Jiddu Krishnamurti texts Jiddu Krishnamurti quotes and talks, 3000 texts in many languages. Jiddu Krishnamurti texts

El Propósito de la Educación

Capítulo 27 - Buscar a Dios

Uno de los principales problemas que afrontamos todos nosotros, y especialmente aquellos que ahora reciben educación y pronto tendrán que salir y enfrentarse al mundo, es la cuestión de la reforma. Diversos grupos de personas - los socialistas, los comunistas y los reformadores de todo tipo - se interesan en producir ciertos cambios en el mundo, cambios que son obviamente necesarios. Si bien en algunos países existe un considerable grado de prosperidad, en todo el mundo sigue habiendo hambre, inanición, y millones de seres humanos no tienen ropa suficiente ni un sitio apropiado para dormir. ¿Y cómo podría tener lugar una reforma fundamental que no produjera más caos, más desdicha y conflicto? Ése es el verdadero problema, ¿no es así? Si uno lee un poco de historia y observa el actual giro que toman los acontecimientos políticos, resulta obvio que lo que llamamos reforma, por deseable y necesaria que pueda ser, siempre trae como secuela otras formas ulteriores de confusión y conflicto; y para contrarrestar esta nueva desdicha, se hacen necesarias más leyes, más frenos y controles. La reforma crea nuevos desórdenes; al enmendar éstos, se siguen produciendo más desórdenes, y así continúa el círculo vicioso. Es a esto que nos enfrentamos, y es un proceso que parece no terminar jamás.

Ahora bien, ¿cómo hemos de abrirnos paso a través de este círculo vicioso? Ténganlo presente, es obvio que la reforma es necesaria; pero, ¿es posible la reforma sin que se siga produciendo más confusión? Me parece que éste es uno de los problemas fundamentales en que debe interesarse cualquier persona reflexiva. La cuestión no es qué clase de reforma se necesita, o a qué nivel; lo importante es averiguar si cualquier reforma es completamente posible sin que traiga consigo otros problemas que, a su vez, crean la necesidad de más reformas. ¿Y qué ha de hacer uno para romper con este proceso interminable? Ciertamente, el propósito de la educación, tanto en la escuela pequeña como en la gran universidad, es abordar este problema no de manera abstracta o teórica, no mediante el mero filosofar o escribir libros al respecto, sino afrontándolo efectivamente a fin de descubrir el modo de resolverlo. El hombre está atrapado en este círculo vicioso de las reformas que siempre requieren reformas ulteriores y, si este círculo no se rompe, nuestros problemas no pueden tener solución.

¿Qué clase de educación, pues, qué clase de pensar se necesita para romper este círculo vicioso? ¿Qué acción pondrá fin al incremento de los problemas en todas nuestras actividades? ¿Hay algún movimiento del pensar, en cualquier dirección que sea, que pueda liberar al hombre de esta manera de vivir que, al reformarse, necesita siempre de más reformas? En otras palabras, ¿existe una acción que no nazca de la reacción?

Pienso que hay un modo de vivir en el que no existe este proceso de las reformas que engendran más infortunio, y ese modo puede llamarse religioso. La persona verdaderamente religiosa no se interesa en la reforma, no se interesa en producir meramente un cambio en el orden social; por el contrario, ella está buscando lo que es verdadero, y esa búsqueda minina tiene un efecto transformador sobre la sociedad. Por eso es que la educación tiene que interesarse principalmente en ayudar al estudiante a buscar la verdad, a buscar a Dios, y no en prepararlo meramente para que encaje en el patrón de una sociedad determinada.

Pienso que es muy importante comprender esto mientras somos jóvenes; porque, a medida que pasan los años y empezamos a dejar de lado nuestros pequeños entretenimientos y nuestras distracciones, nuestras pequeñas ambiciones y nuestros apetitos sexuales, nos volvemos más agudamente conscientes de los inmensos problemas que afronta el mundo, y entonces queremos hacer algo al respecto, querernos producir alguna clase de mejoramiento. Pero a menos que seamos profundamente religiosos, sólo crearemos más confusión, más desdicha. Y la religión no tiene nada que ver con sacerdotes, iglesias, dogmas o creencias organizadas. Estas cosas no son religión en absoluto, son meramente conveniencias sociales para sujetarnos dentro de un patrón particular de pensamiento y acción; son medios para explotar nuestra credulidad, nuestra esperanza y nuestro miedo. La religión es la búsqueda de la verdad, de Dios, y esta búsqueda requiere una energía enorme, una inteligencia amplia, un pensar sutil. Es en esta búsqueda misma de lo inconmensurable que existe la correcta acción social, no en la llamada reforma de una sociedad particular.

Para descubrir qué es la verdad tiene que haber un gran amor y una profunda percepción de la relación del hombre con todas las cosas - lo cual implica que uno no se interesa en su progreso propio, en sus logros personales. La búsqueda de la verdad es auténtica religión, y únicamente el hombre que está buscando la verdad es un hombre religioso. Un hombre así, gracias a su amor, está fuera de la sociedad, y su acción sobre la sociedad es, en consecuencia, por completo diferente de la de un hombre que está dentro de la sociedad y se interesa en reformarla. El reformador nunca podrá crear una cultura nueva. Lo que se necesita es la acción del hombre verdaderamente religioso, porque esta acción, esta búsqueda religiosa misma, produce su propia cultura, y ésa es nuestra única esperanza. Vean, la búsqueda de la verdad otorga una explosiva creatividad a la mente, lo cual es la verdadera revolución, porque en esta búsqueda la mente no se contamina con los edictos y sanciones de la sociedad. Al estar libre de todo eso, el hombre religioso puede descubrir lo que es verdadero; y es este descubrimiento, de instante en instante, el que crea una nueva cultura.

Por eso es muy importante que tengan ustedes la clase apropiada de educación. Para ello el educador mismo debe educarse apropiadamente, de modo que no considere la enseñanza como un mero medio de ganarse la subsistencia, sino que sea capaz de ayudar al estudiante para que éste deje de lado todos los dogmas y no esté aferrado a ninguna religión o creencia Las personas que se reúnen basándose en una autoridad religiosa, o para practicar ciertos ideales, se interesan todas en la reforma social, que es meramente el decorado de los moros de la prisión. Sólo el hombre genuinamente religioso es verdaderamente revolucionario; y la educación tiene como función ayudarnos a cada uno de nosotros a ser religiosos en el verdadero sentido de la palabra, porque sólo en esa dirección reside nuestra salvación.

Interlocutor: Yo deseo hacer trabajo social, pero no sé por dónde empezar.

Krishnamurti: Pienso que es muy importante descubrir no cómo empezar, sino por qué quiere usted hacer trabajo social. ¿Por qué quiere hacerlo? ¿Es porque ve usted la desdicha que hay en el mundo - hambre, enfermedad, explotación, brutal indiferencia de la parte muy rica de la sociedad hacia la que padece una pobreza espantosa, enemistad entre hombre y hombre -, es ésa la razón? ¿Quiere hacer trabajo social porque en su corazón hay amor y, por lo tanto, no se interesa usted en su propia realización personal? ¿O el trabajo social es una forma de escapar de usted mismo? ¿Comprende? Usted ve, por ejemplo, toda la fealdad que implica el matrimonio ortodoxo, de modo que dice: “Jamás me casaré” y en vez de eso se lanza al trabajo social, o tal vez sus padres lo han instado a ello, o tiene usted un ideal. Si es un medio de escape, o si está usted persiguiendo meramente un ideal establecido por la sociedad, por un líder o un sacerdote, o por usted mismo, entonces cualquier trabajo social que pueda hacer sólo creará más infortunio. Pero si en su corazón hay amor, si está usted buscando la verdad y, en consecuencia, es una persona genuinamente religiosa, si ya no es más ambicioso, si ya no persigue el éxito y su virtud no conduce a la respetabilidad, entonces la vida misma que usted lleva ayudará a producir una transformación total de la sociedad.

Pienso que es fundamental comprender esto. Cuando somos jóvenes - como lo es la mayoría de ustedes - queremos hacer algo, y el trabajo social está en el ambiente. Los libros hablan de él, los diarios hacen su propaganda, hay escuelas donde se adiestra a trabajadores sociales, etcétera. Pero vea, sin el conocimiento propio, sin comprenderse uno a sí mismo y a sus relaciones, cualquier trabajo social que haga le dejará gusto a cenizas en la boca.

El hombre feliz, no el idealista o el desdichado que escapa, es el revolucionario; y el hombre feliz no es aquel que tiene muchas posesiones. El hombre feliz es el hombre verdaderamente religioso, y su vivir mismo es trabajo social. Pero si usted se convierte meramente en uno de los innumerables trabajadores sociales, su corazón estará vacío. Podrá regalar su dinero, o persuadir a otros para que hagan lo mismo con el de ellos, podrá producir reformas maravillosas; pero en tanto su corazón esté vacío y su mente llena de teorías, su vida será opaca, tediosa y carente de alegría. Por lo tanto, primero compréndase a sí mismo, y gracias a ese conocimiento propio llegará la correcta clase de acción.

Interlocutor: ¿Por qué el hombre es tan insensible?

Krishnamurti: Eso es bastante simple, ¿no? Cuando la educación se limita a comunicar conocimientos preparando al estudiante para un empleo, cuando meramente sostiene ideales y le enseña al estudiante a interesarse en su propio éxito, obviamente, el hombre se vuelve insensible. Vea, casi todos nosotros carecemos de amor en nuestros corazo­nes. Jamás miramos las estrellas ni escuchamos con delei­te el susurro de las aguas; jamás observamos la danza de la luz lunar sobre una rápida corriente ni contemplamos el vuelo de un pájaro. No hay un canto en nuestros corazones; estamos siempre ocupados; nuestras mentes están llenas de esquemas e ideales para salvar a la humanidad, profesamos la fraternidad, y nuestro aspecto mismo la niega. Por eso es fundamental que tengamos la apropiada clase de educación mientras somos jóvenes, de modo que nuestras mentes y nuestros corazones estén abiertos, sean sensibles, apasionados. Pero esa pasión, esa energía, esa comprensión explosiva se destruye cuando tenemos miedo; y la mayoría de nosotros tiene miedo. Tenemos miedo de nuestros padres, de nuestros maestros, del sacerdote, del gobierno, del jefe; tenemos miedo de nosotros mismos. De ese modo la vida se convierte en un objeto de temor, de oscuridad, y por eso el hombre es insensible.

Interlocutor: ¿Puede uno refrenarse de hacer lo que le gusta y, no obstante, encontrar el camino de la libertad?

Krishnamurti: Usted sabe, una de las cosas más difí­ciles que hay, es descubrir lo que queremos hacer, no sólo mientras somos adolescentes, sino durante toda la vida. Y a menos que usted descubra por sí mismo lo que verdaderamente quiere con todo su ser, terminará haciendo algo que no tiene ningún interés vital para usted, y entonces su vida será desdichada; y, siendo usted desdichado, bus­cará distracción en los cines, en la bebida, en leer innume­rables libros, en alguna clase de reforma social y todas esas cosas.

¿Puede, pues, el educador, ayudarlo a descubrir qué es lo que desea hacer a lo largo de toda su vida, prescindiendo de lo que sus padres o la sociedad puedan querer que haga? Esa es la verdadera pregunta, ¿no? Porque una vez que descubra qué actividad ama con todo su ser, será un hombre libre; entonces tendrá capacidad, confianza inicia­tiva. Pero si no sabe qué actividad es la que realmente ama, y se convierte en un abogado, un político, esto o aquello, no habrá felicidad para usted, porque esa profe­sión misma llegará a ser el medio para que se destruya usted y destruya a otros.

Usted tiene que descubrir por sí mismo qué es lo que en verdad quiere hacer. No piense en términos de elegir una vocación a fin de encajar en la sociedad, porque de ese modo nunca descubrirá qué actividad es la que ama. Cuando uno ama realmente lo que hace, no hay problema alguno de elección. Cuando usted ama y deja que el amor haga lo que quiera, hay una acción correcta, porque el amor jamás busca el éxito, jamás está preso en la imita­ción; pero si entrega su vida a algo que no ama, nunca será un hombre libre.

Pero el hacer meramente lo que a uno le gusta, no es hacer lo que uno ama. Para descubrir qué es lo que uno ama realmente, se requiere mucha penetración, mucho discernimiento. No empiece pensando en términos de ganarse la subsistencia; si usted descubre qué es lo que realmente desea hacer entonces tendrá un medio de vida.

Interlocutor: ¿Es verdad que sólo el puro puede real­mente vivir sin miedo?

Krishnamurti: No tenga ideales de pureza, de castidad, de fraternidad, de no violencia y todas esas cosas, porque no tienen sentido. No trate de ser valiente, porque ésa es meramente una reacción al miedo. Para vivir sin miedo se requiere un discernimiento inmenso, una comprensión de todo el proceso del miedo y de su causa.

Vea, el miedo existe mientras usted quiere sentirse seguro - seguro en su matrimonio, seguro en su empleo, seguro en sus ideas, en sus creencias, seguro en su relación con el mundo o en su relación con Dios. El movimiento de la mente que busca seguridad o gratifica­ción, está atado al temor; y lo esencial es darse cuenta de este proceso y comprenderlo. No es una cuestión de la llamada pureza. La mente alerta, observadora, libre de temor, es una mente inocente; y es sólo una mente inocen­te la que puede comprender la realidad, la verdad, la que puede comprender a Dios.

Infortunadamente, en este país como en cualquier otra parte, los ideales han asumido una importancia extraordinaria - siendo el ideal lo que debería ser; yo debería ser no violento, debería ser bueno, etc. El ideal, lo que debería ser, siempre se encuentra muy lejos en alguna parte; por lo tanto, no es. Los ideales son una calamidad porque nos impiden pensar directamente, sencillamente, con la ver­dad, cuando nos enfrentamos a los hechos. El ideal, lo que ­debería ser, es un modo de escapar de lo que es. Lo que es, es el hecho que lo atemoriza - usted tiene miedo de lo que dirán sus padres, de lo que pueda pensar la gente, lo asustan la sociedad, la enfermedad, la inserte; y si afronta lo que es, si lo mira, si profundiza en ello (cualesquiera que sean las consecuencias para su persona), y lo comprende, entonces encontrará que su mente se vuelve extraordina­riamente sencilla, clara; y en esa claridad misma está la cesación del temor. Por desgracia, se nos educa en todos los absurdos filosóficos de los ideales, que son un mero aplazamiento; carecen en absoluto de toda validez.

Ustedes tienen, por ejemplo, el ideal de la no violencia; pero, ¿son no violentos? ¿Por qué, entonces, no se enfren­tan a la violencia, por qué no miran lo que son? Si observan su propia codicia, su ambición, sus placeres y distracciones, y comienzan a comprender todo eso, descu­brirán que el tiempo como un medio para progresar, como un medio de lograr el ideal, se ha terminado. Vea, la mente inventa el tiempo para alcanzar en él lo que desea; por tanto, jamás está quieta, silenciosa. Una mente silenciosa es inocente, lozana, aunque pueda haber tenido mil ayeres de experiencias, y por eso es capaz de resolver las dificul­tades de su propia existencia en la relación.

Interlocutor: El hombre es la víctima de sus propios deseos, los que crean múltiples problemas. ¿Cómo podemos producir un estado sin deseos?

Krishnamurti: Querer producir un estado sin deseos es un mero truco de la mente. Viendo que el deseo crea desdicha y queriendo escapar de ello, la mente proyecta el ideal del estado sin deseos y después pregunta: “¿Cómo he de alcanzar ese ideal?” ¿Qué ocurre entonces? Para estar sin deseos, usted reprime su deseo, ¿no es así? Estrangula su deseo, trata de matarlo, y después piensa que ha alcanzado un estado sin deseos - lo cual es todo falso.

¿Qué es el deseo? Es energía, ¿verdad? Y en el momento en que usted sofoca su energía, ha hecho de sí mismo un ser apagado, carente de vida. Eso es lo que ha sucedido en la India. Todos los hombres llamados religiosos han sofo­cado su deseo; existen muy pocos que piensan y son libres. Por lo tanto, lo importante es no ahogar el deseo, sino comprender la energía y utilizar la energía en la dirección correcta.

Vea, cuando ustedes son jóvenes tienen energía en abundancia - energía que les hace querer saltar sobre los cerros, alcanzar las estrellas. Entonces interviene la sociedad y les dice que contengan esa energía dentro de los muros de la prisión que ella llama respetabilidad. Median­te la educación, mediante todas las formas de control termina por extinguir esa energía. Pero ustedes necesitan más energía, no menos, porque sin una energía inmensa jamás descubrirán lo que es verdadero. El problema, pues, no es cómo reducir la energía, sino cómo mantenerla e incrementarla, cómo hacer que sea independiente y conti­nua - pero no a instancias de ninguna creencia o socie­dad - de modo que llegue a ser el movimiento hacia la verdad, hacia Dios. Entonces la energía tiene un significa­do por completo diferente. Como un guijarro que arrojan en un lago tranquilo crea un círculo que se amplía cada vez más, así la acción de la energía en la dirección de lo que es verdadero, crea las ondas de una nueva cultura. Entonces la energía es ilimitada, inconmensurable, y esa energía es Dios.

El Propósito de la Educación

Capítulo 27 - Buscar a Dios

Jiddu Krishnamurti, El Propósito de la Educación. Think on These Things. Jiddu Krishnamurti en español.

suntzuart

the 48 laws of power