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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Séptima plática, 5 de agosto de 1933

Pregunta: El otro día usted estuvo hablando de la inmortalidad. Dijo que no había ni aniquilación ni continuación. Dijo que hablaría más adelante sobre el tema. ¿Tendría la bondad de explicarlo más?

Krishnamurti: Sólo somos conscientes de la dualidad, al menos durante la mayor parte de nuestro día. Hay en nosotros un conflicto constante de dualidad: la persona que va a lograr y lo logrado, el actor y la acción. Así, en nuestra mente está todo el tiempo este sentido de la dualidad, el “yo” y el “no yo”. Ahora bien, sólo cuando la mente y el corazón se hallan libres de esto, en esa integridad donde ambos se han liberado de todo sentido de dualidad, en ese estado de plenitud, tiene su existencia la inmortalidad.

Ahora miramos la inmortalidad como si fuera una continuación del “yo”. Cuando hablamos acerca de la inmortalidad, queremos que lo individual, el “yo”, continúe en el curso del tiempo, indefinidamente, permanentemente.

Sólo somos conscientes, en su mayor parte, del “yo”. Sólo tenemos memoria de ese “yo” y nada más. Ocasionalmente, tenemos una vislumbre de ese algo permanente, de la realidad, pero con mayor frecuencia estamos conscientes de ese “yo”, el “yo” de Krishnamurti, de X, Y o Z. Por lo tanto, estando todo el tiempo conscientes de ese “yo”, queremos que ese “yo” continúe. Pensamos que, de lo contrario, hay aniquilación.

Ahora bien, para mí el “yo” no es sino el resultado del conflicto, de la resistencia, y queremos prolongar eso, este “yo”, este conflicto. Queremos perfeccionar este “yo”. Mientras que, si estamos por completo libres del conflicto, entonces, en eso está la inmortalidad. Ya no hay más una cuestión de tiempo, ya no hay más un “yo” perdurando continuamente, sin muerte, a lo largo del tiempo. Cuando la mente está libre del “yo”, lo cual sólo puede acaecer en la acción, entonces en ello está la realización de la inmortalidad, la existencia intemporal.

Vea, eso no puede imaginarse, usted no puede concebir mentalmente qué es la inmortalidad. No puede filosofar al respecto. Ello tiene que ser percibido y comprendido. Permítame exponerlo de otro modo.

La inmortalidad existe, pero para realizarla uno debe empezar con lo transitorio. La inmortalidad se encuentra en lo transitorio, no lejos de lo transitorio. Ahora bien, nosotros descartamos lo transitorio y tratamos de encontrar lo permanente, mientras que yo digo: Preste atención a lo transitorio y encontrará lo permanente, porque cuando descubre cuáles son los valores transitorios de su acción, nacidos del corazón y de la mente, en esa transitoriedad está la plenitud de lo perdurable, de lo eterno. Inherentemente, en lo transitorio mismo se encuentra lo permanente. Miramos la inmortalidad como un medio de escape o como un fin para ser alcanzado después de pasar por una serie sucesiva de experiencias. Para mí, la inmortalidad es estar libre de todo sentimiento de conflicto, y uno puede estar libre de todo sentimiento de conflicto cuando ha comprendido los valores genuinos, y para comprender los valores genuinos uno debe conocer toda la transitoriedad que lo rodea.

Pregunta: Nosotros evadimos las experiencias dolorosas o desagradables. ¿Cómo podemos interesarnos en todas las experiencias?

Krishnamurti: ¿Por qué evade uno la experiencia? Porque teme que no entenderá el pleno significado de esa experiencia. A causa de que no puede entender el pleno significado de esa experiencia, sufre. Por lo tanto, la evita y, en consecuencia, escoge desde el temor, entre experiencias agradables y experiencias desagradables. Por eso, las experiencias que usted escoge no le entregan su plena significación. Uno sólo puede afrontar sin temor la experiencia, cuando no espera recoger el resultado de esa experiencia.

Pregunta: ¿Hay un control natural de nuestros pensamientos y emociones, que no sea la disciplina?

Krishnamurti: Investigué esto bastante a fondo la semana anterior; hablé acerca de la disciplina y lo inútil de la disciplina, así que lo examinaré brevemente y espero que lo comprenda. La autodisciplina, ¿no nace de la memoria? O sea, cuando uno no comprende plenamente una experiencia, ésta deja una huella y a eso lo llamamos memoria; esa memoria está tratando todo el tiempo de moldearlos en nuestra acción. Es decir, la memoria actúa como un patrón, respecto del cual la mente y el corazón tratan de ser consecuentes todo el tiempo. De aquí la necesidad de la autodisciplina. Mientras que, si usted es capaz de afrontar cada experiencia con una mente libre, con frescura, entonces comprenderá esa experiencia, y el surco de la memoria no continuará actuando como un patrón.

Vea, nosotros nos disciplinamos porque en nuestras acciones hay una división. Están el observador y el actor, la mente que mira y la persona que actúa. Por lo tanto, la mente está operando todo el tiempo como una guía.

La mayor parte de nuestros pensamientos, de nuestra mente, se compone de “debo” y “no debo”. No hay acción completa. La mente es un guardián que vigila y controla, que domina; por lo tanto, cuando uno actúa, tal acción es muy limitada. Mientras que si uno actúa con armonía tanto de la mente como del corazón, es decir, con la totalidad del ser, entonces no hay un controlador aparte de la acción; en consecuencia, la autodisciplina es inútil.

Pregunta: Las personas que han tenido una vislumbre de la verdad dicen que en tales momentos ha desaparecido su conciencia del “yo”. ¿Por qué, no es posible para esas personas permanecer en ese estado? ¿Cuál es la causa de su regreso a la conciencia del “yo”?

Krishnamurti: La primera parte de esta pregunta, si se me permite decirlo, está erróneamente planteada. El interlocutor dice: “Las personas que han tenido una vislumbre de la verdad dicen que en tales momentos ha desaparecido su conciencia del yo’ “.

Sólo cuando uno está libre de ese sentimiento de conciencia de sí mismo, conocerá lo permanente, lo eterno. Vean, aquí el interlocutor implica un regreso desde una realidad que él ha percibido, para volver a ser la conciencia de sí mismo. Por lo tanto, hay un sentido de impermanencia y un sentido de lo permanente. La mayoría de nosotros se aferra todo el tiempo, si ha captado una vislumbre de la realidad, a lo permanente; y así trata de hacer verdadero lo permanente, por medio de la memoria. Yo digo que olviden lo permanente. Ni siquiera piensen al respecto; sólo estén atentos a lo impermanente.

Vea, si a usted le duele algo, toma alguna clase de medicina y, por el momento, se olvida de ese dolor, pero el dolor vuelve otra vez. De igual modo, tenemos una vislumbre ocasional de lo permanente, pero más a menudo tenemos conciencia de lo impermanente, de lo transitorio, del conflicto, y es natural que la mente se aferre a esa vislumbre, en la esperanza de hacer que dure lo permanente.

Si la mente se aferra a lo permanente, eso no puede ser sino una droga, porque está tratando de escapar de lo impermanente, del conflicto, de lo transitorio, de modo que aquello a lo que se aferra no puede ser verdadero, porque entonces eso permanente no es más que un escape. Por lo tanto, no es verdadero. Mientras que si usted comprende la causa del conflicto, si comprende el significado de su acción, entonces en eso hay permanencia, no existe el ir y venir de lo real a lo falso. Así que no se ocupe de lo permanente, comprenda más bien lo transitorio, comprenda la causa del conflicto que le impide comprender lo permanente.

Pregunta: ¿Hay algo que le impida a uno ser esa verdad de la que usted habla, si uno asiste a una ceremonia y disfruta esa ceremonia por su belleza (como otro podría disfrutar una bella pintura o joyas o lo que fuera), y cuando uno participo en la ceremonia por sí misma y no con el fin de ganar poder o títulos o cualquiera de esas cosas?

Krishnamurti: Pasamos regularmente por esto. Si usted disfruta las ceremonias, ¡disfrútelas! ¿Por qué quiere una razón para ello? Usted nunca formularía esta pregunta en relación con la música. Nunca dice: “¿Debo disfrutar la música?”, o “¿debo disfrutar una pintura?” Entonces, ¿por qué dice?: “¿No debo disfrutar las ceremonias?”

Mi punto de vista en relación con las ceremonias es muy sencillo. Pienso que donde hay falta de virtud, hay ceremonias. Lo siento, no soy dogmático ni duro. Para mí, las ceremonias no tienen sentido, no tienen significación. Son creadas por los hombres, a causa del temor. Les damos toda clase de significados, decimos que ayudan, que son hermosas, que de ellas emana un poder, todas esas cosas.

Uno asiste a esas ceremonias para sentirse sensorialmente elevado, sensorialmente gratificado, y todos abrigamos la esperanza de que, gracias a esas ceremonias, de un modo u otro nos estamos acercando más y más a la verdad, que ellas ayudarán al hombre a coordinar su cuerpo, sus ideas, etc. A mi entender, las ceremonias actúan como una droga. Ayudan a olvidar momentáneamente. Así que no compare a las ceremonias con la música, con la pintura, con las bellas obras de arte. La música, el arte, no nacen del temor; son una expresión natural y espontánea; mientras que las ceremonias son creadas - a causa del temor y en busca de la divinidad y de la conducta virtuosa - para impulsar a la gente en cierta dirección.

Por favor, ésa es mi opinión, y no sé si muchísimas personas se están sintiendo incómodas. Para averiguar si es usted un esclavo de la ceremonia ‑ porque, después de todo, uno es esclavo de una cosa cuando no ha descubierto su verdadero valor ‑ para averiguar si es realmente libre para actuar como un ser humano completo, descubra por sí mismo el verdadero valor de las ceremonias. Para descubrirlo, no diga “es buena” o “es mala”. Sea totalmente imparcial respecto de ella, y entonces descubrirá si tiene valor. Pero tanto el ritualista como el no ritualista son parciales; por consiguiente, carecen de verdadero discernimiento. Para comprender una cosa, despréndase de ella y entonces examínela.

Pregunta: Una acción, ¿tiene que expresarse necesariamente en el mundo físico para ser completo? Por ejemplo, si un hombre odia a otro hasta el punto de querer herirlo, ¿será su acción completa sólo si lo hiere o lo mata, o puede librarse de este sentimiento de violencia y aprender del mismo modo, enfrentándolo internamente?

Krishnamurti: ¿Por qué quiere usted herir a otro? Puede ser porque desea algo de él y él no se lo da, y entonces usted se enoja y a cambio de eso quiere lastimarlo, o puede que él lo haya despojado de algo, o que usted esté celoso. El le ha quitado algo o él no le ha dado lo que usted deseaba. Usted ha sido despertado a su propia insuficiencia, a su pequeñez, a su vacuidad y, para huir, para escapar de eso, se enoja, quiere herir. Al herir, ¿consideraría usted una acción completa esa acción nacida del temor, nacida del sentimiento de soledad?

Para mí, no es una acción completa. ¿No es simple esto? Yo sé que aquí han tenido lugar discusiones acerca de si ustedes deben salir y matar gente porque me han escuchado hablar acerca de una acción completa. ¡Qué pérdida de tiempo! O bien no comprenden el significado de mis palabras o entienden meramente los significados superficiales. ¡Espere un minuto! Usted quiere herir a otro cuando usted está consciente de su propia soledad, cuando está obligado a enfrentarse con su propio vacío, y entonces reacciona contra la persona que lo fuerza a esa vacuidad consecuente, y si actúa desde ahí, eso no es más que una reacción. Mientras que si descubre cuál es la causa de ese sentimiento de soledad y se libera de esa causa y entonces actúa, en eso hay armonía, ésa es una acción completa.

Pregunta: La liberación que usted nos explica y que usted mismo ha alcanzado, ¿es todo? ¿O es la llave para la puerta que conduce a condiciones aún más elevadas de vida universal?

Krishnamurti: Si usted tiene un dolor y alguien lo alivia de ese dolor, usted no pregunta: “¿Eso es todo?” ¿Por qué formula una pregunta semejante? ¡Porque no comprende realmente qué significa la liberación! Para mí, es un devenir eterno, pero usted sólo puede conocerla cuando la mente está libre de este esfuerzo incesante, continuo, que también es un devenir, pero transitorio. Lo que crece, lo que se desarrolla no es eterno, y nosotros somos conscientes de este crecimiento incesante, de esta expansión del corazón y de la mente, y todo eso es logro, realización. Usted dice: “Si no me realizo, si no crezco, ¿cuál es el sentido?” Sabrá cuál es el sentido cuando su mente y su corazón hayan comprendido el verdadero valor de este crecimiento incesante. Por lo tanto, comprenda eso, no lo que está más allá de la liberación o si la liberación es una puerta que se abre a una vida más grandiosa. Comience con esa cosa que corroe su mente y su corazón, ese crecimiento incesante, ese deseo de crecer más y más.

La liberación es para mí un devenir infinito, pero uno tiene que comprender eso, este devenir intemporal. El tiempo existirá en tanto haya un esfuerzo, el esfuerzo de perseguir la virtud, el esfuerzo para desarrollar, el carácter, el esfuerzo respecto de la posesión de voluntad, respecto de la opción. Todas estas cosas indican una limitación temporal, este esfuerzo incesante de crecer con el cual nos identificamos como la conciencia personal, como el “yo”.

Cuando la mente esté libre de eso, usted sabrá qué es la liberación. No puede imaginar qué es este devenir intemporal, no puede representárselo. Si pudiera imaginarlo, ello tendría que nacer necesariamente de opuestos; por lo tanto, no podría ser verdadero. Así que no empiece con eso, no trate de representarse qué es esta cosa. Por favor, trate de empezar con algo de lo cual usted está consciente, con algo que conoce, este conflicto, este sufrimiento, esta batalla continua de la opción - estas cosas existirán mientras la mente y el corazón estén anhelando el logro, el éxito, la ganancia, un resultado. Y esta búsqueda del resultado, de la ganancia, del logro, existen porque uno está vacío. Uno quiere encubrir ese vacío, quiere llenarlo; todo el tiempo queremos acumular y la acumulación misma crea el vacío. La propia persecución del logro venera vacuidad. Si usted realmente ve esto, si de verdad lo siente, entonces no escapará, entonces cerrará todas las vías de escape y se enfrentará con esa soledad; la acción pura surge de ahí.

Pregunta: ¿Debe una experiencia ser recordada hasta que se la comprende, o no debe recordarse en absoluto?

Krishnamurti: Usted no puede olvidar una experiencia que no ha comprendido. Ésta permanece. Pero si ha comprendido una cosa, se acabó. La mente está libre para afrontar la vida de una maneras fresca, nueva. Son las experiencias que no han sido comprendidas completamente las que crean una barrera, las que dan a la mente una memoria agotada, las que nos impiden vivir de nuevo cada día.

Por lo tanto, no es cuestión de recordar o no recordar una experiencia particular, sino de afrontar todas las experiencias de una manera nueva, con abierta franqueza; usted puede afrontar así una experiencia sólo cuando su mente no está buscando un resultado o cuando no está formada, moldeada por la consecuencia con un principio que se origina en la memoria, en la limitación. Nuestras mentes están presas en todas estas cosas y, por lo tanto, no podemos afrontar abierta y francamente nuestras experiencias. Por eso digo: Esté plenamente atento a cómo actúa su mente y a cómo siente su corazón, dese cuenta si ello nace de la búsqueda de una recompensa o si nace de escapar del temor. Y entonces, cuando está libre de todas estas cosas porque las ha comprendido, no porque las haya desechado, entonces puede afrontar las experiencias. Entonces tiene una mente y un corazón rápidos como para poder seguir el movimiento de la sabiduría, y en eso hay éxtasis.

Pregunta: Tenga la bondad de explicar la diferencia entre conciencia alerta y vigilancia.

Krishnamurti: En la vigilancia existe siempre el deseo de obtener algo; en la conciencia alerta hay percepción directa.

¿Cuándo vigila uno? En primer lugar, ¿por qué hay uno que vigila? ¿Quién es el que vigila? Ustedes lo llaman el yo superior, el que vigila al inferior. O sea, que hemos establecido una dualidad, una división, una diferencia en nuestra acción, porque no abordamos esa acción de manera plena, completa, tanto con la mente como con el corazón. Por consiguiente, discriminamos, como un observador, como alguien que vigila, que considera sus actos. Así, ese observador está continuamente guiando, moldeando; nunca participa en el acto, está siempre aparte, es siempre objetivo. Eso no es conciencia alerta, porque esa vigilancia crea dualidad, hay siempre una discriminación. Mientras que la conciencia alerta es acción completa en la cual la mente y el corazón son una sola cosa.

Cuando uno hace algo naturalmente, con gran interés, de manera simple y espontánea, no hay un observador; al igual que cuando uno ama, no hay una entidad que vigile ese acto. Pero hay un observador cuando nuestra acción nace del temor o cuando hemos entendido incompletamente una experiencia; es el “debo” y el “no debo”, donde la mente está siempre sobre aviso. Espero, pues, que vea la diferencia entre conciencia alerta y vigilancia. No tiene nada que ver la una con la otra. Cuando usted tiene un interés natural y espontáneo, actúa armoniosamente, totalmente, sin esta división del observador, o sea, la mente que se ocupa de analizar la acción. Sólo cuando su mente y su corazón no están plenamente interesados, nace el observador, la dificultad, el control, la disciplina impuesta por el observador. Uno puede llamarlo el yo superior, pero sigue siendo una dualidad.

Pregunta: Uno empieza a desatar un nudo y encuentra que hay una docena de otros. ¿Dónde debe uno empezar y dónde ha de terminar?

Krishnamurti: Si usted desata el nudo de una dificultad porque ha encontrado una solución para ese nudo, entonces habrá una docena de otros nudos. Si yo desato, si desenredo una dificultad, un problema buscando una solución, entonces desarrollo otros nudos. Casi todos buscan una salida a una dificultad, buscan una solución. No se interesan en el desatar mismo, sino en una solución, en una salida para esa dificultad.

Si yo tengo una dificultad, no quiero buscar una solución a la dificultad. Sé que hay soluciones, innumerables soluciones, pero quiero averiguar cuál es la causa de ese problema, y cuando he comprendido realmente la causa de ese problema, no voy a crear ningún otro nudo, ningún otro problema. Si de verdad comprendo un problema completamente, totalmente, entonces no hay otros problemas. Por favor, considérelo y lo verá.

A causa de que no afrontamos una cosa completamente, creamos muchas otras. Vamos de una cosa a otra. La vida se convierte en una serie de problemas porque no hemos sido capaces de comprender o de abordar por completo una sola cosa. Por lo tanto, depende de cómo desata usted el nudo, no de qué solución aplica para ello, depende de la manera como lo hace, con qué percepción lo hace. Puede desatar un nudo observándolo, analizándolo cuidadosamente, mentalmente y, en consecuencia, creando otra serie de problemas; o puede hacerlo en un estado de conciencia alerta, afrontando ese problema totalmente, abordándolo con la mente y el corazón, con la totalidad del ser, y entonces el problema se disuelve. De ese modo, todo lo que usted encara, es capaz de encararlo totalmente, libremente y, en consecuencia, aquello que encara no deja una cicatriz a la que usted llama problema.

Pregunta: Usted contó de un niño a quien se le habló de la reencarnación cuando preguntó acerca de la muerte. El niño estaba llorando por la muerte de un compañerito de juegos. ¿Qué habría hecho usted o qué le habría dicho para ayudarle a comprender?

Krishnamurti: Lo que voy a decir suena tan absurdamente simple, que espero lo comprenda. Yo personalmente le diría a ese niño: Mira una flor, se marchita y muere. Puedo decirlo porque no temo a la muerte, es una cosa natural, inevitable. Todas las cosas deben gastarse y morir. A causa de que uno teme a la muerte, no es capaz de afrontarla sencillamente.

No hablo de aceptar lo inevitable. Todos hacemos eso. Es una forma tonta de mirar la vida. Por lo tanto, si uno no tiene miedo, no da razones complicadas tales como la reencarnación. ¿Qué puede comprender el niño acerca de la reencarnación? Usted piensa que él la comprende porque usted misma se siente satisfecha con la idea. Si mamita está satisfecha, entonces yo debo satisfacerme con ello. Usted le transmite esa atmósfera de satisfacción y el niño, siendo muy sensible, la capta.

Entonces, ¿cuál es la causa de que usted tema a la muerte? Porque primero dice: “No sé qué vida hay más allá”, y dice eso porque esta vida no ha sido plena. Uno se interesa en lo que hay después de la tumba, en el más allá, sólo cuando esta vida no le ha entregado su riqueza, su plenitud. Si esta vida es rica, si cada día que vive es inmenso, completo, entonces no siente temor por el mañana; recurre al mañana cuando el hoy se ha desintegrado.

En la reencarnación hay siempre muerte, hay siempre un comienzo y una muerte. Esa idea no lo libera a uno realmente del temor, lo pospone momentáneamente, eso es todo. Uno puede estar unido con su amigo, su amante, su hermano o quien fuere, pero la muerte sigue existiendo. Uno se satisface con esa idea porque momentáneamente le ofrece satisfacción. Por lo tanto, como le ofrece satisfacción, la transmite a su hijo, a su vecino, a cualquier otra persona, porque todos ellos están anhelando satisfacción. Y así ellos recogen su idea y así han creado una sociedad maravillosa, una organización maravillosa en la cual todos creen en la reencarnación, y usted piensa que ha resuelto el problema.

No soy sarcástico, sólo le estoy mostrando que donde existe esa idea de la reencarnación, tiene que haber también, al mismo tiempo, una muerte. Por lo tanto, usted no ha comprendido realmente, sólo ha escapado. Lo que crea el miedo a la muerte es la insuficiencia, y la insuficiencia no es superada por una idea o por seguir un patrón o por vivir conforme a cierto conjunto de normas, Cuando la mente está libre de todas estas normas, hay comprensión de los valores genuinos. Entonces hay un acto completo, y en ese acto, en ese vivir completamente - el cual es acción en lo infinito -, no hay comienzo ni final y usted no teme a la muerte.

Vea, uno no puede explicar todo esto a un niño. Si se tratara de un niño muy pequeño, yo le hablaría acerca de la flor, la mostraría a él o a ella y, a medida que el niño o la niña fuera creciendo, lo discutiría, despertaría su propia inteligencia, no empujaría mis ideas en su mente. Mire, para comprender la verdad, uno tiene que tener una mente exquisitamente flexible, una mente muy sutil. Porque el movimiento de la sabiduría es muy veloz y, para seguirlo, uno tiene que estar libre de trabas, y toda insuficiencia que crea la memoria, nos pone trabas, es una limitación, y una mente así no puede comprender.

Por lo tanto, usted conocerá ese devenir imperecedero sin final ni comienzo, cuando esté viviendo completamente. No diga: “¿Es eso todo o me llevará más lejos?” Entonces su día no es rico ni sencillo, entonces su acto no es completo, porque usted está siempre ocupándose de cosas futuras. Su acción es, entonces, meramente un medio para un fin. Una acción así sólo puede ser incompleta. Mientras que si vivo completamente en la acción, no tendrá miedo de la muerte, y la reencarnación se vuelve, entonces, algo muy pequeño.

¿Sabe?, si uno está viviendo sin ese sentido del “yo”, lo cual implica el descubrimiento de los valores genuinos, entonces ya no está más limitado por el tiempo. Ahora, estamos limitados por el tiempo. Hay ayer, hoy y mañana, no una cosa completa sin comienzo ni final. Ese devenir intemporal, ese devenir en el que no hay tiempo, en el que no existe la división de pasado, presente y futuro, sólo puede usted comprenderlo cuando su mente está libre de toda opción, porque la opción crea los opuestos. Y en el verdadero discernimiento, que no tiene su origen en los opuestos, hay una viviente realidad intemporal.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Séptima plática, 5 de agosto de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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