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Cartas a las Escuelas

Primero de noviembre de 1979

En un mundo donde la humanidad se siente amenazada por revueltas sociales, superpoblación, guerras, aterradora violencia e insensibilidad, cada ser humano está más que nunca interesado en su propia supervivencia.

La supervivencia ha significado vivir cuerdamente, dichosamente, sin grandes presiones o tensiones. Pero cada uno de nosotros traduce la supervivencia conforme a su propio concepto individual. El idealista proyecta un estilo de vida que no es real; los teóricos, sean marxistas, religiosos o de cualquier otro tipo peculiar de persuasión, han impuesto patrones de supervivencia; los nacionalistas consideran posible la supervivencia únicamente en un grupo o comunidad particular. Estas diferencias ideológicas, estos ideales y creencias, son las raíces de una división que está impidiendo la supervivencia humana.

Los hombres quieren sobrevivir de un modo determinado, acorde con sus estrechas respuestas, con sus placeres inmediatos, con alguna creencia, con algún salvador religioso, profeta o santo. Ninguna de estas cosas puede, en modo alguno, traer seguridad, porque en sí mismas son divisivas, exclusivas, limitadas. Vivir en la esperanza de sobrevivir conforme a la tradición, por antigua o moderna que sea, no tiene ningún sentido. Las soluciones parciales de cualquier tipo - científico, religioso, político, económico - ya no pueden asegurar más a la humanidad su supervivencia. El hombre ha estado ocupándose de su propia supervivencia individual, con su familia, con su grupo, su nación tribal, y a causa de que todo esto es divisivo, ello amenaza su verdadera supervivencia. Las modernas divisiones de las nacionalidades, del color, de la cultura, de la religión, son la causa de la incertidumbre que el hombre tiene con respecto a sus posibilidades de sobrevivir. En la confusión del mundo de hoy, la inseguridad ha hecho que el hombre se vuelva hacia la autoridad - hacia el experto en política, religión o economía. El especialista es inevitablemente un peligro, porque su respuesta debe por fuerza ser siempre parcial, limitada. El hombre ya no es un ser individual, ya no está separado. Lo que afecta a los pocos, afecta a toda la humanidad. No hay forma de eludir el problema, no hay escape. Uno ya no puede aislarse de la totalidad humana.

Hemos formulado el problema, la causa, y ahora tenemos que encontrar la solución. Esta solución no debe depender de ninguna clase de presiones - sociológicas, religiosas, económicas, políticas - ni de organización alguna. No podremos sobrevivir si sólo nos interesa nuestra propia supervivencia. Hoy día todos los seres humanos del mundo están relacionados entre sí. Lo que sucede en un país afecta a otros. El hombre se ha considerado a sí mismo como un individuo separado de otros, pero psicológicamente, un ser humano es inseparable del total de la humanidad.

No existe la supervivencia psicológica. Cuando tenemos este deseo de sobrevivir o de realizarnos, estamos creando psicológicamente una situación que no sólo separa sino que es totalmente irreal. Uno no puede estar psicológicamente separado de otro. Y este deseo de estar separado psicológicamente, es la verdadera fuente del peligro y de la destrucción. Cada persona que se afirma a sí misma, está amenazando su propia existencia.

Cuando se ve y se comprende la verdad de esto, la responsabilidad del hombre experimenta un cambio radical, no sólo con respecto a su ambiente inmediato sino hacia todas las cosas vivientes. Esta responsabilidad total es compasión. Esta compasión actúa a través de la inteligencia. Esta inteligencia no es parcial, individual, separada. La compasión nunca es parcial. La compasión es lo sagrado de todas las cosas vivientes.

Cartas a las Escuelas

Primero de noviembre de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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