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El Estado Creativo de la Mente.

1ª Conversación en Londres 2 de Mayo de 1961

Creo que desde el principio debemos ver muy claro cuál es la intención de esta reunión. Creo que no debería degenerar en modo alguno en un mero intercambio intelectual de palabras e ideas, ni en una exposición del propio punto de vista. No estamos ocupándonos de ideas, porque las ideas sólo son la expresión del propio condicionamiento, de las propias limitaciones. Argüir sobre ideas quién está en lo cierto y quién equivocado - es por cierto completamente vano. Más bien exploremos juntos nuestros problemas. En vez de ser espectadores, como en un juego que se está desarrollando, participemos cada uno de nosotros en estas discusiones, y veamos si podemos penetrar muy profundamente en nuestros problemas no sólo los problemas del individuo, sino también de lo colectivo. Creo que nos sería posible ir más allá de las murmuraciones, del parloteo de la mente, más allá de las exigencias e influencias mundanas, y descubrir por nosotros mismos lo que es verdad. Y, al descubrir lo que es verdad, podremos afrontar, estar con los muchos problemas que tiene cada uno de nosotros

Quizá podamos así discutir inteligentemente, despacio, tanteando, para captar de este modo todo el significado de la vida, de nuestra existencia, qué es todo esto. Y creo que eso es posible sólo si podemos ser muy honestos con nosotros mismos, cosa que es bastante difícil. En el proceso de discutir deberíamos estar revelándonos a nosotros mismos, no a otro, para que por nuestra propia inteligencia, por nuestro propio pensar preciso, podamos penetrar en algo que realmente valga la pena.

Creo que la mayoría de nosotros sabemos, no sólo por los periódicos sino por nuestra propia experiencia directa, que se está realizando un tremendo cambio en el mundo. No me refiero al cambio que va de una cosa a otra, sino a la rapidez del cambio mismo, no sólo en nuestra propia vida, sino en lo colectivo, lo nacional, en todos los diversos pueblos del mundo.

Por lo pronto, las máquinas están haciendo cosas asombrosas; en muchas esferas, los cerebros electrónicos, las calculadoras, actúan con mucho mayor precisión y rapidez que nosotros los seres humanos. Y se está investigando cómo hacer máquinas que a su vez hagan funcionar a otras máquinas, sin la intervención del hombre. Se va, pues, eliminando poco a poco al hombre. Esas máquinas funcionan bajo el mismo principio que la mente humana, el cerebro humano. Quizá con el tiempo compongan, escriban poemas, pinten tal como se ha enseñado al mono a pintar cuadros, etc. Hay una extraordinaria oleada de cambio, y el mundo jamás volverá a ser como ha sido para nosotros. Creo que todos somos conscientes de eso. Pero de lo que no estoy nada seguro es de que nos demos cuenta de nuestra relación individual con todo ese proceso, porque consideramos el conocimiento como una cosa inmensamente importante; adoramos el conocimiento; pero las máquinas son capaces de un conocimiento enormemente mayor. Este es un aspecto del problema.

Luego tenemos la existencia de todos los tipos de comunismo, fascismo y todo lo demás. Observa uno la enorme, la aplastante y degradante pobreza de Asia, y a los seres humanos buscando un sistema que resuelva el problema. Pero el problema sigue sin resolver, debido a nuestros puntos de vista limitados, nacionalistas, porque cada país, cada sistema quiere dominar.

Me parece, pues, que para hacer frente a todos estos problemas desde un punto de vista totalmente distinto, es necesaria una revolución fundamental, no la revolución comunista, socialista, norteamericana o china, sino una revolución íntima, una mente del todo nueva. Creo que ésta es la cuestión, no la bomba atómica, ni el ir a la luna, ni quién ha dado la vuelta a la tierra media docena de veces en un cohete; el mono lo ha hecho, y cada vez lo hará mas gente. Seguramente, para hacer frente a la vida como un todo, con todos sus incidentes y accidentes, tiene uno que tener una mente del todo distinta; no la mente llamada religiosa, que es el producto de la creencia organizada, sea de Oriente o de Occidente; una mente así sólo perpetúa la división y crea cada vez más superstición y miedo. Todas las absurdas divisiones y limitaciones pertenecer a un grupo u otro, ingresar en una sociedad u otra, seguir una particular forma de creen, la o norma de acción- estas cosas, no van a resolver nuestros inmensos problemas.

Creo que sólo es posible hacer frente a estas cuestiones, si podemos penetrar en algo que no es meramente resultado de la experiencia, porque la experiencia es siempre limitada, siempre coloreada, está siempre dentro del cautiverio del tiempo. Tenemos que descubrir por nosotros mismos ¿verdad?- si es posible ir más allá de las fronteras de la mente, más allá de la barrera del tiempo, y descubrir la inmensa significación de la muerte, lo que realmente implica desentrañar lo que es vivir. Para eso, por cierto, es en absoluto esencial una mente nueva, no inglesa, india, rusa o norteamericana, sino una mente que pueda captar el significado del todo, que pueda destruir el nacionalismo, los condicionamientos, los valores, e ir más allá de las palabras, de las que es esclava.

Esa, para mí, es la verdadera cuestión, el verdadero reto. Quisiera discutir con vosotros inteligentemente, con precisión, sin sentimentalismo, sin parábolas, para descubrir si hay un medio o no lo hay, de llegar a una nueva mente. ¿Hay un sendero, un método, un sistema de disciplina que nos conduzca a ello? ¿O hay que echar completamente por la borda todos los métodos, disciplinas, sistemas e ideas, eliminarlos, si es que la mente ha de quedar fresca, joven, inocente?

Como sabéis, en la India, ese antiguo país con tantas tradiciones, en el que hay desgraciadamente tanta gente, han tenido varios así llamados- maestros, que establecieron lo que está bien y lo que está mal, qué método debería uno seguir, cómo meditar, qué pensar y qué no pensar; y por eso están atados, sujetos en sus diversas normas de pensamiento. Y aquí también, en Occidente, el mismo proceso está en marcha. No queremos cambiar. Más o menos constantemente buscamos seguridad en todo lo que hacemos: seguridad en la familia, en las relaciones, en las ideas. Queremos estar seguros, y este deseo de estar seguros inevitablemente engendra temor, y este produce sentimiento de culpa y ansiedad. Si miramos en nosotros mismos, veremos cuán intensamente temerosos estamos de casi todo y como existe siempre la sombra de la culpabilidad. Como sabéis, en la India el ponerse una ropa limpia le hace a uno sentirse culpable; hacer una buena comida también le nace a uno sentirse culpable, por haber tanta pobreza, suciedad y miseria en todas partes. Aquí no están las cosas tan mal, porque tenéis el Estado asistencial, empleos y un considerable grado de seguridad; pero tenéis otras formas de culpa y ansiedad. Sabemos todo esto, pero desgraciadamente no sabemos cómo librarnos de todos los feos y limitantes factores; no sabemos cómo deshacernos de ellos por completo, de manera que nuestra mente vuelva a ser fresca, inocente y joven. Por cierto, es sólo la mente que se renueva la que puede percibir, observar, descubrir si hay una realidad, si hay Dios, si hay algo más allá de todas estas palabras, frases y condicionamientos.

Así pues, considerando todo esto, ¿qué va uno a hacer? Y si hay algo que hacer ¿qué es y en qué dirección esta? No sé si lo que estoy diciendo significa siquiera algo para vosotros. Para mí es muy serio, no en el sentido de cara larga, mal humor, sino en el sentido de ser intenso, urgente, inmediato; y, si vosotros sentís también la necesidad de una mente nueva, discutamos dónde va uno a empezar, qué ha de hacer.

Interlocutor: La mente parece estar dando vueltas y más vueltas, pero al parecer nunca va más allá de sus propias limitaciones.

Krishnamurti: ¿Discutiremos esto un poco?, pues no queremos limitarnos a una reunión de preguntas y respuestas. Primero, antes de decir que la mente está dando vueltas y vueltas, tenemos que descubrir, ¿no es así? qué es el contenido total de la mente, qué entendemos en realidad por mente. Ahora bien ¿cómo respondemos a una pregunta de esa clase? ¿Cuál es el proceso que se pone en marcha cuando se hace esa pregunta? Por favor, observad vuestras propias mentes y no esperéis mi respuesta. He hecho una pregunta: ¿qué es la mente? ¿Cómo respondéis, y qué es lo que responde? ¿Cómo observáis cualquier cosa? ¿Cómo observáis un árbol? ¿Le echáis una ojeada a la superficie, u observáis el tronco, las ramas, las hojas, las flores, el fruto, la totalidad del árbol? ¿Cómo observáis una cosa totalmente? Espero que no lo estaré haciendo demasiado abstracto, pero creo que tiene uno que entrar en todo esto. Cuando preguntamos qué es la mente, ¿cómo respondéis a ese reto? ¿Desde que centro, desde qué trasfondo observáis? Y, para observar algo enteramente, de nuevo, totalmente, ¿qué hacéis?

Interlocutor: Tiene uno que mirar con comprensión, no con la mente.

Krishnamurti: ¿Y qué entendemos por comprensión? Por favor, señor, éstas son simples argucias, pero sugiero que no introduzcamos otras palabras como sustitutos. Vamos juntos un poquito. ¿Qué entendemos por observar, ver, percibir? Cuando digo que veo algo muy claramente, ¿qué significa eso? Significa que no hemos visto sólo la cosa físicamente, con los ojos, sino también que hemos ido más allá de las palabras ¿no es así? Veo que el nacionalismo es una estúpida forma de emocionalismo, sin nada racional, sin sentido alguno. Por favor, lo veo yo, no vosotros. Primero hay inmediata percepción de la falsedad de eso; luego doy las explicaciones: cómo separa a la gente, su ponzoñosa naturaleza, lo destructivo que es llamarse a sí mismo indio, inglés, alemán, o lo que sea. No tienen que decírmelo, no tengo que razonar sobre ello, llegar a una conclusión mediante una deducción o inducción. Simplemente lo veo todo de una ojeada, hay percepción inmediata; tal como veo que el pertenecer a cualquier religión organizada es la más corruptiva y destructora existencia.

Ahora bien, ¿qué es esta capacidad de ver? Y ¿veo la totalidad de la mente? No sus segmentos, la parte intelectual, la parte emocional, la parte que retiene y usa el conocimiento, la parte que es ambiciosa y que es contradictoria porque quiere no ser ambiciosa, etc. ¿Veo la totalidad de la cosa, completa, o estoy esperando que alguien me hable de ello?

Creo que sería muy interesante y provechoso si se me permite usar esa palabra comercial- el que pudiéramos, cada uno de nosotros, descubrir lo que queremos decir con ‘ver’. Ya sabéis: no me tienen que decir cuándo tengo hambre. Sé que tengo hambre. Ninguna cantidad de descripciones me daría la experiencia del hambre. Ahora bien, ¿podemos vosotros y yo tener experiencia directa de la mente como una cosa total? Y, cuando tenéis en efecto una experiencia de algo como un todo, como una cosa total, ¿hay entonces un centro desde el cual ello es experimentado?

Queréis experimentar ‘la totalidad de la mente’, ¿verdad? Queréis experimentar lo que significa el sentir total de la vida, el sentir total de no aferraros a algo. Pero, ¿cómo vais a saber qué es la totalidad de la mente? La experiencia siempre es en términos de lo conocido, ¿no es así? Y si nunca habéis experimentado la totalidad de la mente, ¿cómo vais a conocerla? ¿Veis el problema? Por favor, no os limitéis a asentir, porque hay mucho implicado en esto.

Como sabéis, cuando voláis de un sitio a otro en un avión, allí está la tierra a diez o doce mil metros bajo vosotros; y cuando pasáis a través del Pakistán, Persia, el Oriente Medio, Creta, Italia, Francia, Inglaterra, Norteamérica, etc., sabéis que todo está dividido, con las divisiones artificiales creadas por el hombre; pero existe el sentir de la totalidad de la Tierra, de toda esta Tierra que es tan extraordinariamente hermosa.

Ahora bien, para sentir la naturaleza de esa totalidad, ¿podréis experimentarla en términos de lo que ya habéis conocido? ¿O es algo no experimentable en términos de reconocimiento?

Acaso esté avanzando demasiado rápidamente en la cuestión. Preguntémonos, pues, de nuevo: ¿Qué es la mente? Entremos en esto, desarrollémoslo.

La mente es la capacidad de reconocer, de acumular conocimientos en forma de memoria; es el resultado de siglos de humano esfuerzo, experiencia y conflicto y de las actuales experiencias individuales en relación con el pasado y el futuro; es la capacidad de idear, de comunicar, de sentir, de pensar racional o irracionalmente. Existe la mente que se siente afable, tranquila, serena, y también la brutal, implacable, altanera, arrogante, vana, que se halla en un estado de autocontradicción, empujada en distintas direcciones. Es la mente que dice: ‘Soy inglés’ o ‘norteamericano’ o ‘indio’. Existe la mente subconsciente, lo profundo colectivo, lo heredado; y existe la mente superficial, que ha sido educada de acuerdo a una cierta técnica, a un código de conducta, acción y conocimiento. Es la mente que busca, que solicita, que quiere permanencia, seguridad; la mente que vive de esperanza, pero que sólo conoce frustración, fracaso y desesperación; la mente que puede rememorar, recordar; la mente que es muy aguda, precisa; la que sabe lo que es amar y querer ser amado.

Seguramente, todo eso es la totalidad, ¿no es así? Esa es la mente que vosotros y yo tenemos y los animales también, aunque en mucho menor grado. Y luego está la mente que dice que tiene que trascender todo esto, que debe llegar a alguna parte, que debe experimentar una totalidad, una cosa atemporal, inmensurable.

Así pues, todo eso es la mente. Nosotros la conocemos en segmentos, cuando estamos celosos, irritados, llenos de odio; o nos damos cuenta de ella en la autocontradicción; o hay sueños, insinuaciones, intimaciones del pasado. Todo esto es la mente. Es ella que dice, ‘Soy el alma, soy el Atman, el yo superior, el yo inferior, esto, aquello y lo otro’. Es la mente que está atrapada dentro de los limites del tiempo, porque todo eso es del tiempo. Y es la mente que es esclava de las palabras, como los ingleses son esclavos de las palabras ‘la reina’, ‘el Cristo’; y el indio lo es de su serie de palabras; y el chino, los comunistas, de las suyas y así sucesivamente.

Así pues, comprendiendo todo esto, ¿cómo procedéis? ¿Qué es en realidad la mente?

Abordemos esto de otra manera. Como veis, señores, tiene que haber cambio; y un cambio previsto no es cambio en absoluto. El cambio para lograr cierto resultado, mediante la práctica, la disciplina, el control, la dominación implacable, todo eso no es más que la continuidad de la misma cosa en otra forma. Y el cambio progresivo, evolucionarlo, ese acabose también, hemos terminado con él. El único cambio es el cambio radical, inmediato. ¿Como hará la mente para llegar a ese cambio, de manera que haya eliminado su condicionamiento, sus brutalidades, sus estupideces, sus temores, su culpabilidad, sus ansiedades, y que sea nueva? Yo digo que ello es posible, no por el procedimiento analítico, no por la investigación, el examen y todo eso; digo que es posible dejar limpia la pizarra de golpe, en el instante. No interpretéis esto como la gracia de Dios. No digáis, ‘no es posible para mí, pero puede serlo para algún otro’, porque entonces no estaremos haciendo frente a la cuestión, sino eludiéndola. Por eso dije al principio que necesitamos un pensar muy claro y preciso, un inquirir implacable.

Interlocutor: En cuanto a esta limpieza instantánea, seguramente que en ella no puede haber pensamiento alguno.

Krishnamurti: Pero ¿cómo se va a hacer? ¿Cuál es la acción? ¿Comprendéis, señor, lo que quiero decir? Sabéis muy bien lo que está pasando en el mundo. Probablemente mejor que yo, porque no leo periódicos, no los estudio; pero viajo y veo personas, tanto importantes como insignificantes, y escucho. Sabéis que tiene que haber una tremenda revolución dentro de uno mismo, para hacer frente al reto de este caótico y embrollado mundo. Digo que eso es posible, y me gustaría, si puedo, sin impedir vuestra discusión, continuar inquiriendo en este sentido. Producir un cambio radical, ¿no es este vuestro problema, tanto si sois jóvenes como si sois viejos? ¿Cómo vamos, pues, a abordar este asunto?

Interlocutor: Eso parece ser algo que tratamos de captar sin poderlo hacer

Krishnamurti: Cuando tratamos de comprender, cuando tratamos de captar algo, por cierto estamos ya traduciendo esto en términos de lo viejo. Señor, ¿no tenéis que ver muy claramente si éste es vuestro problema? Si os estoy imponiendo el problema, entonces habrá un estado de contradicción entre vos y yo. No impongo, no hago más que exponer el problema; si no lo veis, discutámoslo; pero si lo veis, entonces es vuestro problema, no el mío. Entonces hay relación entre vos y yo; entonces estamos en contacto uno con otro para descubrir la respuesta. Y si no es vuestro problema, entonces digo: ¿por qué no lo es? Por favor, mirad lo que está ocurriendo en el mundo; hay cada vez más exterioridad; las cosas exteriores se están volviendo más y más importantes: ir a la Luna, quién ha de llegar allá primero; ya sabéis todas las cosas infantiles que se están volviendo enormemente importantes. Así pues, si éste es un problema para todos nosotros, entonces ¿cómo respondemos a él, cómo lo encaramos?

Interlocutor: Sólo podemos decir que no sabemos.

Krishnamurti: Cuando decimos ‘no sé’, ¿qué queremos decir?

Interlocutor: Quiero decir eso, justamente.

Krishnamurti: No, perdonad, no aceréis decir eso. Voy a aclararlo un poquito, porque hay diferentes estados de ‘saber’ y ‘no saber’. Si se os hiciera una pregunta familiar, responderíais inmediatamente, ¿no es así? Como estáis familiarizados con ella, vuestra respuesta es instantánea. Si se os preguntara algo más complicado, os tomaría un tiempo responder; y el intervalo entre la pregunta y la respuesta es el proceso del pensar ¿verdad? Este pensar es un buscar en la memoria para encontrar la respuesta. Esto es evidente; no es una cosa complicada esto de que hablo, es muy sencilla. Luego, si se hiciera otra pregunta aun más complicada, a la que por el momento no sabríais responder, diríais: ‘no sé’; pero estaríais esperando, aguardando para descubrir la respuesta, ya sea en las reservas de vuestra propia memoria, o que algún otro os lo diga. De modo que, cuando decís, ‘no sé’, ello dignifica que aguardáis, esperando descubrir. Ahora bien, sólo un momento- ¿podéis honestamente decir, ‘no sé’, que significa que no hay expectación, que no recurrís a la memoria? Hay, pues, dos estados cuando se trata de saber cómo puede haber una mente nueva; podéis decir, ‘no sé’, queriendo significar que esperáis que yo os lo diga; o, efectivamente no sabéis, y por lo tanto no hay expectación, no hay el querer experimentar algo; y esto puede ser lo esencial.

Retrocedamos un poco, porque creo que es importante comprender qué se entiende por hablar, percibir, ver, observar. ¿Cómo vemos realmente algo?

Interlocutor: A mí me parece que sólo podemos ver a través de palabras.

Krishnamurti ¿Comprendéis mediante palabras? Desde luego que usamos palabras para comunicarnos, de modo que me podáis hablar y yo pueda hablaros; mas eso no es esclavizarse a las palabras. ¿Somos conscientes de lo esclavizados que estamos a las palabras? las palabras, ‘inglés’, ‘ruso’, ‘Dios’, ‘amor’, ¿no somos esclavos de esas palabras? Y siendo esclavos de las palabras, ¿cómo podríais comprender algo que es total, que no está contenido dentro de una palabra? Como soy esclavo de la palabra ‘amor’ esa palabra tan mal usada, corrompida, dividida en sexual y divino- ¿puedo comprender la naturaleza total de lo que él es, que tiene que ser una cosa asombrosa? Todo el universo está contenido en el sentido, en el significado de esa palabra.

Muy infortunadamente, como veis, somos esclavos de las palabras y tratamos de alcanzar algo que está más allá de las palabras. Extirpar, destruir las palabras y estar libres de ellas da extraordinaria percepción, vitalidad, vigor. ¿Y toma tiempo el libraros de las palabras? ¿Decís, ‘tengo que pensar primero sobre ello’, o, ‘tengo que practicar la alerta percepción’, o, ‘leeré a Bertrand Russell’? ¿O es que veis efectivamente que una mente esclava de las palabras es incapaz de mirar, de observar, de sentir, de ver? y por consiguiente, esa misma claridad, esa verdad misma destruye el servilismo.

Interlocutor: Uno puede ver por un instante, pero luego la mente interviene otra vez.

Krishnamurti: ¿Veis por un instante que el nacionalismo es venenoso, y luego volvéis a él?

¿Nos damos cuenta que somos esclavos de la palabra? El comunista es esclavo de las palabras ‘Marx’, ‘Stalin’, etc. Y el llamado cristiano es esclavo del símbolo, la cruz, y todo el juego de las palabras relativas a eso. Id a Roma, id a cualquier parte, y todo lo que hay es la palabra.

Y acaso somos esclavos también de la palabra ‘mente’. Rendimos culto a la mente, y toda nuestra educación es el cultivo de la mente. Y por cierto, lo que estamos tratando de descubrir es la totalidad de algo que no es la palabra- el sentir que uno abarca la totalidad de la cosa sin la barrera de la palabra.

El Estado Creativo de la Mente.

1ª Conversación en Londres 2 de Mayo de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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