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El Propósito de la Educación

Capítulo 21 - El Propósito del Aprender

¿Les interesa tratar de descubrir qué es el aprender? Ustedes van a la escuela para aprender, ¿no es así? ¿Y qué es el aprender? ¿Han pensado alguna vez en ello? ¿Cómo aprenden, por qué aprenden, y qué es lo que están aprendiendo? ¿Cuál es el sentido, el significado profundo del aprender? Ustedes tienen que aprender a leer y escribir, tienen que estudiar diversas materias, y también adquirir una técnica, tienen que prepararse para una profesión que les permitirá ganarse la vida. Todo eso queremos decir cuando hablamos del aprender - y después casi todos nos detenemos ahí. Tan pronto aprobamos ciertos exámenes y tenemos un empleo, una profesión, parecemos olvidarlo todo acerca del aprender.

Pero, ¿hay un final para el aprender? Decimos que aprender de los libros y aprender de la experiencia son dos cosas diferentes; ¿lo son? De los libros aprendemos, por ejemplo, lo que otras personas han escrito acerca de las ciencias. Luego hacemos nuestros propios experimentos y continuamos aprendiendo a través de esos experimentos. Y también aprendemos mediante la experiencia - al menos eso es lo que decimos. Pero, después de todo, para adentrarse en las extraordinarias profundidades de la vida, para descubrir qué es la verdad, qué es Dios, es necesario que haya libertad; y, mediante la experiencia, ¿hay libertad para descubrir, para aprender?

¿Se han preguntado alguna vez qué es la experiencia? Es el sentimiento que surge en respuesta a un reto, ¿no es así? La experiencia es la respuesta a un reto. Y, ¿aprenden ustedes de la experiencia? Cuando responden a un reto, a un estímulo, esa respuesta se basa en el condicionamiento que tienen, en la educación que han recibido, en el trasfondo cultural, religioso, social y económico. Condicionados por el propio trasfondo, responden a un reto como hindúes, cristianos, comunistas o lo que fueren. Si no rompen realmente con ese trasfondo, la respuesta que dan a cualquier reto sólo fortalece o modifica ese trasfondo. En consecuencia, nunca son libres para explorar, para descubrir, para comprender qué es la verdad, qué es Dios.

Por lo tanto, la experiencia no libera la mente, y el aprender a través de la experiencia es sólo un proceso de formar nuevos patrones basados en nuestro viejo condicionamiento. Pienso que es muy importante que esto se comprenda, porque a medida que pasan los años nos atrincheramos más y más en nuestra experiencia, esperando con eso aprender; pero lo que aprendemos está dictado por el trasfondo ­lo cual quiere decir que mediante la experiencia por la que aprendemos, jamás hay libertad, sólo hay modificación del condicionamiento.

¿Qué es, entonces, el aprender? Ustedes empiezan por aprender a leer y escribir, a quedarse quietos, a obedecer o no obedecer; aprenden la historia de éste o aquel país, aprenden idiomas que son necesarios para comunicarse; aprenden cómo ganarse la subsistencia, cómo fertilizar los campos, etc. ¿Pero existe un estado de aprender en el cual la mente esté libre del trasfondo, un estado en que no haya búsqueda alguna? ¿Comprenden la pregunta?

Lo que llamamos aprender es un proceso continuo de adaptación, resistencia, dominación; aprendemos para evitar o para obtener algo. Ahora bien, ¿existe un estado en el cual la mente no es el instrumento del aprender sino del ser? ¿Ven la diferencia? En tanto estemos adquiriendo, obteniendo, evitando, la mente tiene que aprender, y en un aprender así siempre hay muchísima tensión, resistencia. Para aprender tenemos que concentrarnos, ¿no es así? ¿Y qué es la concentración?

¿Han reparado alguna vez en lo que ocurre cuando se concentran en algo? Cuando se les exige que estudien un libro que no desean estudiar - o aun cuando quieran estudiar - tienen que resistir y descartar otras cosas. A fin de concentrarse, resisten la propensión que tienen a mirar afuera por la ventana o de hablar con alguien. Por lo tanto, en la concentración hay siempre un esfuerzo, ¿no es así? Hay un motivo, un incentivo, un esfuerzo para aprender a un de adquirir algo; y nuestra vida es una serie de esfuerzos semejantes, un estado de tensión en el que estamos tratando de aprender. Pero si no hay tensión en absoluto, ni un adquirir ni un acumular conocimientos, ¿no es capaz, entonces, la mente de aprender con mayor profundidad y rapidez? Entonces se convierte en un instrumento de investigación para descubrir qué es la verdad, qué es la belleza, qué es Dios - lo cual implica, en realidad, que la mente no se somete a autoridad alguna, ya sea la autoridad del conocimiento, de la sociedad, de la religión, de la cultura o del condicionamiento.

Vean, sólo cuando la mente está libre de la carga del conocimiento puede descubrir aquello que es verdadero; y en el proceso de descubrir algo no hay acumulación, ¿verdad? Cuando comenzamos a acumular lo que hemos experimentado o aprendido, ello se vuelve un ancla que retiene nuestra mente y le impide seguir avanzando. En el proceso de investigar, la mente se desprende día a día de lo que ha aprendido, de modo que está siempre fresca, no contaminada por la experiencia del ayer. La verdad es algo activo, no estático, y la mente que quiera descubrir la verdad, también ha de estar activa, no recargada con el conocimiento o la experiencia. Sólo entonces existe ese estado en que la verdad puede manifestarse.

Todo esto puede ser difícil de exponer verbalmente, pero el significado no es difícil si ponen en ello toda su atención. Para investigar las cosas más profundas de la vida, la mente tiene que estar libre; pero cuando uno aprende y hace de ese aprender la base para una investigación ulterior, su mente no está libre y uno ya no está investigando.

Interlocutor: ¿Por qué olvidamos con tanta facilidad lo que encontramos difícil de aprender?

Krishnamurti: ¿Aprende usted meramente porque las circunstancias lo obligan a aprender? Después de todo, si uno estudia física y matemáticas, y lo que realmente desea es ser abogado, pronto olvidará la física y las matemáticas. ¿Aprende usted, en realidad, si tiene un incentivo para aprender? Si desea pasar ciertos exámenes sólo para conseguir un empleo y casarse, puede que haga un esfuerzo de concentración para aprender; pero una vez que aprueba sus exámenes pronto olvida lo que ha aprendido, ¿no es así? Cuando el aprender es sólo un medio para llegar a alguna parte, tan pronto ha llegado uno adonde quería llegar, olvida el medio - y por cierto que eso no es aprender en absoluto. En consecuencia, el estado de aprender puede existir solamente cuando no hay un motivo ni un incentivo, cuando lo que uno hace lo hace por amor.

Interlocutor: ¿Cuál es el significado de la palabra “progreso”?

Krishnamurti: Como la mayoría de las personas, usted tiene ideales, ¿no es así? Y el ideal carece de realidad, no es factual; es lo que debería ser, es algo que está en el futuro. Pues lo que yo digo es esto: olvide el ideal, y esté atento a lo que usted es. No persiga lo que debería ser, sino comprenda lo que es. La comprensión de lo que uno es realmente tiene mucha más importancia que la persecución de lo que uno debería ser. ¿Por qué? Porque en la comprensión de lo que uno es tiene comienzo un proceso espontáneo de transformación, mientras que en el llegar a lo que uno debería ser, no hay cambio en absoluto, sino una continuación de la misma cosa vieja en una forma distinta. Si la mente, viendo que es necia, trata de cambiar su necedad en inteligencia - en lo que debería ser - eso es tonto, no tiene sentido ni realidad; sólo es perseguir la propia proyección, posponer la comprensión de lo que es. Mientras la mente esté tratando de cambiar su necedad en alguna otra cosa, seguirá siendo necia. Pero si dice: “Me doy cuenta de que soy necia y quiero comprender qué es la necedad; por lo tanto, la investigaré, observaré cómo surge”, entonces, ese proceso mismo de investigación produce una transformación fundamental.

¿Cuál es el significado de la palabra “progreso”? ¿Existe tal cosa como el progreso? Uno ve la carreta de bueyes avanzando a dos millas por hora, y esa cosa extraordinaria llamada avión a reacción viajando a 600 o más millas por hora. Eso es el progreso, ¿verdad? Existe el progreso tecnológico: mejores medios de comunicación, mejor salud, etc. Pero, ¿hay alguna otra forma de progreso? ¿Existe acaso el progreso psicológico en el sentido de un avance espiritual a través del tiempo? La idea del progreso en la espiritualidad, ¿es realmente espiritual, o es una mera invención de la mente?
¿Sabe?, es muy importante formular preguntas fundamentales pero desgraciadamente hallamos respuestas muy fáciles a preguntas fundamentales. Pensamos que la respuesta fácil es una solución, pero no lo es. Debemos formular una pregunta fundamental y dejar que la pregunta opere, permitirle que trabaje dentro de nosotros para descubrir cuál es la verdad que hay en ella.

El progreso implica tiempo, ¿no es así? Después de todo, nos ha tomado siglos llegar de la carreta de bueyes al jet. Y pensamos que podemos encontrar la realidad, encontrar a Dios, de la misma manera, a través del tiempo. Estamos aquí, y pensamos que Dios está allá, o en alguna parte muy lejos, y para cubrir esa distancia, ese espacio intermedio, decimos que necesitamos tiempo. Pero Dios o la realidad no es algo fijo, ni nosotros estamos fijos; no hay un punto fijo desde el cual empezar a moverse, ni hay punto fijo hacia el cual moverse. Por razones de seguridad psicológica nos aferramos a la idea de que en cada uno de nosotros hay un punto fijo, y que la realidad también es fija; pero esto es una ilusión, no es algo verdadero. Cuando necesitamos tiempo en el cual evolucionar o progresar internamente, espiritualmente, lo que estamos haciendo ha dejado de ser espiritual, porque la verdad no pertenece al tiempo. Una mente que está presa en el tiempo necesita del tiempo para encontrar la realidad. Pero la realidad está más allá del tiempo, no tiene un punto fijo. La mente tiene que estar libre de todas sus acumulaciones, tanto de las conscientes como de las inconscientes, y sólo entonces es capaz de descubrir qué es la verdad, qué es Dios.

Interlocutor: ¿Por qué los pájaros huyen volando cuando yo me acerco?

Krishnamurti: ¡Qué hermoso sería que los pájaros no huyeran volando cuando uno se acerca! Si usted pudiera tocarlos, mostrarse amistoso con ellos, ¡qué hermoso sería eso! Pero ya lo ve, los seres humanos somos crueles. Matamos a los pájaros, los torturamos, los cazamos con redes y los encerramos en jaulas. ¡Piense en un bello loro encerrado en una jaula! Todas las tardes llama a su pareja y ve cómo los otros pájaros cruzan volando el cielo abierto. Si les hacemos todas estas cosas a los pájaros, ¿piensa usted que no estarán asustados cuando nos acerquemos a ellos? Pero si se sienta tranquilamente en un sitio aislado y permanece muy quieto, con un real sentimiento de bondad, pronto encontrará que los pájaros acuden a usted; verá que revolotean muy cerca y podrá observar sus movimientos vigilantes, sus delicadas patitas, la extraordinaria fuerza y belleza de sus plumas. Pero para hacer eso ha de tener usted una paciencia inmensa, lo cual implica que ha de sentir mucho amor y que no tiene que haber miedo. Los animales parecen percibir el miedo en nosotros, y ellos a su vez se asustan y escapan. Por eso es muy importante que uno se comprenda a sí mismo.

Trate de sentarse muy quietamente bajo un árbol, pero no sólo por dos o tres minutos, porque los pájaros no se acostumbrarán a usted en tan poco tiempo. Vaya y siéntese bajo el mismo árbol día tras día, y pronto comenzará a advertir que todo alrededor de usted está vivo. Verá las briznas de hierba centelleando al sol, la incesante actividad de los pajarillos, el resplandor extraordinario de una serpiente, o un milano que vuela alto en los cielos gozando de la brisa y sin un solo movimiento de las alas. Pero para poder ver todo esto y sentir el júbilo de ello, usted ha de experimentar un verdadero estado interno de quietud.

Interlocutor: ¿Cual es la diferencia entre usted y yo?

Krishnamurti: ¿Hay alguna diferencia fundamental entre nosotros? Usted puede tener una tez blanca y la mía puede ser más bien morena; usted puede ser muy inteligente y saber mucho más que yo; o yo puedo vivir en una aldea mientras que usted viaja por todo el mundo, y así sucesivamente. Obviamente, existen las diferencias de forma, de lenguaje, de conocimientos, de modales, de tradición y cultura; pero tanto si somos brahmanes como no brahmanes, americanos, rusos, japoneses, chinos o lo que fuere, ¿no hay una gran similitud entre todos nosotros? Todos sentimos temor, todos anhelamos la seguridad, todos queremos ser amados, todos queremos comer y ser felices. Pero ya lo ve, las diferencias superficiales destruyen nuestra percepción de la similitud fundamental que hay entre nosotros como seres humanos. El comprender esa similitud y estar libres de ella, trae consigo un gran amor, una gran consideración por todo. Infortunadamente, casi todos nosotros estamos atrapados en las diferencias superficiales de raza, de cultura, de creencia y, por tanto, éstas nos dividen. Las creencias son una calamidad, dividen a la gente y crean antagonismo. Es sólo yendo más allá de todas las creencias, de todas las diferencias y similitudes, que la mente puede estar libre para descubrir aquello que es verdadero.

Interlocutor: ¿Por qué el maestro se molesta conmigo cuando fumo?

Krishnamurti: Probablemente te ha dicho muchas veces que no fumes porque eso no es muy bueno para los niños; pero tú sigues fumando porque te gusta, y entonces él se molesta contigo. Ahora bien, ¿qué piensas tú? ¿Piensas que uno debe acostumbrarse a fumar, o que debe adquirir cualquier otro hábito mientras es tan joven? Si a tu edad el cuerpo se acostumbra a fumar, eso significa que ya eres esclavo de algo; ¿y no es terrible eso? El fumar puede estar bien para las personas mayores, pero aun eso es sumamente dudoso. Por desgracia, ellas tienen sus excusas para ser esclavas de diversos hábitos. Pero ustedes, que son muy jóvenes, inmaduros, adolescentes, ustedes que aún están creciendo, ¿por qué deberían acostumbrarse a cosa alguna, a caer en cualquier hábito, ya que todo eso sólo los vuelve insensibles? Tan pronto la mente se acostumbra a algo, comienza a funcionar en el surco del hábito; por lo tanto, se embota, deja de ser vulnerable; pierde esa sensibilidad indispensable para descubrir qué es la belleza, qué es el amor, qué es Dios.

Interlocutor: ¿Por qué los hombres cazan tigres?

Krishnamurti: Porque necesitan matar por la excitación de matar. Todos hacemos muchísimas cosas irreflexivas - como arrancarle las alas a una mosca para ver qué pasa. Murmuramos y decimos cosas duras de otros; matamos para comer; matamos por la llamada paz; matamos por nuestro país o por nuestras ideas. Hay, pues, un gran filón de crueldad en nosotros, ¿no es así? Pero si uno puede comprender eso y descartarlo, entonces existe un gran regocijo en el simple hecho de observar cómo el tigre pasa a nuestro lado - como algunos de nosotros hicimos una tarde en Bombay. Un amigo nos llevó en su automóvil al interior del bosque para que pudiésemos observar a un tigre que alguien había visto cerca de ahí. Regresábamos y acabábamos de dar la vuelta a una curva, cuando súbitamente el tigre apareció ahí en medio del camino. Amarillo y negro, de pelo liso y brillante, delgado, con una larga cola, era una cosa bella para ser contemplada tan llena de gracia y poder. Encendimos los faros delanteros y el animal vino gruñendo hacia nosotros, pasando tan cerca que casi tocó el automóvil. Era un espectáculo maravilloso. Si uno puede observar una cosa como ésa sin llevar consigo una escopeta, es mucho más entretenido, y hay en ello una gran belleza.

Interlocutor: ¿Por qué estamos tan agobiados por el dolor?

Krishnamurti: Aceptamos el dolor como una parte inevitable de la vida, y elaboramos filosofías al respecto; justificamos el dolor y decimos que el dolor es necesario para encontrar a Dios. Yo digo, por el contrario, que el dolor existe porque el hombre es cruel con el hombre. Además, hay muchísimas cosas en la vida que no comprendemos, y eso, en consecuencia, trae dolor - cosas como la muerte, como carecer de trabajo, como ver a los pobres en su desdicha. No comprendemos todo esto, y entonces nos torturamos; y cuanto más sensible uno es, más sufre. En vez de comprender estas cosas, justificamos el dolor; en vez de rebelarnos contra todo este sistema corrupto y salimos de él, meramente nos adaptamos. Para librarnos del dolor tenemos que estar libres del deseo de hacer daño - y también del deseo de hacer “el bien”, lo que llamamos “el bien”, que es igualmente el resultado de nuestro condicionamiento.

El Propósito de la Educación

Capítulo 21 - El Propósito del Aprender

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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