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El Vuelo del Águila.

3. La Meditación
El significado de la "búsqueda"; problemas implicados en la práctica y el dominio; la calidad del silencio

Londres, 23 de marzo de 1969

Me gustaría hablar de algo que considero muy importante; al comprenderlo quizá podamos tener, por nosotros mismos, una percepción total de la vida sin fragmentación alguna, de modo que seamos capaces de actuar de manera total, libre y gozosamente.

Siempre estamos buscando alguna forma de misterio porque estamos muy insatisfechos con la vida que vivimos, con la superficialidad de nuestras actividades que tienen muy poco significado y a las cuales tratamos de darle una significación, un sentido. Pero eso es un acto intelectual que, por lo tanto, sigue siendo superficial, falso y en última instancia, vacío. Y a pesar de que sabemos todo eso -que nuestros placeres terminan muy pronto, que nuestras actividades cotidianas son una rutina; sabiendo también que nuestros problemas, tantos de ellos, tal vez nunca sean resueltos; sabiendo que no creemos en nada, y que no tenemos fe en los valores tradicionales, en los maestros, en los gurús, en las sanciones de la iglesia o de la sociedad- conociendo todo esto, la mayoría de nosotros está siempre explorando o buscando, tratando de encontrar algo que en realidad valga la pena, algo que no esté contaminado por el pensamiento y que realmente tenga un extraordinario sentido de belleza y de éxtasis. Me parece que la mayoría de nosotros está tratando de buscar algo duradero, que no sea fácilmente susceptible de corrupción. Desechamos lo que es obvio y existe un hondo anhelo -no emocional o sentimental- un inquirir profundo que podría abrir la puerta a algo que no está en la medida del pensamiento, que no puede ser clasificado en ninguna categoría, fe o creencia. Pero, ¿tiene algún sentido la búsqueda, la exploración?

Vamos a discutir el asunto de la meditación, que es más bien complejo, y antes de examinarlo, debemos ver claro en esta cuestión de la búsqueda, en este esforzarse tras la experiencia tratando de encontrar una realidad. Tenemos que comprender el significado de la búsqueda e investigación de la Verdad, el tanteo intelectual tras algo nuevo que no sea temporal, que no sea producto de nuestras exigencias, apremios y desesperación. ¿Puede la verdad ser encontrada mediante la búsqueda? ¿Es ella reconocible cuando la hemos encontrado? Si la encontramos, ¿podemos decir "ésta es la Verdad", "esto es lo real"? ¿Tiene algún sentido la búsqueda? La mayoría de la gente religiosa está siempre hablando de buscar la verdad, y nosotros preguntamos si la verdad puede ser buscada en forma alguna. ¿En la idea de buscar y de encontrar, no existe también la idea de reconocimiento, la idea de que si encuentro algo debo ser capaz de reconocerlo? ¿No implica el reconocimiento que eso ya lo he conocido antes? ¿Es la verdad "reconocible", en el sentido de haber sido ya experimentada, de manera que pueda uno decir "esto es la Verdad"? Así, ¿cuál es el valor del buscar en forma alguna? O, si no hay valor en ello, ¿está entonces el valor únicamente en la observación constante, en el escuchar constante, que no es lo mismo que buscar? Cuando existe la observación constante, no hay movimiento del pasado. "Observar" implica ver muy claramente, y para ver claramente tiene que haber libertad, libertad del resentimiento, de la enemistad, de cualquier prejuicio o rencor, libertad de todos esos recuerdos que hemos almacenado como conocimiento, los cuales nos impiden ver. Cuando existe esa calidad, esa clase de libertad con observación constante -no sólo de las cosas externas sino también de lo interno- de lo que realmente está ocurriendo ¿qué necesidad hay entonces de buscar en absoluto? Porque todo está allí siendo observado; el hecho, "lo que es". Pero tan pronto queremos cambiar "lo que es" en alguna otra cosa, tiene lugar el proceso de distorsión. En la observación libre, sin distorsión, sin evaluación, sin deseo alguno de placer, en ese puro observar, vemos que "lo que es" sufre un cambio extraordinario.

La mayoría de nosotros tratamos de llenar nuestra vida con el conocimiento, con entretenimientos, con creencias y aspiraciones espirituales, las cuales, según observamos, tienen muy poco valor. Deseamos experimentar algo trascendental, algo más allá de las cosas mundanas; queremos experimentar algo inmenso, que no tenga límites, que esté fuera del tiempo. Para "experimentar" algo inconmensurable, tenemos que comprender las implicaciones de la "experiencia". ¿Por qué necesitamos en absoluto tener "experiencia"?

Por favor no acepten ni rechacen lo que se está diciendo, limítense a examinarlo. El que habla -seamos precisos una vez más al respecto- no tiene importancia alguna (Es como el teléfono; ustedes no obedecen lo que el teléfono dice. El teléfono no tiene autoridad, pero ustedes lo escuchan). Si uno escucha cuidadosamente, en ello hay afecto, no acuerdo o desacuerdo, sino una calidad de mente que dice "veamos de qué habla usted, veamos si ello tiene algún valor, y qué hay en ello de verdadero o de falso". No acepten ni rechacen, sino observen y escuchen, estén atentos no sólo a lo que se dice, sino también a sus propias reacciones, a sus distorsiones mientras están escuchando; vean sus prejuicios, sus opiniones, sus imágenes, sus experiencias, y observen cómo esas cosas están impidiéndoles escuchar.

Estamos preguntando: ¿cuál es el significado de la experiencia? ¿Tiene ella algún significado? ¿Puede la experiencia despertar a una mente que está dormida, que ha llegado a ciertas conclusiones y que está atada y condicionada por creencias? ¿Puede la experiencia despertarla y romper toda esa estructura? ¿Puede una mente así -tan condicionada y tan recargada con sus innumerables problemas y aflicciones y sufrimientos- responder a reto alguno? ¿Puede hacerlo? Y si responde, ¿no tiene que ser inadecuada esa respuesta, y por lo tanto causa de mayor conflicto? Buscar experiencias más amplias, más profundas y trascendentales es siempre una forma de escape de la realidad, de "lo que es" ahora, lo cual somos nosotros mismos, nuestra propia mente condicionada. ¿Por qué ha de necesitar "experiencia" alguna una mente extraordinariamente despierta, inteligente, libre? La luz es la luz, no tiene necesidad de más luz. El deseo de más "experiencia" es un escape de lo real, de "lo que es".

Si uno está libre de esta perpetua búsqueda, libre de la exigencia y del deseo de experimentar algo extraordinario, entonces puede proceder a investigar qué es la meditación. Esa palabra -al igual que las palabras "amor, muerte, belleza, felicidad"- está muy recargada. ¡Hay tantas escuelas que le enseñan a uno cómo meditar! Pero para comprender lo que es la meditación, uno ha de establecer primero las bases del recto comportamiento. Sin esas bases la meditación es realmente una forma de autohipnosis. Si no estamos libres de ira, celos, envidia, codicia, adquisividad, odio, competencia, deseo de éxito -de todas las formas consideradas respetables y morales en nuestro actual sistema de vida- sin establecer la base correcta, sin vivir una vida cotidiana verdaderamente libre de distorsión, de miedo personal, de ansiedad, codicia, etcétera, la meditación tiene muy poco sentido. Establecer esa base es de suma importancia. De manera que uno pregunta: ¿qué es la virtud? ¿Qué es la moralidad? Por favor, no digan que ésta es una pregunta burguesa, que ella no tiene sentido en una sociedad tolerante que lo permite todo. No estamos interesados en esa clase de sociedad; nos interesa una vida completamente libre de temor, una vida que sea capaz de un amor profundo y duradero. Sin eso la meditación se vuelve un extravío, es como tomar una droga -como tantos lo han hecho- para disfrutar de una experiencia extraordinaria a pesar de vivir una vida falsa e insignificante. Los que usan drogas tienen algunas experiencias extrañas, quizá vean un poco más de color, puede que se tornen algo más sensitivos y que gracias a la sensibilidad provocada por las sustancias químicas tal vez vean las cosas sin espacio entre el "observador" y lo observado. Pero cuando el efecto químico se ha ido, están donde estaban antes, con el miedo, el tedio, otra vez en la vieja rutina; por lo tanto tienen que tomar la droga de nuevo.

A menos que uno establezca las bases de la virtud, la meditación se convierte en una treta para controlar la mente, para aquietarla, para obligarla a adaptarse al patrón de un sistema que dice: "Haga estas cosas y recibirá una gran recompensa". Pero una mente así -haga lo que haga con todos los métodos y sistemas disponibles- seguirá siendo pequeña, mezquina, condicionada y, por lo tanto, sin valor. Tenemos que inquirir en lo que es la virtud, lo que es el comportamiento. ¿Es el comportamiento resultado del condicionamiento ambiental, de una sociedad, de una cultura, en la cual uno se ha criado y de acuerdo con la cual uno actúa? ¿Es eso virtud? ¿O consiste la virtud en estar libre de la moralidad social de la codicia, la envidia, etcétera, todo lo cual se considera altamente respetable? ¿Puede la virtud ser cultivada? Y si puede serlo ¿no se convierte entonces en una cosa mecánica que, por lo tanto, no tiene virtud alguna? La virtud es algo vivo, que fluye, que se renueva constantemente a sí mismo y no puede ser cultivada en el tiempo; es como sugerir que uno puede cultivar la humildad. ¿Puede cultivarse la humildad? Únicamente el hombre vanidoso "cultiva" la humildad, y no importa lo que cultive, seguirá siendo vanidoso. Pero en el ver muy claramente la naturaleza de la vanidad y del orgullo, en el mismo hecho de verlo, hay liberación de esa vanidad y ese orgullo, y en ello hay humildad. Cuando esto está bien claro, entonces podemos proceder a averiguar lo que es la meditación. Si no podemos hacerlo con gran profundidad, del modo más serio y verdadero -no sólo por uno o dos días y después abandonarlo- entonces no hablemos, por favor, de meditación. Si uno comprende lo que es la meditación, ve que es una de las cosas más extraordinarias, pero no es posible comprender esto a menos que se haya terminado con la búsqueda, el tanteo, el deseo y ese aferrarse ávidamente a algo que uno considera ser la verdad, pero que sólo es proyección de uno mismo. No se llega al estado de meditación si no cesa toda demanda de "experiencia" y si uno no comprende la confusión en que vive y el desorden que impera en su propia vida. De la observación de ese desorden surge el orden, lo cual no es una imagen. Cuando uno ha hecho esto -que en sí es meditación- entonces puede preguntar no solamente lo que es meditación, sino también lo que no es meditación, porque en la negación de lo que es falso, está la verdad.

Cualquier sistema o método que nos enseñe cómo meditar es falso. Uno puede ver esto intelectualmente, lógicamente, porque si uno practica conforme a un método -no importa lo noble, antiguo, moderno o popular que sea- se está convirtiendo en una máquina, ya que repite algo una y otra y otra vez con el fin de obtener un resultado. En la meditación el fin no es diferente de los medios. Pero el método nos promete algo; es un medio para alcanzar un fin. Si el medio es mecánico, entonces el fin es también algo producido por la máquina, la mente mecánica dice: "conseguiré algo". Uno ha de estar completamente libre de todo método y de todo sistema, y eso ya es el comienzo de la meditación, porque uno está negando algo que es totalmente falso y carente de sentido.

Por otra parte, hay personas que practican "la percepción alerta" (awareness). ¿Puede uno practicar la percepción alerta? Si la "practica" entonces está inatento todo el tiempo. Por lo tanto, estén perceptivos, atentos a la propia inatención, no practiquen cómo estar atentos; si se dan cuenta de su inatención, entonces de esa percepción alerta surge la atención, no necesitan practicarla. Entiendan esto, por favor, es tan claro y tan sencillo. No tienen que ir a Birmania, China, lugares que consideramos románticos, pero que no lo son en los hechos. Recuerdo que una vez estaba viajando en un automóvil, en la India, con un grupo de personas. Me hallaba en el asiento delantero con el conductor y en el asiento trasero había tres personas hablando sobre la percepción alerta (awareness), queriendo discutir conmigo lo que es el darse cuenta. El coche iba muy ligero. Había una cabra en la carretera, y como el conductor no estaba muy atento, arrolló al pobre animal. Los caballeros que estaban detrás de nosotros discutían sobre qué es la percepción alerta, pero nunca se dieron cuenta de lo que había ocurrido. Ustedes ríen, pero eso es lo que todos hacemos; estamos intelectualmente interesados en la idea de la percepción alerta, en la investigación verbal y dialéctica de la opinión, pero no estamos perceptivamente alertas a lo que está ocurriendo.

No hay práctica alguna, sino la cosa viva solamente. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo se puede controlar el pensamiento? El pensamiento vaga por cualquier parte, y cuando uno desea pensar en algo, se desvía hacia otra cosa. Se dice: practica, controla; piensa en un cuadro, en una oración, o en lo que sea; concéntrate; y como el pensamiento se va en otra dirección, volvemos a insistir en que retroceda, y seguimos en la misma lucha hacia adelante y hacia atrás. De manera que uno se pregunta: ¿qué necesidad hay de controlar el pensamiento en absoluto, y cuál es la entidad que va a ejercer el control? Escuchen esto atentamente, por favor. A menos que uno comprenda esta pregunta fundamental, no podrá ver el significado de la meditación. Cuando uno dice, "debo controlar el pensamiento", ¿quién es el que controla, quién es el censor? ¿Es el censor distinto de la cosa que desea controlar, moldear o cambiar en algo diferente? ¿No son ambos lo mismo? ¿Qué sucede cuando el "pensador" ve que él es el pensamiento -y lo es-, que el "experimentador" es la experiencia? ¿Qué hace uno entonces? ¿Están siguiendo esto? El pensador es el pensamiento, y el pensamiento divaga; entonces el pensador, pensando que está separado, dice: "debo controlarlo". ¿Es el pensador diferente de la cosa llamada pensamiento? Si no existe el pensamiento, ¿existe un pensador?

¿Qué ocurre cuando el pensador ve que él es el pensamiento? ¿Qué ocurre en realidad cuando el "pensador" es el pensamiento, al igual que el "observador" es lo observado? ¿Qué ocurre? En eso no existe separación ni división y, por lo tanto, no hay conflicto, de manera que el pensamiento no tiene que seguir siendo controlado o moldeado. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Existe entonces divagación alguna del pensamiento? Antes había control y concentración del pensamiento, y existía el conflicto entre el "pensador" que deseaba controlar el pensamiento, y el pensamiento que divagaba. Eso ocurre permanentemente con todos nosotros. Luego surge la súbita comprensión de que el "pensador" es el pensamiento, lo cual no es una aseveración verbal sino una realidad. ¿Qué ocurre entonces? ¿Existe tal cosa como el pensamiento que divaga? Ello sucede sólo cuando el "observador" es diferente del pensamiento que él censura; entonces puede decir: "este pensamiento es correcto o éste es incorrecto", o: "el pensamiento divaga, tengo que controlarlo", ¿Pero hay divagación alguna cuando el pensador se da cuenta de que es el pensamiento? Señores, investiguen esto, no lo acepten, y lo verán por ustedes mismos. Únicamente hay conflicto cuando hay resistencia, y esa resistencia es creada por el pensador, el cual piensa que está separado del pensamiento. Pero cuando el pensador se da cuenta de que es el pensamiento, entonces no hay resistencia; lo cual no quiere decir que el pensamiento anda por cualquier parte y hace lo que le place, sino lo contrario.

Todo el concepto de control y concentración sufre un cambio tremendo; se convierte en atención, que es algo completamente distinto. Cuando uno comprende la naturaleza de la atención, que la atención puede ser enfocada, entonces se da cuenta de que es una cosa muy diferente de la concentración, pues ésta es exclusión. Entonces ustedes preguntarán: "¿Puedo hacer algo sin concentración?" "¿No necesito concentrarme para hacer algo?" ¿Pero no pueden hacer algo con atención, que no es concentración? "Atención" implica atender, o sea, escuchar, oír, ver con la totalidad de nuestro ser, con nuestro cuerpo, nuestros nervios. En esa atención total -en la cual no hay división- ustedes pueden hacer cualquier cosa, y en esa atención no hay resistencia.

Ahora veamos lo siguiente: ¿puede la mente, que incluye el cerebro -el cerebro, que está condicionado, que es la consecuencia de miles y miles de años de evolución y que es el depósito de la memoria-, puede esa mente aquietarse? Porque sólo cuando la mente está totalmente silenciosa, quieta, hay percepción y se ve con claridad, con una mente que no está confusa. ¿Cómo puede la mente estar silenciosa, quieta? No sé si ustedes han podido ver por sí mismos que para mirar un árbol, o una nube llena de luz y de gloria, tienen que mirar completamente, en silencio; de lo contrario no la están mirando directamente, sino con alguna imagen placentera o con el recuerdo de ayer. No la miran en realidad, están viendo la imagen más bien que el hecho.

De manera que uno se pregunta: ¿puede la totalidad de la mente, incluyendo el cerebro, estar completamente quieta? Hay personas muy serias que se han formulado esta pregunta sin haber podido resolverla; han probado tretas, han dicho que la mente puede aquietarse mediante la repetición de palabras. ¿Han tratado ustedes de hacerlo alguna vez -repitiendo "Ave María" o esas palabras sánscritas que algunas personas han traído de la India, los mantras- repitiendo ciertas palabras para aquietar la mente? No importa de qué palabra se trate -Coca Cola, cualquier palabra- repítanla rítmicamente, repítanla a menudo y notarán que la mente se aquieta. Pero es una mente embotada, no una mente sensitiva, alerta, activa, vital, apasionada, intensa. Aun cuando una mente embotada diga: "he tenido una experiencia trascendental tremenda", está engañándose a sí misma.

De manera que ello no depende de la repetición de palabras, ni de tratar de lograrlo mediante esfuerzo; demasiadas tretas se han usado para aquietar la mente. Pero en su interior uno sabe bien que cuando la mente está quieta todo el problema ha terminado; uno sabe que entonces hay verdadera percepción.

¿Cómo va a estar la mente, incluyendo el cerebro, completamente quieta? Algunos dicen: respire de modo apropiado, aspire aire profundamente, o sea, introduzca más oxígeno en su sangre. Es posible que una mente pequeña y embotada respirando muy hondo, día tras día, pero siempre seguirá siendo lo que es, una mente pequeña y embotada. Igual ocurre con la práctica del Yoga; hay tantas cosas envueltas en esto. Yoga significa destreza en la acción, y no meramente la práctica de ciertos ejercicios necesarios para conservar el cuerpo saludable, fuerte y sensitivo -lo cual incluye comer alimentos apropiados, sin hartarse de carne, etc. (no entraremos en eso, pues probablemente todos ustedes comen carne). La destreza en la acción requiere gran sensibilidad del cuerpo, cierta agilidad física, ingerir comidas adecuadas, no lo que dicta el paladar o aquello a que están acostumbrados.

Entonces ¿qué ha de hacer uno? ¿Quién formula esa pregunta? Vemos muy claramente que nuestras vidas están en desorden, interna y externamente y, sin embargo, el orden es necesario en forma tan ordenada como en la matemática. Pero habrá orden únicamente mediante la observación del desorden, y no tratando de actuar conforme a la imagen de lo que otros y ustedes puedan considerar orden. El orden surge cuando uno ve y se da cuenta del desorden. Uno ve también que la mente debe estar extraordinariamente quieta, sensible, alerta, no aprisionada en un hábito físico o psicológico. ¿Y cómo se logra esto? ¿Quién formula la pregunta? ¿La mente que parlotea sin cesar, que posee cimientos? ¿Ha aprendido ella una cosa nueva, o sea, que puede ver claramente sólo cuando está quieta, y que por lo tanto tiene que estar quieta? Entonces dice: "¿cómo voy a estar quieta?" Sin duda que esa pregunta es de por sí errónea; tan pronto pregunta "cómo", está buscando un sistema y, en consecuencia destruye la misma cosa que se está investigando, que es: ¿cómo puede la mente estar completamente quieta? -no mecánicamente quieta, no forzada ni obligada a estarse quieta. Una mente que no es obligada a estar quieta, es extraordinariamente activa, sensitiva, alerta. Pero cuando uno pregunta "cómo", ahí ha surgido entonces la división entre el observador y la cosa observada.

Cuando ustedes comprenden que no existe método ni sistema, ni mantra, ni maestro, ni nada en el mundo que pueda ayudarlos a aquietar la mente, y comprenden la verdad de que sólo una mente quieta puede ver, entonces la mente se torna extraordinariamente silenciosa. Es como ver el peligro y evitarlo; de la misma manera, cuando uno ve que la mente tiene que estar completamente silenciosa, la mente se silencia.

Pero la calidad del silencio es lo importante. Una mente muy pequeña puede estar muy tranquila porque tiene su propio pequeño espacio donde se mantiene quieta; ese pequeño espacio, con su pequeña quietud, es la cosa mas muerta imaginable -ustedes saben lo que es. Pero una mente con espacio ilimitado que posea esa quietud, ese silencio, no tiene el centro del "yo", del "observador" y, por lo tanto, es del todo diferente. En ese silencio no existe el "observador" en absoluto; esa calidad de silencio tiene un vasto espacio sin fronteras y está intensamente activa. La actividad de ese silencio es completamente distinta de la actividad egocéntrica. Si la mente de un hombre ha ido tan lejos (y en realidad no está tan lejos, está siempre ahí si uno sabe mirar), quizás entonces allí esté, sin ser invitado, lo que el hombre ha buscado por siglos: Dios, la verdad, lo inconmensurable, lo innominado, lo intemporal. Ese es un hombre bienaventurado, para él son la verdad y el éxtasis.

¿Creen ustedes que deberíamos hablar de esto y hacer preguntas? Podría ser que ustedes me dijeran: ¿qué valor tiene todo esto en nuestras vidas diarias? -tengo que vivir, ir a la oficina, también están la familia, el jefe y la competencia, ¿qué tiene que ver con ello lo que usted dice? ¿Es que ustedes no preguntan esto? Si lo preguntan es porque no han prestado atención a todo lo que se ha dicho durante esta mañana. La meditación no es algo diferente de la vida cotidiana. No se retiren al rincón de una habitación a meditar durante diez minutos para salir después de allí y seguir siendo un carnicero -tanto metafóricamente como de hecho. La meditación es una de las cosas más serias mediten todos los días, en la oficina, estando con la familia y también cuando le dicen a alguien, "te amo"; cuando están pensando en los hijos, cuando los educan para que sean soldados, para que maten, para que rindan culto a la bandera; cuando los educan para que entren en esta trampa del mundo moderno. El observar todo eso y darse cuenta de que uno forma parte de ello, es meditación. Y cuando ustedes mediten de esa manera, descubrirán en ello una belleza extraordinaria; actuarán correctamente en todo momento, y si en un determinado momento no lo hicieran, ello no importa; se recobrarán y no perderán tiempo en lamentaciones. La meditación es parte de la vida, y no algo diferente.

Interlocutor: ¿Puede decirnos algo sobre la pereza?

Krishnamurti: La pereza. Ante todo: ¿qué hay de malo en la pereza? No confundamos la pereza con el ocio. Desafortunadamente, la mayoría de nosotros somos perezosos e inclinados a ser indolentes, y por eso nos fustigamos para ser activos, convirtiéndonos de esa manera en más perezosos. Mientras más resisto la pereza, más perezoso me vuelvo. Pero observemos la pereza por la mañana cuando nos despertamos, sintiéndonos terriblemente perezosos y sin deseos de hacer tantas cosas. ¿Por qué se vuelve perezoso el cuerpo? Probablemente porque uno ha comido demasiado, o se ha extralimitado en el sexo; porque uno ha hecho de todo durante el día y la noche anterior para que el cuerpo se sienta pesado, embotado. Entonces el cuerpo dice: por amor de Dios, déjenme tranquilo por un ratito; y uno necesita fustigarlo, activarlo. Pero como no corrige su modo de vida uno termina tomando una píldora para sentirse activo. Sin embargo, si uno observa se da cuenta de que el cuerpo tiene su propia inteligencia, pero es necesario ser muy inteligente para observar la inteligencia del cuerpo. Uno fuerza el cuerpo, lo estimula. Uno está acostumbrado a comer carne, a beber, a fumar, y a todas esas cosas que ustedes conocen; por lo tanto, el cuerpo pierde su intrínseca inteligencia orgánica. Para dejar que el cuerpo actúe con inteligencia, la mente ha de volverse inteligente y no permitirse a sí misma interferir con el cuerpo. Inténtelo y verán que la pereza sufre un cambio tremendo.

Existe también la cuestión del ocio. La gente dispone de más y más tiempo libre, especialmente en las sociedades acomodadas. ¿Qué hace uno con el ocio? Eso se está convirtiendo en un problema: más diversión, más cinematógrafo, más televisión, más libros, más parloteo, más botes, más criquet, ustedes saben, aquí y allí, cubriendo el tiempo ocioso con toda clase de actividades. La Iglesia dice que lo llenemos con Dios, yendo a la iglesia y rezando -todas estas tretas que siempre han usado pero que no son otra cosa que una forma de entretenimiento. O nos dedicamos a hablar interminablemente de esto y de aquello. Si disponen de ocio ¿lo usarán para volverse hacia lo interno o hacia lo externo? La vida no es sólo vida interior; la vida es un movimiento, es como la marea que fluye y refluye. ¿Qué haría usted con el ocio? ¿Volverse más erudito, más hábil en citar libros? ¿Se iría por el mundo dando conferencias (lo cual desafortunadamente hago yo), o se volvería muy profundamente hacia dentro? Para poder penetrar muy hondo en lo interno, es indispensable comprender también lo externo. Mientras más comprenden lo externo -no meramente el hecho de la distancia entre aquí y la luna, ni el conocimiento técnico, sino los movimientos externos de la sociedad, de las naciones, las guerras, el odio que hay en todas partes- cuando lo comprenden, entonces pueden penetrar profundamente en lo interno, y esa profundidad interna no tiene límites. Uno no dice, "he llegado al final, esto es la iluminación". Nadie puede darnos la iluminación; ésta surge cuando se comprende la confusión, y para comprender la confusión hay que observarla.

Interlocutor: Usted dice que el pensador y el pensamiento no están separados; que si uno cree que el pensador está separado y, por lo tanto, trata de controlar el pensamiento, eso meramente reanuda la lucha y la complejidad de la mente; que de esa manera no habrá quietud. Entonces, no comprendo: si el pensador es el pensamiento, ¿cómo surge esa separación en primer término? ¿Cómo puede el pensamiento luchar consigo mismo?

Krishnamurti: ¿Cómo surge la separación entre el pensador y el pensamiento cuando son realmente uno? ¿Es eso así para usted? ¿Es un hecho que el pensador es el pensamiento, o usted piensa que debería ser así, y por lo tanto no es una realidad para usted? Para comprender eso, hay que tener gran energía; es decir, cuando usted ve un árbol debe tener la energía que no permita que exista esta división entre el "yo" y el árbol. Comprender esto requiere tremenda energía; entonces no hay división y, por lo tanto, no hay conflicto entre ambos, porque no hay dominio de uno sobre el otro. Pero como la mayoría estamos condicionados con la idea de que el pensador es diferente del pensamiento, entonces surge el conflicto.

Interlocutor: ¿Por qué se nos hace tan difícil comprendernos?

Krishnamurti: Porque tenemos mentes muy complejas, ¿no es así? No somos personas sencillas que miran las cosas sencillamente, porque tenemos mentes complejas. Y la sociedad evoluciona volviéndose más y más compleja -como nuestras mentes. Uno tiene que ser muy sencillo para poder comprender algo muy complejo. Para comprender algo complejo, un problema muy difícil, hay que observar el problema mismo sin introducir en la investigación todas las conclusiones, respuestas, suposiciones y teorías que conocemos. Cuando ustedes miran el problema -sabiendo que la respuesta está en el problema mismo- la mente se torna muy sencilla; la sencillez está en la observación, y no en el problema, el cual puede ser complejo.

Interlocutor: ¿Cómo puedo ver la totalidad de la cosa, todo, como una unidad?

Krishnamurti: Estancos acostumbrados a mirar las cosas fragmentariamente, a ver el árbol, la esposa, la oficina, el jefe todo separado, todo en fragmentos. ¿Cómo puedo ver el mundo del cual soy parte, completa y totalmente, no en divisiones? Ahora, simplemente escuche, señor, simplemente escuche: ¿quién va a contestar esa pregunta? ¿Quién va a decirle cómo mirar? ¿El que habla? Usted ha formulado la pregunta y espera una contestación, ¿de quién? Si la pregunta es realmente muy seria -y no estoy diciendo que sea errónea -entonces ¿cuál es el problema? En tal caso el problema es: "no puedo ver las cosas totalmente porque lo miro todo en fragmentos". ¿Cuándo es que la mente mira las cosas en fragmentos? ¿Por qué? ¡Amo a mi esposa y odio al jefe! ¿Comprende? Si amo a mi esposa, debo amar también a todo el mundo. ¿No? No digan que sí, porque ustedes no aman a sus esposas ni a sus hijos, no los aman, aunque hablen de ello. Si amaran a sus esposas y a sus hijos, los educarían en forma diferente, se ocuparían de ellos no tan sólo financieramente, sino de otro modo. Sólo cuando hay amor no existe división. ¿Comprende, señor? Cuando usted odia hay división, porque entonces está ansioso, es codicioso, envidioso, brutal, violentos pero cuando ama -no con su mente, el amor no es una palabra, el amor no es placer- cuando realmente ama, entonces el placer, el sexo, etc., tienen una cualidad diferente; en ese amor no hay división. La división surge cuando existe miedo. Cuando uno ama, no hay "yo" y "tu", "nosotros" y "ellos". Pero dirá ahora: "¿Cómo voy a amar? ¿Cómo voy a conseguir ese perfume?" Hay sólo una contestación a eso: mírese, obsérvese; no combata consigo mismo, sino observe, y de este observar viendo las cosas como ellas son, quizás entonces surja ese amor. Pero uno ha de trabajar muy arduamente en la observación, no se puede ser perezoso ni desatento.

El Vuelo del Águila.

3. La Meditación
El significado de la "búsqueda"; problemas implicados en la práctica y el dominio; la calidad del silencio

Londres, 23 de marzo de 1969

Jiddu Krishnamurti, El Vuelo del Águila (The Flight of the Eagle). Contiene pláticas y discusiones de Krishnamurti en Londres, Ámsterdam, París y Saanen (Suiza). The Flight of the Eagle. Jiddu Krishnamurti en español.

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