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El Libro de la Vida

Julio

La felicidad - La pesadumbre - La herida psicológica - El dolor

¿Felicidad o satisfacción?

¿Qué es lo que busca la mayoría de nosotros? ¿Qué es lo que desea cada uno de nosotros? Especialmente en este mundo inquieto, donde todos tratan de encontrar alguna clase de paz, de felicidad, un refugio, es importante, sin duda, averiguar qué es lo que intentamos buscar, qué es lo que intentamos descubrir. ¿No es así? Probablemente, la mayoría de nosotros busca cierta clase de felicidad, cierta clase de paz; en un mundo dominado por la confusión, las guerras, las disputas, las luchas, anhelamos un refugio donde pueda haber algo de paz. Creo que eso es lo que desea la mayoría de nosotros. Y así proseguimos, yendo de un líder a otro, de una organización religiosa a otra, de un instructor a otro.

Ahora bien, lo que buscamos, ¿es la felicidad, o buscamos alguna clase de satisfacción, de la cual esperamos obtener la felicidad? Hay una diferencia entre felicidad y satisfacción. ¿Puede uno buscar la felicidad? Quizá pueda encontrar satisfacción, pero es obvio que no podrá encontrar la felicidad. La felicidad es derivativa, es la consecuencia de algo más. Por lo tanto, antes de entregar nuestras mentes y nuestros corazones a algo que exige una gran dosis de seriedad, atención, reflexión, cuidado, debemos descubrir, ¿no es así?, qué es lo que buscamos: si es felicidad o satisfacción.

1 de julio; La libertad primera y última

Uno debe ir muy a lo profundo para conocer el júbilo

Muy pocos de nosotros disfrutamos plenamente de algo. Es muy pequeño el júbilo que nos despierta la visión de una puesta del sol, o ver a una persona atractiva, o a un pájaro en vuelo, o un árbol hermoso, o una bella danza. No disfrutamos verdaderamente de nada. Miramos algo; ello nos entretiene o nos excita, tenemos una sensación que llamamos gozo. Pero el disfrute pleno de algo es mucho más profundo, y esto debe ser investigado y comprendido [... ].

A medida que envejecemos, aunque queremos disfrutar de las cosas, lo mejor ya nos ha abandonado; deseamos deleitarnos con otra clase de sensaciones: pasiones, lujuria, poder, posición. Aunque sean superficiales, éstas son las cosas normales de la vida; no son para ser condenadas ni justificadas, sino que debemos comprenderlas y darles su exacto lugar. Si uno las condena por carentes de valor, por sensuales, estúpidas o poco espirituales, destruye todo el proceso del vivir...

Para conocer el júbilo, uno debe ir mucho más a lo profundo. El júbilo no es mera sensación. Requiere un refinamiento extraordinario de la mente, pero no el refinamiento del «yo» que acumula más y más para sí mismo. Un «yo» así, un hombre así, jamás podrá comprender este estado de regocijo en el que no existe el «uno» que se regocija. Tenemos que comprender esta cosa extraordinaria; de lo contrario, la vida se vuelve muy trivial, superficial, mezquina: nacer, aprender unas cuantas cosas, sufrir, engendrar hijos, asumir responsabilidades, ganar dinero, tener un poco de entretenimiento intelectual y después morirse.

2 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

No podemos perseguir la felicidad

¿Qué entienden ustedes por felicidad? Algunos dirán que la felicidad consiste en obtener lo que deseamos. Uno desea un auto, lo obtiene y es feliz. Desea un sari o alguna otra indumentaria; deseo ir a Europa y, si puedo hacerlo, soy feliz. Quiero ser el más grande de los políticos y, si lo consigo, soy feliz; si no lo consigo, soy desdichado. Así, lo que ustedes llaman felicidad es obtener lo que desean, el logro o el éxito, llegar a ser nobles; en una palabra, conseguir alguna cosa que desean. En tanto deseen algo y puedan obtenerlo, son perfectamente felices, no se sienten frustrados; pero si no pueden conseguir lo que desean, comienza la infelicidad. Esto es lo que nos interesa a todos, no sólo al rico y al pobre. Tanto el rico como el pobre desean obtener algo para sí mismos, para su familia, para la sociedad; y si algo les impide hacerlo, si algo les detiene, se sentirán desdichados. No estamos discutiendo esto no decimos que los pobres no deberían tener lo que desean. Ese no es el problema. Estamos intentando descubrir qué es la felicidad y si la felicidad es algo de lo cual estamos conscientes. En el instante en que estamos conscientes de que somos felices, ¿es felicidad eso? Tan pronto tenemos conciencia de que somos felices, eso ya no es felicidad.

En el momento en que tenemos conciencia de que somos humildes, no somos humildes.

Así pues, la felicidad no es cosa que podamos perseguir: llega. Pero si la buscamos, nos evadirá.

3 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

La felicidad no es sensación

La mente jamás puede encontrar la felicidad. La felicidad no es, como lo es la sensación, una cosa que pueda perseguirse y encontrarse. La sensación podemos encontrarla una y otra vez, porque siempre la perdemos; pero la felicidad no puede ser encontrada. La felicidad que recordamos es tan sólo una sensación, una reacción a favor o en contra del presente. Lo que se ha terminado no es la felicidad; la experiencia de felicidad que se ha acabado es sensación, porque el recuerdo es el pasado y el pasado es sensación. La felicidad no es sensación […].

Lo que conocemos es el pasado, no el presente; y el pasado es sensación, reacción, memoria. Recordamos que fuimos felices. ¿Puede el pasado decir qué es la felicidad? Puede rememorarla, pero no revivirla. El reconocimiento no es la felicidad; saber qué es ser feliz no es felicidad. El reconocer algo es la respuesta de la memoria; ¿puede la mente, el complejo de recuerdos, experiencias, ser feliz alguna vez? El reconocimiento mismo impide el experimentar.

Cuando usted está consciente de que es feliz, ¿hay felicidad? Cuando hay felicidad, ¿es consciente de ella? La conciencia llega sólo con el conflicto, el conflicto de recordar lo «más». Donde hay conflicto no existe la felicidad. El conflicto está donde está la mente. El pensamiento en todos los niveles es la respuesta de la memoria, y así el pensamiento engendra invariablemente conflicto. El pensamiento es sensación, y la sensación no es felicidad. Las sensaciones están siempre buscando satisfacerse. El objetivo es la sensación, pero la felicidad no es un objetivo; no es posible ir en busca de ella.

4 de julio; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie I

¿Puede la felicidad hallarse por medio de alguna cosa?

Buscamos la felicidad por medio de cosas, de pensamientos e ideas a través de la relación. Por lo tanto, se vuelven sumamente importantes las cosas, la relación y las ideas, no la felicidad. Cuando buscamos la felicidad por medio de algo, ese algo adquiere un valor mayor que la felicidad misma. Formulado de esta manera, el problema parece simple y es simple. Buscamos la felicidad en la familia, en la propiedad, en el nombre; entonces la propiedad, la familia, la idea, adquieren extrema importancia, ya que la felicidad es buscada a través de un medio; de esa manera, el medio destruye el fin. ¿Puede la felicidad hallarse a través de algún medio, de alguna cosa hecha por la mano o por la mente? ¡Es tan obvio que las cosas, las relaciones y las ideas son impermanentes, que siempre terminan por hacernos desdichados!... Las cosas son impermanentes, se gastan y se pierden; la relación constituye una fricción constante, y la muerte aguarda; las ideas y las creencias carecen de solidez, de permanencia. Buscamos la felicidad en ellas, sin darnos cuenta de su impermanencia. Así es como el dolor se convierte en nuestro constante compañero.

Para descubrir el verdadero significado de la felicidad debemos explorar el río del conocimiento propio. El conocimiento propio no es un fin en sí mismo. ¿Tiene un origen el río? Cada gota de agua, desde el principio al fin, hace al río. Imaginar que encontraremos la felicidad en el origen es un error. Ha de ser hallada allí donde nos encontramos en el río del conocimiento propio.

5 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IV

La felicidad que no es de la mente

Podemos movernos de un refinamiento a otro, de una sutileza a otra, de un disfrute a otro; pero en el centro de ello está el «yo», el «yo» que disfruta, que desea más felicidad, el «yo» que escudriña, que busca, que anhela la felicidad, el «yo» que lucha, el «yo» que se torna más y más refinado, pero al que jamás le agrada llegar a su fin. Sólo cuando el «yo» en todas sus formas sutiles llega a su fin, hay un estado de bienaventuranza que no es posible tratar de adquirir, un éxtasis, un verdadero júbilo libre de todo sufrimiento, de toda corrupción [...].

Cuando la mente trasciende el pensamiento del «yo», del experimentador, del observador, del pensador, puede haber, entonces, una felicidad incorruptible. Tal felicidad no puede ser permanente ‑en el sentido con que usamos esa palabra-. Pero nuestra mente está siempre buscando una felicidad que tenga permanencia, algo que perdure, que continúe. El deseo mismo de continuidad es corrupción [...].

Si podemos comprender el proceso de la vida, comprenderlo sin condenar, sin decir que es bueno o malo, entonces surge una felicidad creadora que no es «suya» ni «mía». Esa felicidad creadora es como la luz del Sol. Si usted desea conservar la luz del Sol para sí mismo, ése ya no es más el claro, cálido Sol dador de vida. De igual manera, si desea la felicidad porque está sufriendo o porque ha perdido a alguien o porque no ha tenido éxito, entonces eso es tan sólo una reacción. Pero cuando la mente puede ir más allá, hay una felicidad que no pertenece a la mente.

6 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

Comprender el sufrimiento

¿Por qué preguntamos «qué es la felicidad»? ¿Es ése el enfoque correcto? ¿Es ésa la correcta manera de investigar? No somos felices. Si fuéramos felices, nuestro mundo sería por completo diferente; nuestra civilización, nuestra cultura, serían total y radicalmente distintas. Somos seres humanos infelices, triviales, carentes de valor, peleadores, vanos; nos rodeamos de cosas inútiles, nos satisfacemos con ambiciones mezquinas, con el dinero y la posición social. Somos seres desdichados, aunque podamos poseer conocimientos, dinero, casas ricas, muchos hijos, automóviles, experiencia. Somos seres humanos tristes, sufrientes, y debido a que sufrimos, deseamos la felicidad; y así nos dejamos arrastrar por aquellos que nos prometen esta felicidad, social, económica o espiritual [...].

¿De qué sirve, cuando estoy sufriendo, preguntar si existe la felicidad? ¿Puedo comprender el sufrimiento? Ese es mi problema, no cómo ser feliz. Soy feliz cuando no estoy sufriendo, pero tan pronto tengo conciencia de que soy feliz, eso ya no es felicidad [...]. Debo, pues, comprender qué es el sufrimiento. ¿Puedo comprender qué es el sufrimiento cuando una parte de mi mente está escapando en la búsqueda de la felicidad, de una salida para esta desdicha? Por lo tanto, si he de comprender el sufrimiento, ¿no debo estar por completo unido a él, sin rechazarlo, ni justificarlo ni condenarlo, ni compararlo, sino permanecer completamente con él y comprenderlo?

La verdad acerca de lo que la felicidad es, llegará si sé cómo escuchar. Debo saber cómo escuchar al sufrimiento, si puedo escuchar al sufrimiento, puedo escuchar a la felicidad, porque soy eso.

7 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

El sufrimiento es sufrimiento, no es «suyo» ni «mío»

Su sufrimiento como individuo, ¿es diferente de mi sufrimiento o del sufrimiento de un hombre en Asia, en América o en Rusia? Las circunstancias, los incidentes pueden variar, pero en esencia el sufrimiento de otro ser humano es igual al suyo y al mío, ¿verdad? El sufrimiento es sufrimiento, ciertamente, no es suyo ni mío. El placer no es su placer ni mi placer: es placer. Cuando usted tiene hambre, no es su hambre solamente, es también el hambre de toda Asia. Cuando a usted le impulsa la ambición, cuando es cruel, ésa es la misma crueldad que impulsa al político, al que ejerce el poder, ya sea en Asia, América o Rusia.

Pero ya ve, eso es lo que objetamos. No vemos que todos somos una sola humanidad atrapada en esferas diferentes de la vida, en áreas diferentes. Cuando usted ama a alguien, eso no es «su» amor. Si lo es, se vuelve tiránico, posesivo, celoso, ansioso, brutal. De la misma manera, el sufrimiento es sufrimiento; no es «suyo» ni «mío». No estoy convirtiendo el sufrimiento en algo impersonal, en algo abstracto. Cuando uno sufre, sufre. Cuando un hombre carece de alimento, de ropa, de vivienda, sufre, ya sea que viva en Asia o en Occidente. Las personas que hoy están siendo muertas o heridas ‑los vietnamitas y los estadounidenses- están sufriendo. Comprender este sufrimiento, que no es suyo ni mío, que no es impersonal ni abstracto, sino algo real que todos experimentamos, requiere una dosis muy grande de penetración, de discernimiento directo, y la terminación de este sufrimiento traerá naturalmente la paz, paz no sólo interna, sino también externa.

8 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Sensibilidad al sufrimiento

¿Por qué yo o usted somos insensibles al sufrimiento del hombre? ¿Por qué nuestra indiferencia ante el coolie que transporta una carga pesada, ante la mujer que lleva un bebé? ¿Por qué somos tan duros? Para comprender eso, tenemos que comprender por qué nos embota el sufrimiento. No hay duda, es el sufrimiento el que nos torna insensibles, debido a que río comprendemos el sufrimiento, nos tornamos indiferentes a él. Sí comprendo el sufrimiento, entonces me vuelvo sensible al sufrimiento, estoy despierto a todas las cosas, no sólo a mí mismo, sino a la gente que me rodea, a mi esposa, a mis hijos, a un animal, a un mendigo. Pero nosotros no queremos comprender el sufrimiento y, al escapar del sufrimiento, nos embotamos; por consiguiente, nos volvemos insensibles. Señor, el problema es que el sufrimiento, cuando no es comprendido, entorpece la mente y el corazón; y nosotros no comprendemos el sufrimiento, porque deseamos escapar de él, por medio del gurú, de un salvador, de mantrams, de la reencarnación, de las ideas, de la bebida y de toda clase de aficiones; cualquier cosa para escapar de lo que es [... ].

Ahora bien, la comprensión del sufrimiento no radica en descubrir su causa. Cualquier persona puede conocer la causa de su sufrimiento: su propia irreflexión, su estupidez, su estrechez mental, su brutalidad y demás. Pero si presto atención al sufrimiento mismo sin desear una respuesta, ¿qué ocurre? Entonces, como no estoy escapando, comienzo a comprender el sufrimiento; mi mente, vigilante, alerta, intensa, se ha vuelto sensible; y siendo sensible, me doy cuenta del sufrimiento de otras personas.

9 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Adquirir creencias para evitar el dolor

El dolor físico es una respuesta nerviosa, pero el dolor psicológico surge cuando me aferro a cosas que me dan satisfacción, porque entonces tengo miedo de que alguien o algo pueda quitármelas. Las acumulaciones mentales evitan el dolor psicológico en tanto permanecen inalteradas; es decir, soy un haz de acumulaciones, experiencias, que previenen cualquier forma seria de perturbación, y yo no quiero que me perturben. Por lo tanto, temo que alguien pueda alterar algo de eso. Así que mi miedo es a lo conocido; siento temor por las acumulaciones, físicas o psicológicas, que he reunido como medios para evitar el dolor o prevenir el pesar. Pero el pesar está en el proceso mismo de acumular para impedir el dolor psicológico. El conocimiento también ayuda a prevenir este dolor. Tal como el conocimiento médico previene el dolor físico, así las creencias ayudan a evitar el dolor psicológico; por eso tengo miedo de perder mis creencias, aunque no tenga un conocimiento perfecto o pruebas concretas de la realidad de tales creencias. Puede que rechace algunas de las creencias tradicionales que me han impuesto, porque mi propia experiencia me da fuerza, confianza, entendimiento; pero tales creencias y el conocimiento que he adquirido son básicamente la misma cosa: un medio de evitar el dolor.

10 de julio; La libertad primera y última

Comprensión integrada

¿Que entendemos por «pesadumbre»? ¿Es algo separado de uno mismo? ¿Es algo ajeno a uno, interna o externamente, algo que uno observa, que uno experimenta? ¿Es uno meramente el observador experimentado? ¿O se trata de algo diferente? Por cierto, éste es un punto importante, ¿no es así? Cuando digo: «Yo sufro», ¿qué quiero decir con eso? ¿Acaso soy diferente del sufrimiento? Obviamente, ése es el problema, ¿verdad? Descubramos.

Hay dolor; no me aman, mi hijo muere, etc. Hay una parte de mí que exige saber por qué, exige una explicación, los motivos, las causas. Otra parte de mí padece angustias por distintas razones. Y también hay otra parte de mí que quiere librarse del dolor, que quiere trascenderlo. Nosotros somos todas estas cosas, ¿no es así? Entonces, si una parte de mí rechaza el dolor, le ofrece resistencia, otra parte busca una explicación, está presa en teorías, y otra parte escapa del hecho, ¿cómo puedo comprender totalmente el dolor? Sólo cuando soy capaz de una comprensión integrada, tengo posibilidad de liberarme del dolor. Pero si soy desgarrado en diferentes direcciones, el dolor no me revela su verdad [...].

Ahora bien, escuche atentamente; verá que cuando hay un hecho, una verdad, hay comprensión de ésta sólo si puedo experimentar toda la cosa sin división alguna, y no cuando existe la separación del «yo» observando el sufrimiento. Ésa es la verdad.

11 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Usted es el sufrimiento

Cuando no hay un observador que esté sufriendo, ¿es el sufrimiento diferente de uno mismo? Uno es el sufrimiento, ¿no es así? Usted no está separado del dolor, usted es el dolor. ¿Qué ocurre? Al no rotular eso, al no nombrarlo, al no ignorarlo, usted es tan sólo ese dolor, ese sentimiento, esa sensación de angustia. Cuando no lo nombra, cuando no hay miedo con respecto a eso, ¿está el centro relacionado con ello? Si lo está, entonces tiene miedo de ello. Entonces tiene que actuar, hacer algo al respecto. Pero si el centro es eso, entonces, ¿qué hace usted? No hay nada que hacer, ¿verdad? Si usted es eso y no está rotulándolo, aceptándolo o desechándolo, si usted es esa cosa, ¿qué ocurre? ¿Dice que sufre entonces? Por cierto, ha tenido lugar una transformación fundamental. Ya no existe más el «yo sufro», porque no hay un centro que sufra, y el centro sufre porque jamás hemos examinado qué es el centro. Vivimos tan sólo de palabra en palabra, de reacción en reacción.

12 de julio; La libertad primera y última

¿Es esencial el sufrimiento?

Hay muchas variedades y complicaciones y grados de sufrimiento. Todos conocemos eso. Ustedes lo saben muy bien, y llevamos esta carga a lo largo de toda nuestra vida, prácticamente desde el instante en que nacemos hasta el instante en que nos hundimos en la sepultura [...].

Si decimos que el sufrimiento es inevitable, entonces no hay respuesta; si lo aceptamos, hemos cesado de inquirir al respecto. Uno ha cerrado la puerta para la investigación ulterior si escapa de ello, también ha cerrado la puerta. Puede escapar hacia el sexo, la bebida, el entretenimiento, distintas formas de poder, posición, prestigio, mediante el insustancial y vacuo parloteo interno. En tal caso, sus escapes se vuelven sumamente importantes; los objetos hacia los cuales uno escapa asumen una importancia colosal. Así, uno ha cerrado también la puerta: al dolor, y eso es lo que hace la mayoría de nosotros [...]. Ahora bien, ¿podemos detener los escapes de toda clase y regresar al sufrimiento?... Eso no significa buscar una solución para el sufrimiento. Existe el sufrimiento físico: un dolor de muelas, de estómago, una operación, accidentes, distintas formas de sufrimientos físicos que tienen su propia respuesta. También está el miedo a la dificultad futura que podría causar subimiento. El sufrimiento está estrechamente relacionado con el miedo, y sin comprender estos dos factores fundamentales en la vida, jamás comprenderemos qué es ser compasivo, amar. Así pues, una mente interesada en comprender qué es la compasión, el amor y todo eso debe indudablemente comprender qué es el miedo y qué es el dolor.

13 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Dolor consciente y dolor inconsciente

El dolor es... pesar, incertidumbre, sentimiento de completa soledad. Está el dolor ante la muerte, el dolor de no ser capaces de realizarnos en lo personal, el dolor de no ser reconocidos, el dolor de amar y no ser amados a cambio. Hay innumerables formas de dolor, y me parece que, sin comprender el dolor, no hay fin posible para el conflicto, la desdicha, el tormento cotidiano de corrupción y deterioro [...].

Existe el dolor consciente, y también existe el dolor inconsciente, dolor que parece no tener base ni causa inmediata. Casi todos conocemos el dolor consciente, y también conocemos el modo de abordarlo: o bien lo evadimos mediante la creencia religiosa, o lo racionalizamos, o tomamos alguna clase de droga ‑intelectual o física-, o nos absorbemos en las palabras, en las divisiones, en el entretenimiento superficial. Hacemos todo esto y, sin embargo, no podemos desprendernos del dolor consciente.

Luego está el dolor inconsciente que hemos heredado a través de los siglos. El hombre siempre ha procurado vencer esta cosa extraordinaria llamada dolor, pesadumbre, desdicha; pero aun cuando seamos superficialmente felices y tengamos todo cuanto queremos, muy en el fondo del inconsciente siguen estando las raíces del dolor. Por lo tanto, cuando nos referimos a la terminación del dolor, queremos decir la terminación de todo el dolor, tanto del consciente como del inconsciente.

Para terminar con el dolor, uno debe tener una mente muy clara, muy sencilla. La sencillez no es una mera idea. Ser sencillo, simple, exige muchísima inteligencia y sensibilidad.

14 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Lastimar sentimientos

¿Cómo deberíamos actuar a fin de no perturbar a otros? Me temo que entonces no actuaríamos en absoluto. Si usted vive de manera completa, sus acciones pueden causar perturbación, pero ¿qué es más importante, descubrir lo verdadero o no perturbar a otros? Esto parece tan simple que apenas si necesita ser contestado. ¿Por qué quiere usted respetar los sentimientos y puntos de vista de otras personas? ¿Teme que lastimen sus propios sentimientos, que le hagan cambiar su propio punto de vista? Si la gente tiene opiniones que difieren de las suyas, usted sólo puede descubrir si son verdaderas cuestionándolas, entrando en contacto activo con ellas. Y si descubre que esas opiniones y esos sentimientos no responden a la verdad, su descubrimiento puede causar perturbación a aquellos que los alimentan. Entonces, ¿qué debe usted hacer? ¿Debe acatar tales opiniones y sentimientos, comprometerse con ellos para no lastimar a sus amigos?

15 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. I

La imagen propia resulta en dolor

¿Por qué dividimos los problemas en mayores y menores? ¿Acaso no es todo un problema para nosotros? ¿Por qué los convertimos en problemas pequeños o grandes, esenciales o no esenciales? Si pudiéramos comprender un problema, investigarlo bien a fondo por pequeño o grande que fuera, pondríamos al descubierto todos los problemas. Ésta no es una respuesta retórica. Tome cualquier problema: ira, celos, envidia, odio; los conocemos muy bien. Si investiga muy profundamente la ira, si no se limita a ignorarla, ¿qué es lo que ella implica? ¿Por qué es uno irascible? Porque se siente lastimado, porque alguien le ha dicho algo desagradable; y cuando alguien le prodiga una alabanza, eso le complace. ¿Por qué se siente uno lastimado? La importancia propia, ¿verdad? Y ¿por qué existe la importancia propia?

Existe a causa de que tenemos una idea, un símbolo de nosotros mismos, una imagen de lo que uno debería ser, de lo que uno es o no debería ser. ¿Por qué creamos una imagen de nosotros mismos? Porque jamás hemos estudiado lo que somos realmente. Pensamos que deberíamos ser esto o aquello, el ideal, el héroe, el ejemplo. Lo que nos provoca ira es que ataquen nuestro ideal, la idea que tenemos acerca de nosotros mismos. Esa idea es un escape del hecho de lo que somos. Peto cuando uno observa el hecho real de lo que uno es, nadie puede lastimarlo. Entonces, si usted es un mentiroso y le dicen que es un mentiroso, eso no significa que se sienta lastimado; se trata de un hecho. Pero cuando está pretendiendo que no es un mentiroso y le dicen que lo es, se pone furioso, violento. Así, estamos viviendo siempre en un mundo de ideas, de mitos; jamás vivimos en el mundo de los hechos. Para poder observar lo que es, para verlo, para familiarizarnos realmente con ello, no debe haber juicio alguno, ni evaluación, ni opinión, ni miedo.

16 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Placer pervertido

Existe una cosa como el sadismo. ¿Saben lo que significa esa palabra? Un autor llamado el marqués de Sade escribió una vez un libro acerca de un hombre que gozaba dañando a las personas y viéndolas sufrir. De allí se deriva la palabra sadismo, que significa obtener placer del sufrimiento de otros. Ciertas personas experimentan una satisfacción peculiar viendo sufrir a los demás. Obsérvense a sí mismos y vean si tienen ese sentimiento. Puede no ser tan obvio, pero si está ahí hallarán que se expresa en el impulso de reír cuando alguien se cae. Ustedes quieren derribar a los que están arriba; critican, murmuran irreflexivamente acerca de otros, todo lo cual es una expresión de insensibilidad, una manera de querer lastimar a la gente. Uno puede ofender a otro deliberadamente, por venganza, o puede hacerlo inconscientemente con una palabra, un gesto, una mirada; pero en uno u otro caso, el impulso es dañar a alguien, y son muy pocos los que desechan radicalmente esta forma pervertida de placer.

17 de julio; El propósito de la educación

La verdadera educación

La mente crea mediante la experiencia, la tradición, la memoria. ¿Puede la mente librarse de acumular, aunque esté experimentando? ¿Comprende la diferencia? Lo que se requiere no es el cultivo de la memoria, sino libertad con respecto al proceso acumulativo de la mente.

Digamos que usted me ofende, lo cual es una experiencia; y yo guardo esa ofensa. Eso se convierte en mi tradición, y desde esa tradición lo miro, reacciono desde esa tradición. Ése es el proceso cotidiano de mi mente y de su mente. Ahora bien, ¿es posible que, aunque usted me ofenda, no se genere el proceso acumulativo? Ambos procesos son por completo diferentes.

Si usted me dice algo duro, sus palabras me ofenden; pero si no doy importancia a esa ofensa, ella no se convierte en el trasfondo desde el cual actúo; por lo tanto, cuando me encuentro con usted puedo hacerlo de un modo nuevo. Eso es la verdadera educación, en el sentido profundo de la palabra. Porque, entonces, si bien veo los efectos condicionadores de la experiencia, la mente no se condiciona.

18 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

La terminación de la ira

Estoy seguro de que todos hemos tratado de dominar la ira, pero por alguna razón ésta no parece disolverse. ¿Existe una manera diferente de abordar la disipación de la ira?... La ira puede brotar por causas físicas o psicológicas. Uno está enfurecido, quizá, porque se siente contrariado, se han derrumbado sus reacciones defensivas, o la seguridad que uno ha elaborado cuidadosamente se ve amenazada, etc. Todos estamos familiarizados con la ira. ¿Cómo puede uno comprenderla y disolverla? Si usted considera que sus creencias, sus ideas y opiniones son de la mayor importancia, entonces está forzado a reaccionar violentamente cuando se las cuestiona. Si en vez de aferrarse a las creencias y opiniones, empieza a cuestionarlas y se pregunta si son esenciales para su comprensión de la vida, entonces, gracias a la comprensión de las causas de la ira, ésta llega a su fin. De ese modo, uno comienza a disolver sus propias resistencias, que originan conflicto y dolor. Esto requiere, a su vez, gran seriedad. Estamos acostumbrados a controlarnos por razones sociológicas o religiosas, o por conveniencia, pero para erradicar la ira se necesita una profunda percepción alerta [...].

Usted dice que siente ira cuando oye acerca de las injusticias. ¿Es porque ama a la humanidad, porque es compasivo? ¿Residen juntas la compasión y la ira?

¿Puede haber justicia cuando hay ira, odio? Usted quizá siente ira al pensar en la injusticia y crueldad general, pero su Ira no altera la injusticia ni la crueldad; sólo puede causar daño. Para generar orden, usted mismo debe ser serio, compasivo. La acción nacida del odio sólo puede crear más odio. No puede haber justicia donde hay ira. La justicia y la ira no pueden vivir juntas.

19 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. III

El perdonar no es verdadera compasión

¿Qué es ser compasivo? Por favor, descubra por sí mismo, sondéelo, vea si una mente lastimada y que puede lastimar es capaz de perdonar alguna vez. ¿Puede hacerlo? Y una mente así, susceptible de ser lastimada, que está cultivando la virtud, que es consciente de ser generosa, ¿puede ser compasiva? La compasión, como el amor, es algo que no pertenece a la mente. La mente no tiene conciencia de que es compasiva, de que ama. Pero en el momento en que usted perdona conscientemente, la mente está haciendo que su propio centro se fortalezca en su herida psicológica. Por lo tanto, la mente que tiene conciencia de que perdona, jamás puede perdonar; no conoce el perdón; perdona con el fin de que no la lastimen más.

Es, pues, muy importante descubrir por qué la mente recuerda, por qué acumula. Lo hace porque está todo el tiempo buscando engrandecerse, crecer en importancia, ser alguna cosa. Cuando la mente está dispuesta a no ser cosa alguna, a ser nada, completamente nada, entonces, en ese estado hay compasión; en él no existe el perdonar ni puede uno lastimar o ser lastimado. Pero para comprender eso, uno tiene que comprender el desarrollo consciente del «yo» [...].

De modo que en tanto exista el consciente cultivo de cualquier influencia particular, de cualquier virtud especial, no puede haber amor ni compasión, porque el amor y la compasión no son el resultado del esfuerzo consciente.

20 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

Donde hay posibilidad de sufrimiento no hay amor

El interlocutor desea saber cómo puede actuar libremente y sin reprimirse, sabiendo que su acción puede lastimar a aquellos que ama. Vea, amar es ser libre, ambas partes que aman son libres. Donde hay posibilidad de dolor, donde es posible sufrir en el amor, eso no es amor, es tan sólo una sutil forma de posesión, de afán adquisitivo. Si usted ama, si realmente ama a alguien, no hay posibilidad de causarle dolor cuando usted hace algo que considera correcto. Pero cuando quiere que esa persona haga lo que usted desea, o esa persona quiere que usted haga lo que ella desea, sólo entonces hay dolor. O sea, a usted le agrada ser poseído; se siente a salvo, seguro, cómodo; aunque sabe que la comodidad no es sino transitoria, encuentra refugio en ella, en esa transitoriedad. Así, cada lucha por la comodidad, por el estímulo, no hace sino delatar realmente la falta de riqueza interior; en consecuencia, una acción aparte, separada de la otra individualidad, es natural que genere perturbación, pesar y sufrimiento, y un ser humano tiene que reprimir lo que siente de verdad, para poder así ajustarse al otro. En otras palabras, esta constante represión, originada en el así llamado amor, destruye a ambos individuos. En ese amor no hay libertad; eso es tan sólo una sutil esclavitud.

21 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. II

La naturaleza de la trampa

El dolor es resultado de una conmoción, es la momentánea sacudida de una mente que ha aceptado la rutina y se ha acostumbrado a ella. Algo sucede ‑una muerte, la pérdida de un empleo, el cuestionamiento de una creencia muy apreciada-, y la mente se altera. Pero ¿qué hace una mente alterada? Encuentra la manera de volver a su condición inalterada; busca refugio en otra creencia, en un empleo más seguro, en una nueva relación. Otra vez llega la ola de la vida y hace añicos sus dispositivos de seguridad, pero la mente pronto encuentra, no obstante, nuevas defensas; y así prosigue. Éste no es el camino de la inteligencia, ¿verdad?

Ninguna forma de compulsión externa o interna podrá ayudar. Toda compulsión, por sutil que sea, es el resultado de la ignorancia; nace del deseo de recompensa o del miedo al castigo. Comprender toda la naturaleza de la trampa es estar libre de ella; ninguna persona, ningún sistema, ninguna creencia puede liberarnos. La verdad de esto es el único factor que libera, pero uno tiene que verla por sí mismo, y no ser meramente persuadido. Tiene que emprender el viaje en un mar inexplorado.

22 DE JUICO Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie III

La terminación del dolor

Si usted desciende por el camino, verá el esplendor de la naturaleza, la belleza extraordinaria de los campos verdes y los cielos abiertos; y escuchará las risas de los niños. Pero, a pesar de todo eso, hay una sensación de dolor. Está la angustia de una mujer que lleva a su criatura; está el dolor de la muerte; está el dolor cuando uno espera con ansia algo y ello no ocurre; hay dolor cuando una nación se debilita, se deteriora; y está el dolor de la corrupción, no sólo en lo colectivo, sino también en lo individual. Hay dolor en su propia casa, si usted mira profundamente: el dolor de no poder realizarse, el dolor de su propia pequeñez o incapacidad, y diversos dolores inconscientes.

Hay también risas en la vida. La risa es algo hermoso, reír sin un motivo, tener en el corazón una alegría sin causa, amar sin buscar nada a cambio. Pero es muy raro que en nosotros tenga lugar una risa semejante. Estamos agobiados de dolor; nuestra vida es un proceso de desdicha y lucha, una continua desintegración, y casi nunca sabemos qué es amar con la totalidad de nuestro ser [...].

Queremos encontrar una solución, un medio, un método por el cual resolver esta carga de la vida, y así jamás miramos realmente el dolor. Tratamos de escapar mediante mitos, imágenes, especulaciones; esperamos encontrar alguna manera de evitar este peso, de anticiparnos a la ola del dolor.

... El dolor tiene una terminación, pero ésta no acaece por medio de método o sistema alguno. No hay dolor cuando ha, percepción de lo que es.

23 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Enfrentarse al dolor

¿Cómo se enfrenta usted al dolor? Me temo que la mayoría de ustedes lo hace de una manera muy superficial. Nuestra educación, nuestra enseñanza, nuestro conocimiento, las influencias sociológicas a las que estamos expuestos, todo nos torna superficiales. Una mente superficial es la que escapa acudiendo a la iglesia, a alguna conclusión, a algún concepto, a alguna creencia o idea. Todos esos son refugios para la mente superficial que sufre. Y si no podemos encontrar un refugio, construimos un muro alrededor de nosotros y nos volvemos cínicos, duros, indiferentes, o escapamos hacia alguna fácil reacción neurótica. Todas estas defensas contra el sufrimiento impiden una futura investigación [...].

Por favor, observe su propia mente, observe cómo justifica sus sufrimientos, cómo se absorbe en el trabajo, en las ideas, o se aferra a una creencia en Dios o en una vida futura. Y si ninguna explicación, ninguna creencia ha sido satisfactoria, escapa a través de la bebida, del sexo, o volviéndose cínico, duro, amargo, irritable [...]. Generación tras generación, ello ha sido transmitido por los padres a sus hijos, y la mente superficial jamás quita el vendaje de esa herida; de hecho, no conoce el dolor, no está realmente familiarizada con él. Tiene tan sólo una idea acerca del dolor. Tiene una imagen, un símbolo del dolor, pero jamás se enfrenta al dolor; sólo se enfrenta a la palabra dolor.

24 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Eludiendo dolor

Casi todos nosotros experimentamos diferentes formas de dolor: en la relación, debido a la muerte de alguien, al no poder realizarnos y al deteriorarnos inútilmente, o al tratar de alcanzar el éxito, de llegar a ser alguien y toparnos con el fracaso total. Y está todo el problema del dolor en el aspecto físico: enfermedad, ceguera, incapacitación, parálisis y demás. En todas partes nos encontramos con esta cosa extraordinaria que llamamos dolor ‑y con la muerte que aguarda a la vuelta de la esquina-. Y no sabemos cómo enfrentarnos al dolor, así que lo veneramos o lo racionalizamos o escapamos de él. Vaya a cualquier iglesia cristiana y verá que el dolor es venerado; lo han convertido en algo extraordinario, sagrado, y se dice que sólo a través del dolor, de Cristo crucificado, puede uno encontrar a Dios. En Oriente tienen sus propias formas de evasión, otras formas de eludir el dolor, y me parece una cosa extraordinaria que tan pocos, ya sea en Oriente o en Occidente, estén verdaderamente libres del dolor.

Sería algo maravilloso si en el proceso de escuchar lo que se está diciendo ‑de escucharlo no emocionalmente, no sentimentalmente-... pudiera usted comprender de veras el dolor y liberarse por completo de él, porque entonces no habría ni autoengaños, ni ilusiones, ni ansiedades, ni miedo, y el cerebro sería capaz de funcionar claramente, con agudeza, con lógica, quizás entonces, podría usted saber qué es el amor.

25 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Seguir el curso del sufrimiento

¿Qué es el sufrimiento?... ¿Qué significa? ¿Qué es lo que está sufriendo? No por qué hay sufrimiento, no cuál es la causa del sufrimiento, sino qué es lo que de hecho ocurre. No sé si ve la diferencia. Entonces, estoy simplemente alerta al sufrimiento, no como algo separado de mí, no como un observador que observa el sufrimiento; éste forma parte de mí, esto es, la totalidad de mí está sufriendo. Entonces soy capaz de seguir el curso del sufrimiento, ver hacia dónde conduce. Ciertamente, si hago eso, el sufrimiento se abre y se da a conocer, ¿no es así? Entonces veo que he puesto énfasis en el «yo», no en la persona que amo y que se ha ido. Ella sólo actuaba como una manera de ocultar mi propia miseria, mi soledad, mi infortunio. Como no soy esto o aquello, esperaba que ella lo fuese. Eso se acabó; me siento abandonado, perdido, solo. Sin ella, nada soy. Por eso lloro. No porque ella se haya ido, sino porque yo he sido abandonado. Yo estoy solo.

... Hay innumerables personas para ayudarme a escapar: miles de las así llamadas personas religiosas, con sus creencias y dogmas, esperanzas y fantasías ‑«es el karma, es la voluntad de Dios»-, usted sabe, todas ofreciéndome una salida. Pero si puedo permanecer con el sufrimiento, sin apartarlo de mí, sin tratar de circunscribirlo o negarlo, ¿qué ocurre entonces? ¿Cuál es el estado de mi mente cuando sigue de ese modo el movimiento del sufrir?

26 de julio; La libertad primera y última

Comprensión espontánea

Jamás decimos: «Veamos qué es eso que sufre». Uno no puede verlo recurriendo al esfuerzo, a la disciplina. Debe mirar con interés, con comprensión espontánea. Entonces verá que la cosa que llamamos sufrimiento, dolor, la cosa que evitamos, así como la disciplina, todo eso se ha desvanecido. En tanto no tengo relación con la cosa como algo independiente de mí, no hay problema; tan pronto establezco una relación con ella como algo exterior a mí mismo, surge el problema. Mientras trato al sufrimiento como si fuera algo exterior ‑sufro porque he perdido a mi hermano, porque no tengo dinero, por esto o aquello- establezco con el sufrimiento una relación ficticia. Pero si soy esa cosa, si veo el hecho, entonces toda la cosa se transforma, tiene un significado diferente. Entonces hay atención plena, atención integrada, y aquello que es observado en su totalidad, es comprendido y disuelto; por lo tanto, no hay miedo y, en consecuencia, la palabra dolor no existe.

27 de julio; La libertad primera y última

El centro del sufrimiento

Cuando usted ve algo muy hermoso, una bella montaña, una bella puesta del sol, una sonrisa cautivadora, un rostro encantador, ese hecho le causa un impacto y usted se queda aturdido, silencioso; ¿jamás le ha ocurrido? Cuando eso sucede, uno estrecha al mundo entre sus brazos. Pero eso es algo que llega a su mente desde fuera, y yo hablo de la mente que no está aturdida por un impacto, sino que desea mirar, observar. Ahora bien, ¿puede usted observar sin toda esta irrupción súbita del condicionamiento? A una persona que sufre le explico en palabras que el dolor es inevitable, que es el resultado de la realización personal, etc. Cuando se han terminado por completo todas las explicaciones, sólo entonces puede usted mirar, y eso implica que no está mirando desde un centro. Cuando mira desde un centro, sus facultades de observación son limitadas. Si me agarro a un poste y no me quiero mover de allí, hay una tensión, hay dolor. Cuando desde el centro miro dentro del sufrimiento, lo que hay es sufrimiento. Mi incapacidad de observar es la que da origen al dolor. No puedo observar si pienso, funciono y miro desde un centro, como cuando digo: «No debo sentir dolor, debo descubrir por qué sufro, debo escapar». Cuando observo desde un centro, ya sea ese centro una conclusión, una idea, una esperanza, la desesperación o alguna otra cosa, esa observación es muy restringida, muy estrecha, muy trivial; y eso engendra dolor.

28 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Voy XII

Una inmensidad más allá de toda medida

¿Qué ocurre cuando uno pierde a alguien a causa de la muerte? La reacción inmediata es una sensación de parálisis, y cuando uno sale de ese estado de conmoción, existe lo que llamamos dolor. Ahora bien, qué significa esa palabra dolor? El compañerismo, las palabras de dicha, los paseos, las muchas cosas gratas que uno hizo y esperaba hacer junto a esa persona, todo esto le es arrebatado en un segundo, y uno se queda vacío, desnudo, solo. Eso es lo que uno objeta, contra eso se rebela la mente: quedarse súbitamente consigo misma, totalmente sola, vacía, sin apoyo alguno. Ahora bien, lo que importa es vivir con ese vacío, simplemente vivir con él, sin ninguna reacción, sin racionalizarlo, sin escapar de él acudiendo a médiums, a la teoría de la reencarnación y a todo ese tonto desatino; vivir con ese vacío y hacerlo con la totalidad del ser. Y si usted penetra en ello paso a paso, encontrará que hay una terminación del dolor, una terminación real, no verbal, no la terminación superficial que llega a través del escape, de la identificación con un concepto o del compromiso con una idea. Entonces encontrará que no hay nada que proteger, porque la mente está por completo vacía y ya no reacciona en el sentido de intentar llenar ese vacío; y cuando todo el dolor ha llegado de este modo a su fin, habrá usted emprendido otro viaje, un viaje sin comienzo ni final. Hay una inmensidad que está más allá de toda medida, pero uno no puede penetrar en ese mundo si no hay una terminación total del dolor.

29 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Vivir con el dolor

Todos experimentamos dolor. ¿No experimenta usted dolor en una u otra forma? ¿Y desea saber acerca de él? Si lo desea, puede analizarlo y explicar por qué sufre. Puede leer libros sobre el tema, o ir a la iglesia, y pronto sabrá algo acerca del dolor. Pero no estoy hablando de eso; hablo de la terminación del dolor. El conocimiento no pone fin al dolor. La terminación del dolor empieza cuando nos endentamos a los hechos psicológicos que tienen lugar dentro de nosotros, y estamos alerta por completo, de instante en instante, a todas las implicaciones de esos hechos. Esto significa no escapar jamás del hecho de que uno sude, no racionalizarlo nunca ni ofrecer opinión alguna al respecto, sino vivir completamente con ese hecho.

Vea, vivir con la belleza de aquellas montañas y no acostumbrarse a ellas, es muy difícil [...]. Uno ha contemplado esas montañas, ha oído el torrente, ha visto las sombras avanzando lentamente a través del valle, día tras día; ¿no ha notado usted con cuánta facilidad se acostumbra uno a todo ello? Usted dice: «Sí, es bellísimo, y sigue de largo. Vivir con la belleza, o vivir con algo desagradable y no habituarse a ello, requiere una energía enorme, una percepción alerta que impida a su mente embotarse. De igual manera, el subimiento embota la mente si usted tan sólo se acostumbra a él; y casi todos nos acostumbramos a él. Pero usted no necesita acostumbrarse al dolor. Puede vivir con el dolor, investigarlo, comprenderlo, pero no con el fin de conocer acerca de él.

Usted sabe que el dolor está ahí; es un hecho, y no hay nada más que conocer. Usted tiene que vivir con el dolor.

30 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Estar en comunión con el dolor

La mayoría de nosotros no está en comunión con nada. No estamos en comunión directa con nuestros amigos, con nuestra esposa, con nuestros hijos [...].

Para comprender, pues, el dolor, uno debe amarlo, ¿no es así? Es decir, debe estar en comunión directa con él. Si usted quiera comprender algo ‑a su vecino, a su esposa, o a alguna relación-, si quiere comprender algo completamente, debe estar cerca de ello. Debe llegar a ello sin reparo alguno, sin prejuicio, condena ni repulsión; debe mirarlo, ¿verdad? Si yo quiero comprenderlo a usted, no debo tener prejuicios a su respecto, debo ser capaz de mirarlo, no a través de las barreras, de las pantallas de mis prejuicios y condicionamientos. Tengo que estar en comunión con usted, lo cual implica que debo amarlo. De igual manera, si quiero comprender el dolor, debo amarlo, debo estar en comunión con él. No puedo hacerlo porque estoy escapando del dolor mediante explicaciones, teorías, esperanzas, postergaciones, todo lo cual constituye el proceso de verbalización. Así pues, las palabras me impiden estar en comunión con el dolor. Las palabras ‑palabras de explicaciones, racionalizaciones, que siguen siendo palabras, un proceso mental- impiden que entre en comunión directa con el dolor. Pero sólo cuando estoy en comunión con el dolor puedo comprenderlo.

31 de julio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

El Libro de la Vida

Julio

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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