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La Libertad Interior.

4ª Conversación 14 de Julio de 1968

Me parece muy importante que se comprenda el estado de una mente por completo religiosa y que éste llegue a realizarse. Una mente así puede resolver todos nuestros problemas no de manera abstracta o teórica. Una mente religiosa no está presionada por ideologías, dogmas, ni suposiciones de clase alguna, sino que se interesa en el hecho, en lo que es, y en trascender éste.

Nuestra conciencia está condicionada por la educación, por diversos estados mentales, heredados o adquiridos, por varias contradicciones y por el conflicto de los opuestos: esa es la conciencia que somos. Creo que es bastante obvio que cada uno de nosotros sólo puede descubrir el condicionamiento de tal estado mental, mirándose de manera objetiva. Parece que una de las cosas más difíciles es vernos cómo somos en realidad, sin ayuda de teoría alguna, sin desesperación ni esperanza, sin exigencias u opiniones - simplemente mirarnos. A menos que hagamos esto, no sé cómo pudiéramos trascender este limitado y estrecho círculo en que vivimos.

¿De qué manera es posible producir un estado en que nos demos cuenta internamente de lo que en realidad está sucediendo en nosotros mismos, sin prejuicios ni suposiciones neuróticas de clase alguna, en que nos demos cuenta de lo que está ocurriendo realmente, sin elegir una cosa u otra? No sé si han intentado ustedes alguna vez examinar todo pensamiento, todo sentimiento, no de manera psicoanalítica - si han tratado de descubrir la fuente de ese pensamiento o sentimiento, de ver en el examen de la conducta la causa, el motivo y las diversas capas - si se me permite usar esta palabra de la mente, de nuestra conciencia. Pero eso llevaría demasiado tiempo y no nos conduciría a ninguna parte, por que el proceso analítico implica un analizador, y el analizador está condicionado. Así que, cualquier cosa que éste examine, estará también condicionada y será vista a través de su estado de condicionamiento. Evidentemente, el proceso analítico está limitado en esta forma.

Tiene que haber una manera de mirarnos a nosotros mismos totalmente, sin pasar por todas las complicaciones del análisis introspectivo, etc. Tiene que haber un estado, una atención, un mirar que revele todo el contenido de nuestro condicionamiento. No sé si ustedes se habrán hecho esta pregunta, y en tal caso, me pregunto yo cómo responderían a ella. ¿Comprenden ustedes el problema?

Los seres humanos están condicionados. El resultado de esta mente condicionada se muestra en la totalidad de su norma de conducta: su punto de vista, sus actividades, su agresividad, sus estados mentales contradictorios, desesperación y esperanza, odio y amor, placer y dolor esta batalla constante en todas las capas de la conciencia, la invención de dioses, creencias y dogmas. Nuestras nacionalidades, las divisiones de la gente, como las raciales, etc., son el resultado de nuestra educación y de la influencia de la sociedad que hemos establecido. Y así somos, tal es la extensión de nuestra conciencia, tan evidentemente condicionada. ¿Cómo va uno a librarse de esto por completo, para que no haya conflicto de ninguna clase? El conflicto, la lucha y la batalla son un desperdicio de energía. Toda nuestra vida se gasta de este modo. Un deseo se opone a otro, una urgencia, un apremio, un instinto, se oponen a otros. Esa es nuestra vida y uno se pregunta si se puede vivir de una manera totalmente diferente, y en ese caso, cómo hacerlo. ¿Es esto posible de modo alguno?

Decíamos que los sistemas, las filosofías y las religiones no han liberado al hombre. Aún sigue dentro de la prisión que él mismo ha hecho de la conciencia, y esa no es libertad de ninguna manera. Es como un preso que aún viviendo entre cuatro paredes, dice que es libre. No lo es, puede pasear por el espacio cercado, pero la libertad es algo enteramente distinto, reside por completo fuera de la prisión. Viendo toda esta compleja relación humana, este complejo de condicionamientos, la pugna, la lucha, el miedo a la muerte, la soledad, la desesperación, la falta de amor, la brutalidad, la agresividad, lo que somos, nos preguntamos: ¿es posible trascenderlo por completo y quedar libres de todo ello? No puede ayudarnos ningún agente exterior; el agente externo es otra invención de una mente condicionada, otra ideología de una mente que no puede encontrar una salida y que, por eso asume como un hecho lo que sólo es una creencia.

Pues bien, cuando usted desecha todo esto se queda con este hecho real: que la mente está por completo condicionada, lo mismo la mente consciente que las capas inconscientes más profundas. Si uno se da cuenta de esto, ¿qué ocurre en realidad? Si me doy cuenta de que no importa lo que haga, de que cualquier movimiento dirigido a hacer un esfuerzo o a pensar, estará dentro de la limitación de aquél condicionamiento, ¿qué pasa entonces realmente? ¿Entiende mi pregunta? Me doy cuenta hasta qué punto mi mente, el complejo mismo de las propias células cerebrales, está recargada con el pasado, los recuerdos, la experiencia, los conocimientos, la tradición; con sistemas de conducta que uno ha aceptado en nombre de la ley y el orden y que, sin embargo, nos separan; con la agresión, matándonos unos a otros, destruyendo por medio de la palabra, del gesto, de la acción. Ahora bien, ¿cómo me doy cuenta de esto? ¿Intelectualmente? (Por favor, siga esto hasta el fin con el que habla; no se limite a escuchar, a oír meramente, sino actúe en realidad). ¿Cómo me doy cuenta de este hecho real? Tengo que preguntarme qué quiero decir con «darme cuenta», cómo miro mi condicionamiento. Es evidente que, cuando lo miro, lo condeno, lo justifico o bien lo acepto como inevitable.

Por favor, hagan esto. ¿Están ustedes participando en lo que se dice? Si no lo hacen, entonces no hay comunicación entre ustedes y el que habla, y no podemos seguir adelante. Si pudiéramos actuar juntos, entonces sería un descubrimiento no del individuo - una comprensión, una percepción humana total, no una percepción limitada.

Entonces, ¿qué entendemos por ser consciente? Me doy cuenta de que estoy condicionado. Ese es un hecho, lo veo, soy consciente de él, lo conozco. ¿Qué quiere decir esto? ¿Hay separación entre este estado de ser consciente (awareness) y la cosa de la cual uno se da cuenta? ¿Me doy cuenta de mi condicionamiento como alguien de fuera que mira dentro de mí? Uno sabe que es agresivo de palabra, de sentimiento, de obra. ¿Lo sabe uno intelectualmente? ¿O bien se comunica uno con ese hecho, no como alguien de fuera, sino en estado de comunión establecida entre la entidad que es consciente y la cosa de la cual está consciente? ¿Entiende usted? Creo muy importante que se comprenda esto. Cuando digo «sé», «sé que estoy condicionado», la palabra «sé» es muy compleja. Usted ha mirado antes su condicionamiento y ha aprendido algo sobre él. Y dice: «yo sé». Más, cuando lo dice, ya ha acumulado conocimiento acerca de el, y es con ese conocimiento que mira. Pero la cosa, el condicionamiento, tiene que cambiar entretanto, y efectivamente cambia. Por eso decir «sé» es de lo más peligroso. Decir «le conozco a usted» es absurdo, que «conozco» a mi esposa, a mi marido, a mis hijos, a mi jefe político, mi Dios (eso es peor); decir «te conozco» significa que usted conoce a su esposa, marido, amigo, como eran hace dos o tres días. Pero, mientras tanto, ese amigo o marido o esposa han sufrido un cambio. Decir, pues, «le conozco» es incorrecto si se me permite usar esta palabra.

El conocimiento, por lo tanto, le impide a usted mirar, ¿no es verdad? Pero, ¿puedo yo mirar sin experiencia previa, sin conocimientos, mirar con una mente fresca y nueva? La vida es una serie de experiencias, conscientes o inconscientes. Estas experiencias, las distintas formas de influencia, ideas, propaganda, todas se están vaciando en el interior, y cada una de ellas deja una huella. Es con estas diversas heridas, huellas, recuerdos, en forma de conocimiento, que miro, de modo que mi mirada está siempre nublada, nunca está clara. ¿Puedo mirarme yo con ojos que nunca hayan sido tocados por la experiencia? (Por favor, siga esto y observe; observe y verá algo). Si me miro con los ojos de la experiencia, con ojos que han mirado tantas cosas por las que he pasado; tantas tragedias, pensamientos, penas y desesperanzas entonces esos ojos nunca ven nada con claridad. Para mirar, ¿puede librarse la mente de todo el pasado?

¿Puede la mente darse cuenta de su condicionamiento? ¿Puede mirarlo sin distorsión alguna, sin ninguna predisposición? Ese es el problema. ¿Es posible mirar cualquier cosa, el árbol, la nube, la flor, el niño, el rostro de una mujer o de un hombre como si usted lo estuviera mirando por primera vez? Esa es realmente la cuestión fundamental: verdadera libertad para mirar.

Y la libertad implica estar libre de todo el trasfondo del pasado. El pasado es la cultura en que nos hemos criado, las influencias sociales y económicas, las tendencias peculiares de cada uno de nosotros, los impulsos, los dogmas religiosos, las creencias, todo eso es pasado; y con ese pasado tratamos de mirarnos, aún cuando nosotros mismos somos ese pasado.

Hay dos clases de libertad, ¿no es así? Hay el estar libre de algo estoy libre de cólera - por ejemplo, pero estar libre de algo es una reacción. Evidentemente eso no es libertad. Estar libre de la propia nacionalidad no significa absolutamente nada. Un hombre muy inteligente está libre de ese particular veneno, pero ello no constituye libertad, en absoluto. Y existe una clase distinta de libertad, un estado mental en que no hay esfuerzo alguno. Esa libertad es amor; no es como cuando usted dice: «Tengo que aprender a amar, a practicar el amor»; «odio a la gente, pero voy a luchar, voy a tratar de amar». Eso no es amor. La libertad es un estado mental en que el amor existe, y no es lo opuesto del odio, de los celos o de la agresión. Cuando luchamos con opuestos y nos esforzamos por librarnos de uno y realizar el otro, entonces el otro tiene su raíz en su propio opuesto, ¿no? Mediante el conflicto no se puede comprender la libertad de manera alguna.

Volvamos a esta cuestión; que significa estar consciente (aware). ¿Está la mente consciente frente a ese árbol, esa nube, la verde hierba que brilla a primera hora de la mañana? ¿Se da cuenta de ello, sin elección alguna, sin ninguna intervención del pensamiento ni del conocimiento que divide? Decíamos el otro día: mire en efecto el árbol o una nube o lo que sea, sin crear un espacio. ¿Lo hizo usted? ¿Ha intentado alguna vez mirar a su esposa, al marido, a la amiga o al amigo, sin la imagen que tiene de ellos? ¿Ha visto sus implicaciones y ha visto si puede estar libre de implicaciones para poder mirar? Creo muy importante que comprendamos esto, y creo que es la clave de todo el asunto.

Cuando no hay separación entre el observador y la cosa observada, no hay conflicto y, por consiguiente, hay acción inmediata. Me doy cuenta de que tengo ira. Si el observador está separado de lo observado, ve la ira como algo que está separado de sí, fuera de sí mismo. Cuando hay esta división entre el observador y lo observado, el observador dice: «tengo que desembarazarme de esto», «tengo que reprimirlo» o «tengo que comprenderlo», «tratar de ver su causa», etc. En eso hay conflicto, un estado de perturbación, de dominio, de represión, de ceder al hecho o de racionalizarlo, justificarlo, etc. Todo eso es un despilfarro de energía, a causa del conflicto que hay en ello. Pero, cuando el observador se da cuenta de que él mismo es la cosa observada, entonces ve que él es la ira (que no existen él mismo y la ira como dos cosas separadas). Cuando ve que él es la ira, no hay desperdicio de energía. ¿Qué ocurre efectivamente, qué sucede entonces? Veo que estoy irritado. (Ese estado lo conocen todos ustedes). No estoy separado de la ira. Soy la ira y me doy cuenta de ello, no hay división. ¿Y qué ocurre entonces? Cuando no hay esfuerzo ni pugna, ni contradicción ni batalla, sólo hay un cosa: aquello que en realidad es. Y lo que en realidad es soy yo mismo. (El observador que creía ser distinto de lo observado), y sólo existe ese hecho real: la ira, los celos o lo que sea. Y todo el movimiento del pensar contradictorio ha terminado. Por lo tanto, sólo hay percepción, un ver en el cual no hay división o contradicción. Y surge un nuevo estado de energía. Este nuevo estado de energía va a disipar por completo aquel hecho real.

Necesitamos mucha energía para mirar un árbol sin este espacio, sin esta división entre el que ve y lo visto; usted necesita gran energía en su atención y también es menester que tenga un sentido de libertad. La libertad y la atención tienen que ir juntas. De ahí nace el amor, cualidad de atención en que no existe el observador.

Me pregunto si ustedes están captando todo esto. He estado hablando durante unos 45 minutos y no sé qué han sacado de ello. ¿Podrían decirme qué es lo que en realidad han comprendido, no lo que han memorizado, reuniendo unas cuantas ideas y explicaciones, sino qué es lo que efectivamente han captado tras de escuchar 50 minutos aproximadamente?

Interlocutor: ¿Es el ver una fuerza explosiva?

Krishnamurti: No sé por que me lo pregunta usted. Descúbralo usted mismo. Mire, no sé cómo podemos comunicarnos mutuamente la seriedad que hay en todo esto. Ustedes se han tomado muchas molestias y han incurrido en gastos para venir aquí y escuchar durante una hora por la mañana, tres veces por semana. Y al terminar este verano tras diez conversaciones o dos, ¿qué han sacado ustedes en claro?

Interlocutor: Es difícil expresarlo en palabras.

Krishnamurti: Es difícil decirlo en palabras. ¿No es así? ¿Está uno fuera de toda esta vida de desdicha? ¿Se ha liberado uno de toda su confusión interna?

Interlocutor: (No se registra en la grabadora).

Krishnamurti: Señora, esto no es una confesión. ¡Por Dios! No bajemos a ese nivel. No se trata de desnudarnos frente a los otros y decir que hemos avanzado mucho, lo que sería demasiado tonto. Lo que preguntamos es: ¿Nos hemos comunicado unos con otros? ¿Hay comunión sobre algo entre usted y el que habla? Cuando usted le dice a alguien: «te amo», esas pocas palabras bastan; ha comunicado usted algo que siente muy profundamente, algo muy real, que no son simples palabras. Y si podemos decirlo de esta manera: «¿hay amor en nosotros, lo que es realmente un estado de comunión no sentimiento ni emoción, no toda esa bagatela, sino libertad hay amor, de modo que seamos seres humanos totalmente distintos?» Al fin y al cabo, tal es el sentido de esta reunión: sacudir el fundamento mismo de nuestro ser para que descubramos algo de una dimensión por completo diferente. Podemos cometer un error, probablemente lo cometeremos, pero cuando así sea, podemos verlo de inmediato y eliminarlo sin seguir encenagándonos en ese error.

No sé si ustedes están siguiendo todo esto. Miren, señores, tenemos que hacer juntos un enorme trabajo, tenemos una gran responsabilidad. El mundo está en una confusión tan espantosa, en un estado tan alarmante, que, cuando nos marchemos de aquí, tenemos que ser seres humanos completamente distintos, totalmente responsables, para que podamos crear un mundo diferente. Es decir, hemos de ser revolucionarios en el sentido de que tiene que realizarse en nosotros una honda revolución interna.

La Libertad Interior.

4ª Conversación 14 de Julio de 1968

Jiddu Krishnamurti, libro La Libertad Interior, Saanen 1968. Jiddu Krishnamurti en español.

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