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El Vuelo del Águila.

10. El Cambio Radical
¿Cuál es el instrumento que observa?

Londres, 16 de marzo de 1969

Saanen, Suiza, 6 de agosto de 1969

Krishnamurti: El hombre no ha cambiado muy profundamente. Estamos hablando de la revolución radical en el hombre, no de la imposición de otro patrón de conducta sobre el viejo patrón. Estamos interesados sólo en el cambio fundamental de lo que está ocurriendo realmente dentro de nosotros. Hemos dicho que el mundo y nosotros no somos dos cosas diferentes, sino que el mundo es nosotros, y nosotros somos el mundo. Realizar un gran cambio en la misma raíz de nuestro ser, una revolución, una mutación una transformación -no importa la palabra que usemos- eso es lo que nos ocupa durante estas discusiones.

Preguntábamos ayer: ¿Podemos observarnos nosotros mismos claramente, sin distorsión alguna -siendo la distorsión el deseo de evaluar, juzgar, realizar, y deshacerse de "lo que es"? Todo eso impide la clara percepción, impide que miremos exacta e íntimamente "lo que es". Pues bien, creo que en esta mañana debemos invertir algún tiempo hablando, tratando juntos acerca de la naturaleza de la observación, de la manera de mirar, de escuchar, de ver. Intentaremos descubrir si es posible ver no sólo con una parte de nuestro ser, la parte visual, intelectual o emocional. ¿Es del todo posible observar muy de cerca, sin distorsión alguna? Quizá sería provechoso investigar eso. ¿Qué es ver? ¿Podemos mirarnos, mirar el hecho básico de nosotros mismos -que es codicia, envidia, ansiedad, temor, hipocresía engaño, ambición- podemos observar eso nada más, sin distorsión alguna?

¿Podemos dedicar algún tiempo esta mañana tratando de aprender qué es mirar? El aprender es un movimiento constante, una constante renovación. No es "haber aprendido" para luego mirar desde allí. Escuchando lo que se está diciendo y observándonos un poco, aprendemos algo, experimentamos algo; y miramos partiendo de ese aprender y experimentar. Miramos con el recuerdo de lo que hemos aprendido y de lo que hemos experimentado; con ese recuerdo en la mente observamos. Por lo tanto, eso no es observar, no es aprender. El aprender implica una mente que aprende de nuevo cada vez. De manera que el aprender es siempre nuevo. Teniendo eso presente no estamos interesados en el cultivo de la memoria, sino más bien en observar lo que realmente ocurre. Trataremos de estar muy alertas, muy atentos, de manera que lo que hemos visto y lo que hemos aprendido no se convierta en un recuerdo con el que miramos, el cual es ya una distorsión. Miremos cada vez como si fuese la primera vez. Mirar, observar "lo que es" con recuerdos, quiere decir que la memoria dicta, modela o dirige nuestra observación, la que, por lo tanto, ya está deformada. ¿Podemos continuar desde ahí?

Deseamos averiguar qué significa observar. El científico puede mirar algo a través de un microscopio y observar muy de cerca; hay un objeto externo y lo mira sin prejuicios, aunque con algún conocimiento necesario para observar. Pero aquí estamos observando la estructura total, el movimiento total de la vida, el ser total que soy "yo mismo". No debemos mirarlo en forma intelectual, emocional y con alguna conclusión sobre lo correcto o lo incorrecto, o de si "esto no debe ser", o "esto debería ser". En vista de ello, antes que podamos mirar profundamente, tenemos que darnos cuenta de este proceso continuo de evaluar, juzgar, llegar a conclusiones, el cual impedirá la observación.

Ahora estamos interesados no en el mirar, sino en aquello que está mirando. ¿Está el instrumento que mira, manchado, deformado, torcido, recargado? En este momento lo que nos importa no es el mirar sino la observación del instrumento que mira, que es uno mismo. Si tengo una conclusión, como por ejemplo el nacionalismo, y miro con ese condicionamiento profundo, esa cosa tribal, excluyente llamada nacionalismo, es obvio que miro con mucho prejuicio; por lo tanto, no puedo ver con claridad. O si tengo miedo de mirar, entonces eso es evidentemente un mirar deformado. O si ambiciono la iluminación, o una posición más alta, o lo que sea, eso también impide la claridad de percepción. Tenemos que ser conscientes de todo eso, darnos cuenta del instrumento que mira y descubrir si está limpio.

Interlocutor: Si uno mira y encuentra que el instrumento no está limpio, ¿qué hace uno entonces?

Krishnamurti: Tenga la amabilidad de escuchar esto cuidadosamente. Hemos hablado de observar "lo que es", o sea la básica actividad egoísta, egocéntrica, aquello que resiste, que está frustrado y que se encoleriza; observar todo eso. Después hablamos de observar el instrumento que observa y descubrir si ese instrumento está limpio. Nos hemos desplazado del hecho al instrumento que va a mirar. Estamos investigando si ese instrumento está limpio y encontramos que no lo está. ¿Qué hemos de hacer entonces? Se ha agudizado la inteligencia; antes estábamos interesados únicamente en observar el hecho, "lo que es"; estábamos observándolo y nos alejamos de esa observación y dijimos: "debemos observar el instrumento que mira y ver si está limpio". En ese mismo cuestionar hay una inteligencia -¿van siguiendo todo esto? Hay, pues, una agudización de la inteligencia, una agudización de la mente, del cerebro.

Interlocutor: ¿No implica esto que existe un nivel de conciencia donde no hay división, ni condicionamiento?

Krishnamurti: No sé lo que implica. Simplemente me estoy moviendo poco a poco. No se trata de un movimiento fragmentario. No está fraccionado. Cuando miraba anteriormente no tenía inteligencia. Decía: "debo cambiarlo"; "no debo cambiarlo"; "esto no debe ser"; "esto es bueno"; "esto es malo"; "esto debería ser" -todo eso. Con esas conclusiones observaba y nada sucedía. Me doy cuenta ahora de que el instrumento debe estar extraordinariamente limpio para mirar. De modo que hay un único movimiento constante de la inteligencia, y no un estado fragmentario. Deseo continuar con esto.

Interlocutor: ¿Es energía esta misma inteligencia? Si depende de algo, fracasará.

Krishnamurti: De momento no se preocupe; deje a un lado la cuestión de la energía.

Interlocutor: Usted lo ha conseguido ya, mientras que para nosotros parece refinamiento sobre refinamiento, pero el impulso es el mismo.

Krishnamurti: Sí. ¿Es eso lo que ocurre -refinamiento? ¿O es que la mente, el cerebro, todo el ser, se ha vuelto muy embotado debido a varios factores, tales como presiones, actividades, etcétera? Y decimos que es necesario despertar completamente todo el ser.

Interlocutor: Esa es la treta.

Krishnamurti: Espere, a eso voy a referirme, lo verá. La inteligencia no evoluciona. La inteligencia no es resultado del tiempo. La inteligencia es esta cualidad de atención sensible y alerta ante "lo que es". Mi mente está embotada y digo: "debo observarme"; y esta mente embotada trata de observarse a sí misma. Pero es obvio que no ve nada. O resiste, o rechaza, o se somete; es una mente muy respetable, una pequeña mente burguesa la que está mirando.

Interlocutor: Usted comenzó hablando de sistemas ideológicos de moralidad y ahora va más lejos y sugiere que debemos observarnos a nosotros mismos, que todos los otros sistemas son inútiles. ¿No es eso también una ideología?

Krishnamurti: No, señor. Digo, por el contrario, que si mira con cualquier ideología, incluyendo la mía, entonces está usted perdido, no mira en forma alguna. Tenemos tantas ideologías, respetables y no respetables, y todo lo demás; es con esas ideologías en el cerebro, en el corazón, que miramos. Esas ideologías han embotado el cerebro, la mente y todo nuestro ser. Entonces, la mente embotada mira. Y es obvio que no importa lo que esa mente mire; tanto si medita o si va a la luna, seguirá siendo una mente embotada. De manera que mientras esa mente embotada observa, alguien viene y dice: "mire, amigo, usted está embotado y todo lo que mira estará como usted, porque si su mente está embotada es inevitable que lo que vea también lo esté". Es un gran descubrimiento el de que una mente embotada que observa algo extraordinariamente vital lo vuelve también embotado al observarlo.

Interlocutor: Pero la misma cosa continúa extendiéndose.

Krishnamurti: Si no tiene inconveniente, espere, vaya despacio. Avance paso a paso conmigo.

Interlocutor: Si una mente embotada reconoce que está embotada, es porque no está tan embotada.

Krishnamurti: ¡Pero no lo reconozco! Sería excelente si la mente embotada reconociera que está embotada, pero no lo hace. Trata de pulirse más y más, tornándose erudita, científica, y todo eso, o si se da cuenta de que está embotada, dice: "Esta mente embotada no puede ver claramente". Entonces la siguiente pregunta es: ¿Cómo puede esa mente embotada, nublada, volverse extraordinariamente inteligente, de manera que el instrumento a través del cual uno mira esté bien limpio?

Interlocutor: ¿Quiere usted decir que cuando la mente plantea la cuestión en esa forma, ha puesto fin al embotamiento? ¿Puede uno hacer lo correcto por razones equivocadas?

Krishnamurti: No. Desearía que descartara sus conclusiones y captara lo que estoy expresando.

Interlocutor: No, señor. Póngase usted en mi lugar.

Krishnamurti: Lo que usted dice es que trata de alcanzar algo que hará que la mente embotada se torne más aguda y clara. Yo no digo eso. Lo que estoy diciendo es: observe el embotamiento.

Interlocutor: ¿Sin el movimiento continuo?

Krishnamurti: ¿Cómo se observa la mente embotada sin el movimiento continuo de la distorsión? Mi mente embotada mira, por lo tanto, no hay nada que ver. Me pregunto: "¿Cómo es posible tornar clara la mente?" ¿Ha surgido esta pregunta porque he comparado a la mente torpe con otra mente hábil diciendo: "debo ser como ella"? ¿Entiende usted? Esa misma comparación es la continuación de la mente embotada.

Interlocutor: ¿Puede la mente embotada compararse a si misma con otra inteligente?

Krishnamurti: ¿No se compara siempre con alguna mente brillante? Eso es lo que llamamos evolución, ¿no es así?

Interlocutor: La mente embotada no compara, sino que pregunta: "¿por qué debo comparar?" O podemos ponerlo de manera diferente: creemos que si podemos ser un poco más inteligentes conseguiremos algo más.

Krishnamurti: Sí, es la misma cosa. De modo que he descubierto algo. La mente embotada dice: "Estoy embotada por causa de la comparación; soy torpe porque ese hombre es listo". No se da cuenta de que es torpe en si misma. Existen dos estados diferentes. Si me doy cuenta de que soy torpe porque usted es brillante, eso es una cosa. Si me doy cuenta de que soy torpe sin comparación, es una cosa muy diferente. ¿Cuál es su caso? ¿Se compara usted con otro y por lo tanto, dice: "soy torpe"? ¿O se da cuenta de que es torpe sin comparación? ¿Puede ser eso? Quédese con ello un momento, por favor.

Interlocutor: ¿Es esto posible, señor?

Krishnamurti: Por favor, concédale dos minutos a esta cuestión. ¿Me doy cuenta de que tengo hambre porque usted me lo dice, o es que siento hambre? Si me dice que tengo hambre, puede que tenga un poco, pero eso no es hambre en realidad. Pero si tengo hambre, tengo hambre. De manera que he de ver claro si mi embotamiento es el resultado de la comparación. Entonces puedo proseguir desde ahí.

Interlocutor: ¿Qué lo ha convencido hasta el punto de poder dejarlo y estar interesado únicamente en si es torpe o no?

Krishnamurti: Porque veo la verdad de que la comparación embota la mente. Cuando comparamos a un niño con otro en la escuela, lo destruimos al hacer la comparación. Si le decimos al hermano menor que tiene que ser tan inteligente como el hermano mayor, hemos destruido al menor, ¿no es así? De ese modo no estamos interesados en el hermano menor, sino en la inteligencia del hermano mayor.

Interlocutor: ¿Puede una mente embotada observar y descubrir que está embotada?

Krishnamurti: Vamos a averiguarlo, así que comencemos de nuevo, por favor ¿No podríamos ceñirnos a esta única cosa esta mañana?

Interlocutor: Mientras haya ese impulso, ¿qué valor tiene si soy torpe en mí mismo o por comparación?

Krishnamurti: Vamos a investigarlo. Siga conmigo por unos pocos minutos, por favor, sin aceptar ni rechazar, sino observándose usted mismo. Dijimos al comienzo del diálogo de esta mañana que la revolución tiene que realizarse en la misma raíz de nuestro ser, y que puede tener efecto únicamente cuando sabemos observar lo que somos. La observación depende de la agudeza, claridad y sensibilidad de la mente que mira. Pero la mayoría de nosotros estamos embotados y decimos que no vemos nada cuando miramos; lo que vemos es ira, celos, etc., pero sin resultado alguno. Así que estamos interesados en la mente embotada, y no en lo que ella mira. Esta mente embotada dice: "debo ser inteligente para poder mirar". De manera que tiene un patrón de lo que es la inteligencia y está tratando de ajustarse a él. Alguien le expresa: "la comparación siempre traerá embotamiento". Entonces ella dice: "debo tener tremendo cuidado con eso, no compararé. Únicamente por la comparación supe lo que es el embotamiento. Si no comparo, ¿cómo voy a saber que estoy embotada?" De modo que me digo: No lo llamaré embotamiento. No haré uso alguno de esta palabra. Tan sólo observaré "lo que es" y no lo llamaré "embotamiento", porque tan pronto lo llamo así, al darle ese nombre, lo he embotado. Pero si no le doy nombre y sólo observo, he eliminado la comparación, he descartado la palabra "embotado", y queda únicamente "lo que es" ¿Es eso difícil? Obsérvelo usted mismo, por favor. ¡Observe lo que ha ocurrido ahora! Mire dónde está ahora la mente.

Interlocutor: Veo que mi mente es demasiado lenta.

Krishnamurti: Tenga la amabilidad de escuchar simplemente. Iré poco a poco, paso a paso.

¿Cómo me doy cuenta de que mi mente es torpe? ¿Es porque usted me lo ha dicho? ¿Porque he leído libros que parecen extraordinariamente talentosos, intrincados y sutiles? ¿O es que he visto a personas brillantes y al compararme con ellas me tildo de torpe? Tengo que averiguarlo. Por lo tanto, no comparo; rehuso compararme con algún otro. ¿Sé entonces si soy torpe? ¿La palabra me impide observar? ¿O es que la palabra sustituye "lo que realmente es"? ¿Está siguiendo esto? No usaré, pues, una palabra, no lo llamaré torpe, no lo tildaré de lento, no le pondré nombre alguno, sino que averiguaré "lo que es". De manera que he descartado la comparación, que es la cosa más sutil. Mi mente se ha vuelto extraordinariamente inteligente porque no compara, no usa una palabra con la cual ver "lo que es", porque se ha dado cuenta de que la descripción no es lo descrito. Por lo tanto ¿qué es realmente el hecho de "lo que es"?

¿Podemos proseguir desde ahí? Observo el hecho, la mente está observando su propio movimiento. Ahora bien ¿lo condeno, juzgo y evalúo, y digo: "esto debería ser", "esto no debería ser"? ¿Tiene la mente alguna fórmula, algún ideal alguna resolución, alguna conclusión que inevitablemente deformará "lo que es"? He de investigar eso. Si tengo alguna conclusión, no puedo mirar. Si soy un moralista, si soy una persona respetable, o un cristiano, un vedantista, o un "iluminado", o esto o aquello, todo eso me impide mirar. Por lo tanto, tengo que estar libre de todo ello. Estoy observando si tengo alguna clase de conclusión. Por lo tanto, la mente se ha tornado extraordinariamente clara, y dice: "¿Hay temor?" Lo observo y digo: "Hay temor, hay un deseo de seguridad existe la urgencia de placer", etc. Veo que no es posible mirar si existe alguna conclusión, si tiene lugar algún movimiento de placer. De manera que observo y encuentro que soy muy apegado a la tradición, y me doy cuenta de que una mente en tales condiciones no puede mirar. Tengo un interés intenso por mirar, y ese profundo interés me revela el peligro de cualquier conclusión. Por consiguiente, la percepción misma del peligro es la eliminación de ese peligro. Entonces mi mente no está confusa, no tiene conclusión alguna, no piensa en términos de palabras, de descripciones, y no compara. Una mente así puede observar y lo que observa es ella misma. Ha ocurrido, pues, una revolución.

Interlocutor: No creo que esta revolución haya ocurrido. Hoy me las arreglé para observar la mente en la forma que usted señala; la mente se agudiza, pero mañana habré olvidado cómo mirar.

Krishnamurti: No puede olvidarlo, señor. ¿Olvida usted una serpiente? ¿Olvida usted un precipicio? ¿Olvida el frasco rotulado "veneno"? No puede olvidarlo. El caballero preguntó: "¿Cómo puedo limpiar el instrumento que observa?" Dijimos que limpiar el instrumento implica darse cuenta de cómo él está embotado, nublado, oscurecido. Hemos descrito aquello que lo nubla y también hemos dicho que la descripción no es la verdadera cosa descrita. Por lo tanto, no debe usted dejarse atrapar por las palabras. Manténgase con la cosa descrita, que es el instrumento que se embota.

Interlocutor: Indudablemente si se observa usted mismo tal como lo ha descrito, usted espera algo.

Krishnamurti: No estoy esperando una transformación, la iluminación, o una mutación; no espero nada porque no sé lo que va a ocurrir. Sólo sé claramente una cosa: que el instrumento que mira no está limpio, está nublado, está resquebrajado. Eso es todo lo que sé y nada más. Mi único interés está en descubrir cómo ese instrumento puede hacerse íntegro y saludable.

Interlocutor: ¿Por qué está usted observando?

Krishnamurti: El mundo está ardiendo, y yo soy ese mundo. Estoy terriblemente perturbado, terriblemente contundido, y de algún modo tiene que haber cierto orden en todo esto. Eso es lo que me hace observar. Pero si decimos: "el mundo está bien, ¿por qué nos molestamos con él y no lo dejamos tranquilo, ya que tenemos buena salud y algún dinero, con una esposa, hijos y una casa?..." entonces, desde luego, el mundo no está ardiendo. Pero está ardiendo, a pesar de todo, nos guste o no. De manera que eso es lo que me hace mirar, y no algún concepto intelectual, ni alguna excitación emocional, sino el hecho real de que el mundo está ardiendo con las guerras, el odio, la decepción, las imágenes, los dioses falsos, etc. Y esta misma percepción de lo que ocurre en el exterior me hace estar alerta internamente. Y digo que el estado interno es el estado exterior, pues ambos son un solo hecho indivisible.

Interlocutor: Hemos vuelto al mismo sitio donde comenzamos. El hecho es que la mente embotada no ve que mediante la comparación piensa que debe ser diferente.

Krishnamurti: No, todo eso está equivocado. ¡No deseo ser diferente! Sólo veo que el instrumento está embotado. No sé qué hacer con él. Por lo tanto, voy a investigar esto, lo cual no quiere decir que deseo transformar el instrumento. No deseo hacerlo.

Interlocutor: ¿Constituye el uso de cualquier palabra un obstáculo para ver?

Krishnamurti: La palabra no es la cosa; por lo tanto, si estamos mirando la cosa, a menos que pongamos a un lado la palabra, ésta se torna extraordinariamente importante.

Interlocutor: Pienso que no estoy de acuerdo con usted. Cuando uno mira ve que el instrumento tiene dos partes, una de las cuales es percepción y la otra es expresión. Es imposible separarlas. Es un problema de lingüística, no de embotamiento. La dificultad radica en el lenguaje, en lo desacertado de la expresión.

Krishnamurti: Usted dice que en la observación hay percepción y expresión y que las dos no están separadas. Por lo tanto, cuando uno percibe tiene que haber también claridad de expresión, la comprensión lingüística, sin que nunca se separen la expresión y la percepción, ya que siempre tienen que ir juntas. De manera que usted dice que es muy importante usar la palabra correcta.

Interlocutor: Digo "expresión", no digo "intención".

Krishnamurti: Comprendo -expresión. De ello surge otro factor: percepción, expresión y acción. Si la acción no es expresión y percepción -siendo la expresión por medio de las palabras- entonces hay una fragmentación. ¿No es entonces acción la percepción? El mismo percibir es el actuar. Ocurre como cuando percibo un precipicio y hay acción inmediata; esa acción es la expresión de la percepción. De manera que la percepción y la acción nunca pueden estar separadas; por lo tanto es imposible unir el ideal y la acción. Si veo la tontería de un ideal, la mera percepción de esa tontería es la acción de la inteligencia. Por consiguiente, el observar el embotamiento, el percibirlo, implica limpiar la mente de su embotamiento, lo cual es acción.

El Vuelo del Águila.

10. El Cambio Radical
¿Cuál es el instrumento que observa?

Londres, 16 de marzo de 1969

Jiddu Krishnamurti, El Vuelo del Águila (The Flight of the Eagle). Contiene pláticas y discusiones de Krishnamurti en Londres, Ámsterdam, París y Saanen (Suiza). The Flight of the Eagle. Jiddu Krishnamurti en español.

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