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Cartas a las Escuelas

15 de agosto de 1979

El arte más grande es el arte de vivir, más grande que todas las cosas que los seres humanos han creado con la mano o con la mente, más grande que todas las Escrituras y sus dioses. Es sólo a través de este arte de vivir que puede nacer una nueva cultura. Que esto ocurra, es la responsabilidad de cada maestro, especialmente en estas escuelas. Este arte de vivir puede surgir únicamente de la total libertad.

Esta libertad no es un ideal, una cosa que haya de suceder eventualmente. En la libertad, el primer paso es el último paso. Es el primer paso el que cuenta, no el último. Lo que usted hace ahora es mucho más esencial que lo que hace en alguna fecha futura. La vida es lo que está ocurriendo en este instante, no en un instante imaginado, no lo que ha concebido el pensamiento. Por lo tanto, el primer paso que usted da ahora es el importante. Si ese paso es en la dirección correcta, entonces toda la vida se halla abierta para usted. La dirección correcta no es en pos de un ideal, de un propósito determinado. Esa dirección es inseparable de lo que está ocurriendo ahora. Esta no es una filosofía, una serie de teorías. Es exactamente lo que la palabra filosofía significa - el amor por la verdad, el amor por la vida. No es algo que uno aprende yendo a la universidad. Estamos aprendiendo acerca del arte de vivir en nuestra vida cotidiana.

Nosotros vivimos de palabras, y las palabras se vuelven también nuestra prisión. Las palabras son necesarias para comunicarse, pero la palabra jamás es la cosa. Lo real no es la palabra, pero la palabra se vuelve de máxima importancia cuando ha tomado el lugar de lo que es. Uno puede observar este fenómeno cuando la descripción se ha vuelto la realidad, en vez de la cosa misma - el símbolo que adoramos, la sombra que seguimos, la ilusión a que nos aferramos. Y así las palabras, el lenguaje moldea nuestras reacciones. El lenguaje llega a ser la fuerza impulsora, y nuestras mentes son moldeadas y controladas por la palabra. Las palabras nación, Estado, Dios, familia, etcétera, nos envuelven con todas sus asociaciones, y de ese modo nuestras mentes se vuelven esclavas de la presión que ejercen las palabras.

Interlocutor: ¿Cómo puede evitarse eso?

Krishnamurti: La palabra nunca es la cosa. La palabra esposa nunca es la persona, la palabra puerta nunca es la cosa. La palabra impide la verdadera percepción de la cosa o persona, porque la palabra contiene múltiples asociaciones. Estas asociaciones, que en realidad son recuerdos, deforman no sólo la observación visual sino la psicológica. Las palabras se vuelven entonces una barrera para el libre fluir de la observación. Tome las palabras ‘Primer Ministro’ y ‘amanuense’. Describen funciones, pero las palabras Primer Ministro tienen una tremenda significación de poder, status e importancia, mientras que la palabra amanuense tiene asociaciones de insignificancia, status mínimo y falta de poder. Así, la palabra le impide a usted mirar a ambos como seres humanos. Hay en casi todos nosotros un esnobismo profundamente arraigado, y ver lo que las palabras han hecho a nuestro pensar, estar perceptivamente alerta a ello sin opción alguna, es aprender el arte de la observación - observar sin las asociaciones.

Interlocutor: Comprendo lo que usted dice, pero insisto en que la rapidez de la asociación es tan instantánea que la reacción tiene lugar antes de que uno lo advierta. ¿Es posible impedir esto?

Krishnamurti: ¿No es una pregunta equivocada? ¿Quién va a impedirlo? ¿Otro símbolo, otra palabra, otra idea? Si así es, entonces uno no ha visto la significación total que tiene la esclavitud de la mente a la palabra, al lenguaje. Vea, nosotros empleamos las palabras emocionalmente; es una forma de pensar emocional, aparte del uso de las palabras tecnológicas, como metros, números, que son exactas. En la relación y actividad humanas, las emociones juegan un gran papel. El deseo es muy fuerte y es alimentado por el pensamiento que crea la imagen. La imagen es la palabra, es la representación mental que va tras de nuestro placer, de nuestro deseo. Así, todo nuestro estilo de vida está moldeado por la palabra y sus asociaciones. Ver este proceso completo como una totalidad, es ver la verdad de cómo el pensamiento impide la percepción.

Interlocutor: ¿Está usted diciendo que no existe un pensar sin palabras?

Krishnamurti: Sí, más o menos. Por favor, tenga bien presente que estamos hablando del arte de vivir, que estamos aprendiendo acerca de él, no memorizando las palabras. Estamos aprendiendo: no nosotros enseñando y usted convirtiéndose en un tonto discípulo. Pregunta usted si existe un pensar sin palabras. Esta es una pregunta muy importante. Todo nuestro pensar se basa en la memoria, y la memoria se basa en las palabras, en las imágenes, en símbolos, en representaciones mentales. Todo esto son palabras.

Interlocutor: Pero lo que uno recuerda no es una palabra, es una experiencia, un suceso emocional, la imagen de una persona o de un lugar. La palabra es una asociación secundaria.

Krishnamurti: Estamos usando la palabra para describir todo esto. Después de todo, la palabra es un símbolo para indicar aquello que ha sucedido o está sucediendo, para comunicar o evocar algo. ¿Hay un pensar sin todo este proceso? Sí, lo hay, pero no debería ser llamado pensar. El pensar implica una continuidad de la memoria, pero la percepción no es una actividad del pensamiento. Es realmente una lúcida penetración en la total naturaleza y movimiento de la palabra, del símbolo, de la imagen y de sus implicaciones emocionales. Ver esto como una totalidad es dar a la palabra su justo lugar.

Interlocutor: Pero, ¿qué significa ver la totalidad? Usted dice esto a menudo. ¿Qué quiere decir con ello?

Krishnamurti: El pensamiento es divisivo porque en sí mismo es limitado. Observar totalmente implica que no hay interferencia del pensamiento - observar sin el pasado como conocimiento que bloquee la observación. Entonces el observador está ausente, porque el observador es el pasado, es la naturaleza misma del pensamiento.

Interlocutor: ¿Usted nos pide que detengamos el pensamiento?

Krishnamurti: Si puedo señalarlo nuevamente, ésa es una pregunta equivocada. Si el pensamiento se dice a sí mismo que debe detener el pensar, ello crea dualidad y conflicto. Este es, precisamente, el proceso divisivo del pensamiento. Si usted capta realmente la verdad de esto, entonces el pensar queda naturalmente en suspenso. Entonces el pensamiento tiene su propio lugar limitado, y no se apodera de la extensión total de la vida como ahora lo está haciendo.

Interlocutor: Señor, veo que se requiere una atención extraordinaria. ¿Puedo yo realmente tener esa atención, soy lo suficientemente serio como para dedicar a esto la totalidad de mi energía?

Krishnamurti: ¿Puede la energía ser en absoluto dividida? La energía que se gasta en ganarse la subsistencia, en sostener una familia, y en ser lo bastante serio como para captar a fondo lo que se está diciendo, todo eso es energía. Pero el pensamiento la divide, y así se gasta mucha energía en vivir y muy poca en lo otro. Lo otro es el arte en que no existe división alguna. Es la totalidad de la vida.

Cartas a las Escuelas

15 de agosto de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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