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Cartas a las Escuelas

15 de marzo de 1979

Nos hemos vuelto demasiado listos. Nuestros cerebros han sido entrenados para llegar a ser muy brillantes, tanto verbal como intelectualmente. Están atestados con una enorme cantidad de información que utilizamos para una carrera provechosa. Una persona ingeniosa, intelectual, es ensalzada, se le rinden honores. Gente así parece usurpar todos los lugares importantes del mundo; tienen poder, prestigio, posición. Pero su ingeniosidad termina por traicionarlos; en sus corazones jamás conocen lo que es el amor ni la caridad profunda ni la generosidad, porque están encerrados en su propia vanidad y arrogancia. Este se ha vuelto el patrón de todas las escuelas altamente dotadas. Un muchacho o una muchacha que son aceptados en la escuela convencional, quedan atrapados en la civilización moderna y pierden toda la belleza de la vida.

Cuando uno pasea por los bosques con sus espesas sombras y sus luces moteadas, y súbitamente llega a un espacio abierto, una verde pradera rodeada por árboles majestuosos, o una corriente burbujeante, se pregunta por qué el hombre ha perdido su relación con la naturaleza y la belleza de la tierra, con la hoja caída y la rama rota. Si usted ha perdido contacto con la naturaleza, entonces perderá inevitablemente la relación con otro ser humano. La naturaleza no la constituyen solamente las flores, el hermoso prado verde o las aguas que fluyen en su pequeño jardín, sino que es toda la tierra con todas las cosas que hay en ella. Consideramos que la naturaleza existe para nuestro uso, para nuestra conveniencia, y así perdemos comunión con la tierra. Esta sensibilidad hacia la hoja caída, hacia el alto árbol que se yergue sobre una colina, es mucho más importante que aprobar todos los exámenes o tener una brillante carrera - cosas que no son la totalidad de la vida. La vida es como un vasto río con un gran caudal de agua sin principio ni fin. Extraemos de esta vertiginosa corriente un cubo de agua, y esa agua confinada se convierte en nuestra vida. Este es nuestro condicionamiento y nuestro dolor inacabable.

El movimiento del pensar no es belleza. El pensamiento puede crear lo que parece hermoso - la pintura, la figura de mármol o un bello poema - pero esto no es la belleza. La belleza es suprema sensibilidad, no al sentimiento de las propias penas y ansiedades, sino sensibilidad para abarcar la existencia total del hombre. Hay belleza solamente cuando la corriente del yo se ha secado por completo. La belleza existe cuando el yo está ausente. Con el abandono del ‘mí mismo’, surge la pasión de la belleza.

Hemos estado considerando juntos, en estas cartas, la degeneración de la mente. Hemos señalado para su examen e investigación, algunas de las vías de este deterioro. Una de sus actividades básicas es el pensamiento. El pensamiento es una fragmentación de la totalidad de la mente. Lo total contiene la parte, pero la parte jamás puede ser lo completo. El pensamiento es la parte más activa de nuestra vida; el sentimiento marcha junto con el pensamiento. Esencialmente son la misma cosa, aunque tenemos la tendencia a separarlos. Habiéndolos separado, concedemos entonces gran importancia al sentimiento, al romanticismo y a la devoción; pero el pensamiento, como la cuerda de un collar, pasa por todo ello entrelazándolo, oculto pero activo, controlando y moldeando. Está siempre ahí, aunque nos guste pensar que nuestras emociones profundas son en esencia diferentes. Hay en esto una gran ilusión, un engaño que es muy bien visto y que conduce a la deshonestidad.

Como dijimos, el pensamiento es la realidad de nuestra vida cotidiana. Todos los llamados libros sagrados son el producto del pensamiento. Puede reverenciárselos como una revelación, pero son esencialmente pensamiento. El pensamiento ha producido la turbina y los grandes templos de la tierra, el cohete espacial y la enemistad entre los hombres. El pensamiento ha sido el responsable de las guerras, es el responsable del lenguaje que uno utiliza y de la imagen hecha por la mano o por la mente. El pensamiento domina la relación. El pensamiento ha descrito qué es el amor, qué son los cielos y el dolor del infortunio. El hombre le rinde culto al pensamiento, admira sus sutilezas, su astucia, su violencia, sus crueldades en el nombre de una causa. El pensamiento ha producido grandes avances en la tecnología y, con ello, una gran capacidad de destrucción. Esta ha sido la historia del pensamiento, repetida a través de siglos.

¿Por qué la humanidad ha concedido una importancia tan grande al pensamiento? ¿Porque es la única cosa que tenemos, aun cuando sea activado mediante los sentidos? ¿Porque el pensamiento ha sido capaz de dominar a la naturaleza, de dominar su ambiente y producir cierta seguridad física? ¿Porque es el mayor instrumento mediante el cual el hombre opera, vive y obtiene beneficios? ¿Porque el pensamiento ha fabricado los dioses, los salvadores, la superconciencia, olvidando así la ansiedad, el miedo, el dolor, la envidia, la culpa? ¿Porque mantiene junta a la gente como una nación, como un grupo, como una secta? ¿Porque ofrece esperanzas a una vida oscura? ¿Porque proporciona una abertura para escapar por ella del cotidiano fastidio de nuestra vida? ¿Porque no conociendo el futuro, ofrece la seguridad del pasado, con su arrogancia y su obstinación en la experiencia? ¿Porque en el conocimiento hay estabilidad, evitación del temor en la certidumbre de lo conocido? ¿Porque el pensamiento ha asumido por sí mismo una posición invulnerable, pronunciándose contra lo desconocido? ¿O será porque el amor es algo inexplicable, no mensurable, mientras que el pensamiento es medido y resiste al movimiento inmutable del amor?

Nosotros jamás hemos cuestionado la naturaleza misma del pensamiento. Hemos aceptado al pensamiento como algo inevitable, al igual que nuestros ojos y nuestras piernas. Nunca hemos sondeado la verdadera profundidad del pensamiento; y porque jamás lo hemos cuestionado, ha adquirido preeminencia. Es el tirano de nuestra vida, y a los tiranos raramente se les desafía.

Entonces, como educadores, vamos a exponerlo a la brillante luz de la observación. La luz de la observación no sólo disipa instantáneamente la ilusión, sino que la claridad de su luz revela hasta el más íntimo detalle de lo observado. Como dijimos, la observación no lo es desde un punto fijo, desde una creencia, prejuicio o conclusión. La opinión es un asunto más bien vulgar, y también lo es la experiencia. El hombre de experiencia es una persona peligrosa, porque está preso en la cárcel de su propio conocimiento.

¿Puede usted, entonces, observar con extraordinaria claridad el movimiento total del pensar? Esta luz es libertad - lo cual no significa que usted la ha capturado y la emplea para su conveniencia y beneficio. La propia observación del pensamiento es la observación de todo su ser, y este mismo ser es creado por el pensamiento. Tal como el pensamiento es finito, limitado, así es usted.

Cartas a las Escuelas

15 de marzo de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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