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El Arte de Vivir

Parte 1, Capítulo 4

Pienso que es una cosa muy rara que, después de dejar la escuela, encontremos la felicidad en la etapa posterior de nuestra vida. Cuando ustedes se vayan de aquí, estarán enfrentándose a problemas extraordinarios: el problema de la guerra, los problemas de la relación personal, los problemas como ciudadanos, el problema de la religión y el constante conflicto dentro de la sociedad; y me parece que sería una falsa educación la que no nos preparara para afrontar estos problemas y así poder dar origen a un mundo genuino y más feliz. Ciertamente, corresponde a la educación, especialmente en una escuela donde tienen la oportunidad de la expresión creativa, ayudar a los estudiantes a que no queden atrapados en esas influencias sociales y ambientales que estrecharán sus mentes y, por ende, limitarán su perspectiva de la vida y su posibilidad de ser felices; y me parece que aquéllos que están a punto de ingresar en el colegio, deberían conocer por sí mismos los múltiples problemas que todos afrontamos. Es muy importante, sobre todo en el mundo al que van a enfrentarse, tener una inteligencia extraordinariamente clara, y esa inteligencia no puede tener su origen en ninguna influencia externa ni en los libros. Llega, pienso, cuando uno se da cuenta de estos problemas y puede encararlos, no en un sentido personal o limitado, no como americano o hindú o comunista, sino como un ser humano capaz de sostener la responsabilidad de percibir el verdadero valor de las cosas tal como son y no interpretarlas conforme a alguna ideología particular o a algún determinado patrón de pensamiento.

¿No es importante que la educación nos prepare a cada uno de nosotros para comprender y encarar nuestros problemas humanos, y no que nos provea meramente de conocimientos o de adiestramiento tecnológico? Porque ya ven, la vida no es nada fácil. Ustedes pueden haber disfrutado de un período feliz, un período creativo, un período en el cual han madurado; pero cuando dejen la escuela, las cosas empezarán a ocurrir y a cercarles, estarán limitados no sólo por las relaciones personales sino por las influencias sociales, por sus propios temores y por la inevitable ambición de triunfar.

Pienso que ser ambicioso es una calamidad. La ambición es una forma de interés propio, de encierro en uno mismo; por lo tanto, engendra mediocridad de la mente. Vivir en un mundo lleno de ambición sin ser ambicioso significa, realmente, amar algo por sí mismo sin buscar recompensa, un resultado; y eso es muy difícil, porque todo el mundo, todos nuestros amigos, nuestras relaciones, todos están luchando para triunfar, para realizarse personalmente, para ser alguien. Pero comprender todo esto, libramos de ello y hacer algo que realmente amamos -no importa qué, por modesto o poco reconocido que sea-, eso, pienso, despierta el espíritu de grandeza que nunca busca aprobación ni recompensa, que hace las cosas por amor a ellas mismas y que, por lo tanto, tiene la fuerza y la capacidad de no quedar atrapado en la influencia de la mediocridad.

Pienso que es muy importante que vean eso mientras son jóvenes, porque las revistas, los periódicos, la televisión y la radio acentúan constantemente el culto al éxito, y con eso alientan la ambición y la competencia que engendran mediocridad de la mente. Cuando ustedes son ambiciosos, están ajustándose meramente a un patrón particular de la sociedad, sea en América, en Rusia o en la India; por lo tanto, están viviendo en un nivel muy superficial.

Cuando dejen la escuela e ingresen en el colegio, y más tarde se enfrenten al mundo, me parece que lo importante es que no se rindan, que no inclinen sus cabezas ante las distintas influencias, sino que las afronten y las comprendan tal como son y vean cuál es la verdadera significación y el valor que tienen; y que hagan todo esto con espíritu bondadoso y gran fuerza interior, lo cual no creará más discordia en el mundo.

Pienso, pues, que una verdadera escuela debe traer una bendición al mundo merced a sus estudiantes. Porque el mundo necesita una bendición, se encuentra en un estado terrible; y la bendición podrá venir sólo cuando nosotros, como individuos, no estemos buscando el poder, no estemos tratando de satisfacer nuestras ambiciones personales, sino que tengamos una clara comprensión de los inmensos problemas con los que todos estamos enfrentados. Esto requiere una gran inteligencia, la cual implica, en realidad, una mente que no piensa de acuerdo con ningún patrón particular, sino que es libre en sí misma y, por lo tanto, tiene la capacidad de ver lo que es verdadero y dejar de lado lo que es falso.

El Arte de Vivir

Parte 1, Capítulo 4

Jiddu Krishnamurti transformación revolución interior, libro El Arte de Vivir. Textos i libros.
Life Ahead, 1960. Jiddu Krishnamurti en español.

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