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El Libro de la Vida

Marzo

La dependencia - El apego - La relación - El miedo

Una mente libre es humilde

¿Alguna vez ha investigado usted el problema de la dependencia psicológica? Si lo investiga a fondo, hallará que casi todos somos terriblemente solitarios. La mayoría de nosotros tiene mentes muy superficiales y frívolas. Muy pocos sabemos qué significa amar. Así, a causa de esa soledad, de esa insuficiencia, de esa privación vital, estamos apegados a algo, apegados a la familia; dependemos de ella.

Y cuando la esposa o el marido nos vuelven la espalda, cuando se apartan de nosotros, nos sentimos celosos. Los celos no son amor; pero el amor que la sociedad admite en la familia se considera respetable. Eso es otra forma de defensa, otra manera de escapar de nosotros mismos. Por lo tanto, la resistencia en cualquiera de sus formas engendra dependencia. Y una mente que depende jamás puede ser libre.

Ustedes necesitan ser libres, porque verán que una mente libre contiene en sí la esencia de la humildad. Esa mente libre y, por consiguiente, humilde, es la que puede aprender; no así una mente que ofrece resistencia. El aprender es algo extraordinario; aprender, no acumular conocimientos. Acumular conocimientos es una cosa por completo diferente. Lo que llamamos conocimiento es comparativamente fácil, porque es un movimiento de lo conocido a lo conocido. Pero aprender es un movimiento desde lo conocido a lo desconocido. Sólo así aprende uno, ¿verdad?

1 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Jamás cuestionamos el problema de la dependencia

¿Por qué dependemos? Psicológicamente, internamente, dependemos de una creencia, de un sistema, de una filosofa; pedimos a otro que nos indique una forma de conducta; buscamos instructores para que nos muestren un estilo de vida que pueda brindarnos cierta esperanza, cierta felicidad. Así, siempre vamos en busca de alguna clase de dependencia, de seguridad, ¿no es así? ¿Puede la mente liberarse alguna vez de este sentido de dependencia? Lo cual no quiere decir que la mente deba tratar de alcanzar la independencia; eso es sólo la reacción a la dependencia. No hablamos de independencia, de libertad con respecto a un estado en particular. Si somos capaces de investigar sin la reacción que implica el procurar librarnos de un estado particular de dependencia, entonces podemos penetrar más profundamente en ello [...]. Aceptamos la necesidad de la dependencia, decimos que es inevitable. Jamás hemos cuestionado todo el asunto, por qué cada uno de nosotros busca alguna clase de dependencia. ¿No es porque, en el fondo, lo que realmente exigimos es permanencia, seguridad? Hallándonos en un estado de confusión, anhelamos que alguien nos saque de esta confusión. Por eso, estamos siempre interesados en cómo escapar del estado en que nos encontramos, o en cómo evitar tal estado. En el proceso de evitarlo, estamos obligados a crear alguna clase de dependencia, la cual se convierte en nuestra autoridad. Si para nuestra seguridad, para nuestro bienestar interno, dependemos de otro, esa dependencia da origen a innumerables problemas; y entonces tratamos de resolver tales problemas, los problemas del apego. Pero jamás cuestionamos, jamás investigamos el problema de la dependencia misma. Quizá si pudiéramos, inteligentemente, con plena percepción alerta, investigar esta cuestión, seríamos capaces de descubrir que la dependencia no es en absoluto el problema, que ella es tan sólo un modo de escapar de un hecho más profundo.

2 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IX

Hay un factor más profundo que nos hace depender

Sabemos que somos dependientes; dependemos, ya sea de nuestra relación con la gente, o de alguna idea, o de un sistema de pensamiento. ¿Por qué?

... En realidad, no creo que la dependencia sea el problema; pienso que hay algún otro factor más profundo que nos hace depender. Y que si pudiéramos descubrirlo, tanto la dependencia como la lucha por librarnos de ella significarían muy poco, y todos los problemas que surgen a causa de la dependencia se disiparían. Entonces, ¿cuál es el factor más profundo? ¿Es que la mente detesta, teme la idea de estar sola? Y ¿conoce la mente ese estado que ella procura evitar? En tanto ese sentimiento de soledad no sea realmente comprendido, percibido, investigado, disuelto ‑cualquiera que sea el nombre que prefieran usar-, en tanto permanezca, la dependencia es inevitable, y uno jamás puede ser libre; uno jamás podrá descubrir por sí mismo aquello que es verdadero, aquello que es religión.

3 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IX

Tornarse profundamente alerta

La dependencia pone en marcha el movimiento de desapego y apego, un constante conflicto que no comprendemos y del cual no podemos liberarnos. Usted debe tornarse consciente del proceso de apego y dependencia, percibirlo sin condenarlo, sin juzgarlo, y entonces percibirá el significado del conflicto de los opuestos. Si se torna profundamente alerta y conscientemente dirige el pensamiento para comprender el sentido pleno de la necesidad, de la dependencia, su mente consciente estará abierta y lúcida al respecto; entonces la subconsciente, con sus motivos ocultos, sus búsquedas e intenciones, se proyectará en la consciente. Cuando ocurre esto, usted debe estudiar y comprender cada insinuación del subconsciente. Si lo hace muchas veces y llega a percibir las proyecciones del subconsciente, después de que lo consciente ha considerado el problema de la manera más clara posible, entonces, aun cuando conceda su atención a otros asuntos, lo consciente y lo subconsciente resolverán el problema de la dependencia o cualquier otro problema. De este modo, se ha establecido una constante percepción alerta, la cual, con paciencia y delicadeza, dará origen a la integración; y si su salud y su dieta son las correctas, esto generará a su vez la plenitud del ser.

4 de marzo; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

La relación

La relación basada en necesidades mutuas sólo trae conflicto. Por interdependientes que seamos, nos usamos el uno al otro para un propósito, para una finalidad. Con una finalidad en perspectiva, la relación es inexistente. Usted puede usarme y yo puedo usarle. En esta utilización perdemos contacto. Una sociedad basada en la utilización mutua de sus miembros es el fundamento de la violencia. Cuando nos usamos el uno al otro, sólo tenemos la imagen del fin que deseamos obtener. El fin, el provecho, impide la relación, la comunión. En el uso que hacemos de otro, por satisfactorio y confortador que pueda ser, siempre hay miedo. Para evitar este miedo, tenemos que poseer. A causa de esta posesión, surgen la envidia, la suspicacia y el conflicto constante. Una relación así jamás puede ser fuente de felicidad

Una sociedad cuya estructura se basa en las meras necesidades, ya sean fisiológicas o psicológicas, tiene que engendrar conflicto, confusión y desdicha. La sociedad es la proyección de uno mismo en su relación con otro, relación en la que la necesidad y el uso mutuo son predominantes. Cuando usted usa a otro para sus propias necesidades físicas o psicológicas, en realidad no hay relación en absoluto; usted no tiene un verdadero contacto, una comunión verdadera con la otra persona. ¿Cómo puedo tener una comunión con el otro, cuando el otro es utilizado como un mueble para mi propia conveniencia y comodidad? Así pues, es esencial comprender el significado de la relación en la vida cotidiana.

5 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

El «yo» es la posesión

El renunciamiento, el autosacrificio, no es un gesto de grandeza para ser exaltado y copiado. Poseemos porque sin la posesión nada somos. Las posesiones son muchas y muy variadas. Uno que no posee cosas mundanas puede estar apegado al conocimiento, a las ideas; otro puede estar apegado a la virtud, otro a la experiencia, otro al nombre y a la fama, etc. Sin posesiones, el «yo» no existe; el «yo» es la posesión, los muebles, la virtud, el nombre. En su miedo a no ser, la mente se apega al nombre, a los muebles, al mérito; y abandonará estas cosas con el fin de alcanzar un nivel superior, siendo eso superior lo más gratificante, la más permanente. El miedo a la incertidumbre, a no ser, contribuye al apego, a la posesión. Cuando la posesión es insatisfactoria o penosa, renunciamos a ella por un apego más placentero. La máxima posesión satisfactoria es la palabra Dios, o su sustituto, el Estado.

... En tanto tenga uno renuencia a ser nada, que es lo que ocurre con ustedes, debe inevitablemente engendrar dolor y antagonismo. La buena disposición a ser nada no es una cuestión de renunciamiento, de esfuerzo interno o externo, sino de ver la verdad de lo que es. El hecho de ver la verdad de lo que es nos libera del miedo a la inseguridad, del miedo que engendra apego y nos lleva a la ilusión del desapego, de la renunciación. El amor a lo que es, es el principio de la sabiduría. Sólo el amor comparte, sólo en el amor hay comunión; pero el renunciamiento y el autosacrificio son los caminos del aislamiento y de la ilusión.

6 de marzo; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie I

Explotar es ser explotado

Dado que la mayoría de nosotros busca el poder en una forma u otra, se establece el principio jerárquico: el novicio y el iniciado, el discípulo y el Maestro, y aun entre los Maestros hay rangos de desarrollo espiritual. A casi todos nos gusta explotar y ser explotados, y este sistema ofrece los medios, tanto los ocultos como los evidentes. Explotar es ser explotado. El deseo de usar a otros para nuestras necesidades psicológicas contribuye a la dependencia, y cuando uno depende, debe retener, poseer; y aquello que poseemos nos posee. Sin la dependencia, sutil o grosera, sin poseer cosas, personas e ideas, uno se siente vacío, siente que carece de importancia. Uno quiere ser algo, alguien, y para evitar la roedura del miedo a ser nada pertenece a ésta o a aquella organización, a esta iglesia o a ese templo. Así es uno explotado y, a su vez, explota.

7 de marzo; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie I

El cultivo del desapego

Sólo existe el apego; no hay tal cosa como el desapego. La mente inventa el desapego como una reacción a las penas del apego. Cuando reaccionamos al apego volviéndonos «desapegados», nos apagamos a alguna otra cosa. Por lo tanto, todo ese proceso es un solo proceso de apego. Nos apagamos a nuestra esposa o a nuestro marido, a nuestros hijos, a las ideas, a la tradición, a la autoridad y demás; y nuestra reacción a ese apego es el desapego. El cultivo del desapego es la consecuencia del dolor, de la pena. Queremos escapar del sufrimiento que genera el apego, y nuestro escape consiste en encontrar algo a lo que pensamos que podemos apegarnos. Así que sólo existe el apego, y es una mente tonta la que cultiva el desapego. Todos los libros dicen: «Desapégate», pero ¿cuál es la verdad en esto? Si uno observa su propia mente, verá una cosa extraordinaria: que al cultivar el desapego, la mente termina por apegarse a alguna otra cosa.

8 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El apego es autoengaño

Somos las cosas que poseemos, somos aquello a lo que estamos apegados. El apego carece de nobleza. El apego al conocimiento no es diferente de cualquier otra afición gratificadora El apego es ensimismamiento, ya sea en el nivel más bajo o en el más elevado. El autoengaño es una forma de escapar de la oquedad del «yo». Las cosas a las que estamos apegados: la propiedad, la gente, las ideas, se vuelven sumamente importantes, porque sin las muchas cosas con que llena su vacuidad, el «yo» no existe. El miedo a no ser contribuye a la posesión; y el miedo engendra ilusión, esclavitud a las conclusiones. Las conclusiones, materiales o ideales, impiden que fructifique la inteligencia, la libertad; y sólo en libertad puede tener existencia lo real. Sin esta libertad, la astucia es tomada por inteligencia Las formas que adopta la astucia son siempre complejas y destructivas

Esta astucia autoprotectora es la que contribuye al apego; y cuando el apego causa sufrimiento, es esta misma astucia la que busca el desapego y encuentra placer en el orgullo y la vanidad del renunciamiento. La comprensión de las formas de la astucia de las modalidades del «yo», es el principio de la inteligencia.

9 de marzo; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serte I

Enfrentarse al hecho y ver qué ocurre...

Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.

Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.

Si vemos que es absolutamente inútil tratar de disimularlo, completamente inútil, si vemos eso no verbalmente, no con convicción y, por lo tanto, no con conformidad y determinación, sino que vemos el total absurdo de ello... entonces nos enfrentamos a un hecho. No es cuestión de cómo librarnos de la dependencia, lo cual no es un hecho, es sólo una reacción a un hecho [...]. ¿Por qué no me enfrento al hecho y veo qué ocurre?

Ahora se suscita el problema del observador y lo observado. El observador dice: «Estoy vacío, no me gusta», y escapa de ello. El observador dice: «Yo soy diferente de la vacuidad». Pero el observador es la vacuidad; no existe ahí la vacuidad vista por un observador. El observador es lo observado. Cuando eso ocurre, hay una tremenda revolución en el pensar, en el sentir.

10 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Volumen XVI

El apego es un escape

Trate simplemente de prestar atención a su condicionamiento. Usted sólo puede conocerlo indirectamente, en relación con otra cosa. No puede percibir su condicionamiento como una abstracción, porque entonces eso es meramente verbal, sin mucha significación. Sólo somos conscientes del conflicto. El conflicto existe cuando no hay integración entre el reto y la respuesta. Este conflicto es el resultado de nuestro condicionamiento. El condicionamiento es apego: apego al trabajo, a la tradición, a la propiedad, a las personas, a las ideas, etcétera. Si no hubiera apego, ¿habría condicionamiento? Por supuesto que no. Entonces, ¿por que estamos apegados? Estoy apegado a mi país, porque mediante mi identificación con él llego a ser «alguien». Me identifico con mi trabajo, y el trabajo se vuelve importante. Soy mi familia, mi propiedad; estoy apegado a ellas. El objeto de mi apego me ofrece los medios para escapar de mi propia vacuidad. El apego es un escape, y es un escape que fortalece el condicionamiento.

11 de marzo; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie II

Estar solo

Estar solo, lo cual no es una filosofía de la soledad, implica hallarse en un estado de revolución interna contra toda la estructura social; no sólo la de esta sociedad, sino la de la sociedad comunista, la fascista, toda forma de sociedad como brutalidad y poder organizados. Y eso significa una percepción extraordinaria de los efectos del poder. Señor, ¿ha reparado usted en aquellos soldados ensayando? Ya no son más seres humanos, son máquinas, son nuestros hijos de pie allá bajo el sol. Esto está ocurriendo aquí en Estados Unidos, en Rusia, en todas partes, no sólo en el nivel gubernamental, sino también en el monástico, el que pertenece a los monasterios, a las órdenes, a los grupos que emplean un poder asombroso. Sólo la mente que no pertenece a nada puede estar creativamente sola. Y esa soledad no es algo que pueda cultivarse. ¿Ve usted esto? Cuando lo ve en su totalidad, está fuera de ello, y ningún gobernador o presidente lo invitará a cenar. A causa de esa soledad creativa hay humildad. Esta soledad conoce el amor; el poder no lo conoce. El hombre ambicioso, ya sea el hombre religioso o el común, jamás sabrá qué es el amor. En consecuencia, si uno ve todo esto, posee la cualidad del vivir total y, por ende, la de la acción total. Esto llega por obra del conocimiento propio.

12 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

El anhelo es siempre anhelo

Para evitar el sufrimiento cultivamos el anhelo. Estando prevenidos de que el apego tarde o temprano acarrea dolor, queremos desapegarnos. El apego es satisfactorio, pero al percibir el dolor que lleva en sí, queremos satisfacernos de otra manera, por medio del desapego. El desapego es lo mismo que el apego en tanto depare satisfacción. Lo que realmente buscamos, pues, es satisfacción; anhelamos estar satisfechos por cualquier medio que sea.

Dependemos o nos apagamos porque ello nos brinda placer, seguridad, poder, una sensación de bienestar, aunque involucre dolor y miedo. Buscamos el desapego también por placer, a fin de no ser lastimados, heridos internamente. Nuestra búsqueda es de placer, gratificación. Sin condenar ni justificar, debemos tratar de comprender este proceso, porque a menos que lo comprendamos, no hay salida para nuestra confusión y nuestras contradicciones. ¿Puede nuestro anhelo satisfacerse alguna vez o es un abismo sin fondo? Ya sea que anhelemos lo bajo o lo alto, el anhelo es siempre anhelo, una llama ardiente, y lo que puede ser consumido por ella, pronto se convierte en cenizas; pero el anhelo de satisfacción permanece ahí, ardiendo siempre, consumiendo siempre; no termina jamás. El apego y el desapego atan por igual, y ambos deben ser transcendidos.

13 de marzo; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

Una intensidad libre de todo apego

En el estado de pasión sin causa, hay una intensidad libre de todo apego; pero cuando la pasión tiene una causa, hay apego, y el apego da comienzo al dolor. Casi todos estamos apegados; nos apagamos a una persona, a un país, a una creencia a una idea, y cuando nos quitan el objeto de nuestro anhelo o de algún modo éste pierde su importancia, nos sentimos vacíos, insuficientes. Tratamos de llenar esta vacuidad aterrándonos a algo distinto, a algo que de nuevo se convierte en el objeto de nuestra pasión.

14 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

La relación es un espejo

Por cierto, sólo en la relación se revela el proceso de lo que uno es, ¿verdad? La relación es un espejo en el que me veo tal como soy; pero como a muy pocos nos gusta ver lo que somos, comenzamos a disciplinar, positiva o negativamente, lo que percibimos en el espejo de la relación. O sea, descubro algo en la relación, en las acciones de la relación, y eso no me gusta. Empiezo, pues, a modificar lo que no me gusta, lo que percibo como desagradable. Deseo cambiarlo, lo cual significa que ya tengo un modelo de lo que yo debería ser. Tan pronto hay un modelo de lo que uno debería ser, no hay comprensión de lo que uno es. En el momento en que tengo una imagen de lo que deseo ser, o de lo que debo ser, o de lo que no debo ser ‑un patrón conforme al cual deseo cambiarme a mí mismo- es obvio que no comprendo lo que soy en el instante de la relación.

Pienso que es de veras importante comprender esto, porque entiendo que es aquí donde casi todos nos extraviamos. No queremos saber lo que realmente somos en un momento dado de la relación. Si sólo nos interesa nuestro propio mejoramiento, no hay comprensión de nosotros mismos de lo que es.

15 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El sentido de la relación

La relación es inevitablemente penosa, lo cual se demuestra en nuestra existencia diaria. Si en la relación no hay tensión alguna, deja de ser una relación y se convierte en un mero, confortable estado de sopor, en un narcótico, y eso es lo que desea y prefiere la mayoría de la gente. El conflicto es entre este anhelo de comodidad y lo factual, entre la ilusión y la realidad. Si usted reconoce la ilusión como tal, puede desecharla y conceder así su atención completa a la relación, a fin de comprenderla. Pero si busca seguridad en la relación, ésta se vuelve una inversión utilitaria en la comodidad, en la ilusión, mientras que la grandeza de la relación es su misma inseguridad. Al buscar seguridad en la relación, uno está obstaculizando su verdadero sentido, lo cual trae consigo sus propias acciones y desgracias peculiares.

Por cierto, el sentido de la relación es revelar, en totalidad, el estado de nuestro propio ser. La relación es un proceso de autorrevelación, de conocimiento de nosotros mismos. Esta autorrevelación es dolorosa, exige un ajuste constante, flexibilidad del pensamiento‑emoción. Es una lucha penosa, con períodos esclarecidos de paz... Pero la mayoría de nosotros evita las tensiones en la relación, prefiriendo la tranquilidad y la comodidad o la satisfactoria dependencia, la seguridad exenta de retos, un ancladero confiable. Así, la familia y otras relaciones se convierten en un refugio, el refugio de la negligencia.

Cuando la inseguridad penetra furtivamente en la dependencia, como inevitablemente lo hace, entonces esa relación en particular es desechada y reemplazada por una nueva en la esperanza de hallar una seguridad perdurable; pero no hay seguridad en la relación, y la dependencia sólo engendra miedo. Sin comprender el proceso de seguridad y miedo, la relación llega a ser un impedimento que ata, una cuestión de ignorancia. Entonces, toda la existencia es lucha y dolor, y no hay forma de salir de eso, salvo con el recto pensar, el cual llega a través del conocimiento propio.

16 de marzo; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

¿Cómo puede haber verdadero amor?

La imagen que usted tiene con respecto a una persona, la que tiene de sus políticos, del primer ministro, de su dios, de su esposa, de sus hijos... esa imagen es lo que usted mira. Y esa imagen ha sido creada a través de su relación, o a causa de sus temores, de sus esperanzas. Los placeres sexuales y de otra clase que ha tenido con su mujer, los enojos, los halagos, el bienestar, todas las cosas que trae su vida de familia ‑¡vaya vida!‑, han creado una imagen de su esposa. Usted la mira con esa imagen. De igual modo, su esposa tiene una imagen de usted. Así que la relación entre usted y su esposa (o entre usted y el político) es, en realidad, la relación entre estas dos imágenes. ¿Correcto? Eso es un hecho. ¿Cómo pueden estas dos imágenes, que son el resultado del pensamiento, del placer, etcétera, sentir en modo alguno afecto o amor?

Así pues, la relación entre dos individuos, ya sea que vivan muy cerca o muy lejos, es una relación de imágenes, símbolos, recuerdos. Y en eso, ¿cómo puede haber verdadero amor?

17 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVII

Somos aquello que poseemos

Para comprender la relación, tiene que haber una percepción alerta y pasiva, la cual no destruye la relación. Por el contrario, la torna más vital, mucho más significativa. Entonces, en esa relación hay una posibilidad de verdadero afecto; hay calidez, un sentido de cercanía que no es mero sentimiento o sensación. Y si pudiéramos abordarlo todo de esa manera, o estar en una relación así con todo, entonces nuestros problemas serían fácilmente resueltos ‑los problemas de la propiedad, los problemas de la posesión-. Porque somos aquello que poseemos. El hombre que posee dinero es el dinero. El que se identifica con la propiedad es la propiedad, o la casa, o los muebles. Lo mismo con las ideas, o con las personas; y cuando hay afán posesivo, no existe relación alguna. Pero la mayoría de nosotros quiere poseer, ya que no tenemos nada más si no poseemos. Si no llenamos nuestra vida con muebles, con música, con conocimientos, con esto o aquello, somos cáscaras vacías. Esa cáscara hace mucho ruido, y a ese ruido lo llamamos vivir; y nos satisfacemos con eso. Y cuando se produce una interrupción, una ruptura de eso, hay dolor, porque súbitamente nos descubrimos tal como somos: una cáscara vacía, sin mucho sentido. La acción consiste, pues, en darnos cuenta de todo el contenido de la relación; y, a partir de esa acción, es posible una relación verdadera, es posible descubrir la gran profundidad, el inmenso significado de esa relación y saber qué es el amor.

18 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Estar relacionado

Sin relación, no hay existencia; ser es estar relacionado [...]. La mayoría de nosotros no parece darse cuenta de esto: que el mundo es mi relación con otros, ya sea con uno o con muchos. Mi problema es el problema de la relación. Lo que soy es lo que proyecto, y, desde luego, si no me comprendo a mí mismo, toda mi relación es una confusión cuyos círculos se amplían cada vez más. Así pues, la relación adquiere una importancia extraordinaria, no mi relación con la así llamada masa, con la multitud, sino en el mundo de mi familia y mis amigos, por reducido que sea ese mundo: mi relación con mi esposa, mis hijos, mi vecino. En un mundo de vastas organizaciones, enormes movilizaciones de personas, grandes movimientos de masas, tememos actuar en pequeña escala; nos atemoriza ser personas sin importancia que limpian y despejan su propia parcela. Nos decimos: «¿Qué puedo hacer personalmente? Para poder hacer reformas debo unirme a un movimiento de masas». Por el contrario, la verdadera revolución tiene lugar no por obra de movimientos de masas, sino por medio de una revolución interna de la relación; sólo ésa es una verdadera reforma, una revolución radical y constante. Tememos comenzar a actuar en una escala pequeña. Debido a que el problema es tan vasto, pensamos que debemos encararlo con gran cantidad de personas, con una gran organización, con movimientos de masas. Por cierto, tenemos que empezar a abordar el problema a una escala pequeña, y la escala pequeña es el «yo» y el «tú». Cuando me comprendo a mí mismo, comprendo al otro, gracias a esa comprensión adviene el amor. El amor es el factor ausente; hay falta de afecto, de calidez en la relación. A causa de que nos falta ese amor, esa ternura, esa generosidad, esa piedad en la relación, escapamos hacia la acción de masas, la cual produce más confusión, más desdicha. Llenamos nuestros corazones con planes para la reforma del mundo, y no prestamos atención a ese único factor resolutivo, que es el amor.

19 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El problema somos usted y yo, no el mundo

El mundo no es algo separado de usted y de mí; el mundo, la sociedad, es la relación que establecemos o procuramos establecer entre nosotros. Así pues, el problema somos usted y yo, no el mundo, ya que el mundo es la proyección de nosotros mismos, y para comprender el mundo debemos comprendernos a nosotros mismos. El mundo no se halla separado de nosotros; somos el mundo, y nuestros problemas son los problemas del mundo.

20 de marzo; La libertad primera y última

No hay tal cosa como el vivir solo

Queremos escapar de nuestra soledad con sus miedos aterradores, así que dependemos de otro, nos enriquecemos internamente con su compañía, etc. Nos consideramos, cada uno de nosotros, el motor primario, y a los demás, peones en nuestro juego; y cuando el peón se vuelve y exige algo a cambio, nos sobresaltamos y afligimos. Si nuestra propia fortaleza es resistente, sin un solo punto débil en ella, este golpeteo exterior tiene poca consecuencia para nosotros. Las tendencias peculiares que surgen con la edad avanzada deben ser comprendidas y corregidas mientras todavía somos capaces de una observación y un estudio imparcial y tolerante de nosotros mismos; nuestros miedos deben ser observados y comprendidos ahora. Nuestras energías deben ser dirigidas, no tan sólo a la comprensión de las presiones y exigencias externas de las que somos los responsables, sino a la comprensión de nosotros mismos, de nuestra soledad, nuestros temores, nuestras exigencias y debilidades.

No hay tal cosa como el vivir solo, porque todo vivir es relación; pero vivir sin una relación directa requiere suma inteligencia, una percepción alerta más rápida e intensa para el descubrimiento de nosotros mismos. Una existencia «solitaria», sin esta aguda y fluida percepción alerta, fortalece las tendencias ya dominantes, causando así desequilibrio y distorsión. Ahora es cuando uno debe darse cuenta de los hábitos fijos y peculiares del pensamiento‑sentimiento, hábitos que se manifiestan con la edad; debe comprenderlos y así acabar con ellos.

Unicamente las riquezas internas traen paz y felicidad.

21 de marzo; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

Liberarnos del miedo

¿Puede la mente vaciarse a sí misma y por completo del miedo? El miedo de cualquier clase engendra ilusión, embota la mente, la torna superficial. Donde hay miedo, es obvio que no hay libertad, y sin libertad no hay amor. Casi todos tenemos alguna forma de miedo, miedo a la oscuridad, a la opinión pública, miedo a las serpientes, al dolor físico, miedo a la vejez, miedo a la muerte. Tenemos literalmente docenas de miedos. Y Es posible estar por completo libres de miedo?

Podemos ver lo que el miedo nos hace a cada uno de nosotros. Nos hace mentir, nos corrompe de distintas maneras; torna a la mente vacua, trivial. En tanto uno tenga miedo, habrá en la mente rincones oscuros que jamás podrán ser investigados y expuestos. La autoprotección física, el impulso instintivo de mantenernos lejos de la serpiente venenosa, de retroceder ante el precipicio, de evitar caer bajo el tranvía, etc., es cuerdo, normal, sano. Pero yo me estoy preguntando acerca de la autoprotección psicológica que a uno le hace tener miedo de la enfermedad, de la muerte, de un enemigo. Cuando buscamos, en cualquier forma que sea, nuestra propia realización personal, ya sea mediante la pintura, la música, la relación, o lo que prefiera, hay siempre temor. Lo importante, pues, es darse cuenta de todo este proceso de uno mismo, observar, aprender al respecto, y no preguntar cómo podemos librarnos del miedo. Cuando uno desea tan sólo librarse del miedo, encontrará medios y arbitrios para escapar de él, y así jamás podremos vernos libres del miedo.

22 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. XIII

Enfrentarnos al miedo

Uno teme a la opinión pública, teme no lograr cosas, no realizarse, no tener la oportunidad; y a través de todo eso existe este sentimiento extraordinario de culpa ‑uno ha hecho algo que no debería haber hecho-; y está el sentimiento de culpa en el momento mismo de la acción; sentimiento de culpa porque uno es sano y otros son pobres y enfermos, porque uno tiene aliento y a otros les falta. Cuanto más inquiere la mente, cuanto más investiga y averigua, mayor es el sentimiento de culpa, de ansiedad [...]. El miedo es el impulso que origina la búsqueda de un Maestro, de un gurú; el miedo es esta capa de respetabilidad que todos aman tan profundamente ‑ser respetables-. ¿Usted determina ser valeroso para enfrentarse a los acontecimientos de la vida, o tan sólo racionaliza el miedo, encuentra explicaciones capaces de dar satisfacción a la mente atrapada en el miedo? ¿Cómo se enfrenta usted al miedo? ¿Enciende la radio, lee un libro, va a un templo, se aferra a alguna forma de dogma, de creencia?

El miedo es la energía destructiva en el hombre. Marchita la mente, distorsiona el pensamiento, conduce a toda clase de teorías extraordinariamente ingeniosas y sutiles, a supersticiones absurdas, dogmas y creencias. Si usted ve que el miedo es destructivo, ¿cómo procede para limpiar del miedo a la mente?

¿Dice que examinando la causa del miedo estaría libre del miedo? ¿Es así? Tratar de descubrir la causa y conocer la causa del miedo no elimina el miedo.

23 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

La puerta hacia la comprensión

Usted no puede extirpar el miedo sin comprenderlo, sin investigar realmente la naturaleza del tiempo, el cual implica el pensamiento, la palabra. De aquí surge la pregunta: ¿Hay un pensamiento sin la palabra, un pensar sin palabras, que son memoria? Señor, sin ver la naturaleza de la mente, el movimiento de la mente, el proceso del conocimiento propio, tiene muy poco sentido limitarse a decir que uno debe liberarse del miedo. Usted tiene que considerar el miedo en el contexto de la mente total. Para ver, para investigar todo esto, uno necesita energía. La energía requerida no llega por obra de lo que comemos ‑eso forma con parte de las necesidades físicas-. Pero el ver, en el sentido con que uso esa palabra, requiere una energía enorme; y esa energía se disipa cuando usted lucha con las palabras, cuando ofrece resistencia, cuando condena, cuando está lleno de opiniones que le impiden mirar, ver; toda su energía se ha ido en eso. Así pues, al considerar esta percepción, este ver, usted ha abierto la puerta hacia la comprensión.

24 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

El miedo nos hace obedecer

¿Por qué hacemos todo esto: obedecer, seguir, copiar? ¿Por qué? Porque le tenemos miedo a la incertidumbre interna. Deseamos estar seguros, seguros financieramente, seguros moralmente; deseamos que nos aprueben, poder gozar de una posición segura, no tener que enfrentarnos jamás con la dificultad, con la pena, con el sufrimiento; queremos estar cercados por una valla de seguridad.

Así, el miedo nos hace obedecer, consciente o inconscientemente, al Maestro, al líder, al sacerdote, al gobierno. El miedo también ejerce control sobre nosotros para que no hagamos algo que podría perjudicar a otros, puesto que seríamos castigados. Así que detrás de todas estas acciones, de estas búsquedas, de esta codicia, se esconde el deseo de certidumbre, de sentirnos a salvo. Por lo tanto, sin resolver el miedo, sin liberarnos de él, el mero obedecer o ser obedecido significa muy poco; lo que tiene sentido es comprender este miedo de día en día y ver cómo se revela en sus diferentes formas. Sólo cuando nos liberamos del miedo existe esa cualidad interna de la comprensión, esa soledad creativa en la que no hay acumulación de conocimientos o de experiencias; únicamente eso nos da una claridad extraordinaria en la búsqueda de lo real.

25 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. VII

Cara a cara con el hecho

¿Nos atemoriza un hecho, o una idea acerca del hecho? Tenemos miedo de la cosa tal como es, o de lo que pensamos que ella es? Tomemos, por ejemplo, la muerte. ¿Nos atemoriza el hecho de la muerte, o la idea de la muerte? El hecho es una cosa y la idea respecto del hecho es otra. Tengo miedo de la palabra muerte o del hecho mismo? A causa de que tengo miedo de la palabra, de la idea, jamás comprendo el hecho, jamás miro el hecho ni estoy en relación directa con el hecho. Sólo cuando estoy en comunión completa con el hecho no hay miedo. Si no estoy en comunión con el hecho, entonces hay miedo, y no puede haber comunión con el hecho en tanto tenga una idea, una opinión, una teoría acerca del hecho. Por lo tanto, debo tener muy en claro si es que tengo miedo de la palabra, de la idea, o del hecho en sí. Si estoy cara a cara con el hecho, no hay nada que comprender al respecto; el hecho está ahí, puedo habérmelas con él. Si tengo miedo de la palabra, entonces tengo que comprender la palabra, investigar todo el proceso que la palabra, el vocablo, implica.

Lo que da origen al miedo es mi opinión, mi idea, mi experiencia, mi conocimiento acerca del hecho. En tanto haya verbalización del hecho, en tanto dé al hecho un nombre y, por consiguiente, lo identifique y lo condene, en tanto el pensamiento, como observador, esté juzgando el hecho, tiene que haber miedo. El pensamiento es producto del pasado; sólo puede existir gracias a la verbalización, a los símbolos, a las imágenes; mientras el pensamiento esté considerando o interpretando el hecho, el miedo es inevitable.

26 de marzo; La libertad primera y última

En contacto con el miedo

Existe el miedo físico. Usted sabe, cuando ve una serpiente, un animal salvaje, instintivamente hay miedo; ése es un miedo normal, sano, natural. En realidad, no es miedo, es un deseo de protegerse a sí mismo, eso es normal. Pero la autoprotección psicológica, esto es, el deseo de estar siempre seguro, engendra miedo. Una mente que busca siempre la certidumbre es una mente muerta, porque en la vida no hay certidumbre, no hay permanencia [...]. Cuando uno entra directamente en contacto con el miedo, hay una respuesta de los nervios y demás. Entonces, cuando la mente ya no escapa por medio de las palabras o de alguna clase de actividad, no hay división entre el observador y la cosa observada como miedo. Sólo la mente que escapa se separa del miedo. Pero cuando hay un contacto directo con el miedo, no existe el observador, no hay una entidad que diga: «Tengo miedo». Así pues, en el instante en que uno está directamente en contacto con la vida, con cualquier cosa, no hay división; esta división es la que engendra competencia, ambición, miedo.

Lo que importa, pues, no es «¿cómo puedo librarme del miedo?». Si usted busca un medio, un método, un sistema para desembarazarse del miedo, estará preso en el miedo a perpetuidad. Pero si comprende el miedo, lo cual sólo puede ocurrir cuando entra en contacto directo con él ‑tal como está en contacto con el hambre, tal como está directamente en contacto cuando se halla a punto de perder su empleo-, entonces hace algo. Sólo así encontrará que cesa todo el miedo; quiero decir todo el miedo, no un miedo de esta clase o de aquella clase.

27 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIV

El miedo es la no-aceptación de «lo que es»

El miedo encuentra diversos escapes. La variedad común es la identificación, ¿no es así? Identificación con el país, con la sociedad, con una idea. ¿No han notado cómo responden cuando ven un desfile militar o una procesión religiosa, o cuando el país está en peligro de ser invadido? Entonces se identifican a sí mismos con el país, con un ser humano, con una ideología. Otras voces se identifican con el propio hijo, con la esposa, con una particular forma de acción o de inacción. La identificación es un proceso por el cual nos olvidamos de nosotros mismos. Sé que en tanto sea consciente del «yo», existen el dolor, el miedo constante; pero si puedo identificarme, al menos temporalmente, con algo más grande, más meritorio, con la belleza, con la vida, con la verdad, con una creencia, con el conocimiento, hay manera de escapar del «yo», ¿no es cierto? Si hablo acerca de «mi país», momentáneamente me olvido de mí mismo, ¿verdad? Si puedo decir algo acerca de Dios, me olvido de mí mismo. Si puedo identificarme con mi familia, con un grupo, con determinado partido político, con cierta ideología, encuentro en ello un escape momentáneo.

¿Sabemos ahora qué es el miedo? No es, acaso, la no-aceptación de lo que es? Debemos comprender la palabra aceptación. No uso esa palabra con el significado del esfuerzo hecho para aceptar. Cuando percibo lo que es, no es cuestión de aceptar. Cuando no veo claramente lo que es, introduzco el proceso de la aceptación. Por consiguiente, el miedo es la no-aceptación de lo que es.

28 de marzo; La libertad primera y última

El desorden que el tiempo crea

El tiempo implica movimiento desde lo que es a «lo que debería ser». Tengo miedo, pero un día estaré libre del miedo; por lo tanto, el tiempo es necesario para estar libre del miedo ‑al menos, eso es lo que pensamos-. Cambiar de lo que es a «lo que debería ser» involucra tiempo. Ahora bien, el tiempo implica esfuerzo en ese intervalo entre lo que es y «lo que debería ser». No me gusta el miedo, y voy a hacer un esfuerzo para comprender, para analizar minuciosamente el miedo, o voy a descubrir su causa, o escaparé totalmente de él. Todo esto implica el esfuerzo a lo que nos hallamos habituados. Siempre estamos en conflicto entre lo que es y «lo que debería ser». «Lo que debería ser» es una idea, y la idea es ficticia, no es «lo que soy»; «lo que soy» es el hecho. Y «lo que soy» puede ser transformado sólo cuando comprendo el desorden que el tiempo crea.

... Entonces, ¿es posible para mí liberarme del miedo de manera total, completa, en el instante? Si permito que el miedo continúe, creará desorden todo el tiempo; por lo tanto, uno ve que el tiempo es un elemento de desorden, no un medio para estar finalmente libre del miedo. De modo que no hay un proceso gradual para desembarazarse del miedo, tal como no lo hay para desembarazarse del veneno del nacionalismo. Si uno es nacionalista y dice que a la larga habrá hermandad entre los hombres, en el intervalo hay guerras, odios, desdicha, toda esta espantosa división entre ser humano y ser humano; en consecuencia, el tiempo está creando desorden.

29 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

¿Cómo miro la furia?

Obviamente, la miro como un observador que está furioso. Digo: «Estoy furioso». En el instante de la furia no hay un «yo», el «yo» interviene inmediatamente después, lo cual implica tiempo. Puedo mirar el hecho sin el factor del tiempo, que es pensamiento, que es la palabra? Esto es posible cuando hay un mirar sin el observador. Vea adonde ello me ha conducido. Ahora comienzo a percibir un modo de mirar, de percibir sin la opinión, sin la conclusión, sin juzgar ni condenar. Por lo tanto, percibo que puede haber un «ver» sin el pensamiento, que es la palabra. De esta forma, la mente está más allá de los asideros de las ideas, del conflicto de la dualidad y todo lo demás. Entonces, ¿puedo mirar el miedo, mirarlo no como un hecho aislado?...

Si usted aísla un hecho, eso no ha abierto la puerta a todo el universo de la mente; entonces volvamos al hecho y comencemos otra vez, a fin de que usted mismo empiece a ver lo extraordinario de la mente, de modo tal que tenga la llave, que pueda abrir la puerta de ese universo e irrumpir en él [...].

... Al considerar un miedo, el miedo a la muerte, el miedo al vecino, el miedo a su esposa que lo domina (usted conoce todo el asunto de la dominación), ¿abrirá eso la puerta? Eso es todo lo que importa ‑no cómo librarnos de ello-, porque en el instante en que abre usted la puerta, el miedo ha sido eliminado por completo. La mente es el resultado del tiempo, y el tiempo es la palabra; ¡qué extraordinario es reflexionar sobre ello! El tiempo es pensamiento; el pensamiento es el que engendra el miedo a la muerte; y el tiempo, que es pensamiento, tiene en sus manos todas las intrincaciones y sutilezas del miedo.

30 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

La raíz de todo miedo

El anhelo de devenir origina temores; ser, lograr, y así depender, engendra miedo. El estado de no-miedo no es negación, no es lo opuesto del miedo ni es valentía. En la comprensión de la causa del miedo está su terminación, no en el volverse valiente, porque en todo «volverse», en todo «llegar a ser», está la semilla del miedo. Depender de cosas, de personas o de ideas, engendra miedo; la dependencia tiene su origen en la ignorancia, en la falta de conocimiento propio, en la pobreza interna; el miedo causa incertidumbre de la mente‑corazón, nos impide comprender y comunicarnos. Gracias a la percepción alerta de nosotros mismos, comenzamos a descubrir y, por lo tanto, a comprender la causa del miedo, no sólo del miedo superficial, sino de los miedos causales profundos y acumulativos. El miedo es tanto innato como adquirido; se relaciona con el pasado, y para liberar del miedo al pensamiento‑sentimiento, el pasado debe ser comprendido a través del presente. El pasado está siempre deseando dar nacimiento al presente, y eso se convierte en la memoria que identifica al «yo» y «lo mío». El «yo» es la raíz de todo miedo.

31 de marzo; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. III

El Libro de la Vida

Marzo

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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