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El Estado Creativo de la Mente.

6ª Conversación en Paris 17 de Septiembre de 1961

Quisiera hablar de algo que me parece importante; es la cuestión de la mutación y el cambio. ¿Qué entendemos por cambio? Y ¿a qué nivel, a qué profundidad cambiamos? Evidentemente, el cambio es necesario; no sólo tiene que cambiar el individuo, sino también lo colectivo. No creo que haya ninguna mente colectiva, excepto los instintos raciales heredados y el conocimiento almacenado en el subconsciente; pero obviamente, la acción colectiva es necesaria. Mas para que esa acción colectiva sea completa, no discordante, el individuo tiene que cambiar en su relación con lo colectivo. En la acción misma del individuo que cambia, seguramente lo colectivo también cambiará. No son dos cosas separadas, opuestas entre sí, el individuo y lo colectivo, aunque ciertos grupos políticos tratan de separarlas y de forzar al individuo a ajustarse a lo llamado colectivo.

Si pudiéramos aclarar juntos todo el problema del cambio, cómo producir un cambio en el individuo y lo que ese cambio implica, entonces tal vez, en el acto mismo de escuchar, participando en la indagación, podría producirse un cambio sin vuestra volición. Para mí, un cambio deliberado, un cambio que es compulsivo, disciplinario, por conformidad, no es cambio en absoluto. La fuerza, la influencia, alguna nueva invención, la propaganda, un temor, un motivo, os compelen a cambiar; mas eso no es ningún cambio. Y aunque intelectualmente podáis asentir con facilidad a esto, os aseguro que es muy extraordinario el sondear la verdadera naturaleza del cambio sin motivo.

La mayoría de nosotros tenemos hábitos de pensamiento, de ideas, de inclinaciones físicas, tan fijos, tan profundamente arraigados, que parece casi imposible abandonarlos. Hemos establecido ciertos modos de comer, insistimos en ciertos alimentos, varias formas de vestir, hábitos físicos, hábitos emocionales y hábitos de pensamiento, etc.; y resulta realmente muy difícil producir un cambio profundo, radical, sin alguna amenaza compulsiva. El cambio que conocemos en siempre muy superficial. Una palabra, un gesto, una idea, un invento, pueden hacer que rompamos un hábito y nos ajustemos a una nueva norma, y creemos que hemos cambiado. Dejar una iglesia e incorporarse a otra, dejar de llamarse francés para llamarse europeo o internacionalista, esa clase de cambio es muy superficial; es mera cuestión de comercio, de intercambio. Un cambio en la manera de vivir, el emprender un viaje alrededor del mundo, el cambiar de ideas, de actitudes, de valores, todo este proceso me parece muy superficial, porque es resultado de alguna fuerza compulsiva, exterior o interior.

Podemos, pues, ver muy claramente que el cambiar debido a cualquier influencia exterior, por temor, o debido al deseo de lograr un resultado, no es un cambio radical. Y nosotros necesitamos un cambio completo, una tremenda revolución. Lo que necesitamos no es un cambio de ideas, de normas, sino romper, destruir por completo todas las normas. Podemos ver, históricamente, que todas las revoluciones, por muy prometedoras, por muy violentas que hayan sido al principio, terminan invariablemente en la repetición del viejo modelo; y que todos los cambios producidos por la compulsión del temor o de la recompensa, de la ganancia, son simplemente otra adaptación. Y tiene que haber un cambio, porque no podéis seguir viviendo con estas actitudes, creencias y dogmas mezquinos, estrechos, limitados. Tienen que ser destruidos, quebrantados. Y ¿cómo van a ser quebrantados? ¿Cuáles son los procesos que romperán totalmente la formación de hábitos? ¿Es posible no tener norma alguna, no dejar un hábito para establecer otro?

Si hasta aquí se ha comprendido toda la cuestión, entonces podemos proceder a descubrir si es posible obtener una cualidad de la mente o el cerebro que sea siempre fresca, siempre joven, nueva, que jamás cree un hábito de pensamiento, ni se aferre a un dogma o creencia. Me parece, pues, que tenemos que inquirir acerca de todo el armazón de la conciencia en que funcionamos. El total de nuestra conciencia, la oculta y la superficial, funciona dentro de un marco, un límite; y la cuestión con que nos enfrentamos es la destrucción de los límites. No es simplemente cuestión de cambiar de modo de pensar; porque podéis pensar de una nueva manera, como el más reciente comunista, o adoptar una nueva creencia; pero ello estará aún dentro del marco de la conciencia, del pensamiento; y el pensamiento es siempre limitado. De modo que un cambio en la norma de pensamiento no es la destrucción de las limitaciones de la conciencia.

La mayoría de nosotros estamos muy satisfechos con un ajuste superficial y creemos que es un progreso el aprender una nueva técnica, un nuevo idioma, conseguir un nuevo empleo, hallar otra manera de ganar dinero, o entablar una nueva relación cuando la antigua se vuelve fastidiosa. Para la mayoría de nosotros la vida está en ese nivel: adaptación, compulsión, romper con las viejas normas y quedar presos en otras nuevas. Pero eso no es cambio en absoluto, y las presentes circunstancias humanas reclaman una completa revolución, una mutación total. Tenemos pues que penetrar mucho más hondo en la conciencia para descubrir si es posible producir un cambio radical, de modo que se rompan las limitaciones del pensamiento y quede libre la conciencia.

Tal vez superficialmente, conscientemente, podáis borrar un poco lo que está sobre la pizarra; pero limpiar los profundos recovecos del propio corazón y mente, lo oculto, lo inconsciente, parece casi imposible ¿no es verdad? Porque no sabéis lo que hay allí; la mente superficial no puede penetrar en el oscuro depósito de la memoria. Pero ello tiene que ser hecho.

Espero que no os limitaréis a seguir todo esto verbal, intelectualmente, porque ese sería un estúpido juego; sería como jugar con cenizas. Mas, si seguís experimentalmente, ‘factualmente’ no al que habla, sino el experimento que vosotros mismos estáis realizando- entonces creo que ello tendrá gran valor. Así que ¿cómo podemos entrar en lo inconsciente, en los ocultos rincones del propio corazón, mente y cerebro? Los psicólogos y los analistas tratan de retrotraeros a la infancia y todo lo demás; pero esto no resuelve en absoluto el problema fundamental, porque existe el intérprete, el que evalúa, y os estaréis ajustando simplemente de nuevo a una norma. Hablamos de destruir las normas por completo, porque las normas son sencillamente las experiencias de millares de años, forzadas sobre el cerebro, que es fantásticamente sensible y adaptable, por repetición.

¿Cómo haremos, pues, para romper las normas? Ante todo, tenemos que estar seguros de que el proceso analítico seguido por el psicólogo, el analista o por vosotros mismos, carece de valor cuando lo que nos interesa es la completa transformación, la mutación completa. Puede tener algún valor al capacitar a una persona mentalmente enferma para adaptarse más a la presente malsana sociedad; pero no estamos hablando de eso. Antes de poder seguir adelante, tenemos que estar completamente seguros de que el análisis no puede producir una revolución total en la conciencia. ¿Qué está implicado en el análisis? Tanto si os lo hace otra persona como si lo hacéis vosotros mismos, siempre hay el observador y lo observado ¿no es verdad? Existe el observador, que vigila, critica, censura; y él está interpretando lo que observa de acuerdo con una serie de valores que ya tiene. Hay pues una división entre el observador y lo observado, un conflicto; y si el observador no observa con precisión, hay un falseamiento, y este falseamiento se lleva en adelante indefinidamente, causando más profunda incomprensión. No termina pues nunca el error de cálculo en el análisis. De eso podéis estar absolutamente seguros; seguros en el sentido de que podéis ver que ese no es el buen camino para liberar la conciencia.

De modo que si, no sabiendo cuál es el correcto enfoque, podemos sin embargo rechazar el enfoque falso, entonces la mente se halla en un estado de negación ¿no es así? Me pregunto si habréis ensayado alguna vez el pensar negativo. La mayor parte de nuestro pensar es positivo, que también incluye cierta forma de negación. Nuestro pensar se basa actualmente en el miedo, en la ganancia, en la recompensa, en la autoridad; pensamos de acuerdo a una fórmula, y ese pensar es positivo, con sus propias negaciones. Pero nosotros estamos hablando de negar lo falso sin saber qué es verdadero. ¿Podemos decirnos: ‘sé que el análisis es falso, que no destruirá las limitaciones de la conciencia ni producirá una mutación, de modo que no lo consentiré’? O bien, ‘sé que el nacionalismo es un veneno, tanto si es el de Francia como el de Rusia o la India, de modo que lo rechazo. Sin saber qué otra cosa puede haber, puedo ver que el nacionalismo es un mal’. Y para ver que los dioses, los salvadores, las ceremonias que el hombre ha inventado, tanto si son de hace diez mil años, de dos mil años, o de los últimos cuarenta años, para ver que carecen de validez y para rechazarlos por completo, para eso hace falta una mente, un cerebro, muy claros, que no tengan miedo en su negación. Y entonces, al negar lo que es falso, estáis ya empezando a ver lo que es verdadero ¿no es así? Para ver lo verdadero tiene que haber primero negación, la negación de lo que es falso. No sé si estáis siguiendo todo esto.

Para descubrir qué es la belleza, tenéis que negar toda la belleza que el hombre ha creado. Para experimentar la esencia de la belleza, tiene que haber primero la destrucción de todo lo que se ha creado hasta ahora; porque la expresión, por muy maravillosa que sea, no es belleza. Para descubrir qué es la virtud, que es cosa extraordinaria, tiene que eliminarse por completo la moral social de la respetabilidad, con todos sus necios tabúes sobre lo que debéis y no debéis hacer. Cuando veis y rechazáis lo que es falso, sin saber de antemano lo que es verdadero, entonces en eso está el auténtico estado de negación. Sólo la mente y el cerebro vacíos de lo falso pueden descubrir lo verdadero.

De modo que si el proceso analítico no rompe el marco dentro del cual funciona la conciencia, si habéis rechazado ese proceso, entonces tenéis que preguntaros cuáles son las demás cosas falsas que hay que negar. Espero estéis siguiendo todo esto.

Seguramente, la otra cosa que hay que negar es la de manda de un cambio. ¿Por qué queremos un cambio? Nunca reclamáis un cambio si las condiciones actuales os convienen, os satisfacen. No queréis una revolución si tenéis un millón de dólares. No queréis una revolución si estáis cómodos, si sois burgueses, establecidos en la sociedad con vuestra esposa, vuestro marido, vuestros hijos. Decís entonces: ‘¡por Dios, dejadlo todo en paz!’ Sólo queréis un cambio cuando estáis molestos, descontentos, cuando queréis más dinero, una casa mejor. De modo que si penetráis en ello muy hondamente, veis que nuestra demanda de cambio es la exigencia de una vida más cómoda, más ventajosa. Se basa en un motivo, adquirir una nueva clase de confort, de seguridad. Ahora bien, si consideréis falso ese proceso, como debéis considerarlo, si queréis descubrir qué es verdadero ¿existe entonces la búsqueda de un cambio? ¿Existe siquiera una búsqueda?

Al fin y al cabo, todos los que estáis aquí queréis descubrir ¿no es así? ¿Qué buscáis y por qué buscáis? Si entráis en ello a fondo, hallaréis que estáis descontentos de las cosas como están, y queréis algo nuevo. Y lo nuevo tiene que ser siempre satisfactorio, consolador, tranquilizante, seguro. Las personas llamadas religiosas buscan a Dios. Por lo menos ellas así lo dicen. Pero la busca implica seguramente algo que habéis perdido, algo que habéis conocido y que queréis recobrar. ¿Cómo podéis buscar a Dios? No sabéis nada sobre Dios, excepto lo que se os ha dicho, que es propaganda. La iglesia sigue por la propaganda, y los comunistas también. Pero no sabéis nada sobre Dios; y para descubrir tenéis primero que negar totalmente, dejar de lado toda forma de propaganda, todos los engaños que las iglesias y otros han urdido.

Así pues, para que se produzca la completa mutación en la conciencia, tenéis que rechazar el análisis y la búsqueda, no estar más bajo ninguna influencia, lo cual es enormemente difícil. La mente, viendo lo que es falso, lo ha dejado de lado por completo, sin saber qué es verdadero. Si ya conocéis lo verdadero, entonces estáis meramente cambiando lo que consideráis falso por lo que imagináis verdadero. No hay renunciación si sabéis lo que vais a recibir a cambio. Sólo hay renunciación cuando dejáis algo sin saber lo que va a pasar. Ese estado de negación es completamente necesario. Os ruego sigáis esto con cuidado, porque, si habéis llegado hasta aquí, veréis que en ese estado de negación descubrís lo que es verdadero; porque la negación consiste en vaciar la conciencia de lo conocido.

Después de todo, la conciencia se basa en el conocimiento, la experiencia, la herencia racial, la memoria, en las cosas que uno ha experimentado. Las experiencias siempre son del pasado, actuando sobre el presente, son modificadas por el presente y continúan en el futuro. Todo eso es la conciencia, el vasto depósito de siglos. Tiene su utilidad solamente en el vivir mecánico. Sería absurdo negar todo el conocimiento científico adquirido a lo largo del dilatado pasado. Pero para producir una mutación en la conciencia, una revolución en toda esta estructura, tiene que haber vacío completo. Y ese vacío únicamente es posible cuando hay descubrimiento, cuando de hecho se ve qué es falso. Entonces veréis, si habéis llegado hasta ahí, que el vacío mismo produce una revolución completa en la conciencia; se ha realizado.

Como sabéis, muchos de nosotros tenemos miedo, nos espanta estar solos. Siempre queremos una mano en qué apoyarnos, una idea a que asirnos, un Dios que adorar. Nunca estamos solos. En nuestro cuarto, en un ómnibus, tenemos la compañía de nuestros pensamientos, de nuestras ocupaciones; y cuando estamos con otras personas, nos adaptamos al grupo, a la compañía. Realmente nunca estamos solos, y para la mayoría de las personas, sólo pensar en ello es espantoso. Mas la mente, el cerebro que están completamente solos, vacíos de toda exigencia, de toda forma de ajuste, de toda influencia, vaciados por completo, sólo una mente así descubre que ese mismo vacío es mutación.

Os aseguro que todo nace de lo vacío; todo lo nuevo surge de esta vasta, inconmensurable, insondable sensación de vacuidad. Esto no es romanticismo, no es una idea, no es una imagen, no es una ilusión. Cuando negáis por completo lo falso sin saber lo que es verdadero, entonces hay una mutación en la conciencia, una revolución, una transformación total. Acaso entonces ya no exista la conciencia tal corno la conocemos, sino algo enteramente distinto; esa conciencia, ese estado, puede vivir en este mundo, porque no estamos negando el conocimiento mecánico. De modo que, si habéis penetrado en ello, ahí está.

Pero la mayoría de nosotros queremos un cambio que es sólo una continuidad modificada. En eso no hay nada nuevo. En eso no hay mente fresca, joven. Y sólo la mente fresca, inocente, joven, es la que puede descubrir lo que es verdadero; y sólo a una mente así, libre de lo conocido, puede llegar lo Innombrable, lo Incognoscible.

Pregunta: Si unto percibe lo falso como falso, y lo deja, ¿es eso negación, o hay algo más en ella?

Krishnamurti: Creo que hay algo más que eso en la negación. ¿Qué es lo que os hace negar, cuál es la razón, el motivo? Lo que os impulsa a rechazar algo es el miedo o bien el provecho. Si ya no os consuela vuestra iglesia, ingresáis a otra, o a alguna estúpida secta. Pero si rechazáis toda clase de iglesia, toda forma de aferrarse a algo que os dé consuelo, sin saber a dónde os va a llevar, en ese estado de incertidumbre, en ese estado de peligro, entonces eso es negación. Eso requiere una percepción muy clara de que cualquier organización religiosa es perjudicial, es algo feo, que mantiene al hombre en cautiverio; y, cuando negáis eso, negáis todas las organizaciones espirituales. Y eso significa que tendréis que estar solo ¿no es así? En cambio, todos vosotros queréis pertenecer a una u otra cosa, llamaros franceses, ingleses, alemanes, católicos, protestantes, y todas las demás cosas. Instar completamente fuera de todo eso es negación.

Pregunta: ¿Cómo podemos vivir prácticamente en este mundo, cuando llegamos a ese sentimiento de vacuidad?

Krishnamurti: Ante todo, ¿llegáis a eso? Y además, nosotros no hemos negado el conocimiento mecánico, ¿verdad? Debéis tener conocimiento mecánico para vivir en este mundo, para ir a vuestra oficina, para funcionar como ingeniero, como electricista, violinista o lo que queráis. Estamos hablando de una revolución en la conciencia, en la psiquis, en el ser entero. El conocimiento técnico superficial, la maquinaria mecánica del funcionamiento del empleo diario, eso lo debéis tener. Pero si la mente que utiliza este conocimiento técnico no es completamente libre, no se halla en estado de mutación, entonces el mecanismo superficial se vuelve destructivo, nocivo, feo, brutal; y eso es lo que está pasando en el mundo.

Pregunta: ¿Podéis decirnos otra vez por qué es erróneo el análisis? No lo he comprendido bien.

Krishnamurti: Vamos a considerarlo de otro modo. ¿Qué son los sueños? ¿Por qué soñamos? No me estoy desviando de la cuestión. Soñáis porque durante el día tenéis el cerebro tan ocupado, que no tiene la quietud en la cual y con la cual pueda profundizar. Y ya sabéis cómo está ocupado: con el empleo, la competencia, con mil cosas. De modo que, mientras estáis dormidos, hay insinuaciones, intimaciones de lo inconsciente, que se convierten en símbolos, sueños; y, al despertar, los recordáis y tratáis de interpretarlos o de que os los interprete otro. Ya conocéis todo este proceso. Pero ¿por qué soñáis siquiera? ¿Por qué habéis de soñar? ¿No es acaso el sonar si puedo usar la palabra- falso? Porque, si sois observadores, si os dais cuenta de todo lo que pasa alrededor y dentro de vosotros en todas las horas de vigilia, entonces, en esa vigilancia dejáis al descubierto todo a medida que avanzáis, todos los motivos inconscientes salen a la mente consciente y son comprendidos, deseos, impulsos. Entonces, cuando dormís, no es posible soñar; entonces el dormir tiene otro significado completamente distinto. Lo mismo pasa con el análisis. Si podéis percibir el proceso total del análisis de una ojeada y efectivamente podéis- entonces veis muy bien que mientras haya un observador, un censor que interpreta, el análisis tiene siempre que ser falso. Porque la condenación o la aprobación que formula el censor se basa en su condicionamiento.

Pregunta: Habláis de librarse de toda influencia; pero, ¿no están influyendo sobre nosotros estas reuniones?

Krishnamurti: Si el orador os está influenciando, entonces lo mismo podríais ir al cine, a la iglesia, o a ‘misa’. Si sois influido por el que habla, entonces estáis creando autoridad; y cualquier forma de autoridad os impide comprender lo real, lo verdadero. Y si sois influenciados por el que habla, no habéis comprendido lo que él ha estado diciendo durante la hora pasada, o los últimos treinta años. Estar libre de toda influencia de los libros que leéis, los periódicos, el cine, la educación que habéis tenido, la sociedad a que pertenecéis, la influencia de la iglesia-, darse cuenta de todas las influencias y no quedar atrapado en ninguna de ellas, eso es inteligencia. Eso requiere estar alerta, vigilante, darse cuenta de todo lo que pasa dentro, de toda reacción, lo cual significa no dejar pasar un sólo pensamiento sin conocer el contenido, el trasfondo, el motivo de ese pensamiento.

El Estado Creativo de la Mente.

6ª Conversación en Paris 17 de Septiembre de 1961

Jiddu Krishnamurti, El Estado Creativo de la Mente, conversaciones de J. Krishnamurti en Europa. Incluidas en el libro “There is No Thinker, only Thought”. Jiddu Krishnamurti en español.

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