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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Tercera plática, 29 de julio de 1933

Ustedes saben, la vida es un tremendo misterio, y casi todos nosotros creamos un misterio falso, una ilusión, y tratamos de penetrar esa ilusión esperando que sea real.

Preferimos el misterio de una ilusión al misterio de la realidad, y la vida es un misterio que no puede ser comprendido si el corazón y la mente se hallan atrapados en una ilusión. Por lo tanto, toda ilusión tiene que llegar a su fin antes de que uno pueda penetrar ese santuario profundísimo al que llamamos vida. Trato de mostrar la manera como puede ser penetrado, no el método, porque no creo que exista tal cosa como un método. No hay sendero hacia la verdad. La verdad es una tierra desconocida. Es una tierra inexplorada y tenemos que acercarnos a ella completamente desnudos, desprevenidos no podemos haberla cartografiado, trazado previamente; tenemos que llegar a ella totales, libres, puros. Entonces la comprenderemos.

Ahora bien, para mí existe un éxtasis viviente que puede ser llamado Dios, realidad, que es un devenir intemporal. No es un objetivo que ha de ser alcanzado o conquistado. Es algo continuamente móvil, cambiante, vivo, no puede ser descrito. Para descubrirlo, para comprenderlo, para poder penetrar en ello, la mente ha de hallarse libre de la idea del logro. Uno no puede pensar en la verdad desde el punto de vista del éxito o de la conquista. Por favor, esto no es retórico, no me escuchen con una mente retórica. Como casi todas las mentes están mutiladas por esta idea de conquistar, lograr, atrapar, todo nuestro sistema de pensamiento se basa en eso.

Para comprender esa realidad viviente, la mente debe estar libre por completo de esta idea del logro, porque el logro involucra al tiempo; aquello que uno va a obtener implica un futuro, un presente y un pasado. Una mente y un corazón presos en el tiempo no pueden comprender ese devenir eterno. De modo que el logro, la ganancia, el triunfo, el éxito, la verdad como recompensa por una acción virtuosa, implican un esfuerzo, indican que uno debe realizar un tremendo acto de volición, desarrollar la voluntad, el carácter, con el fin de obtener algo, de ser premiado por su esfuerzo. Y donde hay un esfuerzo, hay dualidad: la cosa que uno conquista y el conquistador. Donde hay dualidad existe un opuesto, una antítesis, como el bien y el mal, el dolor y el placer, la recompensa y el castigo. En tanto haya dualidad en la mente, hay esfuerzo por escapar de lo uno a lo otro. Este esfuerzo da origen a la conciencia del “yo”, la conciencia de sí mismo, y de aquí surgen el sufrimiento, la pena y la idea del tiempo dividido en pasado, presente y futuro.

Donde la mente busca de manera constante el progreso, el logro, el éxito, la conquista de una virtud o un objetivo, está implicada la dualidad, la cual crea a la conciencia del “yo”. De eso surge el sufrimiento. Así, para superar el sufrimiento recurrimos al olvido, pues la mayoría de la gente está presa en el sufrimiento. Ante ese sufrimiento, ante esa continua incertidumbre y falta de comprensión que creó un vacío, una vacuidad, estamos todo el tiempo tratando de olvidar, de escapar o de superar todo eso mediante la autodisciplina. Este olvido, este escapar o disciplinarse, aumentan aún más la dualidad, y entonces está el esfuerzo de superarla y tiene lugar la batalla. Éste es un proceso por el que, consciente o inconscientemente, pasa cada uno de nosotros. La consecuencia de ello es que hemos establecido un objetivo a ser alcanzado, al cual consideramos verdadero, un ideal de perfección, de la verdad, de la vida, de Dios... Y siempre estamos esforzándonos por disciplinarnos a fin de alcanzarlo, a fin de adiestrar a nuestra mente para que viva de manera constante en esa idea y funcione en ella. Así es como creamos en nuestra mente una dualidad, un observador, un controlador y la cosa observada y controlada. De este modo, desarrollamos una mente superior y una mente inferior, una emoción superior y una emoción inferior, porque nuestra mente se halla sofocada, sujeta en esta dualidad.

En consecuencia, existe naturalmente una continua falta de armonía, la cual crea conflicto, y uno está atrapado en este círculo. Eso es lo que sucede, es obvio. Es lo que tiene lugar en cada uno de nosotros: esta afirmación de una idea que llamamos la verdad o Dios, algo imposible porque no podemos comprenderlo, no podemos representárnoslo como una totalidad hasta que estamos completamente libres de tal idea. Uno puede tener un vislumbre ocasional, pero si se aferra a ese vislumbre está destruyendo la plena comprensión del presente. Así, comenzamos por afirmar lo que consideramos que es la verdad, lo cual nace del prejuicio, porque eso que consideramos la verdad lo escogemos siempre desde nuestro agrado y desagrado, escogemos lo que nos brinda satisfacción, ya sea mental, emocionalmente o de otro modo. Así, distinguimos entre la acción correcta y la acción incorrecta, siendo acción correcta la que está dominada por la mente superior, la mente que siempre está observando, venciendo, guiando; en consecuencia, la mente crea dentro de sí misma una dualidad, el “yo” y el “no yo”. Esto no es otra filosofía. Es lo que ocurre con cada uno de nosotros. Así es como se instala el proceso de la autodisciplina. Ahora bien, para mí esto es enteramente erróneo. Todo el proceso de enfoque está completamente equivocado porque indica un esfuerzo incesante y, como digo, donde hay esfuerzo no hay comprensión de la verdad. La verdad no llega mediante el esfuerzo. Tiene que revelarse naturalmente cuando uno elimina todos los obstáculos, cuando está libre de las barreras que ha creado el esfuerzo.

¿Qué es lo que crea esta dualidad en nosotros? La acción, la acción nacida del deseo, del anhelo de ganancia, la acción nacida del temor al castigo. Eso crea la dualidad. Y, como digo, sólo la acción en sí misma es la vida, la cual es eterna. Así, cuando la mente está presa en la esclavitud que implican una recompensa o un castigo o un motivo o la búsqueda de la verdad, la acción ha perdido su significado; en vez de acción, existe siempre el sentido del logro como opuesto a la acción.

Para mí, la acción es infinita, eterna, perdurable, mientras que el logro tiene una finalidad. Por lo tanto, sólo cuando la mente y el corazón están libres de todos los obstáculos, la vida puede fluir fácilmente, abiertamente, de manera espontánea y natural. Es como ocurre con un tobillo dislocado, el cual causa dolor, y cuando el tobillo es puesto nuevamente en su lugar, la vida fluye otra vez naturalmente por él. De igual modo, cuando uno libera la mente de todos los obstáculos, de todas las barreras, entonces la vida fluye fácilmente por ella. Eso es acción eterna, pero estos obstáculos no son para ser vencidos. Uno no puede decir “voy a vencer mi obstáculo, voy a superarlo, a transformarlo, a transmutarlo”. Si uno piensa en términos de ganancia, está atendiendo a la sensación, y las acciones basadas en la sensación no generan este discernimiento genuino.

Lo que da lugar al verdadero discernimiento es la acción no opcional. Si la acción se basa en el logro, entonces esa acción carece de significado, es una acción del tiempo y, por lo tanto, crea conflicto; mientras que si hay una acción que no proviene de una recompensa, de un castigo o del temor, entonces esa acción es intrínsecamente verdadera y, en consecuencia, perdurable. Lo que destruye a la acción en su significado genuino es el deseo, este anhelo continuo, el cual da origen al sentimiento de soledad. Donde hay deseo, uno es consciente de la soledad, de la futilidad, hay un vacío e inmediatamente uno anhela algo para llenarlo; de este modo continúa acumulando más y más, y la vacuidad sigue ahí. La causa de la soledad es el deseo, porque donde hay deseo no hay discernimiento. El deseo ciega y mutila el corazón y la mente impidiéndoles la verdadera comprensión. Ustedes pueden desear, anhelar sólo cuando la mente está cargada de valores falsos. En el momento en que uno comprende algo de manera total, completa, en todo su significado, no hay más deseo. Uno es parte de esa comprensión, ya sea la comprensión de una experiencia, de una cosa, de una idea o de una emoción. Por consiguiente, el deseo desnaturaliza el juicio, el verdadero discernimiento, y genera el sentimiento de soledad.

Ahora bien, voy a explicar algo que, espero, aclarará lo que estoy diciendo. Casi todos están mentalmente de acuerdo, han entendido esto mentalmente. Si siguieron lo que he dicho durante los últimos tres días, habrán entendido que, donde hay deseo, hay falta de discernimiento. Intelectualmente estarán de acuerdo, pero emocionalmente siguen deseando y, en consecuencia, hay conflicto. La mente se impone sobre las emociones causadas por el deseo, y de aquí la continua batalla, el esfuerzo de lo que ustedes llaman espiritualidad: el intento de obligar a unirse a dos elementos en pugna el uno con el otro. Así, la mente está convencida de la inutilidad del consuelo o del deseo, está segura intelectualmente de la falsedad de ambos, pero sensorialmente los sigue deseando, los busca con asiduidad e inconscientemente está absorta en ellos. ¿Qué hacen ustedes, entonces? Ése es el punto difícil, hay dos elementos en nosotros: uno dice no al consuelo, a la seguridad, al deseo; intelectualmente, mentalmente ve la falacia de eso; y está el otro elemento, como es el caso con el amor, con lo que ustedes llaman amor - el amor del marido, el de la esposa, el de la amante -, el cual es una cosa posesiva a la que se aferran emocionalmente todo el tiempo, pero que intelectualmente desprecian.

¿Qué hacen ustedes? ¿Qué hace uno? O bien se abandona a ello como a algo irremediable o trata de dominarlo. Mentalmente, ustedes reprimen el otro elemento, sofocan continuamente la búsqueda de consuelo, la búsqueda que dicta el deseo, de lo cual se derivan la disciplina, el controlador y lo controlado y el anhelo de acumular virtudes para reforzar la propia seguridad; así es como tiene lugar esta continua dominación. Ahora bien, si emocionalmente persiguen lo que dicta el deseo, si emocionalmente piensan que la seguridad es esencial para el propio bienestar, persíganla, no traten de dominarla. Investíguenla, sondeen a fondo sus profundidades, y en el descubrimiento, en la comprensión del deseo, se les revelará la futilidad del deseo. Esto es simple, pero me temo que no lo entenderán. Si desean una cosa abórdenla de manera completa con la mente y el corazón, considérenla tanto intelectual como emocionalmente. Si desean la comodidad con todas sus implicaciones de poder, de dominación, tómenla con el corazón y la mente, no separen la mente y el deseo. Ahora ustedes se desarrollan intelectualmente y, debido a eso, la respuesta de sus mentes es siempre intelectual, lo cual constituye el mal de la educación moderna. Mientras que si abordan el deseo de manera total, con el corazón y la mente, o sea, estando por completo conscientes de este obstáculo, encontrarán su verdadera significación. Desde mi punto de vista, el deseo es un obstáculo. Probablemente no lo sea desde el punto de vista de ustedes. Pero para comprender lo que desean, sea lo que fuere, joyas, automóviles, la propia esposa o el marido, incluso Dios, la verdad, abórdenlo de manera total, como un ser en armonía, no como un ser en conflicto. Entonces lo abordarán como un ser humano, no como un individuo separado. De este modo, jamás tratan de triunfar sobre ningún obstáculo, sino que profundizan en él, lo comprenden, captan su significado, y entonces están libres, sin esfuerzo alguno, de ese obstáculo en particular. El esfuerzo existe sólo cuando internamente hay contradicción entre el deseo y el no deseo, cuando hay un observador que observa aquello que él desea.

Por eso toda la disciplina que ustedes se han impuesto, toda la meditación (lo que ustedes llaman meditación) me parecen tan destructivas. Así, jamás comprenderán el júbilo de lo eterno, el éxtasis de la vida en toda su espontaneidad, con todos sus naturales sentimientos y expresiones. Si odian, aborden eso no con una mente que dice “no debo odiar” y que al mismo tiempo experimenta un sentimiento de odio; abórdenlo con todo el ser y verán que pronto el odio desaparece igual que la niebla matinal que es disipada por el Sol. A causa de que no abordamos todo tan intrínsecamente con la totalidad de nuestro ser, perseguimos virtudes, desarrollamos el carácter, la voluntad, la disciplina, y vamos a la búsqueda de recompensa.

Por favor, experimenten con ello. Me temo que no lo experimentan, porque ya han decidido en sus mentes que la disciplina es necesaria, que el control es esencial, que la recompensa es útil; de otro modo - piensan - ¿qué es la vida? Todos estos clisés han penetrado poco a poco en sus mentes, las han taladrado de tal manera que ustedes no experimentan con lo que estoy diciendo o se ponen sentimentales al respecto. Experimenten por un día y comprenderán que pueden vivir armoniosamente, completamente, con una acción que es infinita, y no en términos de logro.

Pregunta: En la percepción alerta, ¿no tiene que haber esfuerzo? Si yo encuentro que tengo hábitos que son inservibles, eliminarlos requiere un esfuerzo, ¿no es así? Sin embargo, usted habla de la percepción alerta como de algo fácil, espontáneo.

Krishnamurti: El esfuerzo existe siempre y cuando usted trata de conquistar algo, cuando busca un logro cuya culminación es el éxito; mientras que la percepción alerta no nace de la obtención del logro o del éxito, porque el logro, el éxito, implican tiempo, opción. La percepción alerta está exenta de opciones, es intemporal. He explicado esto detalladamente durante los últimos días. No confunda lo que digo, es muy sencillo. Cuando usted se da cuenta con todo su ser de que un hábito o una idea o una emoción es inútil, no hace ningún esfuerzo. Puede que el hábito continúe, pero la decisión está tomada y el hábito se agotará gradualmente. Es infantil. Estoy seguro de que ha experimentado con ello y ha encontrado que es así. Digamos que usted tiene el hábito de rascarse. Si está plenamente consciente de él, si lo percibe con la totalidad de su ser, hay una decisión. Puede que el hábito continúe por un tiempo, pero desaparecerá espontáneamente. Pero ahora no está usted consciente del hábito y trata de dominarlo; en consecuencia, existe el deseo continuo de controlar su hábito.

La percepción alerta es discernimiento directo sin opciones. Uno puede discernir directamente, percibir inmediatamente cuando aborda el problema, ese hábito, o una crisis, con la totalidad de su ser. Por lo tanto, ello requiere una atención intensa, un estado de alerta. Uno hace estas cosas cuando se interesa en ellas. Ahora usted no está interesado en estas cosas; la mayoría de la gente no se interesa en lo que yo hablo. ¿Por qué no se interesa? Porque a casi todos les gusta la sensación, desean seguridad, consuelo, placer. No digo que usted no deba tener estas cosas, no salte a lo opuesto. Estas cosas tienen una importancia menor cuando uno es completo en sí mismo. No quiero decir que uno no deba tener ropas, alimento, albergue, pero no son las cosas que vienen primero; tienen su lugar apropiado. Así que, por favor, descubra primeramente no lo que es estar alerta, sino si desea perseguir algo con todo su ser. Si desea seguridad, comodidad, si está anhelando todo el tiempo el logro, el éxito, la virtud, aborde eso de manera total; no con un sentimiento de cansancio, de fatiga, deseando y no deseando, viendo intelectualmente su absurdo y, al propio tiempo, corriendo emocionalmente tras de ello. Así no puede conocer la percepción alerta, no puede sostenerla si no está lo bastante interesado como para actuar tanto con la mente como con el corazón, con todo su ser. Cuando usted está interesado, entonces desde ese interés surge la llama de la percepción alerta. No es cuestión de mantenerla todo el tiempo; está ahí cuando llega el momento, cuando usted aborda plenamente todas las cosas. Entonces está libre de ese impedimento particular.

Pregunta: Vengo al Campamento de la Estrella porque es la manera más grata que conozco de pasar las vacaciones de verano. Durante esas vacaciones uno está más despreocupado, hace el inventario de las cosas. Por eso no deseo un montón de frivolidades - hay cine durante todo el año. Al hacer el inventario, veo que su reto es una parte valiosa de las vacaciones. Esta razón para venir, ¿carece de valor desde su punto de vista?

Krishnamurti: En primer lugar, antes de contestar esa pregunta, permítanme decir que cuando sonrío no me río del interlocutor, porque el humor es totalmente impersonal. No tiene nada que ver con usted y conmigo. Así que, por favor, no me estoy riendo del interlocutor. La pregunta implicaba que sólo durante cierta parte del año puede usted hacer inventario, no en otros momentos. Durante estas vacaciones en el Campamento de la Estrella tiene tiempo y ocio, y mi reto le ayuda a hacer el inventario. Es como reservar una hora al día para meditar; el resto del día no hay tiempo. O sea, sus circunstancias no le permiten hacer inventario el resto del año. Está tan rodeado por las preocupaciones familiares, por la gente, la ciudad, las actividades, que no tiene tiempo para hacer inventario. Aquí tiene tiempo; es un hermoso lugar, aunque ocasionalmente llueve, pero aquí puede hacer inventario.

¡Qué manera falsa de considerarlo! ¿Por qué no puede hacer inventario mientras vive en el mundo? ¿Porque el mundo es demasiado para usted? Usted forma parte de él. El mundo no es demasiado, a usted le gusta jugar con los juguetes del mundo, y así no tiene tiempo ni interés ni ocio. Éste no es el momento de hacer inventario, estos diez días o estas tres semanas. Por lo tanto, lo que usted ha hecho es dividir la vida como lo posible y lo imposible. Lo posible está en el Campamento de la Estrella y lo imposible en la vida cotidiana. ¿Por qué no es eso posible en su vida cotidiana? Porque usted la ha creado, individualmente ha creado su vida cotidiana y se ha vuelto un esclavo de ella; por lo tanto, dice que no puede hacer inventario. Yo digo que únicamente puede hacer inventario allá y no aquí. Aquí es estimulado por mí. Ésa es, naturalmente, una sensación falsa. Ha estado ocurriendo todos los años. Por favor, no piense que soy duro. Al contrario, si estuviera usted atento a las circunstancias, cambiaría las circunstancias y en ellas haría inventario. Pero usted no quiere cambiar las circunstancias; por consiguiente, viene aquí para descubrir, conservando las circunstancias y, al propio tiempo, tratando de llegar a la verdad. No puede hacerlo. Es como un hombre que goza de hermosas vacaciones en el verano. Ve montañas, lagos tranquilos, y regresa a la detestable oficina. La odia, pero su mente se vuelve de manera constante a esa belleza del verano. ¿Por qué no cambiar la rutina oficinesca, por qué no crear algo nuevo en vez de llevar todo el tiempo una doble vida? No dé razones falsas de responsabilidad, no diga: “No puedo porque mi madre...”, y así sucesivamente. Las circunstancias han sido creadas por usted a causa del temor; sólo puede crear otras nuevas usted mismo, nadie más puede. Eso es lo que ocurre con el hombre que tiene vacaciones de verano. Regresa al ambiente cotidiano y, con eso, destruye gradualmente su sensibilidad. Cuando cambia las circunstancias, encuentra los verdaderos valores. No diga: “Tengo miedo de lastimar a ciertas personas, de cambiar las circunstancias, está la responsabilidad”. En el descubrimiento de la verdad nada debe interponerse, ni padre ni madre ni relación ni responsabilidad alguna. Pero, por favor, no se vaya a lo opuesto diciendo: “Bueno, renunciaré a todas mis responsabilidades”, lo cual es una forma fácil, cobarde de hacerlo. Actuando de manera completa descubrirá que ninguna relación, ninguna servidumbre puede interponerse en su camino. Para actuar de manera completa, usted mismo debe ser completo. Todo su ser debe vivir así, y entonces nada puede obstaculizarlo, ninguna circunstancia, ya sea una ciudad o un campamento.

Pregunta: A veces odio todo y a todos. ¿Puede usted aconsejarme cómo impedir que surja este terrible sentimiento, porque en esos instantes soy completamente incapaz de salirme de ello?

Krishnamurti: Abórdelo, como he dicho, con todo su ser, como aborda el amor. Cuando ama a alguien intensamente, lo hace con toda su naturaleza, con todo su ser; en eso no hay conflicto, usted no pregunta cómo salirse de ello. Haga lo mismo con el odio, con los placeres efímeros: todas estas cosas deben ser abordadas de manera total. Entonces no se librará de ellas, sino que las comprenderá y descubrirá su plena significación, su verdadero valor, y la acción surge, entonces, desde ese descubrimiento. Así que, por favor, no considere estas cosas como algo de lo cual tiene que librarse, algo a ser conquistado. Ese enfoque impide la acción completa y, en consecuencia, hay conflicto. Y usted no puede superarlo, vencerlo; eso sólo crea más dualidad, más opuestos. Pero si aborda estas cosas tanto con el corazón como con la mente, entonces se disuelven por sí mismas, entonces puede comprenderlas plenamente. Ha nacido un elemento nuevo.

Pregunta: Pensando sobre lo que usted dijo, sé que me aferro a ciertas cosas. Por ejemplo, me gustan las joyas. Sé que si perdiera mi anillo aceptaría de buena gana lo inevitable, pero no me agradaría regalárselo a otra persona. Así que estoy muy lejos del desapego. Sé (quizá sólo mentalmente) que sería más feliz, o viviría más fácilmente sin estas cosas materiales. Sin embargo, siento el deseo de poseerlas y tengo muchísimos otros deseos. ¿Cómo puedo librarme de ellos?

Krishnamurti: Si quiere joyas, tenga joyas, ¿Por qué quiere librarse de ellas? ¿Por qué quiere regalarlas a otros? Me temo que no entiende de qué he estado hablando los últimos cuatro días. Vea, para mí no hay tal cosa como el renunciamiento. Cuando usted comprende una cosa, ésta se desprende. La persona de afuera puede llamarlo renunciamiento, pero para uno que actúa armoniosamente, no es un renunciamiento. Es una acción natural. El mundo ensalza a un hombre semejante y dice que es un ser humano maravilloso, lo llama noble, lo pone espiritualmente en un pedestal y lo reverencia, porque los demás no pueden hacer lo que él hizo. Así que si usted sigue atrapado aún en la sensación de las joyas, de las posesiones, ¿qué hay de malo? Hay millones de personas que son esclavas de la posesión. Usted es solamente otra clase de esclavo de otra clase de posesión. Pero desaprueba eso por temor a la pérdida; tiene miedo de volver a quedarse solo. Desea posesiones, casas, tierras, etc., porque estas cosas le dan cierta seguridad, cierta felicidad, y teme perder las sensaciones de la posesión que le proporcionan tal felicidad.

¿Por qué es esclavo de esa felicidad de la posesión? ¿Es porque en usted mismo no hay riqueza, no hay un potencial de vida dinámica? Por lo tanto, confía en todos estos oropeles Y dice cuánto debe poseer y cuánto no debe poseer. En usted mismo hay tanta pobreza, que depende de las posesiones externas. Mientras que si fuera internamente rico, no necesitaría de todas estas cosas. Poseería sus casas, sus ropas, pero éstas tendrían una importancia menor. Entonces sería usted una ley para sí mismo, estaría libre de todas las leyes porque sería íntegro, completo. Lo que es armonioso es eterno porque está exento de toda transitoriedad. Por consiguiente, abórdelo todo con la plenitud de su ser y de eso nace el actuar supremo. Supremo en relación con todo, con sus ropas, sus joyas, sus casas, sus propiedades, su esposa y sus hijos; entonces sabrá lo que es la acción infinita.

Pregunta: Usted dijo: “El hombre, siendo libre, es limitado”. ¿Es limitado el hombre liberado? Si es así, esto significa que es limitado al igual que el hombre libre. Por favor, explíquelo.

Krishnamurti: El hombre liberado está exento de opción; actúa desde esa madura soledad, no desde sí mismo, sino desde esa soledad eterna. Uso esa palabra no en el sentido de retirarse del mundo, sino en el de esa soledad de valores verdaderos que es eterna, ni suya ni mía. Para un hombre así no existe la opción, pero para el hombre no liberado hay opciones; por lo tanto, es limitado. Está libre para optar de acuerdo con sus agrados y desagrados; por consiguiente, elige y, debido a eso, es limitado. Su elección se basa en el agrado y el desagrado, y es libre en este agrado y desagrado; en consecuencia, hay limitación. Pero si uno está exento de opción, entonces está verdaderamente liberado, entonces su acción es divina; es acción pura, es belleza.

Por lo tanto, donde hay acción que nace de las opciones, ésta tiene que ser limitada, porque cualquier acto que nazca de un opuesto tiene que crear otra serie de opuestos y, en consecuencia, uno queda atrapado en esta continua dualidad de los opuestos; de aquí el esfuerzo incesante, la incesante limitación. Uno puede derribar una limitación, pero erige otra.

Si tengo miedo, busco valor. Entonces mi valor es lo opuesto del miedo, lo cual no me libra del miedo. Sólo escapó hacia lo que llamo valor. Pero si estoy libre del miedo, del miedo mismo, entonces estoy libre tanto del miedo como del valor. Por eso, donde hay opción, todo el tiempo hay conflicto como ayer, hoy y mañana; y donde la acción está exenta de opciones, el tiempo es una totalidad, no existen el

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Tercera plática, 29 de julio de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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