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El Propósito de la Educación

Capítulo 13 - Igualdad y Libertad

La lluvia en un país seco es una cosa extraordinaria, ¿no es así? Lava y deja limpias las hojas, refresca la tierra. Y yo pienso que todos debemos lavar nuestras mentes y dejarlas completamente limpias, tal como la lluvia lava los árboles, porque nuestras mentes se hallan pesadamente cargadas con el polvo de muchos siglos, el polvo de lo que llamamos conocimiento, experiencia. Si ustedes y yo pudiéramos limpiar la mente todos los días, librarla de los recuerdos del ayer, cada uno de nosotros tendría entonces una mente fresca, una mente capaz de habérselas con los múltiples problemas de la existencia.

Ahora bien, uno de los grandes problemas que perturban al mundo es lo que llamamos “igualdad”. Hasta cierto punto, no existe tal cosa como la igualdad, porque todos tenemos muchas capacidades diferentes; pero lo que estamos discutiendo es la igualdad en el sentido de que todas las personas deben ser tratadas de la misma manera. En una escuela, por ejemplo, las posiciones del director, de los maestros, del personal jerárquico, son meramente empleos, funciones; pero ciertos empleos o funciones van acompañados de lo que se llama status, y el status es respetado porque implica poder, prestigio; significa estar en situación de designar personas, de tener mando, de dar empleos a los amigos y a los familiares de uno. Por lo tanto, la función y el status marchan juntos; pero si pudiéramos eliminar toda esta idea del status, del poder, de la posición, del prestigio, de la idea de beneficiar a otros, entonces la función tendría un significado sencillo y por completo diferente, ¿no es así? Entonces, si las personas fueran gobernadores, primeros ministros, cocineros, o pobres maestros, serían tratadas todas con el mismo respeto, porque todas estarían desempeñando una función diferente pero necesaria en la sociedad.

¿Saben ustedes lo que ocurriría, especialmente en una escuela, si pudiéramos realmente eliminar de la función todo el sentido del poder, de la posición, del prestigio; el sentido de “Yo soy el Jefe, soy importante”? Todos estaríamos viviendo en una atmósfera por completo diferente, ¿verdad? No habría autoridad en el sentido de lo superior y lo inferior, el hombre grande y el hombre pequeño; por lo tanto, habría libertad. Y es muy importante que creemos una atmósfera así en la escuela una atmósfera de libertad en la que haya amor, en la que cada uno experimente una tremenda sensación de confianza; porque la confianza llega cuando uno se siente completamente seguro, en casa. ¿Acaso alguno de ustedes se siente cómodo en su propia casa si el padre y la madre y la abuela están constantemente diciéndole lo que debe hacer, de modo tal que va perdiendo gradualmente toda confianza en poder realizar algo por sí mismo? Cuando crezcan deben ser capaces de discutir, de descubrir si lo que piensan es verdadero y atenerse a ello. Deben ser capaces de sostener algo que sienten que es correcto, aunque ello pueda traer angustia, sufrimiento, pérdida de dinero y cosas así; y para eso tienen que sentirse, mientras son jóvenes, completamente seguros y tranquilos.

La mayoría de los jóvenes no se sienten seguros, porque están asustados. Tienen miedo de sus mayores, de sus maestros, de sus madres y padres, y así nunca sienten que se encuentran realmente en casa. Pero cuando uno sí se siente en casa, ocurre una cosa muy extraña. Si puede ir a su habitación, cerrar la puerta y permanecer allí solo, inadvertido, sin que nadie le diga qué tiene que hacer, uno se siente completamente seguro; y entonces comienza uno a florecer, a comprender, a desarrollarse internamente. Ayudarlos a que se desarrollen es la función de una escuela; y si ésta no los ayuda a este desarrollo interno, no es escuela en absoluto.

Cuando estando en un lugar se sienten ustedes en casa - en el sentido de que se sienten seguros, no empujados de un lado para otro, no obligados a hacer esto o aquello -, cuando se sienten muy felices, completamente cómodos, entonces no son díscolos, ¿verdad? Cuando son realmente dichosos no quieren hacer daño a nadie, no desean destruir cosa alguna. Pero es extraordinariamente difícil hacer que el estudiante se sienta completamente feliz, porque él llega a la escuela con una idea de que el director, los maestros y los tutores van a decirle lo que debe hacer y van a presionarlo al respecto, y es por eso que hay temor.

Casi todos ustedes provienen de hogares o de escuelas en las que se los ha educado para respetar el status. El padre y la madre de uno tienen status, el director tiene status, de manera que uno llega aquí con miedo y respetando el status. Pero nosotros tenemos que crear en la escuela una verdadera atmósfera de libertad, y eso puede ocurrir solamente cuando existe la función sin el status y, por lo tanto, hay un sentido de igualdad. El verdadero interés por una educación apropiada se revela cuando a ustedes se los ayuda a que sean seres humanos sensibles, a que no tengan miedo ni un falso sentido del respeto a causa del status.

Interlocutor: ¿Por qué encontramos placer en nuestros juegos y no en nuestros estudios?

Krishnamurti: Por la muy sencilla razón de que sus maestros no saben enseñar. Eso es todo, no hay una razón muy complicada para ello. ¿Saben?, si un maestro ama las matemáticas, o la historia, o lo que sea que enseñe, entonces también ustedes amarán esa materia, porque el amor es algo que se comunica a sí mismo. ¿No saben eso? Si un músico ama el canto y todo su ser está puesto en lo que canta, ¿acaso ese sentimiento no se comunica a ustedes que lo escuchan? Uno siente que quisiera aprender a cantar. Pero la mayoría de los educadores no aman su asignatura; para ellos se ha vuelto un fastidio, una rutina por la que tienen que pasar para ganarse la subsistencia. Si sus maestros amaran realmente la enseñanza, ¿saben qué ocurriría con ustedes? Serían seres humanos extraordinarios. Amarían no sólo sus juegos y sus estudios, sino también las flores, el río, los pájaros, la tierra, porque tendrían esta cosa vibrando en sus corazones; y aprenderían con mucha más rapidez, sus mentes serían excelentes y no mediocres.

Por eso es muy importante educar al educador - lo cual resulta muy difícil, porque casi todos los educadores están ya muy bien afirmados en sus hábitos. Pero el hábito no se asienta tan pesadamente en los jóvenes; y si ustedes amaran siquiera una cosa por sí misma - si realmente amaran sus juegos, o las matemáticas, o la historia, o la pintura, o el canto - entonces descubrirían que intelectualmente están muy alertas, vitales, y serían muy buenos en todos sus estudios. Después de todo la mente necesita inquirir, conocer, porque es curiosa; pero esa curiosidad se destruye por la errónea clase de educación. Por lo tanto, no es sólo el estudiante el que tiene que recibir educación, sino también el maestro. El vivir es en sí mismo un proceso de educación, un proceso de aprendizaje. Para los exámenes hay un final, pero el aprender no tiene fin y, si nuestra mente es curiosa, si está alerta, podemos aprender de todo cuanto nos rodea o nos sucede.

Interlocutor: Usted ha dicho que cuando vemos que alguna cosa es falsa, esa cosa falsa llega a su fin. Yo veo todos los días que el fumar es falso, pero éste no llega a su fin.

Krishnamurti: ¿Ha observado usted alguna vez a los adultos cuando fuman, ya sean sus padres, o sus maestros, o sus vecinos, o algún otro? Eso se ha vuelto un hábito en ellos, ¿no es así? Siguen fumando día tras día, sin interrupción, y se han vuelto esclavos del hábito. Muchos de ellos se dan cuenta de lo estúpido que es ser esclavo de algo, y combaten el hábito, se disciplinan contra él, lo resisten, intentan toda clase de métodos para librarse de ese hábito. Pero vea, el hábito es una cosa muerta, una acción que se ha vuelto automática, y cuanto más uno la combate más fuerza le da. Pero si la persona que fuma se torna consciente de su hábito, si advierte cómo introduce la mano en el bolsillo, y saca el cigarrillo, y lo golpea ligeramente contra la uña, y lo pone en la boca, y lo enciende, y aspira la primera bocanada de humo - si cada vez que pasa por esta rutina simplemente la observa sin condenarla, sin decir “qué terrible es fumar”, entonces no está dando nueva vitalidad a ese hábito particular. Para desprenderse realmente de algo que se ha convertido en un hábito, uno tiene que investigarlo mucho más, lo cual implica examinar todo el problema de por qué la mente cultiva el hábito - vale decir, por qué la mente está inatenta. Si usted limpia sus dientes todos los días mientras mira afuera por la ventana, la limpieza de los dientes se vuelve un hábito; pero si siempre limpia sus dientes con sumo cuidado, prestando a ello su atención completa, entonces el limpiarse los dientes no se convierte en un hábito, en una rutina que se repite irreflexivamente.

Experimente con esto, observe cómo la mente, por hábito, quiere adormecerse y así permanecer tranquila, sin ser perturbada. Las mentes de la mayoría de las personas están siempre funcionando en la rutina del hábito y, a medida que envejecen, eso empeora. Probablemente usted ya ha adquirido muchísimos hábitos. Tiene miedo de lo que sucederá si no hace lo que sus padres le dicen, si no se casa tal como su padre quiere que lo haga... de modo que su mente ya está funcionando en una rutina; y cuando uno funciona en una rutina, pueda tener sólo diez o quince años de edad, ya es viejo, está declinando internamente. Puede poseer un buen cuerpo, pero nada más. El cuerpo puede ser joven y erguido, pero la mente está agobiada por su propio peso.

Es, pues, muy importante comprender todo el problema de por qué la mente reside siempre en los hábitos y se desliza en las rutinas, por qué se mueve a lo largo de un juego particular de rieles, igual que un tranvía, y tiene miedo de cuestionar, de inquirir. Si usted dice: “Mi padre es un sikh, por lo tanto, yo soy un sikh y voy a dejarme crecer el cabello y a vestir un turbante”, si usted dice eso sin inquirir, sin cuestionar, sin que ningún pensamiento rompa con ello, entonces es usted como una máquina. El fumar también hace que usted sea como una máquina, un esclavo del hábito, y es sólo cuando uno comprende todo esto que la mente se vuelve fresca, joven, activa, de modo que cada día es un día nuevo, cada amanecer que se refleja en el río es algo digno de contemplarse gozosamente.

Interlocutor: ¿Por qué nos asustamos cuando algunos de nuestros mayores están serios? ¿Y qué hace que sean tan serios?

Krishnamurti: ¿Alguna vez has pensado en lo que significa ser serio? ¿Estás serio en algún momento? ¿Acaso estás siempre risueño, alegre, riéndote, o hay momentos en que estás quieto, serio - no serio con respecto a algo, sino simplemente serio? ¿Y por qué hemos de tener miedo cuando las personas mayores están serias? ¿Qué hay ahí que pueda asustarte? ¿Tienes miedo de que ellos puedan decir algo de ti que a ti mismo te desagrada? Mira, casi nadie piensa a fondo en estas cuestiones; si sentimos temor en presencia de una persona mayor grave o seria, no inquirimos en ello, no nos preguntamos: “¿Por qué estoy asustado?”

Ahora bien, ¿qué significa ser serio? Investiguémoslo. Uno puede ser serio con respecto a cosas muy superficiales. Cuando está comprando un sari, por ejemplo, uno puede poner toda su atención en ello, preocuparse al respecto, ir a diez tiendas diferentes y pasarse toda la mañana mirando diversos modelos. A eso también se le llama ser serio; pero una persona así es seria sólo superficialmente. Luego, uno puede ser serio yendo todos los días al templo, depositando allí una guirnalda y entregando dinero a los sacerdotes; pero todo eso es algo muy falso, ¿no? Porque la verdad o Dios no se encuentra en ningún templo. Y uno tampoco puede ser serio con respecto al nacionalismo, que es otra cosa falsa.

¿Saben ustedes qué es el nacionalismo? Es el sentimiento de “Mi India, mi país - bueno o malo -“, o el sentimiento de que la India guarda inmensos tesoros de conocimiento espiritual y, por consiguiente, es más importante que cualquier otra nación. Cuando nos identificamos con un país particular y nos sentimos orgullosos de él, generamos nacionalismo en el mundo. El nacionalismo es un falso dios, pero millones de personas son muy serias al respecto; Irán a la guerra, destruirán, matarán o serán muertas en el nombre de su país, y esta clase de seriedad es utilizada y explotada por los políticos.

De manera que podemos ser serios con respecto a cosas falsas. Pero si uno empieza realmente a inquirir en lo que significa ser serio, descubrirá que existe una seriedad que no está medida por la actividad de lo falso ni moldeada por un patrón particular - una seriedad que surge cuando la mente no está persiguiendo un resultado, una finalidad.

Interlocutor: ¿Qué es el destino?

Krishnamurti: ¿Desea usted realmente investigar este problema? Formular una pregunta es la cosa más fácil del mundo, pero su pregunta sólo tiene un sentido si le afecta directamente, porque entonces es usted muy serio al respecto. ¿Ha notado cuántas personas pierden interés tan pronto como han formulado su pregunta? El otro día un hombre hizo una pregunta y después empezó a bostezar, a rascarse la cabeza y a hablar con su vecino; había perdido completamente el interés. Le sugiero, por lo tanto, que no haga una pregunta a menos que sea realmente serio en relación con la misma.

Este problema de qué es el destino es muy difícil y complejo. Vea, si una causa se pone en marcha, debe producir inevitablemente un resultado. Si un gran número de personas, ya sean rusos, americanos o hindúes, se prepara para la guerra, su destino es la guerra; aunque puedan decir que desean la paz y se preparan sólo para su propia defensa, ponen en marcha las causas que producen la guerra. De igual matrera, cuando millones de personas han tomado parte por siglos en el desarrollo de una civilización o cultura, han puesto en marcha un movimiento en el que los seres humanos individuales quedan presos y son arrastrados les guste o no; y todo este proceso de estar presos y ser arrastrados en una corriente particular de la cultura o de la civilización, puede llamarse destino.

Después de todo, si usted ha nacido como hijo de un abogado que insiste en que usted también sea abogado, y usted acata sus deseos aun cuando preferiría hacer alguna otra cosa, entonces su destino es, obviamente, convertirse en abogado. Pero si rehúsa ser un abogado, si insiste en: hacer lo que siente que es verdadero para usted, lo que realmente ama - puede ser escribir, pintar, o no tener dinero y pedir limosna - entonces se ha salido de la corriente, ha roto con el destino que su padre reservaba para usted. Lo mismo sucede con una cultura o una civilización.

Por eso es muy importante que se nos eduque apropiadamente - que se nos eduque no para ser asfixiados por la tradición, o para caer en el destino de un particular grupo racial, cultural o familiar, o para convertirnos en seres mecánicos movidos hacia una finalidad predeterminada. El hombre que comprende todo este proceso, que rompe con él y se queda solo, crea su propio ímpetu, su propio movimiento; y si su acción es un romper con lo falso para ir hacia la verdad, entonces ese movimiento mismo se convierte en la verdad. Hombres así están libres del destino.

El Propósito de la Educación

Capítulo 13 - Igualdad y Libertad

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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