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El Libro de la Vida

Abril

El deseo - El sexo - El matrimonio - La pasión

Sólo hay anhelo

No hay una entidad separada del anhelo; sólo hay anhelo, no «uno» que anhela. El anhelo adopta diferentes máscaras en diferentes ocasiones, dependiendo ello de sus intereses. El recuerdo de estos intereses variables se encuentra con lo nuevo y eso genera conflicto; así nace «el que opta», quien se establece a sí mismo como una entidad separada y distinta del anhelo. Pero la entidad no es diferente de sus cualidades. La entidad que trata de llenar su vacuidad, su insuficiencia, su soledad, o que intenta escapar de ellas, no es diferente de aquello que ella está eludiendo; es eso. No puede escapar de sí misma; todo lo que puede hacer es comprenderse a sí misma. Ella es su soledad, su vacuidad; y en tanto las considere como algo separado de sí misma, vivirá en la ilusión y en un conflicto interminable. Cuando experimente directamente que ella es su propia soledad, sólo entonces podrá liberarse del miedo. El miedo existe únicamente en relación con una idea, y la idea es la respuesta de la memoria como pensamiento. El pensamiento es el resultado de la experiencia; y aunque puede reflexionar sobre la vacuidad, tener sensaciones al respecto, no puede conocer la vacuidad de manera directa. La palabra soledad, con sus recuerdos de dolor y miedo, impide experimentar la soledad de un modo nuevo, fresco. La palabra es memoria, y cuando la palabra ya ha dejado de ser importante, entonces la relación entre el experimentador y lo experimentado es por completo diferente: esa relación es directa y no a través de la palabra, del recuerdo. Entonces, el experimentador es la experiencia; sólo eso nos libera del miedo.

1 de abril; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serte I

La verdad del deseo

Tenemos que comprender el deseo; y es muy difícil comprender algo que es tan vital, tan exigente, tan apremiante, porque en la satisfacción misma del deseo se engendra la pasión, con el placer y dolor que la acompañan. Y si uno ha de comprender el deseo, es evidente que no debe haber opciones. Uno no puede juzgar el deseo como bueno o malo, noble o innoble, ni decir: «Conservaré este deseo y rechazaré aquel otro». Todo eso debe ser descartado si hemos de descubrir la verdad del deseo ‑su belleza, su fealdad o cualquier cosa que el deseo pueda ser.

2 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

El deseo ha de ser comprendido

Sigamos examinando el deseo. Conocemos, ¿no es así?, el deseo, el cual se contradice a sí mismo, se tortura, empuja en direcciones diferentes; conocemos la pena, el trastorno, la ansiedad del deseo, y los intentos de disciplinarlo, de controlarlo. Y en la perpetua batalla que sostenemos con él lo retorcemos fuera de toda forma reconocible; pero está ahí, constantemente vigilando, aguardando, apremiando. Haga uno lo que hiciere, sublime el deseo, escape de él, lo rechace, lo acepte o le dé rienda suelta... está siempre ahí. Y sabemos cómo los instructores religiosos y otros han insistido en que debemos estar exentos de deseos, cultivar el desapego, lo cual es realmente absurdo, porque el deseo ha de ser comprendido, no destruido. Si ustedes destruyen el deseo, pueden destruir la vida misma. Si desnaturalizan el deseo, si lo moldean, lo controlan, lo dominan, lo reprimen, pueden estar destruyendo algo extraordinariamente bello.

3 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

La cualidad del deseo

... ¿Qué ocurre si no condenamos el deseo, si no lo juzgamos como bueno o malo, sino que simplemente nos damos cuenta de él? Me pregunto si ustedes saben qué significa darse cuenta de algo. La mayoría de nosotros no se da cuenta, por que nos hemos acostumbrado a condenar, juzgar, evaluar, identificar, optar. La opción nos impide, obviamente, darnos cuenta, porque siempre optamos como resultado de un conflicto. El darse cuenta de las cosas cuando uno entra a una habitación, el ver todos los muebles, la alfombra o su ausencia, etcétera, el sólo ver, el percibir todo ello sin sentido alguno de juicio, es algo muy difícil. ¿Alguna vez ha intentado usted mirar a una persona, una flor, una idea, una emoción, sin optar, sin juzgar en absoluto?

¿Y si uno hace lo mismo con el deseo, si uno vive con él, sin negarlo ni decir: «¿Qué haré con este deseo? Es tan desagradable, tan imperioso, tan violento…», sin darle un nombre, un símbolo, sin cubrirlo con una palabra, entonces, ¿sigue existiendo la causa del desorden? En consecuencia, ¿es el deseo algo que debe ser sacrificado, destruido? Queremos destruirlo, porque un deseo acomete contra otro creando conflicto, desdicha y contradicción; y uno puede ver cómo intenta escapar de este conflicto interminable. Entonces, ¿puede uno darse cuenta de la totalidad del deseo? Lo que entiendo por totalidad no es un deseo o muchos deseos, sino la cualidad total del deseo en sí.

4 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

¿Por qué no debería uno sentir placer?

Vemos una bella puesta del sol, un árbol hermoso, el movimiento amplio y curvo de un río, o un bello rostro, y mirar eso nos da un gran placer, nos deleita. ¿Qué hay de malo en ello? A mí me parece que la confusión y la desdicha empiezan cuando ese rostro, ese río, esa nube, esa montaña se convierten en un recuerdo, y ese recuerdo exige entonces una continuidad mayor del placer; deseamos que tales cosas se repitan. Todos conocemos esto. He tenido cierto placer, o usted ha experimentado cierto deleite en algo, y queremos que eso se repita. Ya sea que se trate de algo sexual, artístico, intelectual, o de otro carácter, queremos que se repita; y yo pienso que ahí es donde el placer comienza a nublar la mente y a crear valores falsos, irreales.

Lo que importa es comprender el placer, no tratar de librarnos de él; eso es demasiado tonto. Nadie puede librarse del placer. Pero es esencial comprender la naturaleza y estructura del placer; porque si nuestra vida es tan sólo placer, y eso es lo que deseamos, entonces con el placer llegan la desdicha la confusión, las ilusiones, los valores falsos que creamos, en consecuencia, no hay claridad.

5 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Una reacción sana, normal

... Tengo que descubrir por qué el deseo tiene tal fuerza en mi vida. Puede que eso esté bien o que no esté bien. Tengo que averiguarlo. El deseo surge, lo cual es una reacción, una reacción sana, normal; de lo contrario, estaría muerto. Veo algo hermoso y digo: «Por Dios, deseo eso». Si así no fuera, estaría muerto. Pero en la constante persecución de ello hay dolor. Ese es mi problema: al igual que placer, hay dolor. Veo una bella mujer; es bella, sería absurdo decir: «No, no es bella». Se trata de un hecho. Pero ¿qué es lo que da continuidad al placer? Obviamente, es el pensamiento, el pensar al respecto [...].

Pienso en ello. Ya no es la relación directa con determinado objeto, la cual es deseo, sino que ahora el pensamiento aumenta ese deseo pensando en el objeto, creando imágenes, representaciones, ideas [...].

Interviene el pensamiento y dice: «Por favor, debes poseerlo; eso es desarrollo; eso es importante; eso no es importante; esto es esencial para tu vida; esto no es esencial para tu vida».

Pero puedo mirar eso, tener un deseo, y ahí termina todo, sin que interfiera el pensamiento.

6 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

Morir para las pequeñas cosas

¿Han tratado ustedes de morir voluntariamente, no forzadamente, para un placer? Por lo general, cuando uno muere no desea hacerlo; la muerte viene y nos lleva; no es un acto voluntario, excepto en el suicidio. ¿Pero alguna vez han tratado de morir voluntariamente, fácilmente, han tenido esa sensación de abandonar un placer? ¡Obviamente, no! Al presente, sus idea les, sus placeres, sus ambiciones son las cosas que dan a la vida la así llamada significación, pero no tienen significación alguna. Es el «yo» el que les está dando significación. La vida es el vivir, es abundancia, plenitud, entrega de sí mismo; no es sentir que «yo» tengo significación. Eso es tan sólo un concepto. Si ustedes experimentan muriendo para las pequeñas cosas, eso es suficiente. Sólo mueran para los pequeños placeres, háganlo con facilidad, cómodamente, con una sonrisa; eso basta porque entonces verán que su mente es capaz de morir para muchas cosas, morir para todos los recuerdos. Las máquinas, las computadoras, están tomando a su cargo las funciones de la memoria, pero la mente humana es algo más que un hábito meramente mecánico de asociación y memoria. Sin embargo ella no puede ser «algo más» si no muere para todo cuanto conoce.

Ahora bien, para ver la verdad de todo esto, es esencial una mente joven, una mente que no se limite a funcionar en el campo del tiempo. La mente joven muere para todas las cosas. ¿Pueden ver la verdad de eso inmediatamente, percibirla en el instante? Quizá no alcancen a ver todo el significado extraordinario de ello, su inmensa sutileza, la belleza de ese morir, su riqueza, pero aun el simple escuchar al respecto siembra la semilla, y la significación de estas palabras echa raíces, no sólo en el nivel superficial, consciente, sino a través de todo el inconsciente.

7 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El sexo

El sexo es un problema porque parecería que en ese acto hay completa ausencia del «yo». En ese instante uno es feliz, ya que hay una cesación de la conciencia de sí mismo; y, al desear más de ello, más de la abnegación del «yo», en la cual hay felicidad completa sin pasado ni futuro, al exigir esa felicidad completa por medio de la fusión total, de la integración, es natural que ello se convierta en algo de suma importancia. ¿No es así? Por ser algo que ofrece un júbilo genuino, un completo olvido de nosotros mismos, queremos más y más de ello. Ahora bien, ¿por qué quiero más de ello? Porque en todo lo demás estoy en conflicto, porque en todos los otros niveles de la existencia hay fortalecimiento del «yo». Económica, social y religiosamente, hay un constante espesamiento de la conciencia de mí mismo, el cual implica conflicto. Después de todo, uno es consciente de sí mismo sólo cuando hay conflicto. La autoconciencia es, en su naturaleza misma, el resultado del conflicto [...].

De modo que el problema no es, ciertamente, el sexo, sino cómo estar libre del «yo». Uno ha experimentado, por unos pocos segundos o por más tiempo, esa condición en la que el «yo» está ausente; y cuando el «yo» está ahí, hay conflicto, desdicha, lucha. En consecuencia, existe el constante anhelo por más de ese estado libre del «yo».

8 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El escape máximo

¿Qué entendemos por el problema del sexo? ¿Es el acto o es un pensamiento acerca del acto? Por cierto, no es el acto. El acto sexual no es para ustedes un problema, no más problema que el comer, pero si piensan todo el día en el comer o en cualquier otra cosa, porque no tienen nada más en pensar, eso se convierte en un problema para ustedes […]. ¿Por qué lo intensifican, cosa que evidentemente hacen? Los cines, las revistas, las novelas, la forma como visten las mujeres, todo intensifica sus pensamientos acerca del sexo. ¿Por qué la mente aumenta el problema, por qué piensa tanto en el sexo? ¿Por qué, señoras y señores? Es el problema de ustedes. ¿Por qué? ¿Por qué se ha vuelto una cuestión fundamental en sus vidas? Habiendo tantas cosas que reclaman, que exigen su atención, conceden atención completa al pensamiento sobre el sexo. ¿Qué sucede, por qué sus mentes están tan ocupadas con eso? Porque ésa es la vía del máximo escape, ¿no es así? Es un modo de olvidarnos completamente de nosotros mismos. Por ahora, al menos por el momento, uno puede olvidarse de sí mismo ‑y no hay otro modo de olvidarse de sí mismo‑. Todo lo demás que ustedes hacen en la vida acentúa el «yo». Sus negocios, sus religiones, sus dioses, sus líderes, sus actividades políticas, económicas y sociales, sus escapes, su afiliarse a un grupo y rechazar otro, todo eso da énfasis y fuerza al «yo» [...]. Cuando hay una sola cosa en sus vidas que constituye una vía de máximo escape, de completo olvido de sí mismos, así sea por unos cuantos segundos, se afierran a ella porque es el único momento en que son felices [...].

Así pues, el sexo se vuelve un problema extraordinariamente difícil y complejo, en tanto no comprendemos a la mente que piensa acerca del problema.

9 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Hemos hecho del sexo un problema

¿Por qué todo lo que tocamos lo convertimos en un problema?... ¿Por qué el sexo se ha vuelto un problema? ¿Por qué nos sometemos a vivir con problemas? ¿Por qué no les ponemos fin? ¿Por qué no morimos para nuestros problemas, en vez de acarrearlos con nosotros día tras día, año tras año? No hay duda de que la pregunta acerca del sexo es pertinente, y la contestaré enseguida, pero hay una pregunta que es fundamental: ¿Por qué convertimos la vida en un problema? Trabajar, tener sexo, ganar dinero, pensar, sentir, experimentar... Ustedes saben, toda la cosa del vivir, ¿por qué es un problema? ¿No es, acaso, porque siempre pensamos desde un punto de vista particular, desde un punto de vista fijo? Estamos siempre pensando desde un centro hacia la periferia, pero la periferia es el centro para la mayoría de nosotros, y así todo cuanto tocamos es superficial. Pero la vida no es superficial, requiere ser vivida de un modo completo, y debido a que sólo la vivimos superficialmente, no conocemos sino la reacción superficial. Todo cuanto hacemos en la periferia debe, inevitablemente, crear un problema, y eso es nuestra vida: vivimos en lo superficial y estamos satisfechos de vivir allí con los problemas de lo superficial. Así pues, los problemas existen en tanto seguimos viviendo en lo superficial, en la periferia, siendo la periferia el «yo» y sus sensaciones, las que pueden ser exteriorizadas o permanecer en lo subjetivo, o bien pueden identificarse con el universo, con el país o con alguna otra cosa elaborada por la mente. Así, mientras vivamos dentro del campo de la mente, tendrá que haber complicaciones, problemas. Y eso es todo cuanto conocemos.

10 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

¿Qué entienden ustedes por amor?

El amor es lo desconocido. Puede ser realizado sólo cuando hemos comprendido y trascendido lo que conocemos. Sólo cuando la mente está libre de lo conocido, sólo entonces puede haber amor. De modo que debemos abordar el amor negativamente, no positivamente.

¿Qué es el amor para la mayoría de nosotros? Cuando amamos, hay en ello afán posesivo, dominio o sumisión. De esta posesión surgen los celos y el miedo a la pérdida, por lo cual legalizamos este instinto posesivo. Del afán posesivo y sus celos resultan los innumerables conflictos con los que cada uno de nosotros está tan familiarizado. El instinto posesivo no es, entonces, amor. El amor tampoco es una cuestión sentimental. Lo meramente sentimental, emocional, excluye el amor. La sensibilidad emocional es mera sensación.

... Unicamente el amor puede transformar la demencia, la confusión y el conflicto. Ningún sistema, ninguna teoría de izquierda o de derecha puede traer paz y felicidad al hombre. Donde hay amor no hay espíritu posesivo, no hay envidia; hay piedad y compasión ‑no en teoría, sino de hecho- por nuestra esposa, por nuestros hijos, por nuestro sirviente [...]. Sólo el amor es capaz de generar compasión y belleza, orden y paz. El amor con su compasión existe cuando el «yo» deja de existir.

11 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IV

En tanto poseamos, jamás habremos de amar

Nosotros conocemos el amor como sensación, ¿no es así? Cuando decimos que amamos, conocemos los celos, el miedo, la ansiedad. Cuando ustedes dicen que aman a alguien, todo está implicado: envidia, deseo de poseer, de adueñarse, de dominar, temor de perder, etc. Todo esto es lo que llamamos amor, y no conocemos el amor sin miedo, sin envidia, sin posesión; ese estado de amor que no contiene miedo, tan sólo lo verbalizamos, lo llamamos impersonal, puro, divino, o Dios sabe qué más; pero el hecho es que somos celosos, dominadores, posesivos. Conoceremos ese estado de amor sólo cuando lleguen a su fin los celos, la envidia, el afán posesivo, el deseo de dominar; en tanto poseamos, jamás habremos de amar [...]. ¿Cuándo pensamos en la persona amada? Pensamos en ella cuando la persona se ha ido, cuando está lejos, cuando nos ha dejado [...]. Así pues, echamos de menos a quien decimos amar, sólo cuando estamos perturbados, cuando sufrimos; mientras poseemos a esa persona no tenemos que pensar en ella, porque en la posesión no hay perturbación alguna [...].

El pensar surge cuando uno está perturbado; y por fuerza estamos perturbados en tanto nuestro pensar es lo que llamamos amor. Por cierto, el amor no es una cosa de la mente; y debido a que las cosas de la mente han llenado nuestros corazones, carecemos de amor. Las cosas de la mente son los celos, la envidia, la ambición, el deseo de ser alguien, de alcanzar el éxito. Estas cosas de la mente llenan nuestros corazones, y entonces decimos que amamos; pero ¿cómo puede uno amar cuando lleva dentro de sí todos estos elementos confusos? Cuando hay humo, ¿cómo es posible que haya una llama pura?

12 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

El amor no es un deber

... Cuando hay amor, no hay «deberes». Cuando uno ama a su esposa, lo comparte todo con ella: su propiedad, sus dificultades, su ansiedad, su alegría. Uno no ejerce dominio. Uno no es el hombre y ella la mujer para ser usada y descartada, una especie de máquina engendradora destinada a dar continuidad al apellido del hombre. Cuando hay amor, la palabra deber desaparece. El hombre cuyo corazón carece de amor, es el que habla de derechos y deberes, y en este país [India] los derechos y deberes han tomado el lugar del amor. Las reglamentaciones se han vuelto más importantes que la calidez del afecto. Cuando hay amor, el problema es simple; cuando no hay amor, el problema se vuelve complejo. Cuando un hombre ama a su mujer y a sus hijos, jamás puede pensar en términos de deber y derechos. Señores, examinen sus propios corazones y sus mentes. Sé que lo toman a risa; ése es uno de los trucos de la persona irreflexiva: reírse de algo y desecharlo. Sus esposas no comparten las responsabilidades de ustedes, no comparten la propiedad, no poseen la mitad de lo que ustedes poseen, porque el hombre considera que la mujer es inferior a él, algo para ser mantenido y usado sexualmente según la propia conveniencia cuando el apetito lo requiera. Por eso han inventado las palabras derechos y deber, y cuando la mujer se rebela, ustedes le arrojan estas palabras. Sólo una sociedad estática, una sociedad en deterioro, habla de deber y derechos. Si examinan de verdad sus mentes y sus corazones, encontrarán que carecen de amor.

13 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Una cosa de la mente

Eso que llamamos nuestro amor es una cosa de la mente. Mírense a sí mismos, señores y señoras, y verán que lo que estoy diciendo es, evidentemente, verdadero; de otro modo, nuestras vidas, nuestros matrimonios, nuestras relaciones, serian por completo diferentes, tendríamos una sociedad nueva. Nos ligamos a otra persona, no por obra de una comunión verdadera, sino mediante un contrato al que llamamos amor, casamiento. El amor no fusiona, no amolda a dos personas; no es personal ni impersonal, es un estado del ser. Aquel que desea fusionarse con algo más grande, unirse con otro ser humano, está eludiendo la desdicha, la confusión; pero la mente sigue funcionando en la separación, la cual es desintegración. El amor no conoce ni la fusión ni la dispersión, no es personal ni impersonal; es un estado del ser que la mente no puede buscar y encontrar; puede describirlo, adjudicarle un vocablo, un nombre, pero la palabra, la descripción, no es amor. Sólo la mente quieta y silenciosa conocerá el amor, y ese estado de quietud y silencio no es cosa que pueda cultivarse.

14 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Examinando el matrimonio

Estamos tratando de comprender el matrimonio, en el cual están implicados la relación, el amor, el compañerismo, la comunión. Obviamente, si no hay amor, el matrimonio se convierte en una desgracia, ¿verdad? Se vuelve mera satisfacción mutua. Amar es una de las cosas más difíciles que hay, ¿no es así? El amor puede nacer y existir tan sólo en ausencia del «yo». Sin amor, la relación es penosa; por gratificante o por superficial que sea, nos conduce al aburrimiento, a la rutina, al hábito con todas sus implicaciones. En consecuencia, los problemas sexuales adquieren suma importancia. Al examinar el matrimonio, si es necesario o no, uno debe primero comprender el amor. Por cierto, el amor es casto, sin amor uno no puede ser casto; puede ser célibe ‑hombre o mujer-, pero si no hay amor eso no es ser casto, no es ser puro. Si uno tiene un ideal de castidad, es decir, si quiere llegar a ser casto, tampoco en ello hay amor, porque eso es meramente el deseo de convertirse en algo que uno considera noble, creyendo que eso le ayudará a encontrar la realidad; ahí no hay amor en absoluto. Al igual que el libertinaje, que sólo lleva a la degradación y a la desdicha, la persecución de un ideal tampoco es casta. Ambos excluyen el amor, ambos implican llegar a ser alguna cosa, complacerse en algo; por lo tanto, uno es el que se vuelve importante, y donde «uno» es lo importante, no existe el amor.

15 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IV

El amor es incapaz de amoldarse

El amor no es una cosa de la mente, ¿verdad? No es tan sólo el acto sexual. El amor es algo que la mente no puede concebir; es algo que no puede ser formulado. Y ustedes se relacionan sin amor, se casan sin amor. Por consiguiente, en ese matrimonio «se amoldan» el uno al otro. ¡Linda expresión! Se amoldan el uno al otro, lo cual es, obviamente, un mero proceso mental, intelectual, ¿no es así? Todo amoldamiento lo es. Pero el amor es, por cierto, incapaz de amoldarse. Ustedes saben, señores, que si aman a alguien no hay «amoldamiento» ¿verdad? Sólo hay comunión completa. Unicamente cuando no hay amor comenzamos a amoldarnos. Y a este amoldamiento lo llamamos matrimonio. De aquí que el matrimonio fracase, porque es la fuente misma del conflicto, una batalla entre dos personas. Es un problema extraordinariamente complejo, como todos los problemas, pero más aún a causa de la fuerza que tienen los apetitos, los instintos. Por lo tanto, una mente que tan sólo se está amoldando jamás puede ser casta. Una mente que busca la felicidad por medio del sexo jamás será casta. Aunque en ese acto puedan experimentar momentáneamente la abnegación del «yo», el olvido de sí mismos, la persecución misma de esa felicidad, persecución que es cosa de la mente, hace que ésta carezca de castidad. La castidad surge a la existencia sólo cuando hay amor.

16 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Amar es ser casto

Este problema del sexo no es simple y no puede ser resuelto en su propio nivel. Es absurdo tratar de resolverlo desde el punto de vista puramente biológico; y abordarlo mediante la religión o intentar solucionarlo como si fuera sólo una cuestión de ajuste físico, de actividad glandular, o rodearlo de tabúes y condenaciones, todo eso es demasiado inmaduro, infantil y estúpido. Esta cuestión requiere inteligencia del orden más elevado. Comprendernos en nuestra relación con otro ser humano requiere una inteligencia mucho más rápida y sutil que para entender la naturaleza. Pero nosotros procuramos comprender sin inteligencia; queremos una acción inmediata, una solución inmediata, y el problema se vuelve más y más importante [...]. El amor no es mero pensamiento; los pensamientos son tan sólo una actividad externa del cerebro. El amor es mucho más hondo, mucho más profundo, y la profundidad de la vida puede ser descubierta sólo en el amor. Sin amor, la vida no tiene sentido, y ésa es la parte triste de nuestra existencia. Avanzamos en años y seguimos siendo inmaduros; nuestros cuerpos envejecen, engordan, se tornan desagradables, y permanecemos tan irreflexivos como siempre. Aunque leemos y hablamos al respecto, jamás hemos conocido el perfume de la vida. El mero leer y verbalizar indica una falta total de esa calidez humana del corazón, la cual enriquece la vida; y sin esa calidad del amor, hagan ustedes lo que hicieren, ya sea que ingresen en alguna sociedad, que elaboren alguna norma, etc., no resolverán este problema. Amar es ser casto.

El mero intelecto no es castidad. El hombre que trata de ser casto en pensamiento, no es casto, porque carece de amor. Sólo el ser humano que ama es casto, puro, incorruptible.

17 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El constante pensar es un derroche de energía

La mayoría de nosotros consume su vida en el esfuerzo, en la lucha; y el esfuerzo, la lucha, la competencia, son una disipación de esa energía. El hombre, a lo largo del periodo histórico de su existencia, ha dicho que para encontrar a Dios o la realidad ‑cualquiera sea el nombre que puedan darle-, uno debe ser célibe; o sea, debe tornar un voto de castidad y reprimir, controlar, batallar consigo mismo interminablemente durante toda su vida, a fin de mantener su voto. ¡Vean qué desperdicio de energía! También es un desperdicio de energía la autocomplacencia. Pero tiene mucha mayor importancia cuando nos reprimimos. El esfuerzo que se ha ido en la represión, en el control, en este rechazo de nuestro deseo, deforma la mente; a causa de esa deformación, tenemos cierto sentido de austeridad, el cual se convierte en dureza. Por favor, escuchen. Obsérvenlo en sí mismos y observen a las personas que les rodean. Observen este derroche de energía, la batalla que tiene lugar. No las implicaciones del sexo, no el acto en sí, sino los ideales, las imágenes, el placer; el constante pensar acerca de todo eso es un derroche de energía. Y la mayoría de las personas malgasta su energía, ya sea a través de la negación del sexo, o a causa de su voto de castidad, o por pensar interminablemente en el sexo.

18 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

El idealista no puede conocer el amor

Los que tratan de ser célibes con el fin de llegar a Dios no son castos porque están buscando un resultado, un beneficio, y así sustituyen el sexo por el objetivo en perspectiva; eso es miedo. Sus corazones carecen de amor y de pureza, y sólo un corazón puro puede dar con la realidad. Un corazón disciplinado, reprimido, no puede saber qué es el amor; no puede saberlo si está preso en el hábito, en la sensación, ya sea de orden religioso, físico, psicológico o sensual. El idealista es un imitador de su ideal; por lo tanto, no puede conocer el amor. No puede ser generoso, entregarse completamente sin pensar en sí mismo. Sólo cuando la mente y el corazón están aliviados de la carga del miedo, de la rutina de los hábitos sensuales, cuando hay generosidad y compasión, hay amor. Tal amor es casto.

19 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IV

Comprender la pasión

Castigarse a sí mismo, Implica una vida religiosa? La mortificación del cuerpo o de la mente, ¿es un signo de comprensión? Es la autotortura un camino hacia la realidad? La castidad, ¿es negación? ¿Piensan ustedes que por medio del renunciamiento pueden llegar muy lejos? ¿Piensan realmente que puede haber paz gracias al conflicto? El medio que empleamos, ¿no importa infinitamente más que el fin proyectado? El fin puede ser, pero el medio es. Lo factual, lo que es, lo que debe ser comprendido, no encubierto por determinaciones, ideales e ingeniosas racionalizaciones. El dolor no es el camino hacia la felicidad. Lo que llamamos pasión ha de ser comprendido y no reprimido o sublimado, y de nada sirve buscarle un sustituto. Cualquier cosa que hagamos, cualquier artificio que inventemos, sólo fortalecerá aquello que no ha sido amado y comprendido. Amar eso que llamamos pasión es comprenderlo. Amar es estar en comunión directa; y no podemos amar algo si nos sentimos agraviados por ello, si tenemos ideas, conclusiones al respecto. ¿Cómo puede uno amar y comprender la pasión si ha tomado un voto contra ella? Un voto así es una forma de resistencia, y aquello que resistimos finalmente nos conquista. La verdad no puede ser conquistada, ustedes no pueden tomarla por asalto, se les escabullirá de las manos si intentan atraparla. La verdad llega silenciosamente, sin nuestro conocimiento. Lo que conocemos no es la verdad, es sólo una idea, un símbolo. La sombra no es lo real.

20 de abril; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III Serie II

El medio y el fin son una sola cosa

Nada se necesita para obtener la liberación. No podemos obtenerla mediante un pacto, mediante el sacrificio o la eliminación; no es algo que pueda comprarse. Si hacemos estas cosas, obtendremos algo que es propio del mercado; por lo tanto, no será lo real. La verdad no puede ser comprada, no hay medios que nos llevan a ella; si hubiera un medio, el fin no sería la verdad, porque medio y fin son una sola cosa, no están separados. La castidad como un medio para alcanzar la liberación, la verdad, es una negación de la verdad. La castidad no es una moneda con la que compramos la verdad [...].

¿Por qué pensamos que la castidad es esencial?... ¿Qué entendemos por sexo? No tan sólo el acto, sino el pensar en el sexo, tener sensaciones al respecto, anticiparlo, escapar de él; ése es nuestro problema. Nuestro problema es la sensación, anhelar más y más. Obsérvense a sí mismos, no observen al vecino. ¿Por qué sus pensamientos están ocupados por el sexo? La castidad puede existir sólo cuando hay amor, y sin amor no hay castidad. Sin amor, la castidad es tan sólo lujuria en una forma diferente. Volverse casto es llegar a ser alguna otra cosa; es como un hombre volviéndose poderoso, triunfando como abogado prominente, político o lo que fuere ‑en ambos casos, el cambio está en el mismo nivel-. Eso no es castidad, sino tan sólo el resultado final de un sueño, la consecuencia de resistir continuamente a un deseo en particular [...]. Así, pues, la castidad deja de ser un problema donde hay amor. Entonces la vida no es un problema, es para ser vivida completamente en la plenitud del amor; ésa es la revolución que dará origen a un mundo nuevo.

21 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Total desprendimiento

Tal vez jamás experimentaron ese estado de la mente en el que existe un completo abandono de todas las cosas, un desprendimiento total. Y uno no puede abandonarlo todo sin que haya una profunda pasión, ¿no es así? Intelectual o emocionalmente es imposible desprenderse de todo. El desprendimiento total ocurre, por cierto, cuando existe una pasión intensa. No se alarmen ante esa palabra, porque un hombre que no es apasionado, que no es intenso, jamás podrá comprender ni sentir la cualidad de la belleza. I a mente que mantiene algo en reserva, la mente que tiene un interés creado, que se aferra a la posición, al poder, al prestigio, la mente respetable (que es un horror), jamás puede desprenderse de sí misma.

22 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La llama para de la pasión

En la mayoría de nosotros hay muy poca pasión. Podemos ser voluptuosos, anhelar algo con ansia, desear huir de algo, y todo esto nos da cierta intensidad.

Pero a menos que despertemos y exploremos en esta llama de la pasión sin causa, no podremos comprender eso que llamamos dolor. Para comprender algo, deben ustedes tener pasión, la intensidad de la atención total. Cuando hay pasión por algo que produce contradicción, conflicto, esta llama pura de la pasión no puede existir; y esta llama pura de la pasión debe existir para terminar con el dolor, para disiparlo por completo.

23 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Belleza más allá del sentimiento

Sin pasión, ¿cómo puede haber belleza? No me refiero a la belleza de cuadros, edificios, de mujeres maquilladas y todas esas cosas. Éstas tienen sus propias formas de belleza. Una cosa producida por el hombre, como una catedral, un templo, una pintura, un poema o una estatua, puede o no ser bella. Pero existe una belleza que está más allá del sentimiento y del pensamiento; ésta no puede ser realizada, comprendida o conocida si no hay pasión. Así que no interprete mal la palabra pasión. No es una fea palabra; no es una cosa que uno pueda adquirir en el mercado o de la cual pueda hablar románticamente. No tiene nada que ver con la emoción, con el sentimiento. No es una cosa «respetable»; es una llama que destruye todo lo que es falso. Pero nosotros siempre tenemos mucho miedo de dejar que la llama devore las cosas que consideramos queridas, las cosas que llamamos importantes.

24 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Pasión por todo

La mayoría de nosotros emplea la pasión sólo en relación con una cosa: el sexo; o bien uno sufre apasionadamente, o trata de resolver ese sufrimiento. Pero yo uso la palabra pasión en el sentido de un estado de la mente, un estado del ser, un estado de nuestra esencia interior ‑si es que hay tal cosa- que siente con mucha fuerza, que es altamente sensible, tan sensible a la suciedad, a la escualidez, a la pobreza, como a las enormes riquezas con su corrupción, a la belleza de un árbol, de un pájaro, del fluir del río, del estanque que refleja sobre sí el cielo nocturno. Es indispensable sentir todo esto intensamente, enérgicamente. Porque sin pasión la vida se torna vacua, superficial, y no tiene mucho sentido. Si usted no puede ver la belleza de un árbol y amar ese árbol, si no puede sentir afecto por él, usted no está viviendo.

25 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIV

El amor, les aseguro, es pasión

Ustedes no pueden ser sensibles si no son apasionados. No teman a esa palabra pasión. Casi todos los libros religiosos, casi todos los gurús suamis, líderes y demás han dicho: «No sientas pasión». Pero si uno carece de pasión, ¿cómo puede ser sensible a lo feo, a lo bello, a las hojas susurrantes, a la puesta del sol, a una sonrisa, a un llanto? ¿Cómo puede ser sensible sin un sentido de pasión que implica la entrega total de sí mismo? Señores, por favor, escúchenme, no pregunten cómo adquirir pasión. Sé que todos son bastante apasionados cuando tratan de conseguir un empleo, o cuando odian a un pobre tipo, o cuando están celosos de alguien; pero yo me refiero a algo por completo diferente: una pasión que ama.

El amor es un estado en el que no hay «yo»; es un estado en el que no existe condenación alguna, ni un juzgar que el sexo es bueno o malo, que esto es superior y aquello otro es inferior. El amor no es ninguna de estas cosas contradictorias.

La contradicción no existe en el amor. Y ¿cómo puede uno amar si no es apasionado? Sin pasión, ¿cómo puede uno ser sensible? Ser sensible es percibir al vecino que se sienta junto a nosotros; es ver lo desagradable de la ciudad con su escualidez su suciedad, su pobreza, y ver la belleza del río, del mar, del cielo. Si uno no es apasionado, ¿cómo puede ser sensible a todo eso? ¿Cómo puede sentir una sonrisa, una lágrima? El amor, les aseguro, es pasión.

26 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Una mente apasionada es inquisitiva

Obviamente, tiene que haber pasión, y el problema es cómo revivir esa pasión. No nos interpretemos mal el uno al otro. Quiero decir pasión en todo sentido, no meramente pasión sexual, que es una cosa muy pequeña. Y casi todos nos satisfacemos con eso, porque toda otra pasión ha sido destruida: destruida en la oficina, en la fábrica, siguiendo la rutina de cierta ocupación, aprendiendo técnicas, ahí no ha quedado, pues, pasión alguna, no hay un sentido creativo, un sentido de urgencia y liberación. Debido a eso, el sexo se vuelve importante para nosotros, y allí nos extraviamos en la pasión subalterna, que se convierte en un problema enorme para la mente estrecha que se considera virtuosa, o de otro modo se vuelve un hábito y muere. Reitero: uso la palabra pasión con el sentido de una cosa total. Una persona apasionada que siente con gran intensidad no se satisface tan sólo con alguna insignificante ocupación, tanto si es la de un primer ministro como la de un cocinero, o la que prefieran. Una mente apasionada inquiere, explora, observa, investiga, exige; no trata de encontrar algún objeto para satisfacer su descontento y echarse a dormir. Una mente apasionada busca a tientas, se abre paso en la oscuridad, no acepta ninguna tradición; no es una mente afirmada en sí misma, una mente que ha llegado, sino que es una mente oven que está siempre llegando.

27 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La mente trivial

Una mente apasionada que tantea, busca, se abre paso, que jamás se afirma en sí, misma, que no acepta tradición alguna, una mente joven, ¿cómo ha de surgir a la existencia? Es indispensable que eso ocurra. (Es obvio que una mente trivial no puede trabajar en ello. Una mente trivial que trata de volverse apasionada tan sólo lo reducirá todo a su propia trivialidad). Eso debe ocurrir, pues, y puede ocurrir sólo cuando la mente ve su propia trivialidad y, sin embargo, no intenta hacer nada al respecto. Me expreso con claridad? Probablemente no. Pero como dije antes, cualquier mente limitada, por vehemente que sea, seguirá siendo trivial. Eso es evidente, por cierto. Una mente pequeña, aunque pueda ir a la Luna, aunque pueda adquirir una técnica, aunque pueda argumentar y defenderse con habilidad, es aún una mente pequeña. Por lo tanto, cuando la mente pequeña dice: «Debo ser apasionada para hacer algo que valga la pena», su pasión será, sin duda, muy insignificante, ¿no es así? Como el montar en cólera ante alguna pequeña injusticia, o pensar que todo el mundo está cambiando por obra de alguna trivial, pequeña reforma que, en una insignificante aldea sin importancia, ha hecho una mente insignificante y sin importancia. Si la mente pequeña ve todo eso, entonces la percepción misma de que es pequeña hace que toda su actividad experimente un cambio.

28 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La pasión perdida

La palabra no es la cosa. La palabra pasión no es la pasión. Sentir esa pasión y estar atrapado por ella, sin ninguna volición ni directiva ni propósito, prestar atención a esta cosa llamada deseo, estar atentos a sus propios deseos, a esos deseos que ustedes tienen en abundancia, débiles o fuertes... cuando hagan eso, verán qué daño tremendo causan al reprimir el deseo, al distorsionarlo, al querer satisfacerlo, al querer hacer algo respecto de él, al tener una opinión acerca de ese deseo que experimentan.

La mayoría de la gente ha perdido esta pasión. Probablemente uno la ha tenido alguna vez en su juventud; quizás un vago murmullo de esa pasión. Y la sociedad ‑que es lo que son ustedes- reprime eso. Por consiguiente, uno tiene que amoldarse a ustedes, que están muertos, que son «respetables», que ni siquiera tienen una chispa de pasión creadora; y entonces uno llega a formar parte de eso y, de tal modo, pierde esta pasión de su juventud.

29 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIV

La pasión sin cansa

En el estado de pasión sin causa hay intensidad libre de todo apego; pero cuando la pasión tiene una causa, hay apego, y el apego es el origen del dolor. Casi todos estamos apegados; nos apagamos a una persona, a un país, a una creencia, a una idea, y cuando nos quitan el objeto de nuestro apego o éste pierde su importancia, nos sentimos vacíos, insuficientes. Tratamos de llenar esta vacuidad aferrándonos a alguna otra cosa, la cual de nuevo se convierte en el objeto de nuestra pasión

Examine su propio corazón y su propia mente. Yo soy tan sólo un espejo en el que se está mirando a sí mismo. Si no quiere mirar, está muy bien, pero si desea hacerlo, entonces mírese claramente, despiadadamente, con intensidad, no con la esperanza de disolver sus desdichas, sus ansiedades, sus sentimientos de culpa, sino a fin de comprender esta pasión extraordinaria que siempre nos lleva al dolor.

Cuando la pasión tiene una causa se convierte en lujuria. Cuando hay pasión por algo en particular ‑una persona, una idea, alguna clase de realización-, entonces, de esa pasión surgen la contradicción, el conflicto, el esfuerzo. Usted se esfuerza por alcanzar o mantener cierto estado, o por recapturar uno que ya ha sido y desapareció. Pero la pasión de la que estoy hablando no da origen a la contradicción, al conflicto. No tiene relación alguna con una causa; por lo tanto, no es un efecto.

30 de abril; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

El Libro de la Vida

Abril

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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