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El Propósito de la Educación

Capítulo 14 - Autodisciplina

¿Alguna vez han considerado ustedes por qué somos disciplinados, o por qué nos disciplinamos a nosotros mismos? Los partidos políticos de todo el mundo insisten en que se debe seguir la disciplina del partido. Los padres de ustedes, sus maestros, la sociedad que los rodea, todos les dicen que deben disciplinarse, controlarse. ¿Por qué? ¿Y hay realmente necesidad alguna de disciplinarse en absoluto? Sé que estamos acostumbrados a pensar que la disciplina es necesaria - la disciplina impuesta ya sea por la sociedad, o por un maestro religioso, o por un particular código moral, o por nuestra propia experiencia. Para el hombre ambicioso que desea alcanzar el éxito, que anhela hacer muchísimo dinero, que quiere ser un gran político, su ambición misma se convierte en el medio de su propia disciplina. Así que toda la gente que los rodea dice que la disciplina es necesaria: ustedes tienen que acostarse y levantarse a cierta hora, tienen que estudiar, aprobar sus exámenes, obedecer a sus padres, etc.

Ahora bien, ¿por qué deben ustedes disciplinarse en absoluto? ¿Qué significa la disciplina? Significa que deben ajustarse a algo, ¿no es así? Ajustar el propio pensar a lo que dicen otras personas, resistir algunas formas de deseo y aceptar otras, cumplir con esta práctica y no con aquella, amoldarse, reprimirá seguir, no sólo en la superficie de la mente sino también muy en el fondo - todo esto implica la disciplina, y por siglos, generación tras generación, el maestro, los gurús, los sacerdotes, los políticos los reyes, los abogados, la sociedad en que vivimos, les han dicho que tiene que haber disciplina.

Así que me pregunto - y espero que también ustedes se lo estén preguntando - si la disciplina es en absoluto necesaria, y si no hay una manera diferente de abordar esta cuestión. Creo que hay una manera diferente de abordarla, y éste es el verdadero problema a que se están enfrentando no sólo las escuelas sino todo el mundo. Vean, por lo general se acepta que, a fin de ser eficientes, ustedes deben disciplinarse, ya sea mediante un código moral, o un credo político, o adiestrándose para trabajar como una máquina en una fábrica; pero este proceso mismo de la disciplina embota la mente a través de la conformidad.

Ahora bien, la disciplina, ¿los libera, o hace que se ajusten a un patrón ideológico, ya se trate del patrón utópico del comunismo, o de alguna clase de patrón moral o religioso? ¿Puede alguna vez la disciplina hacer que sean libres? Habiéndolos amarrado, aprisionado como lo hacen todas las formas de disciplina, ¿puede entonces soltarlos? ¿Cómo podría hacerlo? ¿O hay una manera por completo diferente de abordar esto que consiste en despertar un discernimiento realmente profundo en la totalidad del problema de la disciplina? O sea, ¿puede cada uno de nosotros, como individuo, tener un solo deseo y no dos o muchos deseos en conflicto? ¿Entienden lo que quiero decir? En el momento en que uno tiene dos, tres o diez deseos, existe el problema de la disciplina, ¿no es así? Uno desea ser rico, poseer automóviles, casas y, al mismo tiempo, desea renunciar a estas cosas porque piensa que poseer poco o nada es moral, ético, religioso. Y, ¿es posible que se nos eduque apropiadamente, de modo tal que todo nuestro ser esté integrado, que no haya en él contradicción alguna y que, por lo tanto, la disciplina no sea necesaria? Estar integrado implica un sentido de libertad, y cuando tiene lugar esta integración, ciertamente no hay necesidad alguna de disciplina. Estar integrado implica ser totalmente una sola cosa, en todos los niveles y al mismo tiempo.

Ya lo ven, si pudiéramos tener la educación apropiada desde la más tierna edad, una educación así daría origen a un estado en el cual no habría en absoluto ninguna contradicción, ni en lo interno ni en relación con lo externo; y entonces no necesitaríamos de la disciplina ni de la compulsión, porque estaríamos haciendo algo libremente, completamente, con la totalidad del ser. La disciplina surge sólo cuando existe una contradicción. Los políticos, los gobiernos, las religiones organizadas quieren que tengamos una sola manera de pensar, porque si ellos pueden hacer de cada uno de nosotros un completo comunista, un completo católico o lo que fuere, entonces no somos un problema, simplemente creemos y funcionamos como máquinas; entonces no hay contradicción porque sólo somos seguidores. Pero todo seguimiento es destructivo porque es mecánico, es mera conformidad en la que no existe la liberación creadora.

Entonces, ¿podemos generar, desde la más tierna edad, un sentido de seguridad completa, un sentimiento de que se encuentran ustedes en casa, de modo que no haya esfuerzo alguno por ser esto y no ser aquello? Porque cuando existe una lucha interna hay conflicto, y para superar ese conflicto tiene que haber disciplina. Mientras que si a ustedes se los educa apropiadamente, entonces todo cuanto hagan será una acción integrada; en ella no habrá contradicción y, en consecuencia, no habrá acción compulsiva. En tanto no haya integración tiene que haber disciplina, y la disciplina es destructiva porque no conduce hacia la libertad.

Estar integrado no requiere ninguna forma de disciplina. Vale decir que, si hago lo que está bien, lo que es intrínsecamente verdadero, lo que es realmente bello, y estoy haciéndolo con todo mí ser, entonces no hay contradicción en mí y no me estoy ajustando meramente a algo. Si lo que hago es totalmente bueno, correcto en sí mismo - no correcto de acuerdo con alguna tradición hindú o alguna teoría comunista, sino siempre correcto bajo todas las circunstancias -, entonces soy un ser humano integrado y no tengo necesidad alguna de disciplina. ¿Y acaso no es la función de una escuela generar en ustedes este sentido de confianza integrada, de modo que lo que estén haciendo no sea meramente lo que desean hacer, sino lo que es fundamentalmente bueno y correcto, eternamente verdadero?

Les diré, si uno ama no hay necesidad alguna de disciplina, ¿verdad? El amor trae su propia comprensión creadora; por lo tanto, no hay resistencia ni conflicto; pero amar con integración tan completa sólo es posible cuando uno se siente profundamente seguro, completamente en casa, especialmente cuando es joven. Esto simplifica, realmente, que el educador y el estudiante deben tenerse una gran confianza mutua; de lo contrario, crearemos una sociedad que será tan fea y destructiva como la actual. Si pudiéramos comprender la importancia de una acción completamente integrada en la que no hay contradicción alguna y que, por tanto, no necesita de la disciplina, entonces creo que daríamos origen a una clase por completo diferente de cultura, a una nueva civilización. Pero si meramente resistimos, si reprimimos, entonces eso que se reprime repercutirá inevitablemente en otras direcciones y pondrá en marcha diversas actividades dañinas y acontecimientos destructivos.

Es muy importante, pues, comprender toda esta cuestión de la disciplina. Para mí, la disciplina es algo completamente reprensible; no es creativa, es destructiva. Pero detenerse meramente ahí, con una declaración de ese tipo, tal vez parezca implicar que uno puede hacer lo que se le antoje. Por el contrario, un hombre que ama no hace lo que se le antoja. Únicamente el amor conduce a la acción correcta. Amar y dejar que el amor haga lo que quiera es lo que trae orden en el mundo.

Interlocutor: ¿Por qué detestamos al pobre?

Krishnamurti: ¿Detesta usted realmente al pobre? Yo no lo estoy condenando, sólo le pregunto si realmente detesta al pobre. Y si lo hace, ¿por qué? ¿Es porque usted mismo también puede ser pobre un día, e imaginando su propia situación la rechaza? ¿O es que le desagrada la sórdida, sucia, desarreglada existencia del pobre? Por desagradarle el desaseo, el desorden, la escualidez, la inmundicia, usted dice: “No quiero tener nada que ver con el pobre”. ¿Es eso? Pero, ¿quién ha creado el desorden, la pobreza, la escualidez en el mundo? Usted, sus padres, su gobierno - toda nuestra sociedad las ha creado; porque ya lo ve, no hay amor en nuestros corazones. No amamos ni a nuestros hijos ni a nuestro prójimo, no amamos ni a los vivos ni a los muertos. No sentimos amor por nada en absoluto. Los políticos no van a erradicar toda esta miseria y fealdad que hay en el mundo, ni lo harán tampoco las religiones y los reformadores, porque sólo se interesan en un pequeño remiendo aquí y allá; pero si hubiera amor, entonces todas esas cosas horribles desaparecerían mañana mismo.

¿Ama usted algo? ¿Sabe lo que es amar? Le diré, cuando uno ama algo completamente, con todo su ser, ese amor no es sentimental, no es un deber, no está dividido como amor físico o amor divino. ¿Ama usted algo o a alguien con todo su ser - a sus padres, o a un amigo, o a su perro, o un árbol? ¿Sí? Me temo que no. Por eso es que en su ser tiene usted vastos espacios en los que hay fealdad, odio, envidia. Vea, el hombre que ama no tiene lugar para ninguna otra cosa. Nosotros tendríamos que emplear realmente nuestro tiempo discutiendo todo esto y tratando de descubrir cómo eliminar las cosas que, al obstruir de tal modo nuestras mentes, nos impiden amar; porque es sólo cuando amamos que podemos ser libres y dichosos. Sólo las personas que aman, que son vitales, felices, pueden crear un mundo nuevo - no los políticos, no los reformadores o unos cuantos santos ideológicos.

Interlocutor: Usted habla de la verdad, de la bondad y de la integración, lo cual implica que del otro lado hay falsedad, maldad y desintegración. ¿Cómo, entonces, puede uno ser veraz, bueno e integrado sin que haya disciplina?

Krishnamurti: En otras palabras, siendo envidioso, ¿cómo puede uno estar libre de la envidia sin que haya disciplina? Pienso que es muy importante comprender la pregunta misma; porque la respuesta se encuentra en la pregunta, no aparte de ella.

¿Sabe usted qué implica la envidia? Usted es muy bien parecido, viste con elegancia, o lleva un turbante o un sari hermoso, y yo también quiero vestirme así; pero no puedo hacerlo, y entonces siento envidia porque deseo tener lo que tiene usted - quiero ser diferente de lo que soy.

Soy envidioso porque quiero ser tan bien parecido como usted; deseo poseer las ropas finas, la casa elegante, la alta posición que usted tiene. Estando insatisfecho con lo que soy, quiero ser como usted; pero si yo comprendiera mi insatisfacción y su causa, entonces no desearía ser como usted ni anhelaría las cosas que usted posee. En otras palabras, una vez que comience a comprender lo que soy, jamás me compararé con otro ni envidiaré a nadie. La envidia surge porque deseo cambiar lo que soy y llegar a ser igual que alguna otra persona. Pero si digo: “Cualquier cosa que yo sea, eso es lo que quiero comprender”, entonces la envidia ha desaparecido; entonces no necesito de la disciplina, y gracias a la comprensión de lo que soy llega la integración.

Nuestra educación, el medio que nos rodea, toda nuestra cultura, insisten en que debemos “llegar a ser” esto o aquello. Nuestras filosofías, nuestras religiones y libros sagrados, todos dicen la misma cosa. Pero ahora veo que el proceso mismo de “llegar a ser” algo, implica envidia, lo cual quiere decir que no estoy satisfecho de ser lo que soy. Y yo quiero comprender lo que soy, quiero descubrir por qué estoy siempre comparándome con otro, tratando de llegar a ser alguna cosa; y para comprender lo que soy, no necesito de la disciplina. La integración nace en el proceso de esa comprensión. La contradicción que hay en mí cede ante la comprensión de mí mismo, y esto, a su vez, genera una acción integral, completa.

Interlocutor: ¿Qué es el poder?

Krishnamurti: Está el poder mecánico, el poder producido por el motor de combustión interna, por el vapor o por la electricidad. Está el poder que reside en un árbol y que hace que fluya la savia y que crea la hoja. Existe el poder de pensar muy claramente, el poder de amar, el poder de odiar, el poder de un dictador, el poder para explotar a la gente en el nombre de Dios, en el nombre de los Maestros, en el nombre de un país. Todas éstas son formas de poder.

Ahora bien, el poder como electricidad o luz, el poder atómico, etc., todas esas formas de poder son buenas en sí mismas, ¿no es así? Pero el poder de la mente que las utiliza para propósitos de agresión y tiranía, con el fin de ganar algo para sí, tal poder es nocivo bajo todas las circunstancias. El jefe de cualquier sociedad, iglesia o grupo religioso, que tiene poder sobre otra gente, es una mala persona, porque controla, moldea, guía a otros sin saber él mismo adónde va. Esto es verdad no sólo en las grandes organizaciones, sino en las pequeñas sociedades de todo el mundo. En el momento en que una persona tiene claridad, en que ya no está confusa, deja de ser un líder y, por lo tanto, no tiene poder.

Es, entonces, muy importante comprender por qué la mente humana necesita tener poder sobre otros. Los padres tienen poder sobre sus hijos, la esposa sobre el marido, o el marido sobre la esposa. Comenzando con la pequeña familia, el mal se expande hasta que se convierte en la tiranía de los gobiernos, de los líderes políticos y de los intérpretes religiosos. Y, ¿puede uno vivir sin este hambre de poder, sin el deseo de influenciar a la gente o de explotarla, sin anhelar el poder para uno mismo, o para un grupo o una nación, o para un Maestro o un santo? Tales formas de poder son todas destructivas, traen desdicha al hombre, mientras que ser realmente benévolo, considerado, implica amar - ésta es una cosa extraña, tiene su propio efecto intemporal. El amor es su propia eternidad, y donde hay amor no existe el nocivo poder.

Interlocutor: ¿Por qué buscamos la fama?

Krishnamurti: ¿Ha reflexionado usted alguna vez al respecto? Uno quiere ser famoso como escritor, como poeta, como pintor, como político, como cantante o lo que guste. ¿Por qué? Porque uno no ama realmente lo que hace. Si amara el cantar, o el pintar, o el escribir poemas - si verdaderamente lo amara - no le interesaría si es famoso o no. Desear ser famoso es de mal gusto, trivial, tonto, no tiene sentido; porque, a causa de que no amamos lo que hacemos, queremos enriquecernos con la fama. Nuestra educación actual es corrupta porque nos enseña a amar el éxito y no lo que hacemos. El resultado se ha vuelto más importante que la acción.

¿Sabe?, es bueno sepultar el propio brillo bajo una tonelada, ser anónimo, amar lo que uno hace y no alardear de ello. Es bueno ser amable sin un nombre. Eso no nos hace famosos, no hace que nuestra fotografía aparezca en los periódicos, los políticos no llegan hasta nuestra puerta. Uno es sólo un ser humano creativo que vive anónimamente, y en eso hay plenitud de vida y una gran belleza.

El Propósito de la Educación

Capítulo 14 - Autodisciplina

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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