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La Mutación Psicológica

Capítulo Séptimo

Me gustaría continuar desde donde terminamos el otro día. Creo que es muy importante comprender toda la cuestión de la acción; y uso esa palabra no en ningún sentido abstracto ni meramente como una idea. Me refiero al hecho real de la acción, de hacer algo. Tanto si estáis cavando en un jardín como si vais a la oficina, si miráis un árbol, si seguís el movimiento de un río, o simplemente marcháis por un camino, sin pensamiento, observando calladamente las cosas, sea lo que fuere lo que hagáis, forma parte de la acción, y en la mayoría de nosotros la acción crea conflicto. Nuestra acción, por muy profunda que la llamemos o por muy superficial que sea, se vuelve repetitiva, cansada, fastidiosa, mera actividad sin apenas importancia. Creo, pues, que es muy importante comprender lo que es la acción.

Para hacer cualquier cosa: caminar, hablar, mirar, pensar, sentir, hace falta energía; y la energía se disipa cuando hay conflicto inherente en la expresión de esa energía. Como podemos observar, todas nuestras actividades, a cualquier nivel que sea, engendran alguna clase de conflicto, crean dentro de nosotros un sentido de esfuerzo, cierta resistencia, negación. Y ¿es posible actuar sin conflicto, sin resistencia y aún sin esfuerzo? De esto es de lo que si se me permite, quisiera hablar esta mañana.

Uno ve lo que está pasando en el mundo: las máquinas calculadoras, los cerebros electrónicos y diversas formas de automatización, dan al hombre cada vez más ocio, y ese tiempo libre va a ser monopolizado por la religión organizada y por las diversiones organizadas. No se si hay mucha diferencia entre ambas. Más por el momento, dejémoslas separadas. Cuando el hombre tiene muchos ratos de ocio, tiene más energía –mucha más energía- y la sociedad reclama que utilice esa energía, no en forma antisocial; para dominar el sentimiento antisocial, se sumergirá en la religión organizada o en las diversiones de todas clases, o bien se zambullirá en la literatura, en el arte, en la música, lo cual es otra forma de diversión. Como resultado de ello, el hombre se volverá cada vez más superficial. Puede leer todos los libros del mundo y tratar de comprender las complejidades de la teología, de la filosofía, de la ciencia; puede familiarizarse con ciertos hechos y verdades en la literatura, pero seguirá siendo una cosa externa, lo mismo que lo son las varias formas de religión y diversión. Las religiones organizadas afirman que buscan las cosas internas de la vida, pero reclaman creencia, dogma, rito, conformidad, como todos sabemos.

Ahora bien, si no estamos alerta de todas estas cosas inherentes en la civilización moderna, nuestras energías serán consumidas por estas condiciones, y nuestra acción seguirá, pues, siendo muy superficial; y, debido a esa superficialidad, seguiremos teniendo conflicto dentro de nosotros, lo mismo que con otras personas, con la sociedad; seguirá habiendo conflicto en toda forma de esfuerzo humano –artístico, científico, matemático, industrial- y en la relación de uno mismo con la esposa propia o el marido, con los hijos, con el prójimo; y el conflicto es un derroche de energía. Para que el conflicto deje de existir y con ello haya conservación de energía, tiene uno que comprender lo que es la acción; y sin esa comprensión nuestra vida se volverá cada vez más externa y seremos cada vez más vacuos internamente. Éste no es un punto que haya de discutirse o dudarse, no se trata de mi opinión frente a la vuestra.

Ante todo, ¿qué es, pues, la acción tal como la conocemos ahora? Toda nuestra acción tiene un motivo, sutil o evidente, ¿no es así? O vamos tras una recompensa o actuamos por miedo, o tratamos de ganar algo. Nuestra acción siempre es un ajuste a un modelo, a una idea, o es una aproximación a algún ideal; la conformidad, el ajuste, la aproximación, la resistencia, la negación: eso es todo lo que conocemos de la acción, e implica una serie de conflictos.

Como decía el otro día, entrar en comunión con algo con lo cual no tenemos honda relación es siempre bastante difícil. Quiero entrar en comunión con vosotros sobre un estado de mente que es la antítesis completa de este conflicto al que llamamos acción. Hay una acción total, acción sin conflicto, y quiero deciros algo sobre ella. No es que debáis aceptar ni rechazar lo que digo, ni dejaros hipnotizar. Como sabéis una de las cosas más difíciles de hacer es sentarse en una plataforma y hablar mientras otros escuchan –si es que en efecto escucháis- y establecer la acertada relación entre el que escucha y el que habla. No estáis aquí para ser hipnotizados por una serie de palabras, ni quiero yo influir sobre vosotros en forma alguna. No estoy haciendo propaganda a favor de una idea ni es mi propósito instruiros. Como he señalado muchas veces, no hay ni enseñante ni enseñados. Sólo hay un estado de aprender; y no es posible que vosotros y yo podamos aprender si estáis esperando a que se os instruya o que se os diga lo que hay que hacer. No tratamos sobre opiniones, yo no las tengo. Lo que trato de hacer es sencillamente exponer ciertos hechos, y vosotros mismos podéis mirarlos examinarlos o no. Esto significa que vosotros y yo debemos la acertada relación, para que haya comunión que no sea meramente intelectual, sino la percepción total de un hacho que ambos estamos contemplando. No estamos en comunión unos con otros, sino que más bien lo estamos con el hecho y, por tanto, este llega a ser mucho más importante que vosotros y yo. Es el hecho y nuestra mutua percepción de él lo único que puede crear el acertado ambiente o atmósfera, y esto tiene que afectarnos. Me parece, pues, que llega a ser extraordinariamente importante escuchar algo: ese riachuelo, o el murmullo de esos árboles, o los propios pensamientos y sentimientos, cuando consideramos el hecho mismo y no una idea u opinión sobre el mismo.

Todos sabemos que nuestra acción crea conflicto; tiene que crearlo inevitablemente toda acción que se base en una idea, un concepto, una formula, o que se acerque a un ideal; tiene inevitablemente que crearlo. Eso es evidente. Si actúa con arreglo a una formula, un modelo, un concepto, entonces estoy siempre dividido entre el hecho de lo que soy y lo que creo que yo debería hacer sobre ese hecho; de modo que nunca hay una acción completa; siempre hay un acercamiento a una idea o a un ideal, y por eso el conflicto es inherente en toda acción tal como la conocemos, la cual es un desperdicio de energía y produce deterioro de la mente. Os ruego observéis el estado y la actividad de vuestra propia mente y veréis que esto es verdad. Mas yo me pregunto: ¿existe una acción si idea y por tanto, sin conflicto? O, para decirlo de un modo distinto: ¿es que la acción tiene siempre que engendrar esfuerzo, lucha, conflicto? Por ejemplo yo estoy hablando, lo cual es una forma de acción. Seguramente que en esta acción sólo hay conflicto si trato de afirmarme, de ser alguien, de convenceros. Es, pues, enormemente importante descubrir por uno mismo si hay una posibilidad de vivir y hacer las cosas sin el más leve conflicto, es decir, si puede haber una acción en que la mente quede intacta, sin deterioro, sin ninguna forma de distorsión; y tiene que haber distorsión si la mente es influida de alguna manera o si queda presa de conflicto, que es un derroche de energía. Es de verdadero interés para mi, y tiene que serlo también para vosotros, descubrir la verdad de esta cuestión, porque lo que tratamos de hacer aquí es ver si es posible vivir sin pena, sin desesperación, sin miedo, sin alguna forma de actividad que produzca deterioro de la mente. Si es posible ¿qué le pasa entonces a una mente así? ¿Qué le ocurre a una mente a la que nunca toca la sociedad que no tiene miedo, ni codicia, que no sustente envidia ni ambición, que no busca poder?

Para descubrir, tenemos que empezar por darnos cuenta del estado actual de nuestra mente, con todos sus conflictos, desdichas, frustraciones, perversiones, deterioro, desesperación. Tenemos que ser conscientes de nosotros mismos y con ello hacer acopio de energía; y el acopio mismo de esa energía es la acción que limpiará la mente de toda la basura que el hombre ha acumulado a lo largo de los siglos.

No estamos, pues, interesados en la acción por si misma; queremos descubrir si hay una acción que no engendre contradicción en forma alguna. Como hemos visto, las ideas, los conceptos, las formulas, los modelos, métodos, dogmas, ideales, estas cosas son las que crean contradicción en la acción. Y ¿es posible vivir sin ideas, sin un modelo, sin un ideal, sin un concepto o creencia? Seguramente que es muy importante descubrir por uno mismo la verdad de este asunto; porque uno puede ver muy bien que el amor no es una idea, un patrón, un concepto. La mayoría de nosotros tenemos un concepto del amor, pero es evidente que ese concepto no es el amor. O amamos o no amamos.

¿Es posible vivir en este mundo e ir a la oficina, guisar, lavar platos, conducir un automóvil y hacer todas las demás cosas de la vida que actualmente se han vuelto repetitivas y crean conflicto, es posible hacer todas estas cosas, vivir y actuar, sin ninguna ideación y así librar la acción de toda contradicción?

Me pregunto si habréis caminado alguna vez a lo largo de una calle concurrida o de un camino solitario, simplemente, mirando las cosas sin pensamiento. Existe un estado de observación sin la intromisión del pensamiento. Aunque os dais cuenta de todo lo que os rodea y podéis reconocer a la persona, la montaña, el árbol, o el vehículo que se acerca, sin embargo, la mente no está funcionando con el patrón usual de pensamiento. No se si esto os habrá ocurrido alguna vez. Probad hacerlo alguna vez, cuando vayáis conduciendo o andando. Observad sin el pensamiento; observad sin la reacción que produce el pensamiento. Aunque reconozcáis el color y la forma, aunque veáis el arroyo, el auto, la cabra, el autobús, no hay reacción, sino simplemente observación negativa; y ese estado mismo de la llamada observación negativa es acción. Una mente así puede utilizar el conocimiento para la realización de lo que tiene que hacer, pero está libre de pensamiento, en el sentido de que no funciona en términos de reacción. Con una mente así –una mente que está atenta sin reacción- podéis ir a la oficina y hacer cualquier cosa.

La mayoría de nosotros estamos pensando en nosotros mismos de la mañana a la noche, y nos movemos dentro del patrón de esa actividad egocéntrica. Toda actividad así, que es reacción, tiene que llegar a varias formas de conflicto y deterioro. Y, ¿es posible no actuar dentro de ese patrón y sin embargo, vivir en este mundo? No me refiero a que viváis apartados y solos, en la cueva de una montaña o algo parecido; más ¿es posible vivir en este mundo y manifestarse como ser humano total, partiendo de ese estado de vacuidad, si es que no habéis malentendido el uso que hago de esta palabra? Tanto si pintáis como si escribís poemas o vais a una oficina o habláis ¿podéis tener siempre en el interior un espacio vacío, y actuar a través de el? Por que cuando existe tal espacio la acción no engendra contradicción.

Creo que es cosa muy importante descubrir esto. Y tenéis que descubrirlo vosotros mismos, porque no puede enseñarse ni explicarse. Para descubrirlo tenéis antes que comprender de que modo engendra conflicto toda acción egocéntrica, y luego preguntaros si la mente puede estar satisfecha con este tipo de acción. Quizá lo esté momentáneamente, pero, cuando percibís que en toda acción así es inevitable el conflicto, ya estáis tratando de descubrir si existe otra clase de acción, una acción que no lleve al conflicto; y entonces tenéis que llegar al hecho de que efectivamente existe.

Surge pues, la cuestión: ¿por qué estamos siempre buscando satisfacción? En todas nuestras relaciones y en cualquier cosa que hagamos con él siempre hay el deseo de quedar satisfechos, de quedar complacidos y de seguir en esa satisfacción. Lo que llamamos descontento sólo surge cuando las cosas no nos complacen, y tal descontento no hace sino engendrar otra serie de reacciones.

Pues bien, a mi me parece que un hombre que sea muy serio y vea todo esto: la forma en que los seres humanos han vivido durante millares de años en completa confusión y desdicha, nunca en una acción completa, tiene que descubrir por si mismo si es capaz de manifestarse partiendo de una mente que no esté contaminada por la sociedad; y eso sólo lo puede averiguar cuando esté libre de la sociedad. Hablo de la liberación de la estructura psicológica de la sociedad, que es la codicia, la envidia, la ambición y el afán de engreimiento. Cuando se ha comprendido y desechado toda esa estructura psicológica, está uno libre de la sociedad; y se puede seguir yendo a la oficina, comprando pantalones, y todo lo demás; pero se está libre de la estructura psicológica que tanto distorsiona a la mente. Llega uno, pues, a un punto en que descubre por si mismo que la liberación completa de la estructura psicológica de la sociedad es completa inacción; y esa inacción completa es acción total, que no crea contradicción ni, por tanto, deterioro.

He dicho lo que quería decir esta mañana, y acaso podamos ahora discutirlo, o podéis hacer preguntas si queréis.

Pregunta: ¿podemos ir a nuestros empleos y trabajar sin competencia?

Krishnamurti: Señor, ¿acaso no puede uno? ¿Podéis ir a vuestra oficina y conservar vuestro empleo sin competir? No me toca a mi decir si podéis o no, o si tenéis que hacerlo, etc. Mas veis lo que hace la competencia, como engendra antagonismo, miedo, una busca implacable de satisfacer vuestras propias demandas, no sólo en vuestro interior, sino exteriormente en el mundo. Veis todo eso, y os preguntáis si es posible vivir en este mundo sin competir. Esto significa vivir sin comparar; significa hacer algo que realmente nos gusta hacer, que os interesa enormemente. O bien, si estáis presos en un empleo que no os gusta, porque tenéis responsabilidades, significa descubrir el modo de hacer esa tarea eficazmente, sin competir, y eso requiere mucha atención, ¿no? Tenéis que prestar una gran atención a todo pensamiento, a todo sentimiento en vuestro interior, pues de lo contrario, sólo estaréis imponiéndoos la idea de que no debéis competir y entonces eso se convierte en otro problema. Mas podéis percibir todas las implicaciones en la competencia; podéis ver la realidad de cómo trae conflicto, incesante pugna; podéis percibir que la competencia lleva al hombre inevitablemente (aunque pueda haber mucho del llamado progreso y eficiencia competitiva) al antagonismo, a la falta de afecto. Si veis todo esto, entonces, partiendo de esa percepción, actuaréis ya sea competitivamente o sin competencia alguna.

Comentarios: No creo que la acción repetitiva sea necesariamente fastidiosa.

Krishnamurti: Sabéis que se está descubriendo que un hombre que trabaja en una fabrica, haciendo una y otra vez la misma cosa, no es una entidad muy productiva, y me dicen que en Norteamérica están experimentando con dejar que los obreros de ciertas fábricas aprendan durante su trabajo. El resultado es que este último no es tan repetitivo, por lo tanto, los hombres producen mucho más. Aunque os complazca mucho hacer algo, si seguís incesantemente repitiendo esa acción, se vuelve muy rutinaria y bastante cansada.

Pregunta: ¿Que decís sobre el artista?

Krishnamurti: Si el artista se limita a repetir, seguramente que ha dejado de serlo. Creo que confundimos las dos palabras, “repetición” y “creación”. ¿No es cierto? ¿Qué es creación?

Comentario: Un hombre que haga buenos zapatos es creador.

Krishnamurti: ¿Es creación hacer buenos zapatos, crear niños, escribir poemas, y todo lo demás? Por favor, no asintáis ni disintáis. Esperad un momento.

Comentario: No veo como puede uno vivir en un espacio vacío.

Krishnamurti: Señora, creo que no nos hemos entendido. Lo siento. Es posible que ello se deba a las palabras que escogí, que tal vez no sea lo bastante adecuadas, y probablemente, no comprendéis exactamente lo que quiero decir con la palabra “vacío” pero ahora estamos hablando sobre creación.

Mirad, he oído que en cierta universidad enseñan lo que llamamos literatura y pintura creadoras. ¿Puede enseñarse la calidad creadora? ¿Producirá espíritu creador la práctica continua de algo? Podéis aprender de un maestro la técnica de tocar el violín, pero es evidente que por la técnica no podéis tener el genio, mientras que, si uno tiene ese espíritu creador, producirá la técnica, mas no al revés. La mayoría de nosotros creemos que adquiriendo la técnica encontraremos lo otro. Tomad un ejemplo muy sencillo (aunque todos los ejemplos son defectuosos): ¿Qué es la vida sencilla? Decimos que vida sencilla es tener muy pocas posesiones, comer muy poco y abstenernos de hacer esto o aquello. En Asia se considera que está haciendo una vida muy sencilla un hombre que viste un taparrabo, que vive sólo y no hace más que una comida al día. Pero interiormente, puede estar en un torbellino volcánico, ardiendo en sus deseos, pasiones, ambiciones. La vida simple de tal hombre no es un espectáculo exterior, que puede ser reconocido por otros y decir ellos: “¡Que hombre tan sencillo!” Ése es el estado efectivo de la mayoría de los santos: exteriormente, son muy sencillos, pero en lo interno son ambiciosos, disciplinan la mente, se esfuerzan por ajustarse a cierto modelo, y todo eso. Me parece, pues, que la sencillez primero empieza desde dentro, y no desde fuera. Del mismo modo, la creación no puede venir por la expresión. Tiene uno que estar en ese estado de creación y no buscar a través de la expresión. Estar en ese estado de creación es el descubrimiento de lo supremo. Y eso sólo puede ocurrir cuando no hay actividad del “yo” en ninguna dirección.

Volvamos a lo que dijo esa señora sobre el vacío. La mayoría de nosotros, aunque estemos mutuamente relacionados en lo exterior, vivimos en el aislamiento, y no es de ese aislamiento de lo que estoy hablando. El vacío es algo por completo distinto del aislamiento. Tiene que haber vacío entre vosotros y yo para que no nos veamos; tiene que haber un espacio por el cual yo pueda oír lo que decís y podáis oír lo que yo digo. Del mismo modo, tiene que haber espacio en la mente, es decir, ésta no debe hallarse tan llena de cosas que no quede ningún espacio. Sólo cuando hay espacio dentro de la mente (lo que significa que no está atiborrada de actividad egocéntrica), sólo entonces es posible saber lo que es vivir. Pero vivir en aislamiento, eso no es posible.

Pregunta: ¿Querríais hablar más sobre la energía?

Krishnamurti: Para hacer cualquier cosa, por pequeña que sea, hace falta energía, ¿no? Para levantarse y salir de esta tienda, para pensar, comer, conducir un automóvil, para la acción de cualquier clase que sea, se requiere energía. Y, en la mayoría de nosotros, cuando estamos haciendo algo, hay una forma de resistencia que disipa la energía, a menos que de la casualidad de que lo que estamos haciendo nos cause placer, y en tal caso no hay conflicto, no hay resistencia en la continuidad de la energía.

Como iba diciendo antes, uno necesita de energía para estar por completo atentos, y en esa energía no hay resistencia mientras no haya distracción, es decir, desde el momento en que queráis concentraros en algo pero al mismo tiempo queráis mirar por la ventana, habrá resistencia, conflicto. Pues bien, el mirar por la ventana es exactamente tan importante como cualquier otro mirar. Y una vez que veis que esto es así, entonces no hay distracción ni conflicto.

Para tener energía física, es evidente que debéis tomar la adecuada clase de alimento, etc. eso es algo con lo cual vosotros mismos podéis experimentar y no necesitamos discutirlo. Tenemos también la energía psicológica, que se disipa de varias maneras. Para tener esa energía psicológica, la mente busca estímulo. El ir a la iglesia, presenciar un partido de fútbol, leer literatura, escuchar música, asistir a reuniones como ésta: todas estas cosas os estimulan; y si lo que queréis es que se os estimule, ello significa que psicológicamente sois dependientes. Todas las formas de buscar estímulo implican depender de algo, ya sea una bebida, una droga, un orador o la asistencia a la iglesia; y seguramente que el depender del estímulo, en cualquier forma que sea, no sólo embota la mente, sino que también contribuye a disipar la energía. Así que, para conservar la energía propia, tiene que desaparecer toda forma de dependencia, toda clase de estímulos; y para la desaparición de esa dependencia tiene uno que darse cuenta de ella. Tanto si depende uno del estímulo de la propia esposa o marido, como de un libro, del trabajo que hace en la oficina de ir al cine, es decir de cualquier estímulo que uno busque, tiene ante todo que darse cuenta de este. El limitarse a aceptar estímulos y vivir con ellos disipa la energía y deteriora la mente. Mas, si uno percibe los estímulos y descubre todo su significado en la propia vida, podrá librarse de ellos. Por medio del conocimiento de si mismo que no es condenación de si mismo, ni todo eso, sino simplemente darse cuenta de si mismo, sin escoger aprende uno a cerca de todas las cosas de influencia, de dependencia, de estímulos; y ese movimiento mismo de aprender le da a uno la energía necesaria para liberarse de toda dependencia del estímulo.

26 de julio de 1964

La Mutación Psicológica

Jiddu Krishnamurti, La Mutación Psicológica, conversaciones en Saanen 1964. Incluidas en el libro “The New Mind”. Jiddu Krishnamurti en español.

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