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El Propósito de la Educación

Capítulo 11 - Conformidad y Rebelión

¿Nos hemos sentado alguna vez muy quietamente con los ojos cerrados, observando el movimiento de nuestro propio pensar? ¿Hemos observado cómo trabaja nuestra mente? O más bien, ¿se ha observado nuestra mente a sí misma mientras opera, sólo para ver lo que son nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, para ver como miramos los árboles, las flores, los pájaros, cómo miramos a la gente, cómo respondemos a una sugestión o cómo reaccionamos a una idea nueva? ¿Hemos hecho esto alguna vez? ¿Lo han hecho ustedes? Si no lo han hecho, se están perdiendo muchísimo. Saber cómo trabaja la mente de uno es un propósito básico de la educación. Si no sabemos cómo reacciona nuestra mente, si nuestra mente no se da cuenta de sus propias actividades, jamás descubrirá qué es la sociedad. Podremos leer libros sobre sociología, estudiar ciencias sociales, pero si no sabemos cómo trabaja nuestra propia mente, no podremos comprender qué es la sociedad, porque nuestra mente forma parte de la sociedad; es la sociedad. Nuestras reacciones, nuestras creencias, nuestro acudir al templo, las ropas que vestimos, las cosas que hacemos y no hacemos, lo que pensamos, la sociedad está constituida por todo esto, es la réplica de lo que ocurre en nuestra propia mente. Por lo tanto, nuestra mente no se encuentra aparte de la sociedad, no es distinta de nuestra cultura, de nuestra religión, de las múltiples divisiones de clase, de las ambiciones y conflictos de las masas. Todo esto es la sociedad, y nosotros formamos parte de ella. No hay un “nosotros” o un “ustedes” separado de la sociedad.

Ahora bien, la sociedad está tratando siempre de controlar, de formar, de moldear el pensar de los jóvenes. Desde el momento en que nacen y comienzan a recibir impresiones, el padre y la madre de ustedes les están diciendo constantemente lo que deben y no deben hacer, lo que deben y no deben creer; les dicen que hay un Dios, o que no hay un Dios sino un Estado y que cierto dictador es el profeta del mismo. Desde la infancia vierten estas cosas dentro de ustedes, lo cual implica que sus mentes - que son muy jóvenes, impresionables, inquisitivas, que tienen curiosidad de conocer, deseo de descubrir - se vean gradualmente encajonadas, condicionadas, moldeadas para que ustedes se ajusten a una sociedad particular y no sean revolucionarios. Puesto que el pensar conforme a un patrón ya ha sido establecido en ustedes, cuando alguna vez se “repelan” lo hacen dentro del patrón. Como los prisioneros que se rebelan para tener mejor comida, mayores comodidades - pero siempre dentro de la prisión. Cuando buscan a Dios, o tratan de averiguar qué gobierno es el apropiado, lo hacen siempre dentro del patrón de la sociedad, que dice: “Esto es verdadero y aquello es falso, esto es bueno y aquello es malo, éste es el líder justo y éstos son los santos”. Por consiguiente, la rebelión de ustedes - como la así llamada “revolución” que llevan a cabo personas ambiciosas o muy hábiles - está siempre limitada por el pasado. Eso no es rebelión, eso no es revolución; es meramente una actividad más intensa, una lucha más valerosa dentro del patrón. La verdadera rebelión, la verdadera revolución, consiste en romper con el patrón e investigar fuera de él.

Vean, todos los reformadores - no importa quiénes sean - se interesan tan sólo en mejorar las condiciones dentro de la prisión. Jamás nos dicen que no nos amoldemos, jamás dicen: “Ábranse paso por los muros de la tradición y la autoridad, quítense de encima el condicionamiento que sujeta a la mente”. Y ésa es la verdadera educación; no solamente exigirles que aprueben sus exámenes para los cuales se han llenado la cabeza, o que formulen por escrito lo que han aprendido de memoria; la educación es para ayudarles a que vean los muros de esta prisión en que se halla recluida la mente. La sociedad influye sobre todos nosotros, moldea constantemente nuestro pensar, y esta presión que la sociedad ejerce desde lo externo, gradualmente se traduce como lo interno mientras no nos abrimos paso por este condicionamiento. Ustedes tienen que saber lo que piensan, y si están pensando como hindúes, o musulmanes, o cristianos; o sea, si piensan en los términos de la religión a que puedan pertenecer. Deben estar conscientes de lo que creen o no creen. Todo esto es el patrón de la sociedad y, a menos que se den cuenta del patrón y rompan con él, siguen siendo prisioneros aunque puedan pensar que son libres.

Pero ya ven, casi todos nosotros nos interesamos en rebelarnos dentro de la prisión; queremos comer mejor, queremos un poco más de luz, una ventana más grande para poder ver un poco más de cielo. Nos preocupa si el paria debe o no debe entrar en el templo; queremos terminar con esta casta particular, y en el acto mismo de terminar con una, creamos otra, una casta “superior”; por lo que seguimos siendo prisioneros, y dentro de la prisión no hay libertad. La libertad se encuentra fuera de los muros, fuera del patrón de la sociedad; pero a fin de librarnos de ese patrón, tenemos que comprender todo lo que contiene, lo cual implica comprender nuestra propia mente. Esa es la mente que ha dado origen a la actual civilización, a esta cultura o sociedad atada a la tradición. Y, sin comprender nuestra propia mente, tiene muy poco sentido rebelarse como comunista, socialista, esto o aquello. Por eso es muy importante el conocimiento propio, el darnos cuenta de todas nuestras actividades, de nuestros pensamientos y sentimientos - y esto es educación, ¿verdad? Porque cuando somos plenamente conscientes de nosotros mismos, nuestra mente se vuelve muy sensible, muy alerta.

Intenten esto - no algún día en el lejano futuro, sino mañana o esta tarde. Si en la habitación hay demasiadas personas, o si la casa en que viven está atestada, entonces salgan afuera solos, siéntense bajo un árbol o a la orilla del río, y observen con tranquilidad cómo trabaja la propia mente. No la corrijan, no digan: “Esto está bien, aquello está mal”; sólo obsérvenla, como lo harían con una película. Cuando van al cine no toman parte en la película; los que la interpretan son los actores y las actrices, pero ustedes sólo la están observando. Del mismo modo, observen cómo está trabajando la propia mente. Es en verdad muy interesante, mucho más interesante que cualquier película, porque nuestra mente es el residuo de todo el mundo y contiene todo lo que han experimentado los seres humanos. ¿Comprenden? Nuestra mente es la humanidad, y cuando perciban esto, tendrán una compasión inmensa. Cuando esto se comprende, a causa de esta comprensión adviene un gran amor; y entonces, con ese amor, sabrán qué es la belleza.

Interlocutor: ¿Cómo aprendió usted todo aquello de que habla, y cómo podemos nosotros llegar a conocer eso?

Krishnamurti: Es una buena pregunta, ¿no?
Bien, si se me permite hablar un poco acerca de mí mismo, yo no he leído ninguna clase de libros que traten de estas cosas, ni los Upanishads ni el Bhagavad Gita ni libros psicológicos; pero, tal como les dije, si uno observa su propia mente, ahí está todo. Así, una vez que emprendemos el viaje del conocimiento propio, los libros no son importantes. Es como penetrar en una tierra extraña donde comenzamos a encontrar cosas nuevas y a hacer descubrimientos asombrosos; pero vea, todo eso se destruye si nos damos importancia a nosotros mismos. En el momento en que decimos: “He descubierto, sé, soy importante porque he dado con esto y con aquello”, estamos perdidos. Si usted ha de emprender un largo viaje, es muy poco lo que tiene que llevar consigo; si desea escalar hasta una gran altura, ha de viajar con poco equipaje.

Por lo tanto, esta cuestión es realmente importante, porque el descubrimiento y la compresión llegan a través del conocimiento propio, llegan observando los comportamientos de la mente. Observando lo que opinamos de nuestro prójimo, el modo en que hablamos, en que caminamos, en que miramos el cielo, los pájaros, en que tratamos a la gente, en que cortamos una rama - todas estas cosas son importantes, porque actúan como espejos en que vemos lo que somos; y, si estamos alertas, todo lo que descubrimos de instante en instante es nuevo.

Interlocutor: ¿Debemos o no debemos formarnos una idea acerca de alguien?

Krishnamurti: ¿Debe uno tener ideas acerca de la gente? ¿Debe formarse una opinión, emitir un juicio con respecto a alguien? Cuando tenemos ideas acerca de nuestro maestro, ¿qué es lo importante para nosotros? No el maestro, sino nuestras ideas sobre él. Y eso es lo que sucede en la vida, ¿no es así? Todos tenemos opiniones sobre la gente; decimos: “él es bueno”, “él es vanidoso”, “él es supersticioso”, “él hace esto o aquello”. Existe una pantalla de ideas entre nosotros y la otra persona - por lo tanto, jamás conocemos realmente a esa persona. Habiendo visto a alguien hacer alguna cosa, decimos: “Él ha hecho esto”; así, se vuelve importante fechar acontecimientos, ¿comprende? Si alguno hace algo que consideramos bueno o malo, tenemos entonces una opinión de él, la cual tiende a fijarse y, cuando nos encontramos con esa persona diez días o un año después, seguimos pensando acerca de ella en los términos de nuestra opinión. Pero durante este período, esa persona puede haber cambiado. Por lo tanto, es muy importante no decir: “Él es así’, sino decir: “Él era así en febrero”, porque a fines de año él puede ser por completo diferente. Si decimos de alguien: “Yo conozco a esa persona”, podemos estar completamente equivocados, porque la conocemos sólo hasta cierto punto, o por los sucesos que tuvieron lugar en una fecha determinada, y más allá de eso no la conocemos en absoluto. En consecuencia, lo que importa es acercarnos siempre a otro ser humano con la mente fresca y no con nuestros prejuicios, con nuestras ideas fijas, con nuestras opiniones.

Interlocutor: ¿Qué es el sentir y de qué modo sentimos?

Krishnamurti: Si ustedes estudian psicología, el maestro les habrá explicado probablemente cómo está formado todo el sistema nervioso humano. Cuando alguien nos pincha sentimos dolor. ¿Qué significa eso? Nuestros nervios llevan una sensación al cerebro, el cerebro la traduce como dolor, y entonces decimos: “Me has hecho daño”. Bien, ésta es la parte física del sentir.

De la misma manera, existe el sentimiento psicológico, ¿no es así? Si uno piensa que es maravillosamente hermoso, y alguien dice: “Qué persona fea es usted”, uno se siente lastimado. ¿Eso qué quiere decir? Escuchamos ciertas palabras que nuestro cerebro traduce como desagradables o insultantes, y nos sentimos perturbados; o alguien nos elogia, y decimos: “¡Qué grato es escuchar esto!” Por lo tanto, el sentir‑pensar es una reacción - una reacción a un pinchazo, a un insulto, a un elogio, etcétera. La totalidad de esto es el proceso del sentir‑pensar, pero es mucho más complejo que esto, y uno puede profundizar más y más en ello.

Vea, cuando sentimos algo siempre lo nombramos, ¿verdad? Decimos que es placentero o doloroso. Cuando nos enojamos, a ese sentimiento le damos un nombre, lo llamamos enojo. ¿Alguna vez han pensado qué pasaría si no nombraran un sentimiento? Inténtenlo la próxima vez que se enojen, no lo llamen enojo; sólo estén alertas al sentimiento sin darle un nombre, y vean qué ocurre.

Interlocutor: ¿Cuál es la diferencia entre la cultura india y la cultura norteamericana?

Krishnamurti: Cuando hablamos de la cultura norteamericana, generalmente queremos decir la cultura europea que fue trasplantada a América del Norte, una cultura que desde entonces se ha modificado extendiéndose y encontrando nuevas fronteras, tanto físicas como mentales.

¿Y qué es la cultura india? ¿Qué es la cultura que ustedes tienen aquí? ¿Qué entienden por la palabra “cultura”? Si uno ha practicado algo la jardinería, sabe como preparar y cultivar la tierra. Cava, saca las piedras Y. Si es necesario, agrega abono - una mezcla descompuesta de hojas, heno, estiércol y otras clases de materia orgánica, a fin de enriquecer el suelo - y luego planta. La tierra rica nutre la planta, y la planta produce, gradualmente, eso tan maravillosamente hermoso que se llama una rosa.

Ahora bien, la cultura india es como eso. Millones de personas la han producido mediante sus luchas, ejerciendo la voluntad, deseando esto y resistiendo aquello, pensando constantemente, sufriendo, temiendo, eludiendo, gozando; también han influido en ella el clima, la alimentación y el vestir. Tenemos, pues, un suelo extraordinario, siendo el suelo la mente; y antes de que ésta fuera completamente moldeada, hubo unas cuantas personas vitales, creativas, que extendieron explosivamente la cultura india por todo el Asia. Ellas no dijeron, como dicen ustedes: “Debo aceptar los mandatos de la sociedad. ¿Qué pensará mi padre si no lo hago?” Por el contrario, eran personas que habían descubierto algo, y no eran seres tibios, ardían con eso. Y bien, la totalidad de eso es la cultura india. Lo que ustedes piensan, lo que comen, las ropas que visten, sus modales, sus tradiciones, su manera de hablar, sus pinturas y estatuas, sus dioses, sus sacerdotes y sus libros sagrados, todo eso es la cultura india, ¿correcto?

Así que la cultura india es de algún modo diferente de la cultura europea, pero por debajo el movimiento es el mismo. Este movimiento puede expresarse de manera diferente en América, porque los requerimientos son distintos ahí; hay menos tradición y tienen más refrigeradores, automóviles, etc. Pero por debajo de ello, el movimiento es el mismo - el movimiento para hallar la felicidad, para descubrir qué es Dios, qué es la verdad; y cuando este movimiento se detiene, la cultura declina, como ha sucedido en este país. Cuando este movimiento es bloqueado por la autoridad, por la tradición, por el miedo, hay decadencia, deterioro.

El impulso para descubrir qué es la verdad, qué es Dios, es el único impulso real, y todos los otros impulsos son secundarios. Cuando arrojamos una piedra en un agua tranquila, genera círculos que se expanden. Los círculos que se expanden son los movimientos secundarios, las reacciones sociales, pero el movimiento real está en el centro, y es el movimiento para hallar la felicidad, la verdad, para encontrar a Dios; y eso no podemos encontrarlo mientras estamos atrapados en el temor, sujetos a una amenaza. Desde el momento en que surgen la amenaza y el temor, la cultura declina.

Por eso es muy importante, mientras son jóvenes, que no queden condicionados, que no estén sujetos por el temor a sus padres, a la sociedad, de modo tal que exista en ustedes este movimiento intemporal para descubrir qué es la verdad. Los hombres que anhelan saber qué es la verdad, qué es Dios, sólo ellos podrán crear una nueva civilización, una cultura nueva; no las personas que se someten, o que meramente se rebelan dentro de la prisión del viejo condicionamiento. Podremos ponernos las ropas de un asceta, ingresar a tal o cual sociedad, dejar una religión por otra, intentar de distintas maneras ser libres; pero a menos que exista dentro de nosotros este movimiento para descubrir qué es lo real, qué es la verdad, qué es el amor, nuestros esfuerzos carecerán por completo de significación. Ustedes podrán ser muy instruidos y hacer las cosas que la sociedad llama buenas, pero todas ellas están dentro de los muros de la cárcel que es la tradición y, por tanto, no tienen ningún valor revolucionario.

Interlocutor: ¿Qué piensa usted de los indios?

Krishnamurti: Ésta es realmente una pregunta inocente, ¿no es así? Ver los hechos sin opinión previa es una cosa, pero tener opiniones acerca de los hechos es totalmente otra. Una cosa es ver simplemente el hecho de que todo un pueblo está preso en la superstición, en el temor, pero es por completo otra cosa ver ese hecho y condenarlo. Las opiniones no son importantes, porque yo tendré una opinión, él tendrá otra y una tercera persona tendrá otra opinión más. Interesarse en las opiniones es una forma tonta de pensar. Lo que importa es ver los hechos como son, sin formarse opinión alguna, sin juzgar, sin comparar. Percibir la belleza sin opinar es la única percepción verdadera de la belleza. De igual modo, si podemos ver al pueblo de la India exactamente como es, verlo muy claramente sin opiniones fijas, sin juicios, entonces lo que veremos será lo real.

Los indios tienen ciertos comportamientos, ciertas costumbres propias, pero en lo fundamental son como cualquier otro pueblo. Se aburren, son crueles, temerosos, se rebelan dentro de la prisión de la sociedad, igual que los demás pueblos en todas partes. Como los norteamericanos, también anhelan el confort, sólo que al presente no lo tienen en la misma medida. Tienen una pesada tradición acerca de renunciar al mundo y tratar de ser santos; pero también tienen ambiciones profundamente arraigadas, hipocresía, codicia, envidia, y están divididos por castas, como lo están los seres humanos en otras partes, sólo que aquí eso es mucho más brutal. Aquí en la India uno puede ver más de cerca todo el fenómeno de lo que está sucediendo en el mundo. Queremos ser amados, pero no sabemos lo que es el amor; somos desdichados, estamos sedientos de algo verdadero, y nos volvemos a los libros, a los Upanishads al Gita, o a la Biblia; y así nos perdemos en las palabras, en las especulaciones. Tanto aquí como en Rusia o en Norteamérica, la mente humana es similar, sólo que se expresa de maneras diferentes bajo cielos diferentes y gobiernos diferentes.

El Propósito de la Educación

Capítulo 11 - Conformidad y Rebelión

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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