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El Propósito de la Educación

Capítulo 19 - Conocimiento y Tradición

No sé cuántos de ustedes observaron el arco iris del último atardecer. Se reflejaba en el agua y uno dio súbitamente con él. Era algo bello para ser contemplado, y le produjo a uno un gran sentimiento de júbilo, una percepción de la vastedad y belleza de la tierra. Para poder comunicar un júbilo semejante, uno debe tener un conocimiento de las palabras, del ritmo y la belleza del lenguaje apropiado, ¿no es así? Pero lo que es mucho más importante es el sentir mismo, el éxtasis que adviene con la profunda apreciación de algo bello; y este sentir no puede ser despertado mediante el mero cultivo del conocimiento o de la memoria.

Vean, necesitamos el conocimiento para poder comunicarnos, para decirnos algo el uno al otro; y para cultivar el conocimiento tiene que haber memoria. Sin el conocimiento no podríamos hacer volar un avión, ni construir un puente o una casa hermosa, no podríamos construir grandes carreteras, cuidar de los árboles, de los animales, y hacer tantas cosas que un hombre civilizado tiene que hacer. Para generar electricidad, para trabajar en las distintas especialidades científicas, para ayudar al hombre mediante la medicina, etc., para todo esto nos hace falta tener conocimientos, información, memoria, y en estas cuestiones es necesario recibir la mejor instrucción posible. Por eso es muy importante que, técnicamente, tengan ustedes maestros de primera clase que les trasmitan la información apropiada y los ayuden a cultivar un conocimiento cabal de las diversas materias.

Pero vean, si bien el conocimiento es necesario en un nivel, en otro nivel se convierte en un obstáculo. Hay muchísimo conocimiento disponible acerca de la existencia física, y se le añade más conocimiento todo el tiempo. Es esencial tener un conocimiento semejante y utilizarlo en beneficio del hombre. Pero, ¿no existe otra clase de conocimiento que, en el nivel psicológico, se convierte en un obstáculo para el conocimiento de lo verdadero? Después de todo, el conocimiento es una forma de tradición, ¿no es así? Y la tradición es el cultivo de la memoria. La tradición en asuntos mecánicos es esencial, pero cuando la tradición se utiliza como un medio de guiar al hombre internamente, se vuelve un obstáculo para el conocimiento de las grandes cosas.

En nuestra vida cotidiana y en cuestiones mecánicas, confiamos en el conocimiento, en la memoria. Sin los conocimientos no podríamos manejar un automóvil, seríamos incapaces de hacer muchas de las cosas que hacemos. Pero el conocimiento es un obstáculo cuando se convierte en una tradición, en una creencia que guía la mente, la psique, el ser interior; y también divide a la gente. ¿No han notado cómo en todo el mundo los seres humanos están divididos en grupos que se llaman a sí mismos hindúes musulmanes, budistas, cristianos, etc.? ¿Qué los divide? No las investigaciones de la ciencia, no el conocimiento de la agricultura, o el que les permite construir puentes o hacer volar a los aviones. Lo que divide a la gente es la tradición, son las creencias que condicionan la mente de una determinada manera.

De modo que el conocimiento es un obstáculo cuando se ha vuelto una tradición que moldea o condiciona la mente a un patrón particular, porque entonces no sólo divide a las personas y crea enemistad entre ellas, sino que también impide el profundo descubrimiento de lo que es la verdad, la vida, Dios. Para descubrir qué es Dios, la mente tiene que estar libre de toda tradición, de toda acumulación, de todo conocimiento que utiliza como salvaguarda psicológica.

El propósito de la educación es dar al que estudia un conocimiento abundante en los diversos campos del esfuerzo humano y, al mismo tiempo, liberar su mente de toda tradición, para que sea capaz de investigar, de descubrir. De lo contrario, la mente se vuelve mecánica, agobiada por la maquinaria del conocimiento. A menos que esté liberándose constantemente a sí misma de las acumulaciones de la tradición, la mente es incapaz de descubrir lo supremo, lo eterno. Pero, obviamente, tiene que adquirir conocimientos e informaciones en permanente expansión para que sea capaz de habérselas con las cosas que el hombre necesita y tiene que producir.

Por consiguiente, el conocimiento que consiste en el cultivo de la memoria es útil y necesario en un cierto nivel, pero en otro nivel se vuelve perjudicial. Reconocer la diferencia - ver dónde el conocimiento es destructivo y tiene que dejarse de lado, y dónde es esencial y ha de permitírsele funcionar con la mayor amplitud posible - es el principio de la inteligencia.

Ahora bien, ¿qué está sucediendo actualmente con la educación? A ustedes se les imparte diversas clases de conocimientos, ¿no es así? Cuando van al colegio, pueden llegar a ser ingenieros, médicos, abogados, pueden doctorarse en filosofía, en matemáticas o en alguna otra rama del conocimiento, pueden estudiar ciencias domésticas y aprender a llevar una casa, a cocinar, etc.; pero nadie les ayuda a librarse de todas las tradiciones a fin de que, desde el principio mismo, la mente esté fresca, ávida de aprender y, por lo tanto, sea capaz de estar descubriendo siempre algo totalmente nuevo. Las filosofías, las teorías y creencias que adquieren de los libros y que se convierten para ustedes en la tradición, son en realidad un impedimento para la mente, porque la mente utiliza estas cosas como un medio para su propia seguridad psicológica y, por lo tanto, se condiciona con ellas. En consecuencia, es necesario liberar la mente de toda tradición y, al propio tiempo, cultivar el conocimiento, la técnica; y éste es el propósito de la educación.

La dificultad está en liberar la mente de lo conocido a fin de que esté todo el tiempo capacitada para descubrir lo nuevo. Un gran matemático me contó una vez como había estado trabajando sobre un problema durante un número de días sin poder hallar la solución. Una mañana, mientras daba su paseo habitual, súbitamente vio la respuesta. ¿Qué había ocurrido? Su mente, al hallarse quieta estaba libre para mirar el problema, y el problema mismo reveló la respuesta. Uno tiene que poseer información acerca de un problema, pero la mente tiene que estar libre de esa información para encontrar la respuesta.

Casi todos nosotros aprendemos hechos, reunimos información o conocimientos, pero la mente jamás aprende a estar quieta, a librarse de todos los tormentos de la vicia, del suelo en que los problemas arraigan. Ingresamos en sociedades, nos adherimos a alguna filosofía, nos abandonamos a una creencia, pero todo esto es completamente inútil porque no resuelve nuestros problemas humanos. Al contrario, provoca una desdicha mayor, un dolor más grande. Lo que se necesita no son filosofías ni creencias, sino que la mente esté libre para investigar, para descubrir y ser creativa.

Ustedes se llenan la cabeza para pasar los exámenes acumulan gran cantidad de información, y todo eso lo formulan por escrito para obtener un titulo, esperando con ello lograr un buen empleo y casarse. ¿Y es eso todo? Han adquirido conocimientos, una técnica, pero no tienen una mente libre y, en consecuencia, se vuelven esclavos del sistema imperante lo cual significa, en realidad, que no son seres humanos creativos. Pueden tener hijos, pueden pintar unos cuantos cuadros o escribir ocasionalmente un poema, pero eso no es, ciertamente, creatividad. Para que tenga lugar la creatividad, la mente tiene que estar libre, y entonces la técnica puede usarse para expresar esa creatividad. Pero no tiene sentido poseer la técnica sin una mente creativa, sin la extraordinaria creatividad que adviene con el descubrimiento de lo verdadero. Desafortunadamente, muy pocos de ustedes conocen esta creatividad, porque casi todos han recargado sus mentes con el conocimiento, con la tradición, con la memoria, con lo que han dicho Shankara, Buda; Marx o alguna otra persona. Mientras que si la mente está libre para descubrir lo que es verdadero, encontrarán que surge una abundante, e incorruptible riqueza en la que hay una gran felicidad. Entonces todas sus relaciones con la gente, con las ideas y las cosas, tienen un significado por completo diferente.

Interlocutor: El niño desobediente, ¿cambiará mediante el castigo o a través del amor?

Krishnamurti: ¿Qué piensa usted? Preste atención muy cuidadosa a la pregunta; considérela a fondo, sondéela. ¿Cambiará un niño desobediente mediante el castigo o a través del amor? Si cambiara a causa del castigo, que es una forma de compulsión, ¿sería cambio eso? Usted es una persona mayor, tiene autoridad como maestro o como padre, y si amenaza al niño, si lo asusta, el pobre puede ser que haga lo que usted le dice; pero, ¿es eso un cambio? ¿Hay cambio mediante forma alguna de compulsión? ¿Puede jamás haber cambio a través de la legislación, mediante cualquier forma de temor?

Y, cuando usted pregunta si el amor producirá un cambio en el niño desobediente, ¿qué entiende por esa palabra amor? Si amar es comprender al niño - no cambiarlo sino comprender las causas que están originando la desobediencia - entonces esa comprensión misma producirá en él la terminación de la desobediencia. Si quiero cambiar al niño de modo que deje de ser desobediente, mi deseo mismo de cambiarlo es una forma de compulsión, ¿no es así? Pero si comienzo por comprender por qué es desobediente, si puedo descubrir y erradicar las causas que están produciendo la desobediencia en él - podrían ser una mala alimentación, la falta de sueño, la necesidad de afecto, el hecho de ser fastidiado por otro niño, etcétera - entonces el niño no será desobediente. Pero si lo único que deseo es cambiar al niño, lo cual implica querer encajarlo en un patrón particular, entonces no lo he comprendido.

Vea, esto trae a colación el problema de lo que entendemos por cambio. Aun si el niño deja de ser desobediente gracias al amor que usted le profesa - que es un tipo de influencia - ¿es ése un cambio real? Puede que sea amor, pero sigue siendo una forma de presión sobre él para que haga o sea esto o aquello. Y cuando usted dice que un niño debe cambiar, ¿qué quiere decir con eso? ¿Cambiar de qué a qué? ¿De lo que es a lo que debería ser? Si cambia a lo que debería ser, ¿no ha modificado meramente lo que era y, por lo tanto, eso no es cambio en absoluto?

Para expresarlo de otra manera: si yo soy codicioso y me vuelvo no codicioso porque usted y la sociedad y los libros sagrados me dicen todos que debo obrar así, ¿he cambiado o estoy meramente llamando a la codicia con otro nombre? Mientras que si soy capaz de investigar y comprender todo el problema de mi codicia, entonces estaré libre de ella - cosa por completo diferente de volverme no codicioso.

Interlocutor: ¿Cómo ha de volverse uno inteligente?

Krishnamurti: Tan pronto trata usted de volverse inteligente, deja de ser inteligente. Esto es realmente importante, de manera que preste un poco de atención. Si soy un necio y alguien me dice que debo volverme inteligente, ¿qué es lo que ocurre por lo general? Me esfuerzo por ser inteligente, estudio más, trato de obtener mejores calificaciones. Entonces la gente dice: “Él está trabajando más duro”, y me palmea la espalda; pero yo sigo siendo un necio porque sólo he adquirido los accesorios de la inteligencia. De modo que el problema no es cómo volverme inteligente sino cómo librarme de la necedad. Si, siendo un necio, trato de volverme inteligente, sigo funcionando dentro de la necedad.

Vea, el problema básico es el del cambio. Cuando uno pregunta: “¿Qué es la inteligencia y cómo ha de volverse uno inteligente?” ello implica un concepto de lo que la inteligencia es, y entonces uno trata de llegar a ser como ese concepto. Ahora bien, tener una fórmula, una teoría o un concepto de lo que es la inteligencia, y tratar de amoldarse uno mismo conforme a ese patrón, es tonto, ¿verdad? Mientras que si uno es torpe y comienza a averiguar qué es la torpeza, sin ningún deseo de cambiarla en otra cosa, sin decir: “Soy torpe, estúpido, ¡qué terrible!”, entonces uno encontrará que, al desenredarse el problema adviene, sin esfuerzo alguno, una inteligencia que se halla libre de la necedad.

Interlocutor: Yo soy musulmán. Si no sigo diariamente las tradiciones de mi religión, mis padres me amenazan con echarme de la casa. ¿Qué debo hacer?

Krishnamurti: Ustedes, los que no son musulmanes, probablemente le aconsejarán al interlocutor que deje su casa, ¿no es así? Pero sin tomar en cuenta el rótulo que lleven - hindú, parsi, comunista, cristiano o lo que fuere - lo mismo se les aplica a ustedes, de modo que no se sientan superiores, no se comporten con arrogancia. Si les dijeran a sus padres que las tradiciones de ellos son en realidad viejas supersticiones, también ellos podrían echarlos de la casa.

Ahora bien, si también usted, como él, se hubiera educado en una, religión particular, y su padre le dijera que debe abandonar la casa a menos que observe ciertas prácticas que usted considera viejas supersticiones, ¿qué haría? Ello depende de cuán vitalmente no quiere usted seguir las viejas supersticiones, ¿verdad? ¿Dirá acaso: “He reflexionado mucho sobre esta cuestión, y pienso que llamarse uno a sí mismo musulmán, hindú, budista, cristiano o cualquiera de esas cosas, es un disparate. Si por esta razón tengo que dejar la casa, lo haré. Estoy dispuesto a afrontar lo que la vida me traiga, incluso la miseria y la muerte, porque siento que esto es lo correcto y voy a atenerme a ello”? Si no lo hace, será simplemente tragado por la tradición, por lo colectivo.

¿Qué van a hacer ustedes, pues? Si la educación no les da esa clase de confianza, ¿cuál es, entonces, el propósito de la educación? ¿Es meramente prepararlos para que consigan un empleo y encajen dentro de una sociedad que es obviamente destructiva? No digan: “Sólo unos pocos pueden romper con la tradición y yo no soy lo bastante fuerte”. Cualquiera que se lo proponga puede hacerlo. Para comprender las presiones de la tradición y oponerse a ellas, uno debe tener, no fuerza sino confianza - la tremenda confianza que llega cuando uno sabe cómo resolver las cosas por sí mismo. Pero ya lo ven, la educación que reciben no les enseña cómo pensar; les dice qué tienen que pensar. A ustedes les dicen que son musulmanes, hindúes, cristianos, esto o aquello. Pero la función de una verdadera educación es ayudarle a uno para que piense por sí mismo, de modo que gracias a ese pensar propio, sienta una confianza inmensa. Entonces uno es un ser humano creativo y no una máquina servil.

Interlocutor: Usted dice que cuando prestamos atención no debiera haber resistencia. ¿Cómo puede ser esto?

Krishnamurti: He dicho que cualquier forma de resistencia es inatención, distracción. No lo acepte, considérelo. No acepte nada, lo diga quien lo diga; antes bien, investigue la cuestión por sí mismo. Si meramente acepta, se vuelve usted mecánico, torpe, ya está muerto; pero si investiga, si considera las cosas por sí mismo, entonces es un ser humano enérgico, vital, creativo.

Ahora bien, ¿puede usted prestar atención a lo que se está diciendo y, al mismo tiempo, percatarse de que alguien está entrando, sin volver la cabeza para ver quién es y sin ninguna resistencia contra el movimiento de volver la cabeza? Si resiste el movimiento de volver la cabeza para mirar, su atención ya se ha ido y usted está disipando su energía mental en esa resistencia. ¿Puede, pues, haber un estado de atención total en el que no haya distracción alguna y, por tanto, no haya resistencia? O sea, ¿puede usted prestar atención a algo con la totalidad de su ser y, no obstante, mantener la parte exterior de la conciencia sensible a todo cuanto ocurre alrededor y dentro de usted minino?

Mire, la mente es un instrumento extraordinario, está absorbiendo constantemente - viendo múltiples formas y colores, recibiendo innumerables impresiones, captando el sentido de las palabras, la significación de una mirada, etcétera; y nuestro problema es prestar atención a algo y, al mismo tiempo, mantener la mente muy sensible a todo lo que está ocurriendo, inclusive a todas las impresiones y respuestas inconscientes.

Lo que digo abarca, en realidad, todo el problema de la meditación. No podemos entrar en eso ahora; pero si uno no sabe meditar, no es un ser humano maduro. La meditación es una de las cosas más esenciales que hay en la vida - mucho más esencial que aprobar exámenes para lograr un título. Comprender qué es la verdadera meditación no es practicar la meditación. La “práctica” de cualquier cosa en cuestiones espirituales es mortal. Para comprender qué es la verdadera meditación, tenemos que percatarnos lúcidamente de las operaciones de nuestra propia conciencia, y entonces hay atención completa. Pero la atención completa no es posible cuando existe cualquier forma de resistencia. Vea, a casi todos se nos educa para prestar atención a través de la resistencia, y así nuestra atención es siempre parcial, jamás es completa - y por eso el aprendizaje se vuelve tedioso, aburridor, una cosa terrible. Por tanto, es muy importante prestar atención en el profundo sentido de la palabra, lo cual implica darnos cuenta de las operaciones de nuestra propia mente. Sin el conocimiento propio, uno no puede prestar atención completa. Es por eso que, en una verdadera escuela, al estudiante no sólo deben enseñársele las distintas materias sino que también hay que ayudarle a que perciba el proceso de su propio pensar. Al comprenderse a sí mismo, sabrá él qué es prestar atención sin resistencia, porque la comprensión de uno mismo es el camino de la meditación.

Interlocutor: ¿Por qué nos interesa formular preguntas?

Krishnamurti: Muy sencillo, porque somos curiosos. ¿Acaso no quiere usted saber cómo hay que jugar al criquet o al fútbol, o cómo se remonta una cometa? Tan pronto deja uno de formular preguntas, ya está muerto - que por lo general es lo que les ha pasado a las personas mayores. Han cesado de inquirir porque sus mentes están recargadas con información, con lo que otros han dicho; ellas han aceptado eso y se han establecido en la tradición. Mientras siga usted formulando preguntas, se estará abriendo paso, pero tan pronto comience a aceptar, ya estará psicológicamente muerto. Por lo tanto, a lo largo de toda su vida no acepte cosa alguna; inquiera, investigue. Entonces descubrirá que su mente es algo en verdad extraordinario, algo que no termina jamás; y para una mente así no existe la muerte.

El Propósito de la Educación

Capítulo 19 - Conocimiento y Tradición

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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