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Cartas a las Escuelas

15 de febrero de 1979

Parece como si los seres humanos tuvieran cantidades enormes de energía. Han ido a la luna, han escalado los picos más altos de la tierra, han tenido energías poderosas para las guerras, para los instrumentos de la guerra, y gran energía para el desarrollo tecnológico, para acumular el vasto conocimiento que el hombre ha reunido, para trabajar día tras día; energía para construir las pirámides y para explorar el átomo. Cuando uno considera todo esto, es impresionante comprobar la energía que el hombre ha gastado. Esta energía se ha ido en la investigación de las cosas externas, pero el hombre ha dedicado muy poca energía para investigar en la totalidad de su propia estructura psicológica. La energía es indispensable, tanto externa como internamente, para actuar o para estar totalmente silencioso.

La acción y la no-acción requieren gran energía. Hemos usado positivamente la energía en las guerras, en escribir libros, en las operaciones quirúrgicas y para trabajar en el fondo de los mares. La no-acción requiere mucha más acción que la que llaman ‘positiva’. La acción positiva está para controlar, para tolerar, para escapar. La no‑acción es la atención total de la observación. En esta observación, lo que es observado experimenta una transformación. Esta observación silenciosa requiere no sólo energía física sino también una profunda energía psicológica. Estamos habituados a la primera, y este condicionamiento limita nuestra energía. En una observación completa, silenciosa - que no es acción - no hay desperdicio de energía, y así la energía es ilimitada.

La no-acción no es el opuesto de la acción. Ir a trabajar cotidianamente año tras año por tantos años, lo cual puede ser necesario tal como están las cosas, limita realmente las energías, pero el no trabajar no significa que uno tendrá energías ilimitadas. La misma indolencia de la mente es un desgaste de energías, como lo es la pereza del cuerpo. Nuestra educación en cualquier campo, disminuye esta energía. Nuestra manera de vivir, esta constante lucha por ser o no ser, es disipación de energía.

La energía es intemporal y no puede ser medida. Pero nuestras acciones son mensurables, y así reducimos esta energía ilimitada al estrecho círculo del yo. Y habiéndola confinado, buscamos entonces lo inmensurable. Esta búsqueda forma parte de la acción positiva y, por tanto, es un desgaste de energía psicológica. En consecuencia, dentro de los archivos del yo hay un movimiento que jamás termina.

Lo que nos interesa en la educación es que la mente se libere del yo. Como lo hemos dicho en diversas ocasiones en estas cartas, es función nuestra dar origen a una nueva generación libre de esta energía limitada que llaman el yo. Debe repetirse una vez más que estas escuelas existen para eso.

En nuestra carta anterior hemos hablado acerca de la corrupción de la mente. La raíz de esta corrupción es el yo. El yo es la imagen, el cuadro, la palabra que pasa de generación en generación, y uno tiene que habérselas con este peso que implica la tradición del yo. Este hecho - no la consecuencia de este hecho ni cómo el hecho ha surgido - es bastante fácil de explicar. Pero observar el hecho con todas sus reacciones, observarlo sin motivo alguno que tergiverse el hecho, es acción negativa. Esto es, entonces, lo que transforma el hecho. Es importante que ello se comprenda muy profundamente; no actuar sobre el hecho sino observar ‘lo que es’.

Todo ser humano es lastimado, tanto psicológica como físicamente. Es comparativamente fácil habérselas con el dolor físico, pero el dolor psicológico permanece oculto en lo profundo. La consecuencia de esta herida psicológica es la de erigir un muro alrededor de uno a fin de resistir un dolor ulterior, y así se vuelve uno temeroso o se retira en el aislamiento. La imagen del yo con su energía limitada ha originado la herida. A causa de su limitación, esa imagen es lastimada. Lo que no es mensurable jamás puede dañarse, jamás puede corromperse. Cualquier cosa limitada puede ser herida, pero aquello que es total está más allá del alcance del pensamiento.

¿Puede el educador ayudar al estudiante a que jamás sea lastimado en lo psicológico, no sólo mientras forma parte de esta escuela sino en el curso de toda su vida? Si el educador ve el enorme perjuicio que surge de esta herida, ¿cómo educará entonces al estudiante? ¿Qué es lo que realmente hará a fin de que el estudiante nunca sea lastimado psicológicamente en toda su vida? El estudiante llega ya lastimado a la escuela. Probablemente no se da cuenta de su herida. El maestro, al observar sus reacciones, sus temores y su agresividad, descubrirá el daño causado. El maestro tiene, pues, dos problemas: liberar al estudiante de las lesiones pasadas e impedir que experimente heridas futuras. ¿Es éste su interés? ¿O usted lee meramente esta carta, la comprende intelectualmente, que es no comprender absolutamente nada y por lo tanto, no se interesa en el estudiante? Pero si se interesa, como debe hacerlo, ¿qué hará con este hecho - el hecho de que el estudiante se halla lastimado y usted debe evitar a toda costa cualquier daño posterior? ¿Cómo aborda usted este problema? ¿Cuál es el estado de su mente cuando se enfrenta a este problema? Es también su problema, no sólo del estudiante. Usted se halla lastimado y también lo está el estudiante. Por tanto, ello les concierne a ambos; no es un problema unilateral; usted se halla tan involucrado como el estudiante. Este hecho de encontrarse ambos involucrados, es el factor central al que debe usted enfrentarse, el que debe observar. Desear meramente hallarse libre de su herida pasada y abrigar la esperanza de no ser jamás lastimado nuevamente, es un desperdicio de energía. La atención completa, la observación de este hecho no sólo le contará la historia de la herida en sí, sino que esta misma atención disipa, borra la herida.

La atención es, por lo tanto, esta inmensa energía que jamás puede ser lastimada o corrompida. Por favor, no acepte lo que se dice en estas cartas. La aceptación es la destrucción de la verdad. Póngalo a prueba - no en alguna fecha futura sino ahora, mientras lee esta carta. Cuando lo ponga a prueba, no casualmente, sino con todo su corazón, con todo su ser, descubrirá entonces por sí mismo la verdad del hecho. Y sólo entonces podrá ayudar al estudiante a borrar el pasado y a tener una mente incapaz de ser lastimada.

Cartas a las Escuelas

15 de febrero de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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