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El Estado Creativo de la Mente.

8ª Conversación en Londres 18 de mayo de 1961

Me parece que, cuando pensamos sobre el temor, tenemos que considerar su relación con el conflicto. Para mí, cualquier forma de conflicto, externo o interno, es muy destructiva; pervierte el pensar de uno mismo. Cuando hay conflicto, todo problema deja su huella en la mente; ésta llega a ser el suelo en que crece la raíz del problema. Para la mayoría de nosotros el conflicto parece tan natural e inevitable que lo aceptamos sin reparo. Pugnamos contra él, decimos que no debemos estar en conflicto, pero invariablemente lo estamos. Así pues, tal vez esta tarde podamos entrar en esto y ver si acaso es posible, viviendo en este mundo de locura, que la mente esté por completo libre de él.

Pues bien, antes de entrar en eso, quisiera hablar sobre si hay un modo de pensar que no sea positivo; porque me parece que todo nuestro pensar positivo es en realidad sólo una reacción. Con la palabra ‘positivo’ me refiero a cuando decimos: ‘tengo que’, ‘no tengo que’, ‘yo debería ser’, ‘yo no debería ser’; y este pensar positivo produce su propia reacción de resistencia, de rechazo. No sé si puedo comunicar esto fácilmente; se requiere mucha comprensión para entender lo que está involucrado en lo que llamamos la manera positiva de acometer nuestros problemas.

El enfoque positivo busca una explicación del problema, su racionalización, tratando de escapar de él, tratando de hacer algo concreto para no quedar atrapado en él. Eso es lo que hacemos en la vida diaria. A ese proceso lo llamo pensar positivo: es una reacción frente al problema.

El problema es el conflicto. Parecemos estar perpetuamente en conflicto acerca de tantas cosas: en nuestra relación con el marido, con la esposa, con los hijos, con la sociedad, y en nuestra relación con las ideas, las creencias, los dogmas. Estamos en conflicto en la busca de realización y en la frustración que ello trae, en la busca de la verdad, de Dios, de lo que hay que hacer, de qué pensar, cómo comportarse, cómo corregir algo que ha ido mal: existe esta constante guerra interior en marcha. Y nuestro enfoque para todo ello, me parece, es siempre positivo esto es, hacer algo con respecto a ello, eludirlo, ingresar en sociedades, buscar alguna clase de droga, ya sea una droga religiosa, un tranquilizante o lo que fuera. Y esta actitud positiva es realmente una reacción frente al problema, ¿no es así?

Ahora bien, creo que hay una actitud negativa que no es una reacción, y que no es el opuesto del enfoque positivo. Actualmente, cuando tengo un problema como conflicto, no sé cómo resolverlo; y por eso recurro a diversas formas de escape: mediante el recuerdo, ponderándolo, combatiendo conmigo mismo, esperando lograr alguna especie de resultado, esperando que algo ocurra. Para mí, semejante actitud no nos ayuda a estar libres de conflicto, y creo que hay un enfoque que no es el positivo, tal como conocemos lo positivo, sino que es un proceso negativo de comprensión, no una reacción. Me gustaría entrar en esto un poquito.

Como veis, la mente debe estar del todo vacía para ver algo nuevo. Y lo nuevo no se produce por la investigación del problema, por su análisis. Si sois un matemático, un hombre de ciencia, un ingeniero, etc., y tenéis un problema, tratáis de analizarlo, de mirarlo desde todos los ángulos, hasta que la mente queda exhausta y lo deja dormir, o lo olvida por un tiempo; y en ese intervalo, después de una hora o cosa así, o unos días, puede aparecer la solución. Todos sabemos esto. Pero esa respuesta no proviene de una mente nueva, fresca, vacía. Una mente nueva está del todo libre de conflicto. No tiene problemas. Y cualquier problema que surja, cualquier reto que le llegue, no deja huella, ni por un segundo; porque la impresión que persiste aunque sea un segundo deja una huella, y por eso condiciona a la mente. Como veis, sólo la mente vacía, no la mente en blanco, sino la que está plenamente viva, respondiendo a todos los retos no como una reacción, no como un problema, sino absorbiéndolos por completo- puede sondearlos en un instante y acabar con ellos de inmediato. Y es sólo una mente vacía con esa calidad, dé esa naturaleza, la que puede estar libre de conflicto. Sólo una mente así es apasionada. Para mí, esa palabra, ‘apasionada’, tiene un sentido muy distinto de la acepción común. Creo que uno tiene que ser apasionado, que tiene que ser intenso, pero no con respecto a algo. Esta intensidad es diferente del entusiasmo, que es solo temporario. Una mente que está en conflicto nunca puede ser apasionada; y es sólo una mente apasionada la que ve la belleza de la vida, la belleza de todas las cosas: y esa belleza es algo extraordinario.

De modo que la cuestión es ésta: ¿es posible estar libre de conflicto no de manera teórica, intelectual, verbal, no en un estado hipnótico, sugestionándose a sí mismo para decir que es o que no es posible- sino estar de hecho libre? ¿Es realmente posible, viviendo en este mundo, teniendo relaciones, yendo a la oficina, pensando, sintiendo, siendo brutalizado por la sociedad, estar libre de conflicto? No se si os habréis hecho esa pregunta. ¿O es que os la estoy imponiendo? Tal vez hayamos aceptado el conflicto como inevitable y hayamos convertido a Dios en el último refugio de paz, de calma, y todo lo demás.

Pero si uno se ha preguntado si la mente puede estar en realidad libre de conflicto, entonces creo que tiene uno que penetrar mucho más profundamente en el problema, cosa que espero podamos hacer esta tarde. ¿Por qué surge el conflicto? ¿Por qué surge un conflicto con mi esposa, mi marido, mi prójimo, con una idea? Responderé a mi manera; pero si podéis descubrir por vosotros mismos por qué estáis en conflicto, entonces creo que mi explicación y vuestro propio sentir concordarán. De lo contrario la comunicación es imposible. Espero comprenderéis lo que quiero decir.

Quiero, pues, saber por qué estoy en conflicto, no meramente la explicación superficial, sino que realmente quiero llegar a su raíz. Hay conflicto consciente y también inconsciente, enterrado en lo profundo de los mas íntimos rincones de mi mente, los conflictos secretos de los que nadie se entera; y quiero indagar esto hasta el fondo mismo. Ahora bien, ¿va uno a analizarlo, va a indagar en las razones, o es que lo ve como en un relámpago?

Como sabéis, aun los freudianos, los junguianos y los analistas están empezando a cambiar sus ideas. Creen que no tienen ya que tardar meses y años para desenredar al pobre individuo. Es demasiado costoso; sólo los ricos pueden permitírselo, de modo que tratan de encontrar un medio mas rápido. En lugar de tener al paciente hablando día tras día, mes tras mes, algunos de ellos están ensayando drogas, productos químicos, y una manera directa, personal, de enfrentarse con él. No es que yo haya leído libros sobre esto, pero tengo amigos, analistas y no analistas, que vienen y hablan conmigo de todo esto. En el proceso del análisis, a menos que seáis muy, muy cuidadosos, observando minuciosamente y sin falsear nunca lo que observáis, omitiréis algo, interpretaréis mal alguna cosa, y en el siguiente examen se reforzará el error. Seguid esto, por favor, y comprended que el análisis, la disección, la descomposición en partes, no es el camino. Ni lo es el control, la evasión.

Quiero saber por qué hay conflicto, este cúmulo de contradicciones. Ahora bien, ¿cómo vais a descubrir la raíz misma del asunto? Porque, si uno puede hallar su raíz, entonces ese mismo descubrimiento traerá un enfoque negativo, y no creará una reacción que tenga una acción positiva sobre lo que se descubre. ¿Comprendéis? Voy a penetrar más en ello.

Quiero saber cuál es la causa del conflicto, del conflicto total: las contradicciones, los deseos tiroteando en diferentes direcciones y el temor que surge. Pero saber es una cosa, y vivencias de hecho es otra, ¿no es así? Saber implica un observador que mira, y vivenciar es un estado en que no hay experimentador. Esto es, yo puedo deciros verbalmente cuál es la causa radical del conflicto, y vosotros podéis convenir conmigo o no, o aceptarlo y añadirlo a vuestras ulteriores explicaciones; o hay una cosa enteramente distinta, que es que, al escuchar la descripción misma, estáis vivenciando al propio tiempo la cuestión central que crea conflicto. ¿Lo estoy aclarando?

Mirad: saber es una cosa, y vivencias es otra. Saber sobre Dios o la verdad es una cosa, pero vivenciar efectivamente algo de esa inmensidad es muy diferente. La mayoría de nosotros somos conscientes de que estamos funcionando desde un centro, el centro que ha llegado a ser conocimiento, el centro que es experiencia, el centro desde el cual se producen todas las compulsivas ansias y las resistencias, el centro que siempre está buscando seguridad. Os ruego que no aceptéis mis palabras, sino que experimentéis de hecho el centro desde el cual pensáis, el ‘yo’. Y donde hay un centro tiene que haber una circunferencia; y la batalla se entabla para alcanzar la circunferencia, lo que debería ser. La circunferencia es siempre cosa diferente de lo que es. ¿No es eso así?

Todo esto lo sabemos. Sabemos que, habiendo experimentado eso, todas nuestras actividades, pensamientos y sentimientos son moldeados, proyectados, condicionados por el centro, y el centro inmediatamente dice: ‘tengo que librarme de ello’. Hay pues una división entre el centro y la cosa que debería ser o la cosa que ha sido. Siempre hay esta división, y el conflicto es esencialmente la guerra entre lo que debería ser y lo que es. Lo que es, que es el centro, siempre está tratando de amoldarse a lo que debería ser, y de esa dualidad surge el conflicto.

Ahora bien, el centro está formado por los recuerdos acumulados de la experiencia, el resultado del conflicto con lo opuesto, con lo que debería ser. Soy un hombre sensual, y creo que no debería serlo, y el conflicto entre las dos cosas crea la memoria, que forma el centro, ¿no es así? El centro es memoria. Ahora bien, la memoria no tiene realidad, no es un hecho; es algo muerto, ido, terminado, aunque en un cierto nivel pueda ser utilizada cuando es necesario. Pero eso está muerto; y sin embargo nuestra vida está guiada por esta cosa muerta, por algo que no es real. Partiendo de esto funcionamos, y así crece el temor; y por eso existe la contradicción del deseo.

Dejémoslo ahí por el momento y considerémoslo de otra manera.

Creo que la mayoría de nosotros sabemos lo que es sentirse solo. Conocemos ese estado en que todas las relaciones han sido cortadas, en que no hay sentimiento del futuro ni del pasado, una sensación de completo aislamiento. Podéis estar con muchísimas personas, en un autobús repleto, o simplemente sentado junto a vuestro amigo, marido o esposa, y de pronto viene sobre vosotros esta ola, esta sensación de un vacío espantoso, una vacuidad, un abismo. Y la reacción instintiva es escapar de eso. Acudís pues a la radio, charláis, o ingresáis en alguna sociedad, o predicáis sobre Dios, la verdad, el amor y todo lo demás. Podéis escapar por medio de Dios, o por medio del cine; todas las evasiones son lo mismo. Y la reacción es el miedo de esta sensación de completo aislamiento y la evasión. Conocéis todas las evasiones: por el nacionalismo, por vuestro país, vuestros hijos, vuestro nombre, vuestras propiedades, por todo lo cual estáis dispuestos a combatir, a luchar, a morir.

Ahora bien, si uno se da cuenta de que todas las evasiones son lo mismo, y si ve realmente el significado de una sola de las evasiones ¿podéis entonces seguir escapando? ¿O es que no hay evasión? Y si no escapáis, ¿hay todavía conflicto? ¿Me seguís? El escapar de lo que es, el esfuerzo para llegar a alguna otra cosa que lo que es, esto es lo que crea conflicto. Por eso una mente que quiera trascender este sentimiento de soledad esta cesación repentina del recuerdo de todas las relaciones, en las que están involucrados los celos, la envidia, la adquisividad, el tratar de ser virtuoso y todo eso- tiene primero que hacerle frente pasar por ello, de modo que el temor, en cualquier forma que sea, se extinga. ¿Puede, pues, la mente, ver la futilidad de todos los escapes, a través de uno de ellos? Entonces no habrá conflicto, ¿verdad? Porque no hay observador de la soledad: hay la vivencia de ella ¿Me seguís? Esta soledad es la cesación de toda relación; las ideas ya no importan; el pensamiento ha perdido su significado. Lo estoy describiendo, pero por favor no os limitéis a escuchar; porque entonces, cuando dejéis esta sala quedaréis sólo con cenizas. Al fin y al cabo, el propósito de estas discusiones es liberarse de hecho de todos estos terribles enredos, tener en la vida alguna otra cosa que el conflicto, el temor y el cansancio y fastidio de la existencia.

Donde no hay temor, hay belleza, no la belleza de que hablan los poetas y que pintan los artistas, etc., sino algo completamente diferente. Y para descubrir la belleza, tiene uno que pasar por este aislamiento completo o más bien, no tenéis que pasar por él, está ahí. Habéis escapado de él, pero ahí está, siempre siguiéndoos. Está allí, en vuestro corazón y vuestra mente, en las profundidades y rincones mismos de vuestro ser. Lo habéis encubierto, eludido, habéis huido; pelo ahí está. Y la mente tiene que pasar a través de él, como si pasara por un purgatorio de fuego. Ahora bien, ¿puede la mente pasar por ello sin reacción, sin decir que es un estado horrible? En cuanto tengáis reacción, habrá conflicto. Si lo aceptáis, tendréis todavía su carga; y si lo rechazáis, tropezaréis aun con él a la vuelta de la esquina. La mente tiene pues que pasar por ello. ¿Estáis siguiendo todo esto? Entonces la mente es esa soledad, no tiene que pasar por ella; es ella. Desde el momento en que penséis en términos de pasar por algo y de llegar a otra cosa, de nuevo estaréis en conflicto. En cuanto digáis: ‘¿cómo voy a pasar por ello, cómo voy a mirarlo realmente?’ estaréis de nuevo atrapados en el conflicto.

Hay pues vacío, existe esta extraordinaria soledad, que ningún Maestro, ningún gurú, ninguna idea, ninguna actividad puede alejar. Os habéis entretenido, habéis jugado con todos ellos; pero ellos no pueden llenar este vacío, es un pozo sin fondo. Pero deja de ser un pozo sin fondo en cuanto lo estéis vivenciando, ¿comprendéis?

Como veis, si la mente ha de estar del todo libre de conflicto, totalmente, completamente sin aprensión, temor ni ansiedad, tiene que vivenciarse este extraordinario sentimiento de no tener relaciones con nada; y de eso proviene un sentido de unitotalidad. Por favor, no imaginéis que lo tenéis, es una cosa muy ardua. Es sólo entonces, en ese sentimiento de unitotalidad en que no hay temor, que existe un movimiento hacia lo inconmensurable; porque entonces no hay ilusión, no hay creador de ilusión, no hay poder de crear ilusión. Mientras hay conflicto, existe el poder de crear ilusión; y con la total cesación del conflicto, todo temor habrá cesado, y, por lo tanto, ya no hay más búsqueda.

Me pregunto si comprendéis. Después de todo, estáis aquí porque estáis todos buscando. Y, si lo examináis, ¿qué es lo que buscáis? Buscáis algo más allá de este conflicto, de esta miseria, de este sufrimiento, agonía, ansiedad. Estáis buscando un camino de salida. Pero si comprendéis aquello de que hemos estado hablando, entonces toda búsqueda cesa, cosa que es un extraordinario estado de la mente.

Sabéis que la vida es un proceso de reto y respuesta, ¿no es así? Hay el reto exterior el reto de la guerra, de la muerte, de docenas de cosas diferentes- y nosotros respondemos. Y el reto siempre es nuevo, pero todas nuestras respuestas son siempre viejas, condicionadas. No sé si esto está claro. Para responder al reto tengo que reconocerlo, ¿no es así? Y si lo reconozco, es en término del pasado; es, pues, lo viejo, evidentemente. Vedlo, por favor, porque quiero avanzar un poco más.

A un hombre que está muy vuelto hacia dentro, los retos exteriores ya no le importan; pero tiene todavía sus propios retos y respuestas interiores. Mas yo estoy hablando de una mente que ya no busca, y, por consiguiente, ya no tiene reto y respuesta. Y éste no es un estado satisfecho, contento, como el de una vaca. Cuando habéis comprendido el significado del reto y la respuesta exterior, y el significado del reto interior que uno se presenta a sí mismo, y su respuesta, y habéis pasado por todo eso velozmente sin tardar meses ni años en ello- entonces la mente ya no está moldeada por el medio ambiente; ya no es influenciable. La mente que ha pasado por esta extraordinaria revolución puede enfrentar todo problema, sin que el problema deje ninguna huella, ninguna raíz. Entonces, todo sentimiento de temor ha desaparecido.

No sé hasta qué punto habréis seguido todo esto. Como veis, escuchar no es simplemente oír; escuchar es un arte. Todo esto forma parte del autoconocimiento; y si uno ha escuchado en realidad, y ha penetrado en sí mismo profundamente, ello es una purificación. Y lo que se purifica recibe una bendición que no es la bendición de las iglesias.

El Estado Creativo de la Mente.

8ª Conversación en Londres 18 de mayo de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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