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El Estado Creativo de la Mente.

2ª Conversación en Londres 4 de mayo de 1961

Decíamos la última vez que nos reunimos, que tiene que efectuarse una gran revolución, no sólo por causa de la espantosa situación del mundo, sino también porque es imperativo que la mente humana esté libre para descubrir lo que es verdadero. Me parece que es esencial producir una mente nueva; una mente que no esté limitada por la nacionalidad, por las religiones organizadas, por la creencia, por ningún dogma particular, ni por las limitaciones de la experiencia. Es urgente, por cierto, producir un estado creativo, que no sea simplemente la capacidad de inventar, de pintar, escribir, etc., sino creador en un sentido mucho más profundo y amplio. Nos preguntábamos cómo es posible producir semejante revolución y qué acción es necesaria, y espero que podamos continuar en esta línea de investigación.

Hemos tratado, ¿verdad? de descubrir qué hay que hacer, incorporándonos a diversos grupos, asistiendo a varias escuelas de pensamiento y meditación. Sentimos la necesidad de descubrir qué hay que hacer, no sólo en la vida diaria, sino que también queremos saber si hay un modo de acción en el sentido mucho más amplio de esta palabra - de una naturaleza total, no sólo en un momento dado. Creo que es bastante obvio que la mayoría de nosotros anhelamos descubrir lo que hay que hacer; y tal vez sea por eso que estáis aquí, y por lo que pertenecéis a tantos grupos, sociedades y organizaciones religiosas: para descubrir qué pensar y qué hacer.

Para mí, ese no es el problema en modo alguno La demanda del ‘qué hacer’, la demanda de una línea de conducta, de un particular modo de vida, es realmente muy perjudicial para la acción. Implica, ¿no es así?, un sistema que podáis seguir día a día, a fin de alcanzar una meta determinada, un determinado estado de ser. Viviendo como vivimos en este mundo loco, caótico, despiadado, tratamos de encontrar, a través de toda la confusión, una manera de vivir, un modo de acción que no nos cree más problemas. Y cito que para comprender toda esta cuestión realmente a fondo, tiene uno que comprender el esfuerzo, el conflicto y la contradicción.

La mayoría de nosotros vivimos en un estado de contradicción con nosotros mismos, no sólo colectiva sino también individualmente. Espero no estar haciendo afirmaciones absolutas; pero creo que es más o menos exacto que nosotros muy rara vez conocemos momentos en que no haya conflicto, ni contradicción en nuestro interior; no sabemos de un estado en que la mente esté por completo en calma, y en que esa misma calma sea en si acción. La mayoría de nosotros vive en contradicción, y de esta contradicción viene el conflicto. Y nos interesa saber cómo estar libres de este conflicto no sólo exterior sino también interiormente. Si podemos discutir y seguir adelante desde ahí, quizá podamos encontrar una acción que no es meramente una reacción.

Para la mayoría de nosotros, la acción es reacción. Y ¿es posible actuar sin reacción y, por tanto, no crear contradicción dentro de nosotros mismos? Espero estar expresándome claramente. Me gustaría que discutiéramos esto juntos y lo investigásemos a fondo, porque para mí el conflicto en cualquier forma que sea, es para decirlo moderadamente- perjudicial para la comprensión, la penetración, el entendimiento. Se nos cría y educa en el conflicto y en la competencia. Toda nuestra sociedad adquisitiva se basa en ello. ¿Es posible, pues, que la mente se libre del conflicto y así deje al descubierto todo este proceso de autocontradicción? Tal vez podamos discutir esto inteligentemente, y llegar, por consiguiente, a esa mente que se halla en un estado de revolución, y comprender así qué es obrar sin los efectos condicionantes de la experiencia y el conocimiento.

Interlocutor: ¿No sería eso actuar sin pensamiento?

Krishnamurti: Seguramente que eso sería un poco caótico ¿no es cierto? Tal vez debamos discutir primero el proceso del pensar, el mecanismo del pensamiento. Permitidme pues que os haga la pregunta ¿qué es pensar?

Interlocutor: Yo diría que el pensar es una reacción nerviosa frente a lo que uno ha experimentado. No podemos reaccionar ante algo que no conocemos.

Krishnamurti: Como sabéis, hay máquinas que piensan: los cerebros electrónicos, las computadoras. ¿No es nuestro pensar en gran parte una cosa parecida? ¿No es la respuesta de la memoria siendo la memoria las experiencias acumuladas, individuales y colectivas, en las que están incluidas las respuestas nerviosas? Os pregunto: ¿qué es el pensar? Os ruego experimentéis un poquito. Antes de responder, ¿no deberíais daros cuenta del proceso, del mecanismo de la respuesta? En el intervalo entre la pregunta y vuestra respuesta, el proceso del pensar está en marcha ¿verdad? El reto de la pregunta pone en movimiento el mecanismo del pensamiento, y entonces viene la respuesta ¿no es así? Si os pregunto cuál es vuestra religión o vuestra nacionalidad, respondéis ¿no es cierto?- según vuestra educación, según la creencia o incredulidad. Ahora bien, ¿qué es ese trasfondo desde el cual respondéis?

Interlocutor: La memoria.

Krishnamurti: Así es ¿verdad? Si he nacido en cierto lugar, si me educo allí y me moldean la sociedad y la tradición en que vivo, entonces tengo cierto conjunto de experiencias, de recuerdos, y respondo a cualquier reto desde ese trasfondo. Ese es el mecanismo y eso es lo que llamamos pensar. Y de acuerdo con esa experiencia heredada y adquirida, vivo, actúo. De manera que mi pensamiento es siempre muy limitado; y así no hay libertad en el pensar.

Interlocutor: ¿No es posible tener pensar creador, por ejemplo, para hacer nuevos descubrimientos, en ciencias, en matemáticas? ¿El pensamiento proviene siempre del condicionamiento?

Krishnamurti: ¿Cuándo descubrimos realmente cualquier cosa? ¿Cómo percibimos algo nuevo, interiormente, u objetivamente?

Interlocutor: Yo diría: cuando se han agotado los medios conocidos.

Krishnamurti: Veamos esto un poquito. Tengo un problema de matemáticas y trabajo en él, lo acometo de muchos modos distintos, hasta que me agoto; y entonces lo abandono; y a la mañana siguiente o algún tiempo después, de pronto surge la respuesta. Así, cuando mi mente ha penetrado a fondo en el problema sin encontrar respuesta, y lo abandona, entonces hay cierta quietud con respecto a ese problema, y más tarde llega la respuesta.

Interlocutor: ¿Decís que este proceso no es pensar?

Krishnamurti: Tratamos de descubrirlo, ¿verdad? Hay muchas cosas implicadas en esto. El pensar no ocurre en un solo nivel de la mente; se tiene que considerar también todo lo subconsciente. Tratamos de descubrir qué es el pensar. Y vemos que la mayor parte de nuestro pensar proviene del trasfondo de la memoria, de la experiencia, del conocimiento, etc. Y hay momentos en que vemos algo en un destello, al parecer sin relación con el pasado, y lo que vemos puede ser falso o ser verdadero, según como lo interpretemos o según sea nuestro trasfondo. Cuando la mente superficial está quieta, puede haber descubrimiento, en el sentido de una nueva invención o de una nueva idea. Pero ¿es todo nuevo descubrimiento de la misma naturaleza? Porque tenemos que considerar la mente total, ¿no es así? no sólo la mente superficial, sino también la mente subconsciente.

Funcionamos en un nivel muy superficial la mayo parte del tiempo, ¿no es cierto? Las actividades en que estamos empeñados son muy superficiales: no exigen la respuesta total de nuestro integro ser. Es bastante evidente que toda nuestra educación y trasfondo están adaptados pala la respuesta superficial; vivimos en la superficie de la mente. Pero existe también la mente profunda, inexplorada, inconsciente, que siempre está dando intimaciones, insinuaciones, sueños, etc.; y también estos son traducidos por la mente consciente de acuerdo a su condicionamiento. Y ¿no está condicionada toda la conciencia? El inconsciente es, por cierto, el depósito de los recuerdos raciales: las reminiscencias, las reflexiones, las tradiciones y recuerdos, los conocimientos acumulados del hombre. En cambio la mente consciente, superficial, está educada para las técnicas de este mundo moderno. Así, evidentemente, hay una contradicción entre el inconsciente y el consciente. La mente consciente puede estar educada para no tener la creencia en Dios, para ser ateo, comunista o lo que queráis, pero la inconsciente ha sido adiestrada durante siglos en la creencia; y cuando llega la crisis la mente inconsciente responde mucho más que la consciente. Todo esto lo sabéis, ¿verdad? De modo que la totalidad de la conciencia, no sólo la superficial sino también la inconsciente- está condicionada; y cualquier respuesta del inconsciente, no es un factor liberador. Por favor, pensad en esto y discutidlo conmigo, no os limitéis a asentir o disentir. Si un matemático tiene un problema y, después de explorarlo, de profundizarlo, lo resuelve sin pensarlo, entonces ¿es esa solución algo totalmente nuevo, no generado, no surgido desde el inconsciente?

Interlocutor: Si proviene del inconsciente es en realidad cosa vieja, no es realmente nueva, ¿verdad?

Krishnamurti: Si se me permite decirlo, aquí tiene uno que cuidarse mucho, para no ser meramente especulativo. O habla uno por comprensión directa después de explorar todo el asunto, o bien puede uno estar meramente repitiendo lo que alguien ha dicho o lo que ha leído. Si pudiéramos por el momento, o aun para siempre, descartar lo que otras personas han dicho los yoguis, los swamis, los analistas, los psicólogos, todos ellos entonces estaríamos en condiciones de descubrir por nosotros mismos, directamente, si es posible que la conciencia total esté libre del condicionamiento. Si no es posible, entonces lo único que puede uno hacer es continuar el viejo proceso de mejorar la conciencia total: hacerla más meritoria, más buena, noble y todo lo demás. Eso es como vivir en una cárcel y adornarla. Tanto que el cerebro haya sido condicionado por los comunistas, como por los católicos, los protestantes, los anglicanos o por cualquier otra secta, es lo mismo. Y es realmente una cuestión muy importante y vital considerar si es siquiera posible ir más allá de la conciencia limitada, condicionada; si la mente puede jamás ser libre, en el más hondo sentido de la palabra. Hay quienes dicen que la mente, como es resultado del tiempo y del ambiente, tiene que seguir siendo siempre esclava de esas influencias; pero nosotros estamos preguntando si es posible ir más allá de la mente, más allá del tiempo.

Interlocutor: ¡Cómo habría de ser posible semejante cosa!

Krishnamurti: Estamos penetrando en toda la cuestión ¿no es verdad? O la mente es capaz de liberarse de todas las influencias, y por lo tanto de todos los ambientes sean del pasado, del presente o del futuro- o ello no es posible. Los comunistas no creen que sea posible, ni tampoco los católicos ni ninguna de las personas religiosas. Ellos hablan de libertad; pero no creen en ella porque en cuanto los abandonáis, ya os habéis convertido en herejes: os excomulgan, os queman, os liquidan y todo lo demás. ¿Es posible, pues, que se produzca una acción que no surja del campo de la conciencia, de la limitación, del condicionamiento? ¿Veis la cuestión, señores?

Interlocutor: La experiencia de la mayoría de nosotros es que eso no es posible. Y, sin embargo, tenemos intimaciones de que puede ser posible, pero no sabemos cómo conseguirlo.

Otro Interlocutor: Yo creo que no es posible.

Krishnamurti: ¿Estáis sólo esperando que yo diga algo? Como veis, no sé hasta qué punto habéis penetrado vosotros mismos en todo esto.

Interlocutor: Estoy seguro de que la mente consciente puede estar libre, pero me parece que la mente inconsciente es una enorme dificultad.

Krishnamurti: ¿Es posible, por el análisis, penetrar en el inconsciente paso a paso y desentrañarlo, y por consiguiente trascenderlo? ¿Es eso posible?

Como veis, lo inconsciente es un proceso positivo, ¿no es así? Y ¿podéis abordar un proceso positivo con una demanda positiva? Tanto lo consciente como lo inconsciente están bajo la misma limitación ¿no es cierto? La mente consciente tiene sus propios motivos para desear investigar lo inconsciente. El motivo está ahí; quiere ser libre. El motivo es positivo; y lo inconsciente no es alguna cosa vaga, es también positivo. Pero aunque la inconsciente sea positivo, con todas sus insinuaciones, intimaciones, sueños, etc., no conocéis por vosotros mismos su contenido, no sabéis lo que es en realidad. ¿Puede, pues, la mente consciente investigar algo que no conoce? Por favor, no rechacéis esto; es muy importante. ¿Podrá el análisis, ya sea el de otro o el vuestro, poner al descubierto todo el contenido de esta cosa llamada el inconsciente, del cual no os dais cuenta en absoluto?

Interlocutor: Creo que el inconsciente es demasiado vasto.

Krishnamurti: No, no; no os limitéis a decir que es demasiado vasto, porque entonces no abordáis la cuestión efectiva, sino que os salís por la tangente. Como veis, no creo que hayáis indagado nunca en todo el proceso del pensar. ¿Hay un pensar sin la palabra, la imagen, la idea, el símbolo? Pues el símbolo está en lo inconsciente tanto como en lo consciente, ¿no es cierto? Y creo que el proceso de investigar lo inconsciente por medio del análisis es un procedimiento erróneo. Quiero decir que hay un camino que es la percepción directa.

Veamos claramente, primero, que todo pensar es mecánico. El pensar es la respuesta de la memoria, del conocimiento, de la experiencia. Y todo pensar que parta de este trasfondo está condicionado. Por lo tanto, el pensar nunca puede ser libre; siempre es mecánico.

Interlocutor: Sí, lo veo.

Krishnamurti: ¿Qué queréis significar cuando decís ‘lo veo’? Por favor, esto es muy importante.

Interlocutor: Algo dentro de mí me lo hace percibir.

Krishnamurti: Entonces, algo dentro de vos os hace percibir que tenéis que ser nacionalista, ¿no es así? Os hace creer que hay Dios, que debéis tener una religión. Si dependéis de algo que os habla desde dentro, entonces estáis también expuesto a tener ilusiones, ¿verdad? ¿Qué queremos pues decir con ‘veo’? Si digo que el nacionalismo es un veneno, ¿veis la verdad de eso?

Interlocutor: Es evidente.

Krishnamurti: Y cuando digo que tener cualquier creencia, pertenecer a cualquier sociedad, a cualquier religión organizada, es perjudicial para el descubrimiento, ¿veis eso también?

Interlocutor: No tan claramente, porque pertenezco a un grupo que está trabajando para las Naciones Unidas, y creo que ésa es una buena cosa.

Interlocutor: Quiere decir las Naciones Desunidas.

Krishnamurti: Evidentemente, están desunidas, pero estamos desviándonos. Habéis dicho muy claramente que veis el nacionalismo como un veneno. Todos habéis asentido. Pero inconscientemente todos sois nacionalistas ¿no es cierto? Os sentís ingleses, franceses, o lo que sea. Ello está ahí, hondamente arraigado ¿verdad? Y decís que no veis con la misma claridad que la creencia es destructiva para el descubrimiento. Pero, miradlo así: quiero descubrir si hay Dios. Realmente quiero descubrir por mí mismo si hay o no hay. Primero tengo, pues, que dejar a un lado todo concepto de Dios, ¿no es así?, no sólo en lo consciente, sino también en lo inconsciente. Para descubrir de veras, tengo primero que arrancar todas las raíces de la cultura en que se me ha criado, educado. No tiene que haber amparo, refugio alguno, en que crea que estoy haciendo buena obra. Como mi intención es descubrir, tengo que librarme implacablemente de todo lo que he aceptado, de modo que no tenga ningún refugio físico, verbal, intelectual o emotivo; entonces no pertenezco a nada.

Hemos iniciado esta discusión con la pregunta sobre qué hacer en este loco mundo. Hace falta una nueva manera de mirar la vida, una mente del todo nueva; y esa nueva manera tiene que nacer de una revolución completa, de un corte total con el pasado. Y el pasado es lo inconsciente tanto como lo consciente. Así, pues, el pertenecer a cualquier particular grupo organizado de pensamiento es venenoso.

Y cualquier esfuerzo que hagamos para ser nuevos también pertenece al pasado ¿no es así? Porque toda la presente estructura de la sociedad se basa en la adquisividad, que es esfuerzo. Todo el proceso de ‘tengo que ser esto’, o, ‘no debo ser eso’, implica esfuerzo, conflicto; esto lo veo. Y cuando digo ‘lo veo’, quiero decir que lo veo de hecho, no emotiva, sentimental, intelectual o verbalmente. Lo veo como veo ese micrófono. Y la percepción misma de ese hecho ha eliminado por completo aquel condicionamiento. Me pregunto si os estoy trasmitiendo algo. Os ruego que no os limitéis a estar conformes conmigo. Esto no es un juego social. Porque si lo veis de la misma manera, entonces también cualquier forma que sea, es para decirlo moderadamente- vosotros estáis fuera de todo ello, completamente, en el instante.

Interlocutor: Creemos estar atados a nuestro condicionamiento por nuestros deberes para con la sociedad, para con la familia.

Krishnamurti: El señor dice, muy acertadamente, que estamos atados por nuestros deberes para con la familia, la sociedad, nuestro trabajo, el país, la religión en que nos hemos criado, y todo lo demás. Así, cuando nos enfrentamos con la necesidad de una mente por completo nueva, ponemos la familia, la sociedad, en oposición con el hecho. Y por lo tanto, hay un conflicto entre el hecho y lo que concebís como vuestro deber, ¿no es eso? Y así, para escapar de este conflicto entra uno en un monasterio, se hace monje o se aísla interiormente; construye uno un hábito en torno suyo y vive en él. Como veis, señores, cuando usáis las palabras ‘deber’ o ‘responsabilidad’, os habéis colocado en oposición a la libertad. Pero, si habéis percibido el hecho del cual hemos estado hablando, entonces tendréis una acción totalmente diferente con respecto a vuestra familia y la sociedad.

Como veis, trato de volver a la acción, y tal vez esté forzando el asunto. Al fin y al cabo, todos queremos hacer algo tocante a la vida. Conozco gentes de todo el mundo que se han disciplinado rígidamente, porque quieren descubrir lo que es correcto hacer. Se han aislado, han renunciado, han obedecido mandatos religiosos y han hecho tremendos esfuerzos; y, al fin de ello, son seres humanos muertos, se han secado. Es el constante esfuerzo para ser algo, para convertirse en algo, que los ha destruido. Y cuando ponéis la sociedad y la familia en oposición a la libertad, lo único que habéis hecho es introducir el factor del conflicto. Y yo digo: no introduzcáis en absoluto el elemento del conflicto. Ved su verdad, y ese ver cuidará por sí mismo de las relaciones. Veis que, como decía, para la mayoría de nosotros la acción es mera reacción. Os adulo y vosotros respondéis; os insulto, y respondéis. Nuestra acción es siempre reacción. Yo hablo de otra cosa, de la acción que no es reacción, sino que es acción total. Esto no es alguna idea mía rara, extraña, fantástica. Pero si habéis penetrado en todo esto por vosotros mismos, si habéis observado el mundo, contemplado a las personas, si las habéis estudiado, si realmente las habéis mirado a los grandes y a los insignificantes, a los llamados santos y a los llamados pecadores veréis que todos ellos han edificado sus vidas sobre el conflicto, la lucha, la represión y el miedo, y veréis el horror de eso. Para estar libre de todo eso, debéis primero verlo.

Interlocutor: ¡Hay tanto condicionamiento que es inconsciente!

Krishnamurti: Os ruego veáis esto. Todos vivimos en la mente consciente superficial; y ¿cómo voy a descubrir cada estrato, cada detalle del inconsciente, sin omitir nada? ¿Es posible para la mente consciente penetrar en algo que es inconsciente, que está oculto? Ciertamente, todo lo que puedo hacer es observar, estar bien despierto, alerta todo el día: mientras trabajo, mientras descanso, mientras camino, mientras hablo, teniendo así una noche sin sueños.

Hemos empezado hablando sobre una revolución que no es resultado del cálculo ni del pensamiento; porque éste es mecánico y es una reacción. El comunismo es una reacción contra el capitalismo; si dejo el catolicismo y me convierto en alguna otra cosa, también eso es una reacción. Pero si veo la verdad de que pertenecer a cualquier cosa, creer en cualquier cosa, es aferrarse a una forma de seguridad y por lo tanto impedir la percepción efectiva de lo que es verdadero, entonces no hay conflicto ni esfuerzo.

Veo, pues, que la acción que es reacción, no es acción en absoluto. Quiero descubrir qué es la libertad, veo la urgencia imperiosa, la necesidad de una mente nueva, y no sé qué hacer. Por eso me interesa el ‘qué hacer’, y por lo tanto se puesto el énfasis en el ‘qué hacer’ y no en una mente nueva. Y el ‘qué haré’ se vuelve importantísimo, y digo: ‘por favor, decídmelo’, cosa que crea autoridad; y la autoridad es la cosa más perniciosa del mundo.

¿Podemos pues percibir interiormente, ver el hecho real de que toda nuestra acción es reacción, que toda nuestra acción nace del propósito de lograr, de llegar, de convertirnos en algo, de alcanzar alguna posición? ¿Puedo sencillamente percibir ese hecho, sin introducir el ‘qué haré’, o ‘qué pasará con mi familia, con mi empleo’, y todo eso? Porque si la mente ve el hecho, sin interpretarlo en términos de lo viejo, entonces hay percepción inmediata; entonces comprenderá uno esa acción que no es reacción; y esa comprensión es una cualidad esencial de la mente nueva

El Estado Creativo de la Mente.

2ª Conversación en Londres 4 de mayo de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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