Jiddu Krishnamurti texts Jiddu Krishnamurti quotes and talks, 3000 texts in many languages. Jiddu Krishnamurti texts

El Camino de la Inteligencia.

El Futuro del Hombre - Parte 2
Seminario en Nueva Delhi
5 de Noviembre de 1981. Sesión de la mañana.

Pupul Jayakar: ¿Podemos empezar con el panorama que presenta el futuro del hombre, los problemas que él enfrenta y lo que subyace en la matriz de la mente humana que le impide ser libre?

J. Krishnamurti: ¿Cuál es el futuro del hombre? La computadora puede pensar más allá, aprender más rápidamente y registrar muchos más datos que el hombre. Puede aprender y desaprender, corregirse a sí misma, según haya sido programada. Existen computadoras capaces de programar a otras y, de esta manera, continuar y continuar aprendiendo. Por tanto, ¿cuál será el futuro del hombre, cuando la computadora haya superado todo lo que aquél ha hecho o hará? Naturalmente la computadora no será capaz de componer como Beethoven, ni de contemplar la belleza de Orión en el cielo del atardecer, pero puede crear un nuevo Vedanta, una nueva filosofía nuevos dioses, etc. ¿Qué va a hacer, pues, el hombre? O bien buscará diversión, se interesará más y más en el mundo de los deportes o buscará entretenimiento religioso. O, tal vez, se vuelque a su interior. La mente humana es infinita; tiene una inmensa capacidad; no la capacidad de la especialización o del conocimiento. Es infinita.
Este es, quizás, el futuro de la humanidad. Los científicos han comenzado a preguntarse qué le va a suceder al hombre cuando las computadoras se hagan cargo de todo lo que le atañe. Ahora el cerebro está ocupado, se encuentra activo. Cuando ese cerebro deje de estarlo, se irá agotando y es la máquina la que va a funcionar. Es posible que nos volvamos zombis, que perdamos nuestra extraordinaria capacidad de introspección, o nos volvamos intelectualmente superficiales, yendo en busca de diversión. No sé si ustedes han notado que los programas de TV dedican cada vez mayor tiempo a los deportes, especialmente en Europa. ¿Es ése, entonces, el futuro del hombre? Su futuro puede depender también de la bomba atómica. En Oriente, en India, la guerra puede parecer algo muy lejano, pero si usted vive en Europa advertirá una gran preocupación acerca de la bomba, la guerra está muy cerca allí. Por lo tanto, tenemos dos amenazas: la guerra y la computadora. ¿Cual es, por tanto, el futuro del hombre? O bien profundiza dentro de sí, no ahondando en la profundidad de su mente, sino dentro de su corazón. O será entretenido. Los problemas que el hombre tiene que enfrentar son el tener libertad de elección, el estar libre de las dictaduras, del caos.
Existe en el mundo una gran corrupción y un gran desorden. La gente está muy alterada. Resulta peligroso pasear por las calles. Cuando hablamos de estar libres del miedo, queremos libertad exterior, libertad del caos, la anarquía o la dictadura. Pero nunca nos preguntamos si existe alguna clase de libertad interior: una libertad de la mente. ¿Es esa libertad real o teórica? Vemos al Estado como un impedimento a nuestra libertad. Los comunistas y otros sistemas totalitarios afirman que no existe eso que se entiende como libertad; el estado, el gobierno, constituyen la única autoridad; y suprimen cualquier forma de libertad. Entonces, ¿qué tipo de libertad queremos? ¿La que esta fuera, o la que está dentro de nosotros? Cuando hablamos acerca de libertad, ¿nos estamos refiriendo a la libertad de poder escoger entre una u otra forma de gobierno, aquí y allí, entre la libertad interior o exterior?
La psique, la estructura interna del hombre -sus pensamientos, emociones y ambiciones, su codicia y sus acciones-, siempre están conquistando lo exterior. Por tanto, ¿dónde buscamos libertad? ¿Podríamos discutir esto? ¿Podemos obtener libertad de los nacionalismos, que nos ofrecen un sentido de seguridad? ¿Podemos obtener libertad de todas las supersticiones, las religiones y los dogmas? Sólo a través de la religión verdadera se podrá acceder a una nueva civilización, no a través de los dogmas, las supersticiones y las religiones tradicionales.

Pupul Jayakar: Usted ha formulado la pregunta de cuál es la opción que tiene el hombre en el mundo exterior, cuando el mundo interior no participa en el movimiento de la libertad. Es decir, sin saber si la mente se halla libre o presa, ¿existe una elección posible en lo exterior? ¿Es posible, para una mente que todavía se encuentra inexplorada, hacer una elección en el mundo exterior?

Sudhir Kakkar: Usted ha hablado de las computadoras y del peligro que existe de que el cerebro se vaya marchitando por falta de actividad. ¿Contempla usted la posibilidad de que el hombre se extinga y sea reemplazado por algún tipo de entidad no biológica?

J. Krishnamurti: Tal vez. Pero creo que debemos tomar las cosas tal como están y ver si podemos producir una mutación en nuestro propio cerebro.

Sudhir Kakkar: Quisiera preguntarle algo más sobre la libertad de la mente cuando está sometida. Nosotros sólo conocemos la libertad relativa. Pero hay una clara diferencia entre la libertad y la esclavitud, internas o externas. Todo eso me confunde. Por ejemplo, estamos hablando de la codicia y la agresión de la mente. Para mí eso es lo que hace humano al hombre, lo que le distingue de una computadora. Quisiera que usted arrojara un poco más de luz acerca de esta libertad. ¿Es una libertad relativa? ¿Incluye todas las emociones de las que estamos hablando? ¿Cómo puede uno vivir con ellas? Parece que de alguna forma, existen ciertas ataduras establecidas por aquellos hábitos, y que, tratar de trascenderlas, sería tratar de trascender lo propiamente humano.

J. Krishnamurti: La mente humana ha vivido en el miedo por tantos millones de siglos. ¿Será posible que ese miedo termine o hemos de continuar con él durante el resto de nuestras vidas?

Pupul Jayakar: Lo que el Dr. Kakkar ha dicho es que precisamente son esos elementos -el miedo, la envidia, la ira, la violencia- los que conforman la condición humana. ¿Qué responde usted a ello?

J. Krishnamurti: ¿Es cierto eso? Los aceptamos como inherentes a la naturaleza humana, estamos habituados a ello. Nuestros ancestros y la generación actual aceptan eso como la condición del hombre, yo lo cuestiono. La humanidad, el ser humano, puede ser completamente diferente.

Pupul Jayakar: Si usted lo cuestiona, podrá entonces mostrarnos aquello que hace posible destruir esos elementos, de manera tal que el ser humano del que usted nos habla pueda florecer totalmente. ¿Cómo es eso posible?

Romesh Thapar: Eso quiere decir también que no habrá posibilidad de libertad a menos que se hayan destruido esos elementos.

J. Krishnamurti: Así es, señor. En la medida en que me encuentro atado a alguna conclusión, a cierto concepto o ideal, no hay libertad. ¿Discutimos este punto?

Pupul Jayakar: Este es, después de todo, el núcleo del problema de la humanidad.

Jai Shankar: Tal vez me permitan que vaya un poco más allá en este asunto. La pregunta hecha por el Dr. Kakkar implica otro concepto de libertad, obtenido no por la liberación del miedo, la ansiedad, la codicia, etc., sino por la integración de todas ellas dentro de una totalidad mayor.

J. Krishnamurti: Integrándolas en un estado de alerta de la conciencia.

Swami Chidanand: Y aprendiendo exitosamente a manejarse con ellas.

Sudhir Kakkar: ¿Puedo extenderme un poco sobre el tema? Hay dos cosas: el miedo forma parte de la humanidad y su eliminación también. Si usted habla sólo de suprimir o mitigar el deseo, alcanzando otro estado, significa para mí dejar fuera la otra parte. Y esto es muy importante para mí como estrategia. Mi estrategia es que yo creo que la envidia, la codicia, etc., son parte de la humanidad, porque hacen al hombre. Y él tiene que vivir con ellos, hacerse su amigo y saber utilizarlos. Entonces verá que esos miedos no son tan grandes como pensamos, que la codicia no es realmente tan aterradora. Mi estrategia es, pues, minimizar ese miedo, debilitarlo.

Pupul Jayakar: El Dr. Kakkar tiene razón; no pueden considerarse solamente los elementos oscuros del hombre. El mismo centro que habla de transformación, de lo bueno, es el que menciona también todos esos elementos, que hoy consideramos opuestos. El conjunto es el que forma al hombre, tanto la luz como la oscuridad. ¿Es posible integrar la luz y la oscuridad’? ¿Quién las integra? Por tanto el problema central es: ¿existe una entidad que pueda elegir, integrar?

J. Krishnamurti: ¿Por qué hay esa división: luz y oscuridad, fealdad y belleza? ¿Por qué se da esa contradicción en el ser humano?

Shanta Gandhi: Es difícil vivir sin contradicción. La vida está llena de contradicciones. La contradicción es una consecuencia de la vida.

J. Krishnamurti: ¡Oh! Usted considera a la vida una contradicción. Contradicción implica conflicto; por tanto, para usted la vida es un conflicto interminable. Usted reduce la vida a un perpetuo conflicto.

Shanta Gandhi: La vida, tal como la conocemos, es ciertamente un conflicto.

J. Krishnamurti: Lo hemos aceptado así. Quizás esa sea nuestra costumbre, nuestra tradición, nuestra condición y educación.

Shanta Gandhi: Mi dificultad es que el instrumento que poseo para llegar a ese discernimiento es también mi propia mente. Ella es la suma total de aquello que está condicionado por lo pasado, y sólo puedo comenzar desde ese punto.

J. Krishnamurti: Partamos pues de la condición humana. Hay quien dice que es imposible cambiarla, que sólo se puede modificar. Los existencialistas afirman que no es posible salir de ese condicionamiento y que, por tanto, tenemos que vivir en un perenne conflicto. Estamos contradiciéndonos a nosotros mismos, eso es todo.

Sudhir Kakkar: Yo creo que hay dos condiciones, que forman parte del crecimiento y el desarrollo humano. Existen dos conflictos inexorables. Uno es la separación; la conciencia del «yo soy» como algo diferente a mis padres. Esto es parte de la evolución humana. Y el segundo es la diferenciación, cuando uno aprende la diferenciación sexual -yo soy hombre y ella es mujer-. Ambos son parte de la evolución humana, aspectos de contradicción, de diferencias y son las ansiedades básicas que la mente no puede soslayar.

J. Krishnamurti: ¿Qué es entonces la integración?

Sudhir Kakkar: Intentar la unión de los dos.

J. Krishnamurti: ¿Puede usted unir los opuestos? ¿O es que tal vez no existen en absoluto? ¿Puedo ahondar en ello? Soy violento, los seres humanos lo son. Eso es un hecho. La no violencia no es un hecho. La violencia es «lo que es»; lo otro, no. Pero todos sus líderes y filósofos han tratado de cultivar la no violencia. ¿Qué significa esto? Cultivando la no violencia, sigo siendo violento. Por tanto nunca puede darse la no violencia. Sólo hay violencia. ¿Por qué yo, la mente, crea el opuesto? ¿Como una palanca para escapar de la violencia? ¿Por qué no me limito a trabajar con mi violencia, sin preocuparme de lo que no es un hecho? Hay solamente violencia, lo otro es simplemente escapar a este hecho. Sólo hay «lo que es», no «lo que debería ser», los ideales, los conceptos, todo eso.

Achyut Patwardhan: Cuando usted dice que la no violencia es simplemente una idea y que el hecho es la violencia, habría que seguir indagando y preguntar: ¿puede la violencia terminar?

J. Krishnamurti: Con seguridad. Primero deberíamos comprender qué es la violencia. ¿Qué es la violencia? La conformidad es violencia. La limitación es violencia.

Sudhir Kakkar: Quisiera entender eso un poco mejor.

J. Krishnamurti: ¿A qué llamo violencia? A la ira, al odio, al herir o matar a alguien por un ideal por un concepto, por la palabra «paz». La violencia ¿es una idea o un hecho? Cuando me encolerizo, eso sí es un hecho. ¿Por qué la llamo violencia? ¿Por qué le pongo nombre? Le pongo nombre a una reacción que es llamada violencia. ¿Por qué hago eso? Mire, veo una ardilla sobre el tejado, ¿tengo que nombrarla? ¿Sigue usted mi pregunta? ¿Lo hago con fines de reconocimiento, de tal modo que fortalezco la reacción presente? Por supuesto. De esta manera esa reacción presente queda atrapada en el recuerdo del pasado y a ese recuerdo del pasado es al que doy el nombre de violencia.

Sudhir Kakkar: Sí, señor; también descubro que la violencia es profanadora. Estaba diciéndole sí, sin entender lo que es la violencia.

Swami Chidanand: Cuando usted habla de violencia, sabernos naturalmente de qué se trata; nos referimos a la ira; también existe la violencia subjetiva.

J. Krishnamurti: Estaba llegando a ese punto. ¿Qué es la violencia? Hacer daño a otros, herirlos psicológicamente por medio de la persuasión, o mediante premio y castigo; convenciéndolos mediante el razonamiento o el afecto, de que deben adaptarse a ciertos patrones, aceptar cierta estructura. Todo eso es violencia. Aparentemente eso es inherente al ser humano. ¿Por qué lo denominamos violencia? Es algo que sucede de continuo; la tradición lo hace, todo el mundo religioso lo hace, el mundo político, el de los negocios y el intelectual lo hacen, reforzando sus ideas, sus conceptos, sus teorías.

Shanta Gandhi: ¿Toda educación es violencia?

J. Krishnamurti: No. De momento no voy a utilizar la palabra «educación». ¿Existe una mente que no pueda ser persuadida, una mente que vea de forma muy clara? Esa es la cuestión.

Sudhir Kakkar: No.

J. Krishnamurti: ¿Por qué dice usted que no?

Sudhir Kakkar: Porque ha preguntado si es posible que exista una mente que no se deje persuadir. Mi opinión es que no existe una mente así.

J. Krishnamurti: Somos el resultado de la persuasión; toda la propaganda, tanto política como religiosa, trata de persuadirnos, de presionarnos, arrastrándonos en cierta dirección.

Sudhir Kakkar: Es tan profunda esa persuasión que no podemos darnos cuenta de ella. Se protege con tantas máscaras que ya no sabemos distinguirlas.

J. Krishnamurti: ¿Podemos liberarnos de esa violencia? ¿Podemos vernos libres del odio? Evidentemente podemos.

Pupul Jayakar: Pero no puede dejar el tema ahí, diciendo «evidentemente usted puede ser libre».

J. Krishnamurti: ¿Estamos de acuerdo hasta ese punto?

Sudhir Kakkar: En que odiamos, sí; pero no en que podamos librarnos de ese odio.

J. Krishnamurti: Ahora veremos ese punto. ¿Cuál es la causa del odio? ¿Por qué me odia usted cuando le digo algo que no le gusta? ¿Por qué siendo usted más fuerte que yo, más poderoso intelectualmente, etc., me deja de lado? ¿Por qué me siento herido? Psicológicamente, ¿cuál es el proceso de sentirse herido? ¿Qué es herido? ¿Quién es herido? La imagen que tengo de mí mismo está herida. Usted viene y la pisotea, le clava un alfiler y yo me siento herido. Por tanto, la causa del sufrimiento es la imagen que tengo de mí mismo. Usted me dice algo, me llama idiota y yo creo no serlo; usted me hiere porque tengo una imagen de mí mismo no siendo idiota.

Sudhir Kakkar: Con una salvedad: cuando dice que la imagen se siente dañada al ser calificada de idiota, no es en realidad usted quien se siente herido sino algo que ha sido inventado por usted.

J. Krishnamurti: Somos la consecuencia de cada herida.

Sudhir Kakkar: No es usted quien resulta herido.

J. Krishnamurti: No. Suponga que yo creo ser un gran hombre, y usted se acerca y me dice: «no seas tonto; hay muchos hombres más grandes que tú». ¿Por qué me siento herido? Obviamente tenía una imagen de mí mismo como la de un gran hombre; al decirme usted lo contrario, yo me siento herido. Usted no me hiere a mí, sino a la imagen que yo me había formado de mí. Se hiere la imagen de mí mismo que yo había construido. Por tanto, la siguiente pregunta es: ¿puedo vivir sin una imagen de mí mismo?

Sudhir Kakkar: No.

Pupul Jayakar: ¿Dónde, en qué dimensión descubro que estoy haciendo una imagen de mí mismo?

J. Krishnamurti: No lo descubro; lo percibo.

Pupul Jayakar: ¿Dónde?

J. Krishnamurti: ¿Qué quiere usted decir con «dónde»? Usted acaba de señalarme que tengo una imagen de mí mismo. Yo no lo había pensado, nunca había visto mi imagen. Usted me lo señala, hace la afirmación de que tengo una imagen; yo le escucho muy cuidadosamente, muy atentamente, y en ese mismo escuchar descubro el hecho de que tengo una imagen de mí mismo. ¿O es que acaso veo dicha imagen?

Pupul Jayakar: Creo que no me expreso con claridad. Si no lo veo como una abstracción, entonces el terreno en el cual puedo verlo es en el proceso de formación de imágenes. Déjeme que vaya un poco más allá. Hay un terreno en el que surge el mecanismo de crear imágenes.

J. Krishnamurti: ¿Por qué usa usted el término «terreno»?

Pupul Jayakar: Porque, durante las preguntas y respuestas, hay una tendencia a conceptualizar. Si uno abandona lo conceptual por lo real, entonces lo real es el proceso de la percepción.

J. Krishnamurti: Eso es todo. Deténgase ahí.

Pupul Jayakar: No, no puedo detenerme. Y le pregunto algo más: no lo percibo en su afirmación, entonces, ¿dónde lo percibo?

J. Krishnamurti: Lo percibe mientras está teniendo lugar.

Pupul Jayakar: Pero, ¿qué quiere decir ese «mientras está teniendo lugar»? ¿Lo percibo en mi imaginación o fuera de mí?

J. Krishnamurti: ...Veo moverse esa ardilla. Lo percibo, percibo el hecho; observo el hecho de que tengo una imagen.

Pupul Jayakar: Eso no está muy claro.

J. Krishnamurti: Está clarísimo. He dicho una mentira. Usted me llama mentiroso. Y yo me doy cuenta de que lo soy.

Pupul Jayakar: ¿Existe diferencia entre el darse cuenta de que soy un mentiroso y percibir que lo soy?

J. Krishnamurti: He percibido que soy un mentiroso. Soy consciente -permítasenos utilizar esa palabra- de que soy un mentiroso. Eso es todo.

Pupul Jayakar: ¿Puede usted abrir esa visión del movimiento dentro de la mente? Creo que ése es el núcleo de toda la cosa.

J. Krishnamurti: Hemos estado hablando de liberarse del miedo. Queremos investigar todo su movimiento. Empieza con el deseo, con el tiempo, con la memoria; empieza con el hecho del movimiento actual del miedo. Todo esto está implicado en la corriente del río del miedo. El miedo puede ser una corriente muy ligera o un río profundo y caudaloso. No estamos discutiendo ahora los diferentes objetos del miedo, sino el miedo mismo. Por lo tanto, ¿estamos discutiendo el miedo como abstracción o el miedo real que siento en mi corazón y en mi mente? ¿Acaso estoy enfrentando el miedo? Quiero que tengamos esto muy claro. Si estamos hablando de un miedo abstracto, eso carece de sentido para mí. Me interesa solamente este real suceder del miedo. Digo que en ese miedo se ve involucrado todo esto, el deseo y su misma complejidad, el tiempo, el pasado interfiriendo con el presente, y el sentimiento de querer ir más allá del miedo. Todo eso tiene que ser percibido. No sé si me siguen. Hemos de tomar algo como una gota de lluvia que contiene todos los ríos del mundo y observar su belleza. Una gota de deseo contiene todo el movimiento del miedo.
Entonces, ¿qué es el deseo? ¿Por qué lo suprimimos? ¿Por qué dice usted que tiene una importancia tremenda? Quiero ser sacerdote; ese es mi deseo, o tal vez es un deseo de llegar a dios. Pero desear ser sacerdote o desear llegar a dios no son más que una misma cosa: deseos. Por tanto tengo que entender la profundidad de lo que es el deseo, por qué arrastra al hombre, por qué ha sido suprimido por todas las religiones.
Uno se pregunta cuál es el lugar del deseo y por qué el cerebro se consume en él. Y tengo que entenderlo no sólo en el nivel verbal, a través de la explicación, de la comunicación, sino al más profundo nivel, en mis entrañas. ¿Qué lugar ocupa el pensamiento en el deseo? ¿Es el deseo diferente del pensamiento? ¿Tiene el pensamiento un papel importante en el deseo, o el pensamiento es el movimiento del deseo? ¿Es el pensamiento parte del deseo o, por el contrario, es el que domina, controla y da forma al deseo?
Por tanto pregunto: ¿no son el pensamiento y el deseo como dos caballos? Tengo que comprender no sólo el pensamiento, sino todo el mecanismo del pensar, el origen del pensamiento; no su fin, sino su principio. ¿Puede la mente ser consciente del principio del pensamiento y también del principio del deseo?
Tengo que profundizar en esta cuestión: ¿qué es el pensamiento y qué es el deseo? Primero se produce la percepción, el contacto, la sensación. Es así: veo una camisa azul en el escaparate. Entro en la tienda y toco la tela; como consecuencia de haberla tocado se produce una sensación. Entonces el pensamiento dice: «qué agradable sería ponerse esa camisa azul». La creación que el pensamiento hace de la imagen de verme con esa camisa puesta es el inicio del deseo.

Sudhir Kakkar: Usted dijo que había que sentirlo en la propia entraña. Creo que ahí es donde reside el deseo.

J. Krishnamurti: Comprendamos el deseo, cómo surge, en qué momento crea el pensamiento la imagen y comienza el deseo. Entonces, ¿qué es el tiempo? ¿Es un movimiento del pensamiento? Existe el tiempo, el sol sale y se pone a cierta hora; tiempo como pasado, presente y futuro; tiempo físico como el pasado que se modifica a sí mismo convirtiéndose en futuro. Tiempo para recorrer una distancia, para aprender un idioma. Después está toda el área del tiempo psicológico. Yo he sido, soy, seré. Eso es el movimiento del pasado a través del presente, transformándose en futuro. Tiempo para adquirir conocimientos a través de la experiencia, la memoria, el pensamiento y la acción. Eso también es tiempo. Por lo tanto, tenemos el tiempo psicológico y el físico.
Ahora bien, ¿existe realmente el tiempo psicológico? ¿O lo ha creado el pensamiento esperanzado? Soy violento, seré no violento; pero me doy cuenta de que ese proceso jamás pondrá fin a la violencia. Lo que terminará con ella es enfrentar el hecho y permanecer con él, sin tratar de eludirlo o escapar de él. No hay opuestos; solamente existe «lo que es».
¿Y qué es el pensamiento? ¿Por qué ha concedido el hombre una importancia tan tremenda al intelecto, las palabras, las teorías, las ideas? A menos que descubra el origen del pensamiento, cómo comienza, ¿puede haber conciencia del pensamiento mientras surge? ¿O la conciencia viene después de que ha surgido? ¿Soy consciente del movimiento de todo ese río de pensamiento? El pensamiento se ha vuelto extremadamente importante. Existe porque hay un conocimiento y una experiencia almacenados en el cerebro como memoria; de esa memoria surge el pensamiento y la acción. Vivimos en ese proceso, siempre dentro del campo de lo conocido. Así pues, el deseo, el tiempo y el pensamiento, son esencialmente miedo. Sin ellos, no hay miedo. Interiormente me siento temeroso, y quiero poner orden afuera: en la sociedad, la política, la economía. Pero, ¿cómo podrá haber orden afuera si dentro de mí hay desorden?

Pupul Jayakar: ¿Puedo crear orden dentro de mí, si afuera hay desorden? Planteo este problema de forma deliberada, porque se basa en aquella dicotomía que usted expuso en un principio, entre lo exterior y lo interior. Lo exterior puede compararse con la computadora por un lado y la bomba atómica, según creo, se está apoderando de todo.

Jagannath Upadhyaya: No podemos comprender esa libertad si no establecemos una relación entre nosotros y el mundo exterior, en donde existe tanto sufrimiento y confusión. No podemos entender el proceso de la libertad sin relacionar lo exterior y lo interior.

J. Krishnamurti: ¿He comprendido correctamente la cuestión? Usted dice que la división entre lo exterior y lo interior es falsa. Estoy de acuerdo con usted. Es como el movimiento de la marea que va y viene. Por lo tanto, lo que está afuera soy yo; yo soy el afuera. Lo exterior es un movimiento de lo interior; lo interior es el movimiento de lo exterior. No hay ninguna dicotomía. Pero comprendiendo lo exterior, ese criterio me guiará hacia lo interno, de modo que no habrá decepción, porque yo no quiero ser engañado al final. Así, pues, lo externo es el indicador de lo interno y al revés. No hay diferencia. Mi papel consiste en no apartar lo exterior, yo soy responsable de ello. Yo soy responsable de cuanto sucede en el mundo. Mi cerebro no es mi cerebro, es el cerebro de la humanidad, que ha crecido a través de la evolución y todo lo demás. Por lo tanto existe una responsabilidad, política, religiosa, abarcándolo todo.

El Camino de la Inteligencia.

El Futuro del Hombre - Parte 2
Seminario en Nueva Delhi, 5 de Noviembre de 1981
Sesión de la mañana

Jiddu Krishnamurti, Camino de la Inteligencia. Pensamiento, observación.
The Way of Intelligence 1978-1982. Jiddu Krishnamurti en español.

suntzuart

the 48 laws of power