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Cartas a las Escuelas

Primero de agosto de 1979

Interlocutor: Si me permite preguntarle: ¿Cuál considera usted que es una de las cosas más importantes en la vida? Yo he reflexionado considerablemente sobre este tema, y observo que hay demasiadas cosas en la vida que parecen importantes. Quisiera formularle esta pregunta con toda seriedad.

Krishnamurti: Tal vez sea ése el arte de vivir. Estamos usando la palabra en su sentido más amplio. Como la vida es tan compleja, siempre resulta bastante difícil y confuso tomar un aspecto y decir que es el más importante. La misma elección, la cualidad de diferenciar, si puedo señalarlo, conduce a una confusión mayor. Si usted dice que esto es lo más importante, entonces relega los otros hechos de la vida a una posición secundaria. O tomamos todo el movimiento de la vida como una unidad - lo cual se vuelve extremadamente difícil para la mayoría - o tomamos un aspecto fundamental en el que todos los otros pueden ser incluidos. Si está usted de acuerdo con esto, entonces podemos proseguir nuestro diálogo.

Interlocutor: ¿Quiere usted decir que un solo aspecto puede abarcar el campo total de la vida? ¿Es eso posible?

Krishnamurti: Es posible. Examinemos eso muy despacio y con cierta vacilación. En primer lugar, ambos debemos investigar y no llegar inmediatamente a alguna conclusión, la que generalmente es más bien superficial. Estamos explorando juntos una faceta de la vida, y en la comprensión misma de ella podemos cubrir todo el campo de la vida. Para investigar debemos estar libres de nuestros prejuicios, de nuestras experiencias personales y conclusiones predeterminadas. Como buenos científicos debemos poseer una mente despejada de todo conocimiento que ya hemos acumulado. Tenemos que llegar a ello como si fuera por la primera vez, y ésta es una de las necesidades en la exploración; la exploración no de una idea o de una serie de conceptos filosóficos, sino de nuestras propias mentes. Y en esa exploración no ha de haber reacción alguna hacia lo que está siendo observado. Esto es absolutamente indispensable; de lo contrario su investigación está coloreada por sus propios temores, esperanzas y placeres.

Interlocutor: ¿No pide usted demasiado? ¿Es posible tener una mente semejante?

Krishnamurti: El impulso mismo de investigar y su intensidad liberan la mente de su coloración. Como dijimos, una de las cosas más importantes es el arte de vivir. ¿Existe un modo de vivir nuestra vida cotidiana que sea por completo diferente de lo que normalmente es? Todos conocemos el habitual. ¿Hay una manera de vivir sin control alguno, sin ningún conflicto, sin una conformidad impuesta por la disciplina? ¿Cómo lo descubro? Sólo puedo descubrir cuando mi mente, en su totalidad, se está enfrentando a lo que ocurre ahora. Esto significa que solamente puedo descubrir qué implica vivir sin conflicto, cuando lo que ocurre ahora puede ser observado. Esta observación no es un asunto intelectual o emocional, sino la sutil, aguda y clara percepción en que no existe dualidad alguna. Sólo existe el hecho real y nada más.

Interlocutor: ¿Qué entiende usted por dualidad en este caso?

Krishnamurti: Que no hay oposición ni contradicción en lo que ocurre. La dualidad surge solamente cuando uno escapa de lo que es. Este escape crea el opuesto y así aparece el conflicto. Sólo existe lo real y nada más.

Interlocutor: ¿Lo que usted dice es que cuando se percibe algo que está sucediendo ahora, la mente no debe intervenir en ello con asociaciones y reacciones?

Krishnamurti: Sí, eso es lo que queremos decir. Las asociaciones y reacciones frente a lo que sucede, son el condicionamiento de la mente. Este condicionamiento impide la observación de lo que está ocurriendo ahora. Lo que está ocurriendo ahora se halla libre del tiempo. El tiempo es la evolución de nuestro condicionamiento. Es la herencia del hombre, la carga que no tiene comienzo. Cuando existe esta apasionada observación de lo que está ocurriendo, aquello que es observado se disuelve en la nada. La observación de la ira que se manifiesta ahora, revela toda la estructura y naturaleza de la violencia. Este discernimiento instantáneo es el fin de toda violencia. No es reemplazado por ninguna otra cosa, y en ello radica nuestra dificultad. Todos nuestros impulsos y deseos se dirigen a un propósito determinado. En ese propósito hay un sentimiento de ilusoria seguridad.

Interlocutor: Para muchos de nosotros, la observación de la ira es difícil, porque las emociones y reacciones parecen formar parte inextricable de esa ira. Uno no siente la ira sin las asociaciones, sin el contenido.

Krishnamurti: La ira tiene tras de sí muchas historias. No es un mero evento solitario. Tiene, como usted lo ha indicado, una gran cantidad de asociaciones. Estas asociaciones mismas, con sus emociones, impiden la verdadera observación. En la ira, el contenido es la ira. La ira es el contenido; no son dos cosas separadas. El contenido es el condicionamiento. En la apasionada observación de lo que realmente está sucediendo - o sea, las actividades del condicionamiento - se disuelven la naturaleza y estructura del condicionamiento.

Interlocutor: ¿Dice usted que cuando tiene lugar un evento, existe la inmediata y veloz corriente de asociaciones en la mente? ¿Y que si uno ve esto tan pronto como ocurre, esa observación lo detiene instantáneamente y ella desaparece? ¿Es esto lo que usted quiere decir?

Krishnamurti: Sí. Es realmente muy simple, tan simple que esa misma simplicidad se le escapa a uno y, por tanto, no advierte uno su sutileza. Lo que nosotros decimos es que, cualquier cosa que esté ocurriendo - cuando usted pasea, habla, ‘medita’ - el evento que tiene lugar es para ser observado. Cuando la mente divaga, la observación misma de ello termina con su parloteo. Por consiguiente, en ningún momento hay distracción.

Interlocutor: Parece como si estuviera usted afirmando que el contenido del pensamiento no tiene esencialmente significado alguno en el arte de vivir.

Krishnamurti: Sí. Los recuerdos no tienen cabida en el arte de vivir. La relación es el arte de vivir. Si hay recuerdos en la relación, eso no es relación. La relación es entre seres humanos, no entre sus recuerdos. Son estos los que dividen, y así es como hay contienda, oposición entre el tú y el yo. En consecuencia, el pensamiento - que es recuerdo - no tiene cabida alguna en la relación. Este es el arte de vivir.

La relación es con todas las cosas - con la naturaleza, los pájaros, las rocas, con todo lo que está alrededor y encima de nosotros, con las nubes, las estrellas y el cielo azul. Toda la existencia es relación. Sin relación no puede uno vivir. Porque hemos corrompido la relación es que vivimos en una sociedad que está degenerando.

El arte de vivir puede nacer solamente cuando el pensamiento no contamina el amor.

¿Puede el maestro en las escuelas estar totalmente dedicado a este arte?

Cartas a las Escuelas

Primero de agosto de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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