos dedicar nuestra atención completa a este problema de la relación, entonces quizá podríamos resolver las desigualdades sociales, las injusticias, la inmoralidad y esa cosa terrible que el hombre ha cultivado: la "respetabilidad"; ser respetable es ser moral conforme a lo que en verdad es esencialmente inmoral. ¿Hay, pues, en absoluto, relación alguna? Relación implica estar en contacto, en comunicación profunda, fundamental con la naturaleza, con otro ser humano; significa estar relacionados, no por lazos de sangre, no como parte de la familia, o como marido y mujer, ya que éstas difícilmente sean relaciones en absoluto. Para descubrir la naturaleza de este problema, debemos considerar otra cuestión, que es todo el mecanismo que forma las imágenes, que las reúne creando una idea, un símbolo conforme al cual vive el hombre. Casi todos tenemos imágenes de nosotros mismos: lo que creemos que somos, lo que deberíamos ser, la imagen propia y la imagen del otro; éstas son las imágenes que tenemos en la relación. Ustedes tienen una imagen de quien les habla, y como él no los conoce, no tiene una imagen. Pero si uno conoce muy íntimamente a alguien, ya ha formado una imagen; la intimidad misma implica la imagen que uno tiene de la otra persona: la esposa tiene una imagen del marido y el marido tiene una imagen de ella. Luego está la imagen de la sociedad y las imágenes que uno tiene acerca de Dios, de la verdad, de todo.

¿Cómo se origina esta imagen? Y si se encuentra allí, como ocurre prácticamente con todos, ¿cómo puede haber relación alguna? Relación significa estar profunda e intensamente en contacto el uno con el otro. Desde esa relación profunda puede haber cooperación, un trabajar juntos, hacer cosas juntos. Pero si hay una imagen -yo tengo una imagen del otro y el otro tiene una imagen de mí- ¿qué relación puede existir excepto la relación de una idea, de un símbolo, o cierto recuerdo que se convierte en la imagen? ¿Se relacionan entre sí tales imágenes y esto es, quizá, la relación? ¿Puede haber amor en el verdadero sentido de esa palabra (no el amor según los sacerdotes o los teólogos o los comunistas o tal o cual persona, sino realmente la cualidad de ese sentimiento de amor) cuando la relación es meramente conceptual, imaginativa, no un hecho? Sólo puede haber una relación entre seres humanos cuando aceptamos lo que es, no lo que debería ser. Siempre estamos viviendo en el mundo de las fórmulas, de los conceptos, que son las imágenes del pensamiento. ¿Puede el pensamiento, puede el intelecto dar origen a una verdadera relación? ¿Puede la mente, el cerebro, con todos sus instrumentos auto protectores creados durante millones de años, puede el cerebro, que es la respuesta de la memoria del pensamiento, producir una verdadera relación entre seres humanos? ¿Cuál es el lugar de la imagen, del pensamiento, en la relación? ¿Tiene lugar alguno en absoluto?

No sé si ustedes se formulan estas preguntas cuando contemplan esos castaños con sus flores como candelas blancas contra el cielo azul. ¿Qué relación existe entre ustedes y esos castaños? ¿Qué relación tienen de hecho, no emocional o sentimentalmente, con tales cosas? Y si han perdido toda relación con estas cosas de la naturaleza, ¿cómo pueden tener relación alguna con el ser humano? Cuanto más vivimos en las ciudades, tanto menos nos relacionamos con la naturaleza. Uno sale a pasear un domingo, mira los árboles y dice: «¡Qué hermosos!», y regresa a su vida rutinaria encajonada en una serie de gavetas a las que llaman casas, departamentos. Estamos perdiendo la relación con la naturaleza. Esto puede verse por el hecho de que vamos a los museos y nos pasamos toda una mañana mirando pinturas, abstracciones de lo que es, y esto demuestra que de veras hemos perdido totalmente nuestro contacto, nuestra relación con la naturaleza; las pinturas, los conciertos, las estatuas se han vuelto terriblemente importantes y jamás miramos el árbol, el pájaro, la nube iluminada por una luz maravillosa.

Entonces ¿qué es la relación? ¿Tenemos en absoluto relación alguna con otro? ¿Estamos tan encerrados en nosotros mismos, nos protegemos tanto que nuestra relación se ha tornado puramente superficial, sensual, placentera? Porque, después de todo, si nos examinamos muy tranquilamente y a fondo, no según Freud, Jung o algún experto, sino que de hecho nos miramos a nosotros mismos viéndonos tal como somos, entonces tal vez podamos descubrir cómo nos aislamos todos los días, cómo levantamos a nuestro alrededor un muro de resistencia, de miedo. "Mirarnos" a nosotros mismos es más importante y mucho más fundamental que mirarnos conforme a lo que indican los especialistas.

Si uno se mira de acuerdo con lo que dicen Jung, Freud, el Buda o algún otro, se está mirando a través de los ojos de otra persona. Y eso es lo que hacemos todo el tiempo; no tenemos nuestros propios ojos para mirarnos y, en consecuencia, perdemos la belleza del "mirar".

Así pues, cuando ustedes se miran directamente, ¿no encuentran que sus actividades cotidianas, o sea, sus pensamientos, sus ambiciones, sus exigencias, sus agresiones, el constante anhelo de amar y ser amados, la continua roedura del miedo, la angustia de la soledad..., no encuentran que todas estas cosas contribuyen a nuestra notable condición separativa y a nuestro aislamiento fundamental? Y cuando existe ese hondo aislamiento, ¿cómo puede uno estar relacionado con otra persona, con esa otra persona que también se está aislando a causa de su ambición, su codicia, su avaricia, su exigencia de dominación, de posesión, de poder y demás? Están, pues, estas dos entidades llamadas seres humanos, que viven dentro de su propio aislamiento, engendrando hijos, etc., pero siempre aisladas. Y la cooperación entre estas dos entidades aisladas se vuelve mecánica; necesitan alguna cooperación para poder vivir juntas, tener una familia, ir a la oficina o a la fábrica y trabajar allí, pero siempre permanecen siendo entidades aisladas, con sus creencias y sus dogmas, sus nacionalidades..., ya conocen ustedes todas las defensas que el hombre ha erigido a su alrededor para separarse de los demás. De modo que ese aislamiento es, en esencia, el factor de que no estemos relacionados. Y en esa aislada y así llamada relación, el placer se convierte en la cosa más importante.

Podemos ver en el mundo cómo el placer se está tornando más y más exigente, insistente, porque todo placer, si uno observa con mucha atención, es un proceso de aislamiento; y uno tiene que considerar esta cuestión del placer en el contexto de la relación. El placer es producto del pensamiento, ¿verdad? El placer estuvo en eso que experimentamos ayer, en la belleza de la percepción sensoria, o en la excitación sexual; pensamos al respecto, formamos una imagen de ese placer que experimentamos ayer. Y de ese modo el pensamiento sostiene, nutre esa cosa que ayer fue considerada placentera. Y así es como el pensamiento exige que ese placer continúe hoy. Cuanto más pensamos en esa experiencia que tuvimos, que nos proporcionó un deleite en ese momento, tanto más el pensamiento da a la experiencia una continuidad como placer y deseo. Y ¿cómo se vincula esto con el problema fundamental de la existencia humana, el cual concierne a la manera como nos relacionamos? Si nuestra relación es el resultado del placer sexual, o del placer de la familia, de la propiedad, del dominio, del control, del miedo a no estar protegido, a no tener seguridad interna y, por eso, estar buscando siempre el placer, ¿qué lugar ocupa, entonces, el placer en la relación? La exigencia de placer destruye toda relación, ya sea sexual o de otra clase. Y, si observamos claramente, vemos que todos nuestros así llamados valores morales se basan en el placer, aunque disimulemos eso con la sonora moralidad virtuosa de nuestra respetable sociedad.
Así pues, cuando nos interrogamos a nosotros mismos, cuando nos observamos profundamente, vemos esta actividad de auto aislamiento, el "yo", el "ego", erigiendo resistencias a su alrededor, y esa resistencia misma es el "yo". Eso es el aislamiento, lo que crea los fragmentos, la perspectiva fragmentaria del pensador y el pensamiento. ¿Qué lugar ocupa, pues, el placer, el cual es el resultado de un recuerdo sostenido y alimentado por el pensamiento, pensamiento que siempre es viejo, que jamás es libre?

Y ese pensamiento, cuya existencia se ha centrado en el placer, ¿qué tiene que ver con la relación? Por favor, formúlense a sí mismos esta pregunta, no se limiten a escuchar a quien les habla; él se habrá ido mañana y ustedes tienen que vivir su propia vida, de modo que él carece por completo de importancia. Lo importante es formularnos estas preguntas acerca de nosotros mismos, y para ello tenemos que ser terriblemente serios, estar dedicados por completo a la investigación, porque sólo cuando somos serios podemos vivir, sólo cuando somos profunda y fundamentalmente intensos en nuestra seriedad, la vida se abre para nosotros, tiene sentido, tiene belleza. Debemos preguntarnos si no es un hecho que vivimos a base de una imagen, de una fórmula, en un fragmento aislado de la vida. ¿No es desde ese fragmento aislado que el miedo, con su dolor y su placer (resultado del pensar), se ha tornado consciente de su aislamiento? Esa imagen trata, entonces, de identificarse con algo permanente, Dios, la verdad, la nación, la bandera y todo lo demás.

Por consiguiente, si el pensamiento es viejo (y es siempre viejo y, por ende, jamás es libre), ¿cómo puede comprender la relación? La relación está siempre en el presente, en el presente vivo (no en el pasado muerto de la memoria, de los recuerdos de placer y dolor), la relación está activa ahora; estar relacionado significa justamente eso. Cuando miramos a alguien con ojos llenos de afecto, de amor, hay relación inmediata. Cuando podemos mirar una nube con ojos que la ven por primera vez, entonces hay una relación profunda. Pero si interviene el pensamiento, entonces esa relación pertenece a la imagen. Uno se pregunta, pues, ¿qué es el amor? ¿Es placer el amor? ¿Es deseo? ¿Es el recuerdo de las muchas cosas que se han desarrollado y acumulado con respecto a nuestra esposa, nuestro marido, nuestro vecino, con respecto a la sociedad, a la comunidad, a nuestro Dios? ¿Puede decirse que eso es amor?

Si el amor es el producto del pensamiento, como lo es en la mayoría de la gente, entonces ese amor está cercado, preso en la red de los celos, de la envidia, del deseo de dominar, de poseer y ser poseído, de ese anhelo de ser amados y amar. En eso, ¿puede haber amor por uno y por muchos? Si siento amor por uno, ¿destruyo el amor por el otro? Y como para casi todos nosotros el amor es placer, compañía, consuelo, aislamiento y el sentirnos protegidos en la familia, ¿existe, en realidad, amor alguno? ¿Puede un hombre atado a su familia sentir amor por su prójimo? Podemos hablar del amor teóricamente, asistir a la iglesia y amar a Dios (cualquier cosa que eso pueda significar), y al día siguiente ir a la oficina y destruir a nuestro compañero de trabajo, porque estamos compitiendo con él y anhelamos su puesto, sus posesiones, queremos ser mejores al compararnos con él. Así pues, cuando dentro de nosotros se desarrolla toda esta actividad de la mañana a la noche, e incluso en los sueños cuando dormimos, ¿podemos estar relacionados? ¿O la relación es algo por completo diferente?

La relación sólo puede existir cuando hay total entrega de uno mismo, cuando no hay "yo". Cuando el "yo" no está, uno está relacionado; en esa relación no hay separación en absoluto. Probablemente, uno no ha sentido eso, la total negación, la total cesación del "yo", no intelectualmente sino de hecho. Y tal vez sea eso lo que casi todos buscamos, sexualmente o identificándonos con algo más grande. Pero ese proceso de identificación con algo más grande es, nuevamente, el producto del pensamiento. Y el pensamiento es siempre viejo; igual que el "yo", el ego, pertenece al ayer. Surge, entonces, la pregunta: ¿Cómo es posible desprenderse por completo de este proceso aislante que se halla centrado en el "yo"? ¿Cómo puede hacerse esto? ¿Comprenden la pregunta? ¿Cómo puedo yo, estando todas mis actividades cotidianas basadas en el miedo, la ansiedad, la desesperación, el dolor, la confusión y la esperanza, cómo puede ese "yo" que se separa a sí mismo de otro mediante la identificación con Dios, con su propio condicionamiento, con su sociedad, con su actividad social y moral, con el Estado y demás, cómo puede ese "yo" morir, desaparecer de modo tal que el ser humano pueda estar relacionado? Porque si no estamos relacionados viviremos siempre en guerra aunque no nos matemos el uno al otro, dado que eso se está volviendo demasiado peligroso, excepto en países muy lejanos. ¿Cómo podemos vivir de modo tal que no haya separación y podamos de verdad cooperar?

¡Hay tanto que hacer en el mundo! Erradicar la pobreza, vivir dichosamente, vivir con deleite en vez de hacerlo con angustia y miedo, edificar una clase de sociedad por completo diferente, una moralidad que esté más allá de todas las moralidades. Pero esto podrá ser sólo cuando toda la moralidad social de nuestros días sea totalmente negada. Hay muchísimo que hacer, y no podrá hacerse si sigue en marcha este constante proceso de aislamiento. Hablamos del "mí" y lo "mío", y del "otro"; el "otro" se encuentra más allá del muro, el "mí" y lo "mío" están de este lado del muro. ¿Cómo podemos, pues, "desprendernos" por completo de ese núcleo esencial de resistencia que es el "yo"? Ése es, realmente, el problema fundamental en toda relación, porque vemos que la relación entre imágenes no es relación en absoluto, y que cuando existe esa clase de relación tiene que haber conflicto, a causa del cual terminamos por estrangularnos unos a otros.

Cuando se formulen a sí mismos esta pregunta, es inevitable que digan: «¿Acaso debo vivir en un vacío, en un estado de vacuidad?». Me pregunto si alguna vez han conocido lo que es tener una mente por completo vacía. Han vivido en un espacio creado por el "yo", un espacio que es muy pequeño. El espacio que el "yo", el proceso de auto aislamiento ha creado entre una persona y otra, es todo el espacio que conocemos -el espacio entre el centro del "yo" y la circunferencia-, la frontera establecida por el pensamiento. Y en este espacio vivimos, en este espacio hay división. Ustedes dicen: «Si me entrego totalmente, o si abandono el centro del "yo", viviré en un vacío». Pero ¿alguna vez han abandonado realmente, de hecho, el "yo", de modo tal que no hubiera "yo" en absoluto? ¿Han vivido alguna vez en este mundo, han ido a la oficina con ese espíritu, han vivido así con la propia esposa o el propio marido? Si han vivido de ese modo sabrán que hay un estado de relación en el cual el "yo" no existe, estado que no es una Utopía ni algo soñado ni una experiencia mística, sin sentido, sino algo que puede ser realizado de verdad: vivir en una dimensión donde exista una relación con todos los seres humanos.

Pero eso sólo puede ocurrir cuando comprendemos qué es el amor. Y para hallarse en ese estado, para vivir en él, uno debe comprender el placer del pensamiento y todo su mecanismo. Entonces todo el complicado mecanismo que hemos construido para nosotros y en torno de nosotros, puede ser captado de un solo vistazo. No tenemos que pasar por todo ese proceso analítico punto por punto. Todo análisis es fragmentario y, por lo tanto, no hay respuesta posible a través de esa puerta.

Existe este inmenso y complejo problema de la existencia, con todos sus temores, ansiedades, esperanzas, con sus alegrías fugaces y su felicidad pasajera, pero el análisis no va a resolverlo. Lo que sí lo hará es abarcar todo eso rápidamente, como una totalidad. ¿Saben?, uno comprende algo sólo cuando lo mira, no con una mirada largamente adiestrada -la mirada de un artista, de un científico o del hombre que ha practicado "cómo mirar"-, sino si lo mira con atención completa, si ve toda la cosa de un solo vistazo. Entonces comprobará que está fuera de ello. Entonces está fuera del tiempo; el tiempo se detiene y, por lo tanto, el dolor llega a su fin. Un hombre que sufre, que teme, no está relacionado. ¿Cómo puede tener relación alguna un hombre que persigue el poder? Puede tener una familia, dormir con su mujer, pero no está relacionado. Un hombre que compite con otro no tiene relación en absoluto. Y toda nuestra estructura social con su inmoralidad se basa en esto. Estar fundamentalmente, esencialmente relacionado, significa la terminación del "yo" que engendra separación y dolor.

Pláticas en Europa
París, 25 de abril de 1968

Amor, Sexo y Castidad

9. Estar Relacionado Significa Terminar Con El Yo

Amor, Sexo y Castidad. Una selección de pasajes para el estudio de las enseñanzas de J. Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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