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Cartas a las Escuelas

15 de diciembre de 1979

En todo el mundo, los seres humanos han hecho del intelecto uno de los factores más importantes de su vida diaria. Como uno puede observarlo, los antiguos hindúes, los egipcios y los griegos, todos ellos han considerado al intelecto como la función más importante en la vida. Incluso los budistas le han dado importancia. En toda universidad, colegio y escuela del mundo, sea bajo un régimen totalitario o en las llamadas democracias, el intelecto ha jugado un papel dominante.

Entendemos por intelecto la capacidad de comprender, de discernir, de elegir, de sopesar; es toda la tecnología de la ciencia moderna. La esencia del intelecto es el movimiento total del pensar, ¿no es así? El pensamiento domina el mundo, tanto en la vida externa como en la interna. El pensamiento ha creado todos los dioses del mundo, todos los rituales, los dogmas, las creencias. El pensamiento también ha creado las catedrales, los templos y las mezquitas con su maravillosa arquitectura y los santuarios locales. El pensamiento ha sido el responsable por la incesante y expansiva tecnología, por las guerras y su material, por la división de la gente en naciones, clases y razas. El pensamiento ha sido y probablemente sigue siéndolo, el instigador de la tortura en nombre de Dios, de la paz, del orden. También ha sido el responsable de la revolución, de los terroristas, de la causa original y de los ideales pragmáticos. Vivimos por el pensamiento. Nuestras acciones se basan en el pensamiento, nuestras relaciones están también fundadas en el pensamiento; y es así como se ha rendido culto al intelecto a través de las edades.

Pero el pensamiento no ha creado a la naturaleza - los cielos con sus astros en expansión, la tierra con toda su belleza, con sus vastos mares y sus verdes campos. El pensamiento no ha creado el árbol, pero el pensamiento ha utilizado el árbol para construir la casa, para fabricar la silla. El pensamiento utiliza y destruye.

El pensamiento no puede crear amor, afecto y la cualidad de la belleza. El ha tejido una red de ilusiones y realidades. Cuando vivimos tan sólo por el pensamiento, con todas sus complejidades y sutilezas, con sus propósitos y direcciones, perdemos la inmensa profundidad de la vida, porque el pensamiento es superficial. Aunque pretenda sondear profundamente, el instrumento mismo es incapaz de penetrar más allá de sus propias limitaciones. Puede proyectar el futuro, pero ese futuro ha nacido de las raíces del pasado. Las cosas que el pensamiento ha creado son reales - como una mesa, como la imagen que uno adora - pero la imagen, el símbolo que uno adora es producido por el pensamiento, incluidas sus múltiples ilusiones - románticas, idealistas, humanitarias. Los seres humanos aceptan las cosas del pensamiento y viven con ellas - dinero, posición, status y la pompa de una libertad que el dinero trae consigo. Este es todo el movimiento del pensar y del intelecto, y a través de esta estrecha ventana de nuestra vida, nosotros miramos el mundo.

¿Existe algún otro movimiento que no sea del pensar y del intelecto? En esta pregunta se han basado muchos empeños religiosos, filosóficos y científicos. Cuando nosotros empleamos la palabra religión, no aludimos a la insensatez de las creencias, rituales, dogmas y estructuras jerárquicas. Entendemos por hombre religioso o mujer religiosa, aquellos que se han liberado de siglos de propaganda, del peso muerto de la tradición antigua o moderna. Los filósofos que se complacen en teorías, en conceptos, en la persecución de ideas, no pueden explorar más allá de la estrecha ventana del pensamiento, ni podrán hacerlo los científicos con sus extraordinarias capacidades, con su quizás original pensar, con su inmenso conocimiento. El conocimiento es el depósito de la memoria, y hay que estar libre de lo conocido para explorar aquello que está más allá de lo conocido. Tiene que haber libertad para investigar sin esclavitud alguna, sin atadura alguna la propia experiencia, las propias conclusiones, todas las cosas que el hombre se ha impuesto a sí mismo. El intelecto debe estar tranquilo, en quietud absoluta, sin una sola vibración del pensamiento.

Nuestra educación actual se basa en el cultivo del intelecto, del pensamiento y del conocimiento, que son necesarios en el campo de la acción cotidiana, pero que no tienen cabida en la relación psicológica de un ser humano con otro, porque la naturaleza misma del pensamiento es divisiva y destructiva. Cuando el pensamiento domina todas nuestras actividades y todas nuestras relaciones, genera un mundo de violencia, terror, conflicto y desdicha.

En estas escuelas, éste debe ser el interés de todos nosotros - los jóvenes y los viejos.

Cartas a las Escuelas

15 de diciembre de 1979

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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