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El Estado Creativo de la Mente.

1ª Conversación en Paris 5 de Septiembre de 1961

Siempre es difícil, creo, comunicar a otro cosas serias, y ello es así más especialmente en estas reuniones en que vosotros habláis francés y yo, infortunadamente, tengo que hacerlo en inglés. Pero creo que podemos comunicarnos con suficiente claridad, si no nos quedamos meramente en el nivel verbal. Las palabras son medios para comunicar, para transmitir algo, y en sí mismas no son importantes. Pero la mayoría de nosotros, creo, permanecemos en el nivel verbal, y por lo tanto la comunicación se hace mucho más difícil, porque aquello de que queremos hablar está igualmente en el nivel intelectual y en el emocional. Queremos comunicarnos uno con otro en forma comprensiva, como un todo; y para eso necesitarnos un enfoque total verbal, emocional e intelectual. Emprendamos, pues, juntos el viaje, vayamos juntos, y miremos comprensivamente nuestros problemas, aunque esto es extremadamente difícil.

Ante todo, el orador no habla como hindú y no representa el Oriente, aunque haya nacido en cierto lugar y tenga cierto pasaporte. Los nuestros son problemas humanos, y como tales carecen de fronteras; no son hindúes, franceses, rusos ni americanos. Tratamos de comprender todo el problema humano, y estoy usando la palabra ‘comprender’ de una manera muy definida. El mero uso de las palabras no da comprensión, y la comprensión no es una cuestión de conformidad o disconformidad. Si queremos comprender lo que se está diciendo, debemos considerarlo sin prejuicio, sin dudar ni aceptar, sino escuchando efectivamente.

Ahora bien, al escuchar, que es todo un arte, tiene que haber cierto sentido de quietud del cerebro. En la mayoría de nosotros, nuestros cerebros están activos sin cesar, respondiendo siempre al reto de una palabra, una idea o una imagen; y este proceso constante de responder a un reto no produce comprensión. Lo que trae comprensión es tener el cerebro que esté muy quieto. El cerebro, después de todo, es el instrumento que piensa, que reacciona; es el depósito de la memoria, el resultado del tiempo y de la experiencia, y no puede haber comprensión si ese instrumento está continuamente agitado, reaccionando, comparando lo que se esta diciendo con lo que ya ha almacenado. Escuchar, si puedo decirlo así, no es un proceso de estad de acuerdo, condenar o interpretar, sino de mirar un hecho totalmente, comprensivamente. Para eso el cerebro debe estar quieto, pero también muy despierto, capaz de seguir acertada y razonablemente, no de manera sentimental o emotiva. Sólo entonces podemos acometer los problemas de la existencia humana como un proceso total, y no fragmentariamente.

Como la mayoría de nosotros sabemos, los políticos del mundo están dirigiendo, desgraciadamente, nuestros asuntos. Probablemente, nuestras mismas vidas dependen de unos pocos políticos: franceses, ingleses, rusos norteamericanos o indos; y eso es una cosa muy triste; pero es un hecho. Y al político sólo le interesa lo inmediato de las cosas: su país, su posición, su política, sus ideales nacionalistas. Y como resultado, existen los problemas inmediatos de la guerra, del conflicto entre el Este y el Oeste, el comunismo combatiendo al capitalismo y el socialismo contra cualquier otra forma dé autocracia. De modo que el problema apremiante, inmediato, es de guerra y paz, y de cómo manejar nuestras vidas para no ser aplastados por estos enormes procesos históricos.

Mas creo que seria una lástima muy grande que nos ocupáramos meramente de lo inmediato: de la actitud francesa en Argelia, de lo que va a pasar en Berlín, de si habrá guerra y cómo nos arreglaremos para sobrevivir. Esos son los problemas con que nos apremian los diarios, la propaganda; pero creo que es mucho más importante considerar lo que le va a ocurrir al cerebro humano, a la mente humana. Si nos preocupamos sólo de los acontecimientos actuales y no de la totalidad del desarrollo de la mente y cerebro humanos, entonces nuestros problemas no harán más que aumentar y multiplicarse.

Podemos ver, ¿verdad?, que nuestras mentes, nuestros cerebros, se han vuelto mecánicos. Se influye sobre nosotros en todas direcciones. Cualquier cosa que leamos deja su huella, y toda propaganda deja su señal; el pensamiento es siempre repetidor y por eso el cerebro y la mente se han vuelto mecánicos, como una máquina. Funcionamos en nuestros empleos mecánicamente, nuestras relaciones mutuas son mecánicas, y nuestros valores son meramente tradicionales. Las computadoras electrónicas son muy parecidas a la mente del hombre, si bien nosotros tenemos un poco más de inventiva, ya que las hemos hecho; pero ellas funcionan como nosotros, mediante la reacción, la repetición y la memoria. Y todo lo que nos preocupa es cómo hacer que el mecanismo, que está enraizado en el hábito y la tradición, funcione más suavemente, sin ninguna perturbación; y puede ser que eso sea el fin de la vida humana. Todo esto implica, ¿verdad?, no libertad, sino tan sólo una búsqueda de seguridad. Los prósperos reclaman seguridad; y los pobres de Asia, que apenas comen una vez al día, también quieren seguridad. Y la respuesta de la mente humana a toda esta miseria es tan sólo mecánica, habitual, indiferente.

De modo que la cuestión que urge es por cierto cómo liberar el cerebro y la mente. Porque si no hay libertad no hay creatividad. Hay invención mecánica, ir a la luna, descubrir nuevos medios de locomoción, etc.; pero eso no es creación, eso es invención. Hay creación sólo cuando hay libertad. La libertad no es una mera palabra; la palabra es por completo distinta del estado real. Ni puede la libertad ser convertida en un idea, porque el ideal es sólo una postergación. Lo que quiero discutir durante estas pláticas es pues si es posible liberar la mente y el cerebro. El limitarse a decir que es posible o que no lo es, es inútil; pero lo que podemos hacer es descubrir por nosotros mismos a través del ensayo, del autoconocerse, de la indagación, de la intensa búsqueda. Y eso requiere la capacidad de razonar, de sentir, de romper con la tradición y destruir los muros que uno ha construido para su seguridad. Si no estáis dispuestos a hacer eso, desde la primera plática hasta la última, entonces creo que perdéis el tiempo viniendo aquí. Los problemas que abordamos son muy serios: son los problemas del miedo, de la muerte, la ambición, la autoridad, la meditación, etc. Cada problema debe ser encarado objetivamente, no en forma emotiva, intelectual o sentimental. Y ello requiere un pensar preciso, gran energía, para poder proseguir cada investigación hasta el fin mismo y descubrir la esencia de las cosas. Eso parece ser esencial.

Si observamos, no sólo los acontecimientos exteriores del mundo, sino también lo que está pasando dentro de nosotros mismos, descubrimos ¿no es verdad?- que somos esclavos de ciertas ideas, esclavos de la autoridad. Durante siglos hemos sido moldeados por la propaganda para ser cristianos, budistas, comunistas o lo que sea. Pero, por cierto, para descubrir la verdad no tenemos que pertenecer a ninguna religión en absoluto. Es una cosa muy difícil no comprometerse en absoluto a ninguna norma de acción o de pensamiento. No sé si habréis tratado alguna vez de no pertenecer a nada, si habéis rechazado por completo la tradicional aceptación de Dios lo cual no significa hacerse ateo, cosa tan tonta como el creer, sino rechazar la influencia de la iglesia, con toda su propaganda de dos mil años.

Ni es fácil tampoco negar que sois francés, hindú, ruso o americano; quizá sea eso aún más difícil. Es bastante fácil negar algo si sabéis a dónde os lleva la negación; eso es simplemente pasar de una cárcel a otra; pero si rechazáis todas las prisiones sin saber adónde os va ello a conducir, entonces estáis solo. Y me parece que es absolutamente esencial estar solo por completo, sin influencia; porque es únicamente entonces que podemos descubrir por nosotros mismos lo que es verdad, no sólo en este mundo de la consistencia diaria, sino también más allá de los valores de este mundo, más allá del pensamiento y el sentimiento, más allá de la medida. Tan sólo entonces sabremos si hay una realidad que está más allá del espacio y del tiempo; y ese descubrimiento es creación. Mas, para descubrir lo verdadero, tiene que haber este sentido de soledad, de libertad. No podéis viajar lejos si estáis atado a algo: a vuestro país, a vuestras tradiciones, a vuestro habitual modo de pensar. Es como estar atado a una estaca.

Si queréis pues descubrir lo que es verdad, tenéis que romper todas las ataduras e inquirir no sólo en lo exterior, en vuestra relación con las cosas y las personas, sino también interiormente, que es conocerse a sí mismo; no sólo superficialmente, en la conciencia de vigilia, sino también en lo inconsciente, en los ocultos rincones del cerebro y la mente. Eso requiere constante observación; y si observáis así, veréis que no hay verdadera división entre lo exterior y lo interior; pues el pensamiento, como una marea, fluye tanto hacia dentro como hacia fuera. Todo es el proceso único del autoconocerse. No podéis simplemente rechazar lo externo, porque no sois algo que está aparte del mundo. El problema del mundo es vuestro problema, y lo exterior e interior con las dos caras de la misma moneda. Los ermitaños, los monjes y las llamadas personas religiosas que rechazan el mundo, están meramente escapando, con todas sus disciplinas y supersticiones, hacia sus propias ilusiones.

Podemos ver que exteriormente no somos libres. En nuestros empleos, en nuestras religiones, en nuestros países, en nuestra relación con nuestras esposas, nuestros maridos, hijos, en nuestras ideas, creencias y actividades políticas, no somos libres. Interiormente tampoco lo somos, porque no sabemos lo que son nuestros motivos, nuestras ansias, nuestras compulsiones, las exigencias inconscientes. No hay, pues, libertad ni exterior ni interiormente, y eso es un hecho. Mas primero tenemos que ver ese hecho, y la mayoría de nosotros nos negamos a verlo; lo explicamos, lo recubrimos de palabras, de ideas, etc. El hecho es que tanto psicológica como exteriormente queremos seguridad. En lo exterior queremos estar seguros de nuestro empleo, de nuestra posición, de nuestro prestigio, de nuestras relaciones; y en lo interior queremos la misma seguridad; y, si un baluarte se destruye, acudimos a otro.

Así pues, percibiendo esta situación extraordinariamente compleja en que funcionan el cerebro y la mente, ¿cómo es posible trascender todo esto? Espero que estaré transmitiendo hasta qué callejón sin salida hemos llegado. La cuestión es: ¿nos enfrentamos alguna vez de veras con el hecho? El hecho es que el cerebro y la mente buscan seguridad en cualquier forma, y donde hay esta ansia de seguridad hay miedo. Nunca hacemos frente realmente a este hecho; decimos que es inevitable, o bien preguntamos cómo nos libraremos del miedo. Mientras que, si podemos encararnos de frente con el hecho, sin tratar de escapar, de interpretarlo o transformarlo, entonces el hecho actúa por sí mismo.

No sé si, psicológicamente, habréis llegado, experimentando hasta ahí, porque me parece que la mayoría de nosotros no nos damos cuenta hasta qué punto se han vuelto mecánicas nuestras mentes, nuestros cerebros; y no nos hemos preguntado si es posible hacer frente a ese hecho completamente, con intensidad.

Por favor, aclaremos bien que no estoy tratando de convenceros de nada; eso sería demasiado falto de madurez. Aquí no estamos haciendo propaganda, eso podemos dejarlo a los políticos, a las iglesias y a las otras gentes que venden cosas. No estamos vendiendo nuevas ideas, porque las ideas no tienen sentido; podemos jugar con ellas intelectualmente, pero no llevan a ninguna parte. Lo importante, lo que tiene vitalidad, es enfrentarse con un hecho; y el hecho es que la mente, todo nuestro ser, se ha mecanizado durante siglos. Todo pensamiento es mecánico; y para percibir ese hecho y trascenderlo, tiene primero uno que ver que es así.

Ahora bien, ¿cómo se pone uno en contacto, emocionalmente, con un hecho? Intelectualmente puedo decir que sé que bebo y que es muy malo beber tanto en lo físico como en lo emocional y psicológico- y sin embargo sigo bebiendo. Pero entrar en contacto emocionalmente con el hecho es una cosa muy distinta; entonces el contacto emocional con el hecho tiene una acción propia. Sabéis que, si lleváis largo tiempo conduciendo un coche, os adormecéis y decís: ‘tengo que despertar’, pero seguís conduciendo. Y entonces, más tarde, cuando pasáis peligrosamente cerca de otro coche, hay repentinamente un inmediato contacto emocional, y al punto despertáis y os desviáis a un lado para descansar un poco. ¿Habéis visto alguna vez un hecho repentinamente de la misma manera y entrado en contacto con él totalmente, por completo? ¿Habéis visto alguna vez en realidad una flor? Lo dudo, porque realmente no miramos una flor; lo que hacemos inmediatamente es ponerla en una categoría, darle un nombre, llamarla ‘una rosa’, tomarle el perfume, decir cuán hermosa es y dejarla a un lado como a lo ya conocido. El nombrar, la clasificación, la opinión, el juicio, la elección, todas esas cosas os impiden verla realmente.

Del mismo modo, para ponerse en contacto emocional con un hecho, es preciso no nombrar, no ponerlo en una categoría, no juzgarlo; tiene que cesar todo pensamiento, toda reacción. Sólo entonces podéis mirar. Tratad, alguna vez, de mirar una flor, un niño, una estrella, un árbol, o lo que queráis, sin todo el proceso del pensar, y entonces veréis mucho más. Entonces no habrá ninguna pantalla de palabras entre vosotros y el hecho, y por consiguiente habrá un contacto inmediato con el. Valorar, condenar, aprobar, poner en una categoría, ha sido nuestro ejercicio durante siglos; Y darse cuenta de todo esto es comenzar a ver un hecho.

Actualmente toda nuestra vida está confinada por el tiempo y el espacio, y nos inundan los problemas inmediatos. Nuestros empleos, nuestras relaciones personales, los problemas de los celos, del temor, la muerte, la vejez, etc., estas cosas llenan nuestras vidas. ¿Es capaz la mente, el cerebro, de trascender todo eso? Yo digo que sí, porque he experimentado con esto, lo he seguido hasta la mayor profundidad, lo he trascendido. Pero no es posible que aceptéis lo que dice el que habla, porque la aceptación carece de valor. Lo único que tiene valor es el que vosotros también emprendáis el viaje; mas para eso tiene que haber libertad al principio mismo, tiene que haber intención de descubrir, no de aceptar ni de dudar, sino de descubrir. Entonces veréis, al penetrar a fondo en la cuestión, que la mente puede ser libre; y sólo una mente libre así es la que puede descubrir lo verdadero.

Tal vez algunos de vosotros queráis hacer preguntas sobre lo que hemos estado diciendo. Ya sabéis, es muy difícil discutir, hacer preguntas. Para hacer la pregunta correcta tenéis que conocer vuestro problema. La mayoría de nosotros no conocemos nuestros problemas; nos movemos en la superficie, pero no encaramos de hecho el problema, y por eso hacemos preguntas erróneas. Si podemos discutir bien, entonces creo que ello será muy entretenido; se aprende mucho más jugando con el justo problema que siendo mortalmente serios acerca de cosas superficiales, como hacen la mayoría de las personas

Interlocutor: ¿Cómo hace uno para ponerse en contacto con un hecho emocionalmente?

Krishnamurti: Estar en contacto directo con algo exige un enfoque total, no meramente intelectual, emocional o sentimental. Requiere una comprensión total

Interlocutor: ¿No tiene uno que estar atento al dual proceso que se desarrolla dentro de nosotros todo el tiempo? Y ¿no es eso autoconocimiento?

Krishnamurti: Hemos usado las palabras ‘atento’, ‘dualidad’ y ‘autoconocimiento’. Observemos estas tres palabras, una por una, porque si no comprendemos esas tres palabras no podremos comunicarnos.

Pues bien, ¿qué significa estar ‘atento’? Escuchad esto, por favor, porque no es una mera sutileza; quiero dejar claro que ambos comprendemos las palabras que usamos. Podéis vosotros darle un significado y yo otro. Para mí, cuando uno pone plena atención, en eso no hay concentración; no hay exclusión. Sabéis cómo se ve forzado a mirar su libro un escolar que quiere mirar por la ventana; pero eso no es atención. Atención es ver por la ventana lo que ocurre fuera y también lo que tenéis delante. Observar sin exclusión es una cosa bastante difícil de hacer.

Luego, ¿qué queréis decir con ‘proceso dual’? Sabemos que hay un proceso dual, lo bueno y lo malo, odio y amor, etc. Y es muy difícil estar atento a estas cosas, ¿no es así? Y, ¿por qué establecemos este proceso dual? ¿Existe en realidad o es una invención cerebral para eludir el hecho? Soy violento, por ejemplo, o celoso, y eso me molesta, no me gusta; digo, pues, que no tengo que ser celoso, violento; lo cual es escapar del hecho, ¿verdad? El ideal es una invención del cerebro para escapar de ‘lo que es’; y así hay dualidad. Mas, si me enfrento por completo con el hecho de que soy celoso, entonces no hay dualidad. Afrontar el hecho implica que yo penetro en toda la cuestión de la violencia y los celos; y, o encuentro que me gusta, en cuyo caso el conflicto ha de continuar, o bien veo todas sus implicaciones y quedo libre del conflicto.

Ahora, ¿qué entendemos por ‘autoconocimiento’? ¿Qué significa ‘conocerse a sí mismo’? ¿Me conozco? ¿Es el yo una cosa estática, o está siempre cambiando? ¿Puedo conocerme? ¿Conozco a mi esposa, a mi marido, a mi hijo, o sólo conozco el cuadro creado por mi mente? Después de todo, no puedo conocer una cosa viviente, no puedo reducir una cosa viviente a una fórmula; lo único que puedo hacer es seguirla, sea donde fuere que ello pueda conducirme; y si la sigo, nunca puedo decir que la conozco. De modo que conocer el yo es seguirlo, seguir todos los pensamientos, los sentimientos, los motivos, y no decir ni por un momento ‘lo conozco’. Sólo podéis conocer algo que es estático, muerto.

Veis, pues, la dificultad de las tres palabras involucradas en esta pregunta: ‘atención’, ‘dualidad’ y ‘conocerse a sí mismo’. Si podéis comprender todas estas palabras, e ir aún más allá de ellas, entonces sabréis plenamente lo que significa hacer frente a un hecho.

Interlocutor: ¿Hay un medio para aquietar la mente?

Krishnamurti: Ante todo, cuando hacéis esa pregunta, ¿os dais cuenta de que vuestra mente está agitada? ¿Os dais cuenta de que nuestra mente jamás está quieta, que está constantemente parloteando? Ese es un hecho. La mente está hablando sin cesar, ya sea sobre algo o hablándose a sí misma; está activa todo el tiempo. ¿Por qué hace uno esa pregunta? Pensadlo conmigo por favor. Si es porque os dais cuenta parcialmente del parloteo y queréis escapar de ello, entonces lo mismo podríais tomar una droga, una píldora para adormecer la mente. Pero si estáis inquiriendo y realmente queréis descubrir por qué parlotea la mente, entonces el problema es enteramente distinto. Lo primero es una evasión; lo otro es seguir a ese parloteo hasta el fin.

Ahora bien, ¿por qué parlotea la mente? Por ‘parloteo’ queremos decir, ¿no es así?, que siempre está ocupada con algo: con la radio, con sus problemas, con su empleo, sus visiones, sus emociones, sus mitos. Pero ¿por qué está ocupada, y qué pasaría si no estuviera ocupada? ¿Habéis tratado alguna vez de no estar ocupado? Si lo habéis hecho, hallaréis que en el momento en que el cerebro no está ocupado hay temor. Porque ello significa que estáis solo. Si os encontráis sin ocupación, la experiencia es muy dolorosa, ¿verdad? ¿Habéis estado solo alguna vez? Lo dudo. Podéis caminar solo, estar sentado solo en el autobús, o solo en vuestro cuarto, pero vuestra mente está siempre ocupada, vuestros pensamientos siempre os acompañan. Cuando cesa la ocupación descubrió que estáis completamente solo, aislado, y ello es una cosa que amedrenta; y por eso la mente continúa parloteando, parloteando, parloteando.

El Estado Creativo de la Mente.

1ª Conversación en Paris 5 de Septiembre de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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