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Cartas a las Escuelas

Primero de febrero de 1983

La libertad es muy necesaria en nuestra vida. La libertad, obviamente, no consiste en hacer lo que a uno le plazca, aunque esto se ha considerado que es libertad y ha sido nuestro modo de vida. Nos sentimos contrariados, reprimidos, cuando se nos niega la satisfacción de nuestros deseos. De esto surgen resentimientos, y la sensación de que nos aplastan, y así estamos en constante estado de rebelión. Hemos seguido este curso de vida y podemos ver, si somos de algún modo reflexivos, qué es lo que eso ha traído al mundo: caos total. Algunos de los psicólogos nos han alentado a seguir nuestros impulsos sin restricción alguna, a hacer inmediatamente lo que nos place, y explican racionalmente una actividad semejante como algo necesario para la maduración de cada uno. Éste fue, en realidad, el clamor de muchas generaciones, a pesar de que había restricciones externas; y hoy ellos llaman a eso libertad - permitirle al niño hacer lo que se le antoja, para que luego siga trepando la escala de su vida, que es la sociedad. Y tal vez ahora haya una oscilación contraria: control, represión, disciplina y coerción psicológica. Ésta parece ser la historia de la humanidad.

Sumados a esto tenemos la computadora y el robot; la tecnología que se está desarrollando en esta dirección espera producir - y probablemente lo produzca - una computadora con un cerebro humano que pueda pensar con mayor rapidez y exactitud y que por lo tanto libere al hombre de largas horas de trabajo. La computadora también está tomando gradualmente a su cargo la educación de nuestros hijos. Maestros y profesores altamente calificados en sus diversas materias, pueden así informar al estudiante sin la presencia real del maestro. Esto también nos dará cierta libertad. Excepto en los estados totalitarios, el hombre va a tener mayor libertad, que tal vez le permita hacer lo que le plazca. De esta manera pueden surgir mayores conflictos, más desdicha y guerras para el hombre. Cuando la tecnología y las computadoras con sus robots dominen y se conviertan en parte de nuestra vida cotidiana, ¿qué va a suceder, entonces, con el cerebro humano que hasta ahora ha estado activo en la lucha exterior y física? ¿Se atrofiará el cerebro trabajando solamente dos horas o poco más? Cuando la relación lo sea entre máquina y máquina, ¿qué va a ocurrirle a la calidad y vitalidad del cerebro? ¿Buscará éste alguna forma de entretenimiento, religioso o de otra clase, o se permitirá explorar los lugares más recónditos del propio ser? La industria del entretenimiento está adquiriendo más y más fuerza, y muy poca energía y capacidad humana se vuelca hacia lo interno, de modo que, si no estamos alertas, el mundo del entretenimiento va a conquistarnos.

Debemos, pues, preguntarnos qué es la libertad. Se ha dicho a menudo que la libertad está al final de una drástica disciplina y del control civilizado - civilizado en el sentido de literatura, arte, museos y buena alimentación. Éste es meramente el revestimiento exterior de un ser humano confuso y en declinación. ¿Es la libertad una elección de entretenimientos? ¿Es libertad el poder elegir en absoluto? Siempre consideramos que la libertad consiste en estar libres de algo: libres de la esclavitud, de la ansiedad, de la soledad, de la desesperación, etc. Esta manera de considerar la libertad sólo conduce a mayores y quizá más refinados estados de desdicha, de dolor y a la fealdad del odio. La libertad no consiste en elegir un líder político o religioso, en seguir a alguien - lo cual, obviamente, niega la libertad. La libertad no es el opuesto de la esclavitud. La libertad es el final: no dar continuidad a lo que ha sido. La libertad en sí no tiene opuesto.

Después de haber leído esto y de haberlo estudiado, ¿cuál es mi relación, no con el estudiante y con mi esposa e hijos, sino con el mundo? Para comprender realmente la belleza de la libertad, uno necesita muchísima inteligencia, y tal vez amor. Pero las actividades del mundo no son inteligentes, ni lo es mi grupo de niños. Paso con ellos la mayor parte del día; ¿tengo en mí esta condición de libertad, con su inteligencia y amor? Si la tengo, mi problema es muy simple. Esa condición misma operará, y lo que yo consideraba un problema, dejará de serlo. Pero en realidad yo no poseo esta condición, esta cualidad. Puedo aparentar que la poseo, hacer una exhibición de amistad, pero eso es muy trivial.

Mi responsabilidad es inmediata. No puedo decirme que esperaré hasta que haya alcanzado la libertad y este afecto, este amor. Literalmente, no tengo tiempo, porque los estudiantes están frente a mí. No puedo convertirme en un ermitaño; eso no resolverá ningún problema, ni el mío ni el del mundo. Necesito un rayo de los cielos que haga trizas esta incrustación, este condicionamiento, a fin de tener esa libertad y ese amor; pero no hay rayo, no hay cielo. Puedo darme el gusto, cuando llego a un atolladero, de deprimirme al respecto, pero eso es escapar del problema - encerrarme completamente en mí mismo y, de esa manera, ser incapaz de afrontar la realidad. Mientras que si veo realmente la verdad de que no hay un agente externo que me ayude en este dilema, que no hay influencia externa, ni gracia, ni plegaria que pueda ayudarme en esta cuestión, entonces, quizá, tendré una energía incontaminada. Esa energía, puede que sea libertad y amor.

¿Pero tengo la energía de la inteligencia para desarmar las cosas que los seres humanos de todo el mundo - uno de los cuales soy yo - han armado psicológicamente en torno de sí mismos? ¿Tengo la persistencia para abrirme paso a través de todo esto? Me formulo estas preguntas a mí mismo y se las estaré formulando a mis estudiantes de una manera más gentil y benevolente. Veo con muchísima claridad las implicaciones de todo esto, y debo caminar muy suavemente. La verdadera respuesta está en la inteligencia y el amor. Si usted tiene estas cualidades, sabrá qué hacer. Uno debe comprender muy profundamente la verdad de esto; de lo contrario, todos estaremos perpetuando, en una forma u otra, la confusión que reina entre los hombres.

Cartas a las Escuelas

Primero de febrero de 1983

Jiddu Krishnamurti, Cartas a las Escuelas. Textos libros conversaciones filosofía. Letters to Schools 1978...1983. Jiddu Krishnamurti en español.

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