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El Libro de la Vida

Octubre

El tiempo - La percepción - El cerebro - La transformación

La solución no se encuentra en el tiempo

Todas las religiones han sostenido que el tiempo es necesario ‑me refiero al tiempo psicológico-. El cielo está muy lejos, y uno puede llegar a él sólo a través del proceso gradual de la evolución, de la represión, del crecimiento, o de la identificación con un objeto, con algo superior. Nuestro interrogante es si resulta posible liberarse del miedo inmediatamente. De lo contrario, el miedo engendra desorden; el tiempo psicológico origina invariablemente, dentro de nosotros, un desorden extraordinario.

Estoy cuestionando toda la idea de la evolución, no la del ser físico, sino la del pensamiento, el cual se ha identificado con una forma particular de existencia en el tiempo. Es obvio que el cerebro ha evolucionado en el tiempo para llegar a la etapa actual, y puede seguir evolucionando, expandiéndose aún más. Pero, como ser humano, he vivido durante cuarenta o cincuenta años en un mundo compuesto de toda clase de teorías, conflictos y conceptos, en una sociedad donde la codicia, la envidia y la competencia han engendrado guerras. Yo formo parte de todo eso. Para un hombre que sufre, no hay ningún sentido en recurrir al tiempo buscando una solución, en evolucionar lentamente, como ser humano, durante los próximos dos millones de años. Tal como estamos constituidos, ¿podemos liberarnos del miedo y del tiempo psicológico? El tiempo físico tiene que existir; no podemos evadirnos de ese tiempo. La cuestión es si el tiempo psicológico puede originar orden no sólo dentro del individuo, sino también orden social. Formamos parte de la sociedad, no estamos separados de ella. Donde hay orden en un ser humano, es inevitable que haya orden social externamente.

1 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Un estado intemporal

Cuando hablo acerca del tiempo, no me refiero al tiempo cronológico, al tiempo del reloj. Ese tiempo existe y debe existir. Si usted quiere tomar un autobús, si quiere llegar puntualmente al tren o a una cita el día de mañana debe contar con el tiempo cronológico. Pero Existe un mañana, psicológico, un mañana que es el tiempo de la mente? ¿Hay, en realidad, un mañana desde el punto de vista psicológico? ¿O el mañana es creado por el pensamiento, debido a que éste ve la imposibilidad de cambiar directa e inmediatamente, y entonces inventa el proceso de lo gradual? Veo por mí mismo, como ser humano, que es tremendamente importante dar origen a una revolución en mi estilo de vida, en mi pensar y sentir, en mis acciones, y me digo: «Emplearé tiempo en ello; mañana o dentro de un mes seré diferente». A ese tiempo me estoy refiriendo: a la estructura psicológica del tiempo, del mañana, del futuro; y en ese tiempo vivimos. Ese tiempo ‑no el del reloj- es el pasado, el presente y el futuro. Fui; eso es el ayer; el ayer opera a través del hoy y crea el futuro. Eso es bastante simple de entender. Hace un año tuve una experiencia que dejó una huella en mi mente, y traduzco el presente de acuerdo con esa experiencia, con ese conocimiento, esa tradición, ese condicionamiento; y así creo el mañana. Estoy preso en este círculo. Esto es lo que llamamos vivir; esto es lo que llamamos tiempo.

El pensamiento, que es usted, con todos sus recuerdos, sus condicionamientos, sus ideas, sus esperanzas, su desesperación, con la total soledad de la existencia, todo eso es tiempo [...]. Y para comprender el estado intemporal, cuando el tiempo se ha detenido, uno debe investigar si la mente puede estar por completo libre de toda experiencia, la cual pertenece al tiempo.

2 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVII

La verdadera naturaleza del pensamiento

El tiempo es pensamiento, y el pensamiento es el proceso de la memoria, la cual crea al tiempo como ayer, hoy y mañana, una cosa que usamos como medio de realización personal, como sistema de vida. El tiempo es extraordinariamente importante para nosotros, vida tras vida, una vida conduciendo a otra vida que se modifica y continúa. Por cierto, el tiempo es la verdadera naturaleza del pensamiento; el pensamiento es tiempo. Y mientras el tiempo exista como un medio para lograr algo, la mente no podrá ir mas allá de sí misma; la cualidad de ir más allá de sí misma pertenece a la mente nueva, la cual está libre del tiempo. El tiempo es un factor que interviene en el miedo. Por tiempo no entiendo el tiempo cronológico, del reloj ‑segundo, minuto, hora, día, año-, sino el tiempo como factor interno, psicológico. Ese hecho es el que da origen al miedo. El tiempo es miedo; como el tiempo es pensamiento, éste debe engendrar miedo, el tiempo crea frustración conflictos, porque la percepción inmediata del hecho, la acción de ver el hecho, es intemporal [... ].

Para comprender, pues, el miedo, uno debe estar atento al tiempo: el tiempo como distancia, espacio, «yo», tiempo que el pensamiento crea como ayer, hoy y mañana, usando la memoria de ayer para ajustarse al presente y así condicionar el futuro. Para la mayoría de nosotros, el miedo es una realidad extraordinaria; y una mente enredada en el miedo, en la complejidad del miedo, jamás puede ser libre; jamás puede comprender la totalidad del miedo sin comprender las intrincaciones del tiempo. El miedo y el tiempo marchan juntos.

3 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. XII

El desorden que el tiempo crea

El tiempo implica moverse de lo que es a «lo que debería ser». Tengo miedo, pero un día estaré libre del miedo ‑al menos, eso es lo que uno piensa-. Cambiar desde lo que es a «lo que debería ser» involucra tiempo. Ahora bien, el tiempo implica esfuerzo en ese intervalo entre lo que es y «lo que debería ser». No me agrada el miedo, y voy a hacer un esfuerzo para comprenderlo, para analizarlo, disecarlo, o voy a descubrir su causa, o voy a escapar totalmente de él. Todo esto implica esfuerzo, y al esfuerzo es a lo que estamos habituados. Vivimos siempre en conflicto entre lo que es y «lo que debería ser». «Lo que debería ser» es una idea, y la idea es ficticia, no es lo que soy, que es el hecho; y el hecho de lo que soy puede ser cambiado únicamente cuando comprendo el desorden que el tiempo crea.

Entonces, ¿es posible para mí liberarme del miedo totalmente, completamente, en el instante? Si permito que el miedo continúe, crearé desorden todo el tiempo; por lo tanto, uno ve que el tiempo es un elemento de desorden, no un medio para liberarme finalmente del miedo. De modo que no existe un proceso gradual para desembarazarme del miedo, tal como no existe un proceso gradual para desembarazarse del veneno del nacionalismo. Si usted es nacionalista y dice que a la larga llegará a la hermandad humana, en el intervalo hay guerras, odios, desdicha, existe toda esta espantosa división entre los seres humanos; en consecuencia, el tiempo está creando desorden.

4 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

El tiempo es un veneno

En su cuarto de baño usted tiene un frasco rotulado «veneno», y sabe que eso es veneno; se cuida mucho de ese frasco, aun en la oscuridad. Siempre está atento a él. No dice: «¿Cómo me mantendré alejado, cómo estaré atento a ese frasco?» Sabe que es veneno, de modo que está tremendamente atento a él. El tiempo es un veneno, crea desorden. Si esto es un hecho para usted, entonces puede proseguir con la comprensión de cómo liberarse del miedo instantáneamente. Pero si se sigue aferrando al tiempo como el medio de liberarse, no hay comunicación entre usted y yo.

Vea, hay algo que es mucho más que eso, puede haber una clase total y completamente distinta de tiempo. Nosotros sólo conocemos dos tiempos, el físico y el psicológico, y estamos atrapados en el tiempo. El tiempo físico juega un papel importante en la psique, y la psique ejerce una influencia importante sobre lo físico. Estamos presos en esta batalla, en esta influencia. Uno debe aceptar el tiempo físico, a fin de tomar el autobús o el tren, pero si uno rechaza por completo el tiempo psicológico, puede dar con un tiempo que es algo totalmente distinto, un tiempo que no está relacionado con ninguno de los otros dos. ¡Desearía que usted avanzara conmigo dentro de ese tiempo! Entonces el tiempo no es desorden; es un orden extraordinario.

5 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

La verdad llega en un destello

La verdad o comprensión llega en un destello, y ese destello no tiene continuidad; no está dentro del campo del tiempo. Vea esto claramente por sí mismo. La comprensión es fresca, instantánea, no es la continuidad de algo que ha sido. Lo que ha sido no puede traerle comprensión. En tanto uno esté buscando continuidad, deseando permanencia en la relación, en el amor, anhelando encontrar una paz duradera y todo eso, está persiguiendo algo que se halla dentro del campo del tiempo; por lo tanto, no pertenece a lo intemporal.

6 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Una búsqueda vana

En tanto estemos pensando desde el punto de vista del tiempo, tiene que haber miedo a la muerte. He aprendido, pero no he encontrado lo supremo, y antes de morir tengo que encontrarlo; o si no lo encuentro antes de morir, al menos espero encontrarlo en la próxima vida, etc. Todo nuestro pensar se basa en el tiempo. Nuestro pensar es lo conocido, es el resultado de lo conocido, y lo conocido es el proceso del tiempo; y con esa mente estamos tratando de descubrir qué es ser inmortal, qué es estar más allá del tiempo, lo cual es una búsqueda vana. No tiene sentido, excepto para filósofos, teóricos y especuladores. Si quiero encontrar la verdad, no mañana, sino de hecho, directamente, ¿no debo yo, el «yo», el «sí mismo», que está siempre acumulando, luchando y otorgándose una continuidad por medio de la memoria, no debe ese «yo» cesar de continuar? ¿No es posible, acaso, morir mientras estoy viviendo? No perder artificialmente la memoria, lo cual es amnesia, sino realmente cesar de acumular por medio de la memoria y, de tal modo, dejar de dar continuidad al «yo». Viviendo en este mundo, que es del tiempo, ¿no es posible para la mente originar, sin ninguna forma de compulsión, un estado en el que el experimentador y la experiencia no tengan base alguna? En tanto exista el experimentador, el observador, el pensador, tiene que haber miedo de terminar y, por ende, miedo a la muerte [...].

Así pues, si es posible para la mente conocer todo esto, darse plenamente cuenta de ello y no limitarse a decir: «Es sencillo», si puede percibir el proceso total de la conciencia, ver el significado íntegro de la continuidad y del tiempo, y la inutilidad de esta búsqueda para encontrar, por medio del tiempo, aquello que está más allá del tiempo, si la mente puede darse cuenta de todo eso, entonces puede haber una muerte que sea de veras una creatividad totalmente fuera del tiempo.

7 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

La percepción actúa

Usted ve y yo no veo; ¿por qué ocurre esto? Pienso que ocurre porque uno está implicado en el tiempo; usted no ve las cosas en el tiempo, yo las veo en el tiempo. Su ver es una acción de todo su ser, y su ser no está preso en el tiempo; usted no piensa en un arribo gradual; ve algo instantáneamente, y esa percepción misma actúa. Yo no veo; quiero descubrir por qué no veo. ¿Qué es lo que me hará ver totalmente algo, de modo tal que comprenda de inmediato la cosa completa? Usted ve la estructura total de la vida: la belleza, la fealdad, el dolor, la dicha, la extraordinaria sensibilidad; usted ve la cosa íntegra, y yo no puedo. Veo una parte de ella, pero no la veo en su totalidad [...]. El hombre que ve algo totalmente, que ve la vida totalmente, es obvio que debe estar fuera del tiempo. Señor, preste atención a esto, porque tiene algo que ver, realmente, con nuestra existencia diaria; no es algo espiritual, filosófico, ajeno a nuestra vida cotidiana. Si comprendemos esto, entonces comprenderemos nuestra rutina diaria con su tedio, los sufrimientos, las insoportables ansiedades y los temores. De modo que no lo descarte diciendo: «¿Qué tiene esto que ver con nuestra existencia diaria?» Tiene que ver. Uno puede percibir ‑al menos para mí está claro- que es posible cortar instantáneamente, como un cirujano, toda el cordón de la desdicha humana. Eso es lo que quiero investigar con usted.

8 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Al borde mismo de todo pensamiento

¿Le ha sucedido alguna vez ‑seguramente sí- que de pronto percibe algo y, en ese instante de percepción, no tiene problema alguno en absoluto? En el momento mismo en que ha percibido el problema, éste ha cesado por completo. ¿Comprende, señor? Usted tiene un problema, piensa sobre él, arguye con él, se preocupa; dentro de los límites de su pensar, ejercita todos los medios para comprenderlo. Finalmente, dice: «Nada más puedo hacer». No hay nadie, ni gurú, ni libro alguno, que le ayude a comprenderlo. Se ha quedado con el problema y no hay salida. Habiendo indagado en el problema hasta el pleno alcance de su capacidad, lo deja tranquilo. Su mente ya no se preocupa más, no se tortura con el problema, no dice más: «Tengo que encontrar una respuesta»; por lo tanto, se queda quieta, ¿no es así? Y en esa quietud encuentra usted la respuesta. ¿No le ha sucedido a veces? No es nada extraordinario. Ocurre con los grandes matemáticos y científicos, y las personas lo experimentan ocasionalmente en su vida cotidiana. ¿Qué significa eso? La mente ha ejercitado en plenitud su capacidad de pensar y ha llegado al borde mismo de todo pensamiento sin haber encontrado una respuesta; entonces se queda quieta. No por agotamiento, no a causa de la fatiga, no por decir: «Me quedaré quieta y, de ese modo, hallaré la respuesta». Habiendo hecho ya todo lo posible para encontrar la respuesta, la mente se aquieta de manera espontánea. Existe una respuesta que no surge de opción alguna, de exigencia alguna, una intensa atención exenta de toda ansiedad; y en ese estado de la mente hay percepción. Unicamente esta percepción resolverá todos nuestros problemas.

9 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Esta percepción sin opciones

Grandes profetas nos han dicho que debemos adquirir experiencia, que la experiencia nos da comprensión. Pero sólo la mente inocente, la mente no empañada por la experiencia, totalmente libre del pasado, puede percibir qué es la realidad. Si usted ve la verdad de eso, si la percibe por una fracción de segundo, conocerá la extraordinaria claridad de una mente en estado de inocencia. Eso significa la desaparición de todas las incrustaciones de la memoria, es decir, que la mente descarta el pasado. Pero para percibir eso, no debe haber cuestión de «cómo», con el deseo de una respuesta. Una mente que se distrae de ese modo, no es una mente atenta. Como dije antes, en el principio está el final. En el principio está la semilla de la terminación de eso que llamamos dolor. La terminación del dolor se realiza en el dolor mismo, no fuera del dolor. Alejarse del dolor es encontrar meramente una respuesta, una conclusión, un escape; pero el dolor continúa. Mientras que si usted concede su atención completa al dolor, esto es, si está atento a él con todo su ser, verá que hay una percepción instantánea en la que no interviene el tiempo, en la que no hay esfuerzo ni conflicto alguno; y esta percepción instantánea, sin opciones, pone fin al dolor.

10 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La activa mente quieta

La mente que de veras está quieta, es asombrosamente activa, fuerte, vital; lo es en sí, no con respecto a nada en particular. Sólo una mente así se halla libre de lo verbal, de la experiencia, del conocimiento. Una mente así puede percibir lo verdadero, una mente así tiene percepción directa, la cual está más allá del tiempo.

La mente puede estar en silencio sólo cuando ha comprendido el proceso del tiempo, y eso requiere vigilancia, ¿no es cierto? Una mente así, ¿no debe, acaso, ser libre? No estar libre de algo, sino ser libre. Sólo conocemos la libertad con respecto a algo. Una mente que está libre de algo no es una mente libre; esa libertad con respecto a alguna cosa es sólo una reacción, y eso no es libertad. Una mente que busca la libertad jamás es libre. Pero la mente es libre cuando comprende el hecho tal como es, sin interpretarlo, sin censurarlo; y, siendo libre, una mente así es inocente, aunque viva 100 días, 100 años y tenga todas las experiencias posibles. Es inocente porque es libre, no libre de algo, sino libre en sí misma. Sólo una mente semejante puede percibir lo verdadero, lo que está más allá del tiempo.

11 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

De la percepción surge la energía

El problema consiste, sin duda, en liberar a la mente por completo, de modo que se halle en un estado de percepción alerta sin límites ni fronteras. ¿Cómo ha de descubrir la mente ese estado? ¿Cómo ha de dar con esa libertad?

Espero que usted mismo se esté formulando seriamente esta pregunta, porque yo no se la estoy formulando. No trato de influir sobre usted; tan sólo señalo la importancia de plantearse uno mismo esta pregunta. La formulación verbal de la pregunta, hecha por otro, no tiene sentido si usted no se la formula a sí mismo con insistencia, con urgencia. El margen de libertad se estrecha cada día que pasa, como usted debe saberlo si tan sólo presta atención. Los políticos, los dirigentes, los sacerdotes, los periódicos y libros que lee, el conocimiento que adquiere, las creencias a las que se aferra, todo esto hace que el margen de libertad se estreche más y más. Si se da cuenta de este proceso en marcha, si de veras percibe la estrechez de espíritu, la esclavitud en aumento, de la mente, descubrirá que desde esa percepción surge una energía; y esta energía surgida de la percepción es la, que va a hacer añicos a la mente mezquina, la mente respetable, la mente que va al templo, la mente temerosa. La percepción es, pues, el camino de la verdad.

12 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

La mente parlanchina

¿Sabe?, percibir algo es una experiencia asombrosa. No sé si alguna vez ha percibido realmente algo: una flor o un rostro o el cielo o el mar. Desde luego, ve estas cosas cuando pasa cerca de ellas en un autobús o en un automóvil; pero me pregunto si alguna vez se ha tomado la molestia de mirar realmente una flor. Y cuando sí mira una flor, ¿qué ocurre? Inmediatamente la nombra, se interesa en saber a qué especie pertenece, o dice: «¡Qué hermosos colores tiene! Me gustaría que creciera en mi jardín; quisiera obsequiársela a mi esposa, o ponérmela en el ojal», etc. En otras palabras, apenas ve una flor, su mente comienza a parlotear al respecto; por consiguiente, jamás percibe la flor. Uno percibe algo sólo cuando su mente está en silencio, cuando no hay parloteo de ninguna clase. Si usted puede mirar la estrella vespertina que asoma sobre el mar, mirarla sin un solo movimiento de la mente, entonces percibe de veras su extraordinaria belleza; y cuando percibe la belleza, ¿no experimenta también el estado de amor? Por cierto, la belleza y el amor son la misma cosa. Sin amor no hay belleza, y sin belleza no hay amor. La belleza está en la forma, la belleza está en el hablar, la belleza está en la conducta. Si no hay amor, la conducta es trivial; es meramente el producto de la sociedad, de una determinada cultura, y lo que produce es mecánico, carente de vida. Pero cuando la mente percibe sin la más leve agitación, entonces es capaz de mirar a una profundidad total dentro de sí misma. Y una percepción semejante es realmente intemporal. Usted no tiene que hacer nada para provocarla; no hay disciplina, ni práctica, ni método por el cual pueda uno aprender a percibir.

13 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El conocimiento desvía a la mente

Tenemos un solo instrumento de percepción, que es la mente, y la mente es también el cerebro. Por lo tanto, para descubrir la verdad en esta cuestión, uno debe comprender las modalidades de la mente, ¿no es así? Si la mente es torcida, uno jamás podrá ver rectamente; si es muy limitada, uno no puede percibir lo ilimitado. La mente es el instrumento de percepción y, para percibir con exactitud, la mente debe tornarse recta, liberarse de todo condicionamiento, de todo temor. La mente también debe estar libre del conocimiento, porque el conocimiento desvía a la mente y distorsiona las cosas. La enorme capacidad de la mente para inventar, imaginar, especular, pensar, ¿no debe dejarse a un lado, a fin de que la mente sea muy clara y muy simple? Porque sólo la mente en estado de inocencia, la mente que ha experimentado muchísimo y, sin embargo, está libre del conocimiento y de la experiencia, sólo una mente así puede descubrir aquello que es más que el cerebro y que la mente misma. De lo contrario, lo que descubra estará influido por lo que usted ya ha experimentado, y su experiencia es el resultado de su condicionamiento.

14 de octubre; El propósito de la educación

Ahogada por la influencia

¿Por qué envejece la mente? Es vieja, ¿verdad?, en el sentido de volverse decrépita, de deteriorarse, repetirse, estar atrapada en hábitos: hábitos sexuales, religiosos, hábitos de trabajo, o los diversos hábitos de la ambición. La mente se halla tan agobiada de innumerables experiencias y recuerdos, tan desfigurada y marcada por el dolor, que no puede ver nada de manera fresca, sino que está siempre traduciendo lo que ve; lo traduce conforme a sus propios recuerdos, a sus propias conclusiones y fórmulas, apelando siempre a las citas. Es una mente atada a la autoridad; es una mente vieja. Usted puede ver por qué ocurre eso. Toda nuestra educación se limita al cultivo de la memoria; y tenemos esta comunicación masiva a través de los diarios, la radio, la televisión; están los profesores que leen sus clases y repiten la misma cosa una y otra vez hasta que el cerebro de uno se empapa de lo que ellos han repetido y lo vomita en un examen; y uno obtiene su título y continúa con el proceso: el empleo, la rutina, la incesante repetición. No sólo eso, sino también nuestra propia lucha interna de la ambición con sus frustraciones, con su competencia, no sólo por los empleos, sino por Dios, deseando estar cerca de Dios pidiendo la vía rápida para llegar a él [... ].

Lo que ocurre, pues, es que debido a la presión, al esfuerzo intenso, a las tensiones, nuestras mentes se hallan atestadas ahogadas por la influencia, por el dolor, seamos o no conscientes de ello [...]. Desgastamos la mente, no la usamos.

15 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El viejo cerebro, nuestro cerebro animal

Pienso que es importante comprender la operación, el funcionamiento, la actividad del viejo cerebro. Cuando el cerebro nuevo opera, el viejo cerebro no puede comprender al cerebro nuevo. Sólo cuando el viejo cerebro, que es nuestro cerebro condicionado, animal, el cerebro cultivado a lo largo de los siglos, que busca perpetuamente su propia seguridad, su propio bienestar, sólo cuando ese viejo cerebro está quieto, verá usted que hay una clase de movimiento por completo diferente, y este movimiento es el que va a originar claridad. Este movimiento es en sí mismo claridad. Para comprender, debemos comprender el viejo cerebro, darnos cuenta de él, conocer todos sus movimientos, sus actividades sus exigencias, sus búsquedas; por eso la meditación es muy importante. No me refiero al sistematizado, absurdo cultivo de cierto hábito de pensamiento y todo eso; es demasiado inmaduro e infantil. Por meditación entiendo comprender las operaciones del viejo cerebro, vigilarlo, conocer sus reacciones, sus respuestas, sus tendencias, sus requerimientos, sus búsquedas agresivas; conocer todo eso, tanto la parte consciente como la inconsciente. Cuando usted conoce eso, cuando lo percibe, sin controlarlo ni dirigirlo, sin decir: «Esto es bueno, esto es malo; me quedaré con esto, no me quedaré con aquello»; cuando ve el movimiento total de la mente vieja, cuando lo ve por completo, la mente se aquieta por sí misma.

16 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

Una mente joven

Pienso que el esfuerzo constante por ser alguna cosa, por llegar a ser esto o aquello, es la verdadera causa de destrucción y envejecimiento de la mente. Mire con cuánta rapidez envejecemos, no sólo las personas que han pasado los sesenta años, sino también la gente joven. ¡Qué viejos están ya, mentalmente, los jóvenes! Muy pocos sostienen o conservan la calidad de una mente joven. Entiendo por joven no la mente que tan sólo desea divertirse, pasarlo bien, sino la mente incontaminada, que no está dañada, falseada, deformada por los accidentes o incidentes de la vida, una mente no desgastada por la lucha, la pena, los esfuerzos constantes. Por cierto, es indispensable tener una mente joven, porque la vieja mente está tan llena de cicatrices de recuerdos, que no puede vivir, no puede ser seria; es una mente muerta, una mente que ya ha decidido y vive conforme a sus decisiones; una mente así está muerta. Pero una mente joven está siempre decidiendo de nuevo y no se carga de innumerables recuerdos. Una mente que no lleva consigo ni un vestigio de sufrimiento, aunque pueda pasar por el valle del dolor, permanece indemne [...].

No creo que una mente joven como ésa pueda adquirirse. No es cosa que usted pueda obtener mediante el esfuerzo, el sacrificio. No hay moneda para comprarla, no es algo comerciable; pero si ve la importancia de una mente así, si ve su necesidad, su verdad, entonces tiene lugar algo diferente.

17 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

Descarte todos los métodos

¿Cómo ha de surgir a la existencia la mente religiosa, la mente nueva? ¿Recurrirá usted a un sistema, a un método, es decir, a una práctica, a una cosa repetitiva día tras día? Un método, ¿producirá una mente nueva?... Por cierto, un método implica la continuidad de una práctica, dirigida a lo largo de una línea determinada, hacia la obtención de cierto resultado, lo cual implica adquirir un hábito mecánico y a través de él hacer realidad una mente no mecánica [...].

Cuando usted dice «disciplina», esa disciplina se basa en un método conforme a cierto modelo; y el modelo le promete un resultado predeterminado por una mente que ya tiene una creencia, que ya ha tomado una posición. Entonces, ¿podrá un método, en el más estrecho o amplio sentido de esa palabra, originar esta mente nueva? Si no lo hace, entonces el método como hábito debe ser abandonado por completo porque es falso [...]. El método sólo condiciona a la mente de acuerdo con el resultado que se desea. Usted debe descartar todo el proceso mecánico de la mente [...]. La mente tiene que descartar todos los procesos mecánicos del pensamiento. Así pues, la idea de que un método, un sistema, una disciplina, la continuidad de un hábito, dará origen a esta mente nueva, no es verdadera. Todo eso debe ser descartado íntegramente, por ser mecánico. Una mente mecánica es una mente tradicional; no puede aprontar la vida, que no es mecánica; en consecuencia, el método debe ser desechado por completo.

18 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Una mente sin ancla ni fondeadero

Uno necesita una mente nueva, una mente libre del tiempo, una mente que ya no piense en función de la distancia o del espacio, que no tenga un horizonte; una mente sin ancla ni fondeadero. Uno necesita una mente así, no sólo para enfrentarse a lo eterno, sino también a los problemas inmediatos de la existencia.

Por lo tanto, el punto es éste: ¿Puede, cada uno de nosotros, tener una mente semejante? No de manera gradual, no cultivándola, porque el cultivo, el desarrollo, un proceso, implican tiempo. Ello debe ocurrir inmediatamente; tiene que haber una transformación ahora, en el sentido de una cualidad intemporal. La vida es muerte, y la muerte le está esperando; usted no puede argüir con la muerte, tal como no puede argüir con la vida. ¿Es, entonces, posible tener una mente así? No como un logro, no como una meta, no como algo a lo que debemos aspirar ni como algo a lo que hay que arribar, porque todo eso implica tiempo y espacio. Tenemos una teoría muy conveniente, muy fastuosa, de que hay tiempo para progresar, para llegar, para realizarnos, para acercarnos a la verdad. Esa es una idea engañosa, es completamente ilusoria; en ese sentido, el tiempo es una ilusión.

19 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Activo pero quieto

Para descubrir la mente nueva, no sólo es necesario que comprendamos las respuestas del viejo cerebro, sino que también es indispensable que el viejo cerebro esté quieto. Debe estar activo pero quieto. ¿Entiende lo que estoy diciendo? ¡Mire, señor! Si usted quiere descubrir por sí mismo, de primera mano ‑no según lo que dice algún otro-, si hay una realidad, si existe una cosa como Dios ‑la palabra Dios no es el hecho-, su viejo cerebro, nutrido en una tradición, ya sea ésta anti‑Dios o pro‑Dios, en una cultura, en una influencia ambiental y propagandística, en siglos de afirmación social, ese viejo cerebro debe estar quieto. De lo contrario, sólo proyectará sus propias imágenes, sus propios conceptos y valores. Pero esos valores, esos conceptos, esas creencias son el resultado de lo que a usted le han dicho, o son el resultado de sus propias reacciones a lo que le han dicho; de modo que, inconscientemente, usted dice: «¡Ésta es mi experiencia!»

Tiene que cuestionar, pues, la verdadera validez de la experiencia, de su experiencia o de la experiencia ajena, no importa de quién sea. Así, mediante el cuestionar, investigar, interrogar, requerir, mirar, escuchar atentamente, el viejo cerebro se aquieta. Pero el cerebro no está dormido; se halla muy activo, aunque quieto. Ha llegado a esa quietud a través de la observación, de la investigación. Y para investigar, para observar, usted debe tener luz; la luz es su constante estado de alerta.

20 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

Sólo en esa quietud hay comprensión

Espero que escuche, pero no con el recuerdo de lo que usted ya conoce; y esto es muy difícil de hacer. Uno escucha algo, y la mente reacciona de inmediato con su conocimiento, sus conclusiones, opiniones y recuerdos del pasado. Sólo obsérvese, observe el modo como escucha, y verá que esto es lo que ocurre. O bien escucha con una conclusión, con el conocimiento, con ciertos recuerdos, ciertas experiencias, o desea una respuesta y está impaciente. Desea saberlo todo al respecto, todo acerca de la vida, de la extraordinaria complejidad de la vida. En realidad, usted no escucha, en absoluto. Sólo puede escuchar cuando la mente está quieta, cuando la mente no reacciona de inmediato, cuando hay un intervalo entre su reacción y lo que se está diciendo. Entonces, en ese intervalo hay una quietud, un silencio, y sólo en esa quietud, en ese silencio hay comprensión, la cual no es una comprensión intelectual. Si existe un vacío entre lo que se dice y su propia reacción a lo que se dice, en ese intervalo, ya sea que lo prolongue indefinidamente, por un largo periodo o por unos cuantos segundos, en ese intervalo, si usted observa, surge la claridad. Este intervalo es el cerebro nuevo. La reacción inmediata es el cerebro viejo, y el cerebro viejo funciona en su propio sentido tradicional, aceptado, reaccionario, animal. Cuando hay una suspensión de eso, cuando la reacción se suspende, cuando existe un intervalo, usted descubrirá que actúa el cerebro nuevo, y sólo el cerebro nuevo puede comprender, no el cerebro viejo.

21 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XVI

Nuestra responsabilidad

Para transformar el mundo debemos empezar con nosotros mismos; y lo importante al comenzar con nosotros mismos es la intención. La intención debe ser la de comprendernos, y no delegar en otros la tarea de transformarse o de originar un cambio por medio de una revolución, ya sea de izquierda o de derecha. Es indispensable comprender que ésta es nuestra responsabilidad, la suya y la mía, porque, por pequeño que pueda ser el mundo en que vivimos, si somos capaces de transformarnos a nosotros mismos, de originar un punto de vista radicalmente distinto en nuestra existencia diaria, entonces, quizás, afectaremos al mundo en general, las extensas relaciones de los demás.

22 de octubre; La libertad primera y última

Si la mente se encuentra ocupada

Ya sea que el cambio se produzca consciente o inconscientemente, sigue siendo la misma cosa. El cambio consciente implica esfuerzo; y el empeño inconsciente de producir un cambio, también implica un esfuerzo, una lucha. Mientras haya lucha, conflicto, el cambio es meramente algo impuesto, no hay comprensión; por lo tanto, eso ya no es cambio en absoluto. Entonces, ¿es capaz la mente de enfrentarse con el problema del cambio ‑respecto del afán adquisitivo, por ejemplo- sin hacer esfuerzo alguno, viendo simplemente la implicación total del espíritu adquisitivo? Porque usted no puede ver totalmente el contenido íntegro del espíritu adquisitivo, en tanto haya cualquier esfuerzo por cambiarlo. El verdadero cambio sólo puede tener lugar cuando la mente aborda el problema de un modo nuevo, fresco, no con los recuerdos agotados de un millar de ayeres. Es obvio que uno no puede tener una mente intensa, fresca, si la mente está ocupada. Y la mente deja de estar ocupada sólo cuando ve la verdad acerca de su propia ocupación. Y usted no puede ver la verdad si no está dedicando a ello toda su atención, si está interpretando lo que se dice, interpretándolo de acuerdo con lo que pudiera convenirle, o traduciéndolo a sus propios términos. Al enfrentarse con algo que es nuevo, debe usted abordarlo con una mente fresca, pura, y una mente no es fresca, no es pura si, consciente o inconscientemente, se encuentra ocupada.

23 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IX

El conocimiento es perjudicial para el cambio

Esto requiere muchísimo discernimiento, mucha investigación. No esté de acuerdo conmigo, examínelo, medite, desgárrese la mente para descubrir la verdad o falsedad de todo esto. El conocimiento, que es lo conocido, ¿dará origen al cambio? Yo debo poseer conocimientos para construir un puente; pero ¿debe mi mente saber hacia qué está ella cambiando? Por cierto, si sé cuál será el estado de la mente cuando ésta haya cambiado, eso ya no es cambio. Tal conocimiento es perjudicial para el cambio, porque se vuelve un medio de satisfacción, y en tanto haya un centro que busca satisfacción, recompensa o seguridad, no hay cambio en absoluto. Todos nuestros esfuerzos se basan en ese centro de recompensa, castigo, éxito, ganancia, ¿no es así? Eso es lo que nos interesa a casi todos, y si el cambio habrá de ayudarnos a obtener lo que deseamos, cambiaremos; pero un cambio así no es ningún cambio. Por lo tanto, la mente que anhela de manera fundamental y profunda hallarse en un estado de cambio, en un estado de revolución, debe estar libre de lo conocido. Entonces se torna asombrosamente silenciosa, y sólo una mente así experimentará la transformación radical que es tan necesaria.

24 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. X

El completo vacío

Para que tenga lugar la completa mutación de la conciencia, uno debe negar el análisis y la búsqueda, y no estar más bajo ninguna influencia, lo cual es inmensamente difícil. La mente, viendo lo que es falso, ha descartado por completo lo falso, sin saber qué es lo verdadero. Si uno ya sabe qué es lo verdadero, está tan sólo canjeando lo que considera falso por lo que imagina verdadero. No hay renunciación si uno sabe qué recibirá a cambio. Sólo hay renunciación cuando uno se desprende de algo sin saber qué va a ocurrir después. Ese estado de negación es absolutamente necesario. Por favor, siga esto atentamente, porque si ha llegado hasta allí, verá que en ese estado de negación descubre qué es lo verdadero; porque la negación es el vaciado de la conciencia de lo conocido. Al fin y al cabo, la conciencia está basada en el conocimiento, en la experiencia, en la herencia racial, en la memoria, en las cosas que uno ha experimentado. Las experiencias son siempre del pasado; operan en el presente y, al ser modificadas por el presente, continúan hacia el futuro. Todo eso es la conciencia, el inmenso depósito de los siglos. Tiene su utilidad únicamente en el vivir mecánico. Sería absurdo negar todo el conocimiento científico adquirido en el curso del largo pasado. Pero para dar origen a una mutación de la conciencia, a una revolución en la totalidad de esta estructura, tiene que haber un completo vacío. Y ese vacío es posible solamente cuando descubrimos, cuando vemos realmente lo que es falso. Entonces, si usted ha llegado tan lejos, descubrirá que el vacío mismo ha originado una revolución completa de la conciencia.

25 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XXII

El cambio premeditado reo es cambio en absoluto

En la acción misma de la transformación individual también cambiará, indudablemente, lo colectivo. No son dos cosas separadas que se oponen la una a la otra ‑lo individual y lo colectivo-, aunque ciertas agrupaciones políticas traten de separarlas y de formar al individuo para que se amolde a lo así llamado colectivo.

Si pudiéramos, juntos, poner en claro todo el problema del cambio, cómo originar un cambio en el individuo y qué implica ese cambio, entonces, quizás, en el acto mismo de escuchar, de participar ambos en esta investigación, podría ocurrir un cambio sin la intervención de su voluntad. Para mí, un cambio premeditado, un cambio surgido de la compulsión, de la disciplina, del amoldamiento, no es cambio en absoluto. La fuerza, la influencia, alguna invención nueva, la propaganda, un temor, un motivo, le obligan a cambiar; eso no es cambio, de ningún modo. Y aun cuando desde el punto de vista intelectual usted pueda concordar muy fácilmente con esto, le aseguro que penetrar en la verdadera naturaleza del cambio sin motivo, es algo sumamente extraordinario.

26 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XII

Fuera del campo del pensamiento

Usted ha cambiado sus ideas, ha cambiado su pensamiento, pero el pensamiento está siempre condicionado. Ya sea que piense en Jesús, en el Buda, X, Y o Z, eso sigue siendo pensamiento; por lo tanto, un pensamiento puede oponerse a otro pensamiento, y donde hay oposición, un conflicto entre dos pensamientos, el resultado es una continuidad modificada del pensamiento. En otras palabras, el cambio sigue estando dentro del campo del pensamiento, y un cambio dentro del cambio del pensamiento no es cambio, en absoluto. Una idea o un conjunto de ideas tan sólo ha sido sustituido por otro.

¿Viendo todo este proceso, uno se pregunta: des posible dejar el pensamiento y, fuera del campo del pensamiento, dar origen a un cambio? Toda la conciencia, ya sea del pasado, del presente o del futuro, se halla dentro del camino del pensamiento, es obvio; y cualquier cambio dentro de ese campo, que fija los límites de la mente, no es un verdadero cambio. Un cambio radical puede ocurrir sólo fuera del campo del pensamiento, no dentro de él, y la mente puede abandonar el campo sólo cuando ve los confines, las fronteras del campo y se da cuenta de que, cualquier cambio dentro del campo no es cambio en absoluto. Esto es verdadera meditación.

27 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI

El verdadero cambio

Un cambio es posible sólo de lo conocido a lo desconocido, no de lo conocido a lo conocido. Por favor, reflexione sobre esto conmigo; en el cambio de lo conocido a lo conocido está la autoridad, hay una perspectiva jerárquica de la vida: «Usted sabe, yo no sé». Por consiguiente, yo lo venero, creo un sistema, voy tras un gurú, lo sigo porque usted me da lo que quiero saber, me da una certidumbre acerca de la conducta que habrá de producir el resultado que deseo, el éxito. El éxito es lo conocido. Sé qué es lo que debe tener éxito. Eso es lo que deseo. Procedemos, pues, de lo conocido a lo conocido, y en eso debe existir la autoridad: la autoridad de la sanción, la autoridad del líder, del gurú, de la jerarquía, del que sabe frente al que no sabe; y el que sabe debe garantizarme el éxito, el éxito en mi esfuerzo, en mi cambio, de modo que seré feliz, tendré lo que deseo. No es ése el motivo que la mayoría de nosotros tiene para cambiar? Observe, por favor, su propio pensar, y verá las modalidades de su propia vida y conducta [...]. Cuando lo mira bien, ¿es cambio eso? El cambio, la revolución, es algo de lo conocido a lo desconocido, en lo cual no hay autoridad, en lo cual puede haber un completo fracaso. Pero si a usted le aseguran que lo logrará, que tendrá éxito, que será feliz, que tendrá una vida eterna, entonces no tiene problema. Entonces continúa el consabido curso de acción, el cual consiste en que usted mismo está siempre en el centro de las cosas.

28 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vial. VIII

¿Puede un ser humano cambiar?

Usted debe haberse preguntado, estoy seguro, si un ser humano puede realmente cambiar. Sé que las circunstancias externas cambian: nos casamos, nos divorciamos, tenemos hijos, hay muerte, un empleo mejor, la presión de las nuevas invenciones, etc. Exteriormente se desarrolla una tremenda revolución en la cibernética y en la automatización. Usted debe haberse preguntado si es del todo posible que uno cambie, no en relación con los acontecimientos externos, no un cambio que sea una mera repetición o una continuidad modificada, sino una revolución radical, una mutación total de la mente. Cuando uno se da cuenta, como usted mismo debe haberlo notado, que de hecho no cambia, uno se siente terriblemente abatido, escapa de sí mismo. De modo que surge la pregunta inevitable: ¿Puede haber un cambio? Recordamos un periodo en que éramos jóvenes, y esa pregunta acude a nosotros nuevamente: ¿Cambian, en modo alguno, los seres humanos? ¿Ha cambiado usted? Quizás ha existido una modificación en la periferia, pero en lo profundo, radicalmente, ¿ha cambiado? Tal vez no queremos cambiar porque nos sentimos bastante cómodos [...].

Yo quiero cambiar. Veo que soy terriblemente desdichado, estoy deprimido, soy desagradable, violento, con algún destello ocasional de otra cosa que el mero resultado de un motivo; y ejercito mi voluntad para hacer algo al respecto. Digo que debo ser diferente, que debo abandonar este hábito, ese otro hábito, que debo pensar y sentir de una manera distinta, que debo actuar de una manera distinta, que debo ser más esto y menos aquello. Uno hace un esfuerzo tremendo, y al final de ello sigue estando deprimido, es vulgar, desagradable, brutal, sin sentido alguno de lo que es la calidad humana. Entonces se pregunta si existe de hecho cambio alguno. ¿Puede un ser humano cambiar?

29 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

La transformación sin motivo

¿Cómo he de transformarme? Veo la verdad ‑al menos veo algo al respecto- de que un cambio, una transformación, debe comenzar en un nivel que la mente no puede alcanzar, porque mi conciencia ‑como lo consciente y lo inconsciente- está condicionada en su totalidad. Entonces, ¿qué he de hacer? Espero estar exponiendo con claridad el problema. Para expresarlo de una manera distinta: ¿Puede mi mente estar libre de la sociedad?, siendo la sociedad toda la educación, la cultura, la norma, los valores, los modelos. Ya que si no está libre, cualquier cambio que intente producir dentro de ese estado de condicionamiento seguirá siendo limitado; por lo tanto, no será cambio en absoluto.

Entonces, ¿puedo observar sin que para ello haya un motivo? ¿Puede mi mente existir sin ningún incentivo, sin ningún motivo para cambiar o no cambiar? Porque cualquier motivo es el resultado de la reacción de una cultura en particular, nace de un trasfondo determinado. Entonces, ¿puede mi mente estar libre de cierta cultura en la que me he educado? Ésta es realmente una pregunta muy importante. Ya que si la mente no se libera de la cultura en que se ha educado y nutrido, es indudable que el individuo nunca podrá estar en paz, nunca podrá ser libre. Sus diosas y sus mitos, sus símbolos y todos sus intentos son limitados, porque siguen estando dentro del campo de la mente condicionada. Cualesquiera que sean los esfuerzos que haga o deje de hacer dentro de ese campo limitado, son realmente inútiles en el más profundo sentido de esa palabra. Pueden constituir una decoración mejor de la prisión en que se encuentra: más luz, más ventanas, mejor comida, pero sigue siendo la prisión de una determinada cultura.

30 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. IX

Una resolución psicológica

¿Pueden el pensador y el pensamiento, el observador y lo observado, ser una sola cosa? Usted nunca lo descubrirá si se limita a echar una ojeada sobre este problema y me pide que le explique superficialmente qué entiendo por esto o por aquello. Ciertamente, éste es nuestro problema, no es tan sólo mi problema; usted no está aquí para averiguar cómo considero yo este problema o los problemas del mundo. Esta constante batalla interna, tan destructiva, tan deteriorante, es su problema, ¿verdad? Y también es su problema el modo de originar un cambio radical en sí mismo, y no satisfacerse con revoluciones superficiales en la política, en la economía, en las distintas burocracias. Usted no está tratando de entenderme a mí o de entender la manera como yo considero la vida. Intenta comprenderse a sí mismo, y éstos son sus problemas, los problemas que usted debe aprontar. Al considerarlos usted y yo juntos, tal como lo estamos haciendo en estas conversaciones, podremos quizás ayudarnos el uno al otro a verlos más claramente, con mayor nitidez. Pero verlos claramente tan sólo en el nivel verbal no basta: eso no origina un cambio psicológico creativo. Debemos ir más allá de las palabras, más allá de los símbolos y sus sensaciones...

Tenemos que desechar todas estas cosas y llegar al problema central: cómo disolver el «yo», que está atado al tiempo, en el que no hay amor ni compasión. Es posible ir más allá sólo cuando la mente no se separa a sí misma como pensador y pensamiento, cuando el pensador y el pensamiento son una sola cosa; sólo entonces hay silencio, el silencio en el que no hay formulación de imágenes o expectativa de más experiencias. En ese silencio no hay un experimentador que esté experimentando; sólo entonces existe una revolución psicológica creativa.

31 de octubre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

El Libro de la Vida

Octubre

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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