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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Sexta plática, 4 de agosto de 1933

Hay tanto dolor, tanto sufrimiento, y uno llega a estar tan consciente de esa insuficiencia para hacer algo al respecto, que comienza a buscar qué es la verdad. A causa de que uno sufre, piensa que puede descubrir la terminación de todo sufrimiento, y así sale uno en busca de esa plenitud o de esa verdad, Dios o el nombre que quieran darle. Para mí, la búsqueda misma es, en esencia, no verdadera. Para mí, una persona que busca la verdad, que manifiesta ir a la búsqueda de la verdad, jamás la encontrará, porque su búsqueda de la verdad, de esa plenitud, habrá nacido de un opuesto. Por lo tanto, cuando buscarnos la verdad, estamos buscando esa comprensión o esa plenitud lejos de aquello que somos. Si estamos en conflicto, si nos encontramos en medio de un gran dolor o si percibimos una tremenda vacuidad, buscamos naturalmente su opuesto, y a eso que consideramos un objetivo, una finalidad, lo llamamos verdad, Dios. Así, nuestra búsqueda de la verdad sólo puede nacer de un opuesto. Por lo tanto, la cosa que descubrimos en nuestra búsqueda jamás puede ser verdadera y, no obstante, todos anhelamos constantemente la verdad y luchamos por alcanzarla, por descubrir qué es. Para mí, el hombre que busca la verdad y el que explica y describe la verdad, son ambos falsos. Uno está buscando la verdad a partir de un opuesto, y el otro que la describe, que dice “yo sé”, están ambos presos en la ilusión. El que dice “yo sé” tiene que ser limitado. Cuídense de una persona que dice que sabe, porque la verdad no es para que uno la sepa; es.

Hay dos cosas diferentes respecto de la verdad. Una es la percepción objetiva y la otra es inherentemente en sí misma, única. ¿Por qué, pues, estamos continuamente atrapados en la lucha, en la búsqueda de la verdad? Pienso que es porque esperamos que, al realizar esta verdad, esta plenitud, este Dios, se disolverán todas nuestras dificultades. O, a causa de que nuestras dificultades son tan grandes, nuestros problemas tan innumerables, tratamos de escapar, de huir hacia algo que concebimos como verdadero. Para la mayoría de la gente, la búsqueda de la verdad no es sino un escape, y una acción originada en este escape, nacida con el deseo de buscar la verdad, no puede generar comprensión. Carece de significación alguna, de plenitud. Nos esforzamos en buscar a Dios, en buscar qué es la verdad. Con ese deseo de encontrar, actuamos. A mi entender, tal deseo nace del temor, del anhelo de escapar de nuestras innumerables dificultades. Por lo tanto, nuestra acción, nuestro diario vivir, nuestros pensamientos, nuestras emociones, todas estas cosas no tienen un valor inherente, porque esa acción tiene como motivo el deseo de ganar, de obtener, de realizar la verdad, y actuamos desde ese anhelo. Por consiguiente, la acción en sí misma ha perdido su significado. Si ustedes son amables conmigo porque yo les doy algo a cambio, entonces esa amabilidad no tiene sentido, porque están buscando una recompensa.

De igual modo, cuando buscamos la verdad y actuamos desde esa búsqueda, nuestra acción no tiene sentido, porque para comprender la acción dependemos de un resultado, atendemos al efecto de la acción antes que a la acción misma. Nuestra acción es, entonces, juzgada por el efecto, por la sensación, por el elogio de otros y por el éxito que alcanza. Así, la acción pierde intrínsecamente su valor, porque todo el tiempo estarnos pendientes de un resultado, de una recompensa. En nuestra búsqueda que nace del temor, del escape, de ir en busca de una solución, nuestra acción pierde su propio significado intrínseco. Sólo en la acción misma está la totalidad de lo eterno.

Si nos damos cuenta de que actuamos de este modo, entonces no buscamos la verdad por medio de la acción, sino en la acción misma. Para mí, la acción es un estado de percepción alerta en aquello que uno está haciendo. Cuando estamos alerta, los recuerdos del pasado, los obstáculos del pasado, las cosas que no hemos comprendido plenamente en el pasado, entran en actividad sin que tratemos de analizar el subconsciente. Ésa es la verdadera percepción alerta. Si, mientras estamos actuando, somos plenamente conscientes del significado de todo lo que hacemos, en eso radica la verdadera comprensión de nuestras acciones.

Ahora consideramos la acción como un medio para obtener algo, Decimos: Por medio de la autodisciplina encontraremos la verdad; por medio de actos virtuosos realizaremos la plenitud; por medio del amor, del servicio, realizaremos a Dios. Por consiguiente, el servicio, el amor, la bondad, la virtud - a todo lo cual llamamos acción - pierden su significado, porque todo el tiempo estamos buscando una recompensa en el otro extremo.

Cuando nos damos cuenta de esto, cuando lo comprendemos no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente, cuando sentimos la futilidad de un acto semejante, cuando estamos alerta de ese modo, entonces, mientras actuamos en las cosas cotidianas, todos los recuerdos y los obstáculos del pasado entran en actividad, con lo cual nos liberamos de ellos sin analizarlos. Donde hay autoanálisis, está la muerte de la acción. Cuanto más y más analizamos, tanto menos y menos actuaremos de manera natural, plena y espontánea. En este autoanálisis hay un esfuerzo cada vez mayor y, por ende, la acción se limita. En una acción así están siempre el observador, el que vigila y la cosa que actúa; en consecuencia, hay siempre una dualidad.

La acción nacida del autoanálisis no es armoniosa ni completa. Una acción semejante jamás puede revelarnos su pleno significado. Mientras que si estamos plenamente atentos en la acción - lo cual es, para mí, la verdadera acción -, entonces, en esa llama, todos nuestros obstáculos del pasado, nuestros recuerdos, nuestra falta de comprensión, adquieren existencia plena y liberamos nuestra mente de esa limitación.

Para comprender lo que estoy diciendo, ustedes tendrán que experimentarlo. He escuchado a muchas personas decirme: “Lo que usted sostiene no es práctico, no sirve”.

En primer lugar, para averiguar si es práctico tienen que experimentar con ello, tienen que ponerlo a prueba. Entonces, cuando traten de comprender aquello de que hablo, dirán: “Lo que usted afirma es muy complicado, no puedo entenderlo”.

Ahora bien, esto es lo que digo y voy a probarlo y a hacerlo tan simple como pueda.

Nuestra acción tiene siempre un motivo. Nuestra acción nace de una reacción, de un recuerdo, de buscar una recompensa, un logro, la verdad, o tiene su origen en el amor a otra persona o en el amor a nuestro país, etc. Yo digo que una acción así, nacida del amoldamiento, de la autoridad, no puede revelarnos la plenitud de sus significado - sólo en esa plenitud está la totalidad de lo eterno. Y como las acciones de la mayoría de la gente se basan en esas cosas, no se vayan por eso a lo opuesto y digan: “Debo descubrir desde qué estoy reaccionando”. No digan: “Tengo que actuar sólo desde mí mismo, no desde una reacción”.

Yo les digo: Tomen conciencia, dense cuenta cuando actúan, de que están actuando en busca de una recompensa. Eso es muy simple, ¿verdad? Dense cuenta plenamente de su acción, de que están actuando a causa de un deseo de recompensa, de logro, de éxito, o a causa del temor, del escape. En el momento en que tomen plena conciencia de eso, la causa desaparecerá porque la habrán comprendido. Sólo pueden hacer eso cuando la mente y el corazón están plenamente ocupados con ese acto y en armonía total con él.

Pregunta: Sí en la acción hay armonía entre la mente y el corazón, ¿dónde interviene la voluntad?

Krishnamurti: El interlocutor desea saber: “Si la acción nace de la armonía de mente y corazón, ¿dónde interviene la voluntad?” Ahora bien, ¿qué entiende usted por voluntad? ¿No es el empleo del esfuerzo para superar, para vencer? La voluntad es el centro mismo del esfuerzo, el esfuerzo dirigido con el deseo de ser consecuentes, el esfuerzo destinado a conquistar. De modo que, cuando hay conflicto, tiene que haber esfuerzo, y en ese conflicto se origina la voluntad, una resistencia para superar ese conflicto. Para expresarle de una manera diferente: Donde hay conflicto, hay una conciencia del “yo”. El “yo” está identificado con la conciencia de sí mismo, con la voluntad. Por lo tanto, la voluntad es sinónimo de esa conciencia propia, de ese conflicto.

¿Por qué hay conflicto? ¿Por qué cada uno de nosotros está en conflicto? Creo que es porque tenemos en nuestras mentes esta idea del progreso continuo, del esfuerzo, de una serie interminable de logros, de que la perfección se halla no en ángulo recto con estos pasos innumerables hacia la perfección; pensamos que la perfección está al final de una serie de logros, de éxitos. Para mí, la perfección está en ángulo recto con esa idea.

El conflicto surge también porque estamos aislados, porque somos conscientes de esa insuficiencia y tratamos, por medio de la opción, de llenar esa insuficiencia. Por lo tanto, donde hay opción tiene que haber esfuerzo, y en consecuencia, tiene que haber voluntad.

Esperamos poder discernir mediante la opción. Esperamos que, eligiendo esto frente a aquello, habremos aprendido expandiendo nuestro corazón y ampliando nuestra mente, y que habiendo optado de ese modo estaremos más cerca de la perfección.

Entiendo que el discernimiento es imposible por medio de la opción. Para expresarlo de otra manera: Por medio de la voluntad usted no puede discernir, no puede comprender, porque la voluntad es creada por la resistencia.

Deseamos tener carácter, deseamos virtud, y para desarrollar el carácter y tener virtud, es necesario el esfuerzo. Mientras que, para mí, un hombre de carácter, un hombre de voluntad, jamás puede comprender la plena libertad de la vida, porque su carácter y su voluntad se basan en la resistencia. Por favor, si empleo la palabra equivocada, pasen por alto las palabras.

La voluntad se desarrolla mediante la discriminación. En la discriminación no hay comprensión. La discriminación crea resistencia. Siendo opción, tiene que crear resistencia, y esa resistencia da origen a la conciencia de la voluntad.

Es como embalsar un río. Hay un torbellino, un movimiento intenso, un remolino de agua. Entonces se quita el dique y el agua fluye libremente. Para mí, ese dique representa la lucha por la virtud, este constante desarrollo del carácter. Esta continua lucha por optar no es sino una resistencia nacida de la discriminación. Por eso digo: No opten; disciernan. El discernimiento no se encuentra entre dos opciones, entre esto y aquello, sino que es la libertad con respecto a ambos. Cuando usted tiene que decidir entre dos cosas, ¿qué hace? Calcula, sopesa, considera meramente los opuestos. ¿Qué ocurre, en cambio, cuando tiene que decidir algo vital, algo inmenso, que requiere toda su concentración, todo su interés? No calcula, no sopesa. Su pensamiento y sus emociones actúan en conjunto, y de ello surge un genuino discernimiento.

Esto es lo que ocurre en todos los casos cuando uno tiene que hacer algo vital. No elige, actúa de todo corazón. Eso es lo que ustedes llaman intuición. Deliberadamente, yo no uso esa palabra porque, desde mi punto de vista, ha sido muy desfigurada. Así que, en el desarrollo de la voluntad, crean ustedes más resistencia; por lo tanto, generan más discriminación y, en consecuencia, un conflicto mayor en cuanto a la opción. La lucha de ustedes es infinita, el esfuerzo es continuo.

Cuando usted actúa naturalmente, espontáneamente, fácilmente, no está ejerciendo la voluntad. Actúa desde esa plenitud, no por efecto de la voluntad. No tiene que hacer un esfuerzo, no tiene que controlar, disciplinarse, limitarse, no tiene que elegir; actúa.

Sólo cuando hay conciencia del sí mismo, del yo, la cual es resultado del conflicto, de la resistencia nacida de la discriminación, entra en acción la voluntad.

Pregunta: Para las personas que son incapaces de protegerse de la completa degradación, tal como la debilidad mental, que son víctimas de sus pasiones, los morfinómanos, etc., ¿no tiene que ser considerado más bien como una ayuda el pertenecer a una religión, una secta o cosas por el estilo?

Krishnamurti: Miren, amigos, si ustedes son personas así, necesitan tener una droga. Entonces deben tener religión, deben tener sectas. Si son bebés, deben tener niñeras, y las niñeras los cuidarán como se cuida a los bebés. Usted dice: “Yo no soy un débil mental y no soy una víctima de mi pasión, pero algún otro lo es. ¿No es eso necesario para él?”

¿Por qué lo considera a él? ¿Tiene miedo por él? ¿Está actuando desde la piedad, desde la compasión por él? Usted dice: “Le daré lo que es necesario para él, una religión, una secta y cosas por el estilo”. Usted adopta una actitud superior, lo que llama una actitud considerada, y le da una religión y dice: “¿Acaso no es necesaria para él?” Por lo tanto, dándole una droga lo mantiene tan débil mentalmente como antes. Esa es siempre la actitud de las diferencias de clase. El hombre que dice: “Le daré a usted lo que es necesario”, lo mantiene siempre en ese nivel inferior al de él, mantiene esa diferencia. Esto ha ocurrido siempre así en el curso de los tiempos. El hombre que posee conocimiento trata al otro como si fuera un imbécil, le da lo que es necesario y lo mantiene ahí.

O procedemos a la inversa. Decimos: “Despertaré a ése que está en un nivel inferior y lo llevaré hacia una actitud más elevada”, lo cual es otra forma de piedad. Entiendo que si una secta, una religión, es una limitación para usted, es una limitación para todos. Si, como sostengo, no puede haber un mediador entre la verdad y uno mismo, entonces un sacerdote es tan innecesario para usted como para el hombre que es un débil mental.

Vea, queremos despertar a la gente a cierto resultado, a cierta imagen, a cierto patrón. No queremos dejar que se despierte sola y descubra, queremos incitarla a adoptar un punto de vista particular. Para mí, la importancia no está en las religiones, en las sectas y en todo eso, sino en que el hombre pueda despertar y percibir la causa de estas cosas. Cuando se despierte por sí mismo, romperá con la causa sin que usted le ofrezca una panacea, sin que le provea el narcótico que, según usted espera, habrá de despertarlo; no lo despertará.

Lo mismo puede aplicarse a la autodisciplina, a todo. Así que la pregunta apropiada es: ¿Necesita usted eso? ¿Necesita la religión, la secta, la autodisciplina, la imposición de la autoridad para andar derecho, para que le hagan comportarse correctamente, para que sus actos sean virtuosos? Ése es el modo como yo plantearía la pregunta. ¿Necesito todo eso, lo necesito yo, no algún otro? Al liberarme de esa prisión, no sólo derrumbaré mis propios muros sino que ayudaré a que otro pueda derrumbar los suyos también. Se trata de ayudarlo a comprender la causa, no ayudarlo a derrumbar los muros, porque si usted lo ayuda meramente a destruir el muro, él construirá otro muro.

Pregunta: Usted menciona al discernimiento como un acto de intuición pura. ¿Qué es la intuición pura y cómo puede uno saber que es pura, verdadera?

Krishnamurti: Como dije, el discernimiento es sin opciones. Piense en ello. En tanto la mente esté atrapada en la opción, no puede haber percepción directa de lo verdadero, porque la opción se basa en el agrado y el desagrado, en el deseo, y todo deseo enceguece. Una acción nacida de tal deseo, de tal opción, tiene que crear conflicto, y uno sólo puede tornarse consciente de ese conflicto, no de lo que es la verdadera intuición. Cuando usted me pide que le explique qué es la verdadera intuición, le digo: Lo sabrá cuando su acción esté libre de las opciones.

¡Estamos tan poco acostumbrados a actuar fácilmente, sin conflicto! Tenemos miedo, porque hemos actuado y las consecuencias han sido tan desastrosas, tan dolorosas; por eso damos vueltas tratando de averiguar qué es la verdadera acción, qué es la intuición pura, de modo que podamos captarlo intelectualmente y moldear nuestras mentes y nuestros corazones a tal efecto. Cuando nos damos cuenta, cuando tomamos plena conciencia de que nuestras acciones mismas tienen su origen en este escape, en este miedo, cuando realmente percibimos eso, entonces de ello surge una acción natural exenta de todo conflicto.

En su mayor parte, nuestra intuición se basa en la sensación. Nos gusta una idea que nos da satisfacción, placer, y decimos: “Es una idea intuitiva”, y nos aferramos a ella porque la deseamos. Por lo tanto, ya no es más una idea pura, una cosa pura en sí misma. Ocurre con mucha frecuencia, que escuchan hablar de la idea de la reencarnación y la aceptan en el acto y dicen: “Es una idea intuitiva, siento que es verdadera”. Tiene que ser así, y llaman a eso una idea intuitiva o intuición. No es intuición en absoluto. A causa de que desean esta idea de la reencarnación, a causa de que encuentran en ella satisfacción, consuelo, y que les permite posponer su discernimiento en el presente, se sienten alentados a aferrarse a esa idea.

No estamos discutiendo si la reencarnación es o no es un hecho. Eso lo investigaremos en otra ocasión. Tiene muy poca importancia. En tanto haya un anhelo, un deseo de consolación, de seguridad, no puede haber intuición, no una intuición verdadera. Así que, mientras se encuentre atrapado en eso, no trate de averiguar qué es la intuición. Dese cuenta de que está atrapado y libérese de ello, y en ese acto hay intuición; un acto así ha nacido de la intuición. Quizá piense usted que lo que digo es una manera negativa de abordar la vida. No lo es. Lo que ustedes han estado haciendo es, para mí, una manera negativa de vivir: establecer una representación mental y vivir de acuerdo con ella, es lo que ustedes llaman una manera positiva de vivir, la cual no es sino un escape.

Lo mismo está implicado en esta pregunta: “¿Qué es la intuición? ¿Cómo sabrá uno cuándo es pura?” Usted sabrá que es pura cuando no haya conflictos, cuando tras ella haya plenitud, tanto de la razón como del sentimiento. Pero para tener una acción así nacida de esa intuición, su mente y su corazón deben estar enteramente libres del temor, del logro, del éxito y demás. Por lo tanto, atienda primero a eso y no a lo que es la intuición.

Pregunta: Yo estoy en discordancia con mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones; debido a eso, me siento insatisfecha. La razón es que no hay comprensión entre mi esposo y yo, pero no puedo abandonarlo porque está enfermo. ¿Cuál es su consejo para que yo pueda llegar a una comprensión mejor?

Krishnamurti: En primer lugar, nos aferramos a otros porque nosotros mismos estamos vacíos. Esperamos que el otro nos enriquezca. Ésa es la razón por la que poseemos a las personas. Por lo tanto, también eso crea falta de armonía. Ése es, entonces, uno de los aspectos.

La interlocutora quiere saber qué debe hacer, porque se siente insatisfecha viviendo con esa persona, el marido. O bien depende usted de él para su propia suficiencia interna que él no le proporciona, lo cual hace que usted se sienta insatisfecha, o usted desea proporcionársela a él y él no quiere aceptarla, con lo cual sigue estando insatisfecha. O él no le agrada, y por eso se siente insatisfecha.

Si reflexiona acerca de estos tres puntos, la pregunta estará contestada. No le aconsejo lo que debe hacer. Usted sabe, dependemos el uno del otro para nuestra fuerza para nuestra plenitud. Marido y esposa, hermanos y hermanas, etc. Cuando no nos proporcionan eso, nos sentimos completamente perdidos y absolutamente insatisfechos. Acudimos a otro para realizarnos, acudimos a otro en busca de amor, de estímulo, porque nos sentimos solos, aislados. Nos volvemos hacia otro e incrementamos esa soledad. La soledad se vuelve cada vez más profunda y sólo tratamos de escapar de ella.

Así, cuando usted se da cuenta de eso, cuando realmente advierte que ninguno puede ayudarla a que se realice, que ninguno, excepto su propia comprensión, puede darle total plenitud interna, entonces soporta los detalles menores, tales como tener un esposo enfermo en cama. Entonces no surge el problema, no se suscita la cuestión de optar entre permanecer con él o abandonarlo. Por favor, considérelo.

La opción respecto de lo que debemos hacer surge, como en este caso, cuando sentimos que nuestro marido, nuestro hermano, etc., no puede darnos esa plenitud. Por lo tanto, nos preguntamos: “¿Hacia quién me volveré? ¿Hacia otro hombre, otra mujer?”, en la esperanza de lo que el otro nos dará en lugar de lo que nos falta en el que ya tenemos. Mientras que, si comprende plenamente - no si lo acepta desde el punto de vista mental o intelectual -, si siente y piensa de verdad que es totalmente imposible que alguien pueda completarla internamente, entonces actuará sin tener en cuenta las circunstancias.

Pregunta: ¿Es posible el amor impersonal mientras las fuerzas del sexo aún nos impulsan hacia vínculos de amor que, por altamente armonioso que sea, sigue siendo personal?

Krishnamurti: La vida es energía creativa. Es la mente la que fragmenta esa energía en mental, emocional y sexual; debido a que está usted atrapado en la pasión, en la lujuria, ha dividido la energía y quiere transmutarla de una u otra manera mediante las prácticas. A causa de que no vive una vida completa, hay una pasión fuerte que lo domina. Yo digo que, si viviera plenamente, no existiría este conflicto de sexo, mente y emoción.

Pregunta: ¿Hasta dónde está usted a favor de recomendar dirigir esas fuerzas hacia centros más elevados, por medio de prácticas ocultas?

Krishnamurti: Usted sabe, pensamos que mediante prácticas, haciendo una cosa una y otra vez, estamos obteniendo algo. Yo no creo en las prácticas, pienso que son nocivas. Por favor, no diga: “¿Acaso no debo practicar el piano?” Lo que usted llama prácticas ocultas, consiste en instalar en su mente cierto conjunto de ideas que usted repite, que practica de modo tal que, esta cosa contra la cual está luchando, es gradualmente sumergida, reprimida, y usted piensa que ha transmutado el sexo llevándolo a un plano más elevado. El sexo es sexo, no puede transmutarlo. Pero usted puede, o bien quedar preso en esa energía que se vuelve devastadora o puede vivir en esa energía tan plenamente, de manera tan total, que sus actos sean completos. Tiene que reflexionar sobre esto muy cuidadosamente. No diga: “Me siento sexual; por lo tanto, voy a vivir completamente en eso”. A causa de que nuestras mentes y nuestros corazones están tan poco despiertos, son tan incompletos, tan inmaduros, encontramos deleite en la pasión. Llena nuestras mentes y nuestros corazones. Toda la civilización moderna está edificada sobre eso, sobre la sensación, porque siendo tan pequeños esperamos, por medio de las prácticas, vencer esa pequeñez - la cual tiene su existencia en nuestra mente y en nuestro corazón - y así transmutar nuestro sexo llevándolo a un plano más elevado.

Así pues, mientras la mente y el corazón estén atrapados en las pequeñeces, usted tendrá todos estos problemas sexuales. Si la mente y el corazón son ricos, plenos, grandes, entonces estas cosas tendrán una importancia secundaria. Si usted es verdaderamente creativo al actuar como un ser humano completo, entonces no surge este problema. Entonces no hay problema. El problema existe sólo cuando el corazón y la mente están divididos en la acción contra sí mismos, y para superar esa división usted desea practicar, ¡Qué absurdo! De ese modo, mediante estas prácticas continuas, empequeñece más y más su mente y su corazón. Por lo tanto, para comprender realmente y estar libre, descubra si su mente y su corazón están mutilados por el amoldamiento. Donde hay amoldamiento, no podrá haber liberación de la vida. El amoldamiento existe en tanto usted busque una recompensa, un logro, la creación de la autoridad; la consecuencia de ello es la limitación, la reducción de la libertad.

En tanto haya limitación de la mente y del corazón, existirán todos los otros problemas, y si está buscando una solución - cuando dice “transmutar” eso es lo que está haciendo, buscando una solución -, una salida, un escape, está limitando meramente esa energía creativa, la cual es pensamiento, sentimiento, todo, la totalidad de su ser.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Sexta plática, 4 de agosto de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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