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El Libro de la Vida

Septiembre

El intelecto - El pensamiento - El conocimiento - La mente

Creemos que somos intelectuales

Casi todos hemos desarrollado capacidades intelectuales ‑las llamadas capacidades intelectuales, que en realidad no son en absoluto capacidades intelectuales-, leemos muchísimos libros, nos hemos llenado con lo que han dicho otras personas con sus numerosas teorías e ideas. Creemos que somos muy intelectuales si podemos citar innumerables obras de innumerables autores, si hemos leído muchas variedades diferentes de libros y tenemos la capacidad de correlacionarlos y explicarlos. Pero ninguno de nosotros, o muy pocos, tenemos una concepción intelectual que sea original. Habiendo cultivado el así llamado intelecto, toda otra capacidad, todo otro sentimiento se han perdido, y tenemos el problema de cómo originar un equilibrio en nuestras vidas, a fin de tener no sólo la más alta capacidad intelectual y ser capaces de razonar objetivamente, de ver las cosas exactamente como son, de no estar ofreciendo interminablemente opiniones acerca de teorías y códigos, sino de pensar por nosotros mismos, de ver muy fielmente, por nosotros mismos, lo falso y lo verdadero. Y ésta es, a mí entender, una de nuestras dificultades: la incapacidad de ver, no sólo las cosas externas, sino también la clase de vida interna que uno tiene, si es que tiene siquiera alguna.

1 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Todo pensamiento es distracción

Una mente competitiva, atrapada en el conflicto del devenir, que piensa en términos de comparación, es incapaz de descubrir lo real. El pensamiento‑sentimiento que es intensamente alerta se halla en el proceso de constante descubrimiento propio, el cual, por ser genuino, es liberador y creativo. Ese descubrimiento propio nos libera del espíritu adquisitivo y de la completa vida del intelecto. Es esta compleja vida del intelecto la que encuentra satisfacción en las aficiones: la destructiva curiosidad, la especulación, el mero conocimiento, la capacidad, el chismorreo, etc.; y estos obstáculos impiden la simplicidad de la vida. Una afición, una especialización, sirven para agudizar la mente, concentrar el pensamiento, pero no contribuyen a que el pensar‑sentir florezca en la realidad.

Liberarnos de la distracción es más difícil cuando no comprendemos plenamente el proceso del pensar‑sentir, que en sí mismo se ha vuelto el medio de distracción. Siendo este proceso siempre incompleto, proclive a la curiosidad y a la formulación especulativa, tiene el poder de crear sus propios obstáculos, sus ilusiones, todo lo cual impide la percepción de lo real. Así es como se convierte en su propia distracción, en su propio enemigo. Dado que la mente es capaz de generar ilusión, este poder debe ser comprendido antes de que la mente pueda liberarse de las distracciones que ella misma crea. La mente debe estar por completo quieta, silenciosa, porque todo pensamiento se vuelve una distracción.

2 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. XVII

Unidad de mente y corazón

El adiestramiento del intelecto no resulta en inteligencia. Antes bien, la inteligencia nace cuando actuamos en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una diferencia enorme entre intelecto e inteligencia. El intelecto no es sino pensamiento funcionando independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, prescindiendo de la emoción, es adiestrado en cualquier dirección determinada, uno puede poseer un gran intelecto, pero carece de inteligencia, porque en la inteligencia hay una capacidad inherente tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia, ambas capacidades están igualmente presentes de manera intensa y armoniosa.

Hoy en día, la educación moderna está desarrollando el intelecto, ofreciendo más y más explicaciones acerca de la vida, más y más teorías, sin que en eso intervenga la calidad armoniosa del afecto. Así es como hemos desarrollado mentes con habilidad para escapar del conflicto; por esto nos satisfacemos con las explicaciones que nos ofrecen los científicos y los filósofos. La mente ‑el intelecto- se contenta con estas innumerables explicaciones, pero la inteligencia no, porque para comprender tiene que existir, en la acción, unidad completa del corazón y la mente.

3 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. I

El intelecto corrompe el sentimiento

Vea, está el intelecto, y está el sentimiento puro ‑el sentimiento puro de amar algo, de tener emociones intensas y generosas-. El intelecto razona, calcula, sopesa, compara. Pregunta: «¿Vale la pena eso? ¿Me beneficiará en algo?» Por otra parte, está el sentimiento puro: el extraordinario sentimiento que uno experimenta por el cielo, por su prójimo, por su esposa, por su hijo, por el mundo, por la belleza de un árbol, etc. Cuando se unen el sentimiento puro y el intelecto hay muerte de instante en instante. ¿Comprende? Y cuando el sentimiento puro es corrompido por el intelecto, hay mediocridad; es lo que sucede con la mayoría de nosotros. Nuestras vidas son mediocres porque estamos siempre calculando, preguntándonos si eso vale la pena, qué beneficio podremos obtener, no sólo en el mundo del dinero, sino también en el mundo así llamado espiritual: «Si hago esto, ¿obtendré aquello?»

4 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El intelecto no resolverá nuestros problemas

La mayoría de nosotros es muy indiferente a este extraordinario universo que nos rodea; jamás vemos el ondear de la hoja en el viento, jamás observamos una brizna de hierba, ni la tocamos para percibir la calidad de su ser. Esto no tiene la intención de ser sólo poético, así que, por favor, no escapen hacia un estado especulativo, emocional. Digo que es esencial tener este sentimiento profundo por la vida y no quedar preso en discusiones y ramificaciones intelectuales, en la aprobación de exámenes, en citar a otros y descartar algo nuevo arguyendo que ya ha sido dicho antes. El intelecto no es el camino, no resolverá nuestros problemas; el intelecto no nos nutrirá con aquello que es imperecedero. El intelecto puede razonar, discutir, analizar, partir de inferencias para llegar a una conclusión, etc., pero el intelecto es limitado, porque es el producto de nuestro condicionamiento. Pero la sensibilidad no lo es. La sensibilidad no está condicionada; lo saca a uno directamente fuera del campo de los temores y las ansiedades [...] Empleamos nuestros días y nuestros años en cultivar el intelecto, en argumentar, discutir, pelear, luchar por ser «alguien», etcétera, a pesar de este mundo extraordinariamente maravilloso y de esta Tierra tan rica ‑no la tierra de Bombay, de Punjab, no la tierra rusa o la norteamericana-; esta Tierra es nuestra, es suya y mía; y no se trata de un disparate sentimental, se trata de un hecho. Pero, desafortunadamente, la hemos dividido a causa de nuestra mezquindad, de nuestro provincialismo. Y sabemos bien por qué lo hemos hecho: por nuestra seguridad, para obtener más y mejores empleos. Ése es el juego político que practican en todo el mundo, y así es como nos olvidamos de ser seres humanos, de vivir dichosamente en esta Tierra que es nuestra, y de hacer algo por ella.

5 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El destello de la comprensión

No sé si ha notado usted que hay comprensión cuando la mente está muy quieta, siquiera por un segundo; el destello de la comprensión tiene lugar cuando cesa la verbalización del pensamiento. Sólo experimente con ello y verá por sí mismo que tiene el destello de la comprensión, esa rapidez extraordinaria del discernimiento instantáneo, cuando la mente está muy silenciosa, cuando el pensamiento se halla ausente y la mente no está agobiada por su propio ruido. En consecuencia, la comprensión de lo que fuere, de una pintura moderna, de un niño, de nuestra esposa, de nuestro vecino, o la comprensión de la verdad ‑verdad que se encuentra en todas las cosas-, sólo puede tener lugar cuando la mente está muy silenciosa y quieta. Pero esa quietud no puede ser cultivada, porque si usted cultiva una mente quieta, ésa no es una mente quieta, es una mente muerta.

Cuanto más se interesa uno en algo, cuanto mayor es su intención de comprender, tanto más simple, clara y libre es la mente. Cesa la verbalización. Al fin y al cabo, el pensamiento es la palabra, y la palabra es la que interfiere. La pantalla de las palabras, que es la memoria, se interpone entre el reto y la respuesta. Y lo que responde al reto es la palabra, proceso al que llamamos intelección. Así, la mente que parlotea, que verbaliza, no puede comprender la verdad; la verdad en la relación, no una verdad abstracta. No hay verdad abstracta. Pero la verdad es muy sutil [...].

Como un ladrón en la noche, llega secretamente, no cuando uno está preparado para recibirla.

6 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El intelecto desprevenido

Uno puede conocerse a sí mismo sólo cuando no está consciente de que lo hace, cuando no calcula, no se protege, no está constantemente vigilando para guiar, transformar, sojuzgar, controlar; cuando se ve a sí mismo inesperadamente, esto es, cuando la mente no tiene preconceptos en relación consigo misma, cuando está abierta, no cuando está preparada para encontrarse con lo desconocido.

Si mi mente está preparada, no puedo, por cierto, conocer lo desconocido, ya que soy lo desconocido. Si me digo a mí mismo: «Yo soy Dios», o. «Soy nada más que un conjunto de influencias sociales o un haz de cualidades», si tengo algún preconcepto acerca de mí mismo, no puedo comprender lo desconocido, aquello que es espontáneo.

Así pues, la espontaneidad puede llegar sólo cuando el intelecto se halla desprevenido, cuando no se está protegiendo, cuando ya no siente temor en relación consigo mismo; y esto puede ocurrir únicamente desde lo interno. Es decir, lo espontáneo ha de ser lo nuevo, lo desconocido, lo incalculable, lo creativo, aquello que debe ser expresado, amado, en lo cual la voluntad, como proceso del intelecto que controla y dirige, no tiene participación alguna. Observe sus propios estados emocionales y verá que los instantes de gran júbilo, de gran éxtasis, son impremeditados; ocurren inadvertidamente, de manera misteriosa, secreta.

7 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. III

La memoria carece de vida en sí misma

¿Qué entendemos por pensamiento? ¿Cuándo piensa uno? Obviamente, el pensamiento es el resultado de una respuesta, neurológica o psicológica, ¿no es así? Es la respuesta inmediata de los sentidos a una percepción, o es la respuesta de la memoria acumulada. Es decir, existe la respuesta inmediata de los nervios a una sensación, y está la respuesta de la memoria almacenada, la influencia de la raza, del grupo, del gurú, de la familia, de la tradición y demás, a todo lo cual llamamos pensamiento. De modo que el proceso del pensamiento es la respuesta de la memoria, ¿verdad? Uno no tendría pensamientos si no tuviese memoria, y la respuesta de la memoria a ciertas experiencias pone en acción el proceso del pensamiento.

¿Qué es, entonces, la memoria? Si usted observa su propia memoria y cómo la acumula, notará que ésta es, o bien factual, técnica, y se relaciona con la información ‑ingeniería, matemáticas, física y demás-, o es el residuo de una experiencia inacabada, incompleta. Observe su propia memoria y lo verá. Cuando usted termina una experiencia, cuando la completa, no queda recuerdo de esa experiencia, en el sentido de un residuo psicológico. Hay un residuo sólo cuando una experiencia no es plenamente comprendida; y no hay comprensión de la experiencia debido a que miramos cada experiencia a través de los recuerdos del pasado. Por lo tanto, jamás nos enfrentamos a lo nuevo como lo nuevo, sino siempre a través de la pantalla de lo viejo. Está claro, pues, que nuestra respuesta a la experiencia se halla condicionada y es siempre limitada.

8 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

La conciencia es del pasado

Si usted observa muy cuidadosamente, verá que el flujo del pensamiento no es constante, sino que existe un intervalo entre dos pensamientos; aunque no sea más que una infinitesimal fracción de segundo, existe un intervalo que tiene significación en el balanceo del péndulo hacia atrás y adelante. Vemos el hecho de que nuestro pensar está condicionado por el ayer, el cual se proyecta hacia el mañana; tan pronto admite usted el pasado, también tiene que admitir el futuro, ya que no hay dos estados como el pasado y el futuro, sino un estilo que incluye tanto lo consciente como lo inconsciente, tanto el pasado individual como el colectivo. El pasado colectivo y el individual, en reacción al presente, emiten ciertas respuestas que crean la conciencia del individuo; por lo tanto, la conciencia es del pasado, y ése es todo el trasfondo de nuestra existencia. Tan pronto tiene usted el pasado, tiene inevitablemente el futuro, porque el futuro es meramente la continuidad modificada del pasado, pero sigue siendo ese pasado, de modo que nuestro problema es cómo originar una transformación en este proceso del pasado, sin crear otro condicionamiento, otro pasado.

9 de septiembre; La libertad primera y última

¿Por qué es uno irreflexivo?

El pensador piensa sus pensamientos por obra del hábito, de la repetición de la imitación, lo cual genera ignorancia y dolor. No es un hábito la irreflexión? La percepción alerta crea orden pero jamás crea hábito. Las tendencias arraigadas no hacen sino originar irreflexión. ¿Por qué es uno irreflexivo? Por que reflexionar es penoso, crea perturbaciones, genera oposición, puede ocasionar que las acciones de uno vayan en contra del patrón establecido. Pensar y sentir de un modo amplio, tornarse lúcidamente consciente de las cosas, sin opción ni preferencia alguna, puede llevarnos a profundidades desconocidas, y la mente se rebela contra lo desconocido; por eso se mueve de lo conocido a lo conocido, de hábito en hábito, de patrón en patrón. Una mente así jamás abandona lo conocido para descubrir lo desconocido. Al advertir las dificultades del pensar reflexivo, el pensador se vuelve irreflexivo a causa de la imitación y el hábito; temiendo pensar, crea patrones de irreflexión. Como el pensador es temeroso, sus acciones nacen de ese temor, y entonces, al ver sus acciones, trata de cambiarlas. El pensador siente miedo de sus propias creaciones; pero la acción es el actor, de modo que el pensador tiene miedo de sí mismo. El pensador es el miedo; es la causa de la ignorancia, del dolor. El pensador puede dividirse en muchas categorías de pensamiento, pero el pensamiento sigue siendo el pensador. El pensador y sus esfuerzos por ser, por devenir, son las verdaderas causas de conflicto y confusión.

10 de septiembre; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

El pensador es el pensamiento

¿No es, acaso, necesario comprender al pensador, al hacedor, al actor, puesto que su pensamiento, su proceder, su acción no puede separarse de él? El pensador es el pensamiento, el hacedor es el hecho, el actor es la acción. El pensador se revela en su pensamiento. El pensador mediante sus acciones crea su propia desdicha, su ignorancia, su conflicto. El pintor pinta este cuadro de felicidad efímera, sufrimiento y confusión. ¿Por qué produce esta pintura dolorosa? Indudablemente, éste es el problema que debemos estudiar, comprender y disolver. Por qué piensa el pensador sus pensamientos, de los cuales fluyen todas sus acciones? Ésta es la roca contra la cual ha estado usted golpeándose la cabeza, ¿verdad? Si el pensador pudiera trascenderse a sí mismo, cesaría todo conflicto; y para trascenderse a sí mismo tiene que conocerse. Aquello que se conoce y comprende, que se realiza y completa, no se repite. Lo que da continuidad al pensador es la repetición.

11 de septiembre; Entrevistas de Krishnamurti
Archivos de la Krishnamurti Foundation of America

No existe la libertad de pensamiento

No sé si está claro para cada uno de nosotros, que vivimos en un estado de contradicción. Hablamos de paz, y nos preparamos para la guerra. Hablamos de no-violencia, y somos fundamentalmente violentos. Hablamos de ser buenos, y no lo somos. Hablamos de amor, y estamos llenos de ambición, espíritu competitivo, despiadada eficiencia. Hay, pues, contradicción. La acción que surge de esa contradicción no hace sino generar frustración y más contradicciones [...].

Vea, señor, todo pensamiento es parcial, jamás puede ser total. El pensamiento es la respuesta de la memoria, y la memoria es siempre parcial, porque es el resultado de la experiencia; de modo que el pensamiento es la reacción de una mente condicionada por la experiencia. Todo pensar, toda experiencia, todo conocimiento son inevitablemente parciales; por lo tanto, el pensamiento no puede resolver los muchos problemas que tenemos. Usted podrá tratar de razonar lógicamente, sensatamente, acerca de estos problemas, pero si observa su propia mente verá que su pensar está condicionado por sus circunstancias, por la cultura en que ha nacido, por los alimentos que ingiere, por el clima en que vive, por los diarios que lee, por las presiones e influencias de su vida cotidiana […].

Debemos, pues, comprender muy claramente que nuestro pensar es la respuesta de la memoria, y la memoria es mecánica. El conocimiento es siempre incompleto, y todo pensar nacido del conocimiento es parcial, limitado, jamás es libre. No existe, pues, la libertad de pensamiento. Pero podemos empezar a descubrir una libertad que no es un proceso del pensamiento, y en la cual la mente está alerta a todos sus conflictos y a todas las influencias que hacen impacto en ella.

12 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Pensar sin el pensador

El mono en el árbol siente hambre, y entonces surge el impulso de tomar una fruta o una nuez. La acción viene primero, y después la idea de que hubiera sido mejor guardarla. Para expresarlo en palabras diferentes: ¿Qué viene primero, la acción o el actor? Sin la acción, ¿hay un actor? ¿Comprende? Esto es lo que estamos preguntándonos siempre: ¿Quién es el que ve? ¿Quién es el observador? ¿Está el pensador separado de sus pensamientos? ¿Hay separación entre el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia, el actor y la acción?... Pero si usted examina realmente el proceso, con mucho cuidado, detenimiento e inteligencia, verá que la acción está siempre primero, y que la acción con un objetivo en vista crea al actor. ¿Me sigue? Si la acción tiene un objetivo en vista, el logro de ese objetivo da origen al actor. Si usted piensa muy claramente, sin prejuicio, conformismo, sin tratar de convencer a nadie sin un objetivo en vista, en ese puro pensar no hay un pensador; existe únicamente el pensar. Sólo cuando su pensar contiene la búsqueda de un objetivo, se vuelve importante usted y no el pensamiento. Quizás haya observado esto. Es realmente importante descubrirlo, porque a partir de ahí sabremos cómo actuar. Si el pensador viene primero, entonces el pensador es más Importante que el pensamiento; y todas las filosofas, las costumbres y actividades de la presente civilización se basan en esta hipótesis. Pero si el pensamiento viene primero entonces el pensamiento es más importante que el pensador.

13 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Percepción instantánea

Para mí sólo hay percepción, la cual consiste en ver algo, instantáneamente, como falso o verdadero. Esta percepción instantánea de lo falso y lo verdadero es el factor esencial, no así el intelecto, basado en su habilidad, su conocimiento, sus compromisos. A veces debe haberle sucedido que ha visto la verdad de algo instantáneamente, tal como la verdad de que uno no puede pertenecer a nada. Eso es la percepción: ver la verdad de algo instantáneamente, sin análisis, sin razonamientos, sin todas las cosas que el intelecto crea con el fin de posponer la percepción. Ésta es por completo diferente de la intuición, palabra que usamos con mucha soltura y facilidad [...].

Para mí, sólo existe esta percepción directa, no el razonamiento, el cálculo, el análisis. Uno debe tener la capacidad de analizar; debe tener una mente buena y aguda para poder razonar. Pero una mente que se limita al razonamiento y al análisis es incapaz de percibir qué es la verdad [...].

Si usted se comunica consigo mismo, sabrá por qué «pertenece» a algo, por qué se ha comprometido; y si avanza más, verá la esclavitud, el cercenamiento de la libertad, la falta de dignidad humana que acarrea ese compromiso. Cuando percibe todo esto instantáneamente, está libre; no tiene que hacer un esfuerzo para liberarse. Por eso es esencial la percepción.

14 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Comprensión de instante en instante

La comprensión fundamental de uno mismo no adviene por obra del conocimiento o de la acumulación de experiencias, todo lo cual no es más que el cultivo de la memoria. La comprensión de uno mismo es de instante en instante; si nos limitamos a acumular conocimientos acerca del «yo», esos conocimientos mismos impiden toda comprensión ulterior, porque el conocimiento y la experiencia que se acumulan se convierten en el núcleo por medio del cual el pensamiento se concentra y tiene su existencia.

15 de septiembre; La libertad primera y última

Comprender el proceso de nuestro pensar

Supongamos que usted jamás hubiese leído un libro, religioso o filosófico, y tuviera que descubrir el sentido, el significado de la vida. ¿Cómo procedería al respecto? Suponga que no hubiese Maestros, ni organizaciones religiosas, ni el Buda, ni Cristo, y usted tuviera que empezar desde el principio, ¿cómo emprendería esa tarea? Ante todo, tendría que comprender su proceso del pensar, ¿no es así?, y no proyectarse a sí mismo, no proyectar sus pensamientos hacia el futuro, creando a un Dios de su agrado; eso sería demasiado infantil. Así que primero tendría que comprender el proceso de su propio pensar. Ése es el único modo de descubrir algo nuevo, ¿verdad?

Cuando decimos que el aprendizaje o el conocimiento es una traba, un obstáculo, no estamos incluyendo el conocimiento tecnológico ‑cómo conducir un auto, cómo hacer funcionar una maquinaria- o la eficiencia que trae el conocimiento. Tenemos en mente algo muy distinto: ese sentido de felicidad creadora que ninguna cantidad de conocimiento o estudio puede traer consigo. Ser creativo en el más genuino sentido de esa palabra es estar libre de instante en instante, porque el pasado es lo que continuamente ensombrece el presente. Aferrarse tan sólo a la información, a las experiencias de otros, a lo que alguien ha dicho, por importante que sea, y tratar de aproximar a eso la propia acción, todo ello es conocimiento, ¿verdad? Pero para descubrir algo nuevo, uno debe empezar por sí mismo; debe emprender un viaje, haciéndolo completamente desnudo, en especial de conocimientos, porque es muy fácil experimentar gracias a la creencia y al conocimiento; pero estas experiencias no son sino los productos de nuestra propia proyección y, por lo tanto, son completamente falsas, irreales.

16 de septiembre; La libertad primera y última

El conocimiento no es sabiduría

En nuestra búsqueda de conocimiento, en nuestros deseos adquisitivos, estamos perdiendo el amor, embotando nuestro sentido de la belleza, nuestra respuesta sensible a la crueldad; nos volvemos más y más especializados y cada vez menos integrados. La sabiduría no puede ser reemplazada por el conocimiento, y ninguna cantidad de explicaciones, ni la acumulación de hechos, liberará del sufrimiento al hombre. El conocimiento es necesario, la ciencia tiene su lugar; pero si la mente y el corazón son sofocados por el conocimiento, y si la causa del sufrimiento se justifica mediante explicaciones, la vida se torna vana y carente de sentido [...].

La información, el conocimiento de los hechos, aunque aumente de manera constante, es, por su propia naturaleza, limitado. La sabiduría es infinita, incluye el conocimiento y el modo de actuar; pero nosotros nos agarramos de una rama y pensamos que es todo el árbol. Mediante el conocimiento de la parte, jamás podremos experimentar el júbilo de lo total. El intelecto nunca puede conducirnos a la totalidad, porque es tan sólo un fragmento, una parte.

Hemos creado una separación entre el intelecto y el sentimiento, desarrollando el primero a expensas del segundo. Somos como un objeto de tres patas, con una pata mucho más larga que las otras; nos falta equilibrio. Estamos adiestrados para ser intelectuales; nuestra educación cultiva el intelecto para que sea agudo, astuto, adquisitivo, y así es como juega el papel más importante en nuestra vida.

La inteligencia es mucho más grandiosa que el intelecto, porque en ella se integran la razón y el amor; pero sólo puede haber inteligencia cuando hay conocimiento propio, profunda comprensión del total proceso de uno mismo.

17 de septiembre; La educación y el significado de la vida

La función del intelecto

No sé si usted ha considerado la naturaleza del intelecto. El intelecto y sus actividades están muy bien en cierto nivel, ¿no es así? Pero cuando el intelecto interfiere con el puro sentir, allí se establece la mediocridad. Conocer la función del intelecto y estar atento a ese puro sentir, sin dejar que ambos se mezclen y se destruyan entre sí, requiere una percepción alerta muy clara y aguda [...].

De modo que la función del intelecto es siempre inquirir, analizar, investigar; pero debido a que internamente, psicológicamente, queremos estar seguros, a que tenemos miedo y la vida nos causa ansiedad, arribamos a alguna forma de conclusión con la que nos comprometemos. Vamos de un compromiso a otro, y yo digo que una mente así, un intelecto así, por ser esclavo de una conclusión, ha cesado de reflexionar, de inquirir.

18 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Ser un extraño

Me pregunto si ha observado el papel enorme que el intelecto juega en nuestra vida. Los diarios, las revistas, todo cuanto nos rodea cultiva la razón. No es que yo esté contra la razón. Por el contrario, debemos tener la capacidad de razonar muy clara y agudamente. Pero si usted observa, encontrará que el intelecto está perpetuamente analizando por qué pertenecemos o no pertenecemos a algo, por qué debe uno ser un extraño con respecto a este mundo para encontrar la realidad, etc. Hemos aprendido el proceso de autoanalizarnos. Está, pues, el intelecto con su capacidad de inquirir, analizar, razonar y llegar a conclusiones; y está el sentir, el puro sentir, que siempre es interrumpido, coloreado por el intelecto. Y cuando el intelecto interfiere con el puro sentir, de esa interferencia se desarrolla una mente mediocre. Por una parte, tenemos el intelecto, con su capacidad de razonar basada en los agrados y desagrados, en su condicionamiento, en sus experiencias y conocimientos; y por la otra, tenemos el sentir, corrompido por la sociedad, por el miedo. ¿Revelarán ambos, el intelecto y el sentir, qué es lo verdadero? ¿O sólo existe la percepción y nada más?

19 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Una mente que está aprendiendo

¿Qué entendemos por aprender? ¿Hay un aprender cuando tan sólo acumulamos conocimiento, reunimos información? Ésa es una clase de aprender, ¿verdad? Como estudiante de ingeniería, usted estudia matemáticas, etc.; está aprendiendo, se informa acerca del tema. Está acumulando conocimiento, a fin de usar ese conocimiento en la práctica. Su aprender es acumulativo, aditivo. Ahora bien, cuando la mente no hace sino tomar, adquirir, agregar, ¿es eso aprender? ¿O el aprender es algo por completo diferente? Yo sostengo que el proceso aditivo que hoy llamamos aprender, no es aprender, en absoluto. Es tan sólo un cultivo de la memoria, el cual se vuelve mecánico; y una mente que funciona de manera mecánica, igual que una máquina, es incapaz de aprender. Una máquina jamás puede aprender, excepto en el sentido aditivo. El aprender es algo completamente distinto, como trataré de mostrárselo.

Una mente que está aprendiendo jamás dice: «Yo sé», porque el conocimiento es siempre parcial, mientras que el aprender es completo todo el tiempo. Aprender no significa empezar con cierta cantidad de conocimientos y agregarle más conocimientos. Eso no es aprender en absoluto; es un proceso puramente mecánico. Como dije, para mí el aprender es algo por completo diferente. Estoy aprendiendo acerca de mí mismo, de instante en instante, y el «mí mismo» es extraordinariamente vital; está activo, se mueve; no tiene comienzo ni final. Cuando digo: «Me conozco a mí mismo», el aprender ha llegado a un final que consiste en conocimiento acumulado.

El aprender jamás es acumulativo; es un movimiento de conocer, que no tiene principio y no tiene fin.

20 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El conocimiento asume la autoridad

No hay movimiento del aprender cuando existe la adquisición de conocimientos; ambas cosas son incompatibles, contradictorias. El movimiento del aprender implica un estado en el que la mente carece de experiencia previa almacenada como conocimiento. El conocimiento es algo adquirido, mientras que el aprender es un movimiento constante que no constituye un proceso aditivo o adquisitivo; por lo tanto, el movimiento del aprender implica un estado en el que la mente no ejerce autoridad alguna. Todo conocimiento asume la autoridad, y una mente atrincherada en la autoridad del conocimiento no puede aprender. La mente puede aprender sólo cuando ha creado por completo el proceso aditivo.

A la mayoría de nosotros le resulta más bien difícil diferenciar entre aprender y adquirir conocimientos. Por medio de la experiencia, de la lectura, de lo que escucha, la mente acumula conocimiento; es un proceso adquisitivo, un proceso de sumar a lo que ya conocemos, y desde ese trasfondo de conocimiento funcionamos. Ahora bien, lo que por lo general llamamos aprender, es este mismo proceso de adquirir información nueva y agregarla al depósito de conocimientos que ya poseemos [...]. Pero yo estoy hablando de algo por completo diferente. Por aprender, no entiendo agregar a lo que uno ya conoce. Podemos aprender sólo cuando la mente no está atada al pasado como conocimiento, es decir, cuando vemos algo nuevo y no lo traducimos a los términos de lo conocido.

La mente que está aprendiendo es una mente en estado de inocencia, mientras que la mente que tan sólo adquiere conocimientos es vieja, está estancada, corrompida por el pasado. Una mente en estado de inocencia percibe instantáneamente, está aprendiendo todo el tiempo, sin acumular, y sólo una mente así es madura.

21 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

El cerebro origina la mente

... Qué es la mente? Cuando formulo esa pregunta, por favor, no espere que yo la responda. Observe su propia mente, observe las modalidades de su propio pensamiento. Lo que yo describo es tan sólo una indicación, no es la realidad. La realidad debe usted experimentarla por sí mismo. La palabra, la descripción, el símbolo, no es la cosa real. La palabra puerta no es, evidentemente, la puerta. La palabra amor no es el sentimiento, la cualidad extraordinaria que la palabra indica. No confundamos, pues, la palabra, el nombre, el símbolo, con el hecho. Si sólo permanecemos en el nivel verbal y discutimos qué es la mente, estamos perdidos, porque entonces jamás percibiremos la calidad asombrosa de esto que llamamos la mente.

Entonces, ¿qué es la mente? La mente es la totalidad de nuestro conocimiento, de nuestra conciencia; es todo el proceso de nuestro pensar, la medida total de nuestra existencia humana. La mente es el resultado del cerebro. El cerebro origina la mente. Sin el cerebro no hay mente, pero la mente está separada del cerebro; es hija del cerebro. Si el cerebro es limitado, si está dañado, la mente también está dañada. El cerebro, que registra cada sensación, cada sentimiento de placer o dolor, el cerebro con todos sus tejidos, con todas sus respuestas, crea lo que llamamos la mente, aunque ésta es independiente del cerebro.

Usted no tiene que aceptar esto. Puede experimentar con ello y verlo por sí mismo.

22 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La mente anclada

Continuamos como máquinas con nuestra tediosa rutina cotidiana. ¡Con cuánta avidez acepta la mente un modelo de existencia, y con cuánta tenacidad se aferra a él! Como si estuviera clavada, la mente está sujeta por la idea, y en torno de la idea vive y tiene su ser. La mente jamás es libre, flexible, porque siempre está anclada; se mueve dentro del radio, estrecho o amplio, de su propio centro. No se atreve a salir de su centro, y cuando lo hace, se extravía en el miedo. El miedo no es a lo desconocido, sino a la pérdida de lo conocido. No es lo desconocido lo que incita al miedo, sino la dependencia con respecto a lo conocido. El miedo acompaña siempre al deseo, deseo por más o deseo por menos.

La mente, con su incesante tejer de patrones, es la hacedora del tiempo; y en el tiempo están el miedo, la esperanza y la muerte.

23 de septiembre; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serte II

La mente es el resultado del tiempo

La mente es influida todo el tiempo para que piense de una manera determinada. En cierta época, sólo las religiones organizadas solían ocuparse de nuestra mente, pero ahora son los gobiernos los que se han hecho cargo ampliamente de esa tarea. Quieren moldear y controlar nuestras mentes. En la superficie, la mente puede resistirse a ese control [...]. Superficialmente, tenemos alguna voz en el asunto, pero bajo la superficie, en lo profundo del inconsciente, está todo el peso del tiempo, de la tradición, impulsándonos en una dirección particular. La mente consciente puede, hasta cierto punto, controlarse y guiarse ella misma, pero en la inconsciente están aguardando, latiendo, apremiando, nuestras ambiciones, nuestros problemas no resueltos, las compulsiones, las supersticiones, los temores [...].

Todo este campo de la mente es el resultado del tiempo, de los conflictos y ajustes, de toda una serie de aceptaciones sin una plena comprensión de aquello que aceptamos. Por lo tanto, vivimos en un estado de contradicción; nuestra vida es un proceso de lucha interminable. Somos desdichados y queremos ser felices. Siendo violentos, practicamos el ideal de no-violencia. Hay, pues, un conflicto continuo; la mente es un campo de batalla. Queremos estar seguros, si bien internamente, en lo profundo, sabemos que no existe en modo alguno una cosa como la seguridad. Lo cierto es que no queremos afrontar el hecho de que la seguridad no existe; por consiguiente, estamos siempre persiguiendo la seguridad, con el miedo resultante de no encontrarla, de sentirnos inseguros.

24 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Vivir es la mayor revolución

La mente está presa en un molde; su existencia misma es el armazón dentro del cual funciona y se mueve. El molde es del pasado o del futuro, es desesperación y esperanza, contusión y utopía, lo que ha sido y lo que debería ser. Todos estamos familiarizados con esto. Querernos romper el viejo molde y sustituirlo por uno «nuevo», siendo el nuevo una modificación del viejo [...]. Queremos originar un mundo nuevo. Es imposible. Usted puede engañarse a sí mismo y a otros, pero a menos que el viejo molde se rompa por completo no puede haber una transformación radical. Pueden ustedes jugar con ello, pero no son la esperanza del mundo. La ruptura del molde, tanto del molde viejo como del así llamado nuevo, es de extrema importancia si de este caos ha de surgir el orden. Por eso es esencial comprender las modalidades de la mente [...].

¿Puede la mente estar sin un patrón, sin esta oscilación del deseo hacia atrás y adelante? Puede hacerlo, no hay duda. Tal acción implica vivir en el ahora.

Vivir en el ahora es vivir sin la esperanza, sin la preocupación por el mañana; no es desesperanza ni indiferencia. Pero nosotros no vivimos, estamos siempre persiguiendo la muerte ‑el pasado o el futuro-. Vivir es la mayor revolución. El vivir no tiene moldes, pero la muerte sí: el pasado o el futuro, lo que ha sido o la utopía. Usted está viviendo para la utopía, y así invita a la muerte, no a la vida.

25 de septiembre; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie II

La revolución interior

Lo verdadero sólo puede ser descubierto de instante en instante; no es una continuidad, pero la mente que desea descubrirlo, siendo ella misma producto del tiempo, sólo puede funcionar en el campo del tiempo; por lo tanto, es incapaz de descubrir lo verdadero.

Conocer la mente implica que ésta debe conocerse a sí misma, ya que no existe un «yo» aparte de la mente. No hay cualidades separadas de la mente, tal como las cualidades del diamante no están separadas del diamante mismo. Para comprender la mente, usted no puede interpretarla conforme a la idea de alguna otra persona, sino que debe observar cómo funciona en totalidad su propia mente. Cuando conoce todo su proceso: la manera como razona, sus deseos, sus motivos, ambiciones y búsquedas, su envidia, su codicia, su miedo, entonces la mente puede ir mas allá de sí mismo, y cuando lo hace, existe el descubrimiento de algo totalmente nuevo. Esa calidad de lo nuevo genera una pasión extraordinaria, un entusiasmo tremendo que da origen a una profunda revolución interior; sólo esta revolución interior puede transformar el mundo; no lo hará ningún sistema político o económico.

26 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

Sólo existe la conciencia

De hecho, sólo existe un estado, no dos estados tales como lo consciente y lo inconsciente; hay un solo estado del ser, que es la conciencia, aunque pueda dividírsela como lo consciente y lo inconsciente. Pero esa conciencia es siempre del pasado, jamás del presente; somos conscientes sólo de las cosas que han pasado. Usted es consciente, un segundo más tarde, de lo que intento comunicarle, ¿no es así? Lo entiende un instante después. Nunca es consciente o se da cuenta del ahora. Observe ahora su corazón y su mente, y verá que la conciencia está funcionando entre el pasado y el futuro, y que el presente es tan sólo un pasaje del pasado hacia el futuro [...].

Si observa su propia mente en funcionamiento, verá que el movimiento del pasado hacia el futuro es un proceso en el que no existe el presente. O bien el pasado es un medio de escapar del presente ‑que tal vez sea desagradable-, o el futuro es una esperanza que se halla lejos del presente. De modo que la mente está ocupada con el pasado o con el futuro y desecha el presente [...]. O condena y rechaza el hecho, o lo acepta y se identifica con él. Desde luego, una mente así es incapaz de ver ningún hecho como hecho. Es decir, nuestro estado de conciencia ‑que se halla condicionado por el ayer- y nuestro pensamiento son la respuesta condicionada al reto de un hecho; cuanto más responde usted conforme al condicionamiento de la creencia, del pasado, tanto más se fortalece el pasado.

El fortalecimiento del pasado es, sin duda, la continuidad de éste, a la cual él llama el futuro. Ése es, entonces, el estado de nuestra mente, de nuestra conciencia: un péndulo que oscila hacia atrás y hacia delante entre el pasado y el futuro.

27 de septiembre; La libertad primera y última

Más allá del tiempo

La mente condicionada es incapaz, por cierto, de descubrir qué hay mas allá del tiempo. Es decir, señor, la mente tal como la conocemos se halla condicionada por el pasado. El pasado, moviéndose a través del presente hacia el futuro, condiciona a la mente; y esta mente condicionada, estando en conflicto, en dificultades, temerosa, insegura, busca algo más allá de las fronteras del tiempo. Eso es lo que todos hacemos de distintas formas, ¿no es así? Pero la mente, que es el resultado del tiempo, ¿puede alguna vez encontrar aquello que es intemporal?

La morada de nuestras creencias, de nuestras propiedades, de nuestros apegos y nuestros confortadores modos de pensar, es constantemente forzada e invadida. Pero la mente sigue buscando seguridad, de modo que hay un conflicto entre lo que deseamos y lo que nos exige el proceso de la vida. Es lo que le sucede a cada uno de nosotros [...].

No sé si este problema le interesa de algún modo. La existencia de cada día, con todas sus preocupaciones, parece ser suficiente para la mayoría de nosotros. Nuestro único interés es encontrar una respuesta inmediata a nuestros múltiples problemas. Pero, tarde o temprano, las respuestas inmediatas resultan insatisfactorias, porque ningún problema tiene una respuesta que esté separada del problema mismo. Pero si podemos comprender el problema con todas sus intrincaciones, entonces el problema deja de existir.

28 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Una mente con problemas no es una mente seria

Una de las preguntas principales que debemos plantearnos es ésta: ¿Hasta dónde y hasta qué profundidad puede la mente penetrar dentro de sí misma? Ésa es la condición de seriedad, porque implica percepción inteligente de toda la estructura psicológica de nuestro propio ser, con sus instintos, sus compulsiones, su deseo de realizarse, y sus frustraciones, desdichas, tensiones, ansiedades, luchas, sufrimientos, así como los innumerables problemas que lo perturban. La mente que todo el tiempo tiene problemas no es en absoluto una mente seria, pero aquella que comprende cada problema a medida que surge, y lo disuelve de inmediato para no transferirlo al día siguiente, ésa sí es una mente seria [...].

¿En qué se interesa la mayoría de nosotros? Si tenemos dinero, nos inclinamos hacia las cosas así llamadas espirituales o a los entretenimientos intelectuales, o discutimos sobre arte, o nos dedicamos a la pintura para expresarnos a nosotros mismos. Si no tenemos dinero, ocupamos nuestro tiempo, día tras día, en ganarlo, y estamos atrapados en esa desdicha, en la interminable rutina y el tedio que implica. La mayoría de nosotros se ha adiestrado para funcionar mecánicamente durante años en algún empleo. Tenemos responsabilidades, esposa e hijos que mantener, y prisioneros de este mundo dementes tratamos de ser serios, de volvernos religiosos; vamos a la iglesia, ingresamos en ésta o aquella organización religiosa; o quizás hayamos escuchado acerca de estas reuniones y, como estamos en periodo de vacaciones, llegamos hasta aquí. Pero nada de eso originará esta extraordinaria transformación de la mente.

29 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

La mente religiosa incluye a la mente científica

Una mente religiosa está libre de toda autoridad. Y es extremadamente difícil estar libre de toda autoridad, no sólo de la autoridad impuesta por otro, sino también de la autoridad que implica la experiencia que uno ha reunido, la cual pertenece al pasado y es la tradición. La mente religiosa no tiene creencias ni dogmas, se mueve de hecho en hecho; por lo tanto, la mente religiosa es la mente científica. Pero la mente científica no es la mente religiosa. La mente religiosa incluye a la mente científica, pero la mente adiestrada en el conocimiento de la ciencia no es una mente religiosa.

Una mente religiosa se interesa en la totalidad ‑no en una función determinada, sino en el funcionamiento total de la existencia humana-. El cerebro se ocupa de una función en particular, se especializa. Funciona en la especialización como científico, médico, ingeniero, músico, pintor, escritor. Estas técnicas especializadas, limitadas, crean división, no sólo internamente sino en lo externo. El científico es probablemente considerado, hoy en día, como la persona más importante requerida por la sociedad, tal como lo es el médico. De este modo, la función adquiere suma importancia, y la función viene acompañada por la posición, la cual es prestigio. Así pues, donde hay especialización tiene que haber contradicción y limitación mental, y ésa es la función del cerebro.

30 de septiembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

El Libro de la Vida

Septiembre

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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