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Cartas a las Escuelas

15 de abril de 1979

Cualquier forma de conflicto o lucha, corrompe la mente la mente como la totalidad de nuestra existencia. Esta cualidad se destruye cuando hay cualquier clase de fricción o contradicción. Como la mayoría de nosotros vive en un perpetuo estado de contradicción y conflicto, esta falta de lo total contribuye a la degeneración. Lo que aquí nos concierne, es descubrir por nosotros mismos si es de algún modo posible poner fin a estos factores degenerativos. Tal vez muy pocos de nosotros hayamos pensado alguna vez acerca de esto; lo hemos aceptado como un modo de vida natural. Nos hemos convencido de que el conflicto trae consigo desarrollo - como la competencia - y para esto tenemos varias explicaciones: el árbol lucha por la luz en medio del bosque, el bebé a punto de nacer lucha por la vida, la madre se esfuerza por dársela. Estamos condicionados para aceptar esto y vivir de esta manera. Así hemos vivido por generaciones, y cualquier sugerencia de que quizá podría haber un modo de vivir sin conflicto alguno, parece completamente increíble. Usted puede escuchar esto como si fuera alguna insensatez idealista o puede rechazarlo inmediatamente, pero nunca considera si tiene algún significado la afirmación de que es posible vivir una vida sin sombra de conflicto. Como lo que nos interesa es la integridad y responsabilidad de dar origen a una nueva generación, que es nuestra única función como educadores, ¿puede usted investigar este hecho? Y en el proceso mismo de educar, ¿puede comunicar al estudiante aquello que usted, por sí mismo, está descubriendo?

El conflicto en cualquiera de sus formas indica resistencia. En un río que fluye velozmente no hay resistencia, fluye rodeando grandes piedras, fluye a través de aldeas y ciudades. El hombre lo controla para sus propios propósitos. Después de todo, la libertad, ¿no implica acaso que está ausente la resistencia que el pensamiento ha construido alrededor de sí mismo?

La honestidad es una cuestión muy compleja. ¿Con respecto a qué es usted honesto y por qué razón? ¿Puede ser honesto consigo mismo y así ser honrado con otro? Cuando uno se dice que debe ser honesto, ¿es eso posible? La honestidad, ¿es una cuestión de ideales? ¿Puede el idealista ser honesto alguna vez? Él está viviendo en un futuro esculpido en el pasado; se halla preso entre lo que ha sido y aquello que debería ser, y así nunca puede ser honesto. ¿Puede usted ser honesto consigo mismo? ¿Es ello posible? Usted es el centro de diversas actividades, a veces contradictorias, de múltiples pensamientos, sentimientos y deseos que se oponen siempre unos a otros. ¿Cuál es el deseo o pensamiento honesto y cuál no lo es? Estas no son preguntas meramente retóricas o argumentos ingeniosos. Es muy importante descubrir qué significa ser totalmente honesto, porque nosotros vamos a abordar la cuestión del discernimiento y de la acción instantánea. Es extremadamente importante, si queremos captar la profundidad del discernimiento, tener esta cualidad de integridad completa, esa integridad que es la honestidad de lo total.

Uno puede ser honesto con respecto a un ideal, un principio o una creencia arraigada. Por cierto que esto no es honestidad. La honestidad solamente puede existir cuando no existe el conflicto de la dualidad, cuando no existe el opuesto. Hay luz y oscuridad, noche y día; hay hombre, mujer, lo alto, lo bajo y así sucesivamente, pero es el pensamiento el que los convierte en opuestos, el que los pone en contradicción. Estamos expresando la contradicción psicológica que la humanidad ha cultivado. El amor no es el opuesto del odio o de los celos. Si lo fuera, no sería amor. La humildad no es el opuesto de la vanidad o del orgullo y la arrogancia. Si lo fuera, seguiría formando parte de la arrogancia y el orgullo y, por tanto, no sería humildad. La humildad es por completo independiente de todo esto. Una mente humilde no tiene conciencia de su humildad. De modo que la honestidad no es el opuesto de la deshonestidad.

Uno puede ser sincero en lo que respecta a la propia creencia o al propio concepto, pero esa sinceridad engendra conflicto; y donde hay conflicto no puede haber honestidad. De modo que preguntamos: ¿Puede usted ser honesto consigo mismo? “Usted mismo” es una mezcla de muchos movimientos que se entrecruzan, unos dominando a los otros y raramente fluyendo juntos. Cuando todos estos movimientos fluyen juntos, entonces hay honestidad. Por otra parte, está la separación entre el consciente y el inconsciente, entre dios y el diablo; el pensamiento ha producido esta división y el conflicto que existe entre estas divisiones. La bondad no tiene opuesto.

Con esta nueva comprensión de lo que es la honestidad, ¿podemos proseguir con la investigación de lo que es el discernimiento? Esto es de suma importancia, porque tal vez sea el factor que pueda revolucionar nuestra acción y producir una transformación en el cerebro mismo. Hemos dicho que nuestra vida se ha vuelto mecánica; el pasado, con toda la experiencia acumulada y el conocimiento - que es el manantial de donde brota el pensamiento - está dirigiendo y moldeando toda nuestra acción. El pasado y el futuro están relacionados entre sí y son inseparables; y el proceso mismo del pensar se basa en esto. El pensamiento es siempre limitado, finito; aunque pueda pretender que alcanza el cielo, ese mismo cielo está dentro del marco del pensamiento. La memoria es mensurable, como lo es el tiempo. Este movimiento del pensar jamás puede ser fresco, nuevo, original. Por tanto, la acción que se basa en el pensamiento debe estar siempre fragmentada, tiene que ser incompleta, contradictoria. Este movimiento total del pensar debe ser profundamente comprendido, con el relativo lugar que ocupa en las necesidades de la vida, en las cosas que deben ser recordadas. ¿Cuál es, entonces, la acción que no es una continuidad del recuerdo? Es el discernimiento.

El discernimiento (insight), tal como lo entendemos aquí, no es la cuidadosa deducción del pensar, el proceso analítico del pensamiento o la naturaleza forzosamente temporal de la memoria. El discernimiento es la percepción sin el percibidor, la percepción instantánea. De este discernimiento surge la acción. La explicación de cualquier problema, si proviene de este discernimiento, es exacta, final y verdadera. No hay lamentaciones ni reacciones. Es absoluta. No puede haber discernimiento sin la cualidad del amor. El discernimiento no es una cuestión intelectual para ser debatida y patentada. Este amor es la forma más elevada de sensibilidad - cuando todos los sentidos están floreciendo juntos. Sin esta sensibilidad - no hacia los propios deseos, problemas y toda la insignificancia de la propia vida particular - el discernimiento es, obviamente, por completo imposible.

El discernimiento es holístico. Holístico implica lo total, la totalidad de la mente. La mente es toda la experiencia de la humanidad, el vasto conocimiento acumulado con sus destrezas técnicas, sus sufrimientos, su ansiedad, sus fatigas, su aflicción y su soledad. Pero el discernimiento está más allá de todo esto. Para que el discernimiento exista, es esencial que haya libertad con respecto al dolor, a la aflicción, a la soledad. El discernimiento no es un movimiento continuo; no puede ser capturado por el pensamiento. El discernimiento es inteligencia suprema, y esta inteligencia utiliza al pensamiento como una herramienta. El discernimiento es inteligencia con su amor y belleza. En realidad, son inseparables; de hecho son una sola cosa. Esa cosa es lo total - que es lo sagrado en su máxima expresión.

Cartas a las Escuelas

15 de abril de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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