Jiddu Krishnamurti texts Jiddu Krishnamurti quotes and talks, 3000 texts in many languages. Jiddu Krishnamurti texts

El Propósito de la Educación

Capítulo 10 - La Belleza Interior

Estoy seguro de que todos hemos experimentado, una que otra vez, una gran sensación de tranquilidad y belleza que llega a nosotros desde los campos verdes, desde el sol poniente, desde las serenas aguas o los picos coronados de nieve. Pero, ¿qué es la belleza? ¿Es meramente lo que apreciamos, o la belleza es algo aparte de la percepción? Si uno tiene buen gusto en el vestir, si usa colores que armonizan, si tiene modales dignos, si habla serenamente y se mantiene erguido, todo eso contribuye a la belleza, ¿no es así? Pero ésa es meramente la expresión externa de un estado interior, como un poema que escribimos o un cuadro que pintamos. Uno puede mirar el campo verde que se refleja en el río, y no experimentar sensación alguna de belleza, pasar simplemente de largo. Si, como ocurre con el pescador, vemos todos los días como las golondrinas vuelan sobre la superficie del agua, eso probablemente significará muy poco para nosotros; pero si estamos atentos a la extraordinaria belleza de algo como eso, ¿qué es lo que pasa dentro de nosotros y nos hace decir: “¡Qué bello es!”? ¿Qué es lo que hace surgir este sentido interno de la belleza? Está la belleza de la forma externa: ropas de buen gusto, hermosas pinturas, muebles atractivos, o ausencia total de muebles, paredes bien proporcionadas, ventanas perfectas en su diseño, etc. No estoy hablando solamente de eso, sino de aquello que hace surgir esta belleza interior.

Ciertamente, para poseer esta belleza interior, tiene que haber una total entrega del ser; hay que sentir que no se está apegado a nada, que no hay represión ni defensa ni resistencia alguna; pero si esto no viene acompañado por la austeridad, la entrega de uno mismo se vuelve caótica. Y, ¿sabemos nosotros qué significa ser austeros, contentarnos con poco y no pensar en términos de “más”? Tiene que existir esta entrega total acompañada de una profunda austeridad interna - la austeridad que es extraordinariamente sencilla porque la mente no está adquiriendo o ganando nada; no piensa en términos de “más”. Es la sencillez nacida de la entrega de nosotros mismos con austeridad, la que da origen a la belleza creativa. Pero si no hay amor, no podemos ser sencillos, no podemos ser austeros. Podremos hablar de sencillez y austeridad, pero sin amor éstas son una mera forma de compulsión y, por lo tanto, no existe la entrega de nosotros mismos. Sólo tiene amor aquel que se entrega y se olvida por completo de sí mismo y, por eso, da origen al estado de belleza creativa.

La belleza, obviamente, incluye la armonía de la forma; pero sin la belleza interior, la mera apreciación sensoria de la belleza formal, conduce a la degradación, a la desintegración. Hay belleza interior sólo cuando sentimos verdadero amor por la gente y por todas las cosas de la tierra; y con ese amor adviene un sentido extraordinario de consideración, de atención, de paciencia. Podremos tener una técnica perfecta, como la que tienen un cantante o un poeta, podremos saber cómo pintar o cómo reunir palabras, pero sin esta creativa belleza interior nuestro talento tendrá muy poca significación.

Desafortunadamente, casi todos nos estamos convirtiendo en meros técnicos. Aprobamos exámenes, adquirimos esta u otra técnica a fin de ganarnos la subsistencia; pero adquirir cierta técnica o desarrollar una capacidad sin prestar atención al estado interno, origina fealdad y caos en el mundo. Si despertamos interiormente la belleza creativa, ésta se expresa a sí misma en lo externo, y entonces hay orden. Pero eso es mucho más difícil que adquirir una técnica, porque implica la completa abnegación de nosotros mismos, implica vivir sin temor alguno, sin represión, sin resistencia, sin defensas; y podemos entregarnos así sólo cuando hay austeridad, un sentido de gran sencillez interna. Externamente podremos ser muy sencillos, no tener más que unas pocas ropas y conformarnos con una comida al día; pero eso no es austeridad. Hay austeridad cuando la mente es capaz de una experiencia infinita - cuando tiene experiencias y, no obstante, permanece siendo muy sencilla. Pero ese estado puede surgir sólo cuando la mente ya no está pensando en términos de “más”, en términos de poseer o de llegar a ser alguna cosa a través del tiempo.

Aquello de que estoy hablando puede ser difícil de comprender para ustedes, pero es realmente muy importante. Vean, los técnicos no son creadores; y hay cada vez más técnicos en el mundo, personas que saben lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, pero que no son creadoras. En los Estados Unidos hay máquinas calculadoras capaces de resolver, en pocos minutos, problemas matemáticos que a un hombre le tomarla cien años resolverlos trabajando a razón de diez horas por día. Ya se están desarrollando estas máquinas extraordinarias. Pero las máquinas jamás pueden ser creadoras - y los seres humanos se están volviendo más y más como máquinas. Aun cuando se rebelan, su rebelión está dentro de los límites de la máquina y, por consiguiente, no es rebelión en absoluto.

Es, pues, muy importante descubrir qué implica ser creativo. Podemos ser creativos sólo cuando hay una completa entrega de nosotros mismos - o sea, cuando realmente no hay sentido alguno de compulsión, ni temor de no ser, de no lograr, de no llegar. Entonces existe una gran austeridad, una gran sencillez y, con ello, hay amor. Todo eso es la belleza, el estado de creatividad.

Interlocutor: ¿Sobrevive el alma después de la muerte?

Krishnamurti: Si usted realmente quiere saberlo, ¿como lo va a averiguar? ¿Leyendo lo que han dicho al respecto Shankara, Buda o Cristo? ¿Escuchando a su propio líder o santo particular? Pueden estar todos equivocados. ¿Está usted preparado para admitir esto - lo cual implica que su mente está en posición de inquirir?

Por cierto, primero tiene que descubrir si es que existe un alma, y después si sobrevive o no. ¿Qué es el alma? ¿Sabe usted lo que es? ¿O meramente le han dicho que hay un alma - se lo han dicho sus padres, el sacerdote, un libro determinado, su ambiente cultural - y usted ha aceptado eso?

La palabra “alma” implica algo que está más allá de la simple existencia física, ¿no es así? Está su cuerpo físico, y también su carácter, sus tendencias, sus virtudes; y usted dice que, trascendiendo todo esto, está el alma. Si tal estado existe en absoluto, tiene que ser espiritual, algo que posee la calidad de lo intemporal; y usted pregunta si ese algo espiritual sobrevive a la muerte. Esa es una parte de la pregunta.

La otra parte es: ¿Qué es la muerte? ¿Sabe usted qué es la muerte? Desea saber si hay supervivencia después de la muerte; vea, esa pregunta no es importante. La pregunta que importa es: ¿Puede uno conocer la muerte mientras está viviendo? ¿Qué sentido tiene si alguien le dice que hay o que no hay supervivencia después de la muerte? Usted seguirá sin saberlo. Pero uno puede descubrir por sí mismo qué es la muerte, no después de morirse, sino mientras está vivo, sano, vigoroso, mientras está pensando, sintiendo.

Esto también forma parte de la educación. Educarse no es solamente llegar a ser un experto en matemáticas, historia o geografía; es también la capacidad de comprender esta cosa extraordinaria llamada muerte - no cuando uno se está muriendo físicamente, sino mientras está vivo, mientras ríe, mientras trepa a un árbol, mientras navega en un velero o mientras está nadando. La muerte es lo desconocido, y lo que importa es saber acerca de lo desconocido mientras uno está viviendo.

Interlocutor: ¿Por qué, cuando nos enfermamos, nuestros padres se atormentan y atormentan por nosotros?

Krishnamurti: A casi todos los padres les concierne, al menos hasta cierto punto, atender a sus hijos, cuidarlos, pero cuando se atormentan y atormentan, ello indica que están más preocupados por sí mismos que por sus hijos. Ellos no quieren que éstos mueran, porque dicen: “Si muere nuestro hijo (o hija), ¿qué va a ser de nosotros?” Si los padres amaran a sus hijos, ¿saben lo que ocurriría? Si sus padres los amaran realmente, se ocuparían de que ustedes no tuvieran motivo alguno para estar atemorizados, de que fueran seres humanos saludables y dichosos, de que no hubiera guerras ni pobreza en el mundo, de que la sociedad no los destruyera ni a ustedes ni a ninguno de los seres que los rodean, ya sean los aldeanos, o los habitantes de las ciudades, o los animales. Es porque los padres no aman verdaderamente a sus hijos que hay guerras, que existen el rico y el pobre. Han investido con sus propios egos a sus hijos, y a través de sus hijos esperan continuar, y si sus hijos se enferman seriamente, ellos se atormentan; por lo tanto, se preocupan por su propio dolor. Pero no admitirán eso.

Vean, la propiedad, la tierra, el nombre, la riqueza y la familia, son los medios de nuestra propia continuidad, a la que también llamamos “inmortalidad”; y cuando algo les ocurre a sus hijos, los padres se aterran, se sumergen en un gran dolor, porque están preocupados principalmente por ellos mismos. Si de verdad se preocuparan por sus hijos, la sociedad se transformaría de la noche a la mañana; tendríamos una clase diferente de educación, hogares diferentes, un mundo sin guerras.

Interlocutor: Los templos, ¿no deberían estar abiertos para todo el mundo, a fin de que todos pudieran orar en ellos?

Krishnamurti: ¿Qué es el templo? Es un lugar de adoración en el que existe un símbolo de Dios, siendo el símbolo una imagen concebida por la mente y tallada en piedra por la mano. Esa piedra, esa imagen no es Dios ¿verdad? Es solamente un símbolo, y el símbolo es como nuestra sombra cuando caminamos al sol. La sombra no somos nosotros; y estas imágenes, estos símbolos en el templo, no son Dios, no son la verdad. ¿Qué importa, entonces, quién entra o quién no entra en el templo? ¿Por qué agitarse tanto al respecto? La verdad puede hallarse debajo de una hoja muerta, o en una piedra al borde del campo, o en las aguas que reflejan la belleza de un atardecer; puede hallarse en las nubes, en la sonrisa de una mujer que lleva una carga. La realidad existe en todo este mundo, no necesariamente en el templo; y, por lo general, no se encuentra en el templo, porque el templo es creado por el temor del hombre, se basa en su deseo de seguridad, en sus divisiones de credo y de casta. Este mundo es nuestro, somos seres humanos que vivimos juntos, y si un hombre está buscando a Dios, evita los templos, porque éstos dividen a la gente. La iglesia cristiana, la mezquita mahometana, los propios templos hindúes de ustedes, todos dividen a la gente, y un hombre que está buscando a Dios no tendrá que ver con ninguna de estas cosas. Por lo tanto, la cuestión de si esta u otra persona debería o no debería entrar en el templo, se vuelve un asunto meramente político; carece de realidad.

Interlocutor: ¿Qué papel juega la disciplina en nuestras vidas?

Krishnamurti: Desafortunadamente, juega un gran papel, ¿no es así? Una gran parte de la vida de ustedes se halla disciplinada: haz esto y no hagas eso. Se les dice cuándo tienen que levantarse, qué han de comer y qué no han de comer, lo que deben saber y no saber; se les dice que deben leer, asistir a las clases, aprobar los exámenes, etc. Sus padres, sus maestros, la sociedad, la tradición, sus libros sagrados, todos les dicen qué cosas deben hacer; de modo que la vida de ustedes está atada, entorpecida por la disciplina, ¿no es así? Son prisioneros de los hazlo y los no lo hagas, que constituyen los barrotes de la jaula en que se encuentran.

Ahora bien, ¿qué le ocurre a una mente que está amarrada por la disciplina? Ciertamente, es sólo cuando le tememos a algo, cuando oponemos resistencia a algo, que tiene que haber disciplina; entonces tenemos que controlarnos, que refrenarnos a nosotros mismos. O uno hace esto por su propia voluntad, o la sociedad lo hace por uno - siendo la sociedad nuestros padres, nuestros maestros, nuestra tradición, nuestros libros sagrados. Pero si uno comienza a inquirir, a descubrir, si aprende y comprende sin temor, ¿es entonces necesaria la disciplina? Entonces esa comprensión misma genera su propio y verdadero orden, que no nace de imposición ni compulsión alguna.

Reflexionen seriamente sobre esto; porque cuando se disciplinan por medio del temor, cuando son agobiados por la compulsión de la sociedad, dominados por lo que dicen sus padres y sus maestros, no existe para ustedes la libertad ni la alegría, y toda iniciativa ha muerto. Cuanto más antigua es la cultura, más grande es el peso de la tradición que los disciplina, que les dice lo que deben y no deben hacer; y así quedan abrumados, aplastados psicológicamente, como si una apisonadora hubiera pasado por encima de ustedes. Eso es lo que ha sucedido en la India. El peso de la tradición es tan enorme que ha destruido toda la iniciativa, y ustedes han dejado de ser individuos; son meramente partes de una maquinaria social, y están contentos con eso, ¿entienden? No se rebelan, no estallan, no rompen con ello. Sus padres no desean que se rebelen, sus maestros no desean que rompan con la maquinaria; por consiguiente, la educación aspira a hacer que ustedes se amolden al patrón establecido. Entonces no son seres humanos completos, porque el miedo les roe el corazón; y mientras hay miedo, no hay alegría, no hay creatividad.

Interlocutor: Hace un momento, cuando usted hablaba del templo, se refirió al símbolo de Dios como meramente una sombra. No podemos ver la sombra de un hombre sin el hombre real que la proyecta.

Krishnamurti: ¿Está usted satisfecho con la sombra? Si tiene hambre, ¿se contentará meramente con mirar la comida? ¿Por qué, entonces, satisfacerse con la sombra en el templo? Si quiere comprender profundamente lo real, hará caso omiso de la sombra. Pero ya lo ve, ustedes están hipnotizados por la sombra, por el símbolo, por la imagen de piedra. Mire lo que pasa en el mundo: las gentes están divididas porque adoran una sombra particular en la mezquita, en el templo, en la iglesia. Puede haber multiplicidad de sombras, pero sólo existe una realidad, la cual no puede dividirse. Y no hay sendero alguno que conduzca hacia la realidad - ni cristiano ni musulmán ni hindú ni ningún otro sendero.

Interlocutor: Los exámenes pueden ser innecesarios para el joven rico o la joven cuyo futuro está asegurado; pero, ¿no son necesarios, acaso, para los estudiantes pobres que deben prepararse a fin de ganarse la vida? ¿Y es esa necesidad menos apremiante, en especial si consideramos la sociedad tal como es?

Krishnamurti: Usted da por sentada la sociedad tal como es. ¿Por qué? Usted, que no pertenece a la clase pobre, que está bastante acomodado, ¿por qué no se rebela - no como comunista o socialista, sino contra todo el sistema social? Usted tiene los medios para hacerlo; entonces, ¿por qué no usa su inteligencia para descubrir lo verdadero y crear una sociedad nueva? El hombre pobre no se va a rebelar de ese modo, porque le falta la energía o el tiempo para pensar; está totalmente ocupado, necesita comida, trabajo. Pero usted, que dispone de ocio, que tiene un poco de tiempo libre para usar su inteligencia, ¿por qué no se rebela? ¿Por qué no descubre usted qué es una sociedad justa, una sociedad verdadera, y construye una nueva civilización? Si ello no comienza con usted, es obvio que no comenzará con el pobre.

Interlocutor: ¿Estarán dispuestos alguna vez los ricos a entregar, por el bien de los pobres, mucho de lo que poseen?

Krishnamurti: No estamos hablando de lo que los ricos deberían entregar por el bien de los pobres. Cualquier cosa que entregaran, no sería suficiente para satisfacer a los pobres - pero ése no es el problema. Usted, que está bien acomodado, y que por eso tiene la oportunidad de cultivar la inteligencia, ¿no puede rebelarse a fin de crear una sociedad nueva? Eso depende de usted, no de algún otro; depende de cada uno de nosotros, no del rico o del pobre, ni de los comunistas. Vea, casi ninguno de nosotros tiene este espíritu de rebelión, este impulso de abrirse paso, de descubrir; y este espíritu es lo esencial.

El Propósito de la Educación

Capítulo 10 - La Belleza Interior

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

suntzuart

the 48 laws of power