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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Quinta plática, 3 de agosto de 1933

En su inmensa mayoría, las personas vienen a escucharme o van a la iglesia o buscan maestros a fin de recibir ayuda, de ser guiadas o de obtener algo que habrá de darles satisfacción. En otras palabras, cuando hablamos de recibir ayuda, anhelamos y deseamos llegar a cierto estado mental en el que encontraremos satisfacción. Por lo tanto, estamos siempre buscando un resultado cuando hablamos de recibir ayuda. Para mí, ser ayudado de esta manera es absolutamente efímero e inútil.

Habiendo obtenido lo que deseemos, ya sea la felicidad, la solución a un problema o la satisfacción del logro o del éxito, deseamos propagarlo a otros, forzándolos dentro de ese patrón al que hemos llegado. Queremos obligar a otras personas a que adopten ese punto de vista. Llamamos a eso ayudar al mundo, atraer a otro hacia un punto de vista particular en el que hemos encontrado satisfacción, que nos ha producido cierto contentamiento, ciertas sensaciones, un sentimiento de éxito. Así, habiendo obtenido algo, ustedes se preguntan: “¿Qué haré con esto? ¿Cómo lo usaré? ¿De qué manera puedo emplearlo para atraer a otros a la misma actitud mental?”

Por lo tanto, uno se interesa en el resultado, no en lo que tiene. Ustedes se interesan en cómo utilizarán lo que han obtenido y, de tal modo, se ocupan de la propaganda, de hablar, de transmitir sus convicciones instando a otros a adoptar el punto de vista de ustedes. Eso no tiene ningún valor, porque sólo desean que ellos lleguen al mismo punto de vista que a ustedes les ha producido satisfacción. La acción en sí no tiene, entonces, ningún valor en absoluto. Atraer a otras personas a cierto punto de vista, incitando a otros a obtener cierto resultado, es para mí responder a la formación de una secta. Al incitar a la gente a cierto punto de vista y al propagar ese punto de vista, ustedes se interesan no en sembrar lo que tienen, sino en el resultado de la siembra.

Si tenemos algo en nuestra cesta, si nuestras manos están llenas y la mente y el corazón son libres, nos interesamos en la siembra, no en el resultado que podamos cosechar. La mayoría de la gente, cuando anhela ayudar, es eso exactamente lo que busca: anhela un resultado. De tal modo, uno no se interesa en lo fundamental, que es la siembra, sino en lo que cosechará. Por favor, entiendan esto, porque escuchándolos a ustedes, escuchando las preguntas que me formulan, éstas me han mostrado que lo consideran todo desde un punto de vista sectario, desde el punto de vista de un grupo. Ustedes tratan de despertar a otras personas a cierto punto de vista, a cierto patrón, a cierto resultado que ustedes mismos alcanzaron, o consideran cómo habrán de diseminar eso que poseen. Todo esto, para mí, demuestra una mente muy limitada, y una mente semejante no puede seguir y comprender el movimiento veloz de la sabiduría.

Ahora bien, nos interesamos en el resultado de la siembra porque no estamos seguros de lo que sembramos. Queremos que la convicción de otros nos estimule mostrándonos que tenemos realmente eso, y así obtenemos determinada sensación.

Lo que quiero mostrar esta mañana es que si ustedes han venido aquí para que se les ayude a descubrir una solución o para ganar algo, me temo que quedarán decepcionados, porque aquello que ganan lo pierden. Si buscan un resultado, es transitorio. Si buscan una solución, están tratando de escapar de la causa del problema. En otras palabras, un resultado o una ganancia o la idea del logro no son sino cierto consuelo en el que encontramos protección, protección que se convierte en nuestra seguridad, a la cual llamamos verdad. En consecuencia, la acción, que es lo único que puede revelarles el significado pleno de la vida, es negada totalmente. Cuando hay una vacuidad, una dolorosa insuficiencia, sólo buscan un resultado.

¿Por qué buscamos un resultado? ¿Por qué buscamos un logro? Porque no podemos afrontar la vida o la experiencia o cada acontecimiento del día, de una manera completa, nueva. Porque no tenemos la capacidad de encarar todas las cosas así, espontáneamente, vigorosamente, como por vez primera. Nuestras mentes están tan agobiadas por la memoria, que somos incapaces de afrontar nada nuevo. Siempre encaramos los acontecimientos, con reacciones ya preparadas que se originan en nuestros recuerdos de ayer.

Cuando la mente y el corazón están cargados con un recuerdo de insuficiencia, buscamos un resultado, un éxito, un logro. Mientras que si uno encara todas las cosas de una manera nueva, fresca, vehemente, no con esa reacción ya predeterminada, con ese recuerdo agotado, entonces tal acción le revelará su plena significación. Uno ya no busca un resultado, un logro. Ya no escapa de la sensación. En la acción misma está la significación plena, y eso es sabiduría.

Para actuar con esa sabiduría, nuestra mente y nuestro corazón deben estar enteramente libres de la búsqueda de un resultado. Cuando uno reconoce eso, cuando se da cuenta, en medio de la acción, de que está buscando continuamente un resultado, un triunfo, un logro, una ganancia, cuando entiende eso tanto con la mente como con el corazón, entonces su acción cotidiana revela de qué modo la mente y el corazón están atrapados. Pero ahora ustedes están actuando sin tener conciencia de lo que hacen, sin comprender por qué lo están haciendo.

La mayoría de nuestras acciones se basa en un motivo, en el logro, el éxito o el temor. Cuando nos tornamos conscientes de ello no sólo mentalmente, sino también emocionalmente, entonces esa acción de la que estamos conscientes, alerta, se libera a sí misma del resultado que buscamos. Trataré de exponerlo de una manera diferente.

No digan: “No debo buscar un resultado”. No digan: “No debo alcanzar el éxito”, o “no debo buscar refugio”. Si dicen eso, están creando otra serie de refugios. En el “no debo” hay un refugio, hay una seguridad. Así que no digan eso. Dense cuenta si su acción es el resultado de esa búsqueda, del anhelo de obtener seguridad. Cuando lleguen a estar alerta en la acción, entonces la acción misma mostrará su pleno significado. Después de todo, la sabiduría no es una cosa que pueda obtenerse de los libros.

Yo no puedo transmitirles sabiduría a ustedes. La sabiduría se origina en la plenitud de la acción, y uno puede actuar plenamente o comprender completamente la acción, cuando el corazón y la mente están libres de este continuo deseo de un resultado. Por lo tanto, si uno dice que no debe buscar un logro o que no debe buscar el éxito, es porque no comprende la acción. Mientras que podrá comprender la acción en todo su significado, si toma conciencia plena de la causa de su acción.

Ahora bien, llegar a tener conciencia plena de la causa de la acción, no implica pasar por el autoanálisis. Para mí, el autoanálisis es destructivo. Pero si uno está plenamente consciente, si está despierto, tanto mental como emocionalmente, cuando está actuando, entonces conocerá la causa de su acción. Cuando uno está consciente de su acción, puede comprender la plena significación de su búsqueda de un resultado, la cual le revelará espontáneamente su transitoriedad. Lo que quiero mostrar, lo que quiero explicar es que debemos interesarnos en la siembra, no en su resultado. El resultado será correcto si sembramos correctamente.

Ahora nos interesamos en el resultado de nuestra siembra y, de aquí, la futilidad de nuestra acción; hacemos eso a causa de que estamos vacíos, de que no hay suficiencia, plenitud en cada uno de nosotros. Por eso nos interesan todos los resultados de nuestra acción. Una mente semejante no puede comprender la sabiduría o el movimiento veloz de la verdad. Una mente que puede afrontar todas las cosas de una manera fresca, nueva, sin la carga de la memoria, una mente así, en su plenitud, en su integridad, sólo se interesa en la siembra.

Pregunta: Algunas personas lo califican a usted de místico, como opuesto a lo que, en el lenguaje de ellas, es un ocultista, porque usted no pone mucho énfasis en el mejoramiento de los “cuerpos”. Tenga la bondad de cambiar esta mala reputación suya, porque ella me da muchísimo trabajo, incluso genera disputas, para defenderlo. Estoy cansado de eso.

Krishnamurti: Ante todo, no defienda a otro, especialmente en relación con esta clase de cosas. Usted sabe, cuando hay integridad no hay división, no hay opuestos. Sólo cuando la mente es insuficiente en sí misma, crea opuestos tales como el misticismo y el ocultismo. Para mí, un hombre que está atrapado en el misticismo como en algo opuesto al ocultismo, jamás puede comprender qué es la verdad. Usted no puede dividir la vida en mística y oculta. La vida es una totalidad completa, una plenitud, una integridad. No puede fragmentarla y decir que ésta es una parte de ella y ésta es otra parte. Sólo cuando la mente y el corazón estén por completo libres de todos los opuestos, comprenderá usted qué es esa acción perdurable. Nosotros creamos los opuestos a causa de que optamos, y nuestra opción se basa siempre en el “desagrado” y el “agrado”, o en un prejuicio. Por lo tanto, no hay discernimiento directo y así se crean los opuestos. Elijo esto porque me agrada. En consecuencia, al elegir lo que me agrada creo otro opuesto que no me agrada, y así estoy preso continuamente en este círculo de los agrados y los desagrados. Y nosotros elegimos porque estamos impulsados por el deseo de ganancia, de logro. Por consiguiente, un deseo semejante ciega nuestra opción y, de tal modo, creamos opuestos en los que quedamos atrapados.

Pregunta: ¿Puede usted describir brevemente:? a) ¿Cómo lo considera el mundo, como alguien que ha alcanzado el éxtasis del vivir? b) ¿Qué le parecería a usted si todos o muchos de sus oyentes y lectores realizaran la liberación y vivieran de manera completa? Si esto no es posible, la razón del porqué sería, sin duda, interesante e instructiva.

Krishnamurti: ¿Sabe?, nunca he pensado en eso. Jamás pensé cómo sería el mundo si todos obtuvieran la liberación, cuál sería el resultado. No sé cómo sería el mundo si tuviéramos comunismo perfecto o fascismo perfecto. Ya lo ven, en primer lugar, no sé por qué el interlocutor ha preguntado esto.

Hay una o dos posibilidades por las cuales puede haberlo hecho. Quiere saber qué aspecto tendría el mundo como resultado de la realización de unas cuantas personas. O sea, quiere forzar a otros dentro de cierto patrón, no quiere dejar que la gente sea en sí misma libre. Por lo tanto, jamás me he puesto a examinar cuál sería el resultado. Me interesa la siembra, no la cosecha y quién se beneficiará.

Si usted es un prisionero, no estoy interesado en describirle qué es la libertad. Mi principal interés está en mostrarle qué es lo que crea la prisión y que usted la derrumbe, si es que le interesa hacerlo. Si no le interesa, eso es asunto suyo, desde luego.

Si dice que la verdad debe ser útil, beneficiosa para otros, entonces no comprende. Lo será, pero si ésa es, su preocupación, no lo será. Por eso se me formula esta pregunta. Usted quiere saber cuál será el resultado. Es imposible decírselo, porque el resultado jamás puede ser descubierto, porque será siempre cambiante. No es una cosa fija a la cual usted llega. Al presente, uno es un esclavo de innumerables legislaciones, es un diente en los engranajes de una enorme máquina, espiritual, económica, social, en todas las formas. Cuando usted sea realmente libre, es decir, cuando descubra el verdadero valor de todo eso, cuando no escape de ello ni rompa con ello, cuando descubra el verdadero valor de ese patrón social que lo mantiene prisionero, entonces estará libre de toda legislación y no se amoldará. No habrá idea de ajuste a la verdad o a una descripción de la verdad, que es lo que el interlocutor desea.

Pregunta: Para una pareja que se amo y está en su luna de miel, el mundo se ha transformado, al menos temporariamente, en algo bello gracias a la felicidad que ambos experimentan. ¿Ilustra esto, de algún modo, lo que usted quiere decir cuando afirma que el problema del mundo es el problema del individuo?

Krishnamurti: Usted sabe, cuando estamos atrapados en una sensación, esa sensación nos proporciona tanto placer que el mundo adquiere un color diferente. Hemos cubierto el mundo con una sensación particular que experimentamos. En nuestra dicha pasajera, miramos el mundo a través de esa película de felicidad.

Lo que quiero decir cuando sostengo que el problema del mundo es el problema del individuo, es esto: en el curso de los siglos hemos creado mediante nuestros deseos y anhelos particulares, un conjunto de normas, patrones, a los cuales nos hemos esclavizado inconscientemente. Durante siglos, hemos buscado la seguridad en lo económico, en lo social, en lo espiritual, en todas las formas. Nos hemos convertido en esclavos de esa seguridad que hemos creado individualmente. Somos por completo inconscientes de esa esclavitud. Cuando usted empieza a cuestionar y a descubrir el verdadero valor de ese patrón social, de esas rejas de la prisión que lo retiene, en ese cuestionar y descubrir el verdadero valor, usted, como individuo, se libera de la prisión. Eso es lo que entiendo por el problema del mundo y el problema individual. Usted puede, a causa del temor, crear otra serie de preceptos y patrones, según los cuales el hombre no debe poseer ni tener seguridad alguna, ¿Qué es lo que ha hecho con eso? Sólo se ha movido de la posesión a la no posesión. Y eso se ha convertido otra vez en su prisión. Mientras que, si descubriera verdaderamente el valor, el exacto significado de la posesión, estaría libre de la posesión y no posesión como opuestos. Entonces estaría libre de toda legislación, de todos los patrones falsos que la sociedad ha establecido. Y eso puede hacerlo sólo cuando es totalmente un individuo, no un individualista.

Para mí, el verdadero individuo es el que descubre los verdaderos valores, los valores eternos de todas las cosas; y yo digo que existen valores eternos que ni yo ni ningún otro puede darle, Nadie puede darle valores eternos. Usted tiene que descubrirlos por sí mismo, y cuando haya descubierto el verdadero valor de todas las cosas, entonces actuará en su creadora soledad, en su suficiencia, en su integridad. En eso hay éxtasis. Pero si está meramente satisfecho con vivir como el diente en el engranaje de una máquina, entonces no hay nada que decir. Yo no quiero estimularlo a que se ajuste a cierto patrón, no es lo que deseo. Usted puede descubrir los verdaderos valores sólo cuando se encuentra realmente en una crisis, cuando hay una verdadera exigencia. Casi todas las personas espirituales - al menos las que piensan que son espirituales -, lo que tratan de exigir es satisfacción. Están eludiendo todo el tiempo esta exigencia que muestra el verdadero significado de sus acciones y de sus pensamientos. Ésta sólo puede darse si hay un tremendo descontento, no cuando la mente se echa a dormir embotada por la satisfacción o por la imagen de paz que ustedes llaman verdad.

Ahora no dé vuelta las cosas diciendo: “Si me doy cuenta de esta prisión, ¿tendrá eso influencia en el mundo? ¿Será el mundo algo mejor porque yo, como individuo, haya descubierto el verdadero valor? ¿Se beneficiará el mundo con ello?” Si dice eso, no descubre el verdadero valor. Sólo está descubriendo lo que será útil para el mundo. Si descubre el verdadero valor, él estará mucho más allá de esto, será eterno y, por lo tanto, aplicable a todos los hombres.

Pregunta: A fin de alcanzar la “liberación de la vida”, ¿debemos reconocer una dualidad, una separación entre la “vida’ y nuestra inercia física, emocional y mental, para afrontar la última como algo que debe ser disuelto?

Krishnamurti: ¿Por qué tiene que reconocer algo de lo cual está consciente? Si no está consciente de la separación, entonces no hay conflicto. Si no advierte la dualidad, entonces no hay lucha. Hay una reacción armoniosa. Pero como casi todos se dan cuenta de ese conflicto, ¿por qué es necesario un reconocimiento de la separación? Vea, usted no reconoce la separación que ocasiona conflicto porque está buscando una solución del conflicto. A causa de que tratamos de escapar del conflicto, no nos damos cuenta de que hay una dualidad en nuestras acciones. Debido a que buscamos seguridad, consuelo, que escapamos de este miedo a la soledad, tenemos que reconocer mentalmente la existencia de una dualidad. ¿Qué es lo que ocurre cuando hay un conflicto? Queremos escapar de él, buscamos una salida. Jamás averiguamos cuál es la causa de este conflicto. Usted descubrirá la verdadera causa del conflicto, cuando esté consciente o cuando esté plenamente alerta, no cuando indague mentalmente cuál es la causa del conflicto. Descubrirá la causa del conflicto, de la angustia, del sufrimiento, sólo cuando quiera descubrirla de verdad, tanto con la mente como con el corazón. Casi todos quieren averiguar la causa sólo mentalmente; por lo tanto, cualquier cosa que descubren será falsa, porque no abordan la causa plenamente. Ustedes la abordan plenamente sólo cuando hay una crisis, cuando ésta los devora, cuando están bloqueados todos los escapes. Por eso dije que se torne consciente, que esté alerta; entonces verá cómo su mente trata de evadir el enfrentamiento con la causa del conflicto o trata de avistar una solución, de escapar, de olvidar. Así, comienza usted a cerrar gradualmente todas esas vías de escape y seguridad; entonces afrontará con todo su ser la causa del conflicto. Ésa es la verdadera percepción alerta. En esa percepción alerta, descubrirá usted la verdadera causa.

Pregunta: A veces soy por completo indiferente, nada me interesa; ni siquiera anhelo ser feliz. ¿Cómo puedo salir de esta condición de inercia?

Krishnamurti: Hay dos posibilidades. Una, que usted esté física, mental y emocionalmente cansado. O, lo más probable, que haya llenado su mente y su corazón con un montón de desperdicios, como llena un cesto para papeles. Cuando la mente está llena de cosas inútiles, efímeras, puede quedar muy agotada y ésa es, probablemente, la razón principal: un completo agotamiento causado por la acumulación de cosas inútiles, tal como ocurre con el hombre rico. Ahora usted las ha acumulado. Lo próximo es vaciarse de ellas. Eso, si es que le interesa. Si vacía de cosas inútiles la mente, descubrirá lo que es perdurable. Si su acción nace de ese montón de desperdicios, tal acción será siempre inútil y sin valor, limitada. No tendrá valor alguno en absoluto si se origina en los desperdicios efímeros e inútiles que usted ha acumulado, en los valores falsos.

Por lo tanto, tiene que descubrir si está actuando desde esos desperdicios. Por eso digo: Vuélvase plenamente consciente de su acción, de lo que está haciendo, y entonces, en esos desperdicios mismos descubrirá el valor auténtico de las cosas. No tiene que librarse de ellos o empezar a llenar otra vez con más desperdicios otro cesto de papeles.

Espero que entienda esto, porque es lo que ocurre con la mayoría de las personas. Han salido en busca de valores auténticos, en busca de la verdad, y han acopiado cosas, han estado eligiendo: esto es esencial, esto no es esencial. Han acumulado, sus graneros mentales están repletos de cosas que han considerado de valor, pero que se han convertido en cenizas. En consecuencia, hay completo agotamiento, fatiga.

Ahora bien, no destruya ese granero para comenzar otro. Hará eso si lo destruye o trata de superar sus acumulaciones. Pero si se torna consciente, alerta, si ve, si observa tanto emocional como mentalmente, que sus acciones nacen de esa memoria, de ese granero, de esa acumulación, entonces verá inmediatamente, de manera instantánea, la causa de sus acciones, y sabrá por sí mismo, instantáneamente, el verdadero valor de esa causa.

Esto no es una treta que usted tiene que aprender de memoria y que después se convierte en otra seguridad, en otra frase acerca de la que medita y en la que se absorbe. Es realmente muy sencillo, siempre que de verdad quiera descubrir si está actuando desde los desperdicios, con lo cual su acción carece de valor, o si está actuando de manera completa y, en consecuencia, la acción es infinita.

Usted tiene recuerdos, ideas que ha acumulado durante siglos. Y está actuando desde esa acumulación. Debido a eso, no encara nada de una manera fresca, nueva. Ahora bien, si se da cuenta de que está actuando de ese modo, su propia, acción revelará la causa. Y en ese descubrimiento mismo radica el verdadero significado de su acción, y entonces toda su acción está libre de motivo. Hay plenitud, integridad, y en eso hay éxtasis.

Pregunta: Por favor, dígame ¿cómo debo educar a los niños?

Krishnamurti: Para mí, el niño no es lo importante. No lo es en absoluto. Los importantes son el padre, la madre y el maestro, no el niño. Esto no es meramente una afirmación ingeniosa. De todos modos, el niño está ahí para ser formado a voluntad, es una cosa dúctil como la masilla. Por lo tanto, no se trata de cómo ha de educar usted al niño. Se trata de qué es usted mismo, ya sea usted el maestro, el padre o la madre. ¿Ha entendido eso? Luego está la cuestión de si usted, como padre, cree en la autoridad. Si es plenamente consciente de lo inútil que resulta la autoridad, descubrirá por sí mismo el modo exacto. Cuando sepa así que la autoridad carece de todo valor, descubrirá cómo disciplinar correctamente al niño.

Vea lo que significa estar libre de la autoridad. Usted tiene una autoridad sólo cuando hay temor. Cuando está libre de temor, actúa desde la plenitud, la cual no implica lo opuesto, la carencia de autoridad, que es una negación. Después de todo, así es como educamos a un niño, ¿verdad?, a base de autoridad: “debes y no debes”, “no lo hagas y hazlo”, o damos explicaciones erróneas respecto de cosas que nosotros mismos tememos.

El otro día, una madre dijo a su hijo que le preguntó acerca de la muerte, que existe la reencarnación, y el niño quedó satisfecho. ¿Qué ha hecho uno cuando ha dado una respuesta semejante? Habiendo creado para sí mismo una seguridad en la reencarnación, la ha transferido meramente al niño. Y así ya ha comenzado a formar en la mente de ese niño, la idea de la seguridad. Por lo tanto, ha establecido una autoridad. Cuando usted comprenda lo que la autoridad significa, no contribuirá a que el niño sea licencioso ni le dejará hacer exactamente lo que se le antoja. Ése no es el punto. Vea, éste es un tema tan inmenso que uno debe considerar las cosas una por una. Ante todo, la autoridad.

La autoridad implica acatamiento a cierta regulación, a cierta ley moral, a cierta norma cuyo verdadero significado usted, padre o maestro, no ha comprobado por sí mismo. Así dice: “Esto es bueno y esto es malo”, y ha ayudado a formar en la mente del niño ciertas ideas basadas en la autoridad. Por lo tanto, lo que usted hace hoy en día es transmitir al niño todos los falsos valores que usted mismo ha acumulado.

Yo digo que los valores falsos existirán en tanto usted no los examine, en tanto no descubra, como individuo, la verdadera significación de tales valores. Por consiguiente, cuando dice que educa al niño, lo que hace es transmitirle todos los conceptos falsos que usted tiene, Por eso les digo que descubran por sí mismos si, como individuos, como una madre o un padre o un maestro, creen realmente en la autoridad.

La autoridad no implica meramente “hazlo” o “no lo hagas”, usted tiene que descubrir todo su significado: la autoridad de lo espiritual, la autoridad de las leyes, la autoridad con todos sus matices. Entonces, cuando ha descubierto o está en proceso de descubrir por sí mismo el verdadero significado, está creando para el niño una condición nueva. No puede menos que hacerlo. No es que vaya a conseguir inmediatamente liberarlo por completo de la autoridad, porque usted mismo no está libre de ella. Pero si de verdad intenta liberar a su mente de los valores falsos, entonces hay flexibilidad, rapidez, un ajuste mental. Entonces será capaz de afrontar la educación del niño.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Quinta plática, 3 de agosto de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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