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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Segunda plática, 28 de julio de 1933

Amigos, para comprender el movimiento constante de la vida, la mente debe estar libre de la carga del conocimiento explicativo, libre del intento de retener las lecciones autoprotectoras de la experiencia. Tiene que afrontar la vida de nuevo cada día, y en ese afrontar está la comprensión.

La mayoría de nosotros se da cuenta, consciente o inconscientemente, de que existe una vacuidad, una insuficiencia en nuestras vidas, y tratamos de escapar de esa insuficiencia, por medio de la sensación, del olvido o del trabajo. En la búsqueda de sensación vamos de una experiencia a otra; deseamos una mayor variedad en la sensación, y a este movimiento de la sensación lo llamamos experiencia. Sin embargo, ese vacío, esa soledad no cesa de existir. Simplemente tratamos de escapar de ella mediante la experiencia, y este intento de escapar, este esfuerzo por llenar el vacío con las experiencias, con el mero conocimiento, sólo crea una insuficiencia mayor. Donde hay vacuidad, siempre existen un anhelar y un codiciar.

Donde hay deseo, jamás puede haber discernimiento. La opción, que se basa en el deseo, nunca puede generar discernimiento. La opción es el conflicto de los opuestos. Al optar, al elegir entre opuestos, creamos meramente más opuestos. Lo que se considera esencial se convierte en lo no esencial, y este movimiento no es progreso. La opción crea los opuestos. En tanto la mente esté presa en este sistema de opuestos, jamás puede haber discernimiento. Donde hay deseo, hay vacuidad. Uno no puede destruir el deseo, no puede librarse de él, sino que debe descubrir la causa que origina al deseo. Ahora bien, debido a que en nosotros mismos hay insuficiencia, tratamos de llenar esa vacuidad mediante diversas clases de sensación, desde las formas más groseras a las más sutiles. El deseo existe sólo cuando no hay una verdadera comprensión de los valores. Cuando se den cuenta de esto con la totalidad del ser, comenzarán a discernir el valor intrínseco de todas las cosas; entonces ya no percibirán los valores como meros resultados de los opuestos.

Cuando hay deseo, la acción tiene que ser incompleta. Entonces, esa acción incompleta incrementa más aún la vacuidad de la mente y del corazón.

En la percepción alerta hay discernimiento, en el cual no existe la opción. La opción es una lucha incesante, un incesante conflicto.

Pregunta: Explique, por favor, claramente, qué entiende usted por franqueza como algo distinto de la sinceridad. ¿Quiere decir que primero debemos ser absolutamente veraces en nosotros mismos, en lo que hacemos, sentimos y pensamos, a fin de comprender la vida en su totalidad?

Krishnamurti: Lo que entiendo por sinceridad es esto: Usted tiene en su mente un ideal, un preconcepto o un patrón, el cual moldea su pensamiento y su conducta. Trata de ser sincero respecto de ese ideal o principio. A una persona que moldea así su vida, que se atiene rígidamente a una idea o a un principio, ustedes la llaman “sincera”. Cuanto más estrechamente vive ella conforme a ese principio (y los principios e ideales tienen que ser limitados), más sincera es. Para mí, una persona semejante jamás comprende el fluir de la realidad.

Ahora bien, la franqueza es apertura que revela, sin prejuicio alguno, la realidad, el presente. Sólo siendo usted inteligentemente franco puede descubrir su propia limitación. Esto no puede hacerlo siendo meramente sincero conforme a un ideal, a una esperanza. Puede descubrir sus propias pequeñas vanidades, sus trabas y sus presunciones, sólo a través de una absoluta franqueza.

En primer lugar, tiene que averiguar lo que usted es; sólo entonces sabrá cómo actuar en relación con lo que descubra.

La mayoría de la gente piensa conforme a cierto patrón o principio, o su pensamiento está influido o controlado por el medio, lo cual debe, naturalmente, impedir el flujo de la realidad. Para descubrir estos obstáculos, la mente debe darse cuenta de sus propios pensamientos y, permitiéndoles inteligentemente expresarse con libertad, uno comienza entonces a discernir los secretos temores, las secretas esperanzas que constantemente lanzan barreras contra la expresión plena de la vida, lo cual ocasiona sufrimiento. Esto requiere gran franqueza y una necesidad intensa de comprender, pero si hay deseo, se destruye la acción de la inteligencia que implica la comprensión del presente. Esta falta de discernimiento crea dualidad en la acción, y esta insuficiencia es la causa del sufrimiento.

Pregunto: He encontrado que, en el proceso de librarse de las barreras personales, uno siente el impulso de la autodisciplina. Usted dice que no cree en la autodisciplina. ¿Qué es lo que entiende por autodisciplina?

Krishnamurti: No sé si usted ha formulado esta pregunta para descubrir realmente lo que pienso, o si está fuertemente a favor de la autodisciplina que, en su sentir, usted posee, y entonces la contrapone a lo que yo tengo que decir al respecto. Si está resueltamente opuesto a lo que digo, entonces eso pone fin a la discusión. No piense que usted no debe tener autodisciplina porque yo hablo de la inutilidad de la autodisciplina. Casi todos los que se han reunido aquí, ya tienen sus mentes dispuestas en el sentido de que la autodisciplina es esencial. La han practicado durante años. El sistema y las creencias que tienen así lo exigen, sus religiones insisten en ello, sus libros sagrados lo proclaman en voz alta, y ustedes mismos sostienen que la autodisciplina es de gran valor. Pero si quieren averiguar qué es lo que yo pienso al respecto, deben tratar de comprender el significado total de la autodisciplina y no sólo una parte de él.

Una persona que quiere ser consecuente, debe someterse a la autodisciplina. Ahora bien, ¿por qué tiene que ser consecuente? ¿No es, acaso, porque no puede comprender el movimiento rápido del presente? ¿No es porque no puede seguir el rápido cambio y el significado de la experiencia? A causa de que la mente no puede encarar la experiencia, afrontar la vida de una manera completa, total, recurre a un patrón de conducta, a una autoridad tras de la cual se refugia, temerosa de enfrentarse con lo desconocido. Para la comprensión de la experiencia, no hay precedente. La mente trata de vivir en la vibrante plenitud del hoy, con la carga de los reyes muertos. Así, la acción presente es forzada en los canales del pasado. De esto surge el dicho, nacido del temor: “debo” o “no debo”.

Atienda a la falta de comprensión que exige autodisciplina, y no al mejor método de disciplina. Usted es una cosa hoy y otra cosa mañana. Es diferente hoy de lo que será mañana. No obstante, la mente se fuerza y se distorsiona para seguir cierta norma, con lo cual usted crea un conflicto. Por eso nunca hay integridad en la acción, nunca hay una realización plena y verdadera.

La consecuencia con un principio involucra a la memoria, implica el recuerdo de cierto ideal, de cierto patrón predeterminado que se basa en el miedo y en la autoprotección. Lo que los disciplina es el recuerdo de aquello que ya está muerto. Ahora bien, si actúan constantemente conforme a ese recuerdo, ¿cómo pueden vivir espontáneamente o seguir los rápidos movimientos de la verdad? Tienen que comprender el significado del deseo de ser consecuentes - la causa -, antes de abandonar la autodisciplina - el resultado.

Debido a que no afrontamos de manera total cada acontecimiento de la vida, surge el conflicto que da origen al recuerdo. La mente se identifica con este sufrimiento, a causa del cual crea para sí misma un principio autoprotector, y con esta medida son juzgadas y controladas todas las experiencias. Sólo cuando sufre, la mente procura escapar, consciente o inconscientemente, hacia el patrón preestablecido, y de esto surgen los defensivos “debo” y “no debo”.

Si usted puede discernir la causa del temor, la cual produce estos ideales autoprotectores que exigen consecuencia y el rígido seguimiento de una disciplina, entonces, sin esfuerzo alguno para superar el temor, la mente se librará de él.

Cuando hay una gran separación entre pensamiento y acción, tiene que haber conflicto, sufrimiento; y la autodisciplina se considera necesaria para tender un puente sobre este abismo, para realizar la integridad. Mediante la autodisciplina jamás puede haber integridad de acción. Ésta puede hacerse realidad cuando la mente se halla libre de las barreras autoprotectoras, de los prejuicios y temores. El mero ajuste a un patrón mediante la autodisciplina y el control, destruye el significado y la reveladora profundidad de la acción; de ese modo, la mente y el corazón se vuelven poco a poco estériles, insustanciales y vacuos.

“He encontrado que en el proceso de librarnos de nuestras barreras personales, uno siente el impulso de la autodisciplina”. Lo que uno conquista no es perdurable. Sólo al comprender la causa de las limitaciones, éstas desaparecen realmente cediendo el lugar a la inteligencia. Donde hay conquista de algo, hay esclavitud. En el conquistar no hay inteligencia; sólo hay dominación y un oculto deterioro. Toda conquista indica el atractivo de algo ulterior, pero la causa de la limitación sigue ahí. Sólo en la inteligente comprensión de la causa de los obstáculos, hay libertad respecto del sufrimiento.

Su intento de vencer las limitaciones está impulsado por el deseo de recompensa. De modo que no ha superado su barrera, en absoluto. Se ha disciplinado sólo con el fin de obtener alguna otra cosa. Y, debido a que piensa en lo que obtendrá a cambio de su acción, de su autodisciplina, su acción y su disciplina no tienen absolutamente ningún valor.

Pregunta: ¿Debe uno desembarazarse del anhelo, a fin de obtener la liberación? Si es así, ¿cómo puede la liberación ser alcanzada sin el ejercicio del autocontrol y la autodisciplina?

Krishnamurti: El anhelo sin comprensión crea conflicto y, para escapar de este sufrimiento, hay una búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la liberación. Así que, en vez de buscar la liberación, la verdad, ocupémonos de lo que es más familiar para nosotros, el conflicto y el sufrimiento, interesémonos en la realidad y no en las ilusiones que nos ofrecen escapes y refugios convenientes. Ocupémonos, pues, de la causa del sufrimiento. El deseo mismo, consciente o inconsciente, de evitar el sufrimiento, de encontrarle un sustituto y de cultivar su opuesto, genera falta de comprensión del presente. Los numerosos prejuicios, las múltiples limitaciones que la mente ha erigidoen torno de sí misma en su búsqueda de autoprotección, originan dolor cuando entran en contacto con la siempre viviente cualidad de la experiencia. Este sufrimiento no es para ser superado mediante la autodisciplina y el autocontrol, pero cuando la mente se libera de las limitaciones e ilusiones autoprotectoras, existe el éxtasis de la vida. Esta liberación respecto de lo falso, de lo estúpido, no puede ser realizada por medio del autoanálisis, sino en la percepción plena de la acción misma. La autodisciplina no es sino ajuste a una forma establecida de escape, a un ideal, y en esto no hay inteligencia. La percepción alerta, ese discernimiento en el que no hay ajuste ni compulsión, revela las ilusiones y los obstáculos que se ocultan, impidiendo que la mente actúe con plenitud; sólo esa plenitud de acción hace de la vida un devenir eterno.

Pregunta: En la reunión dedicada a las discusiones, se afirmó que un hombre podía librarse de sus obstáculos, comprendiéndolos. En consecuencia, debemos presumir, que, si sentimos que nuestros obstáculos aún no han desaparecido, es porque todavía no los hemos comprendido totalmente, Muchos de nosotros sentimos que los obstáculos aumentan cuando nos esforzamos en comprenderlos.

Krishnamurti: Es natural que aumenten, porque usted hace un esfuerzo para librarse de los numerosos obstáculos a fin de obtener la verdad, la felicidad o la liberación. Pone énfasis en la liberación, en la verdad, porque le ofrecen un escape, y así los obstáculos aumentan y florecen.

¿Por qué hace un esfuerzo para comprender sus obstáculos? Si uno está profundamente deseoso de descubrir sus obstáculos, no hace un esfuerzo, ¿verdad? Pero usted se esfuerza, ejerce coerción sobre sí mismo porque no existe este deseo devorador.

El anhelo mutila el discernimiento, causando desdicha y angustia. El esfuerzo se hace para superar esto, pero sin conocer la causa. El anhelo es el resultado de los valores falsos. Usted no puede comprender los valores genuinos, cuando la mente se halla obstruida por prejuicios y temores. Debe tomar conciencia de estos prejuicios y temores. Pero esta toma de conciencia, esta percepción inteligente, no nace del esfuerzo, sino del intenso, deliberado deseo de comprender la causa que obstruye la pureza del discernimiento.

El deseo de seguridad es un obstáculo para el discernimiento, pero si usted busca el discernimiento inteligentemente, descubrirá por sí mismo su verdadera significación. Es posible que su mente perciba la naturaleza ilusoria de la seguridad; no obstante, la desea intensamente. De esta contradicción surgen el conflicto y el sufrimiento, la insuficiencia en la acción. Para vencer esta insuficiencia, comienza usted a controlarse, a disciplinarse. Pero esto no elimina, en modo alguno, el conflicto. Esta contradicción existe porque usted no desea profundamente discernir el verdadero significado de la seguridad con sus consoladores ideales y sus ilusiones. Hasta que no exista este deseo ardiente de comprender, debe usted continuar sufriendo, soportando todas las innumerables estupideces y explotaciones.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Segunda plática, 28 de julio de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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