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El Propósito de la Educación

Capítulo 20 - Ser Religioso es Ser Sensible a la Realidad

Aquel campo verde con las flores amarillas de mostaza y una corriente que lo atraviesa, es algo bello digno de contemplarse, ¿verdad? Ayer en la tarde lo estuve observando, y al ver la extraordinaria belleza y quietud de la campiña, uno invariablemente se pregunta qué es la belleza. Hay en nosotros una respuesta inmediata a lo bello y también a lo feo, la respuesta del placer o del dolor, y ese sentimiento lo ponemos en palabras diciendo: “Esto es bello” o “Esto es feo”. Pero lo que importa no es el placer o el dolor; antes bien, es el estar en comunión con todo, el ser sensibles tanto a lo bello como a lo feo.

Entonces, ¿qué es la belleza? Ésta es una de las preguntas más fundamentales - no es superficial, de modo que no la ignoren. Comprender qué es la belleza implica tener ese sentido de la bondad que adviene cuando el corazón y la mente están en comunión con algo bello sin obstáculo alguno, de modo que uno se siente completamente cómodo - ciertamente, esto tiene una gran significación en la vida; y a menos que conozcamos esta respuesta a la belleza, nuestras vidas serán muy superficiales. Uno puede estar rodeado por una gran belleza, por montañas, campos y ríos, pero a menos que esté vivamente despierto a todo ello, lo mismo podría estar muerto.

Ustedes, niños y niñas y las personas mayores, sólo formúlense a sí mismos esta pregunta: ¿Qué es la belleza? La limpieza y pulcritud en el vestir, una sonrisa, un gesto gracioso, el ritmo en el caminar, una flor prendida en el cabello, buenos modales, claridad en el hablar, solicitud, consideración por los demás (que incluye el ser puntuales), todo esto forma parte de la belleza; pero está sólo en la superficie, ¿no es así? ¿Y es eso todo lo que hay en relación con la belleza? ¿O existe algo mucho más profundo?

Está la belleza de la forma, la belleza del diseño, la belleza de la vida. ¿Han observado la hermosa forma que tiene un árbol cuando está cubierto de follaje, o la extraordinaria delicadeza de un árbol desnudo contra el cielo? Son cosas bellas para ser contempladas, pero todas son expresiones superficiales de algo más profundo. Entonces, ¿qué es aquello que llamamos belleza?

Uno puede tener un rostro hermoso, rasgos nítidamente perfilados, puede vestir con buen gusto y tener refinamiento en los modales, puede pintar o escribir acerca de la belleza del paisaje, pero sin este sentido interno de bondad, todos los aditamentos externos de la belleza conducen a una vida muy superficial y sofisticada, a una vida sin mucha significación.

Debemos, pues, descubrir qué es realmente la belleza, ¿no es así? Cuidado, no estoy diciendo que debemos evitar las expresiones externas de la belleza. Todos debemos tener buenos modales, debemos estar físicamente limpios y vestir con buen gusto, sin ostentación, debemos ser puntuales, claros en el hablar y todo eso. Estas cosas son necesarias y crean una atmósfera agradable; pero no significan mucho por sí mismas.

Es la belleza interna la que da gracia, exquisita delicadeza a la forma y al movimiento externos. ¿Y qué es esta belleza interna sin la cual la vida de uno es muy superficial? ¿Alguna vez han reflexionado al respecto? Probablemente no. Están demasiado ocupados con el estudio, con los juegos, con el charlar, el reír y el fastidiarse unos a otros. Ayudarlos a descubrir qué es la belleza interna, sin la cual la forma y el movimiento externos tienen muy poco sentido, es una de las funciones de la correcta educación; y la profunda apreciación de la belleza es una parte esencial de la propia vida de ustedes.

¿Puede una mente trivial apreciar la belleza? Puede hablar de la belleza, pero ¿puede experimentar este inmenso júbilo que brota cuando miramos algo que es realmente bello? Cuando la mente sólo se interesa en sí misma y en sus propias actividades, no es bella; cualquier cosa que haga sigue siendo fea, limitada - por lo tanto, es incapaz de saber qué es la belleza. Mientras que una mente que no está interesada en sí misma, que se halla libre de ambición, una mente que no es prisionera de sus propios deseos ni está impulsada por su propia persecución del éxito, una mente así no es trivial y florece en la bondad. ¿Comprenden? Es esta bondad interna la que da belleza, incluso a un rostro de los que se llaman “feos”. Cuando existe la bondad interna, el rostro feo se transmuta, porque la bondad interna es en realidad un sentimiento profundamente religioso.

¿Saben ustedes qué es ser religioso? Ello nada tiene que ver con las campanas del templo, aunque éstas puedan sonar muy bien en la distancia, ni con los pujas ni con las ceremonias de los sacerdotes y todo el resto del desatino ritualista. Ser religioso es ser sensible a la realidad. Nuestro ser total - cuerpo, mente y corazón - es sensible a la belleza y a la fealdad, al asno que está atado a un poste, a la pobreza y suciedad que reman en este pueblo, a las risas y a las lágrimas, a todo lo que nos rodea. Es de esta sensibilidad a la existencia total que emanan la bondad, el amor; y sin esta sensibilidad no hay belleza, aunque uno pueda tener talento, aunque esté muy bien vestido, viaje en un automóvil lujoso y esté escrupulosamente limpio.

El amor es algo extraordinario, ¿verdad? Uno no puede amar si sólo piensa en sí mismo - lo cual no quiere decir que uno tenga que pensar en algún otro. El amor es, no tiene una finalidad. La mente que ama es verdaderamente religiosa, porque se encuentra en el movimiento de la realidad de la verdad, de Dios, y es sólo una mente así la que puede saber qué es la belleza. La mente que no está presa en ninguna filosofía, que no está encerrada en ningún sistema o creencia, que no es impulsada por su propia ambición y que, por lo tanto, es sensible, alerta, observadora, tiene belleza.

Es muy importante que aprendan, mientras son jóvenes, a ser aseados y limpios, a sentarse bien sin moverse inquietos, a tener buenos modales en la mesa y a ser considerados, puntuales; pero todas estas cosas, por necesarias que sean, son superficiales; y si meramente cultivan lo superficial sin comprender lo profundo, jamás conocerán el verdadero significado de la belleza. Una mente que no pertenece a ninguna nación, grupo o sociedad, que no ejerce autoridad alguna, que no está motivada por la ambición ni sostenida por el miedo, una mente así está siempre floreciendo en el amor y en la bondad. Porque es en el movimiento de la realidad que ella sabe lo que es la belleza; siendo sensible tanto a lo feo como a lo bello, es una mente creativa, está dotada de una comprensión infinita.

Interlocutor: Si tengo una ambición en la infancia, ¿seré capaz de realizarla cuando crezca?

Krishnamurti: Una ambición infantil por lo general no es muy duradera, ¿verdad? Un niño pequeño quiere ser maquinista; o ve un avión que brillando cruza el cielo y desea ser piloto; o escucha a algún orador político y quiere ser como él, o ve a un sannyasi y decide convertirse también en uno. Una niña puede desear tener muchos hijos, o ser la esposa de un hombre rico y vivir en una casa grande, o puede aspirar a ser pintora, o a escribir poemas.

Ahora bien, ¿se cumplirán los sueños de la infancia? ¿Y vale la pena que los sueños se cumplan? Buscar el cumplimiento de cualquier deseo, no importa cuál sea, trae siempre dolor. Tal vez ustedes no hayan advertido esto, pero lo verán cuando crezcan. El dolor es la sombra del deseo. Si anhelo ser rico o famoso, lucho por alcanzar mi meta desalojando del camino a otros y creando enemistad; y, aun cuando pueda lograr lo que deseo, tarde o temprano ocurre invariablemente algo. Caigo enfermo, o en la realización misma de mi deseo anhelo algo más; y siempre esta la muerte acechando a la vuelta de la esquina. La ambición, el deseo y la realización personal conducen inevitablemente a la frustración y al dolor. Pueden observar este proceso por sí mismos. Estudien a las personas mayores que los rodean, a los hombres famosos, a los que son grandes en la tierra, aquellos que se han adjudicado títulos a sí mismos y que tienen poder. Miren sus rostros; vean qué tristes, o qué gruesos y pomposos son. Sus rostros tienen líneas feas. Ellos no florecen en la bondad porque hay dolor en sus corazones.

¿No es posible vivir en este mundo sin tener ambiciones, siendo sencillamente lo que somos? Si comenzamos a comprender lo que somos sin tratar de cambiarlo, entonces experimentamos una transformación. Pienso que uno puede vivir en este mundo anónimamente, completamente desconocido, sin ser famoso, ambicioso, cruel. Uno puede vivir muy dichosamente cuando no le da importancia al yo y esto también es parte de la correcta educación.

Todo el mundo adora el éxito. Uno escucha historias de como el muchacho pobre estudiaba por las noches y finalmente llegó a ser juez, o cómo empezó vendiendo periódicos y terminó siendo multimillonario. A ustedes los alimentan con la glorificación del éxito. Con el logro de un gran éxito hay también un gran dolor; pero casi todos estamos presos en el deseo de alcanzar el éxito, y el éxito es para nosotros mucho más importante que la comprensión y disolución del dolor.

Interlocutor: En el presente sistema social, ¿no es muy difícil poner en acción lo que usted dice?

Krishnamurti: Cuando usted siente algo intensamente ¿considera difícil llevarlo a la acción? Cuando está ansioso por jugar al criquet, lo juega con todo su ser, ¿verdad? ¿Y llama difícil a eso? Sólo cuando no percibe vitalmente la verdad de algo, dice usted que es difícil llevarlo a la acción. Es porque no lo ama. Lo que usted ama lo hace con ardor, hay en ello alegría, y entonces no le importa lo que podían decir sus padres o la sociedad. Pero si no está profundamente convencido, si no se siente libre y feliz haciendo lo que considera correcto, ciertamente su interés en ello es falso, irreal; por lo tanto, eso se le convierte en algo enorme y usted dice que es difícil ponerlo en acción.

Al hacer lo que ama habrá, por supuesto, dificultades, pero eso no le importará, porque forma parte de la vida. Vea, hemos hecho una filosofía de la dificultad, consideramos una virtud hacer esfuerzos, luchar, oponernos.

No hablo de la destreza que se adquiere a través del esfuerzo y la lucha, sino de hacer algo por amor. Pero no luche contra la sociedad, no ataque las tradiciones muertas a menos que exista en usted este amor, porque su lucha no tendrá sentido y usted meramente causará más daño. Mientras que si percibe profundamente lo que es correcto y, por lo tanto, puede permanecer solo, entonces su acción nacida del amor tendrá una significación extraordinaria, tendrá vitalidad, belleza.

¿Sabe?, es sólo en una mente muy quieta que nacen las grandes cosas; y una mente muy quieta no adviene mediante el esfuerzo, ni a través del control o de la disciplina.

Interlocutor: ¿Qué entiende usted por cambio total, y cómo puede éste realizarse en nuestro propio ser?

Krishnamurti: ¿Cree usted que puede haber un cambio total si trata de producirlo? ¿Sabe qué es el cambio? Supongamos que es usted ambicioso y ha comenzado a ver todo lo que implica la ambición: esperanza, satisfacción, frustración, crueldad, dolor, desconsideración, codicia, envidia, una falta total de amor. Viendo todo esto, ¿qué hará usted? Hacer un esfuerzo para cambiar o transformar la ambición, es otra forma de ambición, ¿no es así? Implica el deseo de ser alguna otra cosa. Usted podrá rechazar un deseo, pero en ese proceso mismo cultiva otro deseo que también engendra dolor.

Ahora bien, si usted ve que la ambición engendra dolor, y que el deseo de poner fin a la ambición también engendra dolor, si por sí mismo ve muy claramente la verdad de esto y no actúa usted sino que le permite actuar a la verdad, entonces esa verdad produce un cambio fundamental en la mente, una revolución total. Pero esto requiere muchísima atención, penetración, discernimiento.

Cuando le dicen, como les dicen a todos ustedes, que debe ser bueno, que debe amar, ¿qué es lo que generalmente ocurre? Usted dice: “Tengo que practicar la bondad, tengo que mostrar amor a mis padres, al sirviente, al asno, a todo”. Eso significa que usted está haciendo un esfuerzo para mostrar amor - y entonces el “amor” se vuelve muy ostentoso, muy pulcro, como ocurre con esas personas nacionalistas que están eternamente practicando la fraternidad, lo cual es absurdo, estúpido. El origen de estas prácticas es la codicia. Pero si usted ve la verdad del nacionalismo, de la codicia, y deja que esa verdad opere sobre usted, si deja que la verdad actúe, entonces será usted fraternal sin hacer ningún esfuerzo. Una mente que practica el amor no puede amar. Pero si uno ama y no interfiere con el amor, entonces el amor operará.

Interlocutor: Señor, ¿qué es la expansión propia?

Krishnamurti: Si uno quiere llegar a ser un gobernador o un profesor famoso, si imita a un gran hombre o a un héroe, si trata de seguir a su gurú o a un santo, entonces ese proceso de devenir, de imitar, de seguir, es una forma de expansión propia, ¿no es así? Un hombre ambicioso, un hombre que quiere ser grande, que quiere realizarse en lo personal, puede decir: “Estoy haciendo esto en nombre de la paz y por el bien de mi país”; pero su acción sigue siendo la expansión propia.

Interlocutor: ¿Por qué es orgulloso el hombre rico?

Krishnamurti: Un niño pequeño pregunta por qué el hombre rico es orgulloso. ¿Has notado realmente que el hombre rico es orgulloso? ¿Acaso no tiene también orgullo el pobre? Todos tenemos nuestra forma peculiar de arrogancia que demostramos de distintas maneras. El hombre rico, el hombre pobre, el hombre instruido, el talentoso, el santo, el líder - cada cual a su propio modo siente que ha llegado, que es todo un éxito, que es “alguien” o que puede hacer algo. Pero el hombre que es nadie, que no quiere ser un personaje, que es sólo él mismo y se comprende a sí mismo, un hombre así está libre de arrogancia, de orgullo.

Interlocutor: ¿Por qué estamos siempre atrapados en el “yo” y “lo mío”, y por qué en nuestras reuniones con usted siempre estamos trayendo a colación los problemas que produce este estado de la mente?

Krishnamurti: ¿Quiere usted saberlo realmente, o alguien le ha sugerido que formule esta pregunta? El problema del “yo” y de “lo mío” es un problema que nos involucra a todos. Es, en realidad, el único problema que tenemos, y estamos perpetuamente refiriéndonos a él de diferentes maneras, a veces en términos de realización, y a veces en términos de frustración, de dolor. El deseo de tener una felicidad duradera, el temor de morir o de perder la propiedad, el placer cuando nos adulan, el resentimiento cuando nos insultan, las disputas sobre el dios de uno y el dios del otro, su manera de ser y mi manera de ser... la mente está continuamente ocupada con todo esto y con nada más. Puede pretender que busca la paz, que se siente fraternal, que es buena, que anua, pero tras esta pantalla de palabras continúa atrapada en el conflicto del ‘yo” y “lo mío”, y por eso crea los problemas que, en palabras diferentes, traen ustedes a colación cada mañana.

Interlocutor ¿Por qué las mujeres se visten de manera tan llamativa?

Krishnamurti: ¿No se lo ha preguntado a ellas? ¿Y nunca ha observado a los pájaros? A menudo es el macho el que luce más colores, el que muestra mayor vivacidad Ser físicamente atractivo forma parte de la relación sexual destinada a engendrar hijos. Ésa es la vida. Y los muchachos también lo hacen. Cuando son más grandes les gusta peinarse de una manera particular, ponerse una gorra bonita, vestir ropas atractivas - es la misma cosa. Todos queremos destacarnos. El rico en su costoso automóvil, la muchacha embelleciéndose más, el joven tratando de mostrarse muy ingenioso - todos desean mostrar que poseen algo. Es un mundo extraño, ¿no? Vea, un lirio o una rosa jamás aparentan, y su belleza consiste en ser lo que son.

El Propósito de la Educación

Capítulo 20 - Ser Religioso es Ser Sensible a la Realidad

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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