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Cartas a las Escuelas

15 de enero de 1979

Es importante que en estas escuelas el maestro se sienta seguro, tanto económica como psicológicamente. Algunos maestros pueden hallarse dispuestos a enseñar sin mayor preocupación por su posición económica; puede que hayan venido por las enseñanzas y por razones psicológicas, pero todo maestro debe sentirse seguro, en el sentido de encontrarse en su casa, cuidado, sin inquietudes financieras. Si el propio maestro no se siente seguro y, por tanto, no está libre para dedicar su atención al estudiante y a la seguridad de éste, entonces no podrá ser totalmente responsable. Si el maestro no está internamente contento, su atención se hallará dividida y será incapaz de ejercer su completa capacidad.

Se vuelve, pues, importante que seleccionemos a los maestros adecuados, invitando a cada uno a permanecer por algún tiempo en nuestras escuelas para descubrir si él o ella pueden incorporarse con alegría a lo que se está haciendo. Esto debe ser mutuamente compartido. Entonces el maestro, estando contento, seguro, sintiéndose en su casa, puede crear en el estudiante esta condición de seguridad, este sentimiento de que la escuela es su propio hogar.

Sentirse en el hogar implica, ¿no es verdad? que no hay sentimiento alguno de temor, que él está protegido físicamente, que cuidan de él, que es libre. La protección, aunque el estudiante pueda objetar la idea de ser protegido y cuidado, no significa que se le tiene en una prisión, confinado y críticamente vigilado. La libertad, obviamente, no quiere decir que uno puede hacer todo lo que le plazca, y es igualmente obvio que uno jamás puede hacer totalmente lo que le place. El intento de hacer lo que a uno le place - llamado libertad individual y que consiste en elegir un curso de acción conforme al propio deseo - ha producido confusión social y económica en el mundo. La reacción a esta confusión es el totalitarismo.

La libertad es una cuestión muy compleja. Uno debe abordarla con la máxima atención, porque la libertad no es el opuesto de la esclavitud ni es un escape de las circunstancias en que uno se halla preso. No es libertad en relación con algo, ni consiste en evitar o reprimir cosa alguna. La libertad no tiene opuesto, lo es en sí misma, per se. La propia comprensión de la naturaleza de la libertad es el despertar de la inteligencia. No consiste en adaptarse a lo que es, sino en comprender lo que es y, por tanto, ir más allá de lo que es. Si el maestro no comprende la naturaleza de la libertad, solamente impondrá sus propios prejuicios, sus limitaciones y sus conclusiones al estudiante. Por consiguiente, será natural que el estudiante resista o acepte por temor, y se convierta así en un ser humano convencional, tímido o agresivo. Es sólo en la comprensión de esta libertad del vivir - no en la idea de ello o en su aceptación verbal, que se vuelve un eslogan - que la mente se halla libre para aprender.

Una escuela, después de todo, es un lugar donde el estudiante es básicamente feliz, un lugar donde no se le fuerza, donde no se le amedrenta con los exámenes, donde no se le compele a actuar conforme a un patrón, a un sistema. Es un lugar donde se enseña el arte de aprender. Si el estudiante no es feliz, no es capaz de aprender este arte.

Se considera que aprender es memorizar, registrar información. Esto produce una mente limitada y, por ende, fuertemente condicionada. El arte de aprender consiste en dar el lugar exacto a la información, en actuar diestramente de acuerdo con lo que se aprende, pero al mismo tiempo implica no estar psicológicamente atado por las limitaciones del conocimiento ni por las imágenes o símbolos que el pensamiento crea. Arte significa ponerlo todo en su verdadero lugar, no conforme a algún ideal. Aprender el arte de la observación es comprender el mecanismo de los ideales y conclusiones. Un concepto fabricado por el pensamiento, sea en el futuro o de acuerdo con el pasado, es un ideal - una idea proyectada o un recuerdo. Es un juego de sombras chinescas que hace una abstracción de lo real. Tal abstracción elude lo que está ocurriendo en el presente. Este escapar de los hechos, es infelicidad.

¿Podemos entonces, como maestros, ayudar al estudiante a ser feliz en el verdadero sentido de la palabra? ¿Podemos ayudarle a que se interese en lo que verdaderamente ocurre? Esto es atención. El estudiante, al observar una hoja revoloteando bajo el sol, está atento. Obligarlo a que en ese momento se vuelva hacia el libro, es desalentar la atención; mientras que ayudarle a observar plenamente la hoja, contribuye a que se dé cuenta de lo que implica la atención profunda en la que no hay distracción alguna. Del mismo modo, y gracias precisamente a que él ha visto lo que significa la atención, será capaz de volver al libro o a lo que fuere que se le esté enseñando. En esta atención no hay compulsión ninguna ni conformidad. Es la libertad en que existe observación total. ¿Puede el maestro mismo tener esta cualidad de atención? Sólo entonces podrá ayudar a otro.

Nosotros luchamos principalmente contra las distracciones. Las distracciones no existen. Supongamos que usted sueña despierto o que su mente está divagando; eso es lo que realmente ocurre. Obsérvelo. Ese observar es atención. Por tanto, no hay distracción.

¿Puede enseñarle esto a los estudiantes, puede este arte ser aprendido? Usted es totalmente responsable por el estudiante; usted debe crear esta atmósfera del aprender, una seriedad en que hay un sentido de libertad y dicha.

Cartas a las Escuelas

15 de enero de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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