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El Propósito de la Educación

Capítulo 2 - El Problema de la Libertad

Me gustaría discutir con ustedes el problema de la libertad. Es un problema muy complejo, y requiere profundo estudio y comprensión. Nosotros oímos hablar mucho de libertad, de libertad religiosa, de libertad para hacer lo que a uno le plazca. Hay eruditos que han escrito volúmenes acerca de todo esto. Pero yo creo que podemos abordar el problema de manera muy sencilla y directa, y tal vez eso nos traerá la verdadera solución.

No sé si alguna vez se han detenido ustedes a observar el maravilloso resplandor que hay en el Oeste cuando el sol se pone y la tímida luna joven asoma apenas sobre los árboles. A esa hora es frecuente que el río esté muy en calma y que todo se refleje en su superficie: el puente, el tren que pasa sobre él, la tierna luna... y en seguida, a medida que va oscureciendo, las estrellas. Es todo muy bello. Y para observar algo bello, para prestarle toda nuestra atención, la mente tiene que estar libre de preocupaciones, ¿no es así? No debe estar ocupada con problemas, con ansiedades, con especulaciones. Es sólo cuando la mente está muy quieta cuando uno puede realmente observar, porque entonces la mente es sensible a lo extraordinario de la belleza; y tal vez aquí esté la pista para nuestro problema de la libertad.

Ahora bien, ¿qué significa ser libre? ¿Es la libertad una cuestión de hacer lo que nos convenga, de ir adonde nos guste, de pensar lo que queramos? Esto es lo que de cualquier modo hacemos. ¿Significa ser libre el tener meramente independencia? Muchas personas en el mundo son independientes, pero muy pocas son libres. La libertad implica una gran inteligencia, ¿no es así? Ser libre es ser inteligente, pero la inteligencia no adviene simplemente porque uno desee ser libre; la inteligencia surge sólo cuando comenzamos a comprender todo el ambiente que nos rodea, las influencias sociales, religiosas, tradicionales, familiares que están cercándonos continuamente. Pero comprender las múltiples influencias - la influencia de nuestros padres, la de nuestro gobierno, la de la sociedad, la influencia de la cultura a que pertenecemos, la de nuestras creencias, nuestros dioses y supersticiones, la influencia de la tradición a la que nos amoldamos irreflexivamente -, comprender todo esto y librarse de ello requiere profundo discernimiento: pero por lo general nos rendimos a estas influencias porque internamente estamos atemorizados. Nos atemoriza no tener una buena posición en la vida; nos atemoriza lo que dirá nuestro sacerdote; tenemos miedo de no estar siguiendo la tradición, de no hacer lo correcto. Pero la libertad es realmente un estado mental en el que no existen el miedo ni la compulsión ni el apremio de la seguridad.

Casi todos queremos sentirnos seguros, ¿no es así? ¿Acaso no deseamos que se nos diga qué personas tan maravillosas somos, qué hermosos nos vemos, o qué inteligencia extraordinaria tenemos? De otro modo no pondríamos siglas a continuación de nuestros apellidos. Todo ese tipo de cosas nos brinda confianza en nosotros mismos, nos da una sensación de ser importantes. Todos deseamos ser personas famosas - y en el momento en que deseamos ser algo, ya no somos libres.

Por favor, vean esto, porque es la verdadera pista hacia la comprensión del problema de la libertad. Tanto en este mundo de los políticos, el mundo del poder, de la posición y la autoridad, como en el así llamado mundo espiritual - donde uno aspira a ser virtuoso, noble, santo -, en el momento en que deseamos ser “alguien”, ya no somos libres. Pero el hombre (o la mujer) que ve el absurdo de estas cosas y cuyo corazón es por ello inocente y, en consecuencia, no está movido por el deseo de ser “alguien”, ese hombre es libre. Si ustedes comprenden la sencillez de esto, también verán su extraordinaria belleza y profundidad.

Después de todo, los exámenes tienen ese propósito: darnos una posición, hacer que uno sea “alguien”. Los títulos, la posición y el conocimiento nos estimulan para que seamos alguna cosa especial. ¿No han advertido cómo sus padres y maestros les dicen que uno tiene que “llegar a algo” en la vida, que debe tener éxito, como lo tuvo el tío de uno o el abuelo? O que uno debe tratar de imitar el ejemplo de algún héroe, de ser como los maestros, los santos; y así jamás son ustedes libres. Ya sea que sigan el ejemplo de un gurú, de un santo, de un maestro o de un pariente, o se adhieren a una tradición en particular, todo eso implica de parte de ustedes una exigencia de ser algo o alguien; y es solamente cuando comprenden este hecho que hay libertad.

La educación tiene, pues, la función de ayudarles desde la infancia a no imitar a nadie, sino a ser Ustedes mismos todo el tiempo. Y ésta es una de las cosas más difíciles de realizar; ya sean ustedes feos o hermosos, ya sientan envidia o celos, que sean siempre “lo que son”, pero comprendiéndolo. Ser nosotros mismos es muy difícil, porque pensamos que eso que somos es innoble, y que si sólo pudiéramos cambiar lo que somos en algo noble, sería maravilloso - pero eso no sucede jamás. Mientras que si miramos lo que realmente somos y lo comprendemos, entonces en esa comprensión misma hay una transformación. De modo que la libertad radica, no en tratar de convertirse en algo diferente, ni en hacer lo que se nos ocurra que tenemos ganas de hacer, ni en seguir la autoridad de la tradición, ni la de nuestros padres, o la de nuestro gurú, sino en comprender lo que somos de instante en instante.

Vean, a ustedes no se les educa para esto; la educación que reciben los incita a convertirse en una cosa u otra, pero eso no es la comprensión de uno mismo. El “uno mismo”, el “yo”, es algo muy complejo; no es meramente la entidad que va a la escuela, que disputa, que juega, que teme, sino que es también algo oculto, no evidente. Ese “yo” está compuesto no sólo de todos los pensamientos que pensamos, sino también de todas las cosas que han introducido en nuestra mente otras personas, de los libros, los periódicos, nuestros líderes. Y sólo es posible comprender todo eso cuando no deseamos ser “alguien”, cuando no imitamos, cuando no somos seguidores o sea, cuando nos repelamos realmente contra toda la tradición de “llegar a ser” esto o lo otro. Esa es la única revolución verdadera que conduce a una extraordinaria libertad. Cultivar esta libertad es el verdadero sentido de la educación.

Sus padres, sus maestros, y los propios deseos de ustedes quieren que se identifiquen con una cosa u otra a fin de que sean felices, de que estén seguros. Pero para ser inteligentes, ¿no deben acaso desembarazarse de todas las influencias que pesan sobre ustedes y los esclavizan?

La esperanza de un mundo nuevo descansa en aquellos de ustedes que comiencen a ver lo que es falso y se rebelen contra ello, no sólo verbalmente sino de hecho. Y es por eso que deben buscar la clase correcta de educación; porque sólo cuando se desarrollen en libertad podrán crear un mundo nuevo, un mundo no basado en la tradición ni moldeado según la idiosincrasia de algún idealista o filósofo. Pero no podrá haber libertad mientras uno esté tratando meramente de llegar a ser “alguien” o de imitar algún ejemplo noble.

Interlocutor: ¿Qué es la inteligencia?

Krishnamurti: Examinemos la pregunta muy despacio, pacientemente, y descubrámoslo. Descubrir algo no es arribar a una conclusión. No sé si ven la diferencia. En el momento en que llegamos a una conclusión sobre lo que es la inteligencia, dejamos de ser inteligentes. Eso es lo que han hecho casi todos nuestros mayores: han arribado a conclusiones. Por lo tanto, han dejado de ser inteligentes. Así que ahora mismo hemos descubierto una cosa; que una mente inteligente es la que constantemente está aprendiendo sin llegar jamás a conclusiones.

¿Qué es la inteligencia? La mayoría se satisface con una definición de lo que es la inteligencia. O bien dicen: “Esa es una buena explicación”, o prefieren la propia explicación; y una mente que se satisface con una explicación, es muy superficial y, por tanto, no es inteligente.

Han comenzado ustedes a ver que una mente inteligente es la que no se contenta con explicaciones, con conclusiones: ni es una mente que cree, porque la creencia es también una forma de conclusión. Una mente inteligente es una mente inquisitiva que está siempre observando aprendiendo, estudiando. ¿Qué significa eso? Que hay inteligencia sólo cuando no hay temor, cuando uno está dispuesto a rebelarse, a ir contra toda la estructura social a fin de descubrir qué es Dios, o descubrir la verdad acerca de cualquier cosa.

La inteligencia no es conocimiento. Si ustedes pudieran leer todos los libros que hay en el mundo, eso no les daría inteligencia. La inteligencia es algo muy sutil y no se halla anclado en cosa alguna. Adviene sólo cuando uno comprende el proceso total de la mente - no la mente según algún filósofo o maestro, sino la propia mente. La mente de cada uno de nosotros es el resultado de toda la humanidad, y cuando uno comprende eso, no tiene que estudiar ni un solo libro, porque la mente contiene todo el conocimiento del pasado. De modo que la inteligencia llega con la comprensión de uno mismo; y uno puede comprenderse a sí mismo sólo en relación con el mundo de las personas, de las cosas y de las ideas. La inteligencia no es algo que pueda adquirirse, como el aprendizaje; aparece acompañada de una gran rebelión, vale decir, cuando no hay miedo - lo cual quiere decir, realmente, que aparece cuando existe un sentido de amor. Porque cuando no hay miedo, hay amor.

Si usted se interesa solamente en las explicaciones, me temo que sentirá que no he contestado su pregunta. Preguntar qué es la inteligencia es como preguntar qué es la vida. La vida es estudio, juego, sexo, trabajo, reyerta, envidia, ambición, amor, belleza, verdad - la vida es todo, ¿no es así? Pero ya lo ve, casi ninguno de nosotros tiene la paciencia de dedicarse seria y firmemente a esta investigación.

Interlocutor: ¿Puede volverse sensible la mente vulgar?

Krishnamurti: Preste atención a la pregunta, al sentido que hay detrás de las palabras. ¿Puede volverse sensible la mente vulgar? Si yo digo que mi mente es vulgar y trato de volverme sensible, el esfuerzo mismo de volverme sensible es vulgaridad. (Por favor, vea esto, no se quede perplejo, obsérvelo). Mientras que si reconozco que soy vulgar sin tratar de cambiar eso, sin tratar de volverme sensible, si empiezo a comprender qué es la vulgaridad, si la observo en mi vida cotidiana - la forma voraz en que como, la brutalidad con que trato a la gente, el orgullo, la arrogancia, la grosería de mis hábitos y de mis pensamientos - entonces esa observación misma transforma lo que es.

De manera similar, si soy un necio y digo que debo volverme inteligente, el esfuerzo de volverme inteligente es sólo una forma más grande de necedad, porque lo que importa es comprender la necedad. Por mucho que trate de llegar a ser inteligente, mi necedad seguirá existiendo. Puedo adquirir el refinamiento superficial que da el aprendizaje, puedo ser capaz de citar libros, de repetir pasajes de grandes autores, pero básicamente seguiré siendo un necio. En cambio, si veo y comprendo la necedad tal como se manifiesta en mi vida cotidiana - en mi conducta hacia mi sirviente, en la manera de juzgar a mi prójimo, al hombre pobre, al rico, al oficinista - entonces ese mismo estado de atención acaba con la necedad.

Inténtelo. Obsérvese a sí mismo cuando le habla a su sirviente, observe el respeto tremendo con que trata al gobernante y el poco respeto que demuestra al hombre que nada tiene para darle. Entonces comenzará usted a descubrir lo necio que es; y en la comprensión de esa necedad hay inteligencia, sensibilidad. Usted no tiene que volverse sensible. El hombre que trata de volverse esto o aquello, es feo, insensible; es una persona vulgar.

Interlocutor: ¿De qué modo puede el niño descubrir cómo es, sin la ayuda de sus padres y maestros?

Krishnamurti: ¿He dicho yo que puede, o es ésta una interpretación de lo que he dicho? El niño descubrirá cosas acerca de sí mismo si el ambiente en que vive le ayuda a hacerlo. Si los padres y maestros se interesan realmente en que el niño - esa joven persona - pueda descubrir lo que él es, no lo forzarán a ello; crearán un medio en el cual podrá llegar a conocerse a sí mismo.

Usted ha formulado esta pregunta, pero ¿es éste un problema vital para usted? Si sintiera profundamente que para el niño es importante descubrir acerca de sí mismo y que el no puede hacerlo si está dominado por la autoridad, ¿no ayudaría usted a crear el ambiente apropiado? Es otra vez la misma vieja actitud: díganme lo que debo hacer y lo haré. No decimos: “resolvámoslo juntos”. Este problema de cómo crear un ambiente en el cual el niño pueda conocerse a sí mismo, es un problema que nos concierne a todos - a los padres, a los maestros y a los propios niños. Pero el conocimiento propio no puede ser impuesto, la comprensión no puede forzarse; y si éste es un problema vital para usted y para mí, para el padre y el maestro, entonces juntos crearemos la apropiada clase de escuela.

Interlocutor: Los niños me cuentan que han visto en las aldeas ciertos fenómenos sobrenaturales, como las apariciones, y me dicen que tienen miedo de los fantasmas, de los espíritus y esas cosas. También hacen preguntas acerca de la muerte. ¿Qué debe uno responder a todo esto?

Krishnamurti: A su debido tiempo investigaremos qué es la muerte. Pero ya lo ven, el miedo es algo extraordinario. A ustedes, niños, sus padres, las personas mayores, les han hablado acerca de los fantasmas - de otro modo, probablemente no verían fantasmas. Alguien les ha hablado de las apariciones. Ustedes son demasiado jóvenes para saber acerca de estas cosas. No es la propia experiencia de ustedes, es sólo el reflejo de lo que las personas mayores les han contado. Y ellas han leído meramente al respecto en algún libro y piensan que lo han entendido. Eso trae a colación una pregunta muy diferente: ¿Existe una experiencia que no esté contaminada por el pasado. Si una experiencia está contaminada por el pasado, es meramente una continuidad de éste y, por lo tanto, no es una experiencia original.

Lo importante es que aquellos de ustedes que tratan con los niños, no les impongan a éstos las propias falsedades, las propias nociones acerca de los fantasmas, las propias ideas y experiencias particulares. Esta es una cosa muy difícil de evitar, porque las personas mayores hablan muchísimo acerca de estas cosas no esenciales que carecen de importancia en la vida; y así, poco a poco, comunican a los niños las propias ansiedades y supersticiones, los propios temores, y los niños repiten naturalmente lo que han oído. Es fundamental que las personas mayores, que generalmente nada saben de estas cosas por sí mismas, no hablen de ellas delante de los niños, y que en lugar de eso ayuden a crear una atmósfera en la que los niños puedan crecer en libertad y sin miedo.

El Propósito de la Educación

Capítulo 2 - El Problema de la Libertad

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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