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Cartas a las Escuelas

15 de noviembre de 1982

Al parecer, creemos la educación termina cuando dejamos la escuela o el colegio. No consideramos la totalidad de la existencia humana como un proceso en el cual la educación propia es constante y tal vez no termina jamás. Así, la mayoría de nosotros limita la educación a un período muy corto, y por el resto de nuestras vidas continuamos más bien embotados, aprendiendo solamente unas pocas cosas absolutamente necesarias y cayendo en una rutina - y, por supuesto, siempre está la muerte aguardando. Esta es, realmente, nuestra vida - casamiento, hijos, trabajo, placeres efímeros, dolor y muerte. Si ésta es toda nuestra vida, y aparentemente lo es, ¿cuál es, entonces, el verdadero significado de la educación? Jamás nos formulamos estas preguntas fundamentales; probablemente son demasiado perturbadoras. Pero como somos maestros en escuelas y colegios, debemos preguntarnos cuál es el propósito de la educación y el aprendizaje. Sabemos que ello nos asegura alguna clase de empleo, pero aparte de la ocupación física con sus responsabilidades, ¿qué entendemos por enseñar y qué es para nosotros un maestro?

Tal como se entiende generalmente, un maestro habiendo ya estudiado determinadas materias, informa sobre ellas al estudiante. ¿Constituye esto la razón de ser de un maestro - solamente transmitir conocimientos? Estamos, pues, investigando la naturaleza del maestro y la del educando. ¿Quién es un maestro? ¿Cuáles son las implicaciones del enseñar, aparte del programa de estudios? Muy pocos son maestros consagrados a la enseñanza. Se dedican a ayudar a los estudiantes en sus estudios, pero seguramente un maestro tiene una significación mucho mayor.

El conocimiento debe, inevitablemente, ser superficial. Es el cultivo de la memoria, el empleo eficiente de esa memoria, etc. Como el conocimiento es siempre limitado, ¿es la función del maestro ayudar al estudiante a vivir toda su vida sólo dentro de las limitaciones del conocimiento? Primero debemos darnos cuenta de que el conocimiento es siempre limitado, como lo son todas las experiencias. Este empleo del conocimiento con sus limitaciones puede ser muy destructivo. Es destructivo en las relaciones humanas. En la relación, el conocimiento - que es la acumulación de múltiples incidentes, experiencias, reacciones - cultiva la imagen de la otra persona y oculta la realidad de esa persona y de la relación misma.

Cuando existe una continuidad, una tradición creada por el pensamiento y transmitida de generación en generación, entonces el pasado, que es la acumulación del conocimiento, oscurece el real presente vivo. Cuando el conocimiento se convierte en una rutina mecánica, limita el cerebro, lo vuelve rígido e insensible. Cuando el conocimiento se usa para respaldar al nacionalismo mediante las guerras, entonces se vuelve bestial, espantosamente cruel y completamente inmoral. El conocimiento no es belleza, pero el conocimiento es necesario, por ejemplo, para perforar un pozo. Todo el mundo tecnológico se basa en el conocimiento, y ese mundo está tomando a su cargo nuestras vidas. Si permitimos que el conocimiento sea la autoridad única, y que la esperanza que ofrece el conocimiento vaya en aumento, entonces vivimos en una ilusión fatal. Estamos diciendo que el conocimiento tiene su lugar en la existencia cotidiana, pero que cuando el conocimiento es la esencia única de nuestra vida, entonces nuestra vida debe por fuerza estar confinada a la actividad mecánica.

¿Es la comunicación del conocimiento la única función del maestro - como ahora sucede - y sólo consiste en transmitir informaciones, ideas, teorías, y difundir estas teorías discutiendo sus diversos aspectos? ¿Es ésta la única función del maestro? Si esto es todo cuanto le concierne al maestro, entonces él no es más que una computadora viviente. Pero es indudable que el maestro tiene una responsabilidad mucho mayor. Debe interesarse en la conducta, en la complejidad de la acción humana, en un estilo de vida que implique el florecimiento de la bondad. Ciertamente, debe interesarse en el futuro de sus estudiantes. ¿Cuál es el futuro de estos estudiantes? ¿Cuál es el futuro del hombre? ¿Cuál es el futuro de nuestra conciencia, tan confundida, tan perturbada, desordenada y en constante conflicto? ¿Tenemos que vivir perpetuamente en el conflicto, en la angustia y el dolor? Cuando el maestro no está en comunicación con el estudiante acerca de todas estas cuestiones, entonces es meramente una máquina activa e ingeniosa que está perpetuando otras máquinas.

De modo que formulamos una pregunta muy fundamental: ¿Qué es un maestro? La profesión del maestro es la más elevada profesión del mundo, aunque la menos respetada, porque si el maestro está profundamente, seriamente comprometido con su profesión, está liberando al cerebro humano de su condicionamiento - no sólo su propio cerebro, sino también el del estudiante. Él está condicionado, y lo está el estudiante. Éste es un hecho, lo admita o no el maestro, y en la relación con el estudiante, el maestro está ayudándose a sí mismo y ayuda al estudiante a liberar la conciencia de su limitación.

Una relación es un proceso de aprender. Una relación no es un asunto estático, sino un movimiento lleno de vida y, por tanto, jamás permanece igual. Lo que la relación fue ayer, no lo es hoy. Cuando el ayer domina en la relación, entonces la relación es lo que fue, no una cosa viva. El amor no es ‘lo que fue’. Cuando la relación entre el maestro y el estudiante tiene este elemento del compañerismo, de la mutua eliminación del condicionamiento, cuando tiene humildad, entonces la sensibilidad y el afecto son naturales. Un maestro podría decir que todo esto es imposible. Cuando las autoridades de una escuela requieren que haya cincuenta estudiantes en una clase donde tiene lugar todo tipo de majaderías, ¿qué puede hacer, entonces, un maestro? Es obvio que no puede hacer nada. Pero nosotros hablamos de escuelas donde esto no ocurre. Ahí el maestro puede establecer esta relación, y así se halla profundamente comprometido en el florecimiento de los seres humanos.

Cartas a las Escuelas

15 de noviembre de 1982

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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