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El Propósito de la Educación

Capítulo 23 - La Necesidad de Estar Solo

¿No es una cosa muy extraña que en este mundo, donde hay tanta distracción, tanto entretenimiento, casi todos sean espectadores y muy pocos sean actores? Cada vez que tenemos un poco de tiempo libre, casi todos buscamos alguna forma de diversión. Tomamos un libro serio, una novela o una revista. Si estamos en América, encendemos la radio o la televisión, o nos complacemos en charlas interminables. Hay una constante exigencia de diversión, de entretenimiento, de que se nos saque fuera de nosotros mismos. Tenemos miedo de estar solos, sin compañía, sin ninguna clase de distracción. Somos muy pocos los que caminamos alguna vez por los campos o los bosques sin charlar ni cantar canciones, sino sólo paseando en silencio, observando las cosas que hay alrededor y dentro de nosotros. Casi nunca hacemos eso porque, ya lo ven, casi todos estamos muy aburridos; nos hallamos atrapados en una monótona rutina de aprender o enseñar, en la rutina de los deberes domésticos o de un empleo, y entonces, cuando disponemos de tiempo libre, queremos divertirnos, ya sea con ligereza o seriamente. Leemos o vamos al cine - o nos volvemos hacia alguna religión, que es la misma cosa. La religión también se ha convertido en una forma de distracción, una especie de escape serio para evitar el aburrimiento, la rutina.

No sé si han advertido todo esto. La mayoría de la gente está constantemente ocupada con algo - con el puja, con la repetición de ciertas palabras, con las preocupaciones acerca de esto o lo otro porque casi todos tienen miedo de estar a solas consigo mismos. Traten ustedes de estar solos, sin ninguna forma de distracción, y verán lo rápidamente que desean escapar de sí mismos y olvidarse de lo que son. Es por eso que esta enorme estructura del entretenimiento profesional, de la distracción automatizada, constituye una parte tan prominente de lo que llamamos civilización. Si lo observan, verán cómo en todo el mundo la gente se está volviendo cada vez más hacia las distracciones, cada vez más sofisticada y mundana. La multiplicación de los placeres, los innumerables libros que se publican, las páginas de los diarios llenas de eventos deportivos, todo esto ciertamente indica nuestra constante necesidad de distraernos. Debido a que internamente nos sentimos vacíos, a que somos torpes, mediocres, usamos nuestras relaciones y nuestras reformas sociales como medio para escapar de nosotros mismos. No sé si se han dado cuenta de lo solitarios que somos casi todos nosotros. Y para escapar de esa soledad corremos a los templos, a las iglesias o a las mezquitas, nos vestimos de etiqueta y asistimos a las funciones sociales, miramos la televisión, escuchamos la radio, leemos, etcétera.

¿Saben ustedes qué significa la soledad (Soledad ~ loneliness. En inglés existen dos palabras diferentes para la palabra española soledad. Son ellas, “loneliness” y “aloneness”. La primera, es la dolorosa soledad del solitario, del que se siente separado, aislado de todo, y necesita escapar de sí mismo; la segunda, es la soledad madura, inteligente, de un ser humano que, en lo interno, no depende de nadie ni de nada para ser y que, por tanto, no necesita escapes de ninguna clase. Una es la soledad esclava; la otra, la soledad libre (esclava y libre en relación con el “yo”)), el sentirse solitarios? Puede que a algunos de ustedes no les sea familiar esa palabra, pero el sentimiento lo conocen muy bien. Traten de salir a pasear solos, o de permanecer sin un libro, sin nadie con quien hablar, y verán qué rápidamente se aburren. Ese sentimiento lo conocen bastante bien, pero no saben por qué se aburren, jamás lo han investigado. Si investigan un poco el aburrimiento, encontrarán que la causa de éste es la soledad, la sensación de aislamiento. Es para escapar de la soledad que deseamos estar juntos, entretenernos, tener distracciones de todas clases: gurús, ceremonias religiosas, plegarias, o las novelas más recientes. Siendo internamente solitarios, nos convertimos en meros espectadores de la vida; y podremos ser actores sólo si, al comprender la soledad, la superamos y proseguimos más allá.

Después de todo, la mayoría se casa y busca otras relaciones sociales porque son pocos los que saben vivir solos. No es que uno tenga que vivir solo; pero si se casa porque desea que lo amen, o si está aburrido y usa su ocupación como un medio de olvidarse de sí mismo, encontrará que su vida no es otra cosa que una interminable búsqueda de distracciones. Muy pocos van más allá de este extraordinario miedo a la soledad; pero uno tiene que ir más allá, porque más allá está el verdadero tesoro.

¿Saben?, hay una diferencia inmensa entre la soledad del aislamiento (loneliness) y la soledad del hombre libre (aloneness). Algunos de los estudiantes más jóvenes puede que todavía no conozcan la primera de las dos soledades, pero las personas mayores la conocen bien: el sentimiento de estar completamente aislados, de sentir súbitamente temor sin causa aparente alguna. La mente conoce este temor que surge cuando por un momento se da cuenta de que no puede contar con nada, de que ninguna distracción puede librarla de esta sensación de vacuidad que la encierra en sí misma. Esa es una de las soledades. Pero la otra soledad es algo por completo diferente; es un estado de libertad que adviene cuando uno se ha abierto paso por el aislamiento y lo ha comprendido. En este otro estado de soledad uno no depende psicológicamente de nadie porque ya no está buscando placer, consuelo, gratificación. Es entonces que la mente está por completo sola, y ésa es la única mente en verdad creativa.

Todo esto forma parte de la educación: aprender a enfrentarse al dolor de la soledad - ese extraordinario sentimiento de vacuidad que todos conocemos y a no temerle cuando aparece; no encender la radio ni perderse en el trabajo ni correr al cine, sino mirar ese dolor, investigarlo, comprenderlo. No hay un ser humano que no haya sentido o no vaya a sentir esa estremecedora ansiedad. Es porque intentamos escapar de ella mediante todas las formas de distracción y gratificación - a través del sexo, de Dios, del trabajo, de la bebida, escribiendo poemas o repitiendo ciertas palabras que hemos aprendido de memoria - que nunca comprendemos esa ansiedad cuando nos ataca por sorpresa.

De modo que, cuando el dolor de la soledad los ataque afróntenlo, mírenlo sin intención alguna de escapar. Si escapan de él, jamás lo comprenderán, y el dolor estará siempre ahí, aguardándolos a la vuelta de la esquina. Mientras que si pueden comprender esta dolorosa soledad e ir más allá de ella, descubrirán que no hay necesidad alguna de escapar, ni existe el impulso de gratificarse o entretenerse, porque entonces la mente de ustedes conocerá una riqueza que es incorruptible y que no puede ser destruida.

Todo esto forma parte de la educación. Si en la escuela solamente estudian materias para aprobar exámenes, entonces el aprender mismo se vuelve un medio para escapar de la soledad. Reflexionen un poco sobre esto y lo verán. Considérenlo con sus educadores y pronto descubrirán qué solos se sienten ellos, qué solos se sienten ustedes. Pero aquellos que están internamente solos, cuyas mentes y cuyos corazones se hallan libres del dolor de la soledad, ellos son verdaderos seres humanos, porque pueden descubrir por sí mismos qué es la realidad, pueden recibir aquello que es eterno.

Interlocutor: ¿Cuál es la diferencia entre la percepción alerta y la sensibilidad?

Krishnamurti: Dudo de que haya diferencia alguna. ¿Sabe?, cuándo usted formula una pregunta, lo que importa es que descubra por sí mismo la verdad al respecto, y no que acepte meramente lo que diga algún otro. Averigüemos, pues, juntos, qué es la percepción alerta.

Vemos un hermoso árbol con sus hojas relucientes después de la lluvia; vemos la luz del sol que brilla sobre el agua y sobre las plumas grisáceas de los pájaros; vemos a los aldeanos dirigiéndose con sus pesadas cargas a la ciudad y escuchamos sus risas; oímos el ladrido de un perro, o el llamado de un ternero a su madre. Todo esto es parte de la percepción, la percepción de lo que nos rodea, ¿no es así? Acercándonos un poco más, advertimos nuestra relación con la gente, con las ideas y las cosas, percibimos cómo miramos la casa, el camino; observamos nuestras reacciones a lo que la gente nos dice, y vemos cómo nuestra mente está siempre evaluando, juzgando, comparando o condenando. Todo esto forma parte de la percepción, que comienza en la superficie y después penetra más y más en lo profundo; pero, para la mayoría de nosotros, la percepción se detiene en cierto punto. Nos percatamos de los ruidos, de los cantos, de los espectáculos feos o hermosos, pero no nos percatamos de nuestras reacciones a ellos. Decimos: “Eso es hermoso” o, “Eso es feo”, y seguimos de largo; no investigamos qué es la belleza, qué es la fealdad. Ciertamente, ver cuáles son nuestras reacciones, estar más y más alertas a cada movimiento de nuestro propio pensar, observar que nuestra mente está condicionada por la influencia de nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestra raza y cultura, todo eso forma parte de la percepción alerta, ¿no es así?

Cuanto más se adentra la mente en lo profundo, en sus propios procesos de pensamiento, más claramente comprende que todas las formas del pensar están condicionadas; en consecuencia, la mente se aquieta de manera espontánea - lo cual no quiere decir que se adormezca. Por el contrario, la mente se halla entonces extraordinariamente alerta, ya no está más drogada por los mantrams, por la repetición de palabras, ni está moldeada por la disciplina. Este estado de alerta silencioso también forma parte de la percepción, del darnos cuenta; y si penetramos en ello aun más profundamente, descubriremos que no hay división alguna entre la persona que percibe y el objeto que ella percibe.

Ahora bien, ¿qué significa ser sensible? Darnos cuenta del color y la forma, de lo que la gente dice y de nuestra respuesta a ello; ser considerados, tener buen gusto, buenos modales; no ser rudos, no hacer daño a otros ni física ni internamente, pero sin ser conscientes de que obramos así; ver algo hermoso y demorarnos en ello; escuchar a título de ensayo y sin aburrirnos todo lo que se dice, de manera que la mente se vuelva sutil, aguda - todo esto es sensibilidad, ¿no es cierto? ¿Hay, pues, mucha diferencia entre la sensibilidad y la percepción alerta? No creo que la haya.

Vea, en tanto su mente esté condenando, juzgando, formándose opiniones, conclusiones, no es perceptiva ni sensible. Cuando usted es rudo con la gente, cuando arranca flores y las tira, cuando maltrata a los animales, cuando raspa los muebles para escribir en ellos su nombre, o rompe la pata de una silla, cuando no es puntual en las comidas y tiene en general malos modales, todo eso indica insensibilidad, ¿no es así? Indica que se tiene una mente incapaz de adaptarse a un estado de atención. Y, ciertamente, forma parte de la educación ayudar al estudiante a que sea sensible, de modo que no se amolde meramente ni resista, sino que esté atento a todo el movimiento de la vida. Las personas que son sensibles en la vida, pueden sufrir mucho más que las que son insensibles; pero si comprenden su sufrimiento y van más allá de éste, descubrirán cosas extraordinarias.

Interlocutor: ¿Por qué nos reímos cuando alguien da un traspié y cae?

Krishnamurti: Es una forma de insensibilidad, ¿no es así? También existe una cosa como el sadismo. ¿Sabe lo que significa esa palabra? Un autor llamado el Marqués de Sade escribió una vez un libro acerca de un hombre que disfrutaba lastimando a la gente y viéndola sufrir. De ahí se deriva la palabra “sadismo”, que significa obtener placer del sufrimiento ajeno. Para ciertas personas hay una satisfacción peculiar en ver sufrir a los demás. Obsérvese a sí mismo y vea si tiene este sentimiento. Puede no ser obvio, pero si está ahí encontrará usted que se expresa en el impulso de reír cuando alguien cae. Ustedes quieren ver derribados a los que están arriba, critican, murmuran irreflexivamente acerca de otros, todo lo cual es una expresión de insensibilidad, una forma de querer lastimar a la gente. Uno puede menoscabar a otro deliberadamente, por venganza, o puede hacerlo inconscientemente con una palabra, con un gesto, una mirada; pero en cualquiera de ambos casos el impulso es el de hacer daño a alguien, y son muy pocos los que descartan radicalmente esta forma pervertida de placer.

Interlocutor: Uno de nuestros profesores sostiene que lo que usted nos dice es completamente impracticable. Él lo reta a que eduque, con un salario de 120 rupias, a seis niños y seis niñas. ¿Cuál es su respuesta a esta crítica?

Krishnamurti: Si yo tuviera un salario de sólo 120 rupias, no intentaría educar a seis niños y seis niñas; eso es lo primero. Segundo, si yo fuera un profesor ésa sería una dedicación y no un empleo. ¿Ve la diferencia? La enseñanza en cualquier nivel no es una profesión, no es un mero empleo; es un acto de dedicación. ¿Comprende el significado de esa palabra “dedicación”? Estar dedicado es entregarse a algo completamente, sin pedir nada en cambio; es ser como un monje, como un ermitaño, como los grandes maestros y científicos - no como los que aprueban unos cuantos exámenes y se llaman a sí mismos profesores. Hablo de aquellos que se han consagrado a la enseñanza no por dinero, sino porque ésa es su vocación, porque ése es su amor. Si hubiera maestros así, encontrarían que a los niños y niñas se les puede enseñar más prácticamente todas las cosas de las que estoy hablando. Pero es el maestro, el educador, el profesor para quien el enseñar es sólo un empleo que le permite ganarse la vida, el que le dirá a usted que estas cosas no son prácticas.

Después de todo, ¿qué es lo práctico? Considérelo. El modo como estamos viviendo ahora, como estamos enseñando, como se manejan nuestros gobiernos con su corrupción y sus guerras incesantes, ¿a eso lo llama práctico? ¿Es práctica la ambición, es práctica la codicia? La ambición engendra competencia y, por tanto, destruye a la gente. Una sociedad basada en la codicia y en la adquisición lleva siempre dentro de sí el espectro de la guerra, del conflicto, del sufrimiento; ¿y es práctico eso? Obviamente, no lo es. Y esto es lo que trato de decirles en todas las charlas que tenemos.

El amor es la cosa más “práctica” que hay en el mundo. Amar, ser gentil, no ser codicioso ni ambicioso, no dejarse influir por otros sino pensar por uno mismo - todas estas cosas son muy prácticas, y podrán dar origen a una sociedad práctica, feliz. Pero el maestro que no se consagra a su enseñanza, que no ama, que podrá tener unas cuantas siglas después de su apellido pero que es meramente un proveedor de informaciones que ha extraído de los libros, él les dirá que todo esto no es práctico, porque en realidad jamás ha reflexionado al respecto. Amar es ser práctico, mucho más que el absurdo sentido práctico de la así llamada educación, la cual produce ciudadanos absolutamente incapaces de ser independientes y de resolver cualquier problema por sí mismos.

Vea, esto forma parte de la percepción alerta: darse cuenta de que ellos están obrando de una manera poco seria y, al mismo tiempo, continuar con la propia seriedad.

La dificultad con la mayoría de las personas mayores es que no han resuelto el problema de su propio vivir y, no obstante, les dicen: “Les mostraremos a ustedes lo que es práctico y lo que no lo es”. El enseñar es la más grande vocación en la vida aunque actualmente sea la más menospreciada; es la mas alta, la mas noble de las profesiones. Pero el maestro tiene que consagrarse enteramente a ella, tiene que entregarse por completo, tiene que enseñar con su mente y su corazón con todo su ser y es gracias a esa dedicación que las cosas se hacen posibles.

Interlocutor: ¿Cuál es el bien de la educación si, mientras nos educan, también somos destruidos por los lujos del mundo moderno?

Krishnamurti: Me temo que está usted usando palabras erróneas. Tenemos que tener cierta dosis de bienestar, ¿no es así? Cuando nos sentamos quietamente en una habitación, es bueno que la misma esté limpia y aseada, aunque pueda carecer por completo de muebles excepto una estera; además debe ser bien proporcionada y tener ventanas del tamaño apropiado. Si en la habitación hay un cuadro, debe ser de algo bello, y si hay una flor en un jarrón, debe tener tras ella el espíritu de la persona que la puso allí. Uno también necesita buena alimentación y un lugar tranquilo para dormir. Todo esto forma parte del bienestar que nos ofrece el mundo moderno. ¿Y está ese bienestar destruyendo al hombre que se titula educado? ¿O es el hombre que se titula educado el que, por su ambición y su codicia, está destruyendo el bienestar natural para todos los seres humanos? En los países prósperos, la educación moderna esta tornando a la gente más y más materialista y, por lo tanto, el lujo en todas sus formas está pervirtiendo y destruyendo la mente; y en los países pobres, como la India, la educación no los alienta a crear una clase radicalmente distinta de cultura, no nos ayuda a ser revolucionarios. Ya he explicado qué entiendo por revolucionario - no es el arrojar bombas, ni lo es la revolución sanguinaria. Esas personas no son revolucionarías. Un verdadero revolucionario es un hombre libre de cualquier inducción, libre de las ideologías y los enredos de nuestra sociedad, la cual es una expresión de la voluntad colectiva de las masas; y la educación que ustedes reciben no los ayuda a ser esa clase de revolucionarios. Por el contrario, les enseña a amoldarse, o a reformar meramente lo que ya está ahí.

Lo que los esta destruyendo, pues, es la así llamada educación, no los lujos que provee el mundo moderno. ¿Por qué no deberían ustedes tener automóviles y buenas carreteras? Pero ya lo ven, todas las técnicas e invenciones modernas se usan ya sea para la guerra, o meramente para el entretenimiento - como un medio de escapar de uno mismo - y así la mente se pierde entre artefactos. La educación moderna se ha convertido en el cultivo de los artefactos, de los aparatos mecánicos o de las máquinas que les ayudan a cocinar, a limpiar, a planchar, a calcular y hacer varias otras cosas esenciales, de modo que no tengan que pensar todo el tiempo en ellas. Y ustedes deben tener estos artefactos, y no perderse en ellos sino tener la mente libre para hacer algo por completo diferente.

Interlocutor: Yo tengo una piel muy negra, y la mayoría admira una tez más clara. ¿Cómo puedo ganar su admiración?

Krishnamurti: Creo que hay cosméticos especiales que se supone aclaran la piel; ¿pero resolverá eso su problema? Usted seguirá deseando que lo admiren, seguirá queriendo destacarse socialmente, seguirá anhelando posición, prestigio, y en esa exigencia misma de admiración, en la lucha por destacarse, está siempre la punzada del dolor.

Mientras desee ser admirado, distinguido, su educación va a destruirlo, porque lo ayudará a convertirse en “alguien” dentro de esta sociedad, y esta sociedad está muy corrompida. Hemos formado esta sociedad destructiva a causa de nuestra codicia, de nuestra envidia, de nuestro miedo, y no va a transformarse porque la ignoremos o la llamemos una ilusión. Sólo la correcta clase de educación podrá extirpar la codicia, el miedo, el deseo de adquirir de modo que podamos establecer una cultura radicalmente nueva, un mundo por completo diferente; y la correcta clase de educación puede existir sólo cuando la mente quiere de verdad comprenderse a sí misma y estar libre del dolor.

El Propósito de la Educación

Capítulo 23 - La Necesidad de Estar Solo

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

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