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El Reino de la Felicidad

Capítulo 2 - Interés y Entusiasmo

Convenceros quisiera de la importancia de interesarse por las cosas de la vida, pues sin interés no podréis hacer nada. Debéis estar intensamente interesados, yo me intereso por todas las cosas porque toda la vida que me rodea me da comprensión. No hay para mí en la vida otra cosa que hallar la Verdad, la dicha, la paz y la tranquilidad.

Para estar verdaderamente interesado debéis tener la mente y las emociones vivas durante todo el día, despiertas y no dormidas. Quisiera poderos infundir algo del interés que yo siento, para despertar el interés en vosotros. Porque si no tenéis interés, el deseo de hallar, el anhelo de obtener, la inclinación de prescindir de todo para alcanzar lo ultérrimo, no seréis capaces de aprender a sacrificaros.

Este interés sólo sobrevendrá si estáis verdaderamente civilizados. El salvaje que entra en la primera etapa de la vida, para quien son nuevas todas las cosas, que está acumulando Karma, que aprende a sufrir y empieza a crear, sólo puede tener muy débil interés en la vida.

Necesita adquirir, experimentar y probar todas las cosas físicas, mientras que la persona culta y civilizada, en su evolución por muchas vidas, y mediante su pasado Karma, ha almacenado conocimiento, experiencia, intuición y discernimiento. Continuamente desdeña las cosas de poca importancia, y para él este es el único medio de interesarse en el deseo de hallar la Verdad.

Para vosotros y para mí este deseo ha de ser en su esencia tan estremecedor y vital como el que siente el salvaje que comienza a gustar los placeres y sensaciones de la vida, pero vosotros camináis por diferente sendero y tenéis nuevos deseos, porque ya traspusisteis la etapa del salvaje cuyo interés se cifra en los sucesos materiales de la vida cotidiana. El salvaje está todavía creándose Karma mientras que vosotros debéis ir agotándolo. Debéis fortalecer vuestra voluntad y dominar vuestros deseos, a fin de que aprendáis a obtener la tirana Voz. El entusiasmo es el único medio de escuchar y obedecer esta Voz que siempre ha de guiarnos.

Si tenéis entusiasmo, hallaréis que vuestra Intuición, aquella Voz que anhelamos oír, llega a ser vuestro Maestro, la única autoridad en vuestra vida.

Para despertar el interés, debéis vigilar, debéis aprender a pensar, a valeros de vuestra imaginación, a sufrir, aunque sin pasar efectivamente por todo el proceso del ordinario sufrimiento. Os pondré un ejemplo. El otro día imaginé que salía de paseo con mi hermano. Anduvimos por un estrecho sendero, y durante todo aquel tiempo me parecía que mi sombra era más densa que la suya. Medité un rato sobre ello y eché de ver que mi conciencia estaba más enfocada en mí que mi hermano. Era lo mismo que si miráramos a través de dos cristales, uno más obscuro que el otro, y el más obscuro era yo, pero yo quise que ambas sombras tuviesen el mismo reflejo, y al cabo de un rato desapareció la diferencia y fui capaz de identificar mi personalidad con la de mi hermano.

Después imaginativamente, me tendí en un jardín y me puse a observar una brizna de hierba. Ya sabéis que al brotar la hierba, medra absolutamente en una sola brizna y después ahíja en dos o tres hojuelas. Yo creía ser esta brizna que aún no había ahijado. Después me pareció sentir como la brizna brotaba del seno de la tierra y la savia ascendía por ella y se separaban las hijuelas, y era yo cada una de ellas. Al volver en mí me dije: No deseo en mi vida otra cosa que la capacidad de perder el sentimiento del yo separado, porque entonces seré capaz de olvidar el “yo” e identificarme con el resto del mundo, con cada uno de los reinos vegetal, animal y humano. Entonces estaré más cerca de la Verdad, más cerca de la perfección. Lo que en el camino se interpone es el separado yo, la estrecha sujeción del yo y la división que establece.

Según ya dije, para tener imaginación e interés debéis mantener alerta la mente, vigilaos unos a otros y aprender cada uno de los demás. Debéis ir tentando hasta que se despierte vuestro interés y vuestro entusiasmo sea claro y definido, no débil y vago, hasta que la llama del genio arda en vuestro interior.

Para mí es un genio quien ve su meta, cuyo entusiasmo es siempre vivo, que camina firmemente hacia esa meta y lucha sin tregua para mantener clara Visión; quien nunca se esclaviza a las mezquinas cosas de la vida ni le afectan los disturbios domésticos ni mundanos, sino que continuamente los desdeña y procura mantener ante él clara y pura la Visión. En cambio, el hombre vulgar y ordinario está sofocado por el mundo, y no ve la Visión, sino que sucumbe a su ambiente y pierde su poder sobre la vida.

En el esfuerzo para alcanzar la meta, se han de olvidar los disturbios mundanos, se ha de adquirir aquél interés que os empuja siempre hacia adelante, que os infunde vitalidad mental y moral. Si queréis crear y servir de auxilio al mundo, no a unos cuantos individuos, sino al mundo entero, debéis descubrir esta Visión y henchiros de ella, y cuando os hayáis henchido y forméis parte de ella, cuando sea vuestra y conozcáis la Verdad por vosotros mismos, entonces podréis atraer a otros hacia ella. Esto es lo que debéis hacer y tal es el deseo que debéis despertar en vuestro interior. No habéis de ser dioses en vuestros propios círculos sino que habéis de comunicar a los demás esta Visión, lo único importante en la vida.

El instructor lo es para todos; es el Amador del Mundo, y nunca se satisfará con dar Su conocimiento y amor a unos cuantos. Viene para todos. Anhela despertar en todos la belleza y felicidad de la vida, y cuanto mejor comprendamos esta actitud y tengamos algo que dar, cuanto más hayamos luchado y si hemos ascendido en nuestro interior la luz del genio, más capaces seremos de comprender, de seguir y de servir.

Os hablaba de Buda y Sus discípulos y dije que estos discípulos no podían haber sido gente ordinaria. Eran hombres excepcionales, como corpulentos pinos de un bosque, distribuyendo verdadero amor entre quienes deseaban refugiarse en las alturas. Como quiera que entendían al insigne Maestro y respiraban el mismo aire perfumado y vivían en Su mundo, eran capaces de dar a las gentes parte de aquella eterna belleza. Esto es lo que debemos ser: Pinos en la cumbre de la montaña, no vulgares matas del llano donde las hay a millares, aunque también debemos ser matas, porque sólo podréis llegar a ser corpulentos pinos si sabéis lo que es ser modesta trepadora o hierbajo en un jardín.

Esto es lo que quiero significar al decir que debemos tomarnos interés por la vida. Debemos vivir todos los momentos del día.

Estaba ayer leyendo la Biblia y llegué a la frase que dice: “Hijo mío, si vienes a servir a Dios, prepara tu alma para la tentación”. Vuestra alma, vuestro cuerpo, todo ha de estar activamente dispuesto para la tentación de saludable índole, que nos proporciona deleite en servir y dar. Por esto debéis ser cultos. Yo no puedo imaginar un verdadero gigante inculto y grosero. No hablo de un gigante del cuerpo, sino de un gigante en emociones y mentalidad.

Tan sólo podréis oír aquella Voz, sus claros tonos y su imperiosa autoridad si tenéis esta cultura, este interés, este entusiasmo. Tal es la razón por la que yo trato siempre de impulsar. Si hemos de atender a los aspectos físicos de la vida, a la belleza, la pulcritud y la comodidad, es de primordial necesidad tener cultura mental y emocional. Podréis engalanar el cuerpo tan hermosamente como os plazca, pero mientras vuestra mente y vuestras emociones estén incultas no seréis capaces de oír aquella Voz. No quiero decir que no hayáis de vestiros con pulcra elegancia y belleza, sino que es muchísimo más importante el perfecto refinamiento y sentido de cultura emocional y mental. Nada hay en el mundo más agradable, más satisfactorio y deleitoso que este sentimiento de nobleza; y quisiera poder comunicaros el interés de adquirir esta nobleza, esta insistente demanda de vuestra alma. Doquiera estéis, en la escuela, en la tribuna o en la vida ordinaria, si mantenéis esta actitud mental y vuestro oído anhela oír la Voz, poco importa lo que seáis, la clase, tipo, el temperamento a que pertenezcáis o la religión que profeséis. Después de todo, estas visiones y diferencias no son más que señales del transitorio mundo. No necesito que nadie me diga lo que soy, mientras yo sepa que soy libre, dichoso y honrado. No necesito ajena autoridad. Los que de entre vosotros están todavía inseguros y se afanan por las mezquinas cosas de la vida, necesitan la autoridad y el favor de otros; de ahí el establecimiento de una nueva ortodoxia.

Mientras caminéis con clara visión y oigáis esta Voz universal y la obedezcáis, no ha de importaros cuanto puedan decir las gentes, porque justos sois al obedecer al Supremo. Cada vez más anhelo y deseo despertar en vosotros el interés por ver por vosotros mismos lo que está oculto a vuestros ojos, de suerte que luego de haberlo visto y sentido, podáis ir a rasgar los velos de los ajenos ojos.

No basta con darles menudas satisfacciones. Cada uno de vosotros ha de convertirse en mensajero y en ejemplo. Es importantísimo que os convenzáis de que debéis tener el anhelo de ver y oír por vosotros mismos y no contentaros con lo que declaren los demás. Primeramente debéis tener el noble anhelo y después satisfacerlo, con lo que explayaréis y ampliaréis vuestra alma. Cada uno de nosotros es el centro de su propio círculo, y de continuo piensa en sí mismo; pero debiera pensar en sí mismo creadoramente. Deberíamos olvidarnos, en cuanto posible nos fuera, de nuestro yo inferior y sentir que todos somos uno. Aunque yo tenga la tez morena y el pelo negro, soy parte de vosotros y vosotros lo sois de mí. Porque la única manera de vivir es entregarnos a los demás, y sin embargo retener nuestra propia Visión.

El Reino de la Felicidad

Capítulo 2 - Interés y Entusiasmo

Jiddu Krishnamurti, El Reino de la Felicidad, Conversaciones sostenidas en el castillo de Eerde, Holanda, en 1926. The Kingdom of Happiness. Jiddu Krishnamurti en español.

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