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El Propósito de la Educación

Capítulo 12 - La Confianza de la Inocencia

Hemos estado discutiendo el problema de las rebeliones dentro de la prisión: cómo todos los reformadores, los idealistas y otros que se hallan en una incesante actividad con el fin de producir ciertos resultados, están siempre rebelándose dentro de los muros de su propio condicionamiento, de su propia estructura social, dentro del patrón cultural de la civilización - que es una expresión de la voluntad colectiva de la masa. Pienso que ahora valdría la pena si pudiéramos ver qué es la confianza y cómo se origina.

La confianza se origina a través de la iniciativa, pero la iniciativa dentro del patrón sólo trae confianza en sí mismo, la cual es por completo diferente de la confianza sin el “sí mismo”, sin el “yo”. ¿Saben qué significa tener confianza? Si hacen algo con sus propias manos, si plantan un árbol y lo ven crecer, si pintan un cuadro o escriben un poema, o, si cuando son mayores, construyen un puente o dirigen sumamente bien alguna tarea administrativa, eso les da la confianza de que son capaces de realizar estas cosas. Pero ya lo ven, la confianza tal como ahora la conocemos, está siempre dentro de los muros de la prisión, la prisión que la sociedad - ya sea comunista, hindú o cristiana - ha construido alrededor de nosotros. La iniciativa dentro de la prisión crea, es verdad, cierta confianza, porque sentimos que podemos hacer cosas; podemos diseñar un motor, ser un buen médico, un científico excelente, etc. Pero este sentimiento de confianza que llega con la capacidad de triunfar dentro de la estructura social, o de hacer reformas, de dar más iluminación, de decorar el interior de la cárcel... ese sentimiento es, en realidad, confianza en sí mismo, confianza egocéntrica; uno sabe que puede hacer algo y se siente importante al hacerlo. Mientras que, si a través de la investigación, de la comprensión, uno rompe con la estructura social de la que forma parte, entonces surge una clase por completo diferente de confianza, en la cual no hay sentido alguno de importancia propia. Y, si pudiéramos comprender la diferencia entre ambas - entre la confianza egocéntrica y la confianza sin el ego creo que ello tendría una gran significación en nuestra vida.

Cuando ustedes practican muy bien un juego - como el volante, o el fútbol, o el criquet - tienen cierto sentimiento de confianza, ¿no es así?, el sentimiento de que son muy buenos en ese juego. Si son rápidos en resolver problemas matemáticos, eso también genera un sentimiento de seguridad en sí mismos. Cuando la confianza nace de la acción que tiene lugar dentro de la estructura social, viene siempre acompañada de una extraña arrogancia, ¿no es cierto? La confianza de un hombre que puede hacer cosas que es capaz de obtener resultados, está siempre coloreada por esta arrogancia del yo, por el sentimiento de “soy yo” quien lo hace”. Por tanto, en el acto mismo de obtener un resultado, de producir una reforma social dentro de la prisión, está la arrogancia del yo, el sentimiento de que yo lo he hecho, de que mi ideal es importante, de que mi grupo ha triunfado. Este sentido del mí y lo mío, viene siempre acompañado de la confianza que se expresa a sí misiva dentro de la prisión.

¿No han notado qué arrogantes son los idealistas, los líderes políticos que producen ciertos resultados, que logran grandes reformas?, ¿han notado qué llenos están de sí mismos, qué inflados están con sus ideales y sus logros? En su estimación propia son muy importantes. Lean unos cuantos de esos discursos políticos, observen a algunas de esas personas que se llaman a sí mismas “reformadores”, y verán que en el proceso mismo de la reforma están cultivando su propio ego; sus reformas, por amplias que sean, siguen estando dentro de la prisión; por lo tanto, son destructivas y finalmente traen más desdicha y conflicto al hombre.

Ahora bien, si uno puede ver a través de toda esta estructura social, del patrón cultural de la voluntad colectiva que llamamos civilización - si uno puede comprender todo eso y romper con ello, abrirse paso a través de los muros de la prisión que es la sociedad particular en que uno vive, ya sea comunista, hindú o cristiana -, descubrirá entonces que surge una confianza no teñida por el sentimiento de arrogancia. Esa es la confianza de la inocencia. Es como la confianza de un niño que es tan por completo inocente, que no intentará hacer nada. Es esta confianza inocente la que podrá dar origen a una nueva civilización; pero esta confianza inocente no puede existir mientras uno permanece dentro del patrón social.

Tengan la bondad de escuchar esto cuidadosamente. El que les habla no tiene la más mínima importancia; sí es muy importante para ustedes comprender la verdad de lo que se está diciendo. Después de todo, la educación es eso, ¿no? Su función no es la de hacer que encajen en el patrón social; por el contrario, es la de ayudarlos a que comprendan de manera completa, plena y profunda el patrón social y, en consecuencia, rompan con él a fin de que puedan ser individuos sin la arrogancia del yo, pero que tienen confianza porque son en verdad inocentes.

¿No es una gran tragedia que la mayoría de nosotros sólo se interese en el modo de encajar dentro de la sociedad, o en cómo reformarla? ¿No han advertido que casi todas las preguntas que ustedes formulan reflejan esta actitud? Dicen, en efecto: “¿Cómo puedo encajar en la sociedad? ¿Qué dirán mi padre y mi madre y qué me sucederá si no lo hago?” Una actitud semejante destruye cualquier confianza, cualquier iniciativa que tengan. Y entonces dejan la escuela y el colegio como tantos otros autómatas, muy eficientes; tal vez, pero sin la llama creativa. Por eso es tan importante comprender la sociedad, el medio en que uno vive, y, en ese proceso mismo de la comprensión, romper con dicho medio.

Vean, éste es un problema en todo el mundo. El hombre está buscando una respuesta nueva, una nueva manera de abordar la vida, porque las viejas maneras están decayendo, sea en Europa, en Rusia o aquí. La vida es un reto continuo, y el tratar de producir meramente un orden económico mejor no es una respuesta total a ese reto, el cual es siempre nuevo; y cuando los pueblos, las culturas, las civilizaciones son incapaces de responder totalmente al reto de lo nuevo, se destruyen.

A menos que a ustedes se los eduque apropiadamente, a menos que tengan esta confianza extraordinaria de la inocencia, serán inevitablemente absorbidos por lo colectivo y se perderán en la mediocridad. Pondrán algunas siglas después de sus apellidos, se casarán, tendrán hijos, y ése será el fin para ustedes.

Como ven, casi todos vivimos con temor. Sus padres temen, sus educadores temen, los gobiernos y las religiones temen que ustedes lleguen a ser individuos totales, porque todos ellos quieren que sigan estando seguros dentro de la prisión del medio y de las influencias culturales. Pero son sólo los individuos que, al comprender el patrón social se abren paso por él y, en consecuencia, como no están atados por sus propias mentes, pueden dar origen a una nueva civilización; no así las personas que meramente se amoldan, o las que resisten un patrón particular porque están moldeadas por otro. La búsqueda de Dios o de la verdad no se halla dentro de la prisión, sino más bien en la comprensión de ésta y en la acción de abrirse paso por sus muros - y este movimiento mismo hacia la libertad, crea una cultura nueva, un mundo diferente.

Interlocutor: Señor, ¿por qué deseamos tener un compañero?

Krishnamurti: Una niña pregunta por qué deseamos un compañero. ¿Por qué desea uno un compañero? ¿Puede uno vivir solo en este mundo, sin un esposo o una esposa, sin hijos, sin amigos? Casi ninguno de nosotros puede vivir solo, por lo tanto necesitamos compañeros. El permanecer solos requiere una inteligencia enorme; y uno tiene que estar solo para encontrar a Dios, la verdad. Es agradable tener la compañía de un esposo o una esposa, y también tener hijos; pero ya lo ven, nos perdemos en todo eso, nos perdemos en la familia, en el empleo, en la aburrida, monótona rutina de una existencia que nos deteriora. Nos acostumbramos a ello, y entonces el pensamiento de vivir solos se vuelve terrible, es algo que nos aterroriza. La mayoría de nosotros ha puesto su fe en una sola cosa, nos lo hemos jugado todo a una sola carta, y nuestras vidas no tienen riqueza alguna aparte de nuestros compañeros o compañeras, aparte de nuestras familias y de nuestros trabajos. Pero si en la vida de uno hay riqueza - no la riqueza del dinero o del conocimiento, que cualquiera puede adquirir, sino esa riqueza que es el movimiento de la realidad sin principio ni fin - entonces el tener la compañía de alguien se vuelve un asunto secundario.

Pero como ven, no se los educa para estar solos. ¿Salen alguna vez a hacer una caminata completamente solos? Es muy importante salir solos, sentarnos debajo de un árbol - no con un libro, no con la compañía de alguien sino solos - y observar la caída de una hoja, oír el suave sonido del agua, escuchar el canto de los pescadores, seguir con la mirada el vuelo de un pájaro, y el de los propios pensamientos mientras éstos se persiguen unos a otros a través del espacio de nuestra mente. Si somos capaces de estar solos y observar estas cosas, entonces descubriremos riquezas extraordinarias que ningún gobierno puede evaluar, que ningún agente humano puede corromper, y que jamete pueden ser destruidas.

Interlocutor: ¿Es su pasatiempo favorito el de ofrecer conferencias? ¿No se cansa usted de hablar? ¿Por qué lo hace?

Krishnamurti: Me alegra que haya usted formulado esta pregunta. ¿Sabe?, si uno ama algo jamás se cansa de ello - me refiero al amor en el que no se busca un resultado ni se desea obtener cosa alguna. Cuando se ama algo, no hay realización egocéntrica y, por lo tanto, no hay desengaño, no hay una finalidad. ¿Por qué estoy haciendo esto? Del mismo modo podría preguntar usted por qué la rosa florece, por qué el jazmín entrega su perfume, o por qué el pájaro vuela.

Vea, yo he tratado de no hablar, de averiguar qué sucede si no hablo. Eso está igualmente bien. ¿Comprende? Si uno habla porque obtiene algo de ello - dinero, una recompensa, un sentimiento de la propia importancia - entonces hay cansancio, entonces el hablar de uno es destructivo, no tiene sentido porque es solamente realización propia; pero si hay amor en nuestro corazón, y el corazón no está lleno con las cosas de la mente, entonces es como un manantial, como una fuente que eternamente está dando agua fresca.

Interlocutor: Cuando amo a una persona y ésta se enoja, ¿por qué su ira es tan intensa?

Krishnamurti: Primero que nada, ¿amas tú a alguien? ¿Sabes lo que es amar? Es entregar por completo tu mente, tu corazón, todo tu ser, y no pedir nada en cambio, no extender una escudilla de limosnero para recibir amor. ¿Comprendes? Cuando existe esa clase de amor ¿hay ira? ¿Y por qué nos enojamos cuando amamos a alguien con lo que corrientemente llamamos amor? Es porque no obtenemos algo que esperamos de esa persona, ¿no es así? “Amo” a mi esposa o marido, a mi hijo o hija, pero en el momento en que hacen algo “incorrecto”, me enojo. ¿Por qué?

¿Por qué se enoja el padre con su hijo o hija? Porque; quiere que sea o haga algo a fin de que encaje en cierto patrón, y el hijo o la hija se rebela. Los padres tratan de realizarse, de inmortalizarse a través de su propiedad, a través de sus hijos y, cuando el hijo hace algo que ellos desaprueban, montan violentamente en cólera. Tienen un ideal de lo que el hijo debería ser, y por medio de ese ideal se están realizando ellos mismos. Y se enojan cuando el hijo no encaja en el patrón que es esa realización de sus padres.

¿Has notado cómo te enojas a veces con un amigo tuvo? Es el mismo proceso. Esperas algo de él, y cuando esa expectativa no se realiza, te decepcionas - lo cual implica, en realidad, que internamente, psicológicamente, dependes de esa persona. Por lo tanto, dondequiera que haya dependencia psicológica, tiene que haber frustración; y la frustración inevitablemente engendra ira, amargura, celos y otras formas diversas de conflicto. Por eso es muy importante, especialmente cuando somos jóvenes, que amemos algo con todo nuestro ser - un árbol, un animal, a nuestro maestro, a nuestro padre - porque entonces descubrimos por nosotros mismos qué es vivir sin conflicto, sin temor.

Pero ya lo ven, el educador se interesa generalmente en sí mismo, está atrapado en sus preocupaciones personales respecto de su familia, de su dinero, de su posición. En su corazón no hay amor, y ésta es una de las dificultades en la educación. Ustedes pueden tener amor en sus corazones, porque el amor es algo natural cuando uno es joven; pero muy pronto ese amor es destruido por los padres, por el educador, por el medio social. Mantener esa inocencia, ese amor que es el perfume de la vida, resulta extraordinariamente arduo; requiere inteligencia, discernimiento.

Interlocutor: ¿Cómo puede la mente ir más allá de sus impedimentos?

Krishnamurti: Para ir más allá de sus impedimentos, la mente debe primero percatarse de ellos, ¿no es así? Uno tiene que conocer las limitaciones, los lindes, las fronteras de su propia mente; pero muy pocos de nosotros las conocemos. Decimos que sí, pero ésa es una mera aseveración verbal. Nunca decimos: “Aquí hay un barrera, un cautiverio dentro de mí, y necesito comprenderlo; por lo tanto, voy a tomar conocimiento de ello, a averiguar cómo se origina y cuál es su naturaleza”. Si uno conoce cuál es la enfermedad, existe una posibilidad de curarla. Pero para conocer la enfermedad, para conocer la limitación particular, la barrera o la traba de la mente y comprenderla, no debemos condenarla, no debemos decir que está bien o está mal. Tenemos que observarla sin tener opinión alguna al respecto - lo cual es extraordinariamente difícil, porque se nos ha educado para condenar.

Para comprender a un niño no debemos condenarlo. El condenarlo no tiene sentido. Uno tiene que observarlo mientras juega, llora o come, observarlo en todos sus comportamientos; pero uno no puede hacer esto si dice que el niño es feo, o que es estúpido o esto o aquello. De igual manera, si uno puede observar los impedimentos de la mente, no sólo los superficiales sino los más profundos que están en el inconsciente - observarlos sin condenarlos - entonces la mente puede ir más allá de sus impedimentos; y este ir más allá es un movimiento hacia la verdad.

Interlocutor: ¿Por qué ha creado Dios tantos hombres y mujeres en el mundo?

Krishnamurti: ¿Por qué da usted por hecho que Dios nos ha creado? Hay una explicación muy simple: el instinto biológico. El instinto, el deseo, la pasión, la lujuria, forman parte de la vida. Si usted dice: “La vida es Dios”, entonces ése es un asunto diferente. Entonces Dios es todo, incluyendo la pasión, la lujuria, la envidia, el miedo. Todos estos factores han contribuido a producir en el mundo un número abrumador de hombres y mujeres, y entonces tenemos el problema de la superpoblación, que es una de las maldiciones de este país. Pero vea, este problema no se resuelve tan fácilmente. Existen múltiples impulsos y compulsiones que el hombre hereda y, sin comprender ese complejo problema en su totalidad, el mero tratar de regular la tasa de nacimientos no tiene mucho sentido. Hemos hecho, cada uno de nosotros, una confusión de este mundo, porque no sabemos qué es el vivir. El vivir no es esta cosa de mal gusto, mediocre, disciplinada que llamamos nuestra existencia. El vivir es algo por completo diferente; es abundantemente rico, eternamente cambiante, y mientras no entendamos ese movimiento eterno, nuestras vidas estarán destinadas a tener muy poco sentido.

El Propósito de la Educación

Capítulo 12 - La Confianza de la Inocencia

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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