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El Estado Creativo de la Mente.

7ª Conversación en Saanen 8 de Agosto de 1961

Si se me permite, continuaremos con aquello de que hablamos anteayer, que era todo el contenido de lo que es la meditación. En Oriente, la meditación es un hecho diario muy importante para las personas que han ahondado mucho en esta cuestión; y quizá ella no sea tan urgente o seria en Occidente. Pero como involucra el proceso total de la vida, creo que debemos considerar lo que está implicado en ella.

Como decía, sería por completo fútil y vacuo el que os limitaseis a seguir las palabras o frases y os quedarais meramente en el nivel verbal. Cuando seguís esta cuestión sólo intelectualmente, es como seguir a un ataúd hasta la tumba. Pero Si entráis en ello muy profundamente, revelará las cosas más extraordinarias de la vida. Como dije, no nos estamos ocupando del primer capitulo de un libro completo, porque no hay fin para el proceso total del vivir. Pero tenernos que considerar las cuestiones a medida que surgen.

Vamos a entrar en ello bastante más profunda y comprensivamente, como veréis; pero antes creo que es necesario comprender qué es pensar negativo y qué es pensar positivo. No utilizo estas dos palabras, ‘negativo’ y ‘positivo’, en el sentido de opuestos. La mayoría de nosotros pensamos positivamente, acumulamos, añadimos; o, cuando es conveniente, beneficioso, sustraemos. El pensar positivo es imitativo, conformista, se ajusta al molde de la sociedad o a lo que ella desea; y la mayoría de nosotros estamos satisfechos con ese pensar positivo. Para mí, ese pensar positivo no conduce a ninguna parte.

Ahora bien, el pensar negativo no es lo opuesto del pensar positivo; es un estado completamente diferente, un proceso distinto; y creo que uno tiene que comprender esto claramente antes de que podamos seguir más allá. El pensar negativo es desnudar la mente por completo; es hacer que el cerebro, que es el repositorio de las reacciones, esté quieto.

Tenéis que haber notado que el cerebro es muy activo, está constantemente reaccionando; el cerebro tiene que reaccionar, pues de lo contrario muere. Y, en su reacción, crea procesos positivos, a los que llama pensar positivo; y estos son todos defensivos, mecánicos. Si habéis observado vuestro propio pensar, habréis visto que aquello de que estoy hablando es muy sencillo, no es complicado.

Me parece que lo primordial es que el cerebro sea plenamente consciente, que sea sensible, sin reaccionar; y por lo tanto creo que es necesario pensar negativamente. Podemos discutir esto después, mas, si lo captáis, veréis que el pensar negativo no implica esfuerzo, mientras que el pensar positivo sí lo implica siendo el esfuerzo conflicto, en el que está involucrada la realización, la represión, la negación.

Os ruego que observéis vuestras propias mentes según funcionan, vuestros cerebros actuando; no os limitéis a escuchar mis palabras. Las palabras no tienen hondo significado, se utilizan sólo para transmitir, para comunicar. Si os quedáis en el nivel verbal, no podéis llegar muy lejos.

Así que todos nosotros por la educación, por la cultura, por la influencia de la sociedad, de la religión, etc.- tenemos cerebros muy activos; pero la totalidad de la mente es muy torpe. Y el hacer que el cerebro esté quieto y sin embargo sea plenamente sensible, activo, pero sin cultivar defensas, es una tarea muy ardua, como sabréis si habéis entrado en todo esto. Y no implica esfuerzo alguno el hacer que el cerebro sea enormemente activo, y esté no obstante totalmente quieto.

Para la mayoría de nosotros, el esfuerzo parece formar parte de nuestra existencia; al parecer, no podemos vivir sin él: esfuerzo para levantarnos por la mañana, esfuerzo para ir a la escuela, a la oficina, para sostener una actividad continuada, esfuerzo para amar a alguien. Toda nuestra vida, desde que nacemos hasta que entramos en la tumba, es una serie de esfuerzos. Esfuerzo significa conflicto; y no hay esfuerzo alguno si observáis las cosas como son, el hecho como es. Pero nosotros nunca nos hemos observado como somos, consciente o inconscientemente. Siempre cambiamos, sustituimos, transformamos, reprimimos lo que vemos en nosotros mismos. Todo eso implica conflicto; y una mente, un cerebro que esté en conflicto nunca está quieto. Y para pensar profundamente, para ir muy a lo hondo, necesitamos, no un cerebro torpe, no un cerebro que se eche a dormir, que esté dopado por la creencia, por las defensas, sino un cerebro que sea intensamente activo, y que sin embargo esté en calma.

El conflicto es lo que entorpece la totalidad de la mente; de modo que, si hemos de entrar en esta cuestión de la meditación, si hemos de penetrar profundamente en la vida, tenemos que comprender desde el principio el conflicto y el esfuerzo. Si lo habéis observado, sabréis que nuestro esfuerzo siempre es para lograr, para llegar a ser algo, para tener éxito; y por lo tanto, hay conflicto y frustración, con su desdicha, esperanza y desesperación. Y los que están sin cesar en conflicto, se vuelven torpes. ¿No conocemos a personas que están continuamente en conflicto, y lo torpes que son? De modo que para llegar muy lejos y muy profundamente, tiene uno que comprender por completo la cuestión del conflicto y del esfuerzo. El esfuerzo, el conflicto, se producen cuando hay pensar positivo; no hay esfuerzo ni conflicto cuando hay pensar negativo, que es la más elevada forma de pensar.

Ahora bien, todo pensar es mecánico, porque todo pensar viene como una reacción desde el trasfondo de la experiencia, de la memoria. Y, como el pensar es mecánico, nunca puede ser libre; puede ser razonable, sano, lógico, según su trasfondo, su educación, su condicionamiento; pero nunca puede ser libre.

No sé si acaso habéis experimentado para descubrir qué es pensar. No me refiero a su definición en el diccionario, ni a la idea del filósofo sobre ello, sino, si habéis observado que el pensar es una reacción.

Os ruego sigáis esto, porque tiene uno que entrar en ello. Si os hago una pregunta familiar, respondéis inmediatamente, porque estáis familiarizado con la respuesta. Si se hace una pregunta algo más complicada, habrá un espacio de tiempo durante el cual el cerebro estará funcionando, buscando en la memoria para hallar una respuesta. Si se hace una pregunta aún más complicada, es más largo el intervalo de tiempo mientras el cerebro piensa, busca, trata de descubrir. Y si se os hace una pregunta con la cual no estáis familiarizados, entonces decís: ‘No lo sé’. Pero en ese estado de: ‘no lo sé’, el cerebro aguarda para encontrar la respuesta, ya sea mirando en libros o preguntando a alguien; pero espera la respuesta. Creo que todo este proceso del pensar se puede ver muy sencillamente; es lo que estamos haciendo todo el tiempo; es la reacción del cerebro partiendo del depósito de la experiencia, del conocimiento que hemos acumulado.

Ahora bien, el estado de la mente que dice ‘no sé’, y espera la respuesta, es enteramente diferente del estado de la mente que dice, ‘no sé’, pero que no aguarda una respuesta. Espero que seguiréis esto, porque si no se aclara, creo que no podréis seguir lo que viene después. Aun estamos hablando sobre la meditación y explorando todo el problema del cerebro y la mente. Si no comprende uno la raíz de todo pensamiento, es imposible ir más allá del pensamiento.

Hay pues dos estados: existe el cerebro que dice ‘no sé’ y que busca una respuesta, y existe el otro estado de no saber porque no hay respuesta. Si vemos esto claramente, entonces podemos seguir adelante e investigar la cuestión de la atención y la concentración.

Todo el mundo sabe lo que es la concentración. El niño de escuela lo sabe cuando quiere mirar hacia fuera por la ventana y el maestro le dice: ‘mira al libro’. El muchacho fuerza su mente para mirar al libro, cuando lo que en realidad quiere es mirar por la ventana. Y así, hay conflicto. La mayoría de nosotros estamos familiarizados con el proceso de forzar el cerebro a concentrarse. Y este proceso de la concentración es excluyente, ¿no es cierto? Elimináis, apartáis cualquier cosa que perturbe la concentración. Por lo tanto, cuando hay concentración, hay distracción. ¿Me seguís? Porque se nos ha enseñado a concentrarnos, que es un proceso de exclusión, de eliminación, y por consiguiente hay distracción, y por ello, conflicto.

Ahora bien, la atención no es el proceso de concentración, y en ella no hay distracción. La atención es algo enteramente diferente, y voy a entrar en ello.

Por favor, es una cuestión muy seria ésta de que estamos hablando; y el venir aquí no es como ir a un concierto, esperando que se nos entretenga. Requiere una enorme labor por vuestra parte; significa penetrar en lo interior, sin ningún sentimiento de querer o no querer. Si no podéis seguirlo seriamente, entonces limitaos a escuchar tranquilamente, oíd las palabras y olvidadlo. Pero si entráis en ello profundamente; las implicaciones son muy grandes, porque veréis, a medida que yo penetre en ello un poco más, que la libertad es necesaria. Cuando una mente está en conflicto, haciendo un esfuerzo, no hay libertad; y donde haya concentración y resistencia a la distracción tampoco habrá libertad. Pero si comprendemos lo que es la atención, entonces comenzaremos a darnos cuenta también que todo conflicto ha cesado, y por lo tanto hay la posibilidad de que la mente esté totalmente libre no sólo la mente superficial, sino también la subconsciente, en la cual están ocultos los secretos pensamientos y deseos

Sabemos ahora lo que es la concentración. ¿Qué es, pues, la atención? Hago esa pregunta, y la reacción instintiva de cada uno de nosotros es hallar una respuesta, dar una explicación, definirla; y cuanto más hábil sea la definición, más satisfecho queda uno. No estoy dando una definición; estamos inquiriendo negativamente. Si lo hacéis con pensar positivo, entonces nunca encontraréis la belleza de la atención. Mas, si habéis comprendido lo que es el pensar negativo que es no pensar en términos de reacción, que el cerebro no busque una respuesta-, entonces descubriréis lo que es la atención. Voy a ahondar en esto un poco.

La atención no es concentración; en ella no hay distracción; en la atención no hay conflicto, no se persigue un fin; por lo tanto, el cerebro está atento, lo que significa que no tiene fronteras; está quieto. La atención es un estado de la mente en que ha cesado todo conocimiento, y en el que sólo existe la indagación.

Ensayad alguna vez una cosa sencilla. Cuando salís a dar un paseo, estad atento. Entonces encontraréis que oís, que veis mucho más que cuando el cerebro está concentrado; porque la atención es un estado de ‘no conocer’, y por lo tanto de inquirir. El cerebro está inquiriendo sin ninguna causa, sin ningún motivo, cosa que es investigación pura, la cualidad de la mente realmente científica. Puede tener conocimientos, pero ese conocimiento no estorba a la investigación. Por lo tanto, una mente atenta puede concentrarse; pero la concentración no es resistencia, exclusión. ¿Seguís esto alguno de vosotros?

Así, para seguir adelante partiendo de esto- este estado de atención es el de una mente que no está atiborrada de información, conocimientos, experiencias; es un estado mental que vive en el ‘no conocer’. Esto significa que el cerebro, la mente, ha descartado por completo toda influencia, toda norma, toda sanción; ha comprendido la autoridad, ha disuelto la ambición, la envidia, la codicia, y es totalmente opuesta a la sociedad y a toda moralidad. Ya no sigue a nada. Una mente así puede entonces proceder a inquirir.

Ahora bien, inquirir profundamente requiere silencio. Si quiero mirar esas montañas y escuchar el arroyo que corre por ahí, no sólo tiene que estar tranquilo el cerebro, sino que toda la mente, la consciente y la subconsciente, tiene también que estar en completa calma para percibir. Si el cerebro está parloteando, si la mente quiere asir, retener, entonces, no está viendo, no está atendiendo a la belleza del rumor de la corriente. Así que la indagación implica libertad y silencio.

Como es sabido, se han escrito libros sobre la manera de conseguir una mente tranquila por medio de la meditación y la concentración. Se han escrito volúmenes al respecto y no es que yo haya leído ninguno de ellos. Han venido a mí personas que han hablado sobre esto. Adiestrar la mente para que esté en silencio es pura tontería. Si adiestráis la mente para que esté en silencio, entonces os halláis en un estado de decadencia, del mismo modo que todas las gentes que se ajustan por el temor, por la codicia, la envidia o la ambición son mentes muertas, embotadas, estúpidas. Una mente torpe, estúpida, puede estar en calma, pero seguirá siendo pequeña y mezquina, y nada nuevo puede nunca llegar a ella.

De modo que una mente atenta no tiene conflicto, y por lo tanto, es libre; y una mente así está en calma, en silencio. No sé si habéis llegado hasta ahí; si es así, sabréis que aquello de que estamos hablando es meditación.

En este proceso de autoconocimiento hallaréis que la mente silenciosa no es una mente muerta, que es extraordinariamente activa. No es la actividad de la realización, no es la actividad que agrega y que quita, la que va, viene y que llega a ser; porque ese estado intensamente activo ha surgido sin buscarlo en forma alguna, sin ningún esfuerzo; constantemente lo ha comprendido todo, todas las fases de su ser. No ha habido represión de ninguna clase ni, por lo tanto, temor, imitación, conformidad. Y si la mente no ha hecho todas estas cosas, no puede haber silencio.

Ahora bien, ¿qué ocurre después? Hasta ahora ha usado uno palabras para comunicar; pero la palabra no es la cosa. La palabra ‘silencio’ no es el silencio. Os ruego, pues, comprendáis esto: que para que el silencio exista, la mente tiene que estar libre de la palabra.

Pues bien, cuando la mente está realmente en calma, y de hecho es activa y libre y no está preocupada con la comunicación, la expresión, la realización, entonces hay creación. Esa creación no es una visión. Los cristianos tienen visiones de Cristo; y los hindúes tienen visiones de sus propios pequeños o grandes dioses. Reaccionan según su condicionamiento; proyectan sus visiones, y lo que ven nace de su trasfondo; lo que ven no es el lecho, sino que es proyectado por sus deseos, sus anhelos, sus esperanzas. Mas una mente que esté atenta y silenciosa no tiene visiones, porque se ha librado de todo condicionamiento. Por consiguiente, una mente así sabe lo que es la creación siendo ésta enteramente diferente de la llamada creatividad del músico, del pintor, del poeta.

Entonces, si habéis llegado hasta ahí, veréis que hay un estado de mente que es sin tiempo y sin espacio y que, por lo tanto, ve o recibe aquello que no tiene medida; y lo que se ve y siente, y el estado de vivencia, son del momento, y no para ser acumulados.

Así pues, esa realidad que no se puede medir ni nombrar, que no tiene palabra alguna, surge solo cuando la mente está por completo libre y silenciosa, en un estado de creación El estado de creación no es precisamente alcohólico, estimulado; pero cuando uno ha comprendido y pasado por este autoconocimiento, y está libre de todas las reacciones de la envidia, de la ambición y la codicia, entonces veréis que la creación es siempre nueva y, por consiguiente, siempre destructiva. Y la creación nunca puede estar dentro del armazón de la sociedad, dentro del marco de una limitada individualidad. Por eso carece de sentido la individualidad limitada que busca la realidad. Y cuando existe esa creación, hay la destrucción completa de todo lo que tino ha acumulado. y por consiguiente existe siempre lo nuevos Y lo nuevo siempre es verdadero, inmensurable.

Pregunta: ¿Son lo mismo el estado de atención total el deseo sin motivo?

Krishnamurti: Señores, el deseo es una cosa muy extraordinaria, ¿no es cierto? Para nosotros, el deseo va acompañado de mucha tortura; conocemos el deseo como conflicto, y por eso le atribuimos esas limitaciones. Y nuestros deseos son tan limitados, tan estrechos, tan mezquinos, tan mediocres: queremos un coche, queremos ser más bellos, queremos lograr ¡Mirad lo mezquino que es todo esto! No creo que exista un deseo sin ninguna tortura, sin ninguna esperanza ni desesperación. Lo hay, mas no puede ser comprendido mientras el deseo engendre conflicto. Pero cuando hay la comprensión total del deseo, de los motivos, de las torturas, las renunciaciones, la disciplina, los afanes por los que uno pasa, cuando todo eso es comprendido, disuelto de manera que desaparezca por completo, entonces acaso el deseo sea alguna otra cosa. Puede ser amor. Y el amor puede tener su expresión. El amor no tiene mañana, ni piensa en el pasado, lo que significa que el cerebro no actúa sobre el amor. No sé si alguna vez lo habéis observado: cómo el cerebro interfiere con el amor, cómo dice que tiene que ser respetable, lo divide en divino y pecaminoso, lo está siempre ajustando, sometiendo a control, guiando, haciéndolo adaptar a la norma de la sociedad o de su propia experiencia.

Pero existe un estado de afecto, de amor, en el cual el cerebro no interfiere; y quizá pueda encontrarse ese amor. Pero, ¿por qué comparar? ¿Por qué decir que es como eso o como aquello?

Mirad, señores, no sé si alguna vez habéis contemplado una gota de lluvia al caer del cielo. Esa gota única tiene la naturaleza de todos los ríos, de todos los océanos, de todos los arroyos, y del agua que bebéis. Pero esa gota única no está pensando que será el río: sencillamente cae, completa, total. Del mismo modo, cuando la mente ha pasado por todo este autoconocimiento, es completo. En ese estado no hay comparación. Lo que es creación no es comparativo; y, como es destructivo, no hay nada de lo viejo dentro de él.

De modo que, no verbal ni intelectualmente, sino de hecho tiene uno que pasar por este proceso de conocimiento propio, desde ahora y eternamente, porque no hay terminación para el conocimiento propio. Y no teniendo fin no tiene comienzo, y por lo tanto es ahora.

Hay otra cosa de la que quisiera hablar, y es: por qué quiere uno adorar. Como sabéis, todos queremos adorar un símbolo, un Cristo, un Buda. ¿Por qué? Puedo daros muchas explicaciones: queréis identificaros con algo que sea más grande; queréis ofreceros a algo que creéis es verdadero; queréis estar en la presencia de algo sagrado, etc. Pero una mente que adora es una mente moribunda, que decae. Tanto si adoráis al héroe que va a la Luna, al héroe del pasado o del presente, o al que está sentado en el estrado, todo es lo mismo. Si adoráis, entonces la creación no puede surgir, nunca se os acercará. Y una mente que no conoce ese extraordinario estado está sufriendo perpetuamente. De modo que, cuando uno, ha comprendido este problema de la adoración, entonces este muere y se desprende como cae una hoja en el otoño. Entonces la mente puede seguir adelante sin barrera alguna.

El Estado Creativo de la Mente.

7ª Conversación en Saanen 8 de Agosto de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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