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El Propósito de la Educación

Capítulo 7 - La Ambición

Hemos estado discutiendo lo esencial que es tener amor, y vimos que uno no puede adquirirlo ni comprarlo; no obstante, sin amor todos nuestros planes de un orden social perfecto en el que no haya explotación ni regimentación, no tendrán sentido alguno, y pienso que es muy importante comprender esto mientras somos jóvenes.

Dondequiera que uno vaya por el mundo, no importa en qué lugar, ve que la sociedad se encuentra en un perpetuo estado de conflicto. Están siempre el poderoso, el rico, el próspero por un lado, y los obreros por el otro; y cada cual compitiendo envidiosamente, anhelando una posición más alta, un salario mayor, más poder, más prestigio. Ese es el estado del mundo, y así hay siempre una guerra en marcha, tanto interna como externamente.

Ahora bien, si ustedes y yo queremos dar origen a una revolución completa en el orden social, lo primero que tenemos que comprender es este instinto por la adquisición de poder. La mayoría de nosotros anhela el poder en una u otra forma. Vemos que mediante la riqueza y el poder, podemos viajar, relacionarnos con personas importantes y llegar a ser famosos; o bien soñamos con producir una sociedad perfecta. Pensamos que por medio del poder lograremos aquello que es bueno; pero la persecución misma del poder - poder para nosotros mismos, poder para nuestro país, poder para una ideología - es nociva, destructiva, porque crea inevitablemente fuerzas opuestas y entonces siempre hay conflicto.

¿No es bueno, entonces, que la educación los ayude para que, a medida que vayan creciendo, perciban la importancia de dar origen a un mundo en el cual no haya conflicto ni interno ni externo, un mundo en el que uno no esté en conflicto con su vecino ni con grupo alguno de personas, porque el impulso de la ambición, que es el deseo de posición y poder, ha cesado por completo? ¿Y es posible crear una sociedad así, en la que no haya conflicto ni interna ni externamente? La sociedad es la relación entre ustedes y yo; y si nuestra relación se basa en la a ambición - cada cual deseando ser más poderoso que el otro - entonces, obviamente, siempre estaremos en conflicto. ¿Puede, pues, eliminarse esta causa de conflicto? ¿Podemos todos nosotros educarnos para no ser competidores, para no compararnos con algún otro, para no desear esta posición o aquella, en una palabra, para no ser ambiciosos en absoluto?

Cuando fuera de la escuela están ustedes con sus padres, cuando leen los diarios o hablan con la gente, tienen que haber notado que casi todos quieren producir un cambio en el mundo. ¿Y no han advertido también que estas mismas personas están siempre en conflicto unas con otras sobre esto o aquello - sobre ideas, propiedad, raza, casta o religión? Sus padres, los vecinos, los ministros y los burócratas, ¿no son todos ambiciosos, no están luchando por una posición mejor y, en consecuencia, no están siempre en conflicto con alguien? Ciertamente, sólo cuando toda esta competencia sea erradicada, habrá una sociedad pacífica en la que todos nosotros podremos vivir con felicidad, creativamente.

Ahora bien, ¿cómo puede hacerse esto? ¿Pueden la regulación, la legislación o el adiestramiento de la mente para que no sea ambiciosa, eliminar la ambición? Exteriormente, puede uno disciplinarse para no ser ambicioso, socialmente puede dejar de competir con otros; pero internamente seguirá siendo ambicioso, ¿no es así? ¿Y es posible erradicar completamente esta ambición que está trayendo tanta desdicha a los seres humanos? Es probarle que no hayan reflexionado sobre esto antes, porque nadie les había hablado así; pero ahora que alguien les habla sobre ello, ¿no quieren averiguar si es posible vivir en este mundo plenamente, creativamente, de una manera rica, feliz, sin el impulso destructivo de la ambición, sin la competencia? ¿No quieren saber cómo se puede vivir sin que la vida de uno destruya a otra persona ni proyecte una sombra en su camino?

Vean, pensamos que éste es un sueño utópico que jamás podrá convertirse en realidad; pero yo no hablo de una utopía, ése sería un disparate. ¿Podemos ustedes y yo, que somos personas sencillas, corrientes, vivir creativamente en este mundo sin el impulso de la ambición - que se manifiesta de distintas maneras, tales como el deseo de poder, de posición? Descubrirán la respuesta correcta cuando amen lo que están haciendo. Si uno es un ingeniero solamente porque tiene que ganarse la subsistencia o porque eso es lo que esperan de uno los padres o la sociedad, entonces ésa es otra forma de compulsión; y la compulsión, en cualquiera de sus formas, crea contradicción, conflicto. Mientras que si uno ama realmente su profesión de ingeniero, o de científico, si puede plantar un árbol, o pintar un cuadro, o escribir un poema, no para obtener reconocimiento sino sólo porque uno ama eso que está haciendo, entonces descubrirá que jamás compite con otro. Pienso que ésta es la verdadera clave: amar lo que uno hace.

Pero cuando ustedes son jóvenes, a menudo les resulta difícil saber qué es lo que quieren hacer, qué es lo que aman, porque son muchas las cosas que desean hacer. Uno quiere ser un ingeniero, un maquinista, un piloto de avión que recorre zumbando los cielos azules; o tal vez desea ser un orador famoso o un político. O quizá quiera ser un artista, un químico, un poeta o un carpintero. O trabajar con la cabeza, o hacer algo con las manos. ¿Es cualquiera de estas cosas algo que uno realmente ama, o el interés que siente por ellas es una mera reacción a las presiones sociales? ¿Cómo descubrirlo? ¿Y no es el verdadero propósito de la educación ayudarlos a descubrirlo, de modo que cuando crezcan puedan dedicar por completo la mente, el corazón y el cuerpo a eso que realmente les gusta hacer, a eso que aman?

Descubrir eso requiere mucha inteligencia; porque si ustedes tienen miedo de no poder ganarse el sustento, o de no encajar en esta corrupta sociedad, entonces nunca lo descubrirán. Pero si no tienen miedo, si se niegan a que sus padres, sus maestros y las exigencias superficiales de la sociedad los empujen dentro de la rutina de la tradición, entonces hay una posibilidad de que descubran lo que realmente quieren hacer en la vida. Para descubrirlo, pues la subsistencia no ha de inspirarles temor alguno.

Pero casi todos nosotros tenemos miedo de no poder subsistir; decimos: “¿Qué me sucederá si no hago lo que dicen mis padres, si no encajo en esta sociedad?” Estando atemorizados, hacemos lo que nos dicen, y en eso no hay amor, sólo hay contradicción. Y esta contradicción interna es uno de los factores que dan origen a la destructiva ambición.

Por lo tanto, es un objetivo básico de la educación ayudarlos a que descubran lo que verdaderamente quieren hacer en la vida, a fin de que puedan entregar a ello la totalidad de la mente y del corazón, porque eso crea la dignidad humana, la cual barre con la mediocridad, con la mezquina mentalidad burguesa. Por eso es muy importante que tengan los maestros apropiados, la atmósfera apropiada, para que puedan desarrollarse con el amor que se expresa a sí misma en lo que están haciendo. Sin este: amor, sus exámenes, sus conocimientos, sus capacidades, la posición o las posesiones que tengan, son sólo cenizas, no tienen sentido alguno; sin este amor sus acciones van a traer más guerras, más odio, más daño y destrucción. Todo esto quizá no signifique nada para ustedes, porque exteriormente son aún muy jóvenes, pero espero que signifique algo para sus maestros - y también para ustedes en alguna parte muy profunda del ser.

Interlocutor: ¿Por qué siente usted timidez?

Krishnamurti: ¿Sabe?, es una cosa extraordinaria en la vida ser anónimo - no ser famoso ni grande, no ser muy ilustrado, no ser un tremendo reformador o revolucionario, ser sencillamente nadie. Y cuando uno realmente lo siente así, el estar rodeado de pronto por un montón de gente curiosa crea una sensación de retraimiento. Eso es todo.

Interlocutor: ¿Cómo podemos realizar la verdad en nuestra vida de cada día?

Krishnamurti Pensamos que la verdad es una cosa y que nuestra vida cotidiana es otra cosa diferente. Y en nuestra vida de cada día queremos realizar lo que llamamos la verdad. Pero, ¿está la verdad separada de la vida cotidiana? Cuando ustedes crezcan tendrán que ganarse la subsistencia, ¿no es así? Después de todo, a fin de prepararse para eso es que aprueban sus exámenes. Pero a mucha gente no le preocupa en qué campo de actividades penetra mientras gane ahí algún dinero. Con tal de obtener un empleo, no les importa que ello implique ser un militar, un policía, un abogado, o alguna clase de deshonesto hombre de negocios.

Ahora bien, descubrir la verdad de lo que constituye un correcto medio de subsistencia, es importante, ¿no es cierto? Porque la verdad se encuentra en la vida de ustedes, no fuera de ella. La manera en que hablan, lo que dicen, cómo sonríen, si son mentirosos o aduladores, todo eso es la verdad en la vida cotidiana de cada uno de ustedes. Por lo tanto, antes de que se conviertan en militares, policías, abogados o astutos hombres de negocios, ¿no deben percibir la verdad de estas profesiones? Ciertamente, a menos que vean la verdad de lo que hacen, y estén guiados por esa verdad, la vida se les convertirá en una confusión espantosa.

Consideremos la cuestión de si uno debe convertirse en un militar, pues las otras profesiones son un poco unas complejas. Aparte de la propaganda y de lo que dice otra gente, ¿cuál es la verdad que concierne a la profesión de militar? Si un hombre se convierte en militar, eso significa que tiene que luchar para proteger su país, tiene que disciplinar su mente no para pensar sino para obedecer. Debe estar listo para matar o ser matado - ¿por qué? Por una idea que ciertas personas, grandes o insignificantes, han aseverado que es correcta. De modo que uno se convierte en militar para sacrificarse e instar a otros. ¿Es ésa una profesión apropiada? No se lo pregunten a algún otro, descubran por sí mismos la verdad que hay en esto. Se les habla de matar por el bien de una maravillosa utopía en el futuro - ¡como si el hombre que dice eso lo supiera todo acerca del futuro! ¿Piensan ustedes que la profesión de matar es una profesión correcta, tanto si es por el país de uno como por alguna religión organizada? ¿Es alguna vez correcto matar?

Por consiguiente, si quieren descubrir la verdad en ese vital proceso que es la propia vida de ustedes. Tendrán que inquirir profundamente en todas estas cosas; tendrán que poner en ello la mente y el corazón. Tendrán que pulsar con independencia, con claridad y sin prejuicios, porque la verdad no se encuentra lejos de la vida; está en el movimiento mismo de nuestro diario vivir.

Interlocutor: ¿Acaso las imágenes, los Maestros y los santos, no nos ayudan a meditar correctamente?

Krishnamurti: ¿Sabe usted qué es la meditación correcta? ¿No quiere descubrir por sí mismo la verdad de esto? ¿Y podrá descubrir esa verdad si acepta lo que la autoridad afirma acerca de lo que es la correcta meditación?

Éste es un problema inmenso. Para descubrir el arte de la meditación, uno debe conocer toda la extensión y profundidad de este proceso extraordinario llamado el pensar. Si aceptamos alguna autoridad que dice: “Mediten en estos términos”, somos meramente seguidores, ciegos sirvientes de un sistema o una idea. Nuestra aceptación de la autoridad se basa en la esperanza de obtener un resultado y eso no es meditación.

Interlocutor: ¿Cuáles son los deberes de un estudiante?

Krishnamurti: ¿Qué significa la palabra “deber”? ¿Deber hacia qué? ¿Deber hacia su país conforme a lo que sostiene un político? ¿Deber hacia su padre o su madre de acuerdo con los deseos de ellos? Ellos le dirán que su deber es hacer las cosas que le dicen que haga; y eso que le dicen está condicionado por el trasfondo de ellos, por la tradición etc. ¿Y qué es un estudiante? ¿Es un muchacho - o una muchacha - que va a la escuela y lee unos cuantos libros a fin de aprobar algunos exámenes? ¿O sólo es estudiante el que está aprendiendo todo el tiempo y para quien, por consiguiente, el aprender no termina jamás? Por cierto, la persona que solamente lee por encima un tema, aprueba un examen y después abandona eso, no es un estudiante. El verdadero estudiante está estudiando, aprendiendo; explorando, no sólo hasta que cumple veinte o veinticinco años, sino a lo largo de toda su vida.

Ser estudiante es aprender todo el tiempo; y mientras uno está aprendiendo, no existe el maestro, ¿verdad? En el momento en que usted es estudiante, no hay nadie en particular que le esté enseñando, porque usted está aprendiendo de todas las cosas. La hoja arrastrada por el viento, el murmullo de las aguas en las orillas de un río, el vuelo de un pájaro en lo alto de los cielos, el hombre pobre que pasa a nuestro lado con una pesada carga, las personas que piensan que lo saben todo acerca de la vida... Usted está aprendiendo de todo ello y, por lo tanto, no existe el maestro y usted no es un seguidor.

De modo que el único deber de un estudiante es aprender. Hubo una vez en España un pintor famoso cuyo nombre era Goya. Fue uno de los más grandes, y cuando ya era un hombre muy viejo escribió bajo una de sus pinturas: ‘todavía estoy aprendiendo”. Ustedes pueden aprender de los libros, pero eso no los lleva muy lejos. Un libro sólo puede darles lo que el autor tiene que decir. Pero el aprender que llega mediante el conocimiento propio no tiene límites, porque aprender a través del conocimiento de uno mismo es saber cómo escuchar, cómo observar y, por lo tanto, uno aprende de todas las cosas: de la música, de lo que dice la gente y de la manera en que lo dice, aprende de la ira, de la codicia, de la ambición.

Esta tierra es nuestra, no pertenece a los comunistas, a los socialistas o a los capitalistas; es de ustedes y mía, para que vivamos en ella dichosamente, plenamente, sin conflictos. Pero esa riqueza de vida, esa felicidad, ese sentir que “esta tierra es nuestra”, no puede generarse por el esfuerzo ni por medio de la ley. Tiene que llegar desde adentro, porque amamos la tierra y todas las cosas que hay en ella; y ése es el estado de aprender.

Interlocutor: ¿Cuál es la diferencia entre respeto y amor?

Krishnamurti: Uno puede buscar las palabras “respeto y “amor” en un diccionario y encontrar la respuesta. ¿Es eso lo que usted quiere saber? ¿Quiere conocer él significado superficial de esas palabras, o le interesa la significación que hay detrás de ellas?

Cuando llega un hombre prominente - un ministro o un gobernador - ¿ha notado usted la forma en que todos lo saludan? A eso llaman ustedes respeto, ¿no es así? Pero tal respeto es falso, porque tras él hay temor, codicia. Quieren obtener algo del pobre diablo, y por eso ponen una guirnalda alrededor de su cuello. Eso no es respeto, es meramente la moneda con la que compran y venden en el mercado. No sienten respeto por el sirviente que tienen o por el aldeano, sino solamente por aquellos de quienes esperan obtener algo. Esa clase de respeto es, en realidad, temor; no es respeto en absoluto, no tiene ningún sentido. Pero si usted realmente tuviera amor en su corazón, entonces para usted el gobernador, el maestro, su sirviente y el aldeano serían todos lo mismo; entonces sentiría respeto por todos ellos, porque el amor no pide nada a cambio.

El Propósito de la Educación

Capítulo 7 - La Ambición

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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