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El Libro de la Vida

Agosto

La verdad - La realidad - El observador y lo observado - «Lo que es»

Corazón lleno, mente vacía

No hay sendero hacia la verdad, ella debe llegar a uno. La verdad puede llegar a nosotros sólo cuando la mente y el corazón son sencillos, claros, y en nuestro corazón hay amor; no si nuestro corazón está lleno con las cosas de la mente. Cuando en el corazón hay amor, no hablamos acerca de organizar la fraternidad; no hablamos de creencias, de división o de poderes que crean división, no necesitamos reconciliarnos. Entonces somos, cada uno de nosotros, simplemente un ser humano, sin rótulo alguno, sin una nacionalidad. Esto significa que usted debe despojarse de todas esas cosas y permitirle a la verdad que se manifieste; y la verdad puede manifestarse sólo cuando la mente está vacía, cuando cesa en sus creaciones. Entonces la verdad vendrá sin que la inviten. Llegará tan rápida y sorpresivamente como el viento. Llega en secreto, no cuando la aguardamos, cuando la deseamos. Está ahí, tan súbita como la luz del sol, tan pura como la noche. Pero para recibirla, el corazón debe estar lleno y la mente vacía. Ahora tiene usted la mente llena y su corazón está vacío.

1 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

La verdad es un estado del ser

No hay camino alguno que nos conduzca a la verdad, y no hay dos verdades. La verdad no es del pasado ni del presente, es intemporal; y el hombre que cita la verdad del Buda, de Shankara, de Cristo, o aquel que meramente repite lo que yo digo, no encontrará la verdad, porque la repetición no es la verdad. La repetición es una mentira. La verdad es un estado del ser que surge cuando la mente que busca dividir, ser exclusiva, que sólo puede pensar en términos de resultados, de logros, ha llegado a su fin. Sólo entonces existirá la verdad. La mente que hace esfuerzos que se disciplina a fin de lograr un objetivo, esa mente no puede conocer la verdad, porque el objetivo es su propia proyección, y el hecho de perseguir esa proyección, por noble que sea, es una forma de culto de sí misma. Un ser así es un ególatra y, por lo tanto, no puede conocer la verdad. La verdad es para conocerse sólo cuando comprendemos el proceso total de la mente, es decir, cuando no luchamos.

2 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

La verdad no tiene lugar permanente

La verdad es un hecho, y el hecho puede comprenderse sólo cuando las distintas cosas que han sido puestas entre la mente y el hecho son eliminadas. El hecho es la relación que tiene usted con la propiedad, con su esposa, con los seres humanos, con la naturaleza y las ideas; y en tanto no comprenda el hecho de la relación, su búsqueda de Dios sólo aumenta la contusión, porque esa búsqueda es un sustituto, un escape, y no tiene sentido. Mientras domine a su mujer y ella lo domine mientras posea y sea poseído, no puede usted conocer el amor, mientras esté reprimiendo, sustituyendo, mientras sea ambicioso, no puede conocer la verdad.

Conoce la verdad sólo aquel que no busca, que no lucha, que no trata de obtener un resultado [...]. La verdad no es continua, no tiene lugar permanente, puede ser vista sólo de instante en instante. Es siempre nueva, por lo tanto, es intemporal. Lo que fue verdad ayer no es verdad hoy, lo que es verdad hay no es verdad mañana. La verdad no tiene continuidad. La mente es la que desea hacer continua la experiencia que ella llama verdad, y una mente así no conocerá la verdad, que es siempre nueva, que está en ver la misma sonrisa y ver esa sonrisa de un modo nuevo, en ver la misma persona y verla de un modo nuevo, en ver de un modo nuevo las palmeras ondulantes; la verdad está en enfrentarse de un modo nuevo a la vida.

3 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

No hay guía hacia la verdad

¿Podemos encontrar a Dios si vamos en busca de él? ¿Puede usted ir en busca de lo desconocido? Para encontrar algo, uno debe saber qué está buscando. Si usted procura encontrar, lo que encuentre será una proyección de sí mismo, será lo que usted desea; y lo que crea el deseo no es la verdad. Ir en busca de la verdad es negarla. La verdad no tiene morada fija; no hay sendero ni guía que conduzcan hacia ella, y la palabra verdad no es la verdad. ¿Puede la verdad ser hallada en un medio particular, en un clima especial, entre determinadas personas? ¿Está aquí y no allá? ¿Es tal persona la que nos guía hacia la verdad, y no otra? ¿Existe, acaso, guía alguna? Cuando la verdad es buscada, lo que encontramos sólo puede provenir de la ignorancia, porque la búsqueda misma nace de la ignorancia. Uno no puede buscar la realidad, «uno» debe cesar para que la realidad sea.

4 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serte I

La verdad se encuentra de instante en instante

La verdad no puede ser acumulada. Lo que se acumula es siempre destruido; se marchita. La verdad no puede marchitarse jamás, porque sólo podemos dar con ella de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si usted y yo podemos encontrar esa verdad y vivirla ‑el vivirla mismo es el encontrarla-, entonces no nos volveremos propagandistas; seremos seres humanos creativos, no seres humanos «perfectos» sino seres humanos creativos, lo cual es inmensamente distinto.

5 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

El verdadero revolucionario

La verdad no es para aquellos que son respetables, ni para aquellos que deseen su propia expansión, su propia realización. La verdad no es para los que están buscando seguridad, permanencia, porque la permanencia que buscan no es sino lo opuesto de la impermanencia. Estando atrapados en la red del tiempo, buscan lo permanente, pero lo permanente que buscan no es lo real, ya que es producto de su pensamiento. Por lo tanto, el hombre que quiera descubrir la realidad, debe dejar de buscar, lo cual no quiere decir que deba contentarse con lo que es. Por el contrario, un hombre empeñado en el descubrimiento de la verdad, debe ser internamente un revolucionario completo. No puede pertenecer a ninguna clase social, a ninguna nación, a ningún grupo, a ninguna ideología o religión organizada, porque la verdad no se encuentra en el templo ni en la iglesia, no puede hallársela en las cosas hechas por la mano o por la mente. La verdad se manifiesta sólo cuando las cosas de la mano o de la mente son puestas a un lado, y poner a un lado las cosas de la mano o de la mente no es una cuestión de tiempo. La verdad llega a quien está libre del tiempo, a quien no usa el tiempo como un medio de expansión propia. El tiempo implica memoria del ayer, memoria de mi familia, de mi raza, de mi carácter particular, de la acumulación de experiencias propias que componen el «yo» y «lo mío».

6 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Ver la verdad en lo falso

Usted puede estar superficialmente de acuerdo cuando oye decir que el nacionalismo, con toda su carga emocional y sus intereses creados, nos conduce a la explotación y pone al hombre contra el hombre; pero otra cosa es que libere a su mente de la mezquindad del nacionalismo. Estar libre, no sólo del nacionalismo sino de todas las conclusiones de las religiones organizadas y de los sistemas políticos, es esencial si la mente ha de ser joven, fresca, inocente, esto es, si ha de hallarse en un estado de revolución. Sólo una mente así puede dar origen a un mundo nuevo; no lo harán los políticos, que son seres humanos muertos, ni los sacerdotes, atrapados en sus propios sistemas religiosos.

De modo que, afortunada o desafortunadamente para usted, ha oído algo que es verdadero; si se limita a oír y no se siente activamente perturbado de tal manera que su mente comience a liberarse de todas las cosas que la tornan estrecha y deshonesta, entonces la verdad que ha oído se convertirá en un veneno. No hay duda, la verdad se convierte en un veneno, si la oímos y no actúa en la mente; ocurre lo mismo que con la supuración de una herida. Pero descubrir por uno mismo qué es verdadero y qué es falso, y ver la verdad en lo falso, es permitir que la verdad opere y genere su propia acción.

7 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Comprender lo real

En realidad, esto no es complejo, aunque pueda resultar difícil. Vea, nosotros no comenzamos con lo real, con el hecho, con lo que estamos pensando, haciendo, deseando; partimos de suposiciones, o de ideales, que no son realidades, y as' nos extraviamos. Para partir de hechos y no de suposiciones, necesitamos una profunda atención, y toda forma de pensar que no se origina en lo real es una distracción. Por eso es tan importante comprender qué está ocurriendo tanto dentro como alrededor de uno.

Si uno es cristiano, sus visiones siguen cierto patrón; si es hindú, budista, musulmán, siguen un patrón diferente. Uno ve a Cristo o a Krishna conforme a su condicionamiento; la educación que usted ha recibido, la cultura en que se ha desarrollado determinan sus visiones. ¿Cuál es la realidad, el hecho: la visión o la mente que se ha formado en cierto molde? Las visiones son la proyección de la tradición particular que ha venido a constituir el trasfondo de la mente. Este condicionamiento, no la visión que él proyecta, es la realidad, el hecho. Comprender el hecho es sencillo; pero se hace difícil debido a nuestros agrados y desagrados, a nuestra condena del hecho, a las opiniones o los juicios que tenemos acerca del hecho. Estar libres de estas diversas formas de evaluación es comprender lo real, lo que es.

8 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Vol. III

La interpretación de los hechos impide el ver

Una mente que emite una opinión acerca de un hecho es una mente estrecha, limitada, destructiva [...]. Usted puede interpretar el hecho de una manera, y yo puedo interpretarlo de otra. La interpretación del hecho es una calamidad que nos impide ver el hecho real y hacer algo al respecto. Cuando usted y yo discutimos nuestras opiniones acerca del hecho, nada hacemos en relación con el hecho; usted quizá pueda añadir más cosas al hecho, ver más matices, implicaciones, significados, y yo puedo ver menos significados en el hecho. Pero el hecho no puede ser interpretado; yo no puedo ofrecer una opinión acerca del hecho. Es así, y para una mente es muy difícil aceptar el hecho. Estamos siempre interpretándolo, dándole significados diferentes de acuerdo con nuestros prejuicios, condicionamientos, temores, nuestras esperanzas y demás. Si usted y yo pudiéramos ver el hecho sin ofrecer una opinión, sin interpretarlo, sin asignarle un significado, entonces el hecho se volvería mucho más vital... no, no mas vital... el hecho está ahí, solo, nada más importa; entonces el hecho tiene su propia energía, y esa energía le impulsa a uno en la dirección correcta.

9 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Hay tan sólo un hecho: la impermanencia

Estamos procurando descubrir si hay o no hay un estado permanente; no lo que nos gustaría que hubiera, sino el hecho real, la verdad en esta cuestión. Todo lo que nos concierne, tanto en lo interno como en lo externo ‑nuestras relaciones, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos-, es impermanente, se halla en un estado de fluir constante. Dándose cuenta de esto, la mente anhela permanencia, un estado perpetuo de paz, de amor, de bondad, una seguridad que ni el tiempo ni los acontecimientos puedan destruir; en consecuencia, crea el alma, el arman, las visiones de un paraíso permanente. Pero esta permanencia nace de impermanencia; por lo tanto, lleva en sí las semillas de lo impermanente. Hay tan sólo un hecho: la impermanencia.

10 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie III

Anhelamos lo incognoscible

Usted quiere que le diga qué es la realidad. ¿Puede lo indescriptible ser expresado en palabras? ¿Puede usted medir algo inconmensurable? ¿Puede apresar el viento en su puño? Si puede, ¿es eso el viento? Si mide lo inconmensurable, ¿lo que usted mide es lo real? Si lo formula, ¿es lo real? Indudablemente no, porque en el momento en que describe algo que es indescriptible, ello cesa de ser lo real. Tan pronto traduce lo incognoscible a lo conocido, ello deja de ser lo incognoscible. Sin embargo, eso es lo que anhelamos. Todo el tiempo queremos conocer porque entonces pensamos que podríamos continuar, capturar la felicidad suprema, la permanencia. Queremos conocer a causa de que no somos felices, de que luchamos mezquinamente, de que estamos agotados, degradados. Sin embargo, en vez de darnos cuenta de ese simple hecho: de que estamos degradados, embotados, hastiados, confusos, queremos alejarnos de lo que es conocido e ir hacia lo desconocido, lo cual otra vez se convierte en lo conocido; por consiguiente, jamás podemos encontrar lo real.

11 de agosto; La libertad primera y última

¿Es el sufrimiento tan sólo una palabra o es una realidad?

¿Es el sufrimiento tan sólo una palabra o es una realidad? Si es una realidad y no simplemente una palabra, en ese caso ahora la palabra carece de significado; existe tan sólo el sentimiento de intenso dolor. ¿En relación con qué? En relación con una imagen, una experiencia, con algo que usted tiene o no tiene. Si lo tiene, lo llama placer, si no lo tiene, es dolor. Por lo tanto, el dolor está en relación con algo. Ese algo, ¿es mera verbalización, o es una realidad? Tal como el miedo, no puede existir por sí mismo, sino sólo en relación con algo: un individuo, un incidente, un sentimiento. Ahora bien, usted está plenamente alerta al sufrimiento. ¿Está ese sufrimiento separado de usted y, por lo tanto, usted es meramente el observador que percibe el sufrimiento, o ese sufrimiento es usted?

12 de agosto; La libertad primera y última

Usted y la nada son una sola cosa

Usted es nada. Puede tener su nombre y su título, su propiedad y su cuenta bancaria, puede tener poder y ser famoso; pero a pesar de todas esas salvaguardas, usted es nada. Quizás esté por completo inconsciente de esta vacuidad, de esta nada, o quizá no quiera tomar conciencia de ella; pero ella está ahí, haga usted lo que hiciere para evitarlo. Puede intentar escapar de maneras tortuosas, mediante la violencia personal o colectiva, el culto personal o colectivo, el conocimiento, las diversiones; pero ya sea que esté dormido o despierto, esa nada está siempre ahí. Usted puede descubrir su relación con esta nada y el miedo que la acompaña únicamente si está alerta, sin opción alguna, a los escapes. No tiene relación con ella como si usted fuera una entidad separada, individual; no es el observador que la observa; sin «usted», el pensador, el observador, ella no existe. Usted y la nada son una sola cosa, son un fenómeno conjunto, no dos procesos separados. Si usted, el pensador, siente miedo de la nada y la aborda como algo contrario que se opone a usted, entonces cualquier acción que pueda emprender a su respecto debe conducirle inevitablemente a la ilusión y a más conflicto y desdicha. Cuando descubre y experimenta que esa nada es usted, entonces el miedo ‑que existe sólo cuando el pensador esta separado de sus pensamientos y trata de establecer una relación con ellos- desaparece completamente.

13 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie I

Cómo terminamos con el miedo?

Estamos discutiendo algo que requiere su atención, no su acuerdo o desacuerdo. Miramos la vida, la consideramos de una manera muy rigurosa, objetiva y clara, no conforme a su sentimiento, a su fantasía, a lo que le agrada o desagrada. Lo que nos agrada y lo que nos desagrada es lo que ha dado origen a toda esta desdicha. Todo cuanto estamos diciendo es esto: «¿Cómo terminamos con el miedo?» Ése es uno de nuestros grandes problemas, porque si un ser humano no puede terminar con el miedo, vive perpetuamente en la oscuridad, no «perpetuamente» en el sentido cristiano, sino en el sentido corriente ‑con una vida basta-. Para mí, como ser humano, tiene que haber una salida ahora, no creando esperanzas en algún futuro. ¿Puedo, como ser humano, terminar con el miedo totalmente, no con pequeños fragmentos de él? Es probable que jamás se haya formulado esta pregunta, y quizá no lo haya hecho porque no sabe cómo salirse de él. Pero si se planteara esa pregunta muy seriamente, no con la intención de averiguar cómo terminar con el miedo, sino con la intención de descubrir su naturaleza y estructura, en el instante de descubrirla, el miedo terminaría por sí mismo; usted no tendría que hacer nada al respecto.

Cuando nos damos cuenta del miedo y entramos en contacto directo con él, el observador es lo observado. No hay diferencia entre el observador y la cosa observada. Cuando el miedo es observado sin el observador, hay acción, pero no es la acción del observador que actúa sobre el miedo.

14 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

La dualidad del pensador y el pensamiento

Cuando usted observa algo, un árbol, a su esposa, a sus hijos, a su vecino, las estrellas en la noche, la luz sobre las aguas, el pájaro en el cielo, cualquier cosa, está siempre el observador ‑el censor, el pensador, el experimentador, el buscador- y está la cosa que el observador observa, o sea, están el observador y lo observado, el pensador y el pensamiento. Así pues, hay siempre una división. Esta división es tiempo. Es la esencia misma del conflicto. Y cuando hay conflicto, hay contradicción. Existen «el observador y lo observado»; eso es una contradicción, hay una separación. En consecuencia, donde hay contradicción hay conflicto. Y cuando hay conflicto, está siempre la urgencia de trascenderlo, conquistarlo, superarlo, escapar de él, hacer algo a su respecto; y toda esa actividad implica tiempo [...]. En tanto exista esta división, el tiempo proseguirá; y el tiempo es dolor.

Un hombre que quiere comprender la terminación del dolor, debe descubrir esta división, entenderla e ir más allá de la dualidad entre el pensador y el pensamiento, el experimentador y lo experimentado. Es decir, cuando hay una división entre el observador y lo observado, existe el tiempo; por lo tanto, no hay terminación del dolor. Entonces, ¿qué ha de hacer uno? ¿Comprende la pregunta? Veo que dentro de mí está siempre el observador observando, juzgando, censurando, aceptando, rechazando, disciplinando, controlando, moldeando. Ese observador, ese pensador es, obviamente, el resultado del pensamiento. Primero está el pensamiento; no el pensador, no el observador. Si no hubiera pensar en absoluto, no habría pensador ni observador; entonces habría tan sólo atención, completa, total atención.

15 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

El pensamiento crea al pensador

El pensamiento es sensación verbalizada; el pensamiento es la respuesta de la memoria, de la palabra, la experiencia, la imagen. El pensamiento es transitorio, cambiante, impermanente, y está buscando permanencia. Así, el pensamiento crea al pensador, el cual se convierte, entonces, en lo permanente; asume el papel del censor, el guía, el controlador, el moldeador del pensamiento. Esta ilusoria entidad permanente es producto del pensamiento, de lo transitorio. Esta entidad es pensamiento; sin el pensamiento no existe. El pensador se compone de cualidades; sus cualidades no pueden ser separadas de él mismo. El controlador es lo controlado, está meramente jugando un juego engañoso consigo mismo. Hasta que lo falso sea visto como lo falso, la verdad no existe.

16 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie II

Un muro de inexpugnable pensamiento

¿Cómo puede haber una fusión del pensador con sus pensamientos? No por acción de la voluntad, no mediante la disciplina ni forma alguna de esfuerzo, ni a través del control, de la concentración o de cualquier otro medio. El uso de un medio implica un agente que está actuando, ¿no es así? En tanto haya allí un «actor», habrá una división. La fusión tiene lugar sólo cuando la mente está por completo quieta sin tratar de aquietarse. Esta quietud existe, no cuando llega a su fin el pensador, sino únicamente cuando el pensamiento mismo llega a su fin. Hay que estar libre de la respuesta del condicionamiento, que es el pensar. Cada problema se resuelve sólo cuando no existe la idea, la conclusión; conclusiones, ideas y pensamientos son la agitación de la mente. ¿Cómo puede haber comprensión cuando la mente está agitada? La seriedad debe estar templada en el veloz juego de la espontaneidad. Usted encontrará, si ha escuchado todo lo que se dijo, que la verdad llegará en momentos en que no la espera. Si me permite decirlo, sea sensible, esté abierto y plenamente alerta a lo que es de instante en instante. No levante en torno de sí mismo un moro de inexpugnable pensamiento. La bienaventuranza de la verdad adviene cuando la mente no se halla ocupada con sus propias actividades y sus luchas.

17 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie II

Cuando el observador es lo observado

El espacio es necesario. Sin espacio no hay libertad. Hablo desde el punto de vista psicológico [...]. Sólo cuando estamos en contacto, cuando no hay espacio entre el observador y lo observado, hemos establecido una relación total, por ejemplo, con un árbol. Uno no está identificado con el árbol ‑con la flor, con una mujer, un hombre o lo que fuere-, pero cuando hay completa ausencia de espacio entre el observador y lo observado, existe un espacio inmenso. En ese espacio no hay conflicto; en ese espacio hay libertad.

La libertad no es una reacción. Uno no puede decir: «Bueno, soy libre». En el momento en que uno dice que es libre, no es libre, porque se halla consciente de sí mismo como estando libre de algo; por lo tanto, está en la misma situación que un observador observando un árbol. El observador ha creado un espacio, y en ese espacio engendra conflicto. La comprensión acerca de esto requiere, no acuerdo o desacuerdo intelectual, ni decir: «No comprendo», sino que exige más bien entrar directamente en contacto con lo que es. Significa ver que todas nuestras acciones, cada instante de la acción, es cosa del observador y lo observado, y que dentro de ese espacio hay placer, pesadumbre y sufrimiento, deseo de realizarse en lo personal, de ser famoso. Dentro de ese espacio no hay contacto con nada. El contacto, la relación, tiene un significado por completo diferente cuando el observador ya no se separa más de lo observado. Existe un espacio extraordinario, y hay libertad.

18 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

¿Hay un observador observando la soledad?

Mi mente observa la soledad y la evita, escapa de ella. Pero si no escapo de ella, ¿hay, acaso, una división, una separación, hay un observador observando la soledad? ¿O sólo existe un estado de soledad, un estado en que mi mente misma se siente vacía, sola? No hay allí un observador consciente de la soledad. Creo que es muy importante captar esto rápidamente, sin verbalizarlo demasiado. Decimos: «Soy envidioso y quiero librarme de la envidia», de modo que están el observador y lo observado; el observador desea librarse de eso que «él» observa. Pero ¿no es el observador lo mismo que lo observado? Es la mente misma la que ha creado la envidia; en consecuencia, la mente no puede hacer nada con respecto a la envidia. Así, mi mente observa la soledad; el pensador tiene conciencia de que se siente solo. Pero si permanezco plenamente en contacto con eso, es decir, si no escapo de ello, si no lo interpreto y demás, ¿hay diferencia alguna entre el observador y lo observado? ¿O sólo existe un estado, el de la mente misma que está vacía, sola? Entonces, al darse cuenta la mente de que ella misma está vacía y de que cualquier esfuerzo, cualquier movimiento que haga para alejarse de esa vacuidad es tan sólo un escape, una dependencia, ¿puede dejar a un lado toda dependencia y permanecer así, completamente vacía, completamente sola? Y si se halla en ese estado, ¿no está, acaso, libre de toda dependencia, de todo apego?

19 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IX

La verdad no se acumula

En tanto exista el experimentador recordando la experiencia, la verdad se halla ausente. La verdad no es algo que pueda recordarse, almacenarse, registrarse, y después sacarse a relucir. Lo que se acumula no es la verdad. El deseo de experimentar crea al experimentador, quien entonces acumula y recuerda. El deseo contribuye a que el pensador se separe de su pensamiento; el deseo de devenir, de experimentar, de ser más de esto o menos de aquello, sirve para crear división entre el experimentador y la experiencia. La percepción inteligente acerca de las modalidades del deseo es conocimiento propio. El conocimiento propio es el principio de la meditación.

20 de agosto; Serte II

Acción inmediata

Si uno está en contacto con algo, con su esposa, con sus hijos, con el cielo, con las nubes, con cualquier hecho, ese contacto se pierde apenas interfiere el pensamiento. El pensamiento brota de la memoria. La memoria es la imagen, y desde allí mira uno; por lo tanto, hay una separación entre el observador y lo observado.

Usted tiene que comprender esto muy a fondo. Es esta separación del observador y lo observado la que hace que el observador desee más experiencias, más sensaciones, y así está siempre persiguiéndolas, buscándolas. Tiene que estar absolutamente entendido que, en tanto haya un observador, el «uno» que busca experiencias, el censor, la entidad que evalúa, juzga, condena, no hay contacto inmediato con lo que es. Cuando usted experimenta dolor, un dolor físico, hay percepción directa; no existe el observador que experimenta el dolor; sólo hay dolor. Debido a que no hay un observador, existe una acción inmediata. Cuando hay dolor, no existe la idea y después la acción, sino tan sólo la acción, porque el contacto físico es directo. El dolor es usted; hay dolor. Mientras esto no se comprende, realiza, explora y percibe completa y profundamente, mientras no se capta en su totalidad ‑no intelectualmente, no verbalmente‑ que el observador es lo observado, toda la vida se convierte en un conflicto, en una contradicción entre deseos opuestos, entre «lo que debería ser» y «lo que es». Usted puede captar esto sólo cuando se da cuenta al mirar una flor o una nube o cualquier cosa, si está mirando eso como un observador

21 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

La realidad está en «lo que es»

En lugar de preguntar quién se ha realizado o qué es Dios, ¿por qué no concede toda su atención y su percepción sensible a lo que es? Entonces dará con lo desconocido, o mejor dicho, lo desconocido vendrá a usted. Si comprende qué es lo conocido, experimentará ese silencio extraordinario que no es inducido ni forzado; sólo en ese silencio, en ese vacío creador, puede penetrar la realidad. No puede hacerlo en lo que está definiendo, luchando por llegar a ser, llega únicamente a lo que está siendo, a lo que comprende lo que es. Entonces verá usted que la realidad no se encuentra en la distancia; lo desconocido no está lejos; está en lo que es. Tal como la respuesta a un problema está en el problema mismo, así la realidad está en lo que es. Si podemos comprender eso, conoceremos la verdad.

22 de agosto; La libertad primera y última

Enfrentarse al hecho

Sufro. Psicológicamente estoy terriblemente perturbado, y tengo una idea al respecto: qué debería hacer, qué no debería hacer, cómo debería cambiarse eso. Esa idea, esa fórmula, ese concepto me impide mirar el hecho de lo que es. La ideación y la fórmula son maneras de escapar de lo que es. Cuando existe un gran peligro, hay acción inmediata. Entonces no tengo una idea al respecto. No formulo una idea y después actúo conforme a esa idea.

La mente se ha vuelto perezosa, floja, a causa de una fórmula, la cual le ha proporcionado un medio para escapar de la acción con respecto a lo que es. Viendo por nosotros mismos toda la estructura de lo que se ha dicho, y no porque ello nos haya sido señalado, ¿es posible enfrentarse al hecho, al hecho de que somos violentos, por ejemplo? Somos seres humanos violentos, y hemos elegido la violencia como nuestro estilo de vida ‑la guerra y todo eso-. Aunque perpetuamente hablamos de no-violencia, sobre todo en Oriente, no somos personas no violentas, sino violentas. La idea de no-violencia es sólo eso, una idea, la cual puede ser usada políticamente. Eso tiene un sentido distinto, pero es una idea, no un hecho. Debido a que el ser humano es incapaz de enfrentarse al hecho de la violencia, ha inventado el ideal de no-violencia, el cual le impide habérselas con el hecho.

Al fin y al cabo, el hecho es que soy violento, soy irascible. ¿Qué necesidad tengo de una idea? Lo que importa no es la idea de que soy irascible, sino el hecho real de que lo soy. Tal como el hecho real de tener hambre. No hay una idea de que tengo hambre. En tal caso, la idea lo es en cuanto a lo que debería comer, y entonces como conforme a los dictados del placer. Hay acción con respecto a lo que es sólo cuando no existe una idea de lo que debería hacerse en relación con lo que afrontamos, o sea, en relación con lo que es.

23 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVII

Liberarse de «lo que es»

La virtud, el ser virtuoso, adviene con la comprensión de lo que es, mientras que el volverse virtuoso es postergación, es encubrir lo que es mediante lo que a uno le gustaría que fuese. Por lo tanto, en el acto de volverse virtuoso está usted evitando actuar directamente sobre lo que es. Este proceso de eludir lo que es cultivando el ideal se considera virtuoso; pero si lo observa detenidamente y de manera directa, será que no es nada de eso. Es sólo una forma de posponer la acción de enfrentarse a lo que es. La virtud no está en tratar de llegar a ser lo que uno no es; virtud es comprender lo que es y, de ese modo, liberarse de lo que es. La virtud resulta esencial en una sociedad que se desintegra rápidamente.

24 de agosto; La libertad primera y última

Observar el pensamiento

Tengo que amar la cosa misma que estudio. Si usted quiere comprender a un niño, tiene que amarlo y no censurarlo. Debe jugar con él, observar sus movimientos, sus idiosincrasias, sus maneras de comportarse, pero si se limita a censurarlo a resistirlo o a culparlo no comprende al niño. De igual modo, para comprender lo que es, uno debe observar lo que piensa y hace, de instante en instante. Eso es lo real.

25 de agosto; La libertad primera y última

El escape engendra conflicto

¿Por qué somos ambiciosos? ¿Por qué ansiamos tener éxito, ser alguien? ¿Por qué nos empeñamos en ser superiores? ¿Por qué este esfuerzo por imponernos, ya sea mediante una ideología o el Estado? ¿Acaso este autoritarismo no es la causa principal de nuestro conflicto y nuestra confusión? Sin ambiciones, ¿sucumbiríamos? ¿No podemos sobrevivir físicamente sin ser ambiciosos?

¿Por qué somos listos y ambiciosos? ¿No es la ambición un impulso de eludir lo que es? Este afán de ser listos, ¿no es realmente estúpido? ¿Por qué tememos a lo que es? ¿De qué sirve escapar, si lo que fuere que seamos esta siempre ahí? Podemos tener éxito en escapar, pero lo que somos sigue ahí, engendrando conflicto y desdicha. ¿Por qué nos atemoriza tanto nuestra soledad, nuestra vacuidad? Cualquier actividad que nos aleje de lo que es debe originar por fuerza dolor y antagonismo. El conflicto consiste en negar lo que es o en escapar de lo que es, no hay otro conflicto que ése. Nuestro conflicto se vuelve más y más complejo e insoluble porque no afrontamos lo que es. La complejidad no está en lo que es, sino únicamente en los múltiples escapes que buscamos.

26 de agosto; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serte I

No hay respuesta para el descontento

¿De qué estamos descontentos? Por cierto, de lo que es. Puede ser el orden social, la relación, lo que somos, lo que somos esencialmente, o sea, los feos pensamientos errantes, las ambiciones, las frustraciones, los innumerables temores; eso es lo que somos, lo que es. Pensamos que, al alegrarnos de eso, encontraremos una respuesta para nuestro descontento: Por lo tanto, estamos siempre buscando un modo, un método para cambiar lo que es, en eso se interesa nuestra mente. Si estoy descontento y quiero encontrar un medio, un método de contentamiento, mi mente está ocupada con el método y la práctica del método, con el fin de llegar al contentamiento. Así pues ya no estoy más interesado en el descontento, en las brasas, en la llama ardiente que llamamos descontento. No me intereso en averiguar qué hay detrás de esa llama. Lo único que me interesa es alejarme de esa llama, de esa ardiente ansiedad [...].

Esto es enormemente difícil, porque nuestra mente jamás se satisface, jamás se contenta con examinar lo que es. Siempre desea transformar lo que es, transformarlo en otra cosa, lo cual constituye el proceso de censurar, justificar o comparar. Si usted observa su propia mente verá que, cuando ésta se enfrenta con lo que es, lo censura, lo compara con lo que eso «debería ser», o lo justifica, etc.; con eso, aleja lo que es, desecha eso que está causando la perturbación, la pena, la ansiedad.

27 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

El esfuerzo es una distracción con respecto a «lo que es»

Debemos comprender el problema que implica el esforzarse. Si podemos entender el significado del esfuerzo, entonces podemos trasladar esa comprensión a la acción en nuestra vida cotidiana. El esfuerzo, No implica una lucha por cambiar lo que es, transformándolo en lo que no es, o en lo que debe ser, o en lo que ello debería convertirse? Estamos constantemente escapando de lo que es, para transformarlo o modificarlo. El que está verdaderamente contento es aquel que comprende lo que es, que atribuye su significado exacto a lo que es. El verdadero contentamiento no radica en las pocas o muchas posesiones, sino en la comprensión del significado total de lo que es. Ese significado se comprende sólo en el estado de pasiva percepción alerta. Al hablar del esfuerzo, no me estoy refiriendo ahora al esfuerzo físico con la tierra, con la construcción o con un problema técnico, sino al esfuerzo psicológico. Los esfuerzos y los problemas psicológicos eclipsan siempre a los físicos. Podremos edificar una muy cuidada estructura social, pero en tanto no se comprendan la ceguera y la lucha psicológicas, éstas derribarán invariablemente la estructura cuidadosamente construida.

El esfuerzo es una distracción con respecto a lo que es. En la aceptación de lo que es cesa el esfuerzo, la lucha. No hay aceptación cuando existe el deseo de transformar o modificar lo que es. El esfuerzo, que indica distracción, debe existir mientras haya deseo de cambiar lo que es.

28 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IV

Un contentamiento que no es de la mente

¿No es esencial el descontento? ¿No es para que se lo sofoque, sino para que se lo estimule? para que se inquiera en él, se lo investigue, de modo tal que, con la comprensión de lo que es, advenga el contentamiento. Ese contentamiento no lo produce un sistema de pensamiento, sino que adviene con la comprensión de lo que es. Tal contentamiento no es un producto de la mente, de la mente perturbada, agitada, incompleta, que está buscando la paz, un modo de escapar de lo que es. Por eso la mente, mediante la justificación, la comparación, el juicio trata de alterar lo que es, y de ese modo espera llegar a un estado en el que no se verá perturbada, en el que podrá estar en paz, en el que habrá sosiego. Y cuando la mente es perturbada por las condiciones sociales, la pobreza, el hambre, la degradación, por la miseria más horrorosa, al ver todo eso, quiere cambiarlo, y se enreda en los modos de cambiarlo, en los sistemas. Pero si nuestra mente es capaz de considerar lo que es, sin comparar ni juzgar, sin el deseo de convertir lo que es en otra cosa, veremos que adviene una clase de contentamiento que no es de la mente.

El contentamiento que es producto de la mente es un escape. Es estéril. Es algo muerto. Pero existe un contentamiento que no es de la mente, el cual surge cuando comprendemos lo que es, en ese contentamiento hay una revolución profunda que afecta a la sociedad y a la relación individual.

29 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

Mantener vivo el descontento

El descontento es indispensable en nuestra existencia; lo es para cuestionar, para inquirir, investigar y descubrir qué es lo real, qué es la verdad, qué es esencial en la vida. Puede que yo tenga este descontento apasionado en el colegio, pero después consigo un buen empleo y este descontento se desvanece. Estoy satisfecho, lucho para mantener a mi familia, tengo que ganarme la subsistencia; y así mi descontento se calma, se destruye, y me convierto en una entidad mediocre, satisfecha con las cosas que me brinda la vida; dejo de estar descontento. Pero la llama debe ser mantenida desde el comienzo hasta el final, de modo tal que haya un verdadero sondear, un verdadero investigar en relación con el problema del descontento. Debido a que la mente busca con mucha facilidad una droga que la satisfaga con virtudes, cualidades, ideas, acciones, establece una rutina y queda presa en ella. Estamos muy familiarizados con eso, pero nuestro problema no es cómo calmar el descontento, sino cómo mantenerlo encendido, activo, vital. Todos nuestros libros religiosos, todos nuestros gurús, todos los sistemas políticos, pacifican la mente, la aquietan, la influyen para que se someta, para que deseche el descontento y se sumerja en alguna forma de contentamiento [...]. ¿No es fundamental estar descontento para poder descubrir lo verdadero?

30 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

Comprender «lo que es»

Vivimos en conflicto unos con otros y nuestro mundo está siendo destruido. Hay crisis tras crisis, una guerra tras otra; hay hambre, miseria; están los enormemente ricos, investidos de su respetabilidad, y están los pobres. Para resolver estos problemas, lo que se necesita no es un nuevo sistema de pensamiento, ni una nueva revolución económica, sino comprender lo que es ‑el descontento, el constante indagar en lo que es-, lo cual dará origen a una revolución de más largo alcance que la revolución de las ideas. Y ésta es la revolución tan necesaria para originar una cultura diferente, una religión diferente y una diferente relación entre los seres humanos.

31 de agosto; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

El Libro de la Vida

Agosto

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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