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El Arte de Vivir

Parte 1, Capítulo 5

Las tres o cuatro últimas veces hemos estado hablando del temor, y como ésa es una de las causas fundamentales de nuestro deterioro, pienso que debemos considerarla desde un ángulo diferente, desde un diferente punto de vista.

Ustedes saben, siempre nos dicen lo que debemos pensar y lo que no debemos pensar. Los libros, los maestros, los padres, la sociedad que nos rodea nos dicen qué debemos pensar, pero jamás nos ayudan a descubrir cómo debemos pensar. Saber qué pensar es comparativamente fácil, porque desde la infancia nuestras mentes están condicionadas por palabras, por frases, por actitudes establecidas y prejuicios. No sé si han notado lo fijas que se hallan las mentes de casi todas las personas mayores; están encajadas como la arcilla en un molde y es muy difícil abrirse paso por ese molde. El moldeado de la mente es su condicionamiento.

Aquí, en la India, ustedes están condicionados por siglos de tradición, a pensar de cierta manera; ese condicionamiento tiene causas económicas, sociales y religiosas. En Europa, la mente está condicionada de un modo algo diferente; y en Rusia, desde la revolución, los líderes políticos han estado condicionando la mente a su propia manera. Así, en todas partes la mente está siendo condicionada, no sólo superficialmente, conscientemente, sino también profundamente. La mente oculta o inconsciente está condicionada por la raza, por el clima, por las imitaciones no verbalizadas, no expresadas.

Ahora bien, la mente no puede ser libre en tanto permanezca moldeada o condicionada. Y la mayoría de la gente piensa que jamás podremos liberar a la mente de su condicionamiento, que debe estar siempre condicionada. Ellos dicen que no podemos evitar ciertos hábitos de pensar, ciertos prejuicios, y que no puede haber liberación para la mente, que ésta jamás podrá ser libre. Además, cuanto más antigua es la civilización, mayor es el peso de la tradición, de la autoridad, de la disciplina con que la mente se halla agobiada. Las personas que pertenecen a una raza antigua, como en la India, están más condicionadas que las que viven en América, por ejemplo, donde existe más libertad social y económica y donde sus habitantes han sido pioneros en fecha bastante reciente.

Una mente condicionada no es libre porque jamás puede ir más allá de sus propios límites, de las barreras que ha erigido en tomo de sí misma; eso es obvio. Y es muy difícil para una mente semejante liberarse de su condicionamiento e ir más allá, porque este condicionamiento le ha sido impuesto no sólo por la sociedad, sino que se lo ha impuesto ella misma. Ustedes gustan de su condicionamiento, porque no se atreven a ir más allá. Temen lo que podrían decir sus padres y sus madres, lo que el sacerdote y la sociedad podrían decir; en consecuencia, contribuyen a crear las barreras que los retienen. Ésta es la prisión en que casi todos estamos atrapados y por eso sus padres están siempre diciéndoles -como ustedes a su vez les dirán a sus hijos- que hagan esto y no hagan aquello.

¿Qué ocurre por lo general en una escuela, especialmente si el maestro les agrada? Si su maestro les agrada, desean seguirle, imitarle; por lo tanto, el condicionamiento de sus mentes se vuelve más y más rígido, más permanente. Digamos, por ejemplo, que están en un albergue al cuidado de un maestro que practica diariamente su ritual religioso. A ustedes les gusta el espectáculo o la belleza del mismo, de modo que empiezan a practicarlo también. En otras palabras, se están condicionando más aún; y tal condicionamiento es muy efectivo, porque cuando uno es joven la mente es muy ansiosa, impresionable, imitativa. Y no sé si son ustedes creativos, probablemente no, porque sus padres no les permitirían salir fuera del muro, ellos no quieren que miren más allá del condicionamiento. Son exactamente como cualquier otra persona. Practican sus rituales, tienen sus temores, su deseo de gurú; y como ustedes reciben enseñanza de ellos -y también porque puede agradarles un maestro en particular o porque ven un ritual hermoso y quieren practicarlo-, inconscientemente pueden quedar presos de la imitación.

¿Por qué practican rituales las personas mayores? Porque sus padres lo hicieron antes que ellas y también porque eso les transmite ciertos sentimientos, ciertas sensaciones que les aquietan internamente. Cantan determinadas plegarias, pensando que si no lo hicieran tal vez estarían perdidas. Y los jóvenes copian a los mayores y así es como empieza la imitación.

Si el maestro mismo cuestionara toda esta ritualidad, si realmente reflexionara al respecto -cosa que muy pocos hacen alguna vez-, si usara su inteligencia para examinar eso sin prejuicio alguno, pronto descubriría que no tiene ningún sentido. Pero para investigar y descubrir la verdad en esta cuestión, se requiere muchísima libertad. Si ustedes ya tienen un prejuicio a favor de algo y entonces proceden a investigarlo, es obvio que no puede haber investigación. Tan sólo fortalecerán su prejuicio, su idea preconcebida.

Por lo tanto, es esencial que los maestros se libren ellos mismos de su condicionamiento y así ayuden a los niños a librarse del suyo. Conociendo la influencia condicionadora de los padres, de la tradición, de la sociedad, el maestro tiene que alentar a los niños para que no acepten cosas irreflexivamente, sino que investiguen, que cuestionen.

Si ustedes observan, a medida que crecen comenzarán a ver cómo los moldean diversas influencias, cómo no se les ayuda a pensar sino que se les dice qué deben pensar. Finalmente, si no se rebelan contra este proceso se vuelven como una máquina automática, funcionan sin creatividad, sin mucho pensamiento original.

Todos temen que si no encajan dentro de la sociedad serán incapaces de ganarse la vida. Si mi padre es abogado, pienso que también tengo que ser abogado. Si soy una muchacha, me someto a que me casen. ¿Qué sucede, entonces? Empiezan siendo personas jóvenes con muchísima vitalidad y enorme entusiasmo, pero todo esto es gradualmente destruido por la influencia condicionadora de los padres y maestros con sus propios prejuicios, temores y supersticiones. Cuando dejan la escuela y salen al mundo, están llenos de información pero han perdido la vitalidad para investigar, para rebelarse contra las estupideces tradicionales de la sociedad.

Ustedes se sientan aquí y escuchan todo esto. ¿Qué es lo que va a ocurrir cuando finalmente aprueben sus exámenes de licenciatura o maestría? Saben muy bien lo que va a ocurrir. A menos que se rebelen, serán exactamente iguales al resto del mundo, porque no se atreven a ser otra cosa. Estarán tan condicionados, tan moldeados, que tendrán miedo de echarse a andar por sí mismos. Serán controlados por sus esposas, sus maridos, y la sociedad les dirá lo que tienen que hacer; la imitación prosigue generación tras generación. No hay verdadera iniciativa, no hay libertad, no hay felicidad; no hay nada sino una muerte lenta. ¿Cuál es el sentido de que se les eduque, de que aprendan a leer y escribir, si sólo van a funcionar como una máquina? Pero eso es lo que quieren sus padres y lo que quiere el mundo. El mundo quiere que no piensen, no quiere que sean libres para descubrir, porque entonces serían ciudadanos peligrosos, no encajarían en el patrón establecido. Un ser humano libre nunca puede sentir que pertenece a un país determinado, a una particular clase o forma de pensar. La libertad implica libertad en todos los niveles, del principio al fin, y pensar solamente a lo largo de una línea particular no es libertad.

Por lo tanto, mientras son jóvenes es muy importante que sean libres, no sólo en el nivel consciente sino también profundamente en lo interno. Esto significa que deben vigilarse a sí mismos, que deben percatarse más y más de las influencias que buscan controlarles y dominarles; significa que jamás deben aceptar irreflexivamente, sino que deben cuestionar siempre, investigar y hallarse en estado de rebelión.

Interlocutor: ¿Cómo podemos hacer para liberar nuestras mentes, cuando vivimos en una sociedad llena de tradición?

Krishnamurti: En primer lugar, deben tener el impulso, la exigencia de libertad. Es como el anhelo de volar que tiene el pájaro o el de las aguas del río, de fluir. ¿Tienen este impulso de ser libres? Si lo tienen, ¿qué ocurre entonces? Sus padres y la sociedad tratan de forzarles dentro de un molde. ¿Pueden resistirles? Encontrarán que es difícil, porque sienten temor. Temor de no conseguir un empleo, de no conseguir la esposa o el marido apropiado, de que puedan padecer hambre, de lo que la gente podría decir de ustedes. Aunque deseen ser libres, sienten temor; por lo tanto, no van a resistir. El temor a lo que la gente pueda decir o a lo que sus padres puedan hacer, les bloquea, y así son forzados dentro del molde.

Ahora bien, pueden decir: "yo quiero saber y no me importa si padezco hambre. Sea lo que fuera lo que ocurra, voy a luchar contra las barreras de esta sociedad corrupta, porque quiero ser libre para descubrir" ¿Pueden decir eso? Cuando viven con temor, ¿pueden oponerse a todas estas barreras, a todas estas imposiciones?

Es muy importante, pues, ayudar al niño desde la más tierna edad a que vea las aplicaciones del temor y se libere de él. En el momento en que están ustedes atemorizados, se termina la libertad.

Interlocutor: Puesto que hemos sido criados en una sociedad basada en el temor, ¿cómo es posible para nosotros estar libres del temor?

Krishnamurti: ¿Se dan cuenta de qué están atemorizados? Si es así, ¿cómo van a liberarse del temor? Ustedes y yo tenemos que averiguarlo; por lo tanto, considérenlo conmigo.

Cuando están conscientes de que sienten temor, ¿qué es lo que hacen realmente? Escapan de él, ¿no es así? Toman un libro o salen a dar un paseo; tratan de olvidarlo. Sienten temor de sus padres, de la sociedad; están conscientes de ese temor y no saben cómo resolverlo. Tienen miedo de mirarlo siquiera; de modo que huyen de él en distintas direcciones. Por eso siguen estudiando y aprobando exámenes hasta el último momento, cuando tienen que afrontar lo inevitable y actuar. Continuamente tratan de escapar de su problema, pero eso no les ayuda a resolverlo. Tienen que enfrentarse a él.

Entonces, ¿pueden mirar su temor? Si quieren examinar un pájaro, observar la forma de sus alas, su pico, deben acercársela mucho, ¿verdad? De igual modo, si están atemorizados, tienen que observar desde muy cerca su temor. Cuando escapan del temor sólo lo incrementan.

Digamos, por ejemplo, que quieren dedicar su vida a algo que aman de verdad, pero sus padres les dicen que no deben hacerlo y les amenazan con algo terrible si lo hacen: dicen que no les darán nada de dinero, y eso los atemoriza. Están tan atemorizados que no se atreven a mirar el propio temor. Así que ceden y el temor continúa.

Interlocutor: ¿Qué es la verdadera libertad y cómo puede uno adquirirla?

Krishnamurti: La verdadera libertad no es algo que pueda adquiriese, es el resultado de la inteligencia. No puedes salir y comprar la libertad en el mercado. No puedes obtenerla leyendo un libro o escuchando hablar a alguien. La libertad adviene con la inteligencia.

¿Pero qué es la inteligencia? ¿Puede haber inteligencia cuando hay temor o cuando la mente está condicionada? Cuando tu mente tiene prejuicios o cuando piensas que eres un ser humano maravilloso, o cuando eres muy ambicioso y deseas trepar la escalera del éxito, mundano o espiritual, ¿puede haber inteligencia? Cuando sólo te interesas en ti mismo, cuando sigues a alguien o le rindes culto, ¿puede haber inteligencia? Ciertamente, la inteligencia llega cuando comprendes toda esta estupidez y rompes con ella. Por lo tanto, tienes que empezar, y lo primero es que te des cuenta de que tu mente no es libre. Has de observar cómo tu mente está atada por todas estas cosas; ése es el principio de la inteligencia, la cual trae libertad. Tienes que encontrar la respuesta por ti mismo. ¿De qué sirve que algún otro sea libre cuando tú no lo eres, o que algún otro tenga comida cuando tú tienes hambre?

Para ser creativo, lo cual implica tener verdadera iniciativa, tiene que haber libertad; y para que haya libertad tiene que haber inteligencia. Tienes, pues, que investigar y descubrir qué es lo que impide que haya inteligencia. Has de investigar la vida, cuestionar los valores sociales, todo, y no aceptar nada sólo porque estés atemorizado.

El Arte de Vivir

Parte 1, Capítulo 5

Jiddu Krishnamurti transformación revolución interior, libro El Arte de Vivir. Textos i libros.
Life Ahead, 1960. Jiddu Krishnamurti en español.

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