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El Libro de la Vida

Noviembre

El vivir - El morir - El renacimiento - El amor

Romper los hábitos

Descubramos el modo de comprender todo este proceso de formación y ruptura del hábito. Podemos considerar el ejemplo del fumar, y usted puede sustituirlo por su propio hábito, por su propio problema personal, y experimentar directamente con su propio problema tal como yo experimento con el ejemplo del fumar. Ese hábito es un problema, se convierte en un problema cuando quiero abandonarlo; mientras estoy satisfecho con él, no es un problema. El problema se suscita cuando tengo que hacer algo con respecto a un determinado hábito, cuando el hábito se vuelve una perturbación. El ha creado una perturbación, de modo que quiero librarme de él. Quiero dejar de fumar; quiero desembarazarme del hábito, hacerlo a un lado.

Así pues, mi manera de abordar el hábito es resistiéndolo o censurándolo. Esto es, no quiero fumar; por lo tanto, encaro el fumar ya sea reprimiéndolo, condenándolo o encontrando un sustituto: en vez de fumar, mascar. Ahora bien, ¿puedo mirar el problema con una mirada libre de toda censura, justificación o represión? ¿Puedo observar mi hábito, observarlo sin sentido alguno de rechazo? Trate de experimentar con ello ahora, mientras estoy hablando, y verá cuán extraordinariamente difícil es no rechazar ni aceptar. Porque toda nuestra tradición, todo nuestro trasfondo, nos impulsan a rechazar o justificar, antes que a sentirnos curiosos al respecto. En vez de estar pasivamente alerta, la mente opera siempre sobre el problema.

1 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Vivir las cuatro estaciones en un día

¿No es esencial que haya una constante renovación, un renacimiento? Si el presente está cargado con la experiencia de ayer, no puede haber renovación. La renovación no es la acción de nacimiento y muerte; está más allá de los opuestos; sólo la libertad respecto de los recuerdos acumulados trae renovación, y la comprensión no existe, salvo en el presente.

La mente puede comprender el presente sólo si no compara, si no juzga; el deseo de alterar o condenar el presente sin haberlo comprendido, da continuidad al pasado. Hay renovación únicamente cuando comprendemos, sin distorsión alguna, el pasado que se refleja en el espejo del presente [...].

Si usted ha vivido de manera plena, completa, una experiencia, ¿no ha hallado que ésta no deja rastros tras de sí? Sólo las experiencias incompletas dejan su huella y dan continuidad a la memoria que se autoidentifica. Nosotros consideramos el presente como un medio hacia un fin; de ese modo, el presente pierde su inmensa significación. El presente es lo eterno. Pero una mente compuesta en el tiempo, ¿cómo puede comprender aquello que no ha sido compuesto, que está más allá de todos los valores, que es lo eterno?

A medida que surge cada experiencia, pase por ella tan plena y hondamente como sea posible; examínela a fondo, sondéela de manera amplia y profunda; dése cuenta del dolor y del placer, de sus propios juicios e identificaciones. Sólo cuando la experiencia es completada hay renovación. Debemos ser capaces de vivir las cuatro estaciones en un día; estar agudamente atentos a la experiencia, y así comprender las acumulaciones de cada día y liberarnos de ellas.

2 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. IV

Creatividad Armónica

¿Alguna vez ha pensado en esto? Uno quiere ser famoso como escritor, pacta, político, cantante o lo que fuere. ¿Por qué? Porque no ama de verdad lo que hace. Si uno amara cantar, o pintar, o escribir poemas ‑si de veras lo amara-, no le interesaría si es famoso o no. Querer ser famoso es algo vulgar, trivial, tonto, no tiene sentido; pero, debido a que no amamos lo que hacemos, deseamos enriquecernos con la fama. Nuestra educación actual es pésima porque nos enseña a amar el éxito y no lo que hacemos. El resultado se ha vuelto más importante que la acción.

Vea, es muy bueno esconder nuestro brillo, taparlo, ser anónimos, amar lo que hacemos y no sacar a relucirlo. Es bueno ser afectuoso, amable, sin ser famoso. Eso no hace que uno tenga reputación, no hace que su fotografía aparezca en los diarios. Los políticos no vendrán a su puerta. Uno es simplemente un ser humano creativo que vive anónimamente; y en eso hay riqueza y una belleza inmensa.

3 de noviembre; El propósito de la educación

Técnicas vacías

No podemos asociar la creatividad con el logro técnico. Uno puede ser perfecto tocando el piano, y no ser creativo; usted puede tocar el piano con suma brillantez y no ser un músico desde el punto de vista creativo. Puede ser hábil para manejar el color, para aplicar muy ingeniosamente pintura en el lienzo, y no ser un pintor creativo. Puede crear de la piedra un rostro, una imagen, porque ha aprendido la técnica, y no ser un artista creador. La creación viene primero, no la técnica, y por eso somos tan desdichados en nuestras vidas. Tenemos la técnica: cómo levantar una casa, construir un puente, ensamblar un motor, cómo educar a nuestros hijos conformó a un sistema; hemos aprendido todas estas técnicas, pero nuestros corazones están vacíos, nuestras mentes están vacías. Somos máquinas de primera clase, sabemos cómo funcionar muy bellamente, pero no amamos a una criatura viva. Uno puede ser un buen ingeniero, un buen pianista, puede escribir con buen estilo en inglés o marathi o el idioma que sea, pero la creatividad no se encuentra en la técnica. Si usted tiene algo que decir, crea su propio estilo, pero cuando no tiene nada que decir, aunque tenga un estilo hermoso, lo que escriba será tan sólo la rutina tradicional, una repetición, en palabras nuevas, de la misma cosa vieja [...].

Habiendo perdido la canción, perseguimos al cantor. Aprendemos del cantor la técnica del canto, pero no existe la canción; y yo digo que la canción es esencial, es esencial el júbilo de cantar. Cuando existe el júbilo, la técnica puede desarrollarse de la nada. Uno inventará su propia técnica, no tendrá que estudiar elocución o estilo. Cuando hay júbilo creativo, uno ve, y el mismo ver la belleza es de sí un arte.

4 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

Saber cuándo no cooperar

Los reformadores políticos, sociales y religiosos sólo causarán más dolor al hombre, a menos que éste comprenda los funcionamientos de su propia mente. Con la comprensión del proceso total de la mente, hay una radical revolución interna, y de ella surgen las acciones de la verdadera cooperación, que no es cooperación de acuerdo con un modelo, con la autoridad, con alguien que «sabe». Cuando usted tiene bien en claro como cooperar ‑porque existe esta revolución interna-, también sabe cuándo no cooperar, lo cual es de veras muy importante, quizá más importante aún. Ahora cooperamos con cualquier persona que ofrece una reforma, un cambio, y eso sólo perpetúa el conflicto y la desdicha; pero si sabemos qué es tener el espíritu de cooperación que adviene con la comprensión del proceso total de la mente que implica libertad con respecto al «yo»-, entonces hay posibilidad de crear una civilización nueva, un mundo por completo diferente, exento de espíritu adquisitivo, de envidia, de comparación. Esto no es una utopía teórica, sino el verdadero estado de la mente que, de manera constante, investiga y va en pos de aquello que es verdadero y bienaventurado.

5 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VIII

¿Por qué hay crimen?

Vea, o bien hay una revuelta dentro del patrón de la sociedad, o hay una revolución completa fuera de la sociedad. La revolución completa fuera de la sociedad es lo que yo llamo revolución religiosa. Cualquier revolución que no sea religiosa está dentro de la sociedad y, por lo tanto, no es revolución en absoluto, sino tan sólo una continuación modificada del viejo patrón. Lo que ocurre En todo el mundo, creo, son rebeliones dentro de la sociedad, y estas rebeliones toman a menudo la forma de lo que llamamos crimen. Tiene que existir por fuerza esta clase de rebelión, en tanto nuestra educación se siga interesando tan sólo en preparar a los jóvenes para que encajen en la sociedad, es decir, para que consigan un empleo, ganen dinero, sean adquisitivos, ambicionen más, se amolden.

Eso es lo que nuestra así llamada educación está haciendo en todas partes: enseña a los jóvenes a amoldarse, religiosa, moral, económicamente; por eso, es natural que su rebelión no tenga sentido, fuera de que debe ser reprimida, reformada o controlada. Semejante rebelión sigue estando dentro de la estructura de la sociedad; por consiguiente, no es creativa en absoluto. Pero mediante la correcta educación podríamos quizá dar origen a una comprensión distinta, ayudando a la mente a liberarse de todo condicionamiento, esto es, alentando al joven a darse cuenta de las numerosas influencias que condicionan la mente y hacen que ésta se amolde.

6 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. X

El propósito de la vida

Hay muchas personas que le indicarán a usted el propósito de la vida; le dirán lo que sostienen los libros sagrados. Personas ingeniosas seguirán inventando cuál es el propósito de la vida. La agrupación política tendrá un propósito, el grupo religioso tendrá otro propósito, y así sucesivamente. Entonces, ¿cuál es el propósito de la vida cuando uno mismo está confuso? Sólo cuando estoy confuso le formulo esta pregunta: «¿Cuál es el propósito de la vida?», porque espero que, en medio de esta confusión, encontraré una respuesta. ¿Cómo puedo encontrar una respuesta genuina cuando estoy confuso? ¿Comprende? Si estoy confuso, sólo puedo recibir una respuesta también confusa. Si mi mente esta confundida, perturbada, si mi mente carece de belleza, de quietud, cualquiera sea la respuesta que yo reciba, pasará por esta pantalla de confusión ansiedad y miedo; por lo tanto, la respuesta estará desnaturalizada. En consecuencia, lo que importa no es preguntar: «¿Cuál es el propósito de la vida, de la existencia?», sino esclarecer la confusión que hay dentro de usted. Es como un hombre ciego que pregunta: «¿Qué es la luz?» Si le digo qué es la luz, él escuchará conforme a su ceguera, conforme a su oscuridad; pero suponga que él es capaz de ver; entonces jamás preguntara: «¿Qué es la luz?» La luz está ahí.

De igual manera, si usted puede clarificar su confusión interna, descubrirá cuál es el propósito de la vida; no tendrá que preguntar, no tendrá que buscarlo; todo cuanto tiene que hacer es liberarse de las causas que generan la confusión.

7 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VII

Vivir en este mundo anónimamente

¿No es posible, acaso, vivir sin ambición en este mundo, siendo uno simplemente lo que es? Si usted comienza a comprender lo que es y no trata de cambiarlo, entonces lo que usted es experimenta una transformación. Pienso que uno puede vivir en este mundo anónimamente, por completo desconocido, sin ser famoso, ambicioso, cruel. Uno puede vivir dichosamente cuando no da importancia alguna al «yo»; y esto también forma parte de la correcta educación.

Todo el mundo está adorando el éxito. Uno escucha el relato de cómo el muchacho pobre estudiaba de noche y finalmente llegó a ser juez, o cómo empezó vendiendo periódicos y terminó siendo multimillonario. Lo alimentan a uno con la glorificación del éxito. Con el logro del gran éxito hay también un gran dolor; pero la mayoría de nosotros está atrapada en el deseo de lograr cosas, de alcanzar el éxito, y el éxito es para nosotros mucho más importante que la comprensión y disolución del dolor.

8 de noviembre; El propósito de la educación

Tan sólo una hora de vida

Si a usted le quedara tan sólo una hora de vida, ¿qué haría? ¿No arreglaría todo lo que fuera necesario exteriormente, sus negocios, su última voluntad y demás? ¿No reuniría a su familia y a sus amigos y les pediría perdón por el daño que pudiera haberles hecho, y los perdonaría por el que pudieran haberle hecho a usted? ¿No moriría por completo a las cosas de la mente, a los deseos y al mundo? Y si eso puede hacerse por una hora, también es posible hacerlo durante los días y años que pudieran quedar... Inténtelo y lo descubrirá.

9 de noviembre; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie III

Morir cada día

¿Qué es la edad? ¿Es el número de años que uno ha vivido? Eso forma parte de la edad; uno ha nacido en tal y tal año, y ahora tiene quince, cuarenta o sesenta años. El cuerpo envejece, y lo mismo ocurre con la mente cuando está cargada con todas las experiencias, desdichas y fatigas de la vida; y una mente así jamás puede descubrir qué es la verdad. La mente puede descubrir algo sólo cuando es joven, fresca, inocente; pero la inocencia no es una cuestión de edad. No sólo el niño es inocente ‑puede no serlo-, sino la mente que es capaz de experimentar sin acumular los residuos de la experiencia. La mente tiene que experimentar, eso es inevitable. Tiene que responder a todo, al río, al animal enfermo, al cuerpo muerto que llevan para la cremación, a los pobres aldeanos que transportan sus cargas por el camino, a las torturas y miserias de la vida; de lo contrario, la mente ya está muerta. Pero tiene que ser capaz de responder sin quedar atrapada en la experiencia. La tradición, la acumulación de experiencias, las cenizas de la memoria, todo eso es lo que envejece a la mente. La mente que muere cada día a los recuerdos del ayer, a todas las alegrías y los dolores del pasado, una mente así es lozana, inocente, no tiene edad; y sin esa inocencia, ya sea que uno tenga diez años o sesenta, no encontrará a Dios.

10 de noviembre; El propósito de la educación

Percibir el estado de muerte

Tenemos miedo de morir. Para terminar con el miedo a la muerte debemos entrar en contacto con la muerte, no con la imagen que el pensamiento ha creado de la muerte, sino que de verdad debemos percibir el estado de muerte. De lo contrario no hay final para el miedo, porque la palabra muerte genera miedo, y ni siquiera queremos hablar de ella. Siendo sanos, normales, capaces de razonar claramente, de pensar con objetividad, de observar, ¿es posible para nosotros entrar totalmente en contacto con el hecho de la muerte? El organismo, a causa del uso, de la enfermedad, finalmente morirá. Si estamos sanos, queremos descubrir qué significa la muerte. No es un deseo morboso, porque quizás al morir comprenderemos el vivir. El vivir, tal como es ahora, implica tortura, continuo desorden contradicción; por lo tanto, hay conflicto, confusión y desdicha. El diario acudir a la oficina, la repetición del placer, con sus penas y su ansiedad, el andar a tientas, la incertidumbre, eso es lo que llamamos el vivir. A ese tipo de vivir nos hemos acostumbrado. Lo aceptamos; envejecemos con él y morimos.

Para descubrir qué es el vivir, así como para descubrir qué es el morir, uno debe entrar en contacto con la muerte; esto es, uno debe terminar cada día con todo lo que ha conocido. Debe terminar con la imagen que ha elaborado respecto de sí mismo, de su familia, de sus relaciones, la imagen que ha formado a causa del placer, de su relación con la sociedad, con todo. Eso es lo que va a suceder cuando la muerte ocurra.

11 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. XVI

¿Miedo a la muerte?

¿Por qué teme usted a la muerte? ¿Será, acaso, porque no sabe cómo vivir? Si supiera cómo vivir con plenitud, ¿tendría miedo de morir? Si amara los árboles, la puesta del sol, la hoja que cae, si amara a los pájaros; si estuviera atento a los hombres y mujeres que lloran, a los pobres, y si de veras sintiera amor en su corazón, ¿temería a la muerte? ¿Le temería? No se deje persuadir por mí; reflexionemos juntos sobre ello. Usted no vive con alegría, no es feliz, no es vitalmente sensible a las cosas; ¿por esa razón pregunta qué va a ocurrir cuando muera? La vida es para usted dolor y, por eso, está mucho más interesado en la muerte. Siente que tal vez habrá más felicidad después de la muerte. Pero ése es un problema tremendo, y yo no sé si usted desea investigarlo. Al fin y al cabo, en el fondo de todo esto está el miedo: miedo de vivir, miedo de morir, miedo de sufrir. Si usted no puede comprender qué es lo que da origen al miedo, y así se libera de ello, entonces no importa mucho si está vivo o muerto.

12 de noviembre; El arte de vivir

Tengo miedo

Lo que ahora me pregunto es cómo estar libre del miedo a lo conocido, que es el miedo de perder a mi familia, mi reputación, mi carácter, mi cuenta bancaria, mis apetitos, etc. Usted puede decir que el miedo surge de la conciencia; pero su conciencia está formada por su condicionamiento, de modo que la conciencia sigue siendo el resultado de lo conocido. ¿Qué es lo que conozco? El conocimiento implica tener ideas, tener opiniones acerca de las cosas, tener un sentido de continuidad en cuanto a lo conocido, y nada más [... ].

Está el miedo al dolor. El dolor físico es una respuesta nerviosa, pero el dolor psicológico surge cuando me aferro a las cosas que me brindan satisfacción, porque entonces tengo miedo de que alguien o algo me las quite. Las acumulaciones psicológicas evitan el dolor psicológico en tanto no se vean perturbadas; es decir, soy un manojo de acumulaciones, experiencias, el cual impide cualquier forma seria de perturbación; y yo no quiero que me perturben. Por lo tanto, tengo miedo de cualquiera que pueda alterar eso. Así que mi miedo es a lo conocido, estoy temeroso de las acumulaciones, físicas o psicológicas, que he reunido como un recurso para detener el dolor impedir el sufrimiento [...]. También el conocimiento ayuda a evitar el dolor. Tal como el conocimiento médico ayuda a evitar el dolor físico, así las creencias ayudan a evitar el dolor psicológico; por eso tengo miedo de perder mis creencias, aunque no tenga un conocimiento perfecto o una prueba concreta con respecto a la realidad de tales creencias.

13 de noviembre; La libertad primera y última

Sólo aquello que muere puede renovarse

Cuando hablamos de una entidad espiritual, entendemos con ello algo que no está dentro del campo de la mente, es obvio. Ahora bien, el «Yo», ¿es una entidad espiritual? Si es una entidad espiritual, debe estar más allá de todo el tiempo; por lo tanto, no puede renacer ni continuar. El pensamiento no puede pensar en ella, porque el pensamiento está dentro de la medida del tiempo, el pensamiento proviene del ayer, es un movimiento continuo, la respuesta del pasado; así pues, el pensamiento es, en esencia, un producto del tiempo. Si el pensamiento puede pensar acerca del «yo», éste forma parte del tiempo; en consecuencia, el «yo» no está libre del tiempo y, por ende, no es espiritual, lo cual resulta evidente. De modo que el «Yo» es tan sólo un proceso del pensamiento; y usted quiere saber si ese proceso del pensamiento, continuando aparte del cuerpo físico, nace nuevamente, se reencarna en una forma física. Ahora avancemos un poco más. Aquello que continúa, ¿puede, en modo alguno, descubrir lo real, lo que está más allá del tiempo y la medida? Ese «Yo», esa entidad que es un proceso del pensamiento, ¿puede alguna vez ser nuevo? Si no puede, entonces tiene que haber una terminación para el pensamiento. ¿Acaso no es inherentemente destructiva toda cosa que continúa? Aquello que tiene continuidad jamás puede renovarse. En tanto el pensamiento continúe a través de la memoria, del deseo, de la experiencia, jamás podrá renovarse; por consiguiente, lo que es continuo no puede conocer lo real. Puede usted renacer mil veces, pero jamás podrá conocer la real, porque sólo aquello que muere, que llega a su fin, puede renovarse.

14 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

Morir sin argumento alguno

¿Sabe usted qué significa entrar en contacto con la muerte, morir sin argumento alguno? Porque la muerte, cuando llega, no argumenta con usted. Para enfrentarse a ella tiene usted que morir cada día para todas las cosas: para su angustia, para su soledad, para la relación a la que se apega; tiene que morir para su pensamiento, para su hábito, morir para su esposa, de modo que pueda mirarla de un modo nuevo; tiene que morir para su sociedad, a fin de que usted, como ser humano, sea nuevo, lozano, joven, y desde ese estado pueda considerarla. Pero usted no puede enfrentarse a la muerte si no muere cada día. Sólo cuando uno muere para lo conocido, hay amor. Una mente atemorizada no ama; tiene hábitos, simpatía, puede forzarse a ser amable y superficialmente considerada. Pero el miedo engendra dolor, y el dolor es tiempo como pensamiento.

En consecuencia, terminar con el dolor es entrar en contacto con la muerte mientras uno está vivo, muriendo para su nombre, para su casa, su propiedad, su causa ‑eso es lo que va a ocurrir cuando uno muera-, de modo que esté fresco, joven, claro y pueda ver las cosas como son, sin distorsión alguna. Pero tenemos una muerte limitada a lo físico. Sabemos muy bien, lógicamente, sensatamente, que el organismo va a llegar a su fin. De modo que inventamos una vida que ya hemos vivido, una vida de angustia cotidiana, de insensibilidad cotidiana, de problemas crecientes con su estupidez; ésa es la vida que queremos llevar al otro lado, y la llamamos el «alma», de la que decimos que es la cosa más sagrada, una fracción de lo divino; pero eso sigue formando parte de nuestro pensamiento y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la divinidad. ¡Es nuestra vida!

De manera que uno tiene que vivir cada día muriendo; muriendo, porque entonces está uno en verdadero contacto con la vida.

15 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

En la muerte está la inmortalidad

Por cierto, en el morir hay renovación, ¿no es así? Sólo en la muerte algo nuevo surge a la existencia. No le estoy brindando consuelo. Esto no es algo en lo que pueda creer o pensar, o que pueda examinar y aceptar intelectualmente, porque entonces lo convertirá en otro consuelo, tal como ahora cree en la reencarnación o en la continuidad en el más allá, etcétera. Pero lo real es que, para aquello que continúa, no hay renacimiento, no hay renovación. Por lo tanto, la renovación, el renacimiento está en el morir de cada día. Eso es la inmortalidad. En la muerte está la inmortalidad; no en la muerte que usted teme, sino en la muerte de las conclusiones previas, de los recuerdos, de las experiencias, con todo lo cual usted se ha identificado como el «yo». En el morir del «yo» a cada instante hay eternidad, hay inmortalidad, hay algo que ha de experimentarse; no es para que se especule o se diserte al respecto, como hacen ustedes con la reencarnación y toda esa clase de cosas [...].

Cuando uno ya no tiene miedo, porque hay un morir a cada instante y, por lo tanto, una renovación, entonces se halla abierto a lo desconocido. La realidad es lo desconocido. La muerte es también lo desconocido. Pero decir que la muerte es bella, maravillosa, porque continuaremos en el más allá y toda esa insensatez, carece de realidad. Lo real es ver la muerte tal como es: un final, un final en el que hay renovación, renacimiento, no una continuidad. Porque aquello que continúa se deteriora, y lo que tiene el poder de renovarse a sí mismo es eterno.

16 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

La reencarnación es esencialmente egoísta

Ustedes desean que yo les asegure que vivirán otra vida, pero en eso no hay felicidad ni sabiduría. La búsqueda de inmortalidad por medio de la reencarnación, es esencialmente egoísta; por lo tanto, no es verdadera. Nuestra búsqueda de inmortalidad es sólo otra forma del deseo de que continúen las reacciones autodefensivas contra la vida y la inteligencia. Un anhelo semejante sólo puede conducirnos a la ilusión. Lo que importa, pues, no es si hay reencarnación sino comprender la plenitud de realización en el presente. Y eso puede uno hacerlo sólo si su mente y su corazón ya no se están protegiendo contra la vida. La mente es astuta y sutil en su autodefensa, y debe discernir por sí misma la naturaleza ilusoria de la autoprotección. Esto significa que uno debe pensar y actuar de una manera completamente nueva. Debe liberarse de la red de valores falsos que el entorno nos ha impuesto. Tiene que haber una total desnudez interna. Entonces existe la inmortalidad, la realidad.

17 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti Vol. II

¿Qué es la reencarnación?

Averigüemos qué entiende usted por reencarnación la verdad de ello, no lo que le gusta creer, no lo que alguien le ha dicho o lo que su instructor le ha enseñado al respecto. Por cierto, es la verdad la que libera, no su propia conclusión personal, su propia opinión [...]. Cuando usted dice: «Yo renaceré», tiene que saber qué es el «Yo» [...]. El «Yo», ¿es una entidad espiritual, es algo continuo? ¿Es el «Yo» algo independiente de la memoria, de la experiencia, del conocimiento? El «Yo», o bien es una entidad espiritual, o es tan sólo un proceso de pensamiento. O es algo fuera del tiempo, algo que llamamos espiritual y que no es medible en términos temporales, o está dentro del campo del tiempo, de la memoria, del pensamiento. No puede ser otra cosa. Descubramos si está más allá de la medida del tiempo. Espero que esté siguiendo todo esto. Descubramos si el «yo» es, en esencia, algo espiritual. Por «espiritual» entendemos, ¿no es así?, algo no susceptible de ser condicionado, algo que no es una proyección de la mente humana, algo que no está dentro del campo del pensamiento, algo que no muere. Cuando hablamos de una entidad espiritual, es obvio que nos referimos a algo que no está dentro del campo de la mente. Entonces, ¿es el «Yo» una entidad espiritual semejante? Si lo es, debe estar más allá del tiempo; por lo tanto, no puede renacer ni continuar [...]. Lo que tiene continuidad jamás puede renovarse. En tanto el pensamiento continúe a través de la memoria, del deseo, de la experiencia, jamás podrá renovarse; en consecuencia, lo que continúa no puede conocer lo real.

18 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

¿Existe una cosa como el alma?

Para comprender esta cuestión de la muerte, debemos liberarnos del miedo, el cual inventa las diversas teorías de la vida futura o la inmortalidad o la reencarnación. Así que decimos ‑lo dicen en Oriente‑ que existe la reencarnación, que hay renacimiento, una renovación constante que continúa y continúa: el alma, lo que llamamos el alma. Ahora, por favor, escuche muy atentamente.

¿Existe tal cosa? Nos gusta pensar que existe, porque eso nos da placer, porque es algo que hemos colocado más allá del pensamiento, más allá de las palabras, más allá; es algo eterno, espiritual, que jamás puede morir, y entonces el pensamiento se aferra a eso. Pero ¿existe una cosa como el alma, una cosa que está más allá del tiempo y del pensamiento, algo no inventado por el hombre, algo que se encuentra más allá de la naturaleza humana, que no ha sido elaborado por la mente astuta? Porque la mente ve esta enorme incertidumbre, esta confusión, ve que en la vida no hay nada permanente, nada. La relación que tenemos con nuestra esposa, nuestro marido, nuestro empleo, nada de eso es permanente. Entonces la mente inventa algo que sea permanente, y lo llama el alma. Pero, dado que la mente piensa en ello, tal cosa sigue estando dentro del campo del tiempo. Es obvio. Si puedo pensar en algo, eso forma parte de mi pensamiento. Y mi pensamiento es el resultado del tiempo, de la experiencia, del conocimiento. De modo que el alma está ano en el campo del tiempo [...].

Así pues, la idea de la continuidad de un alma que renacerá una y otra y otra vez no tiene sentido, porque es la invención de una mente atemorizada, de una mente que desea y busca una duración a través de la permanencia, que anhela certidumbre, porque en eso hay una esperanza.

19 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

¿Qué entendemos por karma?

El karma implica causa y efecto, ¿no es así? La acción basada en una causa produce determinado efecto; la acción nacida del condicionamiento produce resultados ulteriores. Es decir, causa y efecto. Ahora bien, la causa y el efecto, ¿son estáticos, son siempre fijos? El efecto, ¿no se convierte también en causa? No hay, pues, causa o efecto fijos. El hoy es un resultado del ayer, ¿verdad? Lo es tanto cronológica como psicológicamente; y el hoy es la causa del mañana. De modo que la causa es efecto y el efecto se vuelve causa; es un solo movimiento continuo... no hay causa fija o efecto fijo. Si hubiera causa fija y un efecto fijo, habría especialización, y ¿no es muerte la especialización? Cualquier especie viviente que se especializa llega a su fin, es obvio. La grandeza del hombre es que no puede especializarse. Una semilla de bellota está especializada, no puede ser otra cosa que lo que es. Pero el ser humano no termina de completarse. Existe una constante posibilidad de renovación; la especialización no lo limita. En tanto consideremos la causa, el trasfondo, el condicionamiento, como independiente del efecto, tiene que haber conflicto entre el pensamiento y el trasfondo. En consecuencia, el problema es mucho más complejo que si creemos o no creemos en la reencarnación, porque la cuestión es cómo actuar, no si uno cree en la reencarnación o en el karma. Eso está absolutamente fuera de lugar.

20 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

La acción basada en la idea

¿Puede la acción liberarnos alguna vez de esta cadena de causa‑efecto? He hecho algo en el pasado; he tenido una experiencia, la cual, evidentemente, condiciona mi respuesta de hoy; y la respuesta de hoy condiciona el mañana. Ése es todo el proceso del karma: causa y efecto. Es obvio que, aun cuando transitoriamente pueda darnos placer, tal proceso de causa y efecto conduce finalmente al dolor. Ese es el verdadero quid de la cuestión: ¿Puede el pensamiento ser libre? El pensamiento o la acción libres no producen dolor, no originan condicionamiento. Es el punto vital en todo este asunto. Entonces, ¿puede haber una acción no relacionada con el pasado? ¿Puede haber una acción no basada en la idea? La idea es la continuación del ayer en una forma modificada, y esa continuación condicionará el mañana, lo cual no quiere decir que la acción basada en la idea jamás puede ser libre. Mientras la acción se base en la idea, producirá inevitablemente más conflicto. Como dice, ¿puede haber una acción no relacionada con el pasado? ¿Puede haber una acción sin la carga de la experiencia, del conocimiento del ayer? En tanto la acción sea una consecuencia del pasado, jamás puede ser libre, y sólo en libertad puede uno descubrir lo verdadero. Lo que ocurre es que, como la mente no es libre, no puede actuar, sólo puede reaccionar, y la reacción es la base de nuestras acciones. Tales acciones no son acciones, sino que tan sólo continúan la reacción, ya que son el resultado de la memoria, de la experiencia, de la respuesta de ayer. De modo que la pregunta es: ¿Puede la mente estar libre de su condicionamiento?

21 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. VI

El amor no es placer

Sin comprender el placer usted jamás podrá comprender el amor. El amor no es placer. Es algo por completo diferente. Y para comprender el placer, como dijimos, uno tiene que aprender al respecto. Ahora bien, para la mayoría de nosotros, para cada ser humano, el sexo es un problema. ¿Por qué? Escuche esto muy cuidadosamente. Debido a que no puede usted resolver el problema, escapa de él. El sanyasi escapa tomando un voto de celibato, negando el sexo. Por favor, vea lo que le ocurre a una mente semejante. Al negar algo que forma parte de toda su estructura ‑las glándulas, etc.-, al reprimirlo, se ha vuelto usted ávido, y en su interior se desarrolla una batalla constante.

Así pues, aparentemente tenemos sólo dos maneras de encarar cualquier problema: o lo reprimimos o escapamos de él. En realidad, reprimirlo es lo mismo que escapar de él. Y disponemos de toda una red de escapes muy intrincada, intelectual, emocional, y también la de la común actividad cotidiana. Hay varias formas de escapes que no examinaremos por el momento. Pero tenemos este problema del sexo. El sanyasi escapa de él a su modo, pero no lo ha resuelto; lo ha reprimido tomando un voto, y todo el problema hierve en su interior. Puede ponerse la túnica exterior de la sencillez, pero esto también se vuelve para él un problema extraordinario, tal como lo es para el hombre que vive una vida corriente. ¿Cómo resuelve usted ese problema?

22 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

El amor no se cultiva

El amor no puede cultivarse. El amor no puede dividirse en divino y físico; sólo es amor ‑no se trata de que usted ame a una sola persona o a muchas-. Es absurdo preguntar: «¿Ama usted a todos?» Vea, a una flor que tiene perfume no le preocupa quién viene a aspirarlo o quién la desdeña. Así es el amor. El amor no es un recuerdo. No es cosa de la mente o del intelecto. Adviene naturalmente como la compasión, cuando todo este problema de la existencia ‑miedo, codicia, envidia, desesperación, esperanza- ha sido comprendido y resuelto. Un hombre ambicioso no puede amar. Un hombre apegado a su familia no ama. Tampoco los celos tienen algo que ver con el amor. Cuando usted dice: «Amo a mi esposa», en realidad no es eso lo que quiere decir, porque al instante siguiente está celoso de ella.

El amor implica gran libertad ‑que no es hacer lo que a uno le plazca-. Pero el amor llega tan sólo cuando la mente está muy quieta, no interesada ni centrada en sí misma. Éstos no son ideales. Si en usted no hay amor, haga lo que hiciere, ir tras todos los dioses de la Tierra, desarrollar todas las actividades sociales, tratar de reformar la pobreza, dedicarse a la política, escribir libros, poemas, etc., aunque haga todo eso, es un ser humano muerto. Sin amor, los problemas aumentarán, se multiplicarán interminablemente. Y con amor, haga usted lo que hiciere, no hay riesgo alguno, no hay conflicto. El amor es, entonces, la esencia de la virtud. Una mente que no se halla en estado de amor, no es en absoluto una mente religiosa. Y sólo la mente religiosa está libre de problemas y conoce la belleza del amor y la verdad.

23 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

Amor sin incentivo

¿Qué es el amor sin motivo? ¿Puede haber amor sin ningún incentivo, sin que uno desee nada para sí mismo del amor? ¿Puede haber amor sin que uno se sienta lastimado cuando el amor no es retribuido? Si yo te ofrezco mi amistad y tú la rechazas, ¿no me siento lastimado? Ese sentirse lastimado, ¿es el resultado de la amistad, de la generosidad, de la simpatía? Ciertamente, en tanto me sienta lastimado, en tanto haya temor, en tanto te ayude esperando que tú puedas ayudarme -a lo cual llaman servicio-, no hay amor.

Si comprendes esto, la respuesta está ahí.

24 de noviembre; El arte de vivir

El amor es peligroso

¿Cómo puede el hombre vivir sin amor? Sólo podemos existir, y la existencia sin amor es control, confusión y dolor; y eso es lo que casi todos estamos generando. Nos organizamos para la existencia y aceptamos el conflicto como inevitable, porque nuestra existencia es un constante requerimiento de poder. Por cierto, cuando amamos, la organización tiene su propio lugar, su lugar exacto; pero sin amor, la organización se vuelve una pesadilla, algo meramente mecánico y eficiente, como el ejército; pero como la sociedad moderna se basa en la mera eficiencia, necesitamos ejércitos ‑y el propósito de un ejército es crear guerra-. Aun en tiempos de la así llamada paz, cuanto más eficientes somos en lo intelectual, tanto más crueles, más brutales e insensibles nos volvemos. Por eso hay confusión en el mundo, porque la burocracia es cada vez más poderosa, porque más y más gobiernos se están volviendo totalitarios. Nos sometemos a todo esto como a algo inevitable, porque vivimos con nuestros cerebros y no con nuestros corazones; en consecuencia, el amor no existe. El amor es el elemento más peligroso e incierto que hay en la vida; y debido a que no queremos la incertidumbre, porque no queremos sentirnos en peligro, vivimos en el reino de la mente. Un hombre que ama está en peligro, y nosotros no deseamos vivir peligrosamente; deseamos vivir eficientemente, vivir tan sólo dentro del sistema de la organización, porque pensamos que las organizaciones van a producir orden y paz en el mundo. Las organizaciones jamás han producido orden y paz. Sólo el amor, la buena voluntad, la piedad, pueden traer finalmente ‑y, por lo tanto, ahora- orden y paz.

25 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

¿Cuál es tu reacción?

Cuando observas a esas pobres mujeres que llevan una pesada carga al mercado, o miras cómo los niños de la aldea juegan en el barro sin tener casi ninguna otra cosa con que jugar, esos niños que no recibirán la educación que ustedes reciben, que no tienen una casa digna donde vivir, ni limpieza, ni ropa suficiente, ni comida adecuada, cuando observas todo eso, ¿cuál es tu reacción? Es muy importante que descubras por ti mismo cuál es tu reacción. Te diré cuál fue la mía.

Esos niños carecen de un lugar apropiado donde dormir; el padre y la madre están ocupados durante todo el día, sin tener nunca un periodo de vacaciones; los niños no conocen jamás lo que es ser amados, cuidados; los padres nunca se sientan con ellos y les cuentan historias acerca de la belleza de la Tierra y de los cielos. Y ¿qué clase de sociedad es la que han producido estas circunstancias? Una sociedad en la que hay personas inmensamente ricas que tienen todo lo que anhelan en la Tierra, y donde al mismo tiempo hay chicos y chicas que no tienen nada. ¿Qué clase de sociedad es ésta y cómo se ha originado? Ustedes podrán hacer revoluciones, romper el patrón de esta sociedad, pero en la ruptura misma de ese patrón ha nacido uno nuevo, que es otra vez la misma cosa en una forma distinta: los comisarios políticos con sus casas especiales en el campo, los privilegios, los uniformes, y así sucesivamente. Esto ha ocurrido después de todas las revoluciones, la francesa, la rusa, la china. Y ¿es posible crear una sociedad en la que no existan toda esta corrupción y esta desdicha? Podrá crearse sólo cuando tú y yo, como individuos, rompamos con lo colectivo, cuando estemos libres de ambición y sepamos qué significa amar. Ésa fue, en un destello, toda mi reacción.

26 de noviembre; El propósito de la educación

La compasión es del presente activo

El pensamiento no puede, por ningún medio, cultivar la compasión. No uso la palabra compasión para indicar lo opuesto, la antítesis del odio o la violencia. Pero, a menos que cada uno de nosotros tenga un sentido profundo de compasión, nos volveremos más y más brutales, inhumanos el uno para el otro. Tendremos mentes mecánicas, mentes como computadoras, adiestradas tan sólo para cumplir determinadas funciones; continuaremos buscando seguridad, tanto física como psicológica, y desperdiciaremos la extraordinaria profundidad y belleza, el significado íntegro de la vida.

No entiendo por compasión una cosa que pueda adquirirse. La compasión no es la palabra ‑ésta es meramente del pasado-, sino que es algo del presente activo; es la acción y no la palabra, el nombre, el sustantivo. Hay una diferencia entre la acción y la palabra. La acción es del presente, mientras que la palabra es siempre del pasado y, por lo tanto, es estática. Uno puede atribuir vitalidad o movimiento al nombre, a la palabra, pero no es lo mismo que la acción, la cual es siempre del presente [...].

La compasión no es sentimentalismo; no es esta vaga simpatía o empata. La compasión no es algo que uno pueda cultivar por medio del pensamiento, de la disciplina, del control, de la represión, ni siendo uno amable, cortés, gentil y demás. La compasión adviene sólo cuando el pensamiento ha llegado a su fin hasta la raíz misma.

27 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XIII

Compasión y bondad

¿Puede la compasión, ese sentido de bondad, ese sentimiento de lo sagrado de la vida, del cual estuvimos hablando la última vez que nos encontramos, puede ser originado mediante la compulsión? Ciertamente, cuando hay compulsión de cualquier forma, cuando hay propaganda o moralización, no hay compasión; tampoco hay compasión cuando el cambio se origina meramente en la necesidad de aprontar el reto tecnológico de tal manera que los seres humanos sigan siendo seres humanos y no se conviertan en máquinas. Así pues, tiene que haber un cambio sin proceso causativo. Un cambio que tiene su origen en una causa no es compasión; es tan sólo una cosa del mercado. Ese es entonces un problema.

Otro problema es: Si yo cambio, ¿cómo afectará eso a la sociedad? ¿O no estoy en absoluto interesado en eso? Porque la inmensa mayoría de las personas no se interesa en eso de que estamos hablando, ni le interesa a usted si escucha por curiosidad o por alguna clase de impulso, y luego lo deja. Las máquinas están progresando tan rápidamente, que casi todos los seres humanos son meramente empujados por ellas y se muestran incapaces de afrontar la vida con la riqueza del amor, con compasión, con un pensar profundo. Y si yo cambio, ¿cómo afectará eso a la sociedad, la cual es mi relación con usted? La sociedad no es alguna extraordinaria entidad mítica; es nuestra relación mutua, y si dos o tres de nosotros cambian, ¿cómo afectará eso al resto del mundo? ¿O existe un modo de influir sobre la mente total del hombre?

Es decir, ¿hay un proceso por el cual el individuo que ha cambiado puede afectar el inconsciente del ser humano?

28 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. X

Transmitir la compasión

Si estoy profundamente relacionado con la compasión... con el amor, con el verdadero sentimiento de algo sagrado, ¿cómo puedo transmitir ese sentimiento? Por favor, siga esto. Si lo transmito a través de un micrófono, mecanismo de la propaganda, y de tal modo convenzo a otro, su corazón seguirá estando vacío. Operará la llama de una ideología, y él tan sólo repetirá, como todos ustedes repiten, que debemos ser afectuosos, buenos, libres ‑toda la tontería que pregonan los políticos, los socialistas, y demás-. Viendo, pues, que cualquier forma de compulsión, por sutil que sea, no trae consigo esta belleza, este florecimiento de la bondad, de la compasión, ¿qué ha de hacer el individuo?...

¿Qué relación hay entre el hombre que tiene este sentido de la compasión y el hombre cuya mente está atrincherada en lo colectivo, en lo tradicional? ¿Cómo hemos de descubrir, no teóricamente sino de hecho, la relación que hay entre ambos?...

Aquel que se amolda jamás puede florecer en la bondad. Tiene que haber libertad, y la libertad adviene sólo cuando uno comprende todo el problema de la envidia, la codicia, la ambición y el deseo de poder. La libertad con respecto a todo eso permite que florezca la cosa extraordinaria que llamamos carácter. Un hombre así tiene compasión, sabe lo que es amar, no aquel que repite meramente un montón de palabras acerca de la moralidad.

El florecimiento de la bondad no se encuentra, pues, dentro de la sociedad, porque la sociedad en sí misma está siempre corrupta. Sólo el hombre que comprende toda la estructura y el proceso de la sociedad y se libera de ella tiene carácter, y sólo él puede florecer en bondad.

29 de noviembre; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. X

Llegar a la fuente con las manos vacías

No es difícil que advenga la compasión cuando el corazón no está lleno con las astutas cosas de la mente. Es la mente con sus exigencias y temores, sus apegos y rechazos, sus determinaciones e impulsos, la que destruye el amor. ¡Cuán difícil es ser sencillos respecto de todo esto! No necesitamos filosofas y doctrinas para ser amables y bondadosos. Los eficientes y poderosos del país se organizaran para alimentar y vestir a la gente, para suministrarle albergue y cuidados médicos. Esto resulta inevitable con el rápido incremento de la producción; es la función de un gobierno bien organizado y de una sociedad equilibrada. Pero la organización no origina generosidad del corazón y de la mano. La generosidad proviene de una fuente muy distinta, una fuente mas allá de toda medida. La ambición y la envidia la destruyen tan firmemente como el fuego quema. Esta fuente debe ser alcanzada, pero uno tiene que llegar a ella con las manos vacías, sin plegarias, sin sacrificios. Los libros no pueden enseñarnos acerca de esta fuente, ni hay gurú que pueda conducirnos a ella. Esta fuente no puede alcanzarse mediante el cultivo de la virtud ‑si bien la virtud es necesaria-, ni por medio de la capacidad y la obediencia. Cuando la mente está serena, sin movimiento alguno, la fuente está ahí. La serenidad carece de motivo, está libre del impulso por el «más».

30 de noviembre; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III - Serie II

El Libro de la Vida

Noviembre

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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