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El Libro de la Vida

Introducción

En 1934, Krishnamurti dijo: «¿Por qué queremos ser estudiantes de libros, en lugar de ser estudiantes de la vida? Averigüen qué es falso en el medio que los rodea, con todas sus opresiones y crueldades, y entonces descubrirán qué es lo verdadero». Señaló repetidamente que «el libro de la vida», siempre cambiante, con una vitalidad que no puede ser contenida por el pensamiento, era el único digno de «leerse», ya que todos los demás estaban llenos de información falsa. «La historia de la humanidad se halla en ustedes; allí están la vasta experiencia, los miedos profundamente arraigados, las ansiedades, el dolor, el placer y todas las creencias que el hombre ha acumulado a lo largo de milenios. Ustedes son el libro».

Esta obra, El Libro de la Vida, Meditaciones diarias con Krishnamurti, está dispuesta en un orden que reproduce en cierto modo la manera como Krishnamurti desarrollaba sus pláticas. Comenzaba habitualmente con la acción de escuchar y la relación existente entre el estudiante y el auditorio, y terminaba con cuestiones que emergen naturalmente cuando la vida está en orden y una profundidad mayor empieza a aflorar a la superficie de la conciencia. Durante sus últimos días, en 1985 y 1986, habló del espíritu creativo y la posibilidad de un estilo de vida totalmente nuevo. Esta obra contiene fragmentos de esas pláticas.

Muchos temas se reiteraban a lo largo de sus enseñanzas. Su visión consista en la total y comprensiva observación de la condición humana, en la que cada aspecto de la vida se halla interconectado. El Libro de la Vida presenta pasajes sobre un tema nuevo para cada semana del año, y cada tópico se desarrolla a través de siete días. Estas citas se identifican por su fuente bibliográfica, y se hace referencia a ésta en cada pie de página. Los lectores que se interesen en explorar a mayor profundidad temas específicos, están invitados a acudir a los textos completos contenidos en los libros de los cuales dichos temas han sido extractados.

Krishnamurti comenzó a hablar públicamente en 1929 con una voz que Aldous Huxley describió como plena de una «autoridad intrínseca». Su poderosa exploración en la naturaleza de la verdad y la libertad ha resultado en millones de ejemplares de sus pláticas y diálogos publicados y traducidos a casi todos los idiomas del mundo.

Krishnamurti, aunque tímido y retraído, ofreció centenares de pláticas, pronunciadas sin notas previas ni preparación alguna, las cuales desarrollaban esencialmente un tema primordial: la verdad puede ser descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente, en un solo instante. Sus pláticas cubren la escala completa del conflicto y el interés, tanto en lo personal como en lo social. Al observar la profundidad y el alcance de nuestra conducta tal como se revela en el instante de la observación, surge la acción indispensable para transformarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad. Cuando alguien que asistía a sus pláticas le preguntó por qué hablaba y qué quería lograr, Krishnamurti respondió: Quiero revelarles algo, quizás el modo de descubrir qué es la realidad ‑no el modo en el sentido de un sistema, sino cómo proceder al respecto-. Y si ustedes pueden descubrir esto por sí mismos, no habrá uno que les habla, hablaremos todos sobre ello, todos expresaremos esa realidad de nuestras vidas, donde quiera que nos encontremos [...]. La verdad no puede ser acumulada. Lo que se acumula es destruido siempre, siempre se deteriora. La verdad jamás puede deteriorarse, porque sólo puede ser descubierta de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si ustedes y yo podemos descubrir eso y vivirlo ‑el vivirlo es, en sí mismo, el descubrimiento-, entonces no nos convertiremos en propagandistas; seremos seres humanos creativos; no seres humanos perfectos, sino creativos, lo cual es inmensamente distinto. Por eso, creo, estoy hablando, y quizá por eso están ustedes escuchando.

Sólo existe el problema; no hay respuesta; en la comprensión del problema está su disolución. A menudo, cuando se le formulaba una pregunta, Krishnamurti respondía: «Averigüemos qué entendemos por...», examinando así la pregunta y abriéndola a la investigación en vez de dar inmediatamente una respuesta. Para Krishnamurti, sondear una pregunta o un problema alimentaba esa investigación de un modo mejor que estar persiguiendo lógica e intelectualmente la búsqueda de una respuesta. Los extractos que figuran en este libro son presentados al lector como interrogantes que podrían haberse planteado sin que el lector sintiera el impulso de una respuesta inmediata.

Krishnamurti señalaba que el diálogo con sus oyentes en las pláticas que ofrecía no era intelectual y no se hallaba anclado en pensamientos e ideales. Dijo: Después de todo, el propósito de estas pláticas es comunicarnos el uno con el otro; no es el de imponerles una determinada serie de ideas. Las ideas jamás cambian la mente, jamás originan su transformación radical. Pero si, como individuos, podemos comunicarnos el uno con el otro, al mismo tiempo y en el mismo nivel, entonces quizás habrá una comprensión que no es tan sólo propaganda... de modo que estas pláticas no tienen ninguna manera la intención de disuadirlos ni persuadirlos acerca de nada, ya sea de hecho o subliminalmente.

En casi todas sus pláticas públicas y en sus diálogos, Krishnamurti usaba los términos «humanidad» u «hombre» cuando se refería a la totalidad del género humano. Pero en la última parte de su vida se interrumpía frecuentemente para decir a su auditorio: «Por favor, cuando digo "hombre", me refiero también a la mujer. Así que no se enojen conmigo».

Krishnamurti hablaba con extraordinaria sencillez, no como lo hace un gurú o un maestro religioso con una enseñanza derivativa, con un vocabulario especial, o que se halla atado a alguna secta u organización. El requerimiento por sus enseñanzas claras y auténticas fue creciendo a medida que recorría el mundo. Desde 1930 hasta su muerte en 1986 hablo a auditorios cada vez más numerosos en Europa, Norteamérica. Australia, Sudamérica y la India.

Esta obra contiene pasajes tomados de pláticas publicadas e inéditas, de diálogos y escritos entre los años 1933 y 1968. Entre éstos se encuentra el primer libro popular de Krishnamurti, leído extensamente por el público: La educación el significado de la vida, escrito bajo un gran roble en Ojai, California, y publicado en 1953 por Harper & Row, el editor que habría de continuar, por más de treinta años, publicando sus obras en Norteamérica. Su siguiente libro, La libertad primera y última, fue publicado en 1954 también por Harper & Row, con un largo prefacio de su amigo Aldous Huxley.

Los Comentarios sobre el vivir fueron manuscritos entre 1949 y 1955, sobre páginas sin márgenes, y carecen de correcciones o borraduras. Aldous Huxley había alentado a Krishnamurti a escribirlo, y el manuscrito, preparado por D. Rajagopal, se publicó en 1956. En esencia, es una crónica de las entrevistas de Krishnamurti con personas que venían para verlo y hablarle, y hay en estas páginas la sensación del encuentro de dos amigos que conversan y exploran sin vacilación ni temor. Los capítulos de esta obra se inician a menudo con una breve descripción del paisaje, del clima o de animales cercanos. Desde la simplicidad de este mundo natural se llega, con una fácil transición, al paisaje interno de confusión, ansiedad y creencias ‑las preocupaciones generales y personales que la gente traía a sus encuentros con Krishnamurti-. Algunas entrevistas no fueron publicadas en aquellos primeros tres volúmenes de Comentarios sobre el vivir, y aparecen aquí por primera vez. En parte de estas entrevistas no publicadas con anterioridad, Krishnamurti usó la expresión «pensamiento‑sentimiento» para describir una respuesta unitaria.

El Arte de vivir (Live Ahead) y El propósito de la educación (Think on These Things) fueron preparados en 1963 y 1964 por la amiga de Krishnamurti Mary Lutyens, y publicadas por Harper & Row. Estos dos libros contienen un compendio de seleccionadas preguntas y respuestas provenientes de conversaciones con los jóvenes; fueron tan bien recibidos, que ha llegado a considerárselos como clásicos religiosos y literarios. A estos libros siguió una extensa obra que abarca más de cincuenta volúmenes.

Krishnamurti se consideraba personalmente poco importante e innecesario para el proceso de comprender la verdad, de vernos a nosotros mismos. En cierta ocasión, se atribuyó la condición de un teléfono, un mecanismo para ser usado por aquel que escuchaba. Dijo: Lo que dice quien les habla tiene poca importancia en sí mismo. Lo realmente importante es que la mente, sin esfuerzo alguno, esté tan atenta que se halle todo el tiempo en un estado de comprensión. Si no comprendemos y tan sólo escuchamos las palabras, nos llevaremos nada más que una serie de conceptos o ideas, estableciendo de un modo un patrón al cual trataremos entonces de ajustarnos en nuestras vidas cotidianas o en las así llamadas vidas espirituales.

Podría ser útil, a medida que uno avanza en la lectura, estar alerta sobre el modo como Krishnamurti consideraba la relación entre dos personas en busca de la verdad. En 1981 dijo: Somos como dos amigos que, en un bello día, estamos sentados en el parque conversando sobre la vida, hablando de nuestros problemas, investigando la naturaleza misma de nuestra existencia, y preguntándonos seriamente por qué la vida se ha vuelto un problema tan grande, por qué, aunque intelectualmente somos muy refinados, nuestra vida cotidiana es tan penosa, tan carente de sentido, excepto para la supervivencia ‑la cual es más bien incierta-. ¿Por qué la vida, la existencia diaria, se ha convertido en una tortura semejante? Podemos acudir a la iglesia, seguir a algún líder político o religioso, pero la vida diaria es un desorden permanente; aunque haya ciertos períodos ocasionalmente gozosos, felices, nuestra vida se halla siempre rodeada por una nube de oscuridad. Y estos dos amigos, como lo somos ustedes y quien les habla, están discutiendo juntos de una manera cordial, quizá con afecto, con solicitud, con interés, si es de algún modo posible vivir nuestra vida cotidiana sin un solo problema.

El Libro de la Vida

Introducción

Jiddu Krishnamurti, El Libro de la Vida. Meditaciones diarias con Krishnamurti. The Book of Life - Daily Meditations with Krishnamurti. Jiddu Krishnamurti en español.

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